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FIESTA DE GIGANTES EN MALLORCA. DESDE EL SIGLO XVII A LA ACTUALIDAD

TOMAS RAMIS, Pau

Publicado en el año 2008 en la Revista de Folklore número 326.

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La primera noticia documentada que hallamos en Mallorca y que se refiera a la presencia de gigantes como figuras festivas en el marco de algún tipo de celebración, fiesta o procesión se sitúa en Sóller, población del noroeste de la isla, en el siglo XVII. El presbítero José Rullán, en el siglo XIX, escribe la Historia de Sóller en sus relaciones con la general de Mallorca donde recoge diversos eventos sociales, económicos, festivos… que se habían dado en Sóller hasta aquel momento. En uno de los capítulos relata cómo se desarrollan las fiestas del Corpus de la localidad. Entonces la procesión de Corpus Christi era una de las más importantes de la isla, mantenía el orden y la forma de siempre y destacaban figuras como las antiguallas (1). En 1630 el Ilm. Revm. Sr. D. Baltasar de Borja, Obispo de Mallorca, tiene previsto participar en la procesión sollerica y se aprovechó la ocasión para arreglar las antiquallas y para introducir un nuevo elemento festivo; una pareja de gigantes. La referencia que transcribe D. José Rullán parece sacada de algún clavario y al menos esclarece quién se hacía cargo de las figuras: “Al sacristá del Socós per lo cap del gegant y de la gigantesa, 3 [lliures]” (2) ( Trad.: Al sacristán del Socós por la cabeza del gigante y de la giganta, 3[libras]). Posteriormente otras referencias transcritas por el mismo Rullán (3) confirman que los gigantes continuaron asistiendo a la procesión: “Per la processó del Corpus, comprés: trompas, cosiés, máscaras del gegant y gegantesa, y festa de Sincogesma, 48 [lliures]” (1645), (Trad.: Por la procesión del Corpus, comprara: trompas, cosiés, máscaras del gigante y giganta, y fiesta de Sincogesma, 48 [libras]). “Per la vesta de los gegants de la festa del Corpus” (1680) (Trad.: Por los ropajes de los gigantes de la fiesta del Corpus), “Per 63 palms indiana per las vestas de la gigantesa, y 42 palms canyom blanch per la vesta del gegant, pólvora, fil y cartas per fer trons” (1685) (Trad.: Por 63 palmos indiana para los ropajes de la giganta, y 42 palmos cáñamo blanco para la ropa del gigante, pólvora, hilo y cartas para hacer truenos).

Lo más probable es que cuando se introducen estos dos gigantes en Sóller ya habían perdido el sentido bíblico que tenían los primeros gigantes festivos conocidos de la historia. La primera noticia que se tiene de estos se sitúa en Barcelona en 1424. La encontramos en el Llibre de les Solemnitats de la ciudad, donde se hace un exhaustivo listado de todos los elementos que participan en la procesión de Corpus del citado año. En una de las referencias se puede leer Lo Rei David ab lo Giguant (El Rey David con el Gigante).

Los gigantes, como tantas otras figuras festivas que han llegado hasta nuestros días, originalmente formaban parte de los entremeses que organizaba el estamento eclesiástico para participar en la procesión de alabanza al Cuerpo de Cristo, de Corpus Christi. Estos entremeses cumplían una clara función catequética. Intentaban dar a conocer al pueblo los pasajes más importantes tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Por tal motivo se habían incorporado elementos heredados de antiguos cultos paganos, ancestrales, mágicos… y se habían adaptado a la corriente religiosa dominante. El entremés del gigante evidentemente estaba formado por David y Goliat, donde Goliat representaba de alguna forma la figura del mal derrotada, una vez más, por el bien. Tenía por lo tanto un claro sentido bíblico o religioso, tal y como lo tenía, también, otro de los otros gigantes primerizos y del que también se tiene noticia en este 1424; San Cristóbal, que según la leyenda áurea de Jacobus de Voragine (1230–1298) y la voz popular era un santo de talla gigantesca. Pero poco a poco tanto los gigantes, como las Águilas, Bueyes, Mulas…, entre otros integrantes de diferentes entremeses, se van desligando del entremés del que formaban parte y de su primitivo sentido bíblico. Se empiezan a representar a los gigantes como guerreros, reyes o caballeros. Posteriormente se le añadirá la figura de la giganta, documentada por primera vez en 1548 en Tortosa y que nace con una intencionalidad distinta a la que tenía el gigante cuando surgió.
Ella representará una mujer de época, vestida totalmente a la moda y con los complementos a juego, mientras el gigante continuará vistiéndose de forma totalmente anacrónica y portando los complementos de aquellos personajes a quien representa; espadas, porras, mazas, escudos…

Así, cuando se introducen los gigantes en Sóller prácticamente se puede afirmar, por una razón lógica, que si el gigante ya surge acompañado por la giganta, aunque hace su aparición en una fiesta especialmente litúrgica como era la procesión de Corpus, ya había perdido todo su sentido religioso y catequético y debían ser similares a las representaciones de parejas de gigantes que en esa misma época encontramos en varios puntos de Cataluña.

Esta primera aparición documentada de figuras antropomórficas de medidas gigantescas en Mallorca da paso a otras apariciones que permitirán aproximarnos a la evolución de la figura del gigante festivo en la isla.

Cronológicamente del próximo gigante del que tenemos noticia en Mallorca se sitúa en Sineu. Aparece desligado de la festividad del Corpus y se enmarca en las fiestas de Sant Roc de 1653. El padre Bartomeu Mulet nos transcribe la referencia; se pagan “una lliura 8 sous 2 diners a mestre Pere Antoni Real per haver vestit i adornat lo gegant per la festa de Sant Roc…” (4). (Trad.: una libra 8 sueldos 2 dineros al maestro Pere Antoni Real por haber vestido y adornado el gigante para la fiesta de Sant Roc).

A finales del siglo XVII también la localidad de Alcudia disponía de gigantes que participaban en alguna de sus fiestas y celebraciones. La referencia está fechada en 1690 y refiere la participación de algunos gigantes en la procesión “del Triumpho que portàrem el Sant Xrispo per Alcúdia com se acostumava de tres en tres anys…” (5) (Trad.: del Triunfo que llevamos el Santo Cristo por Alcudia como se acostumbraba de tres en tres años).

SIGLO XVIII

Será durante el siglo XVIII, más de un siglo después de que en Sóller aparecieran los primeros gigantes de los que tenemos noticias documentadas, cuando el Ayuntamiento de Palma se decidirá a integrar en sus fiestas, concretamente en la procesión del Corpus Cristi, algunas figuras de gigantes. Corría el año 1734 y después de solicitar los pertinentes permisos, ocho gigantes, cuatro parejas, participan por primera vez en la procesión palmesana del Corpus. Joan Baptista Mulet, maestro de ceremonias informó al conónigo Deán, por encargo del consistorio de la ciudad, que las figuras ya estaban preparadas y solicitaba permiso para que pudiesen participar en la fiesta y procesión, tal y como se executa en totas las catedrales de España (6).

