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LA TRADICIÓN HISTÓRICO-GEOGRÁFICA Y LA CLASIFICACIÓN DE LOS CUENTOS

PRAT FERRER, Juan José

Publicado en el año 2007 en la Revista de Folklore número 313.

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FINLANDIA Y LOS ESTUDIOS COMPARADOS DE FOLKLORÍSTICA

Los finlandeses escaparon del dominio sueco en 1809, pero cayeron bajo el ruso, y en esta tesitura temían perder su identidad. Como suele ocurrir en estos casos, se echó mano al folklore para reforzar los sentimientos nacionalistas. A esta época en que Finlandia fue un gran ducado de Rusia pertenece la obra de Kaarle Aksel Gottlund (1796–1875), que fue unos de los primeros en apuntar la idea de que los cantos folklóricos finlandeses podían constituir una epopeya nacional (1). A partir de entonces, los finlandeses de la Universidad de Helsinki se volcaron con entusiasmo en el estudio de su propio folklore como un modo de afirmación de su identidad nacional.

El médico y filólogo finlandés Elias Lönrøt (1802–1884) fue un coleccionista de baladas y cuentos populares que comenzó su actividad cuando asistía como alumno a la universidad de Turku, gracias a que su profesor le había animado a que recopilase cantos populares. En 1827 se doctoró con una tesis sobre el héroe mitológico finlandés, Väinämöinen, y un año más tarde llegó a hacer largas jornadas a pie por la frontera oriental de su país en su afán de recolectar cantos populares. En 1831 fundó la Sociedad de Literatura Finlandesa como órgano de apoyo a su labor recolectora. Una vez que tuvo en sus manos una cantidad considerable de material folklórico, que consistía sobre todo en cantos épicos sobre los héroes legendarios de Finlandia, se propuso unificarlos y publicarlos en una secuencia ordenada y con una estructura poética unificada. De esta labor nació el Kalevala (La tierra de los héroes) (2). La primera edición es de 1835; en 1849 publicó una segunda edición corregida y aumentada. Así surgió la obra clave de la folklorística finlandesa. La traducción al alemán se publicó en 1852, con lo que el conocimiento de la obra muy pronto se expandió por Europa (3).

A Lönrøt le interesaba ofrecer a su pueblo una épica nacional y no le preocupaba presentar la documentación del material ni describir a sus informantes. En el prólogo de su primera edición nos hace saber que los poemas sobre su héroe, Väinämöinen, son versiones facticias formadas de cinco o seis variantes, y que para hacer que los poemas encajaran se vio obligado a componer algunos versos de costura. Con todo esto pretendía recomponer lo que suponía que era un poema original antiguo que con el tiempo se había fragmentado y de este modo había sobrevivido en la tradición oral. Comparaba su labor a la de Homero, quien, al componer la Ilíada y la Odisea, había usado poemas de diversos dialectos (4).

Finlandia es un país que en gran medida debe sus raíces culturales y parte de su identidad a este hecho folklorístico. En palabras del folklorólogo finlandés Juha Pentikäinen,

El Kalevala y en general las antiguas runas finlandesas han desempeñado un papel excepcionalmente importante en la historia del país y en la promoción de la autoestima nacional. También el Kalevala ha servido para que se conozca la cultura finlandesa fuera de sus fronteras antes de que Finlandia obtuviera su independencia en 1917. El Kalevala, sin ninguna duda, ha sido uno de los mitos nacionales finlandeses más productivos (5).

No es, pues, de extrañar que la folklorística sea una las disciplinas que con más esmero se han cultivado en este país.

Además de la población netamente finlandesa, existían en Finlandia muchas familias de tradición cultural sueca que constituían comunidades importantes no tanto por el número de personas que las formaban sino por su nivel intelectual. Para Finlandia, la población de habla sueca representaba un problema añadido a la búsqueda de una identidad nacional. Los finlandeses de tradición sueca impulsaron el estudio de su propio folklore; querían demostrar que tenían derecho a mantener su cultura tradicional sin verse obligados a aceptar la finlandesa. En Suecia, y debido al nacionalismo que surgió de la pérdida de Finlandia a manos de los rusos dos años antes, se fundó en 1811 la Sociedad Gótica, consagrada al estudio y cultivo de la vieja lengua sueca; esta sociedad inspiró la colección de canciones populares del anticuario Arvid August Afzelius (1785–1871), quien con Erik Gustaf Geijer (1783–1847) publicó en 1813 la primera colección de baladas suecas, Svenska folkvisor från forntiden (Canciones populares suecas de tiempos antiguos) (6); entre 1839 y 1870 Afzelius publicó los once tomos de leyendas que tituló Svenska folkets sago –häfder (Historia legendaria del pueblo sueco). El profesor del liceo de la ciudad finlandesa de Vasa, Johan Oskar Immanuel Rancken (1824–1895), fue el primero que recomendó, en 1848, que las tradiciones de la minoría sueca en Finlandia se recogiesen y estudiasen. Los finlandeses de lengua sueca querían dejar claro el vínculo cultural que tenían con los suecos de Suecia y las diferencias que los separaban de los otros finlandeses. Esto sólo se podía hacer por medio de la comparación de los materiales folklóricos de los dos países. Rancken, que había sido estudiante de la universidad de Helsinki, comenzó a recolectar material folklórico con la idea de que al compararlo se podría llegar a las raíces de su cultura sueca, y también con la intención de afirmar la identidad cultural de la minoría sueca.

Al estudiar los poemas épicos que habían servido de fuente a su maestro Elias Lönrøt para componer el Kalevala, el profesor de filología en Helsinki, Julius Leopold Krohn (1835–1888), constató el hecho de que las versiones de un mismo poema en comunidades lejanas entre sí diferían más que las de los poemas de comunidades cercanas. Esto significaba que, según los poemas migraban, cada comunidad los iba adaptando a su estilo poético. Así pues, para determinar la dirección de la difusión, se debía estudiar las variantes siguiendo un orden geográfico, de esta manera también se podría llegar a encontrar el lugar de origen e intentar reconstruir el texto original del poema. A Krohn no le importaba tanto el origen, sino el resultado; su visión no era la de que en la transmisión los textos se corrompen, sino todo lo contrario; en el caso de estos poemas, él consideraba que se enriquecían de dos maneras, una por expansión (los poemas se alargaban por medio de detalles y estructuras tomadas de otras composiciones) y otra por fusión (los poemas se combinaban entre sí para formar organismos más complejos) (7).

En 1888 publicó su ensayo Kalevalan toisinnot (Las variantes del Kalevala). En esta obra da una gran importancia al papel de las variantes, que catalogaba no sólo según el contenido, sino también de acuerdo con el lugar de donde procedían. Para estudiar el Kalevala, Julius Krohn compiló y comparó los cantos finlandeses y los estonios, y los temas y motivos narrativos de otras culturas vecinas. Para él estaba claro que las variantes de los textos dependían de su localización geográfica, pero también que su ubicación histórica era importante, ya que el proceso de adaptación de un material requiere tiempo. Para acometer estos estudios organizó un sistema geográfico y cronológico que le permitiera discernir qué textos eran originales y cuáles eran resultado de la transformación de estos textos. Desde el punto de vista político, el resultado de sus investigaciones no fue del todo aceptable, ya que descubrió que los textos que componen el Kalevala ni son muy antiguos ni puramente finlandeses.

Cabe señalar aquí la novedad que supuso el método que Krohn postulaba: mientras que Andrew Lang (1844–1912) y otros miembros de la escuela antropológica inglesa estudiaban las versiones de los relatos sin interesarse por su procedencia geográfica, pues lo que buscaban eran las ideas que existían en una época dada, pero que no pertenecían a ella, Krohn, en cambio, consideraba que los datos que proporcionaba la situación geográfica de los relatos eran de suma importancia, no sólo porque esta información servía para delimitar las áreas culturales, sino también porque le permitían determinar la difusión de diferentes versiones de una misma composición.

