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CUENTOS POPULARES ANDALUCES (XXII)

AGUNDEZ GARCIA, José Luis

Publicado en el año 2008 en la Revista de Folklore número 326.

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Andalucía

En el artículo precedente se incluían algunos cuentos que insertaban sentencias oportunas que se incorporaban imperceptible y resistentemente en la conciencia. Eran fórmulas ideales que ayudaban a sortear los peligros reales de los tiempos concretos, advertencias para estar prevenidos contra los riesgos que había que afrontar cotidianamente. Era necesario avisar de los males que acechaban, era imprescindible dar pautas para sortearlos o afrontarlos con garantías de éxito: el apólogo, el cuento resultaban apropiados para tal fin. Historias de cómo portarse lejos de casa, advertencias de la necesidad de ser precavidos ante lo desconocido, de no alejarse de la seguridad del hogar. Las fórmulas melódicas fijas que se insertaban convenientemente sintetizando el relato mantenían sin interrupción en mente las advertencias y las soluciones consecuentes más a mano. Los mismos mecanismos se ponían en acción a la hora de inculcar ciertos valores, moralidades e incluso agudezas que pudiesen dar pautas para desenvolverse socialmente. Refiriéndose a los ritmos y síntesis conceptuales que encierra el refrán, decía Martínez Kleiser en la introducción a su monumental obra paremiológica (pp. XVIII-XX):

… buscó ritmos que le asentasen con facilidad en la memoria y modalidades de expresión que despertarán interés y atractivo en la voluntad (…) como se ve, ha de ser breve y conciso; tasa las palabras, como una oficina expendedora de despachos telegráficos, para resultar más enérgico, para convertirse en una saeta que se clava afilada y aguda en la memoria (…) Los estudiantes hacen aleluyas cuando quieren recordar temas de difícil retención. Llevados del mismo fin, se visten los refranes con perifollos de asonancias (…) Todas las mencionadas [formas de refranes], son (…) ornamentos de su sacerdocio [del pueblo], máximas prácticas de su rito solemne. Todas están inspiradas por sus propósitos, casi siempre bien hermanados, de instruir, deleitar y procurar la supervivencia de sus amenas disertaciones…

Sin ninguna restricción, podemos extender estas ideas del gran paremiólogo a todo tipo de producciones rítmicas que son síntesis de un relato o idea amplia: la fácil acomodación en la cognición de avisos, preceptos, indicaciones o advertencias para sortear peligros y descubrir los caminos más seguros para el desenvolvimiento social o, incluso, asegurar la propia pervivencia. Hay un refrán bien conocido que denuncia la ambición: El que todo lo quiere, todo lo pierde. Y hay un conocidísimo cuento que lo desarrolla festivamente. La denuncia de una actitud socialmente perversa, como la codicia, se funde en la sagacidad de hallar una fórmula para vencerla en tal cuento. La mera revelación del vicio y la derrota del mismo encarnado en personajes reales que lo ejecutan y sufren las obvias consecuencias ya son loables de por sí. Moralidad e ingenio son ingredientes que tuvo que inculcar exitosamente el cuento de El Dinero Escondido: aquella frase rítmica repetida una y mil veces debió esculpirse para actuar con tanto vigor como una sentencia filosófica, como un dictado refrendado y marcado por las normas de la lógica y la sociedad.

Hay otra norma natural que la experiencia y la madurez descubren y que se desvela con diversos refranes; aconseja huir de asuntos ajenos para ocuparse de los propios problemas. Por su parte, la tradición oral ha desarrollado y extendido un cuento, un apólogo muy apropiado para el caso; cuenta que el águila debía tributar a la zorra entregándole un hijo, hasta que el alcaraván le aconseja que no lo haga, pues todas las amenazas de la zorra son vanas, ya que jamás podrá alcanzar el nido. Ofendida la zorra, la toma con el alcaraván, que no podrá librarse de su ira. El cuento termina con una frase proverbial, tal vez una de las más celebradas por los refraneros, algunos de los cuales acuerdan glosar el refrán completo con el apólogo, desde el Calila, los Castigos é Documentos del Rey Don Sancho o el Marqués de Santillana hasta Fernán Caballero: Alcaraván zancudo, para otros consejo y para sí ninguno, como explicita una de las fórmulas de Correas. La versión que referimos desvirtúa el final esperado al contaminarse con un tipo simplificado en que el animal captor es engañado por la víctima que le incita a hablar, momento en que el atrapado aprovecha para escapar (Aarne–Thompson, nº 6: El animal aprehensor inducido a hablar).

No siempre lo moralmente correcto es lo más aconsejable naturalmente. La visión popular aboga por las soluciones personales más convenientes: da pautas prácticas para enfrentarse a las situaciones conflictivas. No impone qué se ha de hacer, sugiere cómo escabullirse o triunfar ante las situaciones delicadas. En el caso que nos ocupa, el cuento de El Águila, la Zorra y el Alcaraván, esto es manifiesto. Si, por un lado el refrán sobresale en la máxima, la regla de oro poco moral de no inmiscuirnos en lo que nos atañe, por otro hay más ritmos, también de sabiduría popular, de no menor calado, cargados de la típica filosofía popular que propugna la búsqueda del ingenio para hallar soluciones prácticas. El cuento es una invitación manifiesta al rechazo de las amenazas vanas. Para la sociedad donde es generalmente conocido el apólogo y sus ritmos, alguien podrá zafarse de una amenaza con la simple expresión bien modulada de: “¡Cortacha, cortacha!” Entre agresor y amenazado se interpondrá mentalmente todo el cuento desarrollado; después de él vendrá una recapacitación por ambas partes, tras ella…

El alcaraván halla sutil argumento:

El hacha de rimponcina
no corta la encina.
El hacha de acero
es la que corta el madero.

Hay un mensaje velado: ante cualquier situación conflictiva siempre hay una solución. Hay que buscarla si el problema subsiste, quizás sea el consejo final.

El caso de Culantrín es más complicado. Conecta con el tema de los niños en peligro, pero posee un trasfondo más complejo. De entrada, topamos con el niño rogado, el niño otorgado tardíamente por el cielo. Él vendrá en remisión de una familia en necesidad, como tal, será el enviado que remediará los males insolubles en una sociedad de necesidades arrastradas de tiempo inmemoriales, desde las profundidades de los tiempos. Supone un bálsamo que invita al optimismo ante tan patentes penurias.