El día 21 de junio se aceptó la petición y se acordó que las primeras figuras de gigantes de que dispondría Palma participasen en las procesiones del Corpus y que una vez dentro de la Seu, la Catedral de Mallorca, se instalasen dentro de la Capilla de Nostra Senyora dels Navegants (Nuestra Señora de los Navegantes), posteriormente dedicada a Sant Benet (San Benito).

Los ocho gigantes representaban a los cuatro grandes continentes del mundo, una pareja para cada uno. Tal y como dice el padre Gabriel Llompart eran “una versión religiosa de la Geografía paralela a los cuatro sujetos: un europeo, un indio, un negro y un turco que salen en la iconografía local del Santo Cristo de la sangre en este mismo momento «ilustrado»” (7). Esta curiosa concepción de representar el mundo a través de gigantes parece que nace en el Corpus de Castilla, concretamente en la ciudad de Burgos y posteriormente se adapta, entre otras ciudades, en Valencia o Palma. Posteriormente al grupo de gigantes de Palma se añadiría una novena figura, una giganta que llevaba un pez entre los brazos y que representaba el mar.

Algunos años más tarde, en 1762, sabemos que en las fiestas de Sant Llorenç d’es Cardassar, entonces lugarejo perteneciente a Manacor, participaba también un gigante. La importancia de éste radica en que es el primer gigante mallorquín del que conocemos el nombre. Se llamaba Puput y en ese año se pagaron 18 sueldos a Jerónimo Mulet para vestirlo.

Igualmente se ha podido documentar un grupo de gigantes en Pollença que participaba en las procesiones del Corpus, donde también había demonios, cavalls cotoners, Sant Joan Pelós… entre otras representaciones que, como veremos, sufrieron las prohibiciones dictadas sobre éste tipo de manifestaciones festivas que se sucedieron durante algunos siglos y que culminaron con la Real Cédula de Carlos III de 1780.

CENSURA Y PROHIBICIONES

Cuando el hecho de la introducción de la figura del gigante festivo en Mallorca comenzaba a no resultar extraño, las figuras y sus promotores o impulsores tuvieron que enfrentarse a las prohibiciones que ya hacía tiempo se iban sucediendo. Las más importantes, aunque se produjeron muchas otras, sobre todo de forma local, fueron las que se promulgaron en el Concilio de Trento (1545–1563), las de Felipe V en 1716 y el Decreto de Nueva Planta y más tarde la de Carlos III con una Real Cédula en 1780. Con estas leyes y preceptos se intentó restringir y/o vetar la participación de cualquier tipo de danza o entremés festivo, entre ellos los gigantes, en cualquier acto procesional o eclesiástico, ya que muchos de ellos se habían convertido en representaciones burlescas y grotescas. Algunos entremeses se habían rodeado de elementos festivos como humo, fuego, chispas… entre otros factores y el pueblo interactuaba con ellos de una forma inadecuada y poco respetuosa según la mirada de las autoridades políticas y eclesiásticas.

A partir del Concilio de Trento ya muchas parroquias de las zonas geográficas donde existían gigantes como elementos festivos (en Mallorca aún faltaba un siglo para que apareciese el primero que hasta ahora conocemos) se habían deshecho de sus figuras precisamente para evitar los abusos que se cometían sobre ellos y para eliminar del culto todo lo que pudiera estar impregnado de un origen o un sentido pagano. Fue en ese momento cuando los gremios se hacen cargo y adoptan a gigantes, águilas, dragones, caballitos… como emblemas. Se había producido de esta forma una ruptura entre entremés e iglesia que supondría la desaparición de muchas figuras.

Posteriormente el Decreto de Nueva Planta ordenaba que entremeses y otras propiedades gremiales pasasen a formar parte o pasasen a ser propiedad de los ayuntamientos. De esta forma se arrancan de manos de los gremios, muchos de ellos establecidos como cofradías, que eran los que realmente habían cuidado las figuras durante muchos años, y pasan a ser propiedad municipal, cambio que afectará, en aquel momento, negativa y directamente a las manifestaciones de carácter popular.

La iglesia, asimismo, continúa también con sus prohibiciones. En Mallorca será el Obispo Juan Díaz de la Guerra quien luchará contra los entremeses, bailes y manifestaciones festivas dentro del marco de actos solemnes y sacros: “privà a las processons de la octava de Corpus el haver santets, ni altes cosas” (8) (Trad.: privo a las procesiones de la octava de Corpus el haber santitos, ni otras cosas).

Con la Real Cédula de Carlos III se redondearía la persecución hacia unos elementos que ya habían perdido todo su sentido religioso primitivo. El 21 de julio de 1780 se decretaba que: “…en ninguna iglesia de estos reinos, sea catedral, parroquia o regular, haya en adelante danzas y gigantones, y cese del todo esa práctica en procesiones y demás funciones eclesiásticas, como poco conforme a la gravedad y decoro que en ellas se requiere” (9). Así se restringía taxativamente la salida en procesión de aquellos entremeses que no tenían un carácter estrictamente religioso, entre ellos gigantes y gigantones, y de las diversas danzas que practicaban tanto estos elementos como de otros puesto que, supuestamente, eran irreverentes. Este hecho hirió gravemente la imagen de los entremeses y cómo no la de los gigantes. Pero no en todos los puntos del estado se respetó la Real Cédula de igual manera. En algunos lugares las figuras se retiraron definitivamente o directamente se destruyeron, en otras ciudades y parroquias las conservaron aunque escondidas, incluso hubo quien, desoyendo la prohibición real, siguió utilizándolas.

LOS EFECTOS DE LA REAL CÉDULA DE 1780 EN MALLORCA

Tras la Real Cédula de Carlos III las figuras de gigantes, tanto los palmesanos como los de otros lugares, pasaron momentos difíciles y peligrosos para sobrevivir como figuras festivas integradas en el panorama festivo mallorquín. Un buen ejemplo es el caso pollensín donde tras la expresa prohibición del monarca español, el propio Obispo Díaz de la Guerra decía: “Dit any 1781 feren les processons del Corpus sens gegants, dimonis, cavalls cotoners, ni mesos Sant Juan, alias Pelós, qui aportave el vestit de pell. La ordre de privar estp era vinguda del rey y aixi matex de que no volia espectaculos en les processons, y llevaren ancapironats, assotants y penitents y cavalls cotoners” (10) (Trad.: “Dicho año 1781 hicieran las procesiones del Corpus sin gigantes, demonios, cavalls cotoners, ni mesos San Juan, alias Pelós, quien portaba el vestido de piel. La orden de privar esto venía del rey y así mismo de que no quería espectáculos en las procesiones, y quitaron encapuchados, azotantes y penitentes y cavalls cotoners”). Pero otros gigantes esquivarán las prohibiciones. Los de Sóller no dejaron de asistir a las procesiones hasta bien entrado el siglo XIX, aún cuando su asistencia peligró en más de una ocasión. En Palma tampoco desaparecieron aunque pasaran momentos difíciles, incluso durante algunos años no participaron en ningún acto festivo. La referencia más clara es la que ofrece Campaner en su Cronicon Mayoricense el año siguiente a la prohibición: “[1781] JUNIO 14.- Día de Corpus. Salió la procesion sin los jigantes y demás figuras llamadas diables boiets y caballs cotoners, St. Johan Pelós, etc. Prohibióse su concurrencia á esta funcion de Real Orden, y del propio mandato se suprimieron los encapíronats, penitents, y azotants” (11). Aquel mismo año, viendo la inutilidad y aparente supresión de las gigantescas figuras el Ayuntamiento acordó dar sus vestimentas y ropas al Hospital General para que hiciesen de ellas un uso aprovechable.

