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RABELES EN EL ÓRBIGO: ENTRE EL OSCURO PASADO Y EL GOZOSO PRESENTE

JUNQUERA RUBIO, Carlos

Publicado en el año 2006 en la Revista de Folklore número 312.

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INTRODUCCIÓN

José Luis Reñón, conocido y amigo desde la infancia, me solicita que escriba unas líneas introductorias a la puesta en escena de una actuación centrada en los rabeles que tendrá lugar el 9 de julio en Veguellina de Órbigo. Me comentaba, en conversación telefónica, que algunos paisanos nuestros le discutían algo más a menos así: “¡pero José Luis …! ¿de dónde has sacado esa tradición que no tiene nada que ver con nuestra tierra?” A lo que les responde: “no sé si en alguna ocasión sonaron los rabeles en el Órbigo, lo que sí sé es que deseo que suenen y que se afiancen en nuestra cultura particular”.

El hecho de acudir a este título “Entre el oscuro pasado y el gozoso presente” no forma parte de nada pretencioso, aunque pudiera parecerlo así. Sencillamente, quiero manifestar con ello que ciertos instrumentos musicales, entre los que se encuentra el rabel, carecen de documentación concreta para poder afirmar con certeza en qué momento aparecieron aquí o allá. Adelanto que en la Ribera del Órbigo sonaron así como las vihuelas y las castañuelas, por no citar ahora otros útiles. Ahora bien, en nuestras tierras del Órbigo disponemos de dos rutas importantes para la difusión de este instrumento musical que hoy glosamos aquí (que no son las únicas), como son:

1. la Cañada Real (que en nuestra tierra cuenta no con una, sino con tres: Oriental, Central y Occidental) y de aquí procede que las calles centrales, notables y tradicionales de nuestros pueblos, de Norte a Sur, se denominen aún Calle Real;

2. y la Ruta Jacobea.

La falta de documentación escrita se ha podido suplir, hasta donde esto es posible, con las estampas que aparecen en los Beatos (esos libros medievales maravillosos, escritos sobre piel de cordero y con añadidos de miniaturas). Don Claudio Sánchez Albornoz, en su libro Una ciudad de la España cristiana hace mil años (1985), reproduce varias estampas extraídas de Beatos, lo que significa que para el siglo X, la actual provincia de León, entonces Reino, contaba entre sus maravillas a los rabeles, importados de la cultura musulmana, de la ganadera y ¡vaya Ud. a saber de cuál! Lo que importa es que estuvo presente durante una buena parte de nuestra historia, que por razones varias su tradición se perdió en algunos lugares y que por las mismas y más se pretende recuperar en estos tiempos que nos hablan tanto de la identidad leonesa.

Los tocadores de guitarra o violín saben que, para extraer del instrumento concreto sus sonidos musicales, se requiere ejercitarse en una misma práctica. Esto no acontece con el rabel que es herramienta que puede ser cogida de varias formas, lo que demuestra, dentro de la tradición cultural y musical que lo individual está por encima de lo general, lo que es de agradecer. Lo que sabemos a ciencia cierta es que el tradicional debe ser relativamente pequeño, adaptable y liviano para quien lo toca. Estas características facilitan la creatividad, también personal. En la Fundación Joaquín Díaz González, en Urueña (Valladolid), hay alguno que recuerda en la forma al número ocho (8), con cuatro cuerdas. Ahora bien, el hecho de que un rabel dispusiera de más de una cuerda no significa que se tocaran todas. Sólo se hacía sonar una pues las otras eran de repuesto, es decir, al romperse la que sonaba se sustituía por otra que estuviera al alcance de la mano, y ningún lugar de abastecimiento mejor que llevarlas en el propio instrumento. Al mismo le extraían los diferentes sonidos con la ayuda de un arco de madera que llevaba de punta a punta una cuerda adicional para esa misión.

Para aquellos que sean escépticos de la presencia histórica del rabel en nuestra Ribera del Órbigo, les recomiendo que lean primero algunas obras notables del historiador Ramón Menéndez Pidal de las que destaco Poesía juglaresca y juglares: Orígenes de la literatura Románica (Madrid 1990). Pero hay más, en aquellos documentos que se elaboraban por los albaceas como Inventarios de Bienes, los hay que reseñan entre los elementos inventariados a rabeles y vihuelas. Dispongo de algunos documentos de este tipo que datan del siglo XVIII y XIX.

No deseo expresar con lo dicho que la Ribera del Órbigo sea el epicentro, baricentro y circuncentro del rabel. No obstante, es una tradición musical de la que debemos sentirnos orgullosos, y que si se rompió el hilo conductor señalado por la historia, bueno es que organizaciones como la Barbacana y personas como Miguel Ángel Badeso, de Villadangos y que algún tiempo estuvo en la asociación de música leonesa La Tornadera de La Bañeza, y el ya citado José Luis Reñón estén en la experiencia diaria de recuperar aquello que no se debió perder. Voy a referirme ahora, con la buena intención de superar la indiferencia histórica cómo surgió este instrumento.