Krohn rechazaba toda teoría que explicara a priori el origen de los géneros, y mantenía que en la narrativa folklórica la influencia entre Oriente y Occidente había sido mutua, y que además, para tener una visión más completa de la difusión de los relatos, había que considerar otras áreas poco estudiadas hasta entonces, como Asia Menor y la Europa Central. Por otra parte, concedía tanta importancia a la tradición oral como a la escrita, ya que a veces las variantes orales mantienen características muy antiguas que se pierden con las innovaciones de los escritores (8). Tras su temprana muerte, su hijo Kaarle continuó su obra.

LA ESCUELA FINLANDESA O HISTÓRICO–GEOGRÁFICA

Así nació el método finlandés o histórico–geográfico, creado para estudiar el origen y distribución de la poesía épica finlandesa, pero que después se amplió para incluir el estudio de los relatos folklóricos. En palabras del profesor estadounidense Stith Thompson,

el “método histórico–geográfico” es esencialmente una técnica para el estudio de la difusión de los cuentos orales. No se puede emplear con éxito a menos que el cuento se halle presente en un número relativamente grande de versiones –cuantas más, mejor– y a menos que el cuento tenga la suficiente complejidad, como para permitir que se pueda dividir en componentes –motivos– para estudiarlos por separado (9).

De acuerdo con este método, las versiones literarias de un texto se catalogan cronológicamente y las orales geográficamente; las variantes se reducen a sus elementos constitutivos (personajes, acciones, objetos, números, etc.) y se examina cada elemento comparándolo con los demás, considerando la frecuencia de las variantes y su área de distribución geográfica. El material se va definiendo a través del tiempo y del espacio y va tomando características diferentes según se adapta a los diversos lugares y culturas. De este análisis se puede llegar a un arquetipo o versión original hipotética (tipo Ur) (10), que en realidad es una versión facticia, cuyo origen cronológico y geográfico se puede deducir de los datos disponibles, es decir, al comparar las diversas versiones con la original; la región que produjera la versión más parecida al tipo Ur era declarada su lugar de origen. El método histórico –geográfico procede de los estudios lingüísticos y filológicos, en especial de la lingüística diacrónica, de la dialectología y del estudio crítico de los manuscritos. No busca hacer un análisis comparado amplio que pueda iluminar cuestiones de intercambio entre culturas, sino que se centra en el estudio monográfico de elementos determinados en fenómenos o materiales compatibles para delimitar su distribución y encontrar su origen.

Para los seguidores de la escuela histórico–geográfica, los textos folklóricos son concebidos como elementos de unión entre el tiempo y el espacio. Su búsqueda de formas originales es una herencia de la lingüística y de la tradición anticuaria; la atención hacia los cuerpos de tradición procede de la filología. Estos dos aspectos definieron en gran medida la folklorística hasta mediados del siglo XX. Los investigadores de esta escuela reflexionaron mucho sobre el proceso de comparación como método. De hecho, la comparación de los materiales ha sido el método más desarrollado y más usado en la folklorística, en especial en el estudio de los relatos, cuyas variantes aparecen en muchas culturas. Este tipo de investigación, basada en el análisis comparado, comenzado por el sabio investigador alemán Theodor Benfey (1809–1881), que veía en la India el origen de los relatos tradicionales, y continuado por el fundador de la escuela antropológica inglesa Edward Burnett Tylor (1832–1917), por su discípulo Andrew Lang, por el profesor de Oxford George Frazer, autor de la famosa Rama dorada, y por tantos otros, y es la base de una gran cantidad de estudios folklorísticos, no sólo dentro del método histórico–geográfico; hoy día no se concibe la definición de grupo o la de variante sin echar mano de la comparación.

El método finlandés o histórico–geográfico fue usado por investigadores de diversos países: los finlandeses Kaarle Krohn y Antti Aarne; el danés Axel Olrik; el sueco Carl W. von Sydow; el noruego Reidar Christiansen; los alemanes Johannes Bolte, William Herz, Ernst Kuhn, Theodor Zachariae, Oskar Dähnhardt (11) y Walter Anderson (12); los franceses Gaston Paris y Emmanuel Cosquin, y el ruso L. Kolmachevski. En Estados Unidos, Franz Boas lo adaptó a sus estudios, y Stith Thompson lo aplicó al cuento indígena norteamericano. Otro estadounidense, Archer Taylor, demostró que podía aplicarse a las baladas, cosa que hicieron Paul Brewester y Holger Olof Nygard (13), volviendo este método a su intención original. En quince países diferentes que adoptaron este método de investigación se llegaron a crear sociedades, y las monografías que sus miembros producían fueron publicadas en Finlandia hasta 1919. Tras la Primera Guerra Mundial, muchas de estas sociedades comenzaron a desintegrarse. Quedó, sin embargo, la idea de la cooperación internacional entre los folklorólogos, una idea que daría sus frutos. En relación con esta orientación internacionalista, cabe añadir aquí que una de las razones que ayudaron a que el método finlandés tuviera tanta repercusión en los demás países es que los folklorólogos finlandeses, además de usar su propia lengua, publican sus estudios en alemán y, cada vez con mayor frecuencia, en inglés.

LA OBRA DE KAARLE KROHN

Fue Kaarle Krohn (1863-1933), hijo y continuador de la obra de Julius Krohn, quien aplicó este método de trabajo al estudio del cuento. Su tesis doctoral de 1886, Bär (Wolf) und Fuchs: eine nordische Tiermärchenkette (El oso –lobo– y el zorro: Una cadena nórdica de cuentos de animales), versó sobre un grupo de cuentos del oso y el zorro muy conocidos en Finlandia y fue publicada en 1889 por el Journal de la Société Finno-Ougrienne. En este trabajo usaba la metodología que había empleado su padre para estudiar el Kalevala. Krohn intentó recoger y ordenar todas las variantes y someterlas a un riguroso análisis, teniendo en cuenta su origen geográfico. Era la primera vez que un erudito hacía un trabajo monográfico sobre un cuento. La conclusión a la que llegó Krohn era que el origen de estos cuentos no podía ser ni la India, ni Grecia, como había afirmado Benfey, sino la Europa nórdica. Lo que se podía y debía hacer con un cuento era aplicable a todos los demás. Este fue el inicio del método finlandés (14).

En 1888, el año de la muerte de su padre, la Universidad de Helsinki le otorgó el primer puesto de profesor de folklore finlandés y comparado de la historia de Finlandia (15). En 1891 la Universidad de Helsinki publicó otra monografía suya sobre un ciclo de relatos del hombre y el zorro, Man und Fuchs (El hombre y el zorro). A estos trabajos siguieron una serie de monografías sobre relatos folklóricos que suman más de una docena. Krohn afirmaba que no se podía llegar a comprender el origen y evolución de los cuentos sin haber efectuado antes un estudio de cada uno de ellos basándose en un número de versiones lo suficientemente alto como para poder obtener una visión general completa, y para ello será preciso usar una técnica de estudio adecuada; sólo así se podría hacer una síntesis de cada cuento y llegar a la comprensión del género. En el Congreso Internacional de Folklore de París, reunido en 1889, Kaarle Krohn recalcó que la importancia de un relato no sólo consiste en el tema general común, sino también en el desarrollo del tema y del asunto; que los temas se expresan en motivos específicos; que para encontrar la forma primitiva, hay que considerar todas las variantes; que estas variantes se pueden ordenar según un criterio histórico utilizando las fuentes escritas, y uno geográfico usando las orales, pero que para catalogar las variantes orales es preciso tener las variantes que se producen en cada país, provincia y comunidad (16). El texto original sin duda será el de forma más sencilla, pero más perfecta. Este método no sólo sirve para encontrar el origen de un texto –la Urform o prototipo, texto original y poéticamente perfecto–, sino también para estudiar su difusión y su variación. En esto se debía basar la investigación folklorística. Krohn soñaba con la publicación de una obra magna en la que todas las variantes de un tipo quedasen consignadas, y a lograr este catálogo dedicó muchos de sus esfuerzos (17).

