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El hombre un ser creador de símbolos: la Cruz Esvástica un símbolo de poder desde la prehistoria

MIRAVALLES, Luis

Publicado en el año 2006 en la Revista de Folklore número 310.

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I.– LOS SÍMBOLOS: SU ORIGEN Y VALORACIÓN

El símbolo puede entenderse como término, nombre o pintura que representa mediante algo concreto y tangible, otra realidad más allá de lo que su significado inmediato representa.

Sin embargo, esta otra realidad siempre resultará algo vago, que nunca podemos definir del todo y con absoluta precisión y por esta causa asignamos diversas interpretaciones a un mismo símbolo. Los expertos del tema, suelen explicar este carácter ambiguo del símbolo, atribuyéndole dos dimensiones que, aunque aparentemente opuestas, son complementarias, dado que todo ser posee dos fuerzas energéticas, una positiva y creadora y otra negativa y destructora, concluyendo que ambas energías son imprescindibles para el avance de la historia. Podríamos resumir gráficamente esta idea tomando el ejemplo del sol, cuya fuerza y poder confiere la luz y la vida, pero también puede destruir con su fuego.

Sin duda la mente primitiva ya captaba lo más esencial de todo lo que le rodeaba, es decir, tanto los peligros como los beneficios y lo manifestaba mediante signos gráficos muy simples.

Aquellas formas primitivas, siempre reducidas al máximo, son casi abstractas, porque al hombre sólo le interesa resaltar lo más esencial, como ocurre con el triángulo, otra figura frecuente, que representa sin duda, la fecundidad, porque su forma se relaciona –analógicamente– con el triángulo pubiano, triángulo que por la misma razón representa simbólicamente a la tierra (la madre tierra) con toda su fertilidad.

La tarea mental que realiza el hombre primitivo no es otra que la de dar forma visible a lo que existe tras las cosas que ve. No se limita a copiar lo que ve, sino a revelar esa otra vida interior que hay detrás de las cosas, es decir su esencia. De este modo el hombre se une con toda plenitud a la Naturaleza, se identifica con ella, en una hermandad que no ha vuelto a experimentar jamás.

Los símbolos constituyen pues, un verdadero lenguaje, que traducen a signos esquemáticos, las sensaciones. Lo que aún no hemos descifrado es el mecanismo sistemático mediante el cual unas líneas, unas formas y colores se asocian a unas sensaciones y luego a unos sonidos determinados.

Lo que resulta algo más fácil de constatar es la enorme satisfacción que sentiría cualquier hombre primitivo, cuando comprueba cómo sus manos y su boca, instrumentos de alimentación, pasan a convertirse en vehículo de conocimientos y de expresión. Al adquirir la conciencia de esta capacidad, el ser humano se convierte automáticamente en un ser insaciable de creación, en un verdadero artista. Tal vez sería conveniente modificar un tanto la definición del Hombre, precisando que es el único animal dotado de la capacidad creadora de símbolos, y por tanto de ser artista.

Los grabados legados por los hombres prehistóricos, obedecían a unas asociaciones analógicas con una realidad externa e interna. Aquellos trazos respondían a la necesidad imperiosa de expresar las sensaciones primarias de hambre, peligro, temor, que se irían ampliando a otro tipo de sensaciones cada vez más íntimas y complejas de alegría, ternura, tristeza, hasta llegar al asombro ante el nacimiento y la muerte que contemplaba cada día.

Para el eminente psicólogo suizo Carl Jung, las imágenes simbólicas son la manifestación de los arquetipos o “imágenes primordiales”, sin origén conocido, y que se producen en cualquier tiempo o en cualquier parte del mundo. Tales imágenes son primero elaboradas en el inconsciente y transformadas posteriormente en signos “gráficos”. La elaboración en el inconsciente se realiza por medio de sueños que van conformando unos arquetipos, formas de pensar, gestos entendidos universalmente que se establecieron mucho antes de que el hombre desarrollara una consciencia reflexiva, y causados, sin duda, por graves experiencias de la vida. Estos arquetipos crean mitos, religiones y filosofías que son como una especie de terapia mental de las angustias y sufrimientos de la humanidad.

II.– UN SÍMBOLO ANCESTRAL PERDURABLE: LA ESVÁSTICA

Uno de los símbolos, más remotos se refiere a la idea de destrucción y restauración, fácilmente asimilable a los ciclos vegetativos que contemplamos desde la aparición del hombre. El inconsciente tendría la necesidad de crear algo, un ser que de alguna manera restaurara la naturaleza destruida, tremendamente poderoso (dios–hombre) que vence al mal, encarnado en seres fantásticos y monstruosos (serpientes, dragones, sirenas) y nos libera de la destrucción y de la muerte. No es de extrañar que identificando al héroe con la propia naturaleza se adorase al sol, y en torno a él se creara toda una inmensa gama de repeticiones rituales de veneración.

La mano será otro de los símbolos más significativos y representantes de este poder salvador. Este símbolo ya frecuente en las pinturas rupestres, expresa en Egipto la presencia de la divinidad y en hebreo significa protección y poder (Iad), y con este mismo significado figura, con enorme frecuencia, en el pantocrator de muchas iglesias románicas.

La mayoría de los símbolos, en principio, fueron representados por simplificaciones geométricas, una especie de síntesis de todo lo que se quería expresar. Y entre todos los símbolos geométricos, el sol será uno de los más frecuentes ya desde la prehistoria por medio de aspas que simplifican el movimiento solar y su poder, tanto de proporcionar la vida como la muerte con sus rayos.

