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Tradiciones en Hispanoamérica: Una mirada etnográfica al acervo musical del minero del carbón, VIII región de Chile

URIBE ULLOA, Héctor

Publicado en el año 2007 en la Revista de Folklore número 318.

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INTRODUCCIÓN

Al cumplirse diez años del cierre de los yacimientos carboníferos en Lota, uno de los últimos reductos mineros de la VIII región de Chile, es necesario dar una mirada al legado cultural que produjo la singular forma de vida y condición de trabajo del minero y su familia, legado que se manifiesta en costumbres propias, lenguaje o jerga, juegos y diversiones, cultos y devociones, leyendas, mitos, música y danzas. Sobre estos últimos aspectos centraremos nuestro estudio, dando una visión etnográfica de aquellas manifestaciones que con el correr del tiempo conformaron el repertorio patrimonial de la gente del carbón.

Conocer la importancia y valoración de la música como identidad, describiendo el repertorio musical tradicional Iberoamericano aún vigente en su cultura, será también el propósito de este escrito.

ANTECEDENTES PRELIMINARES

La ciudad de Lota se ubica en la Octava Región de Chile, en la provincia Concepción, a 43 Km. al sur de la ciudad de Concepción. Posee una superficie de 159 Km.2 y tiene una población de 50.174 habitantes (1).

La comuna está dividida en dos sectores: Lota Alto, sector residencial y barrio minero y Lota Bajo, concentrando allí la mayor actividad comercial, además de hospital, correo y municipalidad.

La fuente laboral de la zona se basa en la pesca artesanal e industrial, comercio y el área forestal, cerrándose en 1997 los yacimientos carboníferos, principal fuente de trabajo de sus habitantes.

El gobernador de Chile don Ángel de Peredo funda en 1662 la villa de Nuestra Señora de Guadalupe al sur del río Andalicán, lugar poblado por nativos araucanos que habitaban el “Louta” o “pequeño caserío”.

Con posterioridad don Matías Cousiño y otros se establecen en estas tierras ocupando las planicies litorales para extraer carbón de piedra desde el fondo de la tierra. El documento que da inicio a la minería industrial en Lota se conoce como toma de tierra o concesión de ésta donada por la familia Cabullanca a la compañía de Lota, el día 9 de septiembre de 1852. Un año más tarde llegan ingenieros europeos a dar instrucción a los campesinos que van a transformarse en mineros del carbón. Se va formando la ciudad minera de Lota al estilo de los campamentos existentes en Gran Bretaña, Escocia, Irlanda del Norte e Inglaterra.

Desde los inicios de la minería, hasta 1997, fecha de su cierre definitivo, se va creando y recreando una cultura particular muy característica del minero, cultura que tiene su génesis en su condición campesina pionera –al llegar del campo a la cuidad–; El influjo extranjerizante de la cultura europea, –manifestada en la relación con la jefatura de las minas– y su propia condición de trabajo y forma de vida colectiva que, al unirse los elementos antes señalados, van conformando su cultura incorporándose a sus necesidades cotidianas.

LA MÚSICA EN LA COTIDIANEIDAD

Música anterior al desarrollo industrial

En el sector costero de la cuenca del carbón, se establecieron comunidades indígenas pertenecientes a los Lafkenches –gente de la costa– grupo étnico perteneciente a la gran familia Mapuche cuya organización y estructura logró resistir y dar larga lucha a los conquistadores, en la llamada guerra de Arauco.

Estas comunidades prehispánicas, lograban sobrevivir asentadas en valles y caseríos dedicados a la pesca, a la agricultura de maíz y cría de bovinos. Sobre su organización podemos señalar que vivían en clanes formados por linajes familiares, tenían un jefe en periodos de paz llamado cacique y un toqui en tiempos de guerra. Cada comunidad contaba con una machi, quien guiaba sus celebraciones y rogativas, a demás de curar a los enfermos (2).

