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EL ASTURLEONÉS HOY EN LEON Y ZAMORA ¿QUÉ ES EL ASTURLEONÉS?

BARTOLOME PEREZ, Nicolás

Publicado en el año 2008 en la Revista de Folklore número 333.

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A esta cuestión responde en un reciente trabajo el profesor de la Universidad de Oviedo, Ramón d’Andrés (2007, pp. 240–241): “el asturleonés es una de las lenguas románicas de la Península Ibérica (…). Ramón Menéndez Pidal es precisamente quien descubre para la comunidad científica la condición de lengua glotológica del asturleonés. Es Pidal quien, con medios exclusivamente glotológicos, establece el taxón románico «asturleonés», y eso a pesar de la terminología que utiliza («dialecto»). Se entenderá fácilmente que el hecho de que el asturleonés carezca de una serie de atributos socioculturales –como unificación literaria, literatura potente, prestigio social, status de oficialidad, etc.– no puede ser factor válido en cuanto a su clasificación dentro de la glotodiversidad románica. En coherencia, el asturleonés tendría que contar con capítulo propio en los manuales sobre lenguas ibéricas, y en puridad debiera excluirse de los manuales de dialectología castellana. Se mire como se mire, es un desacierto incluir el asturleonés como un dialecto del castellano”. No estamos entonces ni ante una forma de hablar (mal) castellano, ni siquiera ante un estadio poco evolucionado de nuestra lengua común, sino ante una forma de hablar diferenciada, producto del devenir histórico de este lugar del mundo que se llama León y que constituye uno de los múltiples reflejos de su personalidad milenaria. Luis López Santos (1947, pp. 177–179) ya criticó hace años el desprecio y el desconocimiento de ciertos sectores de la sociedad leonesa hacia su patrimonio lingüístico con unas palabras que conviene recordar:

“Los leoneses estamos intensamente enamorados de lo nuestro, de lo típico y tradicional en la región. Sin embargo, no suele ocurrir esto con las modalidades dialectales, que son lo más entrañablemente nuestro, como si molestase que en León no se haya hablado siempre un puro castellano. Hasta creo que tal punto de vista ha sido defendido por escritores provistos de buenísima intención. Por fortuna esta es la señal más elocuente de la incorporación del reino de León al alma de España. Pero es preciso insistir sobre lo equivocado de una postura, no sólo –claro es– anticientífica, sino también antirregional. La personalidad regional reciamente diferenciada, suele ir unida a una peculiaridad lingüística, que se debe cultivar, sin mengua del ensamblaje a la unidad superior de la patria. Cuando esa peculiaridad ya no se conserva, o se disuelve en estados fragmentarios, atrasados e impuros, siempre será una gloria haberlos tenido, y es un deber de los hijos de la región, al menos, “embalsamarla en ciencia” (…). Es legítimo conmoverse o al menos interesarse por un rasgo fonético, o léxico diferencial, en que palpita el alma de nuestros antepasados, como nos podemos interesar por una gloria histórica, una institución, un vestido, un cantar o una piedra que hable de nuestra tradición.”

UN POCO DE HISTORIA

El romance asturleonés es el resultado de la evolución del latín que introdujeron los conquistadores romanos en el territorio de los ástures, pueblo prerromano que habitó, grosso modo, la mayor parte de Asturias y León, el occidente zamorano y el noreste portugués. La ocupación y colonización romana de Asturia llevó a la organización de una administración que se articuló gracias a un convento jurídico, el Conventum Asturum con capital en Asturica Augusta, la actual Astorga, ciudad que se convirtió en el principal centro de romanización de los ástures. Pero para la definitiva conformación y diferenciación de lo que sería el dominio lingüístico asturiano –leonés fue decisiva la existencia del reino medieval de Asturias y de León que tuvo entidad política entre los siglos VIII y XIII. En definitiva, en Asturias y en León se generó un romance autóctono, el asturleonés, que constituye uno de los idiomas románicos peninsulares junto con el gallego–portugués, el castellano, el aragonés y el catalán que si bien surgen del latín, son a su vez el resultado de la situación política, cultural y social que se creó en la Península Ibérica durante la Edad Media. Xulio Viejo (2003, pp. 297–301) apunta el papel que jugaron tres ciudades en la evolución interna del asturleonés como fueron Astorga, la capital del Conventum, y Oviedo y León, ambas sede de la corte del reino medieval en momentos históricos diferentes. No podemos olvidar tampoco la importancia de centros culturales como los monasterios de Sahagún o Moreruela, o de las antiguas vías de comunicación a la hora de singularizar este romance en relación con los vecinos y de explicar los límites dialectales internos del dominio lingüístico. De esta forma, la interacción social, el intercambio económico, la actividad cotidiana, la acción política y militar fueron determinantes para que el asturleonés contara y cuente con rasgos y tendencias propias.

