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Pandora en contrapunto con Eva. La visión de la femme fatale a través del mito y la tradición. Su simbolismo

FERNÁNDEZ PELÁEZ, Eva María

Publicado en el año 2007 en la Revista de Folklore número 314.

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La figura de Pandora ha sido tradicionalmente asociada a la figura de Eva. Evidentemente estas relaciones se plantean por el profundo arraigo de ambas civilizaciones en la cultura occidental. Sin embargo, esta relación que, de por sí, ya entrama algunas diferencias importantes se ha solapado completamente en la obra de Coussin bajo el lema “Pandora prima Eva” (fig. 1).

Esta identificación que desde un punto de vista metodológico no es nada inesperada, produce desasosiego, una falta de rigor con las fuentes y con sus sucesivas lecturas a lo largo de la historia. Evidentemente, la Pandora de Hesíodo no es la Pandora actual del mismo modo que el Quijote áureo no es el Quijote romántico.

Lo que pretendo con este breve comentario es intentar recorrer el camino de las valoraciones que ha seguido el símbolo de Pandora a la par que llegar a su asociación con el mito hebraico. Claro está que para ello también me serviré de las oposiciones masculinas y femeninas que residen en ambas figuras.

1. ORIGEN

Hesíodo en Los trabajos y los días sitúa la figura de Pandora antes de la venida de los hombres actuales. Como fue ella la que trajo el trabajo, la sombra, el pecado, el dolor y la muerte, hemos de situar su llegada en la edad de oro; Pandora es el instrumento que supone un nivel de degradación de la humanidad.

Los hombres de oro se dice que son súbditos de Crono, descendientes de la madre Tierra. Viven sin preocupaciones, nunca trabajaban y mueren en un dulce sueño que los despierta convertidos en genios. Han sido creados por Prometeo quien los hizo a semejanza de los dioses con arcilla y agua de Panopeo.

En cambio, Pandora se presenta como un ser claramente superior puesto que es obra directa del mismo Zeus no de un titán. Está hecha a imagen de las diosas inmortales como los varones pero, además, es coronada por el ímpetu y brío de los hombres áureos y, con las mejores cualidades de los olímpicos:

Después Zeus ordenó a Atenea que la enseñara sus trabajos, tejer en el elegante telar. Y a la dorada Afrodita le ordenó verter sobre su cabeza el encanto que despertara doloroso anhelo masculino y cuidados devoradores. E instó a Hermes, el mensajero, para que le regalase un pensamiento astuto y un carácter falso […].

La aúrea y luminosa Atenea la adornó; las divinas Gracias y Persuasión le colocaron dorados collares sobre su piel; alrededor de su rubia cabellera, las Estaciones la coronaron con flores primaverales: Pallas Atenea le entregó toda la belleza de su piel. Después, en su pecho, el mensajero forjó mentiras y seductoras palabras, además de un carácter impostado, según los planes de Zeus. Finalmente el heraldo de los dioses depositó la voz en ella […] ( 1, 2).

Hay, en el mito heleno, un cambio significativo en este punto si lo comparamos con la tradición hebraica.

Eva, nace de la costilla de Adam, es una parte del todo. Un elemento sustraído de Adam, imagen divina, mientras dormía. Es decir, Eva al ser extraída del profundo sueño de Adam, representa la inconsciencia masculina. Esta lectura se potencia en el Génesis cuando señala que Eva sucedió a Adam, indicando implícitamente una jerarquía que se traspone a lo social.

Entonces Yahvé Dios hizo caer sobre el hombre un sueño letárgico y mientras dormía tomó una de sus costillas, reponiendo carne en su lugar; seguidamente de la costilla tomada al hombre formó Yahvé Dios a la mujer y se le presentó al hombre, quien exclamó:

“Esta sí que es hueso de mis huesos Y carne de mi carne, Ésta será llamada varona Porque del varón ha sido tomada”.

Gen. 2: 21–23 — 39

Así, mientras Pandora es obra de los dioses, Eva se presenta como un hombre incompleto, como medio hombre. No obstante, la tradición babilónica señala otro personaje femenino que antecede a Eva. Hablamos de Lilith (3). Lilith fue creada del mismo modo que Adam, de hecho constituyen inicialmente un mismo ser hermafrodito según versiones parabíblicas.

Dios creó al hombre a su imagen,
A imagen de Dios lo creó,
Macho y hembra los creó.

Gen. 1: 27

Esta paridad coincide parcialmente con el mito de Pandora, ya que aunque los artífices son claramente distintos, ambos, varón y mujer son creados a imagen de los dioses inmortales. Lilith fue expulsada del paraíso por no doblegarse al varón. La expulsión, que reside en la negativa anterior, añade una naturaleza demoníaca a la primera mujer de la mitología hebrea.

2. DESTINO

A diferencia del pensamiento judaico que presenta el libre albedrío, la tradición helena se caracteriza por la creencia de que la Historia está gobernada por el destino cuyos designios son inamovibles. El caso más conocido es, sin duda, Edipo.