De todos modos, con respecto a los gigantes de Palma, las noticias para conocer su destino son poco claras y alrededor de ellos se han formado dos teorías. La primera expone que realmente no llegan a desaparecer y que para superar los momentos difíciles se instalan en el templo conventual agustiniano del Bon Socors donde en cierto modo se refugian de la restricción hecha por el monarca y desde donde, en años futuros, seguirán asistiendo a la procesión, mientras las autoridades, debido a la gran aceptación que tenían entre la gente, miraban discretamente hacia otra parte cuando las figuras estaban en la calle. La otra teoría habla de la desaparición de los gigantes del Ayuntamiento y que los instalados en el convento del Bon Socors serían figuras particulares de los Padres Agustinos. El Padre G. Llompart es quien nos propone esta otra teoría, bajo mi punto de vista más verosímil. Si tenemos en cuenta que las ropas de los nuevos gigantes del Ayuntamiento se habían destruído es fácil pensar que seguramente las figuras también se desmantelaron o se abandonaron. Además tal y como nos informa Joan Amades, el convento no sólo había poseído gigantes sino que también contaba con otros elementos de bestiario festivo como un grupo de Cavallets y otro de Águilas que asistieron a la procesión hasta la mitad del siglo XIX. El poeta Pere d’Alcantara Penya en la composición La processó del Corpus (1892), lo recordaba:

“Y hey anaven els gegants
de l’Iglesia del Socós,
els cavallets elegants,
les àligues, y tres infants
vestits de Sant Joan Pelós,
ab lo xót de bondeveres
y la bandereta d’estam…” (12).

Trad.: “Iban los gigantes / de la Iglesia del Socós, / los cavallets elegantes / las águilas, i tres infantes / vestidos de Sant Joan Pelós, / con el cordero de verdad / y la banderita de estambre”.

La teoría de la propiedad de las figuras por parte de los padres agustinos parece reforzada por el hecho que en otras localidades, durante el transcurso de la historia, este mismo orden religioso ha sido propietario y protector de figuras festivas, como el caso de Felanitx con los cavallets.

LOS GIGANTES MALLORQUINES DURANTE EL SIGLO XIX

Será durante el siglo XIX cuando las noticias sobre gigantes en Mallorca comienzan a tener una cierta relevancia. Gracias a esto conocemos la existencia de varias figuras que a partir de entonces se convertirán en un hecho común en muchas villas mallorquinas durante la celebración de fiestas tanto religiosas como civiles y que, en muchas ocasiones, aparecerán totalmente desvinculadas de las fiestas y procesiones del Corpus.

Es el caso de los gigantes palmesanos que en 1814 asisten a los festejos que se celebran en la ciudad para conmemorar la festividad de San Fernando. Estos actos, celebrados en honor a la llegada al estado español de Fernando VII, empezaron el 30 de marzo, día en que llega a Mallorca la noticia de la entrada del monarca en España, con repiques de campanas y luminarias en las calles. Las celebraciones se prolongaron durante los meses de abril, mayo y junio de este mismo año. Se llevaron a cabo fiestas y actos tan diversos como representaciones teatrales, bailes de máscaras, oficios de Té Déum, repiques de campanas, salvas de artillería, quemas públicas de ejemplares de la Constitución de 1812, revueltas contra los constitucionalistas, desfiles de todos los estamentos sociales (iglesia, nobleza, ejercito…), exhibiciones públicas de cuadros del rey bajo palio, carros triunfales, fiestas varias… En una de ellas, la del día 30 de mayo, día de la onomástica del rey, se produjo la salida de unos gigantes para acompañar, amenizar y alegrar las celebraciones de la fiesta. Tras la celebración de un Té Deum en la Seu, por la tarde, acompañando la procesión de Nuestra Señora de los Desamparados por las calles de Palma, salieron los Gigants. Por la noche se completó la fiesta con una vistosísima iluminación nocturna y un rosario de blanquernos, que salió de la iglesia de Sant Francesc, acompañados por su estandarte y de muchos Vivas!!! gritados por los partidarios del monarca.

Pocos años después, cuando Mallorca, al igual que todo el estado español, está inmersa en los convulsos cambios políticos que acabarían con el período del antiguo régimen, encontramos otras figuras de gigantes mallorquines también vinculadas a celebraciones dedicadas a Fernando VII. En 1823 en Manacor, como en muchos otros lugares de la isla, se celebraron actos festivos para enaltecer el regreso del monarca absolutista, el final del Trienio liberal (1820–1823) y el inicio de lo que se conocería como la Década ominiosa (1823–1833). Además de las típicas iluminaciones de la época se llevaron a cabo otros actos que sacan a la luz la existencia de gigantes en esta ciudad durante este difícil inicio de siglo XIX. En la conmemoración celebrada por los Padres Dominicos por el citado regreso del rey Iluminado, se celebró una fiesta como las que se hacían durante Santo Domingo, siempre bajo la atenta mirada de los dirigentes políticos municipales de aquellos momentos por los posibles desórdenes y enfrentamientos que se pudiesen producir. Así en el Convento de los Dominicos, el mes de diciembre, el Ayuntamiento evaluaba la fiesta que se preparaba y escribía “…en la plazuela del mismo Contº, en que deben haber algunas figuras de gigantes colocadas con una grande iluminación en aquel sitio con otras cosas de igual naturaleza,…” (13) (Arxiu Municipal de Manacor. Hist. I 13 bis, “Actes 1820 a 1829”. S/f.).

Posteriormente a 1823 conocemos otras referencias a estos gigantes manacorenses. En 1879, ya bajo propiedad del Ayuntamiento, aparecen en las fiestas de Sant Jaume. En 1886 estan presentes en las fiestas de Santo Domingo junto con moretons, bailarines, músicos, cossiers.. En 1890 con los moretons recorren las calles pidiendo limosna y del 1900 sabemos que medían cinco metros de altura y que habían sido confeccionados por dos aficionados de la ciudad.