A veces los seres diminutos aparecen en el folklore como propiciadores de riquezas. En este caso, eso será el hijo diminuto otorgado. Él ayudará al padre, él sufrirá las mayores de las adversidades: tendrá que vérselas con los ladrones, y saldrá triunfante; será tragado por una vaca, y será salvado; lo devorará un lobo, pero sobrevivirá. En el peor de los casos, siempre hay solución, esa es la bondad del cuento popular: la invitación a la lucha, porque siempre habrá solubilidad a los problemas. Nada se resistirá si hay lucha: todo terminará bien. Es esto lo que le asemeja al anterior: los ritmos dirigen sus pasos por los senderos del optimismo, un gozo por los tiempos mejores que vendrán: — ¡Popá, mate usted al buey Tinto, yo le daré para veinticinco!

Sin embargo, es fácil observar que la funcionalidad de los ritmos es totalmente distinta a la de los temas anteriores. No hay en éste pistas, sabiduría que aplicar, únicamente invitación al optimismo, que, seguramente, debió resultar reconfortante en tiempos de tanta penuria.

[EL DINERO ESCONDIDO]

Había un ciego. Antes los ciegos sabes que casi todos iban con un lazarillo. (Ya no se ven ciegos con lazarillo, ¿verdad? Ya es muy raro. Llevan un perro, llevan el bastón, ése con el que ellos van buscando la forma de poder andar). Pues, entonces llevaba un lazarillo, y el ciego escondía el dinero en un agujerito. Eran veinticinco duros los que el ciego tenía enterrados en un agujerito; pero el lazarillo dijo: “Esos veinticinco duros se los voy a quitar yo al ciego, y cuando vaya a echar mano, los veinticinco duros, ¡los va a tener!”.

Entonces fue el lazarillo y se los quitó. Pero al otro día, cuando el ciego llegó y vio que no estaban, dice: “¡Ay, chaval! Este es el lazarillo, que es el único que sabe dónde los tengo; pero vamos, eso no es nada”.

El ciego, por la mañana, cuando iba con el lazarillo, empezó a cantar:

– Veinticinco duros tengo
escondidos en un agujero
y otros veinticinco me voy a esconder.
Veinticinco duros tengo
en un agujero
y otros veinticinco me voy a esconder.

Y se va el ciego todo el camino andando; y el lazarillo, entonces el lazarillo dijo: “¡Ah!, pues entonces lo que voy a hacer es coger los veinticinco duros que le he quitado y los voy a poner en el agujero. Y entonces voy a poner los otros veinticinco, porque cuando se dé cuenta que no los tiene, pues entonces, lo que va a hacer es que, que no va a poner más. Va a decir: «No, esto me lo has quitado, ya no pongo más»”.

Bueno, pues entonces fue y los puso. Y al otro, fue el ciego, y vio que estaban allí los veinticinco duros. Los cogió y se los llevó el ciego. Y al otro día cuando salieron, cuando salieron ya a vender cupones, entonces dijo el ciego:

– El que todo lo quiere,
todo lo pierde.
El que todo lo quiere todo lo pierde.

Y dijo el lazarillo: “¡Lo ves!”.

AMPARO LÓPEZ OJEDA. El Palomar–Paradas, 1993

CATALOGACIÓN

Cf. Aarne-Thompson, nº 1617: The Unjust Deceived into Delivering Deposits.

ATU, 1617*.

Boggs, *1617.

Schwarzbaum (“International Folklore… in Petrus Alfonsis…” Sefarad, XXII (1), pp. 31–32.

Chevalier, nº 199 (C. Folklóricos), D6 (Cuentecillos).

Amores García, nº 154.

Beltrán (“Notes… Vall d’Albida i l’Alcoià”, p. 126a), nº 5: L’avi llest.

Cardigos, 1617.

Thompson: J1100, J1110, J1141.6, K333, K420, K421.1, K439, K1667.1, K1667.1.1, K1667.1.2, P360, Q272.

VERSIONES POPULARES ESPAÑOLAS.

Rodríguez Pastor (Extremeños y Andaluces, pp. 316-317): El Ciego y los Veinte Duros. Bastante deslavazado.

Rodríguez Pastor (C. E. de Costumbres, p. 244), nº 92: Los Ahorros del Ciego.

López Megías (Tratado, pp. 122-123), nº 51: El Tonto y el Duro.

Carreño (C. Murcianos, p. 165): El Niño de la Fragua.

En Carreño… [López Valero (C. Murcianos… Aplicaciones…, p. 82)].

Sanz (“Tesoros”, p. 170): El Gallego (v. de Segovia).

Espinosa (CPCL, II, p. 248), nº 354: El que todo lo quiere.

Díaz (C. en Castellano, pp. 74–75): El Sacristán y los Segadores. Es una versión algo diferente. El sacristán usa el truco para estafar a los segadores. Coloca un letrero en la imagen de Cristo donde se señala que ésta dará dos duros por uno. El sacristán, la primera vez, multiplica las ofrendas depositadas. Animados por la generosidad de la divina figura, los segadores depositan ante ella todo su caudal. Todo se perdió. Un segador sentencia: “El que todo lo quiere, todo lo pierde”.

Contos Lugo (p. 136), nº 144: Os Cartos Enterrados.

Noia Campos (Contos Galegos, pp. 267–268): O Cego e o Escriban.

Ferrer (R. de Menorca, II, pp. 46–48): Mestre Gelabert.

VERSIONES PORTUGUESAS

Braga (C. Português, pp. 239–240): O Cego e o Mealheiro.

Moutinho (C. P. Portugueses, p. 49): O Cego e o Mealheiro.

VERSIONES LITERARIAS

Lo recoge Ramón Llull en el libro Félix o de las Maravillas (lib. VI, cap. XXXIV. De la cuestión que hubo entre el hierro y la plata; en Obras…, p. 710). Menéndez Pelayo (Orígenes…, I, pp.135–136), que descubre la presencia del cuentecillo en el mencionado Libre de Maravelles o Libre apellat Felix de les maravelles del mon (1286), nos lo propone como ejemplo de apólogo oriental.

