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Salamanca la blanca…”, o las metamorfosis de una canción (de Hurtado de Mendoza y Moreto a Sánchez Ferlosio y la tradición oral moderna)

PEDROSA, José Manuel

Publicado en el año 2007 en la Revista de Folklore número 320.

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Margit Frenk, en su monumental Nuevo Corpus de la antigua lírica popular hispánica, asignó el número 2596 a una vieja seguidilla tradicional de la que rastreó sus fuentes y versiones en una muy sugestiva y dispar cantidad de fuentes literarias que van desde el siglo XVII hasta el XX (1). Por ejemplo, en un romance anónimo encabezado por el verso “Haviendo alçado de obra…”, que se halla anotado en el Manuscrito 3700 (primera mitad del siglo XVII) de la Biblioteca Nacional de Madrid:

–Cortesanos amantes,
¿quién os mantiene?
–Esperanças fingidas
que van y vienen.

O en otro romance, firmado éste por Antonio Hurtado de Mendoza, cuyo primer verso es “Para casar a la niña…”, y que está anotado en el mismo manuscrito:

–Desposado divino,
¿quién os mantiene?
–Esperanças del çielo,
siguras siempre.

O en La Pastora de Mançanares y desdichas de Panphilo, un muy curioso libro de pastores (¿de hacia 1660?) escrito por Antonio de los Caramancheles:

–Lindo carretero.
¿quién te mantiene?
–Esperanças fingidas
de quien me vende.

La misma Margit Frenk llamó la atención sobre las supervivencias de la misma cancioncilla en la tradición oral moderna, cuestión que décadas antes había explorado también Eduardo Martínez Torner (2), quien (además de llamar la atención sobre las dos versiones del Manuscrito 3700 y sobre otras dos publicadas en el Cancionero musical de la lírica popular asturiana del mismo Martínez Torner y en los Cantares populares de Castilla de Narciso Alonso Cortés, que no vuelvo a reiterar ahora yo), editó otra variante hasta entonces inédita, recogida por él mismo en Salamanca:

–Salamanca la Blanca,
¿quién te mantiene?
–Arrieros de Tala
que van y vienen.

Alude también Frenk a varias versiones tradicionales documentadas en Hispanoamérica. Una, de Ecuador, dada a conocer por José María Alín (quien alguna vez se ha referido también, aunque sin reproducir ningún texto, a la pervivencia de la canción en Colombia):

–Dime, chica bonita,
¿quién te mantiene?
–Las tropas de Colombia
que van y vienen (3).

Y otra de México (veracruzana), editada precisamente en el magno Cancionero folklórico de México que dirigió la profesora Frenk entre 1975 y 1985:

–Dime, niña bonita,
¿quién te mantiene?
–Veinticinco doblones
que van y vienen (4).

A todas estas versiones, ya bien conocidas y filiadas, pueden sumarse, en cualquier caso, unas cuantas más que habían quedado hasta ahora desatendidas y que pueden ayudarnos a redondear (nunca a agotar, porque eso es imposible en el territorio inabarcable de la canción folklórica) el mapa tradicional de esta canción, y darnos informaciones preciosas acerca de su evolución histórica, de su geografía, de su poética, de su capacidad para transformarse y para resistir al olvido en la voz y en la memoria del pueblo.

En el mismo Cancionero folklórico de México (núm. 9958), por ejemplo, encontramos esta otra interesantísima versión, también veracruzana:

–Y arbolito, arbolito,
¿quién te mantiene?
–Un navío de España
que va y viene.

Y en la tradición oral de Puerto Rico han sido documentadas estas dos raras versiones:

–Mariquita María,
¿quién te mantiene?
–Los soldados de Francia
que van y vienen.

–Niña bonita,
¿quién te mantiene?
–Dos navíos de España
que van y vienen (5).

A este elenco de versiones hispanoamericanas pueden añadirse unas pocas más, recogidas, entre los siglos XVII y XX, en la península Ibérica. Por ejemplo, la que el dramaturgo barroco Agustín Moreto incluyó en el burlesco Baile de don Rodrigo y la Cava:

Porque salga de España
ya le previenen
carreteros de Ocaña
que van y vienen.

Según comentó don Emilio Cotarelo y Mori, esta seguidilla era “perteneciente al Baile de Juan Redondo: como además se indica en la acotación: Salen bailando el Juan Redondo tres o cuatro, si pudiesen de carreteros, y al repetir la seguidilla, quédense en media luna” (6) .

