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LOS TIEMPOS DEL BAILE MARAGATO EN EL CORRO ANDADO, CORRO BRINCADO Y LA ENTRADILLA

RIVERO PEREZ, Manuel

Publicado en el año 2006 en la Revista de Folklore número 311.

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Al analizar con detenimiento la estructura del “corro andao”, “corro brincao” y “la entradilla” de los bailes maragatos, centra nuestra atención: el grado de misticismo, la serenidad del desempeño y sobre todo esa dualidad entre lo profano y lo sagrado que a intervalos aflora de forma nítida en todos ellos; dicotomía, que a buen decir, en lugar de contraponerse se complementa, vertebra y enriquece todo el proceso.

LOS HITOS DEL BAILE

Es de destacar que en determinados momentos de la danza el hombre y la mujer tienen sus papeles muy marcados, en este sentido, la mujer acapara el protagonismo en esa parte introductoria del baile que se ve dominada por su espíritu sagrado, mientras que el hombre es el encargado de escenificar la zapateta, hito que consideramos eminentemente profano dentro del contexto global del baile. A esa especificidad puntual de desempeño, en la que se da expresamente una división por género, se une la parte lúdica del baile propiamente dicha en la que los roles se muestran más diluidos. Así dentro de la estructura de estos tres bailes maragatos aparecen tres tiempos que se van dando paso e interrelacionando de forma armónica, eficiente y precisa.

TIEMPO SAGRADO

Los inicios de las danzas del corro andado, de la entradilla y del corro corrido o brincado se caracterizan por ser: místicos, serenos, suaves, rítmicos, profundos e uniformes. Estas variables interrelacionadas dan lugar a un escenario dominado por una atmósfera sagrada en la que se vive la sensación de estar sintiendo y respirando un aire cargado de espiritualidad. Las protagonistas son las mujeres a las que el atuendo maragato les imprime carácter al tiempo que les da un aire de sacerdotisas, éstas bailan lentamente, sin apenas levantar los pies del suelo, en silencio, con pasos cortos, gestos comedidos, manos a la altura de la cintura en posición de ofrecimiento al tiempo que tañen las castañuelas; vista baja y cabeza cubierta por un pañuelo que dependiendo de su colocación y de su colorido las identifica como mujeres casadas o solteras. El ritmo del baile lo marca el castañetear discreto de sus castañuelas y las notas suaves del tamboritero interpretando La Peregrina o el adiós Amelia adiós.

Dentro de esa armonía nada sobresale, todo funciona a modo de puzzle o de cosmos organizado. Impera la visión de conjunto en la que los diferentes elementos renuncian a su identidad para integrarse dentro del contexto global. Esta escena guarda mucha similitud con una danza religiosa o con un preparativo para presentar una ofrenda ante las deidades protectoras.

TIEMPO PROFANO

Un segundo apartado que centra nuestro interés está protagonizado por el varón, se trata de ese brinco, cabriola o salto acrobático denominado con precisión en la maragatería como zapateta. Ese hito encierra la maestría de poder elevarse del suelo por medio de un gran salto, haciendo chocar los dos talones de los zapatos en el aire de forma que las piernas estén en posición paralela al suelo a la vez que forman un ángulo de noventa grados con el resto del cuerpo. Para realizar con profesionalidad este ejercicio se requiere fuerza, habilidad y entrenamiento y por supuesto mucha concentración en el momento de su ejecución.

El macho no necesita del lenguaje verbal para comunicar con toda intensidad y precisión el dominio del tiempo, del cuerpo y del territorio. El hombre se vale de la zapateta para externalizar ante la comunidad su fuerza, su habilidad, su poder y su virilidad. Estamos ante el momento cumbre en que el mozo da rienda suelta a sus impulsos y a sus instintos; sus gestos son espontáneos a la vez que desmedidos, el baile es más inquieto, suelto, rápido y dominante. Sus brazos en alto agitan las castañuelas con golpes secos, vibrantes y triunfadores y sus cintas vuelan libres, desafiantes y caprichosas.

La zapateta acapara todo el protagonismo, en este sentido, el varón solamente necesita de unas décimas de segundo para hacerse con el escenario y centrar toda la atención de los asistentes. Por un momento el cosmos se ve solapado por el caos al irrumpir el hombre en el baile con unas actitudes, códigos y valores eminentemente dominantes.