Timoneda (Sobremesa y Alivio, I, 73; pp. 247–248). Esta es versión igual a la nuestra. El ciego pide consejo al labrador sobre dónde escondería más dinero que tiene. El labrador burlado finalmente exclama: “Nunca más perro al molino: de aquésta quedo escarmentado”. Esta es frase proverbial que aparece en Correas, pero se refiere al perro que es apaleado por ir al molino. Como refrán, la frase aparece también, por ejemplo, en Blasco de Garay (Cartas en Refranes, p. 157, cf. Segura): “Ya me vi en los cuernos del toro, nunca más perro al molino”. Menéndez Pelayo (Orígenes…, III, IX; p. 71) dice, referente a esta versión de Timoneda, que no fue tomada de la novela 198 de Franco Sacchetti, «pero sí de la 43 de Girolamo Morlini “De caeco qui amissos aureos suos astu recuperavir”».

Arguijo (Cuentos, 563; pp. 223–224). Bastante oscuro. El ciego oculta su dinero en el Coliseo de Roma.

Salazar (“Clavellinas”, [56] 41).

Gracián (Arte de Ingenio…, XXXI; p. 306): “Estremado [discurso] fue (..) el del otro ciego, que recuperó el tesoro escondido aconsejándose con el que lo hurtó”.

Asensio (Floresta, III, IV, VI, III; pp. 141–142). El que recupera el dinero no se burla del otro. Aprende por experiencia: “Pues lo restauraste, guárdalo”.

Boira (III, pp. 250–251): El Dinero del Ciego.

Castelar (Nueva Floresta, pp. 55–58): Astucia de un Ciego.

Campillo (Una Docena de Cuentos, pp. 141–144): La Hucha del Ciego. Muy recreado. Los personajes están personalizados y los detalles descriptivos son tan abundantes, que la obra parece mencionar un hecho histórico.

Chevalier reproduce, además, la versión de Ambrosio de Salazar (Las Clavellinas de Recreación) y menciona otras: Feijoo, I, pp. 235–236, Rael (versión de Colorado y Nuevo Méjico) y el estudio de Fernando de la Granja (“Nunca más Perro al Molino”, AlAndalus, XXXIX, pp. 431–432).

Schlesinger (La Zarza Ardiente, pp. 79–80): El Tesoro Enterrado.

Dentro del ciclo de Salomón. Este sabio monarca es el personaje que aconseja al hombre a quien se le hurta el dinero.

Boccaccio (Decamerón, VIII, 10). En el encabezamiento sinóptico, leemos: “Una siciliana quita arteramente a un mercader lo que éste ha llevado a Palermo; el cual, fingiendo haber vuelto con mucha más mercadería que la primera vez, tomando de ella dineros prestados, le deja agua y borra”.

El Promotor (director Amancio Arnaiz, calendario nov.–dic.), 2000: La Astucia de un Ciego.

REFRANES

Correas recoge la sentencia que suele dar fin al cuento: “Quien todo lo quiere todo lo pierde”, y agrega una segunda parte: “y no es conocido hasta que es perdido” (Vocabulario…, p. 429b).

Sin la segunda parte, aparece en el Entremés de Refranes, impreso en Madrid en 1874 por D. Adolfo de Castro, habiendo sido incluido en Varias Obras Inéditas de Cervantes, según Cotarelo y Mori (Colección…, pp. 176b–179b).

Blasco de Garay (Cartas en Refranes, p. 154, cf. Segura): “…porque soléis decir que quien dineros tiene, alcanza lo que quiere, sin mirar que el que todo lo quiere, todo lo pierde, y la codicia rompe el saco”.

Gracián (El Criticón, III, VI, p. 674): “Quien todo lo quiere todo lo pierde”. Prefiere modificarlo por “Señor, si todo lo puedo, todo lo quiero”.

Paramiología…: Quien todo lo quiere todo lo pierde.

Bergua (Refranero): Quien todo lo quiere, todo lo pierde, y no es conocido hasta que es perdido.

Junceda (Diccionario): Quien todo lo quiere todo lo pierde.

Don Pampa Viejo (Fogón de las Tradiciones, II, p. 189) “El que todo lo quiere, todo lo pierde”.

[EL ÁGUILA, LA ZORRA Y EL ALCARAVÁN]

Eso era una vez un águila, que tenía un nido en un árbol muy alto. Y entonces, en aquel árbol tenía unos hijitos el águila. Y la zorra quería comérselos, y todos los días llegaba y le daba miedo para que le echara un hijito.

Entonces le decía:

– Compadre águila, écheme un hijito, si no, ¡cortacha, cortacha!

Y el águila la pobre, asustada, ¡pum!: le echaba un hijito y la zorra se lo comía y se iba. Pero al otro día llegaba:

– Compadre águila, écheme un hijito, si no, ¡cortacha, cortacha! –que le cortaba el árbol.

Entonces la pobre, ya, pues estaba un día llorando, y llegó el alcaraván y le dijo:

– ¿Qué te pasa, compadre águila?

Dice:

– Pues mira, que todos los día llega la zorra y tengo que echarle un hijito. Me dice: “Me echas un hijito, si no, ¡cortacha, cortacha!”.

Y dice:

– Pues cuando te diga, le dices:

“El hacha de rimponcina
no corta la encina.
El hacha de acero
es la que corta el madero”.

Entonces, cuando vino al otro día y le dijo que le echara un hijito, le dice:

– El hacha de rimponcina,
no corta la encina.
El hacha de acero
es la que corta el madero.

Entonces le dijo:

– ¡Ay! ¡Ese coco no ha salido de esa cabeza! Eso es del compadre alcaraván; pero no tenga cuidado, que esta noche, cuando vaya a beber a la fuente, me lo como yo.

Entonces cogió la zorra, se fue a una fuente a donde los alcaravanes beben de noche (que dicen que beben de noche). Se fue, y se puso así escondido. Y cuando el alcaraván se puso a beber, le echó mano la zorra. Y se lo estaba tragando entero, dice:

– ¡Ay, compadre zorra!, dame una voz grande, que se entere mi amigo, di: “¡Alcaraván comí!”.

Y entonces dijo la zorra:

– ¡Alcaraván comí!

Dice:

– Más grandecito, más grandecito.