Estas figuras dejarán su huella en los petroglifos prehistóricos y en los primeros poblados celtas, presente en el Castro de San Cibrán de Las (Orense) y también en los mosaicos romanos de las grandes posesiones de ricos romanos (La Olmeda, Quintanilla de la Cueza, en Palencia y en otras muchas villas romanas de toda España) donde aparecen mosaicos decorados con la cruz esvástica o gamada.

La mayoría de estos símbolos, se repetirán y acrecentarán con el transcurso de los siglos e impregnarán la mentalidad cristiana, de tal modo que el arte románico medieval puede considerarse como una simbiosis de la tradición grecolatina y las aportaciones orientales recibidas a través de Bizancio o de los árabes.

A partir del siglo XI, al no haber ocurrido el fin del mundo, proliferaron por toda Europa multitud de santuarios en los cuales predominaron los símbolos geométricos, a los que se añadieron toda una infinita serie de animales reales o monstruosos, producto de la fantasía oriental.

La cruz gamada, sintetizada en espiral, aparecerá como decoración en muchas iglesias románicas, como un claro símbolo de la fuerza y el poder de la iglesia.

Pero donde esta cruz aparecerá con mayor claridad y abundancia será en las viñetas de las Cantigas a la Virgen de Alfonso X, el sabio: como símbolo del poder milagroso de la Virgen. Así figurará en los pedestales sobre los que reposa la imagen.

Desde el Renacimiento los símbolos se irán sustituyendo por emblemas y alegorías en un continuo avance del complejo mundo racional y especulativo.

III.– LA MUERTE DEL SÍMBOLO Y EL NACIMIENTO DEL PICTOGRAMA

Desde el siglo XVIII hasta nuestros días, el aumento desmesurado del proceso de secularización y racionalismo se traduce, en definitiva, en una tal producción de aparatos mecánicos y científicos (y en tal cúmulo de libros) que ya constituye un grave problema de almacenamiento y destrucción de todo tipo de residuos.

Hemos dejado de crear símbolos para fabricar basura, excrementos y avisos, señales de tráfico, publicidad, etc., etc., es decir, pictogramas.

Los millones de pictogramas que nos invaden por doquier, no son símbolos, son la escritura jeroglífica contemporánea, que pretende ser un lenguaje universal, sustituyendo la palabra, algo muy apropiado para esta civilización de la imagen donde se lee cada vez menos.

El símbolo de la esvástica experimentó la evolución de símbolo cósmico a religioso y por último a político, mas siempre con el mismo sentido de poder, y así fue tomado como emblema de los movimientos nazis, que recuperando la esvástica del poder romano, del poder milagroso y en definitiva, remontándose al símbolo prehistórico del sol–dios poderoso, dueño de la vida y la muerte, avanzó con sus rayos en una guerra maldita, de ruinas y horrores, que asoló toda Europa.

CONCLUSIONES

Estas cruces esvásticas, como tantos otros símbolos, en realidad son representaciones ultraesquemáticas, signos, que por otra parte, aparecen en muchos otros lugares del mundo, como en China (Buda sedente con la cruz esvástica en relieve sobre el pecho), porque el desarrollo del ser humano es el mismo en todas las partes y en todas las épocas, de ahí que uno de los primeros mitos manifestados a través de una geometría simbólica, surgió de un instinto común (el inconsciente colectivo de C. Jung) como veneración del sol (como fuerza natural y principio de vida) representado primero por aspas como rayos del sol y más tarde por la cruz esvástica, que en la forma más desarrollada es de origen hindú, significando el número mil en chino o sea larga vida.

La historia de la humanidad es un reiterado cumplimiento de la parábola de la expulsión del Edén: el conocimiento, la sabiduría, tal vez produzca el progreso, pero también implica la pérdida de la inocencia, de lo esencial. Sólo avanzamos en un afán de posesión sobre todo lo que nos rodea, ya sean objetos materiales o nuestros semejantes.

El dominio de todo y la multiplicación de los seres humanos es una meta cumplida con creces. Ahora, la soberbia imparable nos está conduciendo, gracias a la ingeniería genética, y a la informática a la última conquista que nos faltaba: el ser como nuevos dioses “inmortales” de ese “mundo feliz” que intuyó tan acertadamente Aldous Huxley, ¿feliz?

Paradójicamente, cuando el mundo externo está ya tan repleto de pictogramas y a rebosar de máquinas y objetos, tenemos el mayor vacío, la mayor soledad en nuestro interior; porque todo se ha convertido en pura materia de consumo, y la depresión nos invade por doquier.

Nos hemos saciado y embriagado con la manzana de la tentación, alcanzando el máximo de conocimiento, pero hemos perdido la Naturaleza, el espíritu, lo esencial, y ya ni encontramos al héroe que nos pueda salvar y redimir de este destierro, cuyos pictogramas (los iconos actuales) más representativos son sin duda alguna la televisión, el ordenador, la pizza y la hamburguesa. Estamos en una civilización desatada, repleta de aberraciones tanto mentales como fisicas y sin límite. Vivimos además encajonados en unos edificios fríos y clónicos que se nos antojan nuevas torres de Babel, atacadas de un apresuramiento compulsivo.

Un friso de metopas en la ermita medieval de San Quirce (Burgos), recorre la Historia desde Adán y Eva comiendo la manzana del saber, ofrecida por la serpiente, pero en el último relieve aparece un hombre desnudo en posición de defecar una manzana, con la inscripción “IO CAGO”.

Tal vez este sencillo icono nos esté comunicando la solución: un olímpico desprecio por la manzana del saber, para reconquistar un paraíso que ni toda la Ciencia y el conocimiento acumulado nos ha podido proporcionar.