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LA INSÓLITA TIERRA DE CAMPOS Y LA ONOMÁSTICA DE CASTROVERDE

MIRAVALLES, Luis

Publicado en el año 2008 en la Revista de Folklore número 335.

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I– LOS CONTORNOS DE LA TIERRA DE CAMPOS

Toda la Tierra de Campos en general y Castroverde en particular, tienen una personalidad muy peculiar y bien definida. Esta Comarca es un conjunto de llanuras suavemente onduladas, interrumpidas, a veces, por algunos cerros de cumbres aplanadas y de laderas en suave declive. Solamente, alguna que otra vez, se alzan, aislados y solitarios, árboles que ofrecen, de trecho en trecho, su cobijo de sombra y descanso a las aves y al peregrino.

Cascadas de hielo y fuego caen alternativamente sobre los pueblos de adobe, que se abocetan sobre tanto fondo pardo y sobre los palomares, que van desafiando al viento, la sequía y los años.

Y esta Tierra de Campos, que ya se menciona en la Primera Crónica General de España, por Alfonso X el Sabio, abarca cinco mil kilómetros cuadrados, y curiosamente semeja en sus contornos la forma humilde de un plebeyo zapato.

En estos tiempos que corren de continuos avatares, sucesos y corrupciones, nada mejor para acompañar ese contorno, que la copla del autor medieval, judío, afincado en Carrión: Dom Sem Tob ben Isaac ben Artudiel, que figura en sus “Proverbios Morales” de 1345:

De continuo sucede
A poco que la rueda gire:
El pisoteado zapato del plebeyo
Se iguala con la corona.


II– LA CIENCIA DE LA ONOMÁSTICA

Entre otros aspectos singulares que distinguen esta Tierra de Campos, destacan por su rareza, los nombres propios, aplicados tanto a las mujeres como a los hombres, y que, sin duda, merecerían más amplio estudio que el breve espacio que aquí le dedicamos.

La Onomástica se está convirtiendo ya en un tema de estudio que, tal vez, podríamos incluir como un apartado muy particular dentro de la Heráldica, Ciencia histórica que, como ya se sabe, trata de los privilegios, honores y distinciones sociales. Y, aunque por una de esas paradojas tan humanas aportadas por el paso del tiempo, está francamente en alza (todos queremos tener colgado en la pared, como adorno, el escudo de nuestros apellidos), sin embargo, se proclama, a la vez, que todos somos iguales: idea en verdad sublime, pero engañosa e irrealizable, por el momento, ya que no existen en toda la naturaleza dos seres perfectamente iguales, afortunadamente, porque ello sería el clonismo más aburrido e insoportable, al que parecen querer conducirnos los científicos del mundo actual.

En realidad, sí somos todos iguales en cuanto a los derechos fundamentales de todo ser humano, como dice el proverbio del rabí Don Sem Tob. La única distinción entre nuestros semejantes reside en los méritos personales, en nuestras virtudes, y ello es lo que constituye la verdadera nobleza y blasón, base del lema y escudo de la Heráldica que trata precisamente de los honores que cada cual merece por su valor y son nobles hazañas, por humilde que sea su nacimiento y su posición social. Por tanto, nada nos impide que incluyamos a la Onomástica dentro de la Heráldica, como una rama que estudia el origen y catalogación de los nombres propios.


III– TEORÍAS ACERCA DEL ORIGEN DE LOS NOMBRES Y CATÁLOGO PROVISIONAL DE CASTROVERDE

Antaño se solían poner los nombres propios más insólitos a los recién nacidos. El origen de tal forma de proceder puede achacarse a dos motivos principalmente. La gran religiosidad que reinaba en toda la Comarca de Tierra de Campos, llevaba a elegir los nombres que figuraban en el calendario, que en forma de taco se colgaba en las paredes de todos los hogares y que todavía se colocan (calendarios del Sagrado Corazón). En ellos aparecían todos los nombres de los Santos y mártires desde los tiempos más remotos del cristianismo y que constituyen el llamado santoral litúrgico.

El gran novelista asturiano Ramón Pérez de Ayala, en su adolescencia, estudió en el seminario de los Jesuitas de Carrión, e influido por esta tendencia y habiendo oído muchos de tales nombres singulares, no duda en nombrar con ellos a muchos personajes de sus obras (leánse sus novelas “A.M.D.G.” y sus “Tres novelas poemáticas”) ambientadas precisamente en Tierra de Campos.

Otro motivo por el que se singularizaba con nombres propios fuera de lo común, obedece a ese impulso instintivo de querer diferenciarse notablemente entre sus semejantes. En definitiva podría decirse que los nombres propios son algo así como los blasones, instrumentos funcionales de identificación, que cuanto más raros, mucho más difícil de olvidar, pensarían los progenitores, aunque se equivocaban, porque en algunos casos hasta son muy difíciles de pronunciar y en otros mueven a risas cuando no a cachondeo (Abundio). Finalmente anotaremos, provisionalmente algunos nombres propios oídos por estas tierras, colocados por orden alfabético, algunos de los cuales aún perduran y viven, y que sea por muchos años:

ABUNDIA, ABUNDIO, AGEO, ALPINIANO, ANTOLINA, ARESIA, AUSTIÓN, AVENCIA, BERNARDINA, BRAULIA, CANUTO, CAYETANO, CELSO, CIRILO, CRESCENCIO, CRISTETA, CRISTÓFORA, DIODORO, EFIGENIA, ELPIDIA, ERENIA, ETERIO, EUMELIA, EUSTORGIO, EUTIMIA, EUTIQUIO, GEMINIANO, GLICERIA, GLICERIO, HUMBELINA, ILDEFONSA, IRENIA, JOCUNDIANO, LIDUVINA, LIDUVINO, LUPICINIO, MACARIA, MAXIMIANO, MELECIO, MELETINA, PEGERTO, POMPONIO, QUILIANO, QUINTILIANA, RESTITUTA, RESTITUTO, SARVELIO, SIRICIA, URSICINIO, WILELMO, y WITERSIUDO.

También los padres actuales intentan con frecuencia, salirse de lo común, pero esta es otra historia.