Y dijo:

– ¡¡Alcaraván comí!!

Y el alcaraván se fue volando, le dijo:

– ¡Otro, pícaro, que no a mí!

AMPARO LÓPEZ OJEDA. El Palomar–Paradas, 1993

CATALOGACIÓN Y ESTUDIOS

Aarne–Thompson, nº 56A: The Fox Threatens to Push Down the Tree. ATU, 56A.

Boggs, 57*A.

Robe, 56A.

Camarena–Chevalier, 56A: El zorro amenaza con abatir el árbol.

Camarena (Repertorio… Cantabria), 56A.

González Sanz (Catálogo… Aragoneses), 56A: El zorro amenaza con abatir el árbol. La rabosa y el alcaraván.

González Sanz (“Revisión del Catálogo…”).

González Sanz (El cuento folklórico en Aragón).

Chevalier (“Veinticinco Cuentos…”, pp. 111–113), núms. 1–2.

Amores García, nº 5.

Cardigos, 56A.

Nascimento, 56A.

Thompson: J1117, K500, K550, K561, K1700, R219.

VERSIONES POPULARES ESPAÑOLAS

Rodríguez Almodóvar (C. al Amor…, II, pp. 485–487), nº 110: La Urraca, la Zorra y el Alcaraván.

Del Río (C. Cádiz, pp. 65-67), nº 17: Cencerrón.

Rodríguez Pastor (C. extremeños de animales, pp. 132–135), núms. 27-28: La Picaciña, la Zorra y el Alcaraván; El alcaraván.

Curiel Merchán (Extremeños, pp. 115–116, 251–252; CSIC, pp.46–47, 154–155), n.º 18: La Zorra, la Cigüeña y el Alcaraván y 61: El lobo, la Zorra y la Paloma.

Carreño (C. Murcianos, pp. 315–316): El Águila y la Zorra.

En Carreño… [López Valero (C. Murcianos… Aplicaciones…, p. 170).

Camarena (C… Real, pp. 14–15), nº 9: La Mirla, la Zorra y el Alcotán.

Rabal–Sánchez (“El zorro… Cartagena”, pp. 114a–115b).

Cortés Ibáñez (C… Albacete, pp. 25-–27), nº 2: La Paloma y los Palominos.

Hernández Fernández (“Lit… animales (I)”, pp. 165a–166a), nº 8: La Zorra la Paloma y el Mochuelo.

Hernández Fernández (C. P. Albacete, pp. 44–47), nº 9: El Lobo y la Paloma, nº 10: La Zorra, el Águila y el Mochuelo, nº 11: El Lobo y el Pájaro Celindrán.

Hernández Fernández (“C. P. … pedanía murciana de Javalí Nuevo”, pp. 8a–9b): La Zorra, la pPaloma y el Cuervo.

Fraile (C. … Madrileña, pp. 199–206): La Zorra, la Urraca y el Alcotán (tres versiones).

Espinosa (CPCL, I, pp. 44–50), nº 16: La Picaciña y los Picaciños, nº 17: La Cigüeña y los Cigüeñitos, nº 18: La Mariquita y sus Polluelos, nº 19: Juan Pin, Alcaraván comí.

Espinosa (C.P.C., “Col. Austral”, pp. 163–165), nº 62: La Picaciña y los Picaciños.

Espinosa (C.P.E., I, pp. 600–602), nº 258: La Pega y sus Peguitos, nº 259: La Zorra y el Alcaraván (versiones de Zamora y Ávila).

Espinosa (C.P.E., “Col. Austral”, pp. 189–190; nº 55): La Pega y sus Peguitos.

Díaz–Chevalier (Castellanos, pp. 26–27), nº 5: Rabo corta mucho (incompleto).

Díaz (C. en Castellano, pp. 105–106): Alcaraván comí.

Díaz (Romances, p. 80): La Raposa y el Gavilán.

Fundación Centro Etnográfico (K5.17), versión vallisoletana.

Rubio Marcos (C. Burgaleses, pp. 86–91), nº 4: La Paloma, la Zorra y el Cárabo, nº 5: El Alcaraván, la Verducilla y el Raposo, nº 6: El Alcaraván, la Verducilla y el Raposo.

Revista de Folklore, 1 (1981), p. 32b–33b: El Cuento del Aguililla.

Los cuentos del abuelo (pp. 73–76): La Picaciña.

Cf. Fonteboa (Literatura de Tradición Oral en el Bierzo, pp. 92–93), nº 7: A Raposa io Gal.

Cortés Vázquez (C.P. Salmantinos, II, pp. 170–171, 179–181), nº 139: Gavilán comí, nº 148: La Aguilita, la Zorra y el Gavilán [(C. Ribera del Duero, p. 148), nº 50: Gavilán comí].

Puerto (“Romances y Cuentos Albercanos”, pp. 174b–175b): La Aguilita y la Zorra (igualmente en los C… de la Sierra de Francia, p. 30, nº 4).

Martín Criado (“Diez…”, pp. 92–94), nº 2: La palomita, nº 3: Alcaraván comí.

Asensio (C. Riojanos…, pp. 37–40, 41–42): La zorra amenaza con abatir el árbol y La zorra amenaza con abatir el árbol Las bodas del cielo.

Cano (Folklor Somedán, pp. 43b–45b), nº 1: La páxara, la raposa ya’l gavilán, ya las bodas la cielu (seguido del Tipo 225).

Suárez López (C. Asturias, pp. 40–42), núms. 3.3–3.4: El Cazador Charlatán Corta, Rabo, Corta.

Camarena (Seis Cuentos… Cantabria, pp. 21–23): El Cárabo, la Raposa y la Paloma.

Otero Pedrayo (Historia de Galicia, I, pp. 714–715): O raposo, a Melra e a Pega.

Noia Campos (Contos Galegos…, pp. 60–61, 56): A Zorra e o Galo y A Zorra e o Galo.

Contos Lugo (pp. 24–26), nº 14: A Pega e o Raposo, nº 16: A Raposo e o Polo.

Harguindey (C. P. Galegos, pp. 13–14): A Raposa e o Galo.

Nieves (“Alzira…”, pp. 175b–176b), nº 25: La Golondrina y la Zorra.