El mozo debe de obsequiar a cada una de las mozas del baile con una zapateta y si entre ellas está la que quiere cortejar debe de esforzarse para que ésta sea extraordinaria. La moza que no es agraciada con la zapateta en el baile y tiene interés en el mozo, se siente ofendida y a modo de reproche a tiempo pasado se lo recuerda: “ayer en el baile no me tiraste una zapateta”.

La destreza en la ejecución de la zapateta encierra de forma sutil un rito de paso que bien podía ser en el varón el de la pubertad a la adolescencia. La maestría en este campo da créditos al adolescente ante la comunidad; créditos que le permiten rentabilizarlos para adentrarse en el mundo de los mayores y así poder empezar a familiarizarse con los enredos de los juegos amorosos.

Entendemos que ese gesto de la zapateta, que afortunadamente llegó hasta nosotros gracias al ritual del baile, es un hito arcaico de una ceremonia más amplia y por supuesto muy importante desarrollada por la comunidad en momentos puntuales del ciclo vital. Por su componente dominante, insinuante, declarativo y viril que aún mantiene en la actualidad, bien se puede asociar a algún rito que tenga que ver con la madurez sexual o bien de inicio al matrimonio.

Es de destacar que en estos dos momentos del baile que identificamos como sagrado y como profano la comunicación se basa íntegramente en el lenguaje corporal y sonoro. Gracias a ellos podemos percibir con más precisión el mensaje, las emociones y los sentimientos; además de ser una de las variables que contribuyeron a que llegaran hasta nosotros con un fondo y una forma escasamente desvirtuados.

TIEMPO LÚDICO

Un tercer apartado que podemos contemplar dentro de toda la estructura del baile es el del componente lúdico–festivo; este momento es escenificado por mozos y mozas al mismo tiempo en un plano de igualdad, a tal efecto los varones imprimen mesura a sus gestos y las mozas dan una mayor expresividad a su lenguaje corporal. Juntos y acompasados en corros, tríos o parejas bailan al son de las castañuelas, de la flauta y del tamboril sus jotas, corros andaos, corros corrios, corros brincaos, bailinas, boleras, entradas y entradillas. El bullicio, el dinamismo y la alegría que aparece en esta parte del baile, es muy similar a la que encontramos en el resto de bailes que se dan en las fiestas de nuestros pueblos, villas y ciudades.

A MODO DE CONCLUSIÓN

La observación directa unida al trabajo de campo nos permitió descubrir, traducir, interpretar y explicar estos tres hitos tan importantes que se dan dentro del baile maragato. Esta nueva visión a través de las tres caras del triángulo: sagrado, profano y lúdico, nos invita a dejar de resbalar por la superficie de las cosas para pasar a adentrarnos dentro de ellas e intentar aprehender todos sus signos y significados. Esta realidad dinámica nos ayuda a desandar la distancia de los tiempos para descubrir e interpretar como próximos acontecimientos lejanos en lugar de ver la inmediatez fosilizada de un acontecimiento muy distante en el tiempo y sin significado en la actualidad

En tal sentido, mantenemos la hipótesis de que en la estructura del corro andao, del corro brincao o corrido y en la entrada o entradilla pervive un fondo ancestral en dos de sus hitos:

– Inicio del baile: En la apertura del baile, las protagonistas son las mujeres, en este apartado se percibe un ambiente cargado de espiritualidad. Esta parte que se conserva en la estructura del baile actual bien puede ser el poso de un antiguo rito de purificación, de agradecimiento o propiciatorio.

– La zapateta: En ella el protagonista es el hombre en solitario. Este gesto encierra un significado cargado de virilidad, dominio y posesión. La zapateta está relacionada con la sexualidad masculina y lo más seguro es que formara parte de un rito de paso de la pubertad a la adolescencia, la madurez sexual o de inicio al matrimonio.

Seguramente estas dos partes que se conservan vivas son una fracción de ritos más amplios celebrados públicamente en asambleas comunitarias.

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BIBLIOGRAFÍA

BERGER, P.: La construcción social de la realidad. Amorrortu editores, Buenos Aires, 1991.

BARBER, B.: Estratificación Social, Fondo de Cultura Económica, México, 1964 GEERTZ, C.: El surgimiento de la antropología posmoderna, Gedisa, Barcelona, 1998.

LISÓN, C.: Antropología cultural de Galicia, Akal, 1990.

VELASCO, H.: La lógica de la investigación etnográfica, Editorial Trotta, Valladolid, 1997.

VELASCO, H.: Tiempo de fiesta, Editorial tres–catorce–diecisiete, Madrid, 1982