Sobre el encuentro de los mapuches de este sector con los conquistadores españoles, podemos señalar que en 1550 don Pedro de Valdivia fundaba la ciudad de Concepción. Desde allí organizó a sus tropas para conquistar Arauco, siendo Lota lugar de paso obligado para tal efecto:

“…la primera vez que los españoles pisaron la tierra de Lota fue en la primavera de 1550. Jerónimo de Alderete al mando de sesenta hombres a caballo, atravesó el Bío-Bío y tomó posesión de las tierras que rodean el Golfo de Arauco, mientras Juan Bautista Pastene, con dos buques, protegía por mar la expedición” (3).

Sabemos por historiadores que en los cerros cercanos a Lota se desarrollaron importantes batallas entre españoles y mapuches, destacándose la batalla de Marihueñu, conocida también con el nombre de Villagrán (4).

No tenemos antecedentes de cronistas que describan la música de los mapuches del Louta de aquel tiempo, pero sin embargo podemos inferir que su música sería muy similar a la que actualmente realizan los mapuches de otros sectores cercanos, principalmente en Arauco.

La música Lafkenque se caracteriza por ser de carácter ceremonial y utilizarse como medio de acompañamiento para la rogativa y también como instrumento terapéutico. Sobre las observaciones realizadas en terreno en un ritual en la comunidad indígena de Locobe, el investigador y profesor Luis Torres, señala al respecto:

“…en la noche, lo más emotivo, escucho cantar a la papay (5) junto a su cultrún y un aire de sumiso respeto aflora en el ambiente. Es un canto del alma, que pese a que muchos no entienden el significado textual, comprendemos que habla de su tierra y de su gente, que pide respeto y que se siente orgullosa de ser mujer mapuche” (6).

Las danzas más representativas interpretadas en ngullatún, –ceremonial ritual y rogativa para pedir por las cosechas – es el choique purrun –danza del avestruz– y las danzas de la machi, llamada Loncomeo o danza de la cabeza. Los instrumentos musicales característicos y que aún poseen vigencia son el kultrun –semiesfera mágica y sonora de unos 50 centímetros de diámetro, cubierta por una membrana de piel de oveja tensada por medio de cuerdas también de piel–, trutruka –aerófono de caña de colihue ahuecado de tamaño variable de dos a cinco metros con un cuerno de vacuno en su extremo que hace la función de bocina–, pifülka –aerófono de madera de un canal de aire de diverso tamaño– y Kaskawilla –tomado del cascabel español, de metal antiguamente de plata– (7).

Influjo Iberoamericano europeo

El repertorio musical minero se conforma principalmente por la música campesina de influjo europeo Ibérico, practicada en Chile desde el tiempo de la colonia 1650. Formas musicales cantables, danzables e instrumentales, llegadas del viejo continente, van sufriendo transformaciones y van pasando de generación en generación, conformando la memoria colectiva musical del pueblo minero, utilizada en diversas ocasiones y momentos específicos.

Las formas cantables desarrolladas por los mineros fueron en un comienzo el canto a lo humano, a través de romances y décimas, el canto a lo divino preferentemente en canciones dedicadas a los angelitos, –costumbre de dar velorio ritual a los niños muertos a temprana edad–, la Cruz de Mayo –celebración religiosa popular de origen hispano– y la tonada. –forma musical de diversa temática, con metro octosilábico en coplas o cuarteta–. Posteriormente aparece el himno al minero, el cual pasa a formar parte de las canciones tradicionales mineras, canción que describiremos más adelante.

Actualmente podríamos decir que poseen vigencia y por lo tanto son folklóricas la canción de la cruz de mayo y el himno al minero. Existen, además, otras canciones que son creadas por folkloristas de la zona, basadas en temática minera con ritmos tradicionales, las cuales poseen cierto grado de difusión en la cuenca del carbón.