Qintana (Lo Molinar… Mequinensa, pp. 172–173), nº 66: La Picarassa.

Espinosa (padre) establece en su estudio (CPE, III, pp. 400–410) varios tipos; el más perfecto es el II, que posee los siguientes elementos: A. Ave debe entregar crías al lobo.

B. Consejo del alcaraván.

C. El lobo se irrita contra el alcaraván.

D. Captura del ave consejera por parte del lobo.

F. “El ave se escapa por engaño”.

Según el estudio, existe una fusión, para este tipo, entre una corriente oriental llegada con el Calila e Dimna y el fondo existente en Europa.

VERSIONES HISPANOAMERICANAS Y PORTUGUESAS

Alvar (Antología, III, pp. 30–31), nº 131: La Paloma y sus Pichones (de Nuevo Méjico).

Don Pampa Viejo (Fogón de las tradiciones, I, pp. 178–179): Las Ganancias del Mentiroso.

Vasconcellos (Contos, I, p. 20), nº 13: [O Pássaro Chica–Amorica].

Pedroso (“C. P. Portuguezes”, pp. 129–130), nº 9: O Mocho e o Lobo.

Moutinho (C. P. Portugueses, pp. 68–69): O Pássaro Chicaamorica.

VERSIÓN NO HISPANA

Ibn Azzuz Haquin (Marroquíes, pp. 33–34), nº 8: El Lobo, la Cogujada y la Cigüeña.

VERSIONES LITERARIAS

Calila e Dimna, XVIII (De la Gulpexa et de la Paloma et del Alcaraván). Este cuento da fin al libro. La zorra engaña al alcaraván para comerlo finalmente. Este episodio final del Calila es el origen del refrán recordado muchas veces. Juan Manuel Cacho Blecua y María José Lacarra (en nota a pie de página 354 de su edición) recuerdan el proverbio de los Castigos en Santillana: Alcaraván fadiduro que a todos da consejo e a sí non ninguno.

Castigos é Documentos del Rey Don Sancho (en Pascual de Gayangos, Escritores en Prosa Anteriores…, cap. XVIII, p. 78): De la golpeja é de la paloma é del alcaravan, é es capitulo del que da consejo á otri, é non lo tiene para sí.

Fernán Caballero (El refranero…, en O.C., XV, apólogo, VI, pp. 461–463): Alcaraván zancudo.

REFRANES

Castigos e Documentos del Rey Don Sancho (cap. XVI, p.123b): “El alcaravan fa de duro, que á todos da consejo é á sí non ninguno”.

Alcarauan de duro / da a todos consejo y a sy ninguno. (Iñigo de Mendoza) Correas (Vocabulario…, p. 27b) recoge algunas versiones del refrán: – El Alcaraván ha de duro, a todos dar consejo y a sí ninguno.

– Alcaraván zancudo, para otros consejo y para sí ninguno.

– Bajo el refrán: Alcaraván zancudo, da consejo y para sí ninguno, refiere el cuento del Calila e Dimna.

– Y, finalmente (p. 205b): Es como alcaraván sesudo que para otros tiene consejo y para sí ninguno.

Hernán Núñez (Refranes o Proverbios, nº 396), bajo el refrán: Alcaraván zancudo; para otros consejo; para sí, no ninguno.

Sebastián de Covarrubias (Tesoro de la Lengua, p. 749a), recoge el proverbio: Alcaraván çancudo, da a los otros consejos, sin tomar para sí, ninguno, pero ignora el apólogo que ilustra la sentencia o prefiere dar una explicación más naturalista, ya que agrega: “porque en viendo al caçador o al gavilán, o a otra ave de rapiña, da muchas vozes o gritos, con que las demás aves toman aviso y procuran escaparse, y él sólo queda por presa y le caçan”.

Gracián (El Criticón, parte II, crisi IV, p. 360): “Este es de aquellos que saben para todos y no para sí, pues siempre andan arrastrados”.

Orbanejo y Majada (El Saber del Pueblo…, p. 32), como refrán: Alcaraván zancudo: para otros, consejo; para ti ninguno.

Sacristán (Doctrinal de Juan del Pueblo, I, p. 296): Si de esta escapo y no muero, no más bodas al cielo.

Proverbios castellanos y latinos (M. S. de la Academia de la Historia, Varios de Literatura, signat. E 57, en Sbarbi, Monografía, p. 281): Anton zancudo, para todos consejo, para sí ninguno.

Rodríguez Marín (Mil Trescientas Comparaciones, p. 80): Más sancúo que un arcarabán. Refrán: Alcaraván zancudo, para otros consejo y para ti ninguno.

Ídem, (Más de 21.000, pp. 19b, 144b): – Alcaraván comí. – A otro, que no a mí.

– El alcaraván fa de duro, que a todos da consejo e a sí ninguno.

– El alcaraván, lerdo para sí mismo y sabio para los demás.

Paramiología…: – Alcaraván zancudo, para otros consejo, para ti ninguno (p.10).

– El alcaraván ha de duro, que á todos dá consejo y á si ninguno (p. 173).

Martínez Kleiser (Refranero General Ideológico Español) extrae los siguientes refranes: – 12.807: El Alcaraván ha de dar a todos consejos, e a sí non ninguno [tomado de los Refranes que dicen las Viejas tras el Fuego (1499) del Marqués de Santillana].

– 12.808: El alcaraván de duro a todos da consejo; a sí ninguno [del Libro de Refranes (1549) de Pedro Vallés, de Hernán Núñez y de Correas].

– 12.809: Es como alcaraván sesudo, que para los otros tiene consejo y para sí ninguno [de Correas].

– 12.810: El alcaraván, lerdo para sí mismo y sabio para los demás [de Rodríguez Marín, sin especificar].

Bergua (Refranero): Si de ésta escapo y no muero, nunca más bodas al cielo (con cuentecillo).

Junceda (Diccionario…): – Alcaraván zancudo: para otro consejo; para sí, ninguno.

– Consejo vendo, y para mí no tengo.

[CULANTRÍN]

Iba a la iglesia todos los días:

– Ay, padre mío, que yo quería un hijo, aunque fuera un culantro. Ay, padre mío, que yo quería un hijo, aunque fuera un culantro.

Y dice que un día se le acercó por detrás y le dijo:

– Vaya usted a su casa, que ya tiene usted allí su hijo.