En Skandinavianisk Mythologi (18) (1922), obra publicada en Helsinki, Kaarle Krohn formuló la llamada “ley de automigración”, que explica que los cuentos y leyendas se difunden sin necesidad de que la gente viaje, pues son los relatos los pasan de una persona a otra, sólo basta que cada una de ellas vaya hasta la casa de un amigo o pariente (19); tampoco son necesarios agentes históricos como los que señalaba Benfey para explicar la difusión de los cuentos desde la India. La automigración no conoce fronteras culturales o lingüísticas, ya que las regiones fronterizas suelen ser bilingües y en ellas se producen las traducciones y adaptaciones culturales de los relatos (20). Krohn publicó en Oslo la mejor obra sobre el método histórico–geográfico, Die folkloristiche Arbeitsmethode (El método de trabajo folklórico; 1926) (21). En esta obra desarrolla un modelo de trabajo que requiere que un gran número de textos folklóricos se organice según criterios geográficos e históricos teniendo en cuenta sus características y los elementos que componen cada tipo. Con ello se pretende determinar el origen o forma Ur, concebida como un organismo unificado y de la que emanan las diferentes versiones, haciendo así una genealogía de los cuentos y también determinar la ruta de difusión y el desarrollo de una tradición. Para poder distinguir bien los elementos que componen los relatos, era preciso anotarlos fielmente; para lograr una mayor fidelidad a las versiones que le ofrecían sus informantes, Krohn usaba la taquigrafía; con ello no obligaba a sus informantes a detenerse constantemente para volver a retomar la narración, o a modificar la velocidad con que solían contar sus historias.

La influencia de Kaarle Krohn en la folklorística europea fue decisiva. Durante cuarenta años, estudiosos del cuento europeos y americanos viajaron a Helsinki para conocer y beneficiarse de los consejos de quien consideraban el gran maestro del cuento folklórico. Krohn animó y ayudó a su discípulo Antti Aarne a que desarrollara un índice de relatos que permitiera un estudio general y comparativo de los cuentos. A la muerte de Aarne, esta labor fue continuada, también a instancias de Krohn, por el folklorólogo estadounidense Stith Thompson.

La escuela finlandesa demostró que aunque la forma cambie y un mismo relato pueda catalogarse en géneros diferentes, el argumento persiste, con lo que la forma de una versión tiene poca importancia para el estudio de un cuento particular; lo que interesa es el tipo al que pertenece, y no si se presenta como cuento, mito o leyenda. Las numerosas monografías que se produjeron durante el primer tercio del siglo XX permitieron que Kaarle Krohn, al final de su vida, y tras cincuenta años de labor, pudiera publicar una obra de síntesis sobre el cuento europeo, que tituló Übersicht über einige Resultate der Märchenforschung (22) (1931). Sus conclusiones fueron que existían dos grandes centros de difusión de los relatos: la India y la Europa occidental. La ruta de difusión índica hacia el Oeste sigue la misma ruta que la de los otros elementos culturales que hemos recibido de la India; la de Europa, tras haber recibido los relatos la influencia índica, va hacia Oriente hasta llegar a las regiones de Asia dominadas por Rusia. En Asia Menor, y en la Europa oriental y nórdica se desarrollaron nuevos tipos de relatos. Encontró también que no se podía resolver la cuestión del origen de los relatos basándose sólo en la dependencia que los europeos tienen de los índicos, pues quedaba por determinar el papel desempeñado por Egipto y Mesopotamia (23).

Väinö Salminen (1880–1947) fue el sucesor de la labor académica de Kaarle Krohn. Junto con el lingüista, folklorólogo y activista político Emil Nestor Setälä (1864–1935), profesor de filología finlandesa en la Universidad de Helsinki, formó la llamada escuela tipológica, que se separaba de la idea de Krohn sobre la difusión y hacía hincapié en la importancia de la transmisión vertical o entre generaciones. Setälä además de escribir una de las primeras gramáticas del finlandés, realizó estudios sobre el Kalevala. Era de la opinión de que los héroes de esta épica no habían sido personajes, sino que representaban metáforas de fenómenos naturales. Otro folklorólogo fue el educador Ernst Lagus (1859–1923), que trabajó para la Comisión de Folklore de la Sociedad Sueca de Literatura en Finlandia supervisando el trabajo de los recolectores, obra colectiva que resultó en los dieciocho tomos de Finlands svenska folkdiktning (Folklore sueco finlandés; 1917).

KRAPPE Y GUNKEL

Dentro de la escuela histórico-geográfica está Alexander Haggerty Krappe (1894–1947), que estudió lenguas romances e historia medieval en su patria natal, Inglaterra, y también en Holanda y Alemania. En 1919 se doctoró por la Universidad de Chicago. En 1930 publicó The Science of Folklore (La ciencia del folklore), obra erudita en la que introduce las ideas de la escuela finlandesa en el mundo anglosajón. Krappe sigue a Karl Krohn en su concepto de folklorística, a la que considera como el estudio de las tradiciones no escritas según aparecen en los relatos populares de ficción, en las costumbres y creencias, magia y rituales, y cuyo objetivo es reconstruir la historia espiritual del hombre (24).

En la introducción a la obra, a la vez que se opone a la escuela antropológica, Krappe hace una defensa del método comparativo, que había caído en descrédito tras los abusos de la llamada “mitología solar” de Max Müller y sus seguidores; sin embargo, basa su argumento en presupuestos similares a los de la escuela de Tylor; el ser humano ha sufrido una evolución gradual, aunque lenta, de lo rudimentario hacia formas más nuevas y complicadas, y este crecimiento espiritual pasa por etapas similares, aunque los ritmos sean diferentes en comunidades diferentes, de ahí que se pueda comparar una sociedad con otra para trazar su evolución; incluso dentro de una misma sociedad, algunos grupos como el proletariado se quedan más atrás que otros grupos urbanos en su evolución. De hecho, Krappe considera a los proletarios como las criaturas con menos tradiciones que se pueda imaginar. Así, en cualquier sociedad desarrollada coexisten lo nuevo y lo viejo. Alejándose de la escuela antropológica, Krappe diferencia el “moderno salvaje” del “primitivo” y también el “campesino moderno” del “salvaje”, ya que los separan largos periodos históricos que debieron de ejercer influencias decisivas.

Krappe, pues, planteó serias objeciones a la teoría antropológica en lo que se refiere a los cuentos. Aducía que si bien algunos motivos pudieron haberse formado en culturas primitivas o salvajes, esto no prueba que el cuento en que aparece este motivo provenga de este tipo de sociedad, ya que pudo haberse incorporado al relato como préstamo. Por otra parte, y concediendo que un cuento en particular se hubiese formado en una sociedad primitiva, también es muy probable que hubiese migrado, y así su aparición en una comunidad no sirve para sacar conclusiones sobre el pasado de esta. Por otra parte, la idea de aceptar la poligénesis para relatos de argumento complicado que en culturas diferentes e inconexas aparecen con formas similares es para él una sinrazón. Tampoco estaba demasiado de acuerdo con que los motivos reflejaran una etapa de primitivismo en la creación de los cuentos, dada su tendencia a simplificar; así, por ejemplo, el que en un relato se muestre a una princesa que sale a abrir una puerta no refleja que la historia provenga de épocas en que las princesas cumplieran estas funciones, sino que la gente humilde concibe y cuenta sus versiones de los relatos según sus propias costumbres y no según las de otra clase social.