Sobre la música instrumental practicada en Lota, destacan como instrumentos de amplio desarrollo, la guitarra y el piano. En la guitarra se interpretaba música de carácter salonera (8) como valses, marchas, cuadrillas, polkas y también la cueca, –danza nacional chilena–, las cuales se ejecutaban con diversas afinaciones y técnicas de ejecución, como el rasgueado, punteado y trinado.

Algunas afinaciones (9) practicadas en guitarra son las siguientes:

Afinación común: mi – si – sol – re – la – mi

Afinación por transporte en do: mi – do – sol – do – sol – mi

Afinación por tercera alta: do# - la – fa# - re – la - re

Afinación por cuadrilla: re – si – sol – re – sol - re

El piano aparece en la zona a comienzos del siglo veinte, siendo muy popular en las sedes sociales, amenizando las fiestas de los obreros.

Cada sede contaba con un piano denominado autopiano, o piano mecánico, al funcionar con un sistema de cilindros musicales intercambiables según la pieza que se deseaba escuchar, gozando de autonomía sin necesidad de contar con un ejecutante. La música impresa se conseguía en las casas musicales de Concepción interpretándose mazurcas, valses, couplet y tangos entre otras.

Dentro del desarrollo musical, en Lota existía la banda de músicos, llamada orfeón, formada íntegramente por obreros del establecimiento carbonífero, que recibían instrucción especial en la Escuela de música, sostenida por la compañía, que proporciona profesor e instrumental. La banda constituía la alegría del pueblo y amenizaba todas las reuniones deportivas, cívicas y culturales. En la actualidad existe la banda instrumental de Lota que continúa el legado del antiguo Orfeón de obreros.

Las organizaciones sociales contribuyeron al desarrollo y esparcimiento de sus asociados a través de la participación en instancias deportivas, recreativas y religiosas. Destacan el club social (1895); cuerpo de bomberos (1895); unión y fraternidad; artesanos y obreros; unión de mineros; ex fundición de cobre; maquinistas y fogoneros; federación del trabajo; centro social de mayordomos; centro San Juan de la unión nacional; sociedad de señoras patria y hogar; sociedad de señoras la ilustración; acción católica de señoras; juventud católica femenina; sociedad de la hermandad del sagrado corazón; club deportivo Arturo Cousiño; club deportivo Carlos Cousiño; club deportivo Matías Cousiño; club deportivo Luis Cousiño; asociación de box; central sporting club; asociación atlética, entre otras.

Las fiestas de la primavera destacaron dentro de las celebraciones mineras al participar en ellas todas las organizaciones sociales de la comunidad lotina. Cada organización era representada por una candidata, elegida en el mes de septiembre, quien junto con un comité, realizaba actividades en beneficio de su candidatura, realizando para tal efecto, venta de votos, bailes populares y aportes en dinero. Los escrutinios finales se realizaban en noviembre coronando de esta forma a la reina de la primavera.

Desde 1920 hasta la década de 1940, la fiesta gozó de popularidad y brillo realizándose variadas actividades como competencias deportivas, concursos de disfraces, murgas, carros alegóricos y velada bufa.

“El día 7 a las 21 horas, se anunciará al pueblo de Lota la iniciación de las fiestas primaverales con un gran desfile, en el que tomarán parte disfrazados, comparsas y murgas, recorriendo las principales calles de Lota Alto y Lota Bajo.

