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El juego del Gua o de "Los Bolindres" en Plasencia

DELGADO GAMO, Severiano

Publicado en el año 1984 en la Revista de Folklore número 37.

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Adquiría en esta ciudad el juego del gua una característica especial por lo variado del sistema empleado en llegar a conseguir introducir el bolindre" (canica) en el gua, convirtiéndolo de este modo en un atractivo juego, superando la definición que del mismo observamos en el Diccionario de la Real Academia: "Juego infantil que consiste en lanzar canicas intentando meterlas en un hoyo hecho en el suelo".

Era principalmente un juego que no se practicaba en tiempos de invierno, ya que el suelo mojado era difícil de limpiar y la humedad impedía el deslizamiento normal y controlado de la bola. No obstante, a veces, era tal su aceptación que se jugaba incluso en este período de tiempo en el interior de las casas, sobre unas mantas para evitar el excesivo deslizamiento del bolindre y haciendo un vaso resistente u otro objeto similar las veces de gua. En estos casos, era de carácter familiar y jugado entre hermanos y carecía del rigor que le caracterizaba cuando se practicaba en la calle y con rivales que apostaban bienes materiales.

NORMAS DEL JUEGO.

Podían competir simultáneamente cuantos jugadores quisieran, siendo el número normal entre dos y cinco. El juego era de carácter individual. Cada jugador llevaba su cuenta independiente con cada uno de los demás y según el siguiente método.

Arrojados los "bolindres" por cada uno de los participantes a un punto prudencialmente distante y sin limitar, de los demás, comenzaban a tirar ya cada uno con su propio sistema, apoyando la mano en el suelo, sobre el punto que ocupaba la respectiva bola y tratando por turnos de una tirada, en caso de no acertar a ninguna bola rival.

Había que dar tres veces al "bolindre" de un mismo oponente, cada una de las cuales, recibía las siguientes denominaciones:

Primer golpe: "media".-En este caso el toque debía ser lo más despacio posible, con el fin de apenas distanciar las canicas.

Segundo golpe: "cuarta". -Aquí se debía golpear lo suficientemente fuerte como para sin alejarlos demasiado, el rival, es decir, el participante cuya canica era golpeada, con el pulgar y meñique extendidos en sentidos contrapuestos, no pudiese tocar ambas piezas. La separación conseguida, debía ser superior a una cuarta.

Tercer golpe: "pie".-La mayor distancia a que antes se había alejado el "bolindre" para lograr superar la medida de la cuarta, dificultaba este golpe, ya que, al mismo tiempo se trataba de golpear lo más fuerte posible para alejar al rival su bola de la zona de juego.

Cuarta tirada: "liqui" (liquidado).-Para lograr consumar el juego o golpes anteriores, había que hacer gua. Debido a esto, a los golpes se les imprimía el efecto oportuno con el fin de que la bola propia no se desplazase o alejase demasiado de la zona en que éste estaba ubicado.

El gua, aparte del mencionado carácter de reválida del juego, podía usarse (siempre que no se fallase) como paso entre los golpes antes descritos (Gráfico A), es decir, para acortar camino y evitar riesgos. También podía servir de seguro en el que se podía estar hasta que alguien, por golpeo con su propia bola, sacaba la que se encontraba en él alojada.

Se podían llevar cuentas simultáneas, por ejemplo, dar a un oponente "media", a otro que ya se le hubiera dado anteriormente ésta, "cuarta", etc., sin verse interrumpido el juego para el que tiraba, mientras que no fallase tiro alguno. Había que recordar al fallar (no dar a alguna canica o no hacer gua) la situación o estado de juego con cada uno de los rivales, para la siguiente tirada. Con esta forma de juego simultáneo, se podía acabar, de ser jugador hábil, con todos los oponentes al mismo tiempo, y valiendo en este caso (de llevar "pie" a todos) con una sola entrada al gua.

OBJETOS EN JUEGO

Los bienes materiales apostados eran casi siempre los mismos "bolindres", estableciéndose con un criterio exigente y compartido las igualdades de las calidades de los que se apostaban. Estos, eran de los siguientes materiales:

-de china, los más considerados;

-de barro de distintas calidades y acabados;

-de cristal, menos corrientes, pero no de más valía;

-de acero, que casi nunca se usaban para tirar con ellos.

El criterio era de pieza por pieza cuando era la misma calidad y tamaño, siendo más discutido en caso de tratar de establecer igualdades entre distintas calidades o tamaños: "dos chicos por uno grande". "Dos buenos de barro por uno chico de china". "Dos buenos de barro por uno bueno de cristal", etc.

Otros objetos apreciados y que podían formar parte de valor en juego eran los "chistes" o historietas gráficas, para los que se aplicaban criterios parecidos en base a que "existiesen" (publicaciones conocidas en la localidad) y su estado de conservación, o "no existiesen", en cuyo caso y por nuevos que estuvieran, eran de inferior valor y no siempre admitidos. Los "que ya no existían", es decir, publicaciones acabadas, tenían valor para los que en su colección tal vez estuviesen a falta de algún ejemplar, pero de todas maneras se cuidaba de no demostrar demasiado interés por ellos para que les resultase más favorable a la hora de establecer la consabida igualdad.

PARTICULARIDADES

Cada jugador tenía su propia forma de "tirar", cosa que no suscitaba polémica (Gráfico B), salvo en el caso de que la misma conllevase un avance abusivo (de común acuerdo entre los participantes, que podrían verse perjudicados) de las manos con respecto al lugar que ocupaba el "bolindre" y que debía servir de punto donde se ponía el dedo meñique de la mano izquierda (para los diestros). A tal hecho se le denominaba "tirar con manga" y no era admitido, salvo que los demás tuvieran el mismo modo de tirar, cosa infrecuente.

De destacar es la meticulosidad con que se llevaba el juego, sobre todo en lo concerniente a la limpieza del terreno donde estaba depositada la canica a la cual se iba a golpear. Si no estaba perfectamente limpio y el que iba a tirar lo consideraba así (era su criterio el único que valía), soplaba el suelo, levantando antes el "bolindre" para no desplazarlo y dejándolo luego en el exacto lugar que ocupaba, hasta no dejar polvo ni piedrecilla alguna suelta a su alrededor. Aunque podría ser exagerada esta operación, era admitida y comprensible, ya que habitualmente se tiraba con una precisión que cualquier objeto por pequeño que fuese, podría contribuir a hacer errar el golpe. Las piedras fijas en el suelo y demás desniveles o irregularidades naturales, no se podían eliminar. Tan sólo era susceptible de limpieza lo que podía ser barrido con un fuerte soplido.

Se podía tirar por lo demás, en la forma que se creyese oportuna, según las circunstancias y posición de la bola a golpear: "por alto" o "a rastrar".

Gozaba este juego de una gran aceptación popular y tal vez sea hasta ahora, de entre tantos y tantos que en toda España se han perdido, el que yo haya enseñado a gente menuda y han aceptado hasta el ensimismamiento, no obstante competir con las creaciones electrónicas que en materias de juego, invaden nuestras ciudades.