Para Krappe, la folklorística se limita al estudio de las tradiciones no escritas de la gente, tal como aparecen en la ficción, costumbres, ritos y creencias populares. Escribió también en francés La genèse des mythes (La génesis de los mitos; 1938) (25), obra en que divide los mitos y símbolos en dos clases, los celestes y los terrenales; dedica los primeros capítulos al sol, la luna y las estrellas, después se ocupa de los mitos meteorológicos, volcánicos, acuáticos y a los cataclismos, y finalmente trata sobre los humanos y su simbología (26).

A finales del siglo XIX la metodología de la escuela histórico–geográfica también comenzó a aplicarse a los textos bíblicos. Fue el profesor de teología del Antiguo Testamento de la Universidad de Berlín, Herman Gunkel (1862–1932), el pionero en este tipo de estudios. Llamó a su método Formgeschichte (Historia de las formas). Una de las fases más importantes de este método es la clasificación de los textos de procedencia oral según el género a que pertenecen. La obra más importante de Gunkel es Genesis: Übersetzt und Erklärt, que se tradujo al inglés como The Legends of Genesis: The Biblical Saga and History (Génesis, historia y leyenda: Las leyendas del Génesis, saga bíblica e historia), escrita al iniciarse el siglo XX.

Gunkel creía que las tradiciones israelitas, comparables con las de otras culturas de Oriente, comenzaron como material oral relacionados con los ritos, y que la puesta por escrito de la Torá pertenece a una etapa tardía en la historia de estos textos; además, un gran número de textos independientes pertenecían a tradiciones locales. Era importante, pues, llegar a comprender la vida de estas unidades textuales. Para ello había que establecer el género, y así poder identificar la función y significado del texto. El proceso era el siguiente: primero se distinguía entre textos en prosa y textos poéticos; la narrativa, escrita en prosa por lo general, se podía clasificar como mitos, cuentos (que quedan en estado fragmentario), sagas, relatos novelados, leyendas religiosas y narrativa histórica. Los géneros poéticos incluyen profecías y poemas líricos, que a su vez se dividen en lírica secular (canciones de amor, de bodas, de victoria y reales, e invectivas) y lírica espiritual (himnos y salmos). Hasta entonces el estudio de los salmos se hacía de forma individual, sin tener en cuenta los demás; la gran contribución de Gunkel fue fijarse en las características comunes o típicas de varios salmos y no en las características que hacen que un salmo sobresalga (27).

La escuela histórico-geográfica ha tenido una larga vida en la folklorística hasta que el interés por los orígenes cesó y los estudios de tipo diacrónico se vieron reemplazados por los de tipo sincrónico, tal como también ocurrió con el paso de los estudios lingüísticos, que pasaron del análisis histórico a una dialectología en la que prima el análisis sincrónico y estructural; en palabras del folklorólogo escocés Alexander Fenton,

la tendencia por dejar de lado el método histórico–geográfico en la etnología europea se debe en parte por la urbanización de la cultura y sociedad europeas, por la migración rural y el consiguiente debilitamiento de las tradiciones y costumbres rurales, y se caracteriza por una vinculación cada vez mayor de la etnología regional con la antropología cultural y la sociología modernas (28).

Junto con este cambio, se han originado conceptos horizontales de cultura móvil, oficial, profesional o urbana que se relacionan con la interacción de diferentes elementos sociales de la estructura social europea.

Mircea Eliade, haciéndose eco del folklorólogo holandés Jan de Vries, propone una valoración de la escuela finlandesa:

Los eruditos escandinavos han proporcionado un trabajo preciso y considerable: han registrado y clasificado todas las variantes de un cuento, han tratado de reconstruir sus vías de difusión. Pero estas investigaciones formales y estadísticas no han resuelto ningún problema esencial. La escuela finlandesa ha creído poder llegar, por el minucioso camino de las variantes, a la “forma primordial” (Urform) de un cuento. Desgraciadamente, era una ilusión: en la mayoría de los casos, la Urform no era más que una de las múltiples “pre-formas” transmitidas hasta nosotros. Esta famosa “forma primordial” –que ha obsesionado a toda una generación de investigadores– no gozaba más que de una existencia hipotética (29).

Por otra parte, el método finlandés o histórico–geográfico se ocupó muy poco en sus inicios de los depositarios de las tradiciones. Por esos tiempos se consideraba que la difusión era un proceso mecánico o natural que ocurría independientemente de los individuos (30).

LA CLASIFICACIÓN DE AARNE

En los primeros años del siglo XX, el número de relatos publicados era, sin duda, ingente; el afán recolector continuó con fuerza durante las dos primeras décadas del siglo XX y duró, aunque con menos fuerza, hasta mediados de siglo. Tal cantidad de material muy pronto comenzó a ser un problema para los investigadores que se dedicaban a estudiar la relación entre las versiones de diferentes culturas, ya que era prácticamente imposible revisar lo publicado o acceder a la información de los archivos para constatar qué relatos se daban en qué lugares. Para paliar esta situación y permitir que en las bibliotecas hubiese una muestra de los relatos folklóricos del mundo, era preciso hacer colecciones generales. En Francia se publicaron dos series de colecciones internacionales de relatos folklóricos, la Collection de chansons et de contes populaires (Colección de canciones y de cuentos populares, 1881–1930) en cuarenta y seis tomos, y Les littératures populaires de toutes les nations (Literaturas populares de todas las naciones, 1881–1903), con cuarenta y siete tomos en esta primera serie, y con tres tomos más en la nueva serie (1931–1933). Sin embargo, los folklorólogos se debían enfrentar a otro problema, el de la catalogación del material. Cada archivo tenía su propio catálogo. Lo ideal sería hacer un catálogo internacional del material recolectado de acuerdo a un método científico, clasificado en detalle y disponible para el análisis; así se podría conocer el contenido de las colecciones de forma rápida y eficaz (31).

En respuesta a estas necesidades, a instancias y con el apoyo de Kaarle Krohn, y con la ayuda de Oskar Hackman, Axel Olrik, Johannes Bolte, y Carl von Sydow, el investigador finlandés Antti Amatus Aarne (1867–1925) publicó en 1910 en las FFC el primer catálogo de tipos de cuentos con bibliografía titulado Verzeichnis der Märchentypen (Índice de los tipos de cuentos) (32), que ha sido aceptado como el sistema estándar de catalogación (33). La colección de relatos del ruso Aleksandr Nikolaevich Afanasiev (1826–1871) titulada Narodnuiya russkiya skazki (Cuentos populares rusos; compilada en 1855 y publicada en tres tomos entre 1936 y 1940) (34) inspiró a Aarne en el orden de sus tipos de relatos, de hecho, el orden de Afanasiev es idéntico al de los tipos de Aarne: cuentos de animales, cuentos maravillosos y cuentos de la vida cotidiana. También trabajó usando el corpus de cuentos folklóricos de Karelia y Finlandia, las clasificaciones de Svend Grundtvig (1783–1872) (35) de cuentos daneses y la famosa colección Kinder– und Hausmärchen (Cuentos infantiles y del hogar) de los hermanos Grimm. Dividió el cuento en subgéneros: cuentos de animales, maravillosos, relatos cortos y chistes; tras esto clasificó los argumentos por tipos y les asignó un código numérico a cada tipo. Tras este índice, realizó varios estudios monográficos usando el método histórico –geográfico.

