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LA VIDA Y EL HABLA EN LA GAITA Y EL TAMBORIL SALMANTINO

CID CEBRIAN, José Ramón

Publicado en el año 1984 en la Revista de Folklore número 38.

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Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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Viene de tradición dar vida humana a ciertos animales y objetos, sobre todo si estos últimos desempeñan un papel como instrumentos musicales. Cuando un instrumento se está tañendo, y se hace bien, deja de ser objeto muerto, pasa a ser una parte del cuerpo de la persona que lo interpreta: cobra vida y alma.

Si a un tamborilero se le cae la gaita o tamboril al suelo o los golpea, corriendo el peligro de romperse, la impresión recibida se asemeja al dolor físico, como si estos instrumentos fueran órganos sensitivos de su cuerpo.

Muchos tamborileros acostumbran a llevar la gaita entre la ropa, generalmente debajo de la camisa y los pantalones, como si fuera parte del cuerpo. En ningún momento se separan de ella, y los hay que comen y a veces duermen con ella sin incomodarse.

"La mujer del tamborilero
tiene muy buena fortuna,
ya que toca dos gaitas
en lo que las demás tocan una"

También estos instrumentos tienen sus buenas y malas épocas, y sus enfermedades. La gaita toca mejor en el invierno y en las épocas húmedas que en el verano y épocas secas. El tamboril, sin embargo, es opuesto: le va mejor el calor y lo seco para su sonido. Viajar y cambiar de lugar afecta notablemente a estos instrumentos: se han dado casos de gaitas que al ir a otras regiones no suenan, mientras que en su pueblo lo hacen.

A pesar de que la gaita y el tamboril tengan sus diferencias y muchas veces sean distintos -como en el clima- e incluso opuestos en pensamientos -como en los pasacalles de boda de Puebla de Yeltes y San Felices de los Gallegos (Salamanca) que explico en líneas posteriores- están íntimamente unidos y relacionados. Existe un refrán que se refiere a la similitud de dos cosas muy iguales o parejas en valor, habilidad, ideas, etc., pero no en la forma: "Tamboril por gaita".

Las diferentes partes de la gaita y el tamboril son todas de materia orgánica, pudiendo afirmar que la embocadura de hueso, las encelgas de asta y el palo de madera de la gaita, junto con los parchos de piel, la caja y aros de madera y las cuerdas de cáñamo del tamboril están siempre vivas, ya que se pueden estirar, encoger, cuartearse, etc. durante toda la vida, lo que hace que esté variando su sonido de vez en cuando.

Por esta razón las gaitas nuevas no suelen sonar bien, pero los buenos tamborileros si les ven posibilidades de que con el tiempo puedan sonar bien, las soban y trabajan mucho.

"Los potros y las gaitas,
si no se trabajan,
ni marchan ni cantan."

Sin embargo, las gaitas viejas son las que suelen tener mejor sonido; le gusta al tamborilero encontrarse con una gaita que suene bien, de tal forma que le entran ganas de tocar aunque en ese momento no las tuviera.

El tamborilero suele dar de beber a la gaita (algunos son partidarios de mojarlas) agua, vino, aceite o vinagre. Generalmente cuando le ofrecen vino al tamborilero, éste antes se lo da galantemente a la gaita para que suene mejor.

Mi primer maestro de gaita y tamboril, Eulogio Carballo, tamborilero de El Sahúgo, me contaba un cuento que aprendió de otro tamborilero que, a su vez, fue su maestro:

Había un pastor que, como casi todos, tocaba la gaita, y lo hacía muy bien, tanto que algunas veces la hacía hablar. Estaba en el monte con las ovejas y le sorprendieron unos ladrones que pretendían robarle un cordero; como no había nadie próximo al lugar, le ataron las manos y allí mismo se pusieron a asar el cordero. Aunque no podía hacer nada para librarse de las ataduras que tenía, sí pudo, sin embargo, sacar la gaita que llevaba siempre metida debajo de la ropa para tocar una melodía, pronunciando la gaita esta letra:

"Francisquillo, si vienes,
vuélvete y dile
que el cordero, la oveja cornuda,
en la lumbre está y suda
y a mí amaniatado me tienen."

Los tamborileros, incluido cualquier percusionista, en el momento de aprender los diferentes ritmos, suelen hacer uso de unas reglas tradicionales demasiado particulares. Los primeros ritmos que se aprenden son el Pasacalles simple, el Pasacalles más complicado y el Fandango.

A continuación haré una descripción de los diferentes ritmos y reglas, empezando por el Pasacalles simple; la forma queda de la siguiente manera: tu-tum - tum - tum, tu-tum - tum - tum, tu-tum - tum - tum... La regla es: Me-lan ten tao, me-lan ten tao, melan ten tao...

El Pasacalles más complicado: tu-tu-tum - tum -tum, tu-tu-tum -tum - tum, tu-tu-tum - tum -tum... La regla queda esta vez del siguiente modo: que-me-lan ten tao, que-me-lan ten tao, que-me-lan ten tao...

Así el aprendiz se pone a cantar con el tamboril: "que me lan tentao, que me lan tentao, que no ha sido un mozo que ha sido un casao, que no ha sido en la cama que ha sido en el prao, que me lan, que me lan, que me lan tentao".

Una de las ramas del ritmo de Fandango es: tu-rum -tum - tum - tum - tum, tu-rum - tum - tum -tum - tum, tu-rum -tum - tum - tum tum... El tamboril va diciendo: "te-la van a tentar, te-la van a tentar, te-la van a tentar...".

No me atrevo a describir el ritmo de Charro y Charrada, no obstante puedo afirmar que el tamboril y sobre todo las castañuelas van diciendo: "Taca retaca taca zurrón de chivo pico de albarca, taca retaca taca zurrón de chivo pico de albarca...".

En Puebla de Yeltes el tamborilero toca un pasacalles de boda para acompañar a los novios a la iglesia, que a excepción de la gaita y el tamboril nadie canta, pero que todo el mundo conoce; el tamboril va diciendo: "Que me lan tentao, que me lan tentao..." o "que me lo han tentao, que me lo han tentao..." según sea la estrofa que lleve la gaita. y la gaita dice:

"Si la novia lleva virgo
y eso no lo sabes tú,
y si se lo ha roto el cura
y ahora se lo pagas tú."

"Ese novio que tú llevas
otra lo tuvo primero,
no te alabes, no te alabes,
que no estrenas el caldero."

En San Felices de los Gallegos existe otro pasacalles con el mismo fin que el de Puebla de Yeltes, aunque no pertenece al tronco de los pasacalles propiamente dicho; su ritmo es diferente y singular, en cierto modo parecido al fandango pasacalles. El tamboril toca: tu-tum-tum - tu-tum-tum - tu-tum-tum - tu-tum-tum..., y dice: "lo-pon-go en-du-da lo-pon-go en-duda...". La gaita dice: "Virgo virgo lleva la novia, virgo virgo lleva la novia, virgo virgo lleva la novia...".

A lo largo del artículo se ha hablado de la gaita y el tamboril propiamente dichos, pero existe un tercer objeto indispensable para el sonido del tamboril: la porra; nos fijamos en especial en la punta, redonda, y parecida al fruto de la encina, que produce el sonido al golpear el "parcho" del tamboril. Relacionado con el tema hay una adivinanza que dice:

"Pequeña como una bellota y toda la casa alborota."