Otros gigantes que conocemos relativamente bien de este siglo XIX son los felanigenses que nos describe el Archiduque Luís Salvador de Habsburgo-Lorena, s’Arxiduc, en su magna obra Die Balearen (1869–1891). Según el aristócrata ya hacía años que estos gegânts salían cuando él, alrededor del último cuarto del siglo XIX, los ve y toma las notas de campo que le servirán para escribir y publicar, algunos años más tarde, su magnífica y valiosa obra. El grupo, que salía por Sant Agustí, estaba formado por cinco gigantes que aparecían como acompañantes de los cavallets de Felanitx, ya propiedad del ayuntamiento pero otro tiempo propiedad de los padres agustinos. Estaban hechos de forma bastante sencilla y vestidos con ropas vistosas. Uno de ellos actuaba como capataz, era el gigante viejo. Era algo más alto que los demás, vestido con una chaqueta amarilla y la barba y los cabellos blancos. Los otros cuatro llevaban en sus ropajes una combinación de colores verdes, rojos y blancos con bordados y ornamentos plateados, al igual que en el vestido del gigante viejo. Como complemento en una mano llevaban un abanico y la otra era para saludar. Como hecho curioso sabemos que avanzaban andando de forma circular y bailaban formando figuras al ritmo de la misma música de los xeremiers con la que bailaban los cavallets.

Será durante este siglo XIX cuando debemos situar la fecha de nacimiento de otros emblemáticos gigantes de Mallorca; los gigantes de Llucmajor. La noticia más antigua que hasta ahora he podido localizar es la referencia que hace La Almudaina (14) en 1893 refiriéndose a los actos que debían celebrarse durante las fiestas de Santa Cándida, fiesta patronal veraniega de Llucmajor:

“Mañana tendrá efecto en Lluchmayor la fiesta dedicada á Sta. Cándida su patrona. Habrá música, gigantes y enanos, baile, iluminaciones, carreras, fuegos de artificio por el Sr. Vives, técnico de Pollensa y otras diversiones” (15).

No sabemos si esta noticia pertenece al año en que se estrenaron estas figuras. Aquel 1893 en Llucmajor se produjo un cambio total de los miembros de la obrería de Santa Cándida y la fiesta, hasta entonces sin fecha fija, se estableció el segundo domingo de agosto, tal y como ha llegado a nuestros días. Es importante para futuras investigaciones tener en cuenta estos importantes cambios pero sea como sea la noticia ni nos permite afirmar ni desmentir que los gigantes fuesen introducidos precisamente ese año, aún cuando ya nos permite situar la tradición de gigantes en Llucmajor durante el siglo XIX.

Parece ser que en Porreres también, durante este final de siglo XIX, existieron gigantes que participaban en algunas de sus fiestas, aún cuando por las informaciones que por ahora tenemos, informaciones transmitidas de forma oral, no podamos todavía conocer cómo eran exactamente estas figuras ni en qué momento exacto debemos situarlas.

EL SIGLO XX, CAMINO HACIA UN ESTADO FLORECIENTE

Durante el siglo XX el mundo de los gigantes, igual que el de otros muchos ámbitos de la vida social, cultural, tradicional, etc… pasaron por diferentes fases de esplendor y decadencia propiciados por los momentos políticos de cada época.

En Mallorca a principios del siglo pasado, echando una ojeada a la prensa de la época, advertimos que los gigantes eran considerados como un elemento festivo tan propio de la isla como podían serlo las Águilas de Pollença, los cossiers o los cavallets. Se consideraban como figuras bien integradas dentro del panorama festivo isleño y como un elemento tradicional más que participaba en fiestas y celebraciones oportunas.

Para entender el momento que viven los gigantes a principios del siglo pasado en Mallorca tenemos que hacer una parada obligatoria en un hecho que en 1902 tiene lugar en Barcelona y que sin duda impulsará y promocionará la tradición y la figura del gigante en todas partes. Allí se celebró el que se considera como el primer encuentro de gigantes de la historia. Fue conocido como la concentración de Gegants i monstros antichs y aquellos días se llegaron a reunir en Barcelona unas 150.000 personas.

El momento político es propicio. La reneixença (s. XIX) había dado lugar a la Lliga Regionalista en Cataluña o al Centre Regionalista en Mallorca. Ambos consideraban que la cultura popular era un valor que no se debía perder, que se tenía que investigar y de alguna forma se debía promocionar y potenciar. En Palma vuelve a surgir el interés por los gigantes, unas figuras que en algún momento impreciso del pasado se habían perdido. Así en 1903 el Ayuntamiento organiza las Ferias y Fiestas de la ciudad y quiere que se celebren con el máximo esplendor y divertimento posible, motivo por el cual se incluye en los actos festivos la concurrencia de una pareja de gigantes que animarán la fiesta y que de alguna forma permitieran recuperar la tradición perdida. No sabemos si la decisión de incluir este recuperado elemento festivo en las fiestas de la ciudad estuvo influenciada o no por la concentración de gigantes de un año atrás en Barcelona. De todas formas es probable que las noticias que llegaban a Palma desde la Ciudad Condal animaran en este sentido a los responsables. Por este motivo, y puesto que la ciudad no tenía gigantes en propiedad, se alquilan dos figuras en Barcelona, concretamente en la casa La Perfección de Andrés Casas. Los gigantes representaban a los Reyes Católicos y participaron en varios actos de aquellas Ferias y Fiestas. Entre los más destacados la Despertada, acto que oficialmente inauguraba las fiestas y para el que iban acompañados de dulzaina, tamborileros, un gran número de xeremiers y de cabezudos también alquilados a Andrés Casas, o la recepción en el muelle de Palma de varios vapores que llegaron desde Menorca o Barcelona (la recepción de este último finalmente fue suspendida por el retraso del barco) para participar en los diferentes actos que había organizado el Ayuntamiento de Palma.

La expectación que provocaron las figuras entre los visitantes, tanto palmesanos como foráneos, a lo mejor fue el motivo que animó al consistorio ciudadano a encargar unas figuras de gigantes para tener en propiedad y así poder disponer de ellas no sólo en las celebraciones de las Ferias y Fiestas, sino en todos aquellos actos festivos donde se requiriese su presencia. Así a pesar de recibir la oferta del Sr. Casas para volver a alquilar las figuras en 1904, el Ayuntamiento encarga a la fábrica mallorquina de cerámica La Roqueta la construcción de dos gigantes que se convertirían en uno de los símbolos festivos más significativos de la capital mallorquina. El proyecto fue escogido entre dos propuestas: una presentada por el escultor Miquel Vadell, que se descartó, y la de La Roqueta. Los trabajos fueron dirigidos y coordinados por Pere Cetre, propietario de la fábrica, y el resultado fue un gigante y una giganta pagesos (payeses). Sus nombre fueron Tófol y Bet-Maria y los caracterizaban ciertos elementos que los dotaban de unos matices muy curiosos y únicos. Por ejemplo que sus ojos eran móviles o que el gigante fumaba en pipa de la que continuamente salía humo. Las joyas que portaba la giganta habían sido elaboradas por el orfebre palmesano Pablo Taronjí y estaban compuestas de botonadura, cordoncillo, una Cruz de Malta, sortijas,…