Es importante su estudio comparativo de los cuentos titulado Leitfaden der vergleichenden Märchenforschung (Guía para la investigación comparativa sobre el cuento; 1913). En esta obra estudió los factores o leyes (Gesetze) que contribuyen a la variación y a la continuidad en la transmisión oral, que más que verdaderas leyes son explicaciones de hechos. Anti Aarne no creía en la poligénesis de los relatos, para él cada motivo pertenece originalmente a un solo relato y pasa a otros por medio del préstamo. Estableció varios principios que rigen la formación de variantes en los textos folklóricos. Una de las fuerzas que más promueven la creatividad es el olvido de un detalle, generalmente poco importante; la inserción de un detalle, que puede proceder de otro relato o que es a veces inventado por el narrador. Estas variantes se suelen encontrar más en los comienzos y finales que en otras partes de los relatos. Otro factor es la fusión de dos o más relatos. La multiplicación de detalles, por lo general por tres, es un recurso muy utilizado por los narradores. A veces la repetición de un incidente se presenta como un relato analógico. Otro fenómeno que ocurre es la especialización de un motivo o su contrario, la generalización. La sustitución de materiales, o el préstamo de motivos entre relatos es un hecho que según Aarne suele ocurrir al final del relato. El cambio de papeles entre los personajes de un relato puede tomar varias formas: el reemplazo de animales personificados por seres humanos; el reemplazo de seres humanos por animales personificados; o el reemplazo de ogros por animales o viceversa. Una variante estilística que ocurre con cierta frecuencia es el cambio de la tercera a la primera persona en la narración. Existen otros cambios que deben ocurrir para mantener la consistencia narrativa al introducir un cambio, como pueden ser el reemplazo de lo no familiar por lo familiar según el relato viaja de una cultura a otra, y el reemplazo de lo anticuado por lo contemporáneo (36).

Por medio del sistema de numeración de Aarne se podían catalogar variantes y buscar las que presentaban otras colecciones. En realidad, este trabajo ya se había iniciado con las recolecciones escandinavas y germánicas. Aarne aprovechó para su catálogo el rico material estonio que estuvo depositado en Helsinki durante varios años; este material estaba compuesto por la colección de cuentos de Estonia del clérigo y lingüista de la universidad de Helsinki, Jakob Hurt (1839–1907), y del también profesor de folklorística en la Universidad de Tartu Matthias Johann Eisen (1857–1934), los trabajos del primer profesor de folklorística comparada de la Universidad de Tartu (Estonia), el bielorruso de familia alemana, Walter Anderson (1885–1962), y los del lingüista y primer director de los archivos folklóricos de Estonia Oskar Loorits (1890–1961) (37).

Enseguida el catálogo se amplió con aportaciones del resto de Europa y de la India. Ejemplo de ello es el folklorólogo finlandés Oskar Hackman (1868–1922), quien estudió el relato de Polifemo en la Odisea y su relación con los cuentos del ogro estúpido en Die Polyphemsage in der Volksüberlieferung (El relato de Polifemo en la tradición popular; 1904), publicado en Helsinki. Llegó a reunir ciento setenta versiones del cuento de Polifemo y de “Nadie”. Muy pronto el índice de Aarne se quedó corto; si bien servía de ayuda para las investigaciones, los propios investigadores empezaron a sugerir que se añadieran al catálogo nuevos tipos de cuentos que iban encontrando en sus trabajos de campo. Fue el folklorólogo estadounidense Stith Thompson el encargado de ampliar el catálogo para incluir todas las sugerencias que se fueron haciendo según avanzaba la investigación, y aún así se tuvieron que publicar estudios sobre tipos locales. Nikolai Petrovi_ Andreev (1864–d. 1897) publicó en Leningrado Ukazatel’ Skazo_nich Sjuzhetov po Systeme Aarne (1929); también publicó un par de monografías sobre leyendas religiosas populares, Die Legende von den zwei Erzsündern (La leyenda de los dos pecadores; 1924) y Die Legende von Räuber Madej (La leyenda de Madej, el ladrón; 1927). Después se añadieron estudios sobre tipos rumanos, húngaros, islandeses y valones, prusianos y lituanos, publicados muchos de ellos en la serie Folklore Fellows Communications (38) de la Academia Finlandesa de las Ciencias. Quizá el catálogo más amplio haya sido el que Paul Delarue y Marie-Louise Tenèze han realizado y publicado con el título Le conte populaire français (El cuento popular francés; 1957–1985).

SYDOW

El folkorólogo sueco Carl Wilhelm von Sydow (1878–1952) fundó, junto con Kaarle Krohn y Axel Olrik la Federación Internacional de Folklorólogos y su órgano, la serie FF Communications. En 1912 escribió un informe en inglés dando a conocer al mundo las actividades de esta joven organización, que había publicado desde 1910 monografías sobre folklore (39). Las FFC son, sin duda, la más importante serie en el campo de las publicaciones sobre folklorística internacional. La Academia de Ciencias y Letras de Helsinki continúa publicándola en nuestros días (40).

Sydow distinguió los depositarios activos, que son los que mantienen y reproducen –o producen– la tradición (profesionales o aficionados), del resto de la población, los depositarios pasivos que forman el público receptor. Los depositarios activos, cuyo número es siempre muy reducido, mantienen una especie de autoridad sobre el material folklórico que manejan. Los depositarios pasivos ejercen de controladores de las tradiciones, motivan la actuación de los activos (41). Sydow propuso la idea de que los relatos folklóricos se transmiten de un depositario activo a otro (42).

Sydow llamó a las variantes locales de los materiales folklóricos que reflejan las condiciones o características culturales peculiares de cada región oikotypes (43)(ecotipos), que mantienen una relativa estabilidad dentro de los grupos con los que se identifica; esta estabilidad se basa en los depositarios activos, que son quienes mantienen la tradición; se dan muy pocos casos de depositarios activos que se muden a un nuevo entorno y allí logren imponer su propia versión; por lo general no lo intentan, sino que adaptan su material a las características del nuevo entorno (44). El ecotipo se produce cuando el contenido de una narración se transforma para adaptarse a los patrones culturales de una región específica (45).

Carl von Sydow introdujo en 1934 los términos memorata y fabulata, en su libro Kategorien der ProsaVolksdichtung (Categorías de la prosa en las composiciones populares). El término “memorata” le servía para referirse a los relatos de experiencias personales de primera mano, el de “fabulata”, para los relatos que le seguían en la cadena de transmisión, es decir, en los que el narrador y el protagonista del relato ya no coinciden. Consideraba que estos relatos personales, anécdotas o preleyendas, pueden llegar a crecer formando verdaderas leyendas. Dentro de las fabulatas distinguía las relacionadas con las creencias (Glaubenfabulate) en las que se dan detalles para confirmar que el relato es verdadero; las jocosas (Scherzfabulate), como los relatos del ogro estúpido; o las personales (Personfabulate) que se refieren a personajes definidos cuyo nombre se repite (46).

LAS CLASIFICACIONES DE THOMPSON

Stith Thompson (1885–1976), profesor de la Universidad de Indiana y uno de los folklorólogos más importantes de Estados Unidos, fue autor, coautor y editor de muchas e importantes obras. En Berkeley estudió con Walter Morris Hart; luego ganó una beca para estudiar en Harvard con George Lyman Kittredge (1860–1941). Enseñó en la Universidad de Texas en Austin, donde trabó amistado con otro alumno de Hart, John A. Lomax, y durante treinta y cuatro años fue profesor de la Universidad de Indiana en Bloomington.

Stith Thompson comenzó su carrera estudiando los relatos de los indígenas de Norteamérica y su relación con los europeos. En “European Tales Among the North American Indians” (47) (1919), se fijó en la difusión de elementos extraños a las tradiciones indígenas; en Tales of the American Indians (48) (1929) clasificó los cuentos de acuerdo al sistema europeo y analizó los elementos autóctonos.