Pandora, como era de esperar, tampoco se escapa a esta creencia; ya que si recordamos, Hermes forjó en el pecho de Pandora mentiras, palabras falaces y la curiosidad. Y es esta misma semilla la que le conduce a abrir la caja otorgada a Epimeteo como dote del matrimonio y en la que se habían encerrado las desdichas de la humanidad. Por lo tanto, Pandora al actuar por designio divino debería ser tratada con la misma compasión que se le dedica a Edipo y no con ese rechazo maldito (4).

Este doble juicio se repite con Eva y Adam ya que si bien es Eva quien incita a Adam a probar la fruta del árbol prohibido, también es cierto que ella a su vez ha sido engañada por la serpiente y que Adam conocía perfectamente la prohibición divina.

Los castigos de Yahvé se reparten entre la serpiente, el hombre y la mujer, pero hay un trato de favor hacia Adam en detrimento de Eva.

Vuelto a la mujer, dijo: “Multiplicaré los trabajos de tus preñeces. Con dolor parirás a tus hijos y, no obstante, tu deseo te arrastrará hacia tu marido, que te dominará”.

Gen. 3: 16

Otro rasgo común entre Eva y Pandora se halla en la búsqueda del conocimiento, ambas se mueven guiadas por su curiosidad y ello provoca los infortunios. Pandora abre la caja que Epimeteo guardaba bajo prescripción de Prometeo.

Eva, por su parte, es seducida con estas palabras:

Entonces la serpiente dijo a la mujer: “¡No, no moriréis! Antes, bien, Dios sabe que en el momento en que comáis se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal”.

Gen. 3: 4-5

Esta coincidencia intercultural refleja el pensamiento de sociedades que ven como peligroso el hecho de que las mujeres accedan al conocimiento puesto que su naturaleza pervierte la sabiduría. En el caso del mito de Eva, esta idea se repite en la imagen de la serpiente. Este animal es considerado por muchas otras civilizaciones como símbolo de la sabiduría y la inteligencia, sin embargo, la visión judaica describe esta sabiduría como astucia y la asocia directamente al “poder carnal” de la mujer. De hecho, en el arte medieval y renacentista la imagen de la serpiente se identifica con un monstruo con cabeza de mujer y cuerpo de serpiente (fig. 2).

3. CONCLUSIONES

Como hemos visto, ambos mitos irradian una fuerte aversión a la mujer, especialmente al papel que tiene ésta en las relaciones con los hombres y cómo los conduce. Sin embargo, curiosamente unido a este rechazo se admite la superioridad femenina sobre la masculina. Pandora se erige como un elixir de los dioses y de los hombres, adornado con las cualidades de los olímpicos. De ella dice Zeus:

Les daré un mal con el que todos gocen en su corazón, mientras abrazan su propia ruina.

Teogonía, Hesíodo.

Necesariamente un mal con tal poder ha de estar situado por encima de los hombres o por debajo de éstos. Y, si recordamos los hombres no son más que elaboraciones de un titán, un ser que pertenece al mundo preolímpico, caracterizado por el caos y dominado por el temible Cronos.

Por su parte, Eva no se presenta como un ser superior, no es más que una parte incompleta de Adam. Pero, como ya se ha dicho, la aparición de Eva depende claramente de la expulsión de Lilith, el personaje femenino que la precede en la historia hebrea. Lilith se describe como la mitad femenina de Adam, el ser hermafrodita.

La tradición hebrea no aporta ningún matiz de superioridad a la mujer, su máximo grado de favor llega a la igualdad con el hombre. Igualdad que se trata como un elemento negativo que conduce a las féminas por los vericuetos de la soberbia y el orgullo.

Evidentemente, estas presentaciones justifican el papel relegado que estas culturas reservan a la mujer. No son mitos antropogónicos strictu sensu, son demostraciones ancestrales que definen y relegan a las mujeres como seres maléficos.

En ambos mitos se hace especial hincapié en la relación que las mujeres han de tener con el conocimiento y la sabiduría. En el caso de Pandora se hace patente en la curiosidad que demuestra al abrir la caja prohibida y, Eva toma el fruto prohibido del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Queda magníficamente aunado en la pintura de Coussin, con una Pandora que posa su mano derecha sobre una calavera que cubre un escrito y lleva su mano izquierda a una jarra (5).

Otro de los rasgos subrayados en ambos mitos es la capacidad de seducción, de incitación con los hombres. En el mito griego, Pandora es aceptada por Epimeteo y denegada por Prometeo. Creo que es en este punto donde el sentimiento anacrónicamente misógino se vierte sobre el personaje femenino ya que es Epimeteo –literalmente, “el que piensa después” quien es engañado por los encantos de la joven y no Prometeo– “el que piensa antes”. Es decir, por una parte, el mito heleno admite una superioridad de las féminas sobre los varones pero, a la vez, mantiene que esto sólo engaña a los hombres más impulsivos.