El día 8, a la misma hora de la noche anterior se efectuará en el teatro de Lota Bajo la gran velada bufa, preparada por los mejores elementos «bufos» de la localidad. Se pondrá en escena la chistosísima ópera «quovadis, ñato?». El sábado 9 del presente se efectuarán los grandes bailes de fantasía, tanto en Lota Alto, en el mercado, como en Lota Bajo (…). La banda de Músicos de la Compañía amenizará el baile de máscaras en el Mercado de Lota Alto, local que se presta para reuniones de esta naturaleza por su amplitud. El domingo 10 es el día señalado para desarrollar todo el programa, ya que por ser día festivo todo el mundo podrá participar en el regocijo general. En la mañana se realizará el concurso de murgas y disfraces en el estadio de la Compañía Minera. En el mismo sitio se llevará a cabo, a las 14 horas, un gran partido oficial de fútbol. A las 16 horas el corso de flores, número que por primera vez se efectuará en Lota. Varios centros sociales se han inscrito ya para exhibir sus comparsas y disfrazados en los carros alegóricos, preparados ex profeso para este objeto” (10).

Considerando la importancia de las organizaciones sociales en el desarrollo cívico y religioso del pueblo minero, quisiéramos destacar el himno de la hermandad del sagrado corazón de Jesús, tema musical que posee una antigüedad de ciento tres años con vigencia actual. Sus socias se reúnen una vez por mes a realizar sus actividades y entonan su himno que versa:

“Corazón el más puro y más santo / Corazón de mi dulce Jesús / Tú eres siempre mi dicha y encanto / Tú eres siempre mi paz y mi luz.

Ser quisiste mi fiel compañero / En el valle de llanto y dolor / Ser mi hermano mi amigo sincero / El más puro ideal de mi amor.

Desde el santo sagrario de mora / Me bendices do quieras que voy / Y me dices yo soy el que adoras / Nada temas contigo yo estoy.

Cariñoso consuelo del triste / Del mortal desdichada esperaza / Del que sufre total bien andanza / Del que llora dichosa mansión.

Desde el cielo las almas descifras / Y en las almas tú cielos colocas / Y del mortal que te invoca / No desoyes su humilde oración.

Yo te busco Jesús y te llamo / Ya no quiero volver a pecar / No me dejes, señor yo te amo / No permitas te vuelva a olvidar” (11).

MÚSICA E IDENTIDAD

Texto y contexto

Las canciones que se crearon en la zona del carbón están cargadas de identidad por el contenido se sus textos. Quizá la más emblemática sea el himno del minero, ya que es la que goza de mayor popularidad y es conocida, no sólo por los mineros, sino que por toda la comunidad lotina. Según testimonios de los propios mineros en entrevistas efectuadas en terreno, definen esta canción como: …

“la canción más hermosa que recuerdo (…), que identifica al minero en su diaria batalla” …“himno en nuestras batallas, huelgas o disputas importantes para nosotros” (12).

Su texto se ordena en un estribillo y tres estrofas cuya autoría se le atribuye a Inés Tapia de la Rosa.

“Los mineros queremos honrar / Al que sigue la ruda labor / De extraer bajo el fondo del mar / El carbón, el carbón, el carbón//

Trabajando las minas de Lota / Se oye el ronco y febril martilleo / Del obrero que lanza su nota / al abrir del tenaz laboreo / No le arredra al temor y no cede / Al peligro que pueda encontrar / El minero jamás retrocede / Pues su lema es siempre triunfar. //

Por el bien de su patria y hogar / Alza listo el viril barretero/ A través del venero triunfar / Su alma noble y su pecho de acero / A la luz de su lámpara sigue / Día a día con su rápido afán / Tras la beta que activo persigue / Con la fe de valiente titán. //

Al esfuerzo y valor del minero. / Debe el mundo su rápido andar / El carbón se convierte en dinero / Y da impulso al vivir nacional / El carbón mueve el buque y el tren / Y en la fábrica enciende el fogón / Ya se emplee en mover o hacer bien / Luz y avance da siempre el carbón” (13).