1. ¿QUÉ ES UN RABEL?

El rabel es un instrumento de cuerda que se toca frotando las cuerdas con un arco. Su origen puede estar en la cultura musulmana y pudo llegar a tierras leonesas por dos caminos:

1. los emigrantes mozárabes que salieron del ámbito cordobés cuando las cosas comenzaron a ir mal para los cristianos,

2. y mediante los pastores de la Cañada Real, una de cuyas rutas secundarias pasaba por todo el Órbigo, tanto en la ida como en la vuelta.

Nadie discute hoy que en los últimos siglos estuvo asociado a pastores y gentes de campo, más bien humildes y poco ricos. Si sus orígenes son árabes, entonces su precedente estaría en el rabáb o especie de laúd que estuvo presente en los siglos X y XI, y que era frotado mediante un arco con cuerda. La primera cita en lengua castellana se encuentra en el Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita. Estamos refiriéndonos a una fecha que debe situarse entre los años 1283 y 1350 más o menos. Aquí se advierte ya el contraste entre el rabé morisco y el rabel; es más, se hace referencia al agudo sonido de éste último, porque el primero ofrecía una armonía débil y mitigada: “El rabé gritador, con la su alta nota cabel el orabyn tanjendo la su rota”.

Los juglares tuvieron una importancia inusitada para la difusión del rabel, lo que muestra que era popular entre las gentes sencillas y entre las capas altas, incluidas las Cortes regias. Muy posiblemente, fue debido a esta popularidad lo que fomentó la evolución del instrumento. La Ruta Jacobea fue clave para este dato, ya que por ella llegaron gentes de toda la Europa medieval. Precisamente, una de las razones que explica la evolución del instrumento es precisamente este incesante roce entre trovadores de diferentes nacionalidades y los nativos de la Ruta Jacobea. La visión de unos y otros, las experiencias positivas que pudieron extraerse de este asunto, serán claves para entender como es el desarrollo posterior.

A principios del siglo XV, las dimensiones de los rabeles comenzaron a modificarse. Esto es un dato fundamental para el instrumento y para el espectáculo. Una cosa era extraer los sonidos musicales apoyándolo en el pecho del tañedor y otra muy distinta que el mismo personaje, por ejemplo, tuviera que moverse por la calle acompañando con sus sones una procesión o un entierro. Este detalle, nimio por otra parte, sirvió para que se iniciara un proceso de evolución. Otra dimensión fue el paso que se dio entre la presencia de un solo tocador y de tres o cuatro más tarde en la tradición musical. Añado que la evolución del instrumento exigió la evolución del arco tañedor.

Otro dato documental, no escrito pero sí esculpido, que documenta la presencia del rabel, y consiguientemente su influencia europea, pero igualmente española, es que los podemos ver en la Catedral de Santiago de Compostela, concretamente en la denominada Puerta de la Platería; es más, al rey David aparece tocando uno y sabemos por la tradición bíblica que este rey era aficionado a la música pero no precisamente de este instrumento. El detalle nos remite a la influencia de la etapa del románico en todo el Noroeste de la Península Ibérica.

A partir del siglo X, el rabel inicia un camino lento pero seguro para afianzarse en las residencias reales, en las iglesias de renombre y en las familias pudientes. Las imágenes extraídas por Don Claudio Sánchez Albornoz para la ciudad de León, en torno al año mil, conservadas en códices depositados en la Biblioteca Nacional, muestran bien a las claras que la tradición musical estaba ahí, y que tenía una influencia social más que notable ya. Es más, los tañedores profesionales iban ya vestidos con una indumentaria concreta que debía distinguirlos del resto de los mortales.

El empleo de los rabeles en diversiones, danzas, distracciones, esparcimientos, etcétera de la nobleza y clases sociales altas está bien documentado, incluso en la Ribera del Órbigo como anotaré más adelante. Es más, los tocadores oficiales eran contratados para tocar en honor de los forasteros importantes.

En la sociedad labradora y ganadera de nuestra provincia leonesa, el rabel ocupó un aspecto social importante; es más, para aquellos que dudan de su presencia histórica entre nuestros antepasados, pues les voy a ofrecer unos ejemplos, extraídos de documentos de épocas pasadas. Hacen referencia al pueblo de Benavides, que fue el más importante durante mucho tiempo, por ser lugar de mercado y de residencia de las autoridades del Condado de Luna, en cuya Jurisdicción estuvimos los de Veguellina de Órbigo, como lugar, vocablo que traduce otros tiempos lejanos.