Hace años llamé yo la atención sobre el muy singular valor de este texto, porque la alusión que hace a los “carreteros de Ocaña / que van y vienen” es la única pista que se conoce de asociación de las versiones antiguas de esta canción con el oficio arrieril o carreteril:

¿Conocía el poeta barroco la canción de arrieros y la adaptó en estilo cortesano? ¿O llegó la canción cortesana a oídos de los arrieros y la atrajeron éstos a su propia órbita de conceptos y vivencias? En este ejemplo concreto, algo hay que parece inclinar la balanza hacia la primera opción, [ya que la mención] de tres o cuatro personajes “de carreteros” que cantan y bailan […] parece demostrar que nuestra canción se asociaba ya en el siglo XVII al oficio arrieril (7).

Dicho de otro modo: esa alusión a los “carreteros” inserta en el Baile de don Rodrigo y la Cava sugiere que lo que en el siglo XVII hicieron Antonio Hurtado de Mendoza, Antonio de los Caramancheles o Agustín Moreto fue, casi seguro, contrahacer, manipular, distorsionar para que encajase en sus respectivos textos una canción “de arrieros” o “de carreteros” que debía estar corriendo en la tradición oral desde mucho tiempo atrás, y con la que ellos (y su público) debían estar perfectamente familiarizados. Algo que avalan, por otra parte, los usos y las modas de las adaptaciones poéticas y teatrales más comunes y corrientes de su época.

La tradición oral moderna sigue añadiendo frutos a la cosecha añeja y abundante de esta canción. Yo mismo recogí esta versión, en el año 1988, en el pueblo salmantino de Ciudad Rodrigo:

–Salamanca la Blanca,
¿quién te mantiene?
–Son los carboneritos
que van y vienen (8).

En un libro muy curioso (Rimas de la oposición popular) que fue publicado en 1975, el mismo año de la muerte de Franco, por Manuel Barrios, una versión de la canción similar a ésta era interpretada como rima de protesta, o al menos de queja social y política de los pobres y explotados carreteros de la sierra salmantina (9).

En conexión con ello cabe añadir que en el pueblo de Béjar, cuya industria textil fue, otrora, muy importante, y que mantiene desde hace mucho tiempo una relación de compleja rivalidad con la gran urbe vecina de Salamanca, es muy conocida, todavía hoy, una modalidad de la canción que algunos entienden como amarga queja por la riqueza económica y por el escaso reconocimiento que el industrioso pueblo ha aportado a la ciudad y a toda la comarca salmantina:

–Salamanca la Blanca,
¿quién te mantiene?
–Cuatro bejaranitos
que van y vienen.

En Asturias se han recogido algunas interesantísimas versiones más:

–Mocinas de Tsaciana,
¿quién vos mantiene,
quién vos mantiene?
–Los arrieros del puerto,
que van y vienen,
que van y vienen (10).

Mocinas de Llaciana,
¿quién vos mantién?
Los arrierios del Puertu
que van y vienen (11).

He aquí, además, una versión recogida de la tradición oral de Salamanca (que fue editada como “refrán”):

«Salamanca, la blanca, quién te mantiene; cuatro estudiantes y carboneritos que van y vienen» (12).

Esta otra versión, de la provincia de Jaén, fue clasificada como “dictado tópico” por su recolector:

–Las muchachicas de Frailes
¿quién las mantienen?
–Los arrieros, madre,
que van y vienen (13).

Una de las versiones más interesantes de nuestra seguidilla es la que el gran maestro de la prosa en español, Rafael Sánchez Ferlosio, engastó y comentó en su novela Industrias y andanzas de Alfanhuí:

En marzo y abril comenzó la abuela de nuevo con sus fiebres y sus tareas, y en mayo, las botas del abuelo volvieron a las arcas. Alfanhuí se calzó las alpargatas de caminante y partió sus dineros con la abuela:

–¡Adiós, abuela Ramona!

Alfanhuí tenía ahora el verano y el camino delante de sus ojos y pasó las montañas hacia el norte, a Castilla otra vez. Los caminos estaban poblados de pájaros y de caminantes. De los primeros segadores que bajaban del norte, a las cebadas tempranas; de carros de bueyes o de mulos, que paraban en los mesones de la carretera con sus cargas de carbón de encina o de alcornoque. Y esto ya lo decía un cantar:

Salamanca la blanca,
¿quién te mantiene?,
cuatro carboneritos
que van y vienen.

Los carboneros eran tímidos y cortos para contestar, y por andar con lo negro y porque nadie les robaba la mercancía, se sentían menos que ningún hombre. Formaban en los mesones su grupo oscuro en un rincón, o si había otros caminantes, se salían al sereno a fumar y a mirar la luna sobre la carretera. Las mesoneras echaban el vino con desprecio, porque en el verano todos los pobretones andan sueltos por los caminos. Tampoco los segadores eran gran cosa para las mesoneras, aunque venían de más lejos. Toda era gente dura que no pedía más que vino y pagaba lo justo y traía los huesos hechos a no pedir camas ni melindres (14).

