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HEIDEGGER, HERÁCLITO Y UN DICHO POPULAR (1)

MARTINEZ ANGEL, Lorenzo

Publicado en el año 2006 en la Revista de Folklore número 311.

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En su famosa Carta sobre el Humanismo, Martin Heidegger realiza un magnífico análisis de una frase de Heráclito (2) que se había traducido tradicionalmente como “Su carácter es para el hombre su demonio”, pero que el citado autor alemán, contextualizándola en el momento histórico en que fue escrita, interpretó de la siguiente manera: “La estancia (ordinaria) es para el hombre el espacio abierto para la presentación del dios (de lo extraordinario)” (3).

En la explicación de su versión, cita Heidegger un texto de Aristóteles referido al mencionado Heráclito, en el que se menciona cómo unos visitantes que iban a ver a éste, esperando hallarle en su trabajo filosófico, se sorprenden al encontrarse con que el pensador estaba “calentándose junto a un horno”. Al percatarse de la reacción de los visitantes, Heráclito les dijo: “también aquí están presentes los dioses” (4).

Esta última frase nos recuerda especialmente un dicho popular que recuerda que el lugar no es el único, sino uno, entre otros, de los condicionantes en el desarrollo humano: “En todas partes está Dios”.

Nos parece interesante resaltar el parecido, pero no tanto por lo que se refiere a la forma, sino al fondo. Y para nuestro análisis, recordaremos a una anciana de la localidad de Villacañas (Toledo), ya fallecida, la Sra. María, a quien en cierta ocasión escuchamos la citada frase.

En el ámbito del folklore, de la cultura popular, los ancianos son la fuente por excelencia de información. Por eso son buscados por preferencia en los trabajos de campo (field work). Sin embargo, como ha sido puesto de manifiesto, muchas veces no han interesado más que por eso, siendo tratados con falsa amistosidad a la par que despreciados una vez terminado el proceso de recogida de información (5).

El uso y posterior desprecio del encuestado, del anciano, es algo que no se limita exclusivamente al ámbito de los estudios de antropología cultural. Miguel Delibes, en su El disputado voto del señor Cayo, mostró magníficamente esta situación. Delibes comenta la cuestión cultural: “–¿A qué no hay derecho, macho? –A esto –dijo Víctor, apuntando a los últimos edificios del pueblo–: A que hayamos dejado morir una cultura sin mover un dedo” (6).

Pero nuestra reflexión pretende ir más allá del hecho del anciano, del ser humano como depositario de una determinada cultura.

Cada persona atraviesa en la vida una serie de situaciones que hacen que, en verdad, se cumpla aquel proverbio dicho griego: “por el sufrimiento al conocimiento” (7). Todo ser humano se enfrenta a múltiples decisiones, escogiendo entre la verdad y lo falso (8), avanzando entre múltiples dilemas. Por ello, la sabiduría del viejo, la madurez humana que la experiencia proporciona, era tradicionalmente alabada y tenida en cuenta (9). La experiencia lleva (o puede llevar) a filosofar en el sentido que le dio Immanuel Kant al término: “Filosofar significa pensar por sí mismo”.

El desprecio por el anciano, y en general por aquellas personas cuya formación no ha pasado por el ámbito académico significa la renuncia a todo un caudal de conocimientos que va más allá del ámbito del folklore, implica una rechazo a parte de lo que la inteligencia humana ha producido, y el olvido, en estas épocas en las que los sistemas educativos se muestran manifiestamente mejorables (y en los que pensar por uno mismo no parece una de las prioridades (10)), de que, como dijo Demócrito, lo que hay que cultivar no es la erudición, sino la sabiduría (11).

En la vida sencilla, como la tradicional que el folklore intenta estudiar, conservar en parte y transmitir, las personas podían encontrar, como veíamos en la anterior anécdota de Heráclito y como viene a decir el viejo dicho castellano, esa divinidad, palabra que en ambos contextos no tiene, evidentemente, sólo una significación religiosa. Como tampoco la tiene en ciertos pasajes de la novela anteriormente mencionada de Miguel Delibes referidos al señor Cayo:

“Hemos ido a redimir al redentor”
“Él es como Dios, sabe hacerlo todo” (12).

El folklore, como estudio antropológico, ciertamente está centrado en las culturas y los pueblos (13), siendo los individuos parte de los mismos. No pretendemos que haya que subvertir el orden de las cosas ni el objetivo de estudio de tales campos de conocimiento. Mas sí es nuestra intención contribuir a redimensionar el campo semántico del adjetivo “popular”. Lo popular, por lo que hemos visto, no debe entenderse como algo de segunda fila, dado que las personas que lo produjeron estaban tan cerca de lo “divino” (como dijimos, no exclusiva o necesariamente en un sentido religioso, sino también en otro de excelencia humana en alguna de sus posibles manifestaciones) como cualquiera, quizá (¿quién lo sabe?) más que aquellas que accedieron a la cultura académica. Ese encuentro con lo “divino” que, como se demuestra en el caso de un pensador tan fecundo como Santo Tomás de Aquino, puede estar más allá de la cultura escrita (14). Y pertinente resulta recordarlo, en esta sociedad tan bien pagada de sí misma, en la que lo tradicional primero se despreció y ridiculizó, y posteriormente ha sido, en buena parte, enterrado (15).