A pesar de las críticas negativas que recibió el método histórico–geográfico, este método comparativo seguía utilizándose. En Noruega, Reidar Christiansen desarrolló una extensión del índice de tipos para clasificar las leyendas históricas y pseudo–históricas migratorias de su país (49). Anti Aarne había muerto en 1923 sin haber podido revisar su tipología de los cuentos, y para esa fecha se habían hecho tantas sugerencias para que se añadieran nuevos tipos de relatos al Índice, que Krohn buscaba a alguien que pudiera llevar a cabo una revisión del Verzeichnis der Märchentypen. En 1924 Archer Taylor viajó a Finlandia llevando consigo un manuscrito de Stith Thompson sobre un índice de motivos del relato folklórico. Kaarle Krohn lo leyó y quedó impresionado por el trabajo. Krohn sugirió que Thompson se hiciera cargo de la revisión. Entre 1926 y 1927 Thompson viajó a Europa, se entrevistó con Krohn, aceptó el reto, y entre ambos sentaron las bases para el trabajo. Con la ayuda del propio Krohn y de Bolte, con quienes se reunió en Copenhague, y de otros como Arnold van Gennep (50), Edouard von Hoffman-Krayer, Hans Bächtold-Stäubi (51), John Meier (52), Eugene Fehrle (53), Hans Naumann (54), Hugo Hepding (55), Jan de Vries (56), y el danés Hans Ellekilde (57) se puso manos a la obra. En 1928 publicó The Types of the Folktale (Los tipos de los cuentos populares). Thompson respetó la organización de Aarne y añadió todas las sugerencias que se le hicieron, pero diferenciando claramente las más universales de las que sólo tenían interés local, que relegó a una lista suplementaria. Incluyó también relatos literarios que se habían convertido en parte de la tradición popular, en especial, los cuentos de hadas franceses. En esta revisión usó como referencia, además, la numeración de los cuentos de los Grimm, de Grundtvig y de todos los estudios narratológicos de la escuela finlandesa, incluso los hechos sobre los indios norteamericanos y las versiones recogidas en África (58). La clasificación Aarne –Thompson comprende dos mil trescientos cuarenta tipos de cuentos repartidos en cuatro categorías: cuentos de animales, cuentos propiamente dichos (maravillosos y religiosos), cuentos cómicos, y cuentos de fórmula:

Thompson da el texto de referencia de cada tipo seguido de una secuenciación narrativa y de una lista de todas las versiones utilizadas, con el inventario de sus motivos. A cada cuento se añade un comentario. Gracias a este trabajo, se han podido realizar estudios comparativos de cuentos y componer catálogos nacionales unificados según un criterio internacional. Este catálogo ha servido para que todo el material guardado en archivos, en manuscritos y en diferentes lenguas y dialectos pueda ser referenciado bajo un sistema uniforme, y así el investigador pueda acceder con más facilidad a la información sobre el material que se guarda en las diversas colecciones. Thompson volvió a revisar la obra en 1961, con lo que en la segunda mitad del siglo XX el catálogo se había expandido para incorporar el material investigado hasta la fecha.

Pero la mayor contribución de Thompson a la disciplina fue su clasificación de los motivos en los cuentos populares, una obra de seis tomos titulada Motif–Index of Folk-Literature (59) (Índice de motivos de la literatura folklórica) que le llevó más de diez años de trabajo. En esta completísima obra incluyó motivos de tradiciones antiguas y modernas, europeas, asiáticas, africanas y americanas, procedentes de cuentos, mitos, leyendas y otros géneros de relatos. El propósito era práctico: servir de instrumento para los estudios comparativos de la escuela histórico–geográfica. Ya la necesidad había sido expresada y algunos investigadores habían intentado esta empresa: en 1925 el filólogo iranista danés Arthur Christensen (1875–1945) propuso una clasificación de los elementos que componen los relatos en su obra Motif et thème: Plan d’un dictionnaire des motifs de contes populaires, de légendes et de fables (60) (Motivo y tema: Plan de un diccionario de motivos de cuentos populares, de leyendas y de mitos); en este trabajo presentaba una lista tentativa de ejemplos de categorías que incluía elementos de relación, motivos, accesorios épicos o temas. Los folklorólogos consideraron su propuesta demasiado teórica y poco práctica (61). Thompson desarrolló un sistema de clasificación similar al que la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos usa para sus libros, sistema abierto que permite una expansión indefinida. Thompson divide los motivos en tres clases: personajes, elementos de fondo (objetos, costumbres y creencias) e incidentes. Estos últimos pueden existir por separado y constituir por sí mismos un relato simple.

El índice se organiza de acuerdo a las siguientes categorías: A = creación; B = animales; C = lo prohibido, compulsiones; D = lo mágico; E = muertos; F = seres maravillosos; G = seres horribles; H = pruebas; J = inteligencia; K = mentiras; L = rueda de la fortuna; M = regateos, promesas, juicios; N = suerte; P = sistemas sociales y costumbres; Q = permisos y castigos; R = cautivos y fugitivos; S = crueldad; T = sexo; U = homilías; V = religión, objetos religiosos; W = incidentes humorísticos; Z = miscelánea. El índice de motivos de Stith Thompson ha sido un gran instrumento de análisis para los investigadores de la narrativa folklórica. Se centra mucho más en la tradición nórdica y protestante que en la mediterránea, griega y ortodoxa, o latina y católica. El argumento de un cuento se puede reconstruir siguiendo la cadena de motivos. Esta obra, al contrario del índice de tipos, no presupone la idea de monogénesis ni la de difusión; para Thompson, la monogénesis llevada al extremo es errónea, ya que muchos elementos sencillos idénticos pueden haber surgido en culturas diferentes e inconexas; además los motivos pueden proceder no sólo de otros relatos, sino también de costumbres, ritos y creencias (62).

Thompson señaló también que aunque los estudiosos se han esforzado por diferenciar los relatos y dividirlos en categorías para su estudio, estas son preocupaciones que han estado siempre muy lejos de las personas que practican el arte de contar. Aunque nos ofreció su clasificación de los relatos, también nos explicó que las distinciones que se hacen de estos géneros no son categorías estáticas que sirvan para todas las culturas; de hecho, la nomenclatura que se usa en los diversos idiomas europeos muestra que las palabras varían en cuanto a la extensión de su significado: Märchen (alemán), eventyr (noruego), saga (sueco), skazca (ruso), fairy tale (inglés), fiaba (italiano) o conte populaire (francés) no son palabras que signifiquen exactamente lo mismo. La función y validez de las clasificaciones es, ante todo, práctica.