Serían recogidos por muchas fotografías de la vida festiva ciudadana y en un dibujo hecho por Joan Amades y publicado en su Costumari Català (Tomo III, p. 39). No sólo participaron en las Ferias y Fiestas de la ciudad sino que estuvieron presentes en muchos otros actos festivos y celebraciones de la capital mallorquina antes de desaparecer en 1936. Aquel año habían viajado a Barcelona para participar en los actos inaugurales de la Olimpiada Popular, que se celebraba en la capital catalana en contraposición al nazismo, el fascismo y la Olimpiada de Berlín auspiciada y promocionada por Adolf Hitler. El viaje de los gigantes palmesanos está lleno de confusión y son muchos los puntos que aún quedan por averiguar. Justo los días 18 y 19 de julio, cuando estalla la rebelión militar que significará el inicio de la guerra civil, los gigantes, llevados por una comitiva de algunos deportistas, portadores, acompañantes… viajan hacia Barcelona, sin saber lo que se les avecinaba. Será la última vez que se tenga noticia de ellos. No se sabe si llegaron a desembarcar ya que cuando el barco en el que viajaban llega a Barcelona los tiroteos y el enfrentamiento armado ya había comenzado. No sabemos dónde acabaron, ni qué hicieron con ellos… lo que sí es seguro es que nunca regresaron a Mallorca y que se perdieron para siempre.

Tras la desaparición de Tòfol y Bet-Maria, ya más conocida como Francina o Francinaina, un cambio de nombre que se había producido de forma popular, el Ayuntamiento de Palma encargó la construcción de otra pareja de gigantes payeses. El encargado fue Sebastià Alcover que, durante los años cuarenta, obró los nuevos Tòfol y Francinaina. Esta pareja quedó destrozada años después cuando una fuerte racha de viento los derriba cuando estaban expuestos en la calle, concretamente en la entrada de Cort, o sea del Ayuntamiento palmesano, y los actos vandálicos de un grupo de jóvenes los acabó de dejar inservibles.

Pero el ayuntamiento no se da por vencido, por decirlo de alguna manera y en 1961 volvió a hacer el encargo de la construcción de otra pareja de gigantes payeses. Los escultores Joan Montserrat Palmer y Francesc Vives Bellaflor, con un coste de 35.000 pesetas, obraron los nuevos gigantes; Tòfol y Francinaina. Son la pareja de gigantes que podemos admirar hoy en día en la entrada de Cort y que en tiempos de fiestas y fechas señaladas se exhiben en las puertas del Ayuntamiento. Miden unos 4,20 metros, están hechos de cartón, madera y mimbre y son demasiado pesados para ser portados sobre los hombros para celebrar pasacalles o desfiles. A finales de 2005, con un presupuesto de 15.000 euros, serían sometidos a un proceso de restauración y conservación en el taller Xicarandana, además se les confeccionaron vestidos nuevos, respetando el carácter de los vestidos tradicionales mallorquines.

Además de en Palma también en otras localidades podemos situar la presencia de figuras de gigantes integrados en sus fiestas y celebraciones.

Manacor, tal y como ya hacía durante el siglo XIX, durante el siglo XX sigue utilizando sus gigantes sobre todo en las fiestas de Santo Domingo. Muchas veces salen acompañados o acompañando a moretons, cossiers, indis, xeremiers… Uno de los hechos más curiosos de estos gigantes, estudiados a la perfección por A. Carvajal, J. Lliteras y A. Gomila, es el incendio que sufrió la giganta manacorense en 1926 y que la consumió por completo. Se tuvo que esperar al año 1933 para que se volviera a hacer una nueva giganta que acompañara al gigante de Manacor. Años más tarde se introduciría un nuevo gigante al grupo que poco a poco iría arrinconando al gigante viejo. A partir de entonces los volvemos a encontrar presentes en varios actos festivos hasta que después de algunos años buenos se fueron abandonando. En los años 70 vuelven a reaparecer, aunque de forma dubitativa. El auge definitivo, la recuperación de las figuras y sus funciones, será en 1985 gracias a Fra Gabriel Bauçà y a la asociación vecinal d’es Convent.

Felanitx también sigue sacando a la calle a sus gigantes. Salen tanto en fiestas religiosas como civiles, como cuando en el año 1936, día 19 de julio, tenían previsto acudir a la inauguración de una calle dedicada a Francesc Carreras acompañando a las autoridades. Estos gigantes desaparecieron y durante algunos años Felanitx se quedó sin figuras de este tipo. En la década de los años 80 se adaptaron dos cabezudos como gigantes, pero eran muy estrechos y difíciles de llevar o portar. Cada vez se utilizaban menos hasta que prácticamente se dejaron de usar.

Llucmajor ha ido renovando también sus generaciones de gigantes. La primera imagen de los gigantes llucmayorers está datada entre 1916 y 1920. Nos muestra cuatro gigantes moros y cuatro cabezudos (estos últimos todavía participan en la comitiva de gigantes durante las fiestas de Santa Cándida). De algunos años antes son las figuras de los geganters y los convidadores, de los que ya muy poca gente dice haber oído hablar. Ellos eran admirados por la habilidad que demostraban al portar las figuras y ellas, jovencitas escogidas por los propios geganters, eran las encargadas de ir por las casas del pueblo, una semana antes de la verbena de Santa Cándida, para invitar a todo el mundo a asistir al baile que aquellas mismas parejas, geganters y convidadores, abrirían ante la espectante mirada de todo el pueblo. El grupo de gigantes de la fotografía fue sustituido por otro, también de cuatro gigantes, que como sus antecesores representaban a personajes morunos. Este grupo estuvo activo hasta 1970 cuando se sustituyó por el que actualmente todavía sale durante las fiestas de Llucmajor. Entre 1970 y 1971 se obraron en el taller fallero valenciano de San Vicente seis figuras representativas de las leyendas y fábulas mallorquinas: La Bruixa Tavèn, Barba-rossa, la Fada Morgana, el Pere Taleca, la Joanota y l’Amo de So Na Moixa. Los autores fueron Daniel López, Vicente Cebrián y José Cebrián. Los cuatro gigantes sustituidos, los cuatro moros, se quemaron a modo de falla el mismo 1971 en las fiestas de Sant Antoni en la barriada de S’Arraval.

Sobre la historia de los gigantes en Llucmajor, recientemente se ha publicado un completo trabajo que nos permite situar la fiesta de los gigantes en su contexto y la evolución de esta; Véase: TOMÀS RAMIS, Pau: Aproximació històrica a la festa dels gegants a Llucmajor, pp. 299–337. Incluido en la Miscel.lània d´homenatge a Mateu Monserrat i Pastor. Edicions de pinte en ample y Ayuntamiento de Llucmajor. Llucmajor, 2007.

Durante el siglo XX hubo otros pueblos y ciudades que incorporaron gigantes a sus celebraciones.

