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Pepe Rosas, memoria colectiva de un pueblo y algo más

MORALES GARCIA, José

Publicado en el año 2009 en la Revista de Folklore número 338.

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INTRODUCCIÓN

Memoria colectiva de un pueblo” lo definió el profesor Rodríguez Becerra en el Proyecto Andalucía y, el más grande folklorista que ha dado la historia de Álora, uniendo, en su persona, una memoria prodigiosa, una gracia innata, heredada de su madre, a la que adoraba, un amor extraordinario y desinteresado para todo cuanto ha supuesto su pueblo.

Su espíritu inquieto no tuvo límites. Se volcó con los más necesitados, en los años duros de la postguerra española con funciones de teatros populares de actores aficionados que no se arrugaban, alternando el teatro clásico más duro con el más colorista de los Quintero, destinadas a la recaudación de fondos para la compra de estreptomicina o penicilina (de estraperlo en aquel tiempo) demandada por enfermos que, en aquellos años, vivían en la más grande de las penurias y necesidades; años después, la generosidad fue un peregrinar, de goteo constante, con ayudas, hasta que las fuerzas fallaron, hacia los franciscanos de Tánger.

Único, señero, singular, extraordinario, original, distinto, sin par, especial, fuera de lo corriente, insólito, inusitado. Es decir, Pepe Rosas. Como “persona clave” para la etnografía perota, lo calificó, Manuel Garrido Palacios en su “Álora, la bien cercada. Etnografía viva”, y que tenía como enseña, los versos de su tío cura:

“El gato que a mi me arañe
estando en buena amistad”
por halagos que me haga
no me vuelve a arañar más”.

VIDA

Nace en Álora en 21 de abril de 1926 y muere en Málaga, el domingo 15 de junio de 2008. De niño acude a las clases del maestro de su pueblo, don Antonio Hurtado que le descubre su vocación de pintor que, luego, en su vida de anarquía constante no sigue, orientándose hacia el folklore expresado en el baile y el cante: zángano de Álora o verdiales, villancicos, retahílas,… Estudió Bachillerato, a caballo, entre Málaga y Granada, entre 1939 y 1945, siendo más asiduo a los actos folklóricos que a las clases de los Institutos. En 1940, acude a las clases que se impartían en la Academia de don Elías en calle Nueva y es alumno de Francisco Bejarano que firma sus crónicas literarias y costumbristas de Málaga bajo el seudónimo de “Paco Percheles”. En 1943 conoce en Granada a Virgilio Azahara, pianista de Federico García Lorca y que posteriormente emigró a América, entabla también amistad con artistas de la época como “La Golondrina” y Lola Medina. De nada valen consejos, ni la tutoría de la madre, que en comunión con el hijo, lo sigue, paso a paso. La madre vive para el hijo, y el hijo se deja querer. Se venden propiedades, se hace todo el esfuerzo necesario y posible en una familia de economía muy media.

De su gracia innata comienzan a surgir las primeras chispas:

– Pepe, ¿tu hermano qué estudia?

– Derecho

– Y, ¿tú?

– Doblado.

Comienza a despuntar su afición por el folklore y por la cultura del pueblo. Es amigo del pueblo llano, de la gente sencilla que tienen mucho que enseñar y no esconden nada. Gitanas que venden ropa por el campo, mujeres faenerasde la naranja en la estación de Álora, artesanos, herreros, jornaleros, panaderos…, son amigos suyos. Hace gala de ello. Siempre pregona su amistad con Frasquita Benítez, con María “la Estorba”, con Juan Fernández, que hace castañuelas para que baile nada menos que Lucero Tena, o con Antonio “el Divino”.De ellos va a beber el saber del pueblo que se expresa en Navidad, en las Coplas de Meceeros, en los Pregones, en los Carnavales. Pepe Rosas sabe del baile y cante por verdiales, del Romance de la Peregrinita que va a Roma, y de cómo se cantaba en Álora, en Vélez y en Ronda, del San Antonio a quien se acude a por novio, a por pan o por su afición de pajarero. Y habla que del río allá: baile y cante; y del río acá, sólo cante. Y del triángulo: Álora, Ronda, Coín…

Se identifica con los versos de don Manuel Machado:

“Tengo el alma de nardo del árabe español (…)
………………………………………………………
que todo como un aura venga a mí
que las olas me traigan y me lleven
y que jamás me obliguen el camino a elegir”.