Del año 1171 y procedente de Sahagún es el primer documento leonés que conocemos completamente redactado en romance asturleonés. Es precisamente entre los siglos XII y XIII cuando el asturleonés alcanzó su máxima expansión territorial y una situación de relativa normalidad al ir alcanzando la lengua del reino una serie de usos formales que fue ganando al latín como fueron su empleo en la literatura, (Poema de Elena y María, El Libro de Alexandre), en el ámbito de la justicia (con la traducción del Forum Iudicum visigodo al asturleonés), o en la administración y organización de territorio como lo prueban los fueros de las principales ciudades del reino que fueron redactados en asturleonés o romanceados en este idioma desde el latín. Después de la incorporación del Reino de León a la Corona de Castilla en el año 1230 es cuando el asturleonés alcanzó un mayor nivel de uso escrito e incluso institucional, aunque desde finales del siglo XIII el castellano comenzó a sustituir al asturleonés en la escritura en un lento proceso que no se consumó completamente hasta el siglo XV. La perdida de poder político de los territorios del antiguo reino leonés, su escasa población y su inferior nivel de desarrollo económico en relación con otros territorios de la Corona, así como la mencionada sustitución del asturleonés en la escritura a favor del castellano que fue muy promocionado por los monarcas desde Alfonso X, fueron circunstancias que favorecieron su retroceso social, territorial y la pérdida de prestigio hasta quedar reducido a la condición de lengua oral. Aun así, al comenzar el siglo XX el asturleonés todavía se hablaba a las puertas de las ciudades de León y Zamora como demuestran las encuestas lingüísticas de la época. Fue en ese momento cuando comenzó el estudio científico del asturleonés así como un incipiente cultivo literario que no fue suficiente para evitar el abrumador avance del castellano que se ha constatado en las comarcas leonesas a lo largo de la pasada centuria.

¿TODAVÍA SE HABLA ASTURLEONÉS EN EL VIEJO REINO?

En la actualidad el asturleonés como realidad viva en sus distintas variantes se mantiene en León y Zamora de una forma muy precaria por unos pocos hablantes que se pueden llamar patrimoniales y que invariablemente son de edad avanzada. Si hasta el siglo XX la castellanización lingüística del territorio leonés se producía de manera lenta y se desarrollaba esencialmente por la amplia zona contacto entre los dos idiomas, en la pasada centuria el castellano penetró cada vez más siguiendo las vías de comunicación más importantes y desplazando al asturleonés de los núcleos de población más relevantes. Por lo tanto, los difusos límites del asturleonés en la provincia de León se encuentran hoy a partir del río Órbigo hacia el oeste y en la zona montañosa del norte leonés, y en Zamora en las comarcas de Sanabria, Aliste y La Carballeda. Son las zonas señaladas como 1 y 2 por Borrego Nieto (1996, pp. 141–149) en su estudio sobre el leonés, quien dice que “en la parte más occidental de León y el noroeste de Zamora el dialecto mantiene una cierta coherencia de código distinto, al menos en determinados hablantes”, hasta el punto de que en la señalada como zona 1, “el dialecto se percibe como un código distinto, capaz de alternar con el castellano en una especie de juego diglósico”. La realidad es que en esta estrecha franja territorial que comprende la alta Sanabria, La Cabrera, parte del alto Bierzo, Fornela y los valles noroccidentales leoneses, desde Palacios del Sil a Babia, es donde podemos decir que el asturleonés está en uso hoy en las dos provincias mencionadas. Por otro lado, las distintas variedades del asturleonés hablado siguen estudiándose en la actualidad lo que constata que sigue siendo una realidad viva.