En 1928 en Inca se introdujo una pareja de gigantes payeses, obrados en El Ingenio de Barcelona, para las fiestas de Sant Abdon y Sant Senén, gigantes que hoy se encuentran instalados en la entrada del consistorio. También Alcúdia dispondrá durante el siglo pasado de dos figuras de gigantes vestidos de payeses. Él llevaba barretina y ella, como nota curiosa cabe destacar que era negra.

A partir de los años 50, merced a la política impuesta por el régimen de la dictadura fascista en todo el estado español de desprestigio hacia todo aquello que pudiera parecer fuera de la españolidad que se impuso durante más de cuarenta años, la imagen de los gigantes y otras figuras y bailes festivos (cavallets, cossiers, Sant Joan Pelós…) se fue desprestigiando y degradando cada vez más. El interés por portar las figuras durante las fiestas fue decayendo, la tradición era vista como anticuada, provinciana, pasada de moda… Así durante las décadas de los 60 y 70 muchas figuras y bailes estuvieron a punto de desaparecer, pero ya a finales de la década de los 70 y sobre todo en la de los 80 surgieron nuevos tiempos y entidades, asociaciones e iniciativas populares que volvieron a luchar para recuperar las figuras y bailes tradicionales de la isla.

LA DÉCADA DE LOS 80, LA TRADICIÓN SUPERA LAS DIFICULTADES.

Sin duda la maquinaria puesta en marcha tras la guerra civil, en aquel proceso de desprestigio y desintegración de la cultura y folklore propios, había calado entre la gente. Pero afortunadamente después de años llenos de infortunio renació un nuevo movimiento de recuperación y aprecio hacia todos estos elementos. Gracias a iniciativas particulares y de algunas instituciones, que tenían una visión diferente y que consideraban que la tradición se debía conservar, muchas de estas figuras sobrevivieron a los malos momentos y hoy en día, muchas de ellas, se han consolidado como actos primordiales en las fiestas de las localidades correspondientes.

Ya hacia los años 70 las inciativas empiezan a hacerse patentes y sobre todo hacia mediados de los años 80 es cuando el sentimiento de recuperación hacia todas estas figuras florece definitivamente. Els mallorquins descobreixen Mallorca (16) (Trad.: Los mallorquines descubren Mallorca), decía Josep Massot i Muntaner, y no carecía de razón. No era demasiado tarde. La iniciativa de particulares, barriadas, instituciones y asociaciones hizo posible que la tradición de los gigantes festivos de Mallorca, entre otras, no muriera. El elemento etnológico se veía ahora como un patrimonio limitado, que formaba parte de la identidad propia y la pérdida de éste suponía consecuentemente la pérdida de esta identidad y de la fiesta como patrimonio inmaterial que era necesario conservar. Se debía trabajar para no perderla pero sin caer en el error de no adaptarse a los nuevos tiempos que corrían. No habría sido válida una recuperación sin tener en cuenta el fuerte cambio social que había habido en la isla. El paso de una sociedad rural y muy tradicional a una nueva sociedad más moderna (industria, turismo, servicios…) sin duda condicionaba esta recuperación.

Tal y como había pasado en 1902 debemos tomar como referencia algunos acontecimientos foráneos y sus repercusions para tratar de entender el cambio sufrido en la propia realidad gigantera de la isla. Así debemos tener en cuenta tres acontecimientos primordiales que en este sentido tuvieron lugar en Catalunya en 1982: La participación de varias parejas de gigantes en los actos inaugurales en Barcelona de los Mundiales de Fútbol’82, con el factor “publicitario” a nivel mundial que tuvo este hecho en aquel momento. La I Trobada Internacional de Gegants en Matadepera (I Encuentro Internacional de Gigantes) que recogió más de un centenar de figuras de toda Europa y más de mil giganteros. Y la celebración del I Congrés de Cultura Tradicional Catalana con todo lo que esto suponía para poner las bases para intentar recuperar o afianzar muchas de las costumbres y fiestas populares que estaban en peligro.

En la isla de Mallorca, como decía, se van tomando iniciativas que poco a poco incrementarán también la afición por el gigante festivo y la fiesta gigantera y harán posible recuperar un sentimiento casi perdido de aprecio y respeto por las tradiciones propias. En 1980 en Petra, a partir de dos cabezudos antiguos, los vecinos del Convento obran una pareja de gigantes, con un sencillo armatoste de madera y espuma, que quedarán como propiedad de la Comunidad de los Padres Franciscanos. En 1983 gracias a la iniciativa de las asociaciones vecinales de las barriadas palmesanas de Son Cladera y Son Rapinya, el escultor D. Mateu Forteza obró dos gigantes que tendrían como objetivo animar las fiestas de calle de las barriadas. Representan dos hombres mallorquines, totalmente diferentes uno del otro, con carácter propio cada uno de ellos. El primero representa un joven y el segundo un labrador fumando en pipa. El de Son Caldera fue cedido al C.P. Miquel Porcel, de la misma barriada. En 1985, tal y como ya decía, son recuperados y reparados de nuevo los gigantes manacorenses. De estos gigantes existen unas réplicas mucho más recientes instaladas en la Fundació Antoni Mª Alcover hechas por la AMPA de uno de los colegios de la localidad.
En el año 1987 en Sa Pobla también ya tienen sus gigantes, Antoni y Margalida, una pareja de payeses mallorquines construida en Aragonesa de Fiestas (Zaragoza). También este año D. Mateu Forteza hace dos nuevos gigantes, los xeremiers de Palma. Estos se estrenan en 1988, en la Rua de Ciutat (el carnaval de Palma), y representan el elemento indispensable de las fiestas de nuestra tierra, la música de las xeremies, el tamborino y el flabiol. En 1988 Alcúdia y en 1989 Sant Llorenç d’es Cardassar y Llucmajor también incorporan nuevos gigantes a las fiestas locales. Los alcudienses, Rampell y Pipella, surgieron por acuerdo de la Comisión de Cultura del Ayuntamiento de Alcúdia. Se colocaban en el portal del consistorio durante las fiestas puesto que no eran aptos para ser llevados sobre los hombros para realizar pasacalles. Ella iba vestida con la indumentaria mallorquina del siglo XVIII y el gigante iba vestido al estilo del comienzo del siglo XIX. Pep Fluixà fue el encargado de construirlos y el sastre Tomeu Massanet, siguiendo indicaciones de Antoni Bibiloni, de vestirlos. También los llorencins, Jaume Belluguins y Angelina Trevolina y los de Llucmajor, Miquel y Càndida, estos últimos recogen los nombres de los patrones de la ciudad, están realizados y vestidos por los mismos artistas. Estos gigantes de 1988–89 representan a tres parejas de payeses y se ve claramente como algunas de las figuras están hechas con el mismo molde o uno muy similar puesto que las caras, las manos, los pies… son muy parecidos, sobre todo las gigantas de Alcúdia y Llucmajor, entre sí, y los gigantes llorencí y llucmayorer, entre sí, un hecho único dentro del ámbito gigantero en Mallorca. En cambio los gigantes Rampell y Angelina Trevolina parece que son distintos a las otras figuras.