Cuando llegó a su casa, se encontró al hijo, y le dijo, dice:

– ¡Huy! Yo quería un hijo, pero no que fuera un culantro, pero ¡bueno está!

– Cuando me lleve usted al campo, le obedeceré.

Se quedó con él. Dice:

– Hijo, si fueras más grandecito, te llevaba, ibas al campo a llevar el pan a tu padre.

Y estaba el padre en el campo; pues le llevó pan al campo.

– ¿Dónde vas?

Dice:

–Pues dame usted una aguja de tejer.

Y se metió el hijo, cargó una carga de pan y se metió en la oreja de la burra. Cuando iba por el camino, dice que se encontró unos pocos que iban desmayados.

– ¡Ay, huy! ¡Qué carga de pan viene aquí! ¡Qué pechada me voy a pegar tan grande! ¡Huy, esa, ese pan me voy a comer yo!

Cuando dice que se acercó, otro se acercó…, ¡uf!, le pegó uno de ésos, le tiró así: “¡Pum!”, y le hizo un rajón.

– ¡Ay, ay, ay! –salió corriendo y se fue.

Y dice:

– ¡Tú, tú eres cobarde! Tú es que nunca terminas.

¡Llama otro! Y va el otro, dice:

– ¡Ahora voy a ir yo! –y va el otro.

Y cuando llegó, le hizo lo mismo. Cuanto llegó –iba el muchacho cantando en lo alto de la burra, y dice que le pegó otro rejón–, le dijo:

– ¡Bueno! ¿Será posible que vamos cinco, somos seis, todos cobardes? ¡Ahora voy a ir yo!

Y fue él, el otro, el que quedaba, y le hizo lo mismo: cuanto llegó al pan, cuanto llegó al pan de la burra… ¡pum!, le dio un rajón; le rajó el brazo, y se fue el pobre cantando.

– ¡Popá, popá, popá! –cuando llegó a él–. ¡Pópá, popá, popá…!

– ¿Dónde estás, hijo, dónde estás?

Dice:

– ¡Aquí mismo, en la oreja de la burra! –dice.

Se bajó y le dio el pan el pobre, y dijo:

– ¡Digo! Si tú fueras más grandecito, iba yo todas las noches al pueblo a afeitarme.

Dice:

– ¡Pues váyase usted!

– ¡Pero no vayas a entrar en una col, te vaya a encontrar el Tinto y te vaya a comer! Entonces se fue el hijo, y se coló el buey Tinto, se coló y se comió eso. Cuando el padre llegó por la mañana…

– ¡Popá, mate usted al buey Tinto,
ya le daré para veinticinco!
¡Popá, mate usted al buey Tinto,
yo le daré para veinticinco!

Y entonces fue, y el padre llevó el buey al matadero, y lo mató; pero tan mala suerte tuvo, que, con las tripas, llegó una zorra, fue y se las comió, se comió la comida.

Y un día dice que iba la zorra, iba la zorra…

– ¡La zorra, la zorra, la zorra!

Decía:

– Yo no sé lo que tengo que tanto… No voy a comerme nunca nada, y me estoy muriendo de hambre, no.

Dice:

– ¡Pues tú sabes lo que vas a hacer! Pues te vas a subir en un cerro muy alto, muy alto, y vas a dar un peo muy gordo. Y cuando des el peo ese tan gordo…

Y dio el peo gordo. ¿Y dónde vino a caer? En una cuadrilla de ladrones. Pues dice que se liaron allí:

– ¡Toma tú, toma tú, toma tú!

– ¿¡Y para mí!?

– ¡Toma tú, toma tú, toma tú…!

– ¿¡Y para mí!?

Y cuando dice otra vez…:

– ¡Toma tú, toma tú, toma tú!

– ¿¡Y para mí!?

Y salieron los ladrones corriendo. Se fueron y dejaron el dinero allí. Como era él tan chico, pues fue, cogió un costal de dinero y lo llevó a su casa. Y cargó en una bestia que tenían ellos allí. Cargó el dinero, se lo llevó a su casa. Cuando llegó a su casa, tuvo tan mala suerte que le dijo el padre: – ¿Dónde vas, hijo, con tanto dinero? Dice: – Sí, que me lo he encontrado ahí.

Y entonces dice que fue, y le dijo al padre, dice:

– Popá, ¿no decía a usted que matara usted al buey Tinto y yo le daría para veinticinco? Pues mira usted, ya tiene usted aquí el dinero.

Le dio el dinero, y se acabó el cuento con pan y pimiento. Se agarró la zapa al culo que esté sentado. Y se levantó, se achicharró. ¡Ea!, ya se acabó.

LEOCADIA CABALLERO ROBLES Arahal, 1991 –

CATALOGACIÓN

Tubach (Index…), 572: Victims in Belly.

Astrid Lunding, 83, Tomthumb.

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Hansen, 700.

Robe, 700.

Camarena (Repertorio… Cantabria), 700.

González Sanz (Catálogo… Aragoneses), 700: Garbancito.

González Sanz (Revisión del Catálogo…).

Beltrán (“Notes…Vall d’Albida i l’Alcoià”, p. 128c), nº 18: Cigronet.

Beltrán–Rico (“Notas…, VI. Cuentos de la Serranía”, p. 152), nº 7: Garbancito.

Pujol, 700: En Patufet.

Espinosa, III, pp. 110–116.

Camarena-Chevalier, 700.

Cardigos, 700.

Nascimento, 700.

Thompson: F535.1, F535.1.1, F535.1.1.1, F535.1.1.7, F535.1.1.11.1, F911.3, F911.3.1, F915, J706, L101, L112, L112.2, N300, P230, T548.1, T553, X1723.1.

VERSIONES POPULARES ESPAÑOLAS

Rodríguez Almodóvar (C. al Amor, II, pp. 327–330), nº 61: Garbancito.

Flores Moreno (C. P. Fuentes de Andalucía, pp. 147–149), nº 37: Garbancito.

Rasmussen (C. P. Andaluces, pp. 105–111), nº 18: Juan Cominico, nº 19: Garbancito.

Ruiz Fernández (Campo de Gibraltar, pp. 178b–179b), nº 35: Garbancito.