Esta canción es la que mayor vigencia tiene hoy en día en la zona del carbón, dada su fuerza y el ánimo que infunde al obrero, ya que este himno viene a solidificar el proceso de creación del sentido de pertenencia al mundo minero. Podemos ver en sus líneas el marcado carácter rudo y machista de la labor “ruda labor” o “tenaz laboreo”; o referirse al mismo minero con las características de valiente, de que le gusta triunfar, viril, noble, esforzado; ello resultaba un signo de orgullo para cualquier minero, por lo cual resultaba un código de honor para ellos, el cual a su vez fue construido por la propia descripción de su trabajo. Esta canción muestra, así, parte importante a nivel discursivo acerca de las relaciones del minero como trabajador con el producto que extrae. Otras canciones hacen alusión al rol que desempeña cada integrante de la familia en torno a la extracción del carbón:

“…Y este es mi pueblo, pueblo de mineros / pueblo de gente que sabe luchar / niños que corren, madres que esperan / hombres que van carbón a sacar” (14).

También hallamos, sobretodo en los romances, algunos accidentes y riesgos a los que está sometido el minero:

“…Según por los comentarios / que circulan algunos / dicen que los muertos son / dicen que son treinta y uno // Madres viudas con sus hijos / todas lloran reunidas / al ver a sus seres queridos / que por el fuego están fundidos // Aquí termino estos versos / con decisión demoraza / que el que trabaja en la mina / no tiene mucha esperanza” (15).

La tonada La Jornada explicita en algunos pasajes la relación del minero con la naturaleza y con Dios:

“…Es labor del minero / deber sagrado que hay que cumplir / escudriñar la tierra / robarle el fruto para vivir // El final de la jornada ha llegado ya / y se dispone a dar gracias al Dios del cielo / elevando una plegaria de corazón” (16).

La relación con Dios y lo divino es bastante fuerte, y queda de manifiesto en villancicos como “Los Mineros Van Llegando” –que hace alusión a mineros y sus familias que van a visitar el pesebre de Belén– o la misma Cruz de Mayo que a pesar de tener una extensión espacial mucho mayor que la zona de Lota y del Carbón y de no identificarse con el trabajo ni la vida social minera, de todos modos muestra la vinculación de los actores de esta cultura con sus creencias religiosas.

“Aquí anda la Cruz de Mayo / visitando a sus devotos / con un cabito de vela / y un cabito de voto / Si lo tiene no lo niegue / le servirá de algún daño / por no darle la limosna / a la santa Cruz de Mayo // Las estrellitas del cielo / cada una tiene su nombre donde está la dueña 'e casa / que no sale ni responde //. Muchas gracias señorita / por la limosna que ha dado / pasaron las tres marías / por el camino sagrado //. Que bonita es la casita / que el albañil se la hizo / por dentro tiene la gloria / por fuera el paraíso //. Corrió la bolita // corrió la manzana / adiós señorita / será hasta mañana//” (17).

En las formas musicales danzables encontramos elementos que configuran identidad. El “Corrido Minero” expresión de galantería y, a la vez, de amor por las minas de carbón por parte del minero y en general la importancia del trabajo de éste.

“Soy minero señorita / de las minas del carbón / trabajé en el pique grande / pique nuevo y el chiflón //. Yo Minero del carbón fui apir tratero / yo fui corredor / yo fui contratista / y disparador…” (18).

El contenido de las canciones resultó entonces fundamental para la construcción de identidades personales, contextos y carácter minero en esta zona. Al respecto Roberto Muñoz señala:

“El aporte de la música, tanto cantable como bailable, fue imprescindible en la configuración del ser minero, tanto en sus rasgos históricos (estructurales) como fenoménicos (en su construcción de sentido de la realidad y de pertenencia).

La música se crea, se inventa y se reinventa en un proceso dialéctico, que implica también a sus productores y reproductores” (19).