LEONÉS, ASTURIANO Y MIRANDÉS

Existe una íntima relación entre las hablas leonesas, las asturianas y el mirandés como ya apuntó Menéndez Pidal (2006, p. 28) en su magistral obra El dialecto leonés cuando afirmó “la relativa unidad del leonés moderno, especialmente del occidental, desde Luarca a Miranda”. Vamos a tratar brevemente la cuestión de la denominación de la lengua para analizar a continuación la relación del idioma en León con el resto del dominio. La existencia de diversos nombres para designar una misma realidad lingüística es una situación muy frecuente: castellano/ español, flamenco/neerlandés, occitano/provenzal, etc. En el caso leonés nos encontramos con una situación todavía más compleja:

1.– Menéndez Pidal fue el primero en emplear la denominación de leonés para referirse al conjunto del dominio lingüístico, aunque tal nombre nunca fue empleado a nivel popular ni siquiera en León. En Asturias los hablantes denominaban y denominan a la lengua asturiano, y en la Tierra de Miranda, la denominación de la lengua fue y es la de mirandés. Leonés es pues inicialmente una denominación de origen erudito acuñada y empleada por filólogos, pero con el transcurso de los años se ha ido popularizando en León para designar a la lengua.

2.– Otras denominaciones como asturleonés o asturiano–leonés aluden, tal vez con mayor precisión, al conjunto del territorio donde se habla.

3.– Los hablantes patrimoniales leoneses cuando emplean algún nombre para referirse a su habla casi siempre han optado por denominaciones locales: senabrés o pachuocu, furniellu, pal.luezu, cepedanu, cabreirés, etc.

Fue también Ramón Menéndez Pidal, en la obra mencionada más arriba, quien propuso la división, todavía vigente en gran medida, en tres grandes bloques dialectales del dominio lingüístico: el occidental, al que se adscriben las hablas del occidente asturiano, las de la mitad occidental de las provincias de León y de Zamora (a excepción de las comarcas más occidentales, de lengua gallega) y el mirandés, hablado en el municipio portugués de Miranda do Douro; el central, con presencia en el centro y centro–oriente de Asturias y en la montaña central leonesa; y el oriental, propio del oriente asturiano y de la montaña oriental leonesa. Como vemos en la provincia de León encontramos, aunque con diferente grado de extensión territorial y de vitalidad, hablas representativas de las tres grandes variedades del asturleonés, de hecho los montes cantábricos no marcan en general ningún límite lingüístico entre León y Asturias ya que la variedades lingüísticas leonesas no presentan diferencias relevantes en relación con las asturianas del otro lado de los puertos de montaña que unen ambos territorios. Así, y teniendo en cuenta la mayor castellanización del lado leonés, el habla de Babia, Laciana y Palacios de Sil es la misma que se puede oír en los concejos asturianos de Somiedo, Cangas del Narcea o Degaña; el habla de Gordón o de Los Argüellos leoneses, a pesar de su gran castellanización actual, tiene evidente conexión con la de los concejos trasmontanos de Lena o Aller, y la lengua en Valdeón y Sajambre es prácticamente idéntica a la del oriente asturiano. Está claro que esta identidad lingüística a uno y otro lado de la Cordillera Cantábrica evidencia una estrecha y antigua relación humana de la que la lengua constituye una preciosa muestra. Es cierto, por otra parte, que el asturiano normativo, empleado hoy en día en la enseñanza, en la producción cultural o en los medios de comunicación del Principado, se basa en la variedad lingüística del centro del Principado tanto por la existencia de una tradición literaria ininterrumpida que se remonta al siglo XVII, como por el peso demográfico de los hablantes de asturiano central en relación con el resto del idioma, lo que no impide que lo que en León se llama leonés y el asturiano sean en esencia la misma lengua. Una buena demostración de esta afirmación la tenemos con la obra de dos escritores de Palacios del Sil, Eva González (1918–2007) y su hijo Roberto González–Quevedo, que comenzaron su producción literaria a finales de los años setenta del pasado siglo y a publicar libros en 1980 con la serie Na nuesa tsingua; pues bien, toda su producción literaria fue editada en Asturias donde fue calurosamente acogida además de por su calidad literaria, por la plena identidad lingüística entre el pal.luezu del noroeste leonés y el asturiano occidental. Aun compartiendo un patrimonio lingüístico común existen diferencias fundamentales entre León y Asturias en este aspecto por la ausencia de diversos factores que sí encontramos en el Principado pero no en León: vitalidad del idioma, conciencia lingüística, tradición literaria, elevado número de hablantes y un movimiento social plural y consolidado que defiende la pervivencia de la lengua. Respecto a la relación actual entre mirandés y el resto del dominio creo que las palabras de un hablante patrimonial de mirandés tan cualificado como es António Bárbolo Alves (2007, p. 300), escritor, investigador y director del Centro de Estudos Mirandeses, pueden servir de referencia para aclarar el tema: “L mirandés, imbora pertenecendo storicamente al domínio geo–lhenguístico sturo–lhionés, ye hoije ua lhéngua andependente”.