LA CONSOLIDACIÓN ACTUAL

En 1992, dos actos celebrados de nuevo en Cataluña marcarán de una forma espectacularmente positiva la consolidación a nivel internacional de la tradición gigantera. La primera, y tal vez la más espectacular, la debemos situar de nuevo en Matadepera donde se celebró la octava edición de la Ciutat Gegantera de Catalunya. Allí se congregaron unas 650 figuras y 8.000 giganteros procedentes de todo el mundo, hecho que supuso la consecución de un récord Guiness. La segunda, que tuvo también una enorme repercusión puesto que fue retransmitida en directo por muchas televisiones de todo el mundo, se produjo durante la Ceremonia de Inauguración de los Juegos Paralímpicos Barcelona’92. Se conoció como L’Esclat de Festa (Estallido de Fiesta) y participaron, desfilando y bailando en l’Estadio Olímpico de Montjuic, 118 gigantes, escogidos según criterios clásicos y ordenados según la época de su vestuario, 144 cabezudos, una àliga, una mulassa, un bou y una grupo de cavallets como representación de figuras del bestiario festivo y muchas más representaciones del folklore y tradiciones catalanas. Estos dos actos, sin duda, en mucha o poca medida influyeron a la hora de animar a muchas poblaciones a incorporar nuevos gigantes a sus celebraciones.

En la isla, los años 90 y comienzo del siglo XXI han supuesto la época donde se ha producido la verdadera explosión con respecto al número de gigantes que se van estrenando. En 1994, Àngels Jutglar y Antoni Brossa “Vesper” hacen en Cataluña los gigantes zapateros de Inca que representan las industrias de la piel y los zapatos tan representativas de la ciudad inquera. En 1995 Vicente Alberola, constructor de gigantes, construye una giganta de propiedad particular que representa a Catalineta, personaje de las fábulas mallorquinas. El mismo año, en Alaró, la AMPA del C.P. Sant Bartomeu hace a Tomassa. En 1996 la Asociación de comerciantes de la calle de Sa Lluna de Sóller hacen a Antoni y a Catalina, una pareja de payeses. En Sant Jordi, existe una pareja, hecha por la antigua Asociación de vecinos y cedidos al C.P. Sant Jordi en el año 1997 donde se les hicieron unos vestidos nuevos de payés. Originalmente la giganta sabemos que se llamaba Merche, pero serían rebautizados y ahora son conocidos como Tòfol y María. En 1997–98 la Asociación de Vecinos de la Colònia de Sant Jordi, a partir de unas cabezas compradas en Eurocarnaval de Palma, hacen a Martí Tacó y a una Reina que ceden a la AMPA de la escuela de la localidad durante las fiestas de Sant Antoni. En 1999 el Ayuntamiento de Palma encarga una pareja de payeses, Tomeu y Margalida, al taller de Arts Plàstiques Guaita de Valencia que pasarán a formar grupo con los dos xeremiers estrenados en 1988. También en 1999 en Calvià, Vicente Alberola, por encargo del Ayuntamiento, construye el Rei Jaume I y su esposa la Reina Violant d’Hungria. Durante el curso escolar 1999–2000 en el C.P. Felip Bauçà de Palma se hace una giganta para tener en la escuela, su nombre será Felipa, aunque actualmente se encuentra desmontada. El año 2000 el grupo de teatro de estudiantes de magisterio de la UIB construirá toda una serie de gigantes para representar la obra L’amor de les tres taronges. El mismo año en Alaró se encargó a Kake Portas la construcción de Cabrit y Bassa los dos heróicos defensores de Jaume II y del Castillo de Alaró. Un año más tarde, el Consell de Mallorca, quiso representaran como gigantes a los tres reyes privativos que había tenido antiguamente la Corona de Mallorca y la esposa de uno de ellos. En 2001 se hicieron las figuras de Jaume II y de Esclaramonda de Foix, un año más tarde, en 2002, las de Sanç I y Jaume III, hechas por Rafel Lladó (figurinista), Joan Berga y María Cerdà (constructores) y Mª Isabel Ballester (escultora). Cada gigante está dotado de personalidad propia gracias a los diferentes complementos que los componen. Aquel 2002, además, se hacen gigantes en Puigpunyent representando a Es Bou y na Fàtima, obra de Kake Portas. En Selva, Andrew Pinder, con taller en la localidad, hace a Pau y Rosa que salen con S’estol de Ses Herbes durante la Fira de ses Herbes. En la Factoria de So, de Santa María, se hizo un gigante demonio para integrar dentro sus espectáculos de fuego y luz. En Marratxí se hace a Madò Bet, también conocida como Sa Siurella, los constructores de la cual fueron Joan Berga “Joanet de Sa Calatrava”, Enric de las Heras y Biel Bennàssar (a. Bita) a partir de un diseño hecho por el ollero Rafel Sunyer y en Palma se construyen a Banyeta Verda y a Banyeta Vermella propiedad de los Geganters de la Sala. En 2003 Vicente Alberola es el encargado de hacer los gigantes de Capdepera, Roc y Esperança, un pescador y una llatadora, oficios representativos de la zona. El año 2004 serán la barriada de Son Sardina y la ciudad de Muro, las localidades que estrenarán gigantes. Los primeros, propiedad de la Asociación de vecinos, representan a Comas y a Comaro, dos vecinos de la barriada ya desaparecidos.
Son gigantes hechos a partir de cabezudos creados en el taller murciano de Mirete y Rubio y adaptados por Catalina Moranta y gente del barrio. Los murenses son realizados por Kake Portas y representan un xeremier, Toni, y un flabioler, Joan. El año 2005 en la misma barriada de Son Sardina, hecho por la misma autora, se construye un gigante manotas, Cosmet, otro vecino carismático. El mes de agosto del mismo año se estrenan gigantes en Son Espanyolet: Gaietà y Assumpció, hechos por Ester de Luque, Fernando de Luque, Joan Ramon Martínez, Felipe Amengual, Mª del Mar Galindo y Mª Isabel Mairata, son propiedad de la Escuela de Baile de la Parroquia de la Assumpció. En Sineu, Marc, un herrero, y Maria dels Àngels, una recolectora de higos, obra de Aragonesa de Fiestas. En Pollença, hechos por Pep Fluixà, Toni, un amo de posesión, y Maria dels Àngels, representando la cultura con un ejemplar de Tirant lo Blanc en las manos y en Mancor de la Vall, Joan, un carbonero y Llúcia, una bordadora vestida de payesa, hechos por Manel Alba y propiedad de la Associació Arrels de la Vall.