Identidad, corporalidad e historia

La música folklórica, como todo medio de interacción verbal y corporal, representa y configura buena parte de la identidad, en este caso, minera. Aquí el cuerpo sirve de vínculo entre la música y el trabajo, de lo cual surge una dimensión más del sello minero. Las condiciones de trabajo de estos hombres son a grandes rasgos conocidas: trabajando a oscuras, en la profundidad de las minas y agachados, con la columna arqueada hacia delante. Así la forma de trabajo se presenta como un ente que envía una configuración a la identidad social, a través de los cuerpos de los mineros. Estas maneras de bailar se manifestaban en las fiestas de diversa índole, por lo cual empezaba a hacerse una “norma”, a legitimarse en cuanto al modo de baile en este contexto. Esta misma forma de tomar la música se manifiesta en lo que escribe Gregorio Corvalán:

“El estilo de los mineros está determinado preferentemente por la posición inclinada del tronco y la separación de las piernas, manteniendo en el rostro una expresión facial directa (…) Es en los bailes sueltos donde más se manifiesta su estilo propio; particularmente en la cueca y en la refaloza, en donde la tomada del pañuelo va asemejando la utilización de diferentes herramientas propias de su trabajo. Preferentemente la coge con ambas manos…” (20).

La raíz cultural primaria del minero es la campesina, que viene a otorgar una nueva forma de corporalidad y expresión: pasos firmes, cuerpos cercanos, demostraciones de fuerza y dominación que fueron construyendo la base de esta identidad minera predominantemente patriarcal y machista.

“...el habitus campesino fue enviado y arrojado a los diversos contextos mineros en los cuales, a través de la praxis, se fueron reconstruyendo como habitus secundarios, quizá no con el fin de entregar mayor eficacia técnica, sino más bien para darle un sentido mejor contextualizado y simbólicamente representativo de la vida cotidiana en este lugar. El Ser se arroja, se envía, se transmite hasta otros escenarios futuros, en los cuales se reconfigura, se decodifica este ser, se reinterpreta y se le otorga un sentido, para volver a lanzarlo hacia adelante en el tiempo” (21).

CONCLUSIONES

El repertorio musical de la gente del carbón se configura a partir de su condición campesina, con elementos de la musicalidad hispana traídos al país por los conquistadores y afianzados en la colonia en Chile.

Dichos elementos musicales campesinos son asumidos e interpretados por los mineros y sus familias en su vida cotidiana permaneciendo hasta el día de hoy algunas formas representativas, como la canción de la cruz de mayo y el himno al minero.

Formas musicales foráneas se van incorporando al repertorio popular: cuadrillas, jotas, polkas, valses, corridos y cumbias, siendo vigentes actualmente las tres últimas señaladas.

No existen formas musicales creadas en la zona, todas aquellas que se desarrollaron –algunas que aún mantienen vigencia– son de carácter tradicional, adaptando y recreando a sus necesidades culturales.

La identidad de carácter minero en Lota fue configurada por un doble juego de creación y envío; es decir, la realidad se crea contextualmente, pero a la vez se ha ido enviando y traspasando a través de las generaciones, las cuales según sus contextos socio–históricos adecuan estos elementos transmitidos de antaño, generando cambios sociales dentro de la tradición.

En la dimensión musical–folklórica–textual, podemos verificar que la música sirve como agente de apropiación de la identidad colectiva, tanto por el contenido de las canciones (que afirman y muestran valores de la cultura minera, reflejan el orden social cotidiano y en sus ideas) como por la corporalidad legitimada en la música bailable. El pasado de este modo sirve como base, pero dependiente de la acción e interacción humana.

Por último cabe señalar que cerrados los yacimientos carboníferos desde hace diez años, aún se mantienen vigentes ciertas manifestaciones folklóricas musicales, y otras tradiciones que escapan a este estudio. Esto sobrevive por la interacción social y el traspaso familiar nuclear de cuarta generación.

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NOTAS

(1) Información obtenida del INE (Instituto Nacional de estadística) en censo nacional de 2002.

(2) GREVE, M.: Culturas indígenas de Chile: un estudio preliminar, Pehuen editores Ltda. Santiago, p.55.

