Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

Editorial

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 2007 en la Revista de Folklore número 324.

Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 324 en formato PDF >

Los últimos números de la revista están disponibles en el servidor de la Fundación Joaquín Díaz >


En cuanto llega la Navidad (incluso en algunos comercios, casi desde el día de los Santos) los medios de comunicación comienzan a hablar acerca de los villancicos o a difundir permanente y machaconamente sus grabaciones. Frente a esos indefendibles villancicos sin sustancia, monótonos y enfadosos de los altavoces callejeros que nos suelen traer ecos de panderetas y zambombas artificiales, reinvindicamos la actitud, loable pero cada vez más escasa, del que celebra la Navidad por convicción y, por tanto, necesita saber qué y por qué canta. Esos son los villancicos, romances, aguinaldos y representaciones que defendemos. Más que ésta o aquella cancioncilla cuyo origen nadie sabe y que todos remontan a los tiempos de Maricastaña, nos interesa el planteamiento de quien reflexiona con letra y música sobre su pasado y quiere recordar, personal y voluntariamente, aquellos temas que adornaron su niñez y le hicieron reír o llorar. No importa que no recuerde la letra: su interés le llevará a encontrarla, o alguna parecida, a cantarla y a transmitirla a sus hijos por cumplir al menos con la responsabilidad de no abandonarles a la globalización cultural sin haber luchado antes un poco por lo suyo.

Hasta hace tres o cuatro décadas en España se cantaba de todo: se pedía por las calles, se entonaba a la luz de la lumbre, se actuaba en las iglesias, se recordaba ante el belén y se hacían planes para el futuro, por imperfecto que pudiese llegar a parecer. Todo eso lo hemos hecho los niños de otras épocas y quieren revivirlo los padres que todavía hoy consideran la tradición como una herencia y no como una carga. Pero detrás del villancico concreto hay algo más: un talante y un comportamiento inequívoco ante ese patrimonio inmaterial que luego todos aseguramos defender. Quien mantenga esa actitud como norma de vida, apenas necesitará que se le recuerden géneros y títulos; quien es contrario, tampoco precisará –por considerarlos superfluos– de datos. Quede pues el recuerdo de cada uno como testigo y defensa de pastoradas, villancicos, aguinaldos, romances y canciones seriadas que nos legaron nuestros padres y abuelos en aquellos tiempos en que todavía el paraíso estaba defendido por un ángel guardián empuñando la espada de la memoria.