La documentación que hace referencia a los rabeles es escasa. Hasta la fecha solamente he logrado detectar tres testimonios que citan a estos instrumentos musicales. Lo dicho no quiere decir que no tuvieran importancia o que no se les diera; más bien hay que centrar todo tipo de música en función de la fiesta y en la Edad Media y Moderna, nuestros antepasados tenían otras preocupaciones más notables, especialmente la de lograr el sustento diario mayoritariamente en la agricultura.

En los legajos de papeles heredados de mis antepasados, muchos de ellos oriundos de Benavides de Órbigo, he encontrado dos testimonios que evidencian la presencia de rabeles en la Ribera del Órbigo, pero el más notable de ellos se remonta a 1627 y dice así cuando hace referencia a los bienes inventariados de la propia parroquia (incluidos los de las diferentes cofradías): “auia unos arraueles de tress cuerdas que azian sonar en la festividad delas sanctas animas uenditas à petición dell maiordomo” (APSJ 1627, fol. 12).

En otro documento de la misma localidad y debido a los bienes de Antonio Guerra Presa, fechado “a veinticinco días de 1743”, los albaceas Pedro Presa y Claudio Martínez apuntaron que “en la habitación primera del primer piso había cinco varas de estameña blanca cubriendo un rabel” (ASR 1743, fol. 8 bto). En otro inventario de bienes referente a Andrés Majo Martínez y fechado “a veintinueve días del mes de Marzo del año de mil setecientos sesenta y cuatro”, se anota “en la primera habitación por la derecha (entiéndase entrando desde la calle) una chaqueta, un chaleco y unos calzones todo de paño del difunto que eran de tocar un rabelito también depositado en la misma habitación” (ASR 1774, fol. 5 bto).

Julio Caro Baroja apunta en varias ocasiones el rabel como instrumento de uso corriente y con un territorio muy amplio en su dispersión cultural en la Península Ibérica.

2. CONSTRUCCIÓN DE UNA TRADICIÓN

En el supuesto de que en la Ribera del Órbigo no se hubieran dado nunca aspectos culturales de y desde el rabel, la verdad es que nada impide el que se elabore y se ponga en marcha. Los Mitos griegos han tenido y tienen una importancia indiscutible para la tradición cultural de Occidente, pero ¿se hubieran sostenido sin unos rituales adecuados? Nadie discute que el toro es parte de la cultura del Mediterráneo pero hoy, por criterios de respeto, las Asociaciones defensoras de animales están en contra de que se les maltrate en una Plaza de Toros.

Quiero decir con esto que nada impide que se ponga en marcha y se recupere una tradición musical que tuvo vigencia entre nuestros antepasados; es más, a ellos debemos un patrimonio que estamos obligados a mantener, y algún detalle se perdió, hay que recuperarlo como parte de nuestra memoria. Sólo hace falta el ritual pertinente para que resucite y perviva.

Si se quiere que el rabel tenga futuro, no sólo se requiere conocer el legado histórico, sino que los actuales veguellinenses estamos en la obligación de mantenerlo apoyando a aquellos, que como José Luis Reñón, están por la tarea de recuperar y poner en práctica de modo cotidiano, porque, aunque parezca raro, es parte de nuestra identidad leonesa, una de las pocas no inventadas en la España actual porque entronca con los primeros aspectos del Reino Astur-Leonés, donde el rabel tuvo su lugar. En resumen, estas líneas están para animar a la Asociación Cultural Barbacana, en la que se enmarcan los rabelistas de Veguellina y de otros sitios cercanos, y apoyarles para que no desmayen, y sigan deleitándonos con esta música tan nuestra.

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BIBLIOGRAFÍA

MENENDEZ PIDAL, Ramón (1990): Poesía juglaresca y juglares: orígenes de la literatura Romántica, MADRID, Ed. Espasa Calpe.

SANCHEZ ALBORNOZ, Claudio (1985): Una ciudad de la España cristiana hace mil años, MADRID, Ed. Rialp.

FUENTES DOCUMENTALES

Archivo Parroquia de San Juan. Veguellina de Orbigo 1627. Apeo de la Hacienda de la Ygª Parroquial de Veguellina, sus Santuarios y Aniversarios. Hecho en el Año de 1627. 1667, 1677 y 1686. (Dispongo de una copia del documento original depositado en Astorga en el Archivo Diocesano).

Archivo Sabino Rubio (ASR)

1743. Ynbentario que se forma al fallecimiento de Antonio Guerra Presa, becino que fue de esta billa de Benavides.

1774. Ynbentario que se forma al fallecimiento de Andrés Majo Martínez, becino que fue de esta billa de Benavides.