(3) ASTORQUIZA, O.: Lota. Antecedentes históricos de la industria carbonífera, soc. imprenta y litografía Concepción, 1929, p. 28.

(4) BARROS ARANA , D.: Historia de Chile, tomo 2, citado en Astorquiza O.

(5) Nombre que en lengua mapundungun se refiere a la madre, mamita o mamacita.

(6) TORRES, L.: Tradiciones de los lakquenches de Locobe, Fondo de desarrollo de las artes y la cultura, Ministerio de Educación, 1997, p. 77.

(7) Cf. FLORES, M.: La cultura mapuche, Concepción Chile, 2003.

(8) Término utilizado para designar la música desarrollada en los salones de baile de las clases altas cuya influencia deriva de las danzas cortesanas provenientes de Europa. Estas danzas son conocidas por el pueblo por medio de la servidumbre que trabajaba para los patrones y de ahí su traspaso y adecuación en las fiestas populares.

(9) Las notas musicales representan el sonido de las cuerdas al aire, que van de la primera a la sexta respectivamente.

(10) La Opinión, “Lota Alto”, 1 de noviembre de 1929.

(11) Información entregada por la señora Celia Vásquez , socia secretaria del Sagrado Corazón de Lota.

(12) URIBE, H.: Folklore y tradición del minero del carbón, ed. Aníbal Pinto, Concepción, p. 33.

(13) Información entregada por la señora Josefina Millar, ex integrante del coro polifónico de Enacar.

(14) De la canción Este es mi pueblo, extraído de Uribe, 1998. p. 34.

(15) Del romance minero El día cinco de octubre, extraído de Uribe, 1998; pp. 113-114

(16) De la tonada La jornada, Extraído de Uribe, 1998; p. 117.

(17) La cruz de mayo, de Uribe, 1998; pp. 72-73.

(18) Del corrido Soy minero señorita, extraído de Uribe, 1998, p. 124.

(19) MUÑOZ, R.: La formación de la identidad minera a través de la interacción social mediada por la música folklórica en la Cuenca del Carbón, Universidad de Concepción, Facultad de Ciencias Sociales departamento de Sociología y Antropología, Carrera de Sociología, 2006.

(20) Gregorio Corvalán , citado en Uribe, 1998, pp. 104-105.

(21) Cf. Muñoz, R.

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BIBLIOGRAFÍA

ASTORQUIZA, O.: Lota. Antecedentes históricos con una monografía de la compañía carbonífera industrial de Lota, Sociedad Imprenta Litografía, Concepción-Chile, 1929.

ASTORQUIZA, O. y GALLEGUILLOS, O.: Cien años del carbón de Lota, Ed. Zig-Zag S.A., Santiago-Chile, 1962.

CORVALÁN, G.: Gente del carbón, Coronel-Chile, 1990.

DÍAZ, R.: Finares campesinos, Temuco-Chile, 1994.

FIGUEROA, E. y SANDOVAL, C.: Carbón: Cien años de historia, Ed. Cedal, Santiago-Chile, 1987.

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MUÑOZ, R.: La formación de la identidad minera a través de la interacción social mediada por la música folklórica en la Cuenca del Carbón, Universidad de Concepción, Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Sociología y Antropología, Carrera de sociología, 2006.

PLATH, O.: Folklore del carbón, Ediciones Tertulias Medinensis, Santiago-Chile, 1991.

TORRES, L.: Tradiciones de los lakquenches de Locobe, Fondo de desarrollo de las Artes y la Cultura, Ministerio de Educación, 1997.

URIBE, H.: Folklore y tradición del minero del carbón, ed. Aníbal Pinto, Concepción, 1998.

PERIÓDICOS: El Heraldo de Valparaíso. Valparaíso, N° 516, 5 de septiembre, 1889.

El Sur. Concepción, 26 de diciembre de 1956.

La Opinión. Lota Alto, noviembre de 1929.