Durante el 2006 las presentaciones y estrenos de gigantes continuaron. En Felanitx se presentaron Es Gigant des Macolí y na Maria Enganxa, los dos bien conocidos de las leyendas y fábulas mallorquinas, hechos por Kake Portas. En Santanyí Bernat Cinclaus y Maria Ramis, dos personajes histórico-legendarios obrados en Zaragoza, en los talleres de Aragonesa de Fiestas. En Binissalem, hechos por Manel Alba, Jaume y Aina, una pareja de campesinos tradicionales mallorquines y en Campos un Vaquer y una Collidora de Tàperes hechos por Xavier Jansana y propiedad del Ayuntamiento y Madò Coloma y es Trinxeter, hechos por Ramon Aumedes del taller Sarandaca de Granollers y propiedad de la Asociación Societat i Costums. En Marratxí se presentó la pareja de Madò Bet, un siurell que fue bautizado con el nombre de Marçal obra de Biel Bennàssar (a. Bita) y Rafel Sunyer. En Alcúdia se hizo la última presentación de gigantes mallorquines del 2006. Fue en el mes de diciembre y se presentaron l’amo en Jaume panxa-rotja y madò Aina. Estos nuevos gigantes no lo son tanto. Recordemos que a finales de la década de los 80 Alcúdia estrenaba a Rampell y a Pipella, ahora, Jaume Panxa-rotja y madò Aina son aquellos mismos gigantes a los que se les ha aplicado una gran reforma de la mano de Manel Alba. Se les ha dotado de una estructura interna que les permite desfilar y bailar, se ha constituido una nueva asociación gigantera para portarlos, se han eliminado los pies y los zapatos del gigante y se les ha cambiado la indumentaria.

En este año 2007, que estamos ya a punto de dejar, las presentaciones han seguido marcando la fiesta de gigantes en Mallorca. En Bunyola se presentaron Bàrbara y Mateu, una recolectora de aceituna y un carbonero, hechos por Kake Portas. En Palma, en el marco de las fiestas de la Festa de les Illes Balears, día 26 de febrero de 2007, se presentaron en los jardines del Consolat de Mar, los dos gigantes de la Agrupació de Colles Geganteres de les Illes Balears (ACGIB). Estos, obra de Antoni Socias, quieren convertirse en las figuras que representen a las Islas y a la Agrupación en todos aquellos actos a los que acudan, tanto en las Baleares como fuera. Dos figuras que intentan unificar las cuatro islas y que pretenden buscar vínculos comunes entre ellas. El foner balear, representativo de Mallorca y Menorca, y la deesa Tanit, simbolizando Ibiza y Formentera. Este mismo año, 2007, también se han estrenado y presentado los gigantes de Porreres, obra de Kake Portas, Roc y Bet, la reproducción de dos figuritas del belén parroquial de la localidad. Los de Santa Eugènia, Bernat y Eugènia, un payés y una bordadora construidos por Ramon Aumedes y los de Santa Maria del Camí, Soler el bandejat, un bandolero famoso en la villa y Maria de Coanegra, la protagonista de una de las leyendas más conocidas de la localidad, construidos también por Kake Portas.

Es posible que a este listado de gigantes mallorquines le falten algunas figuras que desconozco o figuras sin identificar, incluso figuras que se pueden ir estrenando e incorporando a la gran familia de gigantes de Mallorca.

La fiesta del gigante, bien arraigada en Mallorca, como hemos visto, cuenta con todo un bagaje de vivencias que la revisten con aquel regusto mágico de las cosas que ama el pueblo. En la actualidad disfruta de un estado exhuberante y emergente. Muchos grupos giganteros se han constituido en la última década como asociaciones con personalidad jurídica, estatutos, junta directiva… para preservar, reactivar y proyectar la fiesta gigantera, independientemente de quién sea la propiedad de los gigantes que portan, y junto con las instituciones de cada localidad organizar encuentros de gigantes con una periodicidad normalmente anual. Durante los últimos años también se han realizado en la isla varias exposiciones sobre el mundo de los gigantes que sin duda han contribuido a la difusión y expansión de este elemento festivo.

Además se ha creado la Agrupació de Colles Geganteres de les Illes Balears, la ACGIB (según el Reglamento de Régimen Interno aprobado día 30 de octubre de 2004 en Sant Lluís, Menorca) que pretende englobar el máximo número de grupos de gigantes, giganteros… para llevar a cabo proyectos conjuntos que vayan en favor de la consolidación y pervivencia de esta fiesta en la isla.

El floreciente momento de los gigantes festivos en Mallorca, además, se retroalimenta y se ve reforzado por una mayor presencia en los medios de comunicación, con la diversificación de las actuaciones de los propios gigantes de cada localidad (inauguraciones, exposiciones, pasacalles, encuentros, fiestas patronales…) o con un mayor intercambio entre gigantes de la isla y gigantes de otras lugares para acudir a encuentros y otros actos. Por tanto, parece que la tradición tiene, por el momento, un futuro a corto o medio plazo asegurado, aunque tenemos que seguir trabajando en ello para consolidar y transmitir más allá de nuestras fronteras nuestra fiesta, nuestras tradiciones y nuestro folklore.

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NOTAS

(1) “antiguallas del testament vell representam ab los personatjes y figures”. Fragmento de la carta de mossèn Joan Bautista Arbona a los jurados. RULLAN, J. Pbro.: Historia de Sóller en sus relaciones…, p. 422.

(2) RULLAN, J. Pbro.: Historia de Sóller en sus relaciones con la general de Mallorca, Tom II, p. 422.

(3) RULLAN, J. Pbro.: Op. Cit., p. 422.

(4) MULET, B.: Els Cossiers de Sineu o la dansa dels bastons a honra de la Santa Creu, p. 178.

(5) AJUNTAMENT D’ALCÚDIA: Els gegants d’Alcúdia tornen a ballar.

(6) LLOMPART, G.: La fiesta del «Corpus Cristi» y representaciones religiosas en Barcelona y Mallorca. (Siglos XIV, XVIII), p. 17.
Transcrito de: ACM, Actas Capitulares (1733–34), 21–6–1734, f. 264.

(7) LLOMPART, G.: Los actuales gigantes en Palma de Mallorca, p. 180.

(8) VALLCANERAS, F.: Els cossiers d’Alaró. Aproximació del fet dels Cossiers a Mallorca, p. 22.

(9) V.V.A.A.: Estampas de la feria, p. 111.

(10) VALLCANERAS, F.: Op. Cit, p. 22.

(11) CAMPANER, A.: Cronicon Mayoricense, p. 609–2. (En la edición de 1967).

(12) RAYÓ i FERRER, Miquel: Dels gegants que rodolaven pel món, amb una breu notícia dels gegants de la sala.

(13) CARVAJAL, A., LLITERAS, J., i GOMILA, A.: Gegants de Sant Domingo de Manacor. Extraido de III Trobada de Gegants.
Fires i festes de primavera. Manacor 2003.

(14) Uno de los periódicos de tirada diaria más representativos de la época en Mallorca, fundado en 1887.

(15) LA ALMUDAINA 12–VIII–1893, p. 2.

(16) RAMIS, Andreu: El folklore i l’etnografia a les Balears (Segles XIX i XX), p. 38.