El respeto, no sólo para la cultura “popular” sino también para las personas que son las depositarias de la mismas, es una condición inexcusable para afrontar cualquier estudio en este campo. El mismo Heidegger, tan enrizado en las costumbres y las gentes de las tierras altas de la Selva Negra, lo afirma claramente en el siguiente párrafo:

“Dejemos toda intimación condescendiente y todo falso culto de lo popular; aprendamos a tomar en serio allá arriba aquella existencia sencilla y dura. Sólo entonces nos podrá volver a decir algo” (16).

Considerar una cultura (por encontrarse atrasada en algunas cuestiones, como el desarrollo tecnológico) como despreciable, o una persona como de segunda clase significa estar en peligro de acabar considerando, como Diógenes, que “hay numerosa muchedumbre, pero pocos seres humanos” (17), lo que significa, entre otras cosas (como negar la democracia), olvidar lo anteriormente indicado, y lo que la difunta Señora María, sentada una tarde a la puerta de su casa frente a la ermita del Cristo, sentenció, recordando a Heráclito sin necesidad de conocerlo o de haberlo estudiado: “En todas partes está Dios”.

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NOTAS

(1) Dedicado al escultor D. Valentín Yugueros.

(2) La frase griega es “ήΦος ανΘρωπω[con la iota subscrita del dativo] δάιμων”.

(3) HEIDEGGER, Martin: Carta sobre el Humanismo, Madrid 2004, pp. 75–78. Sobre esto, vid. et. BRUM, Jean: Heráclito o el filósofo del eterno retorno, Madrid, 1990, p. 191.

(4) ID., ibid., pp. 75–77. La frase griega es “έιάι γάρ κάι έντάυΘά θέους”.

(5) CID, Jesús Antonio: “La literatura oral y popular en la obra de Julio Caro Baroja”, en Julio Caro Baroja. Premio Nacional de las Letras Españolas 1985, Barcelona, 1989, pp. 72–73: “… me ha tocado realizar trabajos de campo en circunstancias muy distintas y en compañía de bien intencionados colegas y estudiosos que visitaban una aldea leonesa o extremeña como quien va al desierto australiano. Después de una fase inicial en la que se procuraba «confraternizar» de la manera más ostensible, sobrevenía el desprecio absoluto hacia unos aborígenes que decepcionaban por estar ya demasiado civilizados sin dejar de ser poco más que unos desagradables palurdos con quienes no se podía jugar a ser Malinowski. A la postre no se veía ya el momento de emprender el regreso y alejarse de las doñas Rogelias, según el modelo que popularizó una ventrílocua televisiva y que, por lo visto era el único término de comparación que se les venía a las mentes a los ocasionales compañeros de viaje, por lo demás personas perfectamente correctas y valiosas en su propio medio. Pero, en fin, el tan celebrado field work no deja de ser también, como casi todo, una cuestión de simple sensibilidad”. Ya el mismo Martin Heidegger escribió en un pequeño artículo publicado en 1934: “El hombre de la ciudad piensa que “se mezcla con el pueblo” tan pronto condesciende a entablar una larga conversación con un campesino” (HEIDEGGER, Martin: ¿Por qué permanecemos en la provincia? (reproducido en diversas páginas de Internet, como las siguientes: –http://www.heideggeriana.com.ar/textos/en_provincia.htm –http://www.personales.ya.com/muntanya/textos/heidegger.htm).

(6) DELIBES, Miguel: El disputado voto del señor Cayo, Barcelona, 1992, p. 161.

(7) “ΠάΘέιι μάΘος”. Aparece, v. g., en ESQUILO: Agamenón, p. 177.

(8) HOMERO: Odisea IV, p. 140: “Ψέυσομάι ή έτιμον έρέω;” (“¿me engañaré o diré la verdad?”).

(9) V. g. HOMERO: Odisea IV, pp. 31–32 y pp. 204–205.

(10) Afirma el pensador Ignacio Sotelo: “El enseñar a pensar por sí mismo desde la primaria y hacer ciencia y a no conformarse con introducciones orales no sólo no se ha alcanzado sino que no se vislumbra en el provenir” (Entrevista de Bernabé Sarabia a Ignacio Sotelo en El Cultural (28 de junio de 2006) pp. 8–10, concretamente p. 10.

(11) Usamos la excelente traducción que el Prof. Berenguer Amenós hizo de la siguiente frase de Demócrito: “Πολυνοάν ου πολυμάΦίάν άσκέίν χρη

(12) DELIBES, Miguel: o. c., pp. 166 y 177 respectivamente.

(13) RICHTER, Michael: The oral Tradition in the early Middle Ages, Turnhout, 1994, p. 34: “The central concern of anthropology is the study of primal cultures by way of field work and subsequent presentation of the material collected un an assessment that aims at bringing out those facets that make the often exotic cultures «function». Anthropology is interested in societies as systems wich can be made intelligible as such”.

(14) BROADIE, Alexander: “Santo Tomás de Aquino”, en HONDERICH, Ted (compilador), Los filósofos. Una introducción a los grandes pensadores de Occidente, Madrid, 2000, pp. 59–69, concretamente p. 60: “El 6 de diciembre de 1273 experimentó una especie de iluminación durante la misa y a partir de entonces no volvió a escribir nada. Tenemos constancia de la explicación que él dio de su silencio: «En comparación con lo que ahora me ha sido revelado, todo lo que he escrito me parece paja». Murió cuatro meses después de esta revelación.

(15) Y esto no significa, lógicamente, que haya que calificar a lo tradicional de perfecto o que cualquier tiempo pasado fuese mejor.

(16) HEIDEGGER, Martín, ¿Por qué permanecemos en la provincia? (17) La frase griega es “πολυς μεν ειπεν οχλος ολιγοι δε ανθρωποι