Espejo-González (C. Linares, pp. 7–8): Cabecica de Ajo.

Garrosa (“Un sondeo… Cáceres)”, pp. 8b–9a): El Buey Pinto.

Rodríguez Pastor (Extremeños y Andaluces, pp. 260–262): Garbancito. Asegura (en el prólogo, pp. 41-42) que ha recogido otras dieciséis versiones más, que no incluye.

Rodríguez Pastor (C. E. Maravillosos, pp. 262–264), nº 25: El Buey Pinto (C. E. de Costumbres, pp. 231–232, nº 85).

Curiel Merchán (Extremeños, pp. 375–377, nº 98; CSIC, pp.252–254): Cominito.

Marcos Sande (“Extremeños”, RDTP, III, pp. 92–93): Benininu.

Montero (“Arte Verbal… Badajoz”, 113, p. 160): Garbancito.

[El C. P. Extremeño…, pp. 123–127), nº 30: Garbancito].

Camarena (C. Real, pp. 314–315), nº 125: El Puñao de Cilantros.

Morote (Cultura Tradicional de Jumilla, pp. 144–145): Garbancito.

Cortés Ibáñez (Albacete, pp. 87–90), nº 12: Como una Cabeza de Ajos.

Hernández Fernández (C. P. Albacete, pp. 121–123), nº 52: El Niño Diminuto.

Hernández Fernández (“C. P. pedanía murciana de Javalí Nuevo”, pp. 15a–16a): Garbancito. [Revista de Folklore, 295 (2005), nº 7; p. 34b: Garbancito] Carreño (C. Murcianos, pp. 151-152): Garbancito.

En Carreño. [López Valero (C. Murcianos… Aplicaciones…, p. 74).

Sánchez Ferra (“Camándula (El C. P. en Torre Pacheco)”, pp.

83–84), nº 56: Garbancito.

Asensio (C. Riojanos, pp. 112–114): Garbancito (Pulgarcito).

Fraile (C. Madrileña, pp. 276–278): Cabecita de Ajo (dos versiones).

Sánchez Pérez, nº 57: Periquillo Cañamón.

Agúndez (C. Valladolid, nº 7): Comino.

Espinosa (CPCL, I, pp. 300–306), nº 133: El Piejillo y el Mono de Pez, nº 134: Cabeza de Ajo, nº 135: El Comino, nº 136: Almendrita.

Cortés Vázquez (C. P. Salmantinos, II, pp. 9–10), nº 102: Pulgarcito.

Puerto (C. Sierra de Francia, pp. 42–43): Garbancito.

Díaz-Chevalier (C. Castellano), nº 16: Cabecita de Ajo.

Díaz (Cuentos Tradicionales en Valladolid, pp. 21a–23a): Cabecita de Ajo.

Revista de Folklore, 55 (1985), pp. 35b–36b: Cabecilla de Ajos.

Blanco (Palabras Peñafiel, pp. 21–23): Cabecita de Ajo.

Camarena (León, I, pp. 275–276), nº 118: Antoñolín; nº 119: Como un Ajo.

Quintana (Lo Molinar… Mequinensa, pp. 118–120), nº 32: Los xiquets que eren com una cabeceta d’alls, nº 33: Lo Qüento del Garbancet.

Alcover (Aplec… Mallorquines, XV, p. 66; XXIII, pp. 115–120): En Trompetet y Es ciurons que tornaren minyons.

Amades (Folklore de Catalunya…, pp. 192–195, 318b–320b, 449b–452b, 644a–646a, 743a–745a), nº, 54: En Cigronet, nº 92: En Patufet, nº 135: El marit i la muller que van tenir un fill com gra de mill, nº 190: En Peret Monget, nº 232: El Senabret.

Maspons y Labrós (Lo Rondallayre, pp. 88–89): En Pere Patufet.

Fábregas (La Cultura… Lloret, p. 90) recuerda algunas frases alusivas al cuento: “– Pere Millet, on est? / – Sóc a la panxa, a la panxa del bou,/on no s’hi neva ni s’hi plou”.

Vinson (L. País Vasco, pp. 83–84): Pulgarcito y Mundu–milla-pes.

Espinosa (CPE, I, pp. 398–403), nº 158: Periquillo (cordobesa), nº 159: María como Ajo (santanderina). De su estudio, podemos extraer los elementos que nos interesan:

A. “Un matrimonio sin hijos desea un niño, por pequeño que sea”.

B. “El héroe ayuda al padre arreando los bueyes para arar, llevándole la comida, etc., y va sentado en la oreja del burro o caballo”.

F2.“Él mismo roba a los ladrones”.

G. “Una vaca se lo traga. Matan a la vaca y se salva”.

H. “Una loba u otro animal se lo traga. Matan al lobo y se le salva”.

Con los anteriores elementos, pertenece al grupo I de los que él establece. El mismo estudioso señala que las primeras manifestaciones literarias europeas pertenecen a Inglaterra, en el siglo XVI. También menciona la conocida obra de Henry Fielding, Tom Thumb (1730) (con la que parodiaba el viejo drama heroico). Sobre Francia, dice que se alude al cuento ya en 1661 y 1662.

No está de acuerdo con la teoría de Gastón París que, dice, lo explica por las analogías que encuentra con la forma de la Osa Mayor que “va arriba de otra más grande y (…) esta estrella pequeña se llama en la tradición popular de Francia le Petit Poucet (…) Como el hombrecillo arreando, así va le pequeña estrella por encima de la mayor”. Y agrega: “Igualmente dudoso me parece el supuesto origen de nuestro cuento en el mito de Hermes, hijo de Júpiter, que de recién nacido le roba vacas a Apolo (…). Véase Bolte Polivka I, 396”.

VERSIONES HISPANOAMERICANA Y PORTUGUESAS

Chertudi (C. F. Argentina, pp. 139–144), nº 58: Peretilla, 59: Cuento de la Vieja.

Pires (C. P. Alentejanos, pp. 62–63), nº 20: Obaguinho de Milho.

Vasconcellos (Contos, I, pp. 654–655), nº 328: O Grão de Milho.

Coelho (C. Portugueses, pp. 171–173, 181–182), nº 30: João Mandrião, nº 33: História do Grão–de–milho.