Para Thompson, una categoría la forman los cuentos maravillosos (Märchen, contes populaires, fairy tales), y señalaba que el término Märchen es el que ha tenido mayor aceptación internacional; lo define como un relato de cierta longitud que se presenta como una sucesión de episodios con diferentes motivos y que sucede en un mundo irreal, sin localización precisa, sin personajes definidos y con abundancia de elementos maravillosos. La novella es un relato que ocurre en lugar y tiempos más precisos, que tiende a retratar la vida cotidiana, y si aparecen en ella elementos maravillosos, estos se presentan de manera verosímil. Muchas veces esta distinción entre Märchen y novella es superficial, y un mismo relato puede adoptar una de estas dos modalidades en versiones diferentes. El cuento heroico (heroic tale) incluye elementos de ambas modalidades; son relatos de aventuras de un personaje que tiene algunas de las características que caracterizan al héroe. Sage es el término alemán que se usa para referirse a las leyendas, relatos que cuentan sucesos extraordinarios que ocurrieron hace tiempo en un lugar definido y a personajes identificados, a veces históricos; puede referirse a un hecho maravilloso en el cual se cree, no importa lo absurdo que resulte para el no creyente; por lo general se basa en un solo episodio. Si se refiere a un santo, imagen religiosa o milagro, se la llama leyenda piadosa. No debe confundirse con la saga, que es un relato literario escandinavo o irlandés sobre tiempos heroicos. El relato etiológico (explanatory tale, Natursage, histoire de pourquoi) está relacionado con las tradiciones locales y cuentan el origen de algo; a veces ésta es la única razón del relato, otras veces, el relato etiológico se presenta como una coda a otro relato con el que se relaciona. El mito es un relato que pertenece a un tiempo que antecede al nuestro; está íntimamente relacionado con creencias y prácticas religiosas; a veces su forma es la misma que la del relato etiológico o que la del cuento heroico, pero el mito tiene siempre un significado hondamente religioso. El cuento de animales presenta personajes del mundo animal que se comportan como humanos; por lo general aparecen dos personajes, uno listo y otro tonto; si tienen un propósito moral, a veces con moraleja incluida, se los conoce como fábula. El cuento jocoso (merry tale, jest) narra acciones absurdas de insensatos; en él a menudo ocurren engaños y situaciones obscenas; el numskull u ogro estúpido es un personaje típico de este género de relatos (63).

A pesar de estos trabajos, Carl von Sydow criticó los postulados de la escuela finlandesa aduciendo que si bien se puede llamar geográfica, no es realmente histórica, ya que los criterios para ordenar las variantes en orden cronológico se basan en bases muy endebles si no falsas. Aunque admiraba la labor de catalogación que se había acometido gracias al trabajo de los finlandeses, se quejaba de que no se hubiese prestado atención a las condiciones y leyes que rigen la vida de las tradiciones orales:

El fallo del método de estudio de los cuentos instituido por Krohn y Aarne consistía […] en la circunstancia de que la vida y las leyes del cuento no habían sido suficientemente exploradas. La carencia de conocimiento sobre estas cuestiones debía reemplazarse con hipótesis de trabajo que después se demostraba que eran falsas. El punto de vista de la herencia, que es indispensable, ya que los cuentos no sólo se han diseminado a otros lugares, sino que también se han heredado por miles de años, se ha perdido, mientras que el concepto de migración introducido por Benfey ha sido el único punto de vista prevalente. Esto debe considerarse un ejemplo grave de partidismo (64).

Sydow no podía aceptar las conclusiones de Benfey: de la migración de cuentos literarios no se puede concluir nada en folklorística sobre la tradición oral, cuyo comportamiento ha sido bien diferente. Pero fue precisamente este concepto de migración el que más había influido, y los eruditos acababan construyendo teorías sobre migración de relatos sin ninguna base real. Se oponía a la idea de que el trabajo de la folklorística se basara en el método histórico–geográfico, que la mayoría de las veces trabajaba tan sólo con extractos de los cuentos, lo que alejaba al investigador del material que investigaba y de su contexto vivo; él prefería estudiar la vida de los relatos.

La obra de Carl von Sydow representa, pues, un cambio en la investigación folklorística nórdica al alejarse de la colección de datos para fijarse más en los procesos y categorías (65).

A pesar de sus carencias, todavía en la segunda mitad del siglo XX se continuó utilizando el método comparativo propuesto por la escuela finlandesa, no ya para centrarse en la búsqueda de los orígenes y distribución, sino para estudiar el por qué de la estabilidad interna de ciertos relatos, cuyas estructuras básicas se mantienen intactas durante siglos. El estudio se concentra ahora en la estabilidad y la variación, en los límites de un relato, en cómo una versión de un relato puede variar sin dejar de pertenecer a un tipo definido, o, por el contrario, en cómo dos variantes de dos relatos se pueden parecer sin llegar a identificarse en un mismo tipo. Por otra parte, la finlandesa Elsa Enäjärvi Haavio (1901–1951) utilizó el método histórico–geográfico aplicado a los juegos con canciones en su trabajo The Game of Rich and Poor (El juego del rico y el pobre; 1932) (66). Este tipo de estudio puede también servir para explicar el sentido de las variantes siempre que se tenga en cuenta que, al hacer un estudio comparativo, cada variante se saca de su contexto natural, donde tiene sentido, para compararla con otras variantes que provienen de otros contextos culturales (67).

LA CLASIFICACIÓN DE UTHER

En la segunda mitad del siglo XX se cuestionaba la forma tradicional de clasificar los cuentos y los motivos. El profesor de folklorística de la Universidad de Berkeley, Alan Dundes (1934–2005), en su artículo “Toward a Structural Definition of the Riddle” opina que no están organizados correctamente, ya que hay tipos que se consideran muy diferentes, por los personajes, mientras que estructuralmente son iguales. Aducía también que el mayor problema del Índice de motivos es que colecciona rasgos superficiales descontextualizados.

En 2004 el profesor de literatura alemana de la Universidad Duisburg-Essen Hans-Jörg Uther, conocido por su trabajo como editor de la Enzyklopädie des Märchens (Enciclopedia de los cuentos), volvió a revisar el catálogo iniciado por Aarne y continuado por Thompson en los tres tomos de la obra titulada The Types of International Folktales:A Classification and Bibliography (Los tipos de los cuentos populares internacionales: Clasificación y bibliografía), publicada en Helsinki por la Academia de las Ciencias de Finlandia (68). La clasificación de Uther es más manejable que las anteriores, aunque con sus más de mil cuatrocientas páginas sobrepase el doble de páginas de la obra de Thompson, de unas seiscientas.

Uther tuvo en cuenta las objeciones y críticas que se habían hecho a los anteriores catálogos sin abandonar los principios de estudio comparativo histórico –geográfico que rigen esta obra. En la introducción a su catálogo, Uther nos muestra las principales críticas a las que se enfrentó: la primera hace referencia a que una clasificación científica es imposible en la realidad de las tradiciones, ya que esto implicaría un esquema exacto que no se da en los productos culturales humanos; otra crítica se refería a la inconsistencia que supone clasificar los géneros según los personajes, pues este tipo de clasificación no tiene coherencia estructural ni temática. Por otra parte, la escuela finlandesa se había concentrado en la tradición oral decimonónica, relegando la tradición escrita a un segundo lugar y no prestando la debida atención a formas más antiguas de los relatos. A pesar de su pretensión de ser un catálogo internacional, la labor de Aarne y de Thompson se había concentrado en la tradición europea, y en esta, las culturas quedaban representadas de manera desigual. Las descripciones de los tipos eran demasiado breves, imprecisas y centradas en los personajes masculinos. Estos catálogos no eran generosos con sus referencias bibliográficas a trabajos eruditos sobre la materia. Las referencias a variantes se basaban sobre todo en archivos de difícil acceso o en colecciones antiguas, sin significar a menudo las nuevas.

Uther intentó paliar las carencias de varias formas; amplió las descripciones de los argumentos, en algunos casos las reescribió por completo; redujo las de los motivos. Introdujo más de doscientos cincuenta nuevos tipos; incluyó las de los cuentos obscenos, y dio mayor peso a los personajes femeninos. Suprimió las referencias a tipos limitados a un solo grupo étnico a menos de que hayan alcanzado una distribución histórica o geográfica significativa. Incluyó las investigaciones hechas sobre cuentística folklórica hasta 2003, y puso al día el sistema de referencia, dando mayor importancia a las colecciones contemporáneas y abandonando las que los anteriores hacían a colecciones que han quedado anticuadas y a archivos de difícil acceso.