Mejor que intentar especular sobre el número de hablantes leoneses y zamoranos, ante falta de estudios específicos y fiables al respecto, el siguiente dato puede dar idea cabal del estado real del asturleonés en el Viejo Reino en relación con las situaciones asturiana y mirandesa: durante el siglo XX y lo que llevamos andado del XXI se han publicado poco más de una veintena de libros en variedades leonesas del asturleonés o con presencia destacada de éste, de los que 13 títulos corresponden a Eva González y a Roberto GonzálezQuevedo. Asimismo, sólo en la década que va de 1998 a 2008 se han publicado cerca de veinte obras en mirandés que cuenta con unos 5.000 hablantes, mientras que en Asturias las publicaciones en la lengua autóctona desde 1839, fecha en la que apareció el primer libro en asturiano, alcanzan aproximadamente las 2.500.

EL ASTULEONÉS EN LAS SOCIEDADES LEONESA Y ZAMORANA

Paradójicamente es en el presente momento histórico en que el asturleonés se encuentra en una situación agónica cuando la sociedad leonesa ha demostrado un mayor aprecio, o, al menos, interés, por este idioma. En la actualidad existe un cierto debate sobre el papel del asturleonés en nuestra sociedad, hay un mayor cultivo escrito, siempre dentro de una producción mínima, se han constituido asociaciones para su defensa y promoción, y se han puesto en marcha iniciativas para su recuperación más o menos acertadas. Desgraciadamente, en general, los hablantes patrimoniales no han variado su tradicional poca estima por la lengua de la que son depositarios y usuarios, aunque también es verdad que no han recibido nunca ningún estímulo ni apoyo por parte de los poderes públicos para variar este estado de cosas, más bien todo lo contrario. Hay que reconocer, por otro lado, que el mecanismo de transmisión intergeneracional del asturleonés se rompió hace ya décadas.

La situación en la que se encuentra el asturleonés se puede resumir con el siguiente cuadro en el que seguimos de forma prácticamente literal a Jesús Burgueño (2002, pp. 185 y 188), que analiza los procesos sociales que acompañan los fenómenos de diglosia:

•Confinamiento en el medio rural por un proceso histórico de retroceso territorial.

•Las élites locales no emplean nunca la lengua autóctona.

•El contexto de uso del asturleonés se restringe a familia y vecinos.

•Pérdida de la lengua entre las generaciones jóvenes.

•La lengua propia es vista como un obstáculo para la promoción social.

•Utilización del castellano de la lengua de prestigio, el castellano, en todos los usos formales y como única lengua escrita.

•Infravaloración de la capacidad expresiva de la propia lengua.

•Percepción del asturleonés como una degradación de la lengua oficial.

•Falta de conciencia de unidad lingüística a causa de la fragmentación geográfica e incomunicación de las comunidades de hablantes, lo que se traduce en el caso asturleonés en la presencia de denominaciones localistas.