Salamanca la blanca fue, por cierto, una de las canciones predilectas de la escritora salmantina Carmen Martín Gaite (quien fuera ex-esposa de Sánchez Ferlosio), y sus sones se dejaron oír en alguno de los homenajes póstumos que se le dedicaron.

Además, y desde que, a partir de los inicios del siglo XX, se fue desarrollando un movimiento de recuperación, de exhibición en espectáculos públicos y de explotación comercial de los cantos folklóricos (regionales, solían llamarse) que llevaron a cabo los que fueron denominados grupos de coros y danzas, y también las Misiones Pedagógicas de la República y la Sección Femenina franquista, la vieja canción de Salamanca la blanca ingresó dentro de ese tipo de repertorio, que ha acuñado versiones vulgatas, inmutables, clónicas (distintas de las verdaderamente tradicionales, en permanente cambio y evolución) que son las que hoy más se conocen. En la actualidad, la canción forma parte, también, del repertorio de diversos grupos de folk (sobre todo de la región salmantina, que la ha casi adoptado como himno oficioso) que la cantan sobre los escenarios y la registran, distribuyen y comercializan –acuñando versiones igualmente vulgatas– en soportes sonoros que llegan a alcanzar regular difusión.

Como se echa de ver, pocas canciones tradicionales podrán preciarse de haber tenido una vida tan larga y tan viajera, una capacidad de adaptación a entornos y a contextos tan diferentes, y una facilidad tan pasmosa para cambiar y para llenarse de sentidos, de acuerdo con por quién y para quién fuera cantada.

Cuatro pequeños versos, una hebra fina, unas voces que nunca descansan, y toda una concentrada metáfora de la inconsumible energía que mueve siempre a la canción folklórica.

____________

NOTAS

(1) Frenk: Nuevo Corpus de la antigua lírica popular hispánica (siglos XV a XVII), (México DF: Fondo de Cultura Económica, 2003), núm. 2596.

(2) MARTÍNEZ TORNER, Eduardo: Lírica hispánica: relaciones entre lo popular y lo culto (Madrid: Castalia, 1966), núm. 156.

(3) ALÍN, José Mª: Cancionero tradicional (Madrid, Castalia: 1991), núm. 1148.

(4) FRENK, Margit y otros: Cancionero folklórico de México, 5 vols. (México: El Colegio de México, 1975-1985), núm. 5019.

(5) CANINO SALGADO, Marcelino J.: La canción de cuna en la tradición de Puerto Rico (San Juan de Puerto Rico: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1970), núms. 48 y 107.

(6) Véanse las líneas que al Baile de don Rodrigo y la Cava de Moreto dedicó don Emilio Cotarelo y Mori en su Colección de entremeses, loas, bailes, jácaras y mojigangas, 2 vols. (Madrid: Bailly Baillière, 1911) I, p. CCXXXI.

(7) PEDROSA, José Manuel: “El cantar y el contar del arriero”, Las dos sirenas y otros estudios de literatura tradicional (De la Edad Media al siglo XX) (Madrid: Siglo XXI Editores de España, 1995) pp. 317-356, pp. 338-339.

(8) Recogida por mí en Ciudad Rodrigo (Salamanca) en septiembre de 1988, a una mujer de nombre desconocido.

(9) BARRIOS, Manuel: Rimas de la oposición popular (Madrid, Ediciones 99: 1975), pp. 57-58.

(10) GONZÁLEZ COBAS, Modesto: De musicología asturiana: la canción tradicional (Discurso pronunciado en el acto de su solemne recepción académica... [con] contestación del Excmo. Sr. D. Emilio Alarcos Llorach) (Oviedo, CSIC: 1975), p. 60.

(11) CANO GONZÁLEZ, Ana María: Notas de folklor somedán (Oviedo: Alla, 1989), p. 58. La autora remite a otras dos versiones asturianas: una publicada por Eduardo Martínez Torner, Cancionero musical de la lírica popular asturiana (Madrid: Nieto y Compañía, 1920), p. 27; y otra en Ramón Baragaño, Los vaqueiros de alzada (Gijón: Ayalga, 1977), p. 38.

(12) PUERTO, Isidro: “Refranes de la Sierra”, Hoja Folklórica 16, 2-III-1952, p. [4].

(13) SÁNCHEZ SALAS, Gaspar: La formación de gentilicios, seudogentilicios y otros dictados tópicos en la provincia de Jaén, tesis doctoral (Alcalá: Universidad, 2000), p. 259.

(14) SÁNCHEZ FERLOSIO, Rafael: Industrias y andanzas de Alfanhuí (Barcelona: Destino, reed. 1996), pp. 162-163.