La visión más moderna de Pandora o de la femme fatale se nutre de estas raíces trastocándolas notablemente. Así, en películas como La caja de Pandora (6) o El ángel azul (7) observamos a una protagonista atrayente y sensual que no se veta ante ningún obstáculo y a la cual se rinden los hombres más reflexivos –un afamado abogado en el primer caso y, un disciplinado profesor de un liceo masculino en el segundo–.

Sin embargo, a pesar de esta radical oposición frente al mito heleno, no encontramos divergencias en el ámbito de la sabiduría. Ambas películas nos dibujan a protagonistas harto conocedoras de la vida. Al igual que el mito hebraico, la sabiduría de la mujer es astucia, potenciación de los deseos más animales a través de la seducción carnal. De hecho, el lema semivelado que desencadena la sucesión de vejaciones hacia el profesor y que corona su muerte es el siguiente estribillo:

Falling in love again Enamorándome de nuevo
Never wonder who Nunca pregunto de quién
Love is always my game. El amor siempre es mi juego.

Tampoco se puede decir que las lecturas más actualizadas abandonen la misoginia a la hora de conducir el destino de los personajes masculinos correspondientes. De alguna manera pretenden relatar vidas escabrosas y escandalosas con un fin moralizante.

Lulú aborta el matrimonio de su amante y tras la boda propia, mata al abogado por accidente. Capaz de seducir a todo el jurado sale impune del juicio tras el cual es asesinada por Jack el destripador.

Lola conduce sabiamente al profesor que ha quedado prendado de su belleza. Le induce a que le pida en matrimonio y cuando el profesor materializa esta orden como deseo propio, Lola se ríe de él. No obstante, el matrimonio no es el final feliz esperable en otro tipo de películas; es el camino a la degradación moral del profesor que culmina en su muerte (fig. 3). Después de esto, cabe preguntarse en qué difieren esencialmente Pandora y Eva. Una de las mayores divergencias se centra en el libre albedrío. La Pandora moderna actúa como quiere, al igual que la Eva del Génesis. De hecho, no podría ser de otra manera puesto que nuestra cultura occidental está profundamente arraigada en esta creencia hebrea.

La otra sería la superioridad admitida del personaje femenino respecto al varón. Pandora, con los antiguos y con los modernos, no deja de ser una mujer a imagen de las diosas inmortales, llena de virtudes que la hacen codiciada por todo aquél que la ve. En el otro extremo, se encuentra Eva, extraída de una costilla de Adam, abnegada esposa que comete el pecado de la intrusión en el conocimiento prohibido.

Como remate, añadiría las palabras que Yahvé preconiza a Eva, dignificando si no a ella, sí a su género y; que de alguna manera suavizan los posibles tratamientos de Eva como causa de todos los males. Esta apostilla traslada la falta cometida a la serpiente y en última instancia al árbol del Conocimiento del Bien y del Mal.

Pongo hostilidad entre ti (8) y la mujer,
Entre tu linaje y el suyo:
Él herirá tu cabeza Cuando tú hieras su talón.

Gen. 3: 15

Con estas palabras, se anuncia la llegada de la Virgen María, magnánima sucesora y redentora de Eva. María se abstiene de conocer como de una vida sexual licenciosa, es una perfecta esposa al servicio continuo del varón.

El contrapunto moderno a esta lectura, lo encontramos en los primeros momentos de El Ángel Azul, cuando la asistente del profesor, una mujer madura, seria y decente, imita a Lola (fig. 4). El mensaje es sencillo y directo, todas las mujeres desean ser como Lola, tienen la semilla de la seducción en sus corazones. Mensaje análogo al encontrado en la caja de Pandora helénica.

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NOTAS

(1) Hesiod (1996): Works and Days, (59, 60). Traducción de David W. Tandy & Walter C. Neale, University of California Press Berkeley.

(2) La traducción al español es propia.

(3) El Alfabeto de Ben Asim para una visión completa del mito. Sefer ha-Zohar (Libro del Esplendor) de Moses de León (S. XIII). Referencia en Isa. 34:14.

(4) CORIFEO. Entérate, hija de Edipo, de que a ti y a él os compadecemos por igual a causa de la desgracia vuestra. Pero por temor a los designios de los dioses no nos sentimos con fuerzas de añadir más a lo que acabamos de decir. (Edipo en Colono, Sófocles).

(5) La calavera sobre papeles escritos o libros es un reconocido símbolo barroco que representa que el deseo de conocimiento no tiene ningún valor ante la muerte. Se sustituye la conocida caja por una jarra.

(6) Die Büchse der Pandora (1929, Georg Wilhelm Pabst) La caja de Pandora / Lulú.

(7) Die Blau Engel (1930, Josef von Sternberg). El Ángel Azul.

(8) La serpiente.