Que los va a llevar consigo, como bandera y seña, hasta el final de sus días, en que, ciego por un glaucoma, y muy deteriorado físicamente, nos deja, yéndose el folklorista difícil, por no decir imposible de sustituir.

EL FOLKLORISTA

El año 1946 es crucial en su vida. Aparece por Álora el profesor García Matos del Conservatorio de Madrid que realiza un trabajo de campo recopilando el folklore perdido. Es la mano experta que toca las cuerdas del arpa, que no estaba dormida pero que esperaba el impulso: “llévame, le dijo, a donde no haya radios; tampoco quiero conocer lo que cantan las beatas en el coro de la iglesia”.Y, “yo lo llevé, a los Lagares, donde estaba el folklore más puro, porque allí, ni había luz, ni radios, ni la gente venía al pueblo y no tenían contacto con las cosas de fuera”.

Fíjate, me espetó, lo que recogimos en una Fiesta. Uno se arrancó con esta copla:

“El gallo en el gallinero
se sacue cuando canta
y el que duerme en cama ajena
de madrugá se levanta”.

En las Cruces conoció a Juan, “el Capitán”. Con Juan viaja a Madrid, por distintos puntos de España y a Londres. Hacen bodas de lagareños. Entran por calle Larios, en Málaga, con las bestias y la novia, subida en el mulo, mientras el padrino convida a aguardiente a los atónitos paseantes mañaneros que se ven sorprendidos por tan inesperada comitiva. La amistad con Juan perdurará hasta la muerte. Juan lo lloró por dentro, mientras, Conchi Vila, su lazarillo maternal en los últimos años de su vida, contaba y contaba cosas de Pepe en una calurosa noche de finales de primavera. Nuestra risa, no era más que el espíritu de Pepe Rosas que flotaba en un lugar tan extraño. Sorprendente, me quiso dejar el estipendio para el pago de una Panda de Veridales, que debía tocar, mientras se cerraba su tumba.

– Pepe, a mí no me encargues esas cosas.

Y así trascurrieron muchas horas y días y noches, y viajes a los puntos más insospechados. Tenemos que ir a la Virgen de Gracia, en Carmona, que es el 16 de septiembre. Y allí estábamos. Y a oír al Peregil cantar una saeta mientras se oyen los pasos de los costaleros que regastan las alpargatas cuando encierran a Jesús de Pasión, y allí estábamos. Y a oír el silencio del Gran Poder, y allí estábamos, y a sentir cómo pasan los Campanilleros, y allí estábamos… Y llegado el día tocó una Panda. Tocó, en su parroquia de la Encarnación. Fueron seises del pueblo, de su pueblo, al que tanto quiso. Una sombra de silencio flotó entre todos los asistentes y, una vez más, Pepe Rosas fue el protagonista.

En una Fiesta en las Cruces “el Capitán” canta:

“En el arroyo Rabanero
el dinero es el que pita
se echa una novia un obrero
viene un rico y se la quita”.

Allí, también, va a entrar en contacto con el mundo de los Verdiales. Hasta pasados muchos años –finales de los cincuenta– los “Tontos” no pasan el agua, o lo que es lo mismo, al pueblo de Álora no llegan las Pandas que se quedan al otro lado del río, es decir en Los Lagares. Desde Pollo Moro, Chozas del Cerro, Los Moras, La Madrileña, Los Padillas o El Chopo, acuden cada Pascua a la fiesta que se celebra el 28 de diciembre. Pepe Rosas recoge y se trae, extendiéndola por todas partes:

“Cantaor que tó lo sabes
y te las das de poeta
díme, tú que tó lo sabes
si las pavas tienen tetas”.

