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AUGE Y DECADENCIA DE LOS GREMIOS ARTESANOS EN VALLADOLID

MIRAVALLES, Luis

Publicado en el año 2008 en la Revista de Folklore número 333.

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El Valladolid histórico está desapareciendo. Dentro de cinco o diez años nada habrá quedado. Ni tan siquiera los nombres de las calles más antiguas permanecen ya. Y entonces sólo habrá lamentos sin posible remedio.

Del siglo XV, encontramos este párrafo aún por desgracia vigente: “Los ingleses acuerdan antes de tiempo, estos son prudentes. Los franceses nunca acuerdan hasta que están en el fecho. Los castellanos nunca acuerdan hasta que la cosa es pasada”. Su autor, Díez de Gámez, conocía perfectamente nuestro carácter.

Lo que ayer eran GREMIOS, hoy son meros nombres de calles; pero algunos han sido sustituidos por otros más actuales, aunque de menor valor histórico: Olleros, alfareros, caldereros, curtidores, guadamacileros, herradores, hostieros, labradores, panaderos, plateros…, son los principales GREMIOS o corporaciones sociales de artesanos que formaron la primitiva industria de Valladolid.

ORIGEN Y DEFINICIÓN DE LOS GREMIOS

Los romanos ya tuvieron “Collegia”, que agrupan más bien a los artesanos de profesiones liberales y que sólo sobrevivieron en las zonas de Italia que se hallaban bajo el dominio bizantino. Los árabes, aunque trabajaron los metales, la cerámica y los cueros, sin embargo, no estuvieron organizados en corporaciones gremiales. La primera corporación de la península tal vez haya sido la de los “Ferrers” o HERREROS, citada en las constituciones catalanas en el año 1200.

En Valladolid existían, desde el año 1294, LOS GUADAMACILEROS, que trabajaban en aguadamacíes o cueros de cabritilla adobados y labrados a estilo Córdoba y Gandame en Tripole. Sin embargo, no formaron todavía gremio, ya que en nuestra ciudad no se constituyeron como tales hasta principios del siglo XVI, siendo el más conocido el de los PLATEROS establecidos en la calle de la “Platería” citada por Tomé Pinheiro da Vega en su “Fastiginia”.

ORDENANZAS DE LOS GREMIOS

Organizados los artesanos de un mismo oficio, solicitaban de cabildos y municipios la aprobación de sus reglamentos. Su principal misión era defender a sus asociados de la competencia de los forasteros, y al mismo tiempo defender a los consumidores urbanos, garantizándoles la calidad de sus artículos.

Así se reserva el mercado local para los artesanos asociados, se evita la competencia entre ellos mismos y además se reglamenta la técnica a emplear, horas de trabajo, número de operarios, salarios, etc. Todo ello vigilado por los “veedores”, que inspeccionaban talleres, y después de los exámenes, concedían licencias para establecerse a los nuevos maestros.

CATEGORÍAS: APRENDICES, OFICIALES Y MAESTROS

Tres categorías comprendía cada gremio: la de los aprendices o aspirantes, que después de justificar su limpieza de sangre y de prestar juramento, realizaban su aprendizaje en casa de un maestro de tres a seis años, durante los cuales el maestro tenía la oblicación de alimentarle, vestirle, enseñarle a leer y escribir, mostrarle la doctrina cristiana y al finalizar proporcionarle un cajón con las herramientas de su oficio.

Después de un examen el aprendiz ascendía a oficial, ya asalariado, en un taller. Para obtener el título de aptitud como maestro, debía dirigir una instancia al prohombre o presidente del Colegio Gremial y examinadores de su oficio, para verificar un ejercicio llamado “Pasantía” o “maestría”, que consistía generalmente en realizar un objeto de su arte. Después de aprobado satisfacía el equivalente a unas tres pesetas como derechos de examen y recibía un TÍTULO, sin cuyo requisito no podía ejercer ni establecerse.

