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Lo popular como relicario de lo “culto”. A propósito de un ejemplo leonés en San Lorenzo relacionado con la catedral

MARTINEZ ANGEL, Lorenzo

Publicado en el año 2008 en la Revista de Folklore número 333.

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En no pocas ocasiones es posible apreciar en las construcciones populares tradicionales elementos reaprovechados. El presente artículo va a tratar, precisamente, de esto, pero con la salvedad de que podemos identificar el origen de los materiales reutilizados: la Catedral de León.

En la calle San Lorenzo de León existe una casa (fotografía nº.1) que ostenta en su fachada una inscripción en dos líneas: “AÑO / 1886”. La edificación en sí, remozada hace un tiempo, no desentona de otras que hay por la zona, si bien ya van quedando pocas de las antiguas.

Lo que hace verdaderamente destacable el edificio es el aprovechamiento en su fachada de algunas piedras (básicamente fragmentos de sillares) con marcas de cantero. Las hay de dos tipos: en forma de “N” y en forma de “A” mayúscula con la parte superior de la letra curva (si bien no siempre colocada en posición vertical).

Ante esto, pensé dos cosas: que probablemente procederían de alguna construcción románica (si bien las marcas de cantero no se limitaron a ese momento artístico) y que ésta se encontraría, posiblemente, en algún lugar cercano. Respecto a lo primero, y aunque el tema de las marcas de cantero no ha sido excesivamente estudiado en León, fue fácil hallar ejemplos similares, aunque no iguales, en algunas publicaciones donde es tratada esta cuestión (2).

En cuanto a lo segundo, inmediatamente pensé en la desaparecida iglesia de San Lorenzo, muy cercana a la casa.

Esta parroquia, de la que se han mencionado las fechas de 1163 (3) y 1175 (4) como las de los testimonios documentales más antiguos, pero que se puede rastrear todavía más atrás, concretamente en 1156 (5), conservó alguna parte románica hasta su derribo, hace unas décadas (6). Era, pues, una posibilidad a explorar.

Aunque la parroquia de San Lorenzo se encuentra hoy en un edificio de los años sesenta del siglo pasado, en un jardín que hay junto a la iglesia y el adyacente convento de carmelitas, se ven algunos restos pétreos, tristes recuerdos de la antigua edificación eclesial (7). En el verano de 2007, tras hablar con el religioso superior de la comunidad para pedirle permiso para entrar a inspeccionar los restos (permiso que me concedió muy amablemente, al igual que el de poder sacar fotografía y publicarlo, lo que agradezco desde aquí) busqué algún vestigio que pudiese ser románico, esperanzado de hallar alguno, y quizá con marca de cantero. Lo único románico que encontré, y que notifiqué al religioso citado para su conocimiento (además de sugerirle que se conservase en la parroquia, por su valor histórico) fue un resto con el típico ajedrezado románico (fotografía nº.2) de, aproximadamente, 14 cms. de alto, 24 de frente y 16 de profundidad. Probablemente formó parte del arco románico que perduró en la iglesia hasta su demolición.

Bien. Encontré un desconocido resto del siglo XII, quizá el único superviviente de la románica iglesia original de San Lorenzo, pero ello no servía para confirmar que las piezas con marcas de cantero de la casa citada procediesen del desaparecido templo.

Sin embargo, la cuestión no quedó allí, pues tuve que reconsiderar mi supuesto inicial: las marcas de cantero no procedían necesariamente de una edificación conocida por su cronología románica. En la parte exterior de la cabecera de la Catedral de León se encuentran, bien visibles a cualquiera que por allí pase, sillares con diversidad de marcas de cantero, entre las cuales se aprecian también, exactamente, las que se hallan en la fachada de la casa mencionada, situada, por cierto, muy cerca de allí. Considerando la fecha de la inscripción de la casa, es decir, un momento durante el que se realizaba la gran restauración de la segunda mitad del siglo XIX de la Catedral leonesa, no resulta difícil suponer en ese contexto el origen del material reaprovechado para la edificación doméstica. Una vez más nos encontramos ante lo popular como relicario de lo “culto”, y si entrecomillamos esta palabra ahora y en el título del presente trabajo no, es porque también lo popular es cultura, y, por tanto, merecedor del citado adjetivo con pleno derecho.

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NOTAS

(1) Autor del texto y de las fotografías.

(2) PUENTE LÓPEZ, Juan Luis y SUÁREZ DE PAZ, José María: “Marcas de cantero en la torre y panteón de abades del monasterio de San Miguel de Escalada”, Tierras de León, 51 (1983), pp. 71–86. GONZÁLEZ GARCÍA, José Manuel y MIRANDA PÉREZ SEOANE, Julia: El municipio de Vegacervera. Arqueología e Historia, León, 1993.

(3) ESTEPA DÍEZ, Carlos: Estructura social de la ciudad de León (Siglos XI-XIII), León, 1977, p. 131.

(4) GARCÍA ABAD, Albano: “El barrio y la iglesia de San Lorenzo de León (extramuros)”. Separata de Studium Legionense, 21 (1980), p. 14.

(5) FERNÁNDEZ CATÓN, José María: Colección documental del archivo de la Catedral de León (775–1239). V (1109–1187), León, 1990, doc. 1489, fechado el 27 de febrero de 1156: “Et iacet ipsa uinea in Monte Frigido, per hos terminos terminata. De Iª pars, uia que discurrit de Legione ad […] et ad montem. De IIª pars, uia que discurrit de Legione ad Pradalo. De IIIª pars, uinea Sancti Laurencii…”. Es fácil identificar esta referencia con una propiedad de la iglesia de San Lorenzo.

(6) Escribe el P. Albano García lo siguiente (O.c., p. 20, nota 12): “En una breve reseña del Diario de León en que no puedo leer fecha (es del año mil novecientos sesenta y tantos) escribe alguien que tampoco firmó: “Su construcción data de muy antiguo. Por su lado norte, sirviendo de estribo al arco toral, hay otro arco de ajedrezada imposta, única reliquia románica que hoy se conserva”. En esto estoy de acuerdo. En la p. 31 vuelve a referirse a la cuestión.

(7) Me pregunto si no sería posible la creación de un pequeño museo parroquial para la conservación de estos restos pétreos.