El propio Burgueño en su caracterización sociolingüística básica de los territorios bilingües en nuestro país clasifica al leonés, a la que califica como lengua debilitada, en la peor de las situaciones posibles, esto es, al borde de la extinción en muy pocos años. Sin embargo, hay cosas que han empezado a cambiar en relación con el asturleonés en nuestra sociedad como se constata en dos recientes estudios sociolingüístico realizados respectivamente en el norte de León y en la totalidad de esta provincia bajo la dirección de los profesores García Arias y González Riaño (2006 y 2008), centrados en el análisis de la pervivencia del asturleonés, conciencia de uso y actitudes lingüísticas por parte de sus hablantes tradicionales; en el segundo estudio se concluye que:

“Los leoneses aprecian a su habla tradicional y son conscientes de que ésta forma parte inseparable de lo que podríamos denominar «cultura leonesa». En este sentido, rechazan por completo la asociación entre empleo de la misma e incorrección lingüística. Aunque el habla tradicional va perdiéndose, hecho del que son conscientes la mayoría de la gente de León, aunque se mantiene un porcentaje mínimo de usuarios como para poder iniciar con garantías un proceso de recuperación lingüística. Para luchar contra esa posibilidad de pérdida, la mayoría de los leoneses es favorable al reconocimiento jurídico del habla tradicional, a plantear líneas de colaboración con Asturias en materia de política lingüística, a su presencia escolar y a su promoción institucional”. (González Riaño y García Arias, 2008, p. 119).

EL FUTURO: EL ASTURLEONÉS COMO PATRIMONIO

“El leonés será objeto de protección específica por parte de las instituciones por su particular valor dentro del patrimonio lingüístico de la Comunidad”, dice el primer enunciado del artículo 5.2 del recientemente reformado Estatuto de Autonomía de nuestra Comunidad Autónoma. En realidad el párrafo transcrito no hace sino concretar lo que ya recogió en 2002 la Ley de Patrimonio Cultural de Castilla y León, norma que tiene por objeto el conocimiento, la protección, el acrecentamiento, la difusión, la investigación y la transmisión a las generaciones futuras del patrimonio cultural de la comunidad en el que se integra el patrimonio lingüístico, conformado, de acuerdo con el artículo 64 de esta ley, por las diferentes lenguas, hablas, variedades dialectales y modalidades lingüísticas que tradicionalmente se hayan venido utilizando en el territorio de la Comunidad Autónoma. Esta concepción del leonés como un elemento valioso de nuestro patrimonio cultural resulta de enorme interés por las múltiples posibilidades que ofrece y por el principio de consenso que se puede lograr en nuestra sociedad a la hora articular medidas para su protección y conservación partiendo de esta idea. Las lenguas, también las minorizadas y minoritarias, constituyen una parte no menor del patrimonio cultural inmaterial, entendiendo éste como el que “se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana”, tal y como recoge la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, tratado internacional auspiciado en 2003 por la UNESCO y ratificado por nuestro país en 2007, y donde se incluye expresamente el idioma como vehículo y elemento constitutivo del patrimonio cultural inmaterial.

El segundo enunciado del citado artículo 5.2 del Estatuto de Autonomía prescribe que la protección del leonés, su uso y promoción serán objeto de regulación. Dicha regulación, inexistente a día de hoy, tendrá que verificarse de conformidad con la Carta Europea de Lenguas Regionales y Minoritarias del Consejo de Europa, ratificada por España y en vigor como derecho interno desde 2001, cuyo artículo 7 establece un programa de objetivos imprescindibles a cuyo desarrollo están obligadas tanto la administración estatal como la autonómica. El compromiso y las obligaciones de los poderes públicos quedan definidos en las normas mencionadas, pero es la sociedad leonesa y especialmente los hablantes de asturleonés quienes han de decidir en última instancia cuál es el futuro de nuestro patrimonio lingüístico. En este sentido quizá sea de utilidad tener en cuenta las palabras del gran historiador Américo Castro quien sentenció que “el menor patois [habla local] encierra tal cantidad de interés sicológico, histórico y lingüístico que su conservación es obligada empresa para todo pueblo culto”.

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