A pesar de los deseos de algunos de que exista un catálogo verdaderamente científico, Uther considera que un catálogo de cuentos no es más que un constructo intelectual; frente a los que hacían consideraciones semánticas, él piensa que sólo se puede hacer un acercamiento estructural a la catalogación de los cuentos y que sea de una amplitud tal que permita la inclusión de variantes, anotando la imposibilidad de señalar la función o significado de los relatos en una obra de este tipo.

La organización del catálogo comenzado en 1910 por Aarne, continuado en 1928 y 1961 por Thompson, tras los cambios introducidos por Uther queda de este modo:

Cuentos de animales (ATU 1 – 299)

1-99 Animales salvajes
de animales listos 1-69
de otros animales 70-99

100-149 Animales salvajes y domésticos

150-199 El hombre y los animales salvajes

200-219 Animales domésticos

220-274 Aves y peces

275-299 Otros animales y objetos


Cuentos maravillosos (ATU 300 – 749)

300-399 Adversarios sobrenaturales

400-459 Pariente sobrenatural o encantado

Esposa 400-424

Hermanos 450-459

460-499 Tareas sobrenaturales

500-559 Ayudantes sobrenaturales

560-649 Objetos mágicos

650-699 Poderes o conocimiento sobrenaturales

700-749 Otros cuentos de lo sobrenatural


Cuentos religiosos (exempla) (ATU 750 – 849)

750-779 Premios o castigos divinos

780-799 Revelación de la verdad

800-809 El Cielo

810-826 El Diablo

827-849 Otros cuentos religiosos


Cuentos novelescos, románticos o realistas (novelle) (ATU 850 – 999)

850-869 El hombre se casa con la princesa

870-879 La mujer se casa con el príncipe

880-899 Pruebas de fidelidad e inocencia

900-909 La mujer obstinada aprende a obedecer

910-919 Los buenos preceptos

920-929 Actos y palabras inteligentes

930-949 Sobre el destino

940-949 Ladrones y asesinos

970-999 Otros cuentos realistas


Cuentos del ogro (demonio) estúpido (ATU 1000-1199)

1000-1029 Contrato de trabajo

1030-1059 Acuerdo entre hombre y ogro

1060-1114 Competición entre hombre y ogro

1115-1144 El hombre mata o daña al ogro

1145-1154 El ogro amedrentado por el hombre

1155-1169 El hombre engaña al Diablo

1170-1199 Almas salvadas de manos del Diablo


Cuentos cómicos y anécdotas (ATU1200 – 1999)

1200 – 1349 De tontos

1350-1437 De casados

1380-1404 la mujer alocada y su esposo

1405-1429 el hombre alocado y su mujer

1430-1439 la pareja alocada

1440-1524 De mujeres

1450-1474 en busca de mujer

1475-1499 chascarrillos sobre solteronas

1500-1524 otros relatos sobre mujeres

1525-1724 De hombres

1525-1639 el listo

1640-1674 de casualidades felices

1675-1724 el estúpido

1725-1849 De clérigos

1725-1774 el clérigo engañado

1775-1799 el clérigo y el sacristán

1800-1849 otros chistes sobre religiosos

1850-1874 De otros estados

1875-1999 De mentiras


Cuentos en fórmulas (ATU 2000 – 2100)

2000-2075 Cadenas

2000-2020 cadenas basadas en números, objetos, animales o nombres

2021-2024 cadenas sobre la muerte

2025-2028 cadenas sobre la comida

2029-2075 cadenas sobre otros acontecimientos

2200-2299 Cuentos con trampa

2300-2399 Otros cuentos en fórmulas.

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NOTAS

(1) Hurskainen, A. (1992), p. 20.

(2) Véase Magoun, F. (1969).

(3) Cfr. Dundes, A. (1999), p. 37.

(4) Hurskainen, A. (1992), pp. 21-24.

(5) Pentikäinen, J. (1976), p. 9.

(6) Afzelius y Geijer (1814).

(7) Wilson, W. (1976), pp. 242-245.

(8) Cocchiara, G. (1980), pp. 309-310.

(9) Thompson, S. (1951), p. 439.

(10) Como se puede ver, este método, que se basa en la difusión, rechaza de lleno la idea de la poligénesis de los relatos, tan cara a los antropólogos ingleses que por esta época desarrollaban sus teorías.

(11) Fue el autor de Natursagen: Eine Sammlung naturdeutender Sagen, Märchen, Fabeln und Legenden (Leyenda natural: Una colección de leyendas, cuentos, fábulas y relatos piadosos sobre la naturaleza); Dähnhardt, O. (1907-1912).

(12) Escribió el artículo “Geographische-historische Methode”; Anderson, W. (1934-1940).

(13) Cfr. Campbell, J. (1990), p. 25.

(14) Sydow, C. (1965), p. 229.

(15) La posición de profesor de folklorística se instauró en esta universidad definitivamente en 1908.

(16) Cocchiara, G. (1980), p. 310-311.

(17) Dundes, A. (1999), p. 37-40; Honko, L. (2000), pp. 24-25.

(18) Mitología escandinava.

(19) Cfr. Prat Ferrer, J. (2005), p. 186.

(20) Cfr. Sydow, C. (1999), p. 142.

(21) Esta obra fue traducida al inglés con el título Folklore Methodology: Formulated by Julius Krohn and Expanded by Nordic Researchers (Metodología folklorística: Formulada por Julius Krohn y expandida por investigadores nórdicos); Krohn, K. (1926).

(22) Panorámica sobre algunos resultados de la investigación sobre los cuentos.

(23) Thompson, S. (1951), pp. 446-447.

(24) Krappe, A. (1967), p. xv.

(25) Krappe, A. (1938).

(26) Cfr. Durand, G. (2005), p. 37. Para más información sobre el método histórico–geográfico, véase Goldberg, C. (1984).

(27) Cfr. Parrish, V. (2003), pp. 2-3.

(28) Fenton, A. (2005), p. 25.

(29) Eliade, M. (2000), p. 166. La obra de Jan de Vries a la que me refiero es Betrachtungen zum Märchen, besonders in seimen Verhältnis zu Heldensage und Mythos (Consideraciones sobre el cuento, especialmente en su relación con la leyenda y el mito), Helsinki, 1954.

(30) Para las críticas que sus vecinos los soviéticos daban al método finlandés, véase el artículo de Heda Jason “The Russian Criticism of the ‘Finnish School’ in Folktale Scholarship” (Críticas rusas a la escuela finlandesa en el estudio de la cuentística); Jason, H. (1970).

(31) Para más información véase Salminen y Landtman (1930).

(32) Aarne, A. (1910).

(33) Thompson, S. (1951), p. 416.

(34) Afanasiev, A. (1973).

(35) Grundtvig fue uno de los primeros en intentar fijar una clasificación de los cuentos, distinguiendo entre un arquetipo original y sus variantes; estableció unos ciento treinta y cinco tipos, que más tarde Olrik y otros miembros de los archivos de Dinamarca ampliaron. Cfr. Brunvand, J. (1986): 188. Fue autor de Nordens Mitologi (Mitología nórdica; 1080, edición revisada y muy ampliada en 1832) y de Danske folkesagen (Leyendas populares danesas; 1854-1861).

(36) Thompson, S. (1951), p. 436. Cfr. Prat Ferrer, J. (2005), p. 191.

(37) Para más información sobre Antti Aarne véase Apo, S. (2005).

(38) Thompson, S. (1951), pp. 420-421.

(39) Dundes, A. (1999b), p. 84.

(40) Cfr. Olrik, A. (1912).

(41) Sydow, C. (1999), pp. 143-145.

(42) Prat Ferrer, J. (2006), pp. 187-188.

(43) Ecotipos.

(44) Thompson, S. (1951), pp. 440-441.

(45) Hafstein, V. (2000).

(46) Cfr. Dégh, L. (2001), p. 41.

(47) Cuentos europeos ent