Braga (C. Português, I, pp. 235–236): Manuel Feijão.

VERSIONES NO HISPÁNICAS

Scudder (Fables…, pp. 68–78): Tom Thumb.

Italo Calvino (Italianos), nº 91: Garbancito y el Buey.

Grimm (C. C., pp. 138–143 y 394–397): Pulgarcito y Las Correrías de Pulgarcito.

Cf. Gil Grimau (Que por la rosa…, p. 103), nº 16: El Garbanzo.

Cf. Cuentos Populares Búlgaros (pp. 65–69): Meñiquito.

Tolstoi (Cuentos, “Púrpura”, pp. 183–184: Lipunuschka). Utiliza parcialmente este cuento. Aprovecha la figura del niño diminuto que va al campo y comienza a labrar mientras descansa el padre; pero desde aquí sigue un desarrollo distinto; alguien quiere comprar al niño y éste pide al padre que acepte, que se escapará y volverá. En efecto, cuando el comprador llega a casa y desenvuelve el pañuelo donde había guardado al diminuto niño, se encuentra con que allí no está.

SERES DIMINUTOS

Torquemada (Jardín de Flores Curiosas, pp. 113 y ss.) reproduce el dicho de Alberto Magno, el cual dice que un médico

por cosa cierta le contó, que siendo llamado en una ciudad de Alemaña para la cura de una señora, vio que pariera de un parto ciento y cincuenta hijos, envueltos todos en una red, los cuales eran tan grandes como el dedo pequeño de la mano, y que todos salieron vivos y figurados. Bien puedo creer que estas son cosas difíciles de creer a los que no las hubieren visto, pero hácelas posibles ser cosa muy notoria y averiguada.

Seguidamente, refiere el caso más sorprendente aún de la Princesa Margarita, en Irlanda, que dio a luz, en un parto, trescientos sesenta y tres hijos del tamaño de pequeños ratones. Asegura que fueron bautizados por el propio obispo y haberlos tenido el mismísimo rey Carlos V de España. Este mismo hecho asombroso pasó al romancero (DURÁN, Romancero General…, nº 1346: Caso raro y milagroso de una mujer que parió trescientos setenta hijos de un parto [anónimo del siglo XVI]) y, según Chevalier (Cuentos Folklóricos, nº 44), a la pluma de Lope de Vega, Timoneda o Pineda [BAE, 162, p. 76b]).

La existencia de seres diminutos es corriente en la concepción clásica, recuérdese por ejemplo la idea de los pigmeos (véase la cita de S. Isidoro en nuestro cuento Con la Cabeza del Revés). También en China existe esta mentalidad. “Los pigmeos (…) Viven en casas de paja que parecen hormigueros. Cuando salen van en grupos de seis a diez, con las manos unidas en línea para la protección mutua contra los pájaros que pueden llevárselos…” (Werner, Ancient…, p. 371).

Aparte de la existencia de seres diminutos, debemos acercarnos a la posibilidad mítica de la transformación, y como parte de ella a la reducción de tamaño. Como ejemplo, recordemos que en la historia de Nala y Damayanti del Mahabharata (puede leerse un resumen del contenido en Ramón D. Perés, La Leyenda…, pp. 102–114), mientras Damayanti está padeciendo en la búsqueda del marido Nala, éste se enfrenta a la maldición que padece un naga, que le hace estar enrollado como un anillo. Liberado el naga, nos dice Perés que éste, para “facilitarle a su liberador el trabajo de transportarle, redújose él mismo al tamaño del dedo pulgar” (p. 106).

MOTIVOS QUE SE CITAN THOMPSON:

F535.1 Pulgarcito. Persona del tamaño del pulgar.

F535.1.1 Aventuras de Pulgarcito.

F535.1.1.1 Pulgarcito conduce el carro sentado en la oreja del caballo.

F535.1.1.7 Pulgarcito tragado por un animal.

F535.1.1.11.1 Pulgarcito roba entrando por el ojo de la cerradura.

F911.3 Animal traga al hombre (no fatalmente).

F911.3.1 Tragado por animales.

F915 La víctima habla desde el cuerpo del tragador.

J706 Adquisición de riqueza.

J1100 Inteligencia.

J1110 Persona lista. (Tatum) J1117 Animal embaucador.

J1141.6 Prestadas las pesas de dinero del ladrón. Un hombre entierra dinero y un ladrón lo roba El propietario da con el ladrón. Coge dinero para el ladrón y pide prestado el peso “para pesar el dinero para enterrarlo con el otro”… K333 Robo de persona ciega.

K420 Ladrón pierde todos sus bienes o es descubierto.

K421.1 Ladrón, esperando obtener un mayor botín, pierde el menor.

K439 El ladrón pierde todos sus bienes o es detectado.

K500 Escape de la muerte o del daño por engaño.

K550 Huida por falso pretexto. El cautivo hace un requerimiento o propone una acción que le permite escapar eventualmente. (Keller, Tatum).

K561 Trucos para huir del captor, haciéndole hablar.

K1700 Engaño al ogro (o gran animal) por baladronada.

K1667.1 Ciego consigue la restitución de su tesoro robado haciendo creer al ladrón que conseguirá uno mayor.

K1667.1.1 Recuperando el tesoro enterrado. El dinero enterrado es robado. El ciego propietario dice que va enterrar más. El ladrón devuelve el dinero esperando conseguir todo. El ciego recupera su tesoro.

K1667.1.2 Ciego pide al ladrón que invierta una mayor cantidad para él. El codicioso ladrón retorna el dinero robado esperando conseguir más. El ciego recupera el dinero.

L101 Héroe poco prometedor (Cenicienta masculino). Generalmente, aunque no siempre, el héroe poco prometedor es también el hijo más joven.

L112 Héroe (heroína) de apariencia poco prometedora.

L112.2 Héroe muy pequeño.

N300 Accidentes desafortunados.

P230 Padres e hijos. (Keller) P360 Amo y sirviente. (Keller) Q272 Avaricia castigada. (Keller) R219 Escapadas (varias).

T548.1 Niño nacido como respuesta a un ruego.

T553 Pulgarcito nacido como resultado de un deseo irrelexivo de los padres.

X1723.1 Persona tragada es descubierta viva en el estómago del animal.

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BIBLIOGRAFÍA

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