Desde el punto de vista religioso, cada gremio adoptaba un Santo como Patrón, y tenía una bandera donde colocaba bien la insignia alegórica del oficio o la efigie del Santo titular. Los gremios no se limitaban a sus actividades laborales, sino que intervenían en las fiestas religiosas o cívicas que se celebraban en la ciudad, presentándose los agremiados precedidos del abanderado y de atabales y dulzainas, cuando no de juglares, y cerraban el cortejo carros de triunfo, que sostenían figuras inmóviles o animadas.

LOS GREMIOS DE VALLADOLID

Los HERRADORES (ahora Calle Alonso Pesquera) fue uno de los primeros gremios de la ciudad. A tenor de éste se fundaron después otros gremios como los de textiles (calle Mantería) y curtidores. Entre sus costumbres técnicas, el gremio de los Herradores usaba algunas marcas con las que los artesanos firmaban sus obras, semejantes a los signos empleados por los canteros en la época medieval: una llave, una tenaza, un martillo, etc. Su insignia en el asta de la bandera era el yunque con dos martillos cruzados.

Los ALFAREROS (hoy Calle Claudio Moyano) y los OLLEROS (hoy calle del Duque de la Victoria), fueron también primitiva industria, cuyo oficio consistía en la ejecución con los barros de OLLAS, cántaros, cazuelas, etc., y dado que al principio realizaron dichos objetos con malos materiales (cenizas y arenas), fue por lo que se formó el gremio, ordenando que en adelante un “veedor” nombrado por el Consejo Municipal vigilase la procedencia del barro, así como la apertura del horno al tercer día de cesar el fuego. “Ningún ollero saque barro, para ollas, sino del «barrero» o de la veta o vetas del barro aquel que el «veedor» que es puesto y señalado que dicho Consejo les mostrase y mandare, so pena de veinte maravedises por cada vez”.

Los CURTIDORES, situados en la zona de la parroquia de San Ildefonso, cerca del Pisuerga, tal vez hayan sido uno de los más florecientes, junto con los PLATEROS, en la época del renacimiento plateresco. Carlos V confirmó las ordenanzas para todo el gremio nacional de curtidores. En ellas se señala que deben guardar los curtidores de suela, cordobán y badana, y demás curtidos de este arte y la técnica, porque han de ejecutarse sus lavados bajo la vigilancia de los veedores y examinadores. La pena con que se castigaba si el curtido no estaba bien trabajado como mandaban las ordenanzas, era de unos treinta Herreros. Dibujo de una talla vikinga con Mime y Sigfrido ducados. Sólo los maestros podían poseer una TENERÍA y curtir pieles. La bandera del gremio llevaba en el asta un león de madera, delante de una cruz que representaba al que apareció, sirviendo de guía durante el combate que los curtidores valencianos, a fines del siglo XVI, llevaron a cabo contra los berberiscos… La artesanía de los PLATEROS se gobernaba por ordenaciones que se daban particularmente para entidades existentes en distintas provincias españolas. Sin embargo los fines eran los mismos: perfección de la artesanía y evitar falsedades y engaños: “nadie venda cosa de plata sin marca y señal, so pena de cinco mil maravedíes”. Cada platero debía tener señal propia y grabada en las piezas.

Nada queda sin duda de restos o señales de todos estos gremios en la ciudad, pero procuremos al menos conservar los nombres de los que todavían perduran en algunas calles. Para los nombres de los desaparecidos sólo el recuerdo de los mapas urbanos.

Chisperos (continuación de la calle Alegría), Caldereros (Montero Calvo), Ebanistería (hoy Cantarranillas), aquellos que están en inminente trance de sucumbir, bajo la garra implacable de las escavadoras: Lechera y Tahonas, en el barrio de San Nicolás.

DECADENCIA DE LOS GREMIOS

A fines del siglo XVIII aparecen nuevos conceptos económicos. Es significativa la fecha del primero de octubre de 1763, en la que el ayuntamiento de Valencia, con motivo de una injustificada reclamación de un gremio, elevó al monarca argumentos contra el intervencionismo gremial.

Las Cortes de Cádiz decretaron la Libertad de la Industria y la extinción de las entidades gremiales con carácter cerrado. En Castilla fue decretada su prohibición por orden de Jovellanos.

Durante el siglo XIX, los gremios se limitaron a celebrar las fiestas de sus santos patronos