A lo que el otro responde:

“Las pavas no tienen tetas
porque Dios no se las ha dado
pero tu hermana las tiene
porque yo se las he agarrao”.

De Pepe Rosas se dice que es el “que más sabe de esto” y es verdad, pero no se da importancia. Se abre, cuenta, habla y habla y no calla. Pepe Rosas puede estar una noche entera, y no se cansa y entretiene y hace reír a los concurrentes, porque siempre tiene la salida de ingenio que nadie espera, pero que aparece, y aunque no venga al caso, va y, como se cantaba en el carnaval del Maestro Escalona, te canta: “Tiene la boquita roja/ y los ojitos de alambre, y los cabellitos rubios / como el cabrón de su padre”.

Y, como quien no quiere la cosa te larga:

“Concha arriba, concha abajo
concha alante, concha atrás,
¡qué concha tiene la Antonia!”.

Y, el torbellino –porque Pepe era un torbellino–, te cuenta que el año 1946 entra en contacto con el teatro de don Pedro Muñoz Seca, y te repite que conoció a una persona fundamental en su inclinación por el folklore, el profesor García Matos, que vino de Madrid y cuando conoció a la “Niña Benítez”, me dijo:

– “Pepe, esto es lorquiano. García Lorca tuvo que conocer el folklore de Álora”.

Pepe cuenta cómo se vive la Navidad en Álora y acude a las retahilas:

“La una es la una / las dos son las dos,
la virgen y un solo Dios.
Tan sólo era un ángel que vino a Belén
Virgen y pura. / Las tres son las tres…”.

O aclara que este villancico, precioso, que viene de Casarabonela y que la gente canta:

“Santísimo Sacramento que estáis entre ver y era…”

– No es eso, no es eso. Y corregía. La letra auténtica dice:

“Santísimo Sacramento que estáis entre vidrieras
unos dicen que estáis dentro
yo digo que dentro y fuera…”.

Y arrancaba con las Coplas de Meceeros y no acababa:

“Metiíta en agua estoy / hasta la misma cintura
mi novio con otra novia / y yo con tanta frescura”.

O aquella otra:

“Y a ti no te canta nadie / todos le cantan a todas
siendo tú el mejor racimo / de la parra de tu calle”.

Y seguía. Sin parar. Sin cansarse:

“Cogida con el rocio / a la iglesia entró una rosa
entró libre y salió presa / casada con su marío”.

El profesor García Matos, me dijo, –proclamaba con orgullo– que Álora y Alosno poseían el folklore más rico de Andalucía.

Y pasaba revista al Carnaval, y a su admiración por el Maestro Escalona:

“Cincuenta pares de cuernos / traigo en un sitio que nadie sabe /
y la madre le contesta / con muchísimo salero
mas cuernos tiene tu padre / y se los tapa con el sombrero”.

EL VIAJERO

Se acerca en 1947 a la labor que realiza la Sección Femenina a través de los Coros y Danzas, lo que le va a permitir abrir un amplísimo periplo de viajes y actuaciones. En 1949 tienen una actuación llena de éxito en el Teatro Cervantes de Málaga; en 1950 acompaña a la Panda de Verdiales en diferentes actuaciones en Málaga, y acuden al Teatro María Guerrero de Madrid con encuentros muy emotivos entre los perotes [aloreños], entre otros don Tomás García, por entonces Fiscal del Tribunal Supremo y otros paisanos que residen en Madrid por motivos laborales. En 1955 acuden a Bilbao; en 1956 comienzan a hacer apariciones artísticas los “coros mixtos” compuestos por los elementos masculinos y femeninos, hecho que anteriormente había estado vetado por la censura de la época franquista, bailando por separados, y con esta nueva modalidad bailan “Danzas de Álora”, como Zánganoque entusiasma a los públicos por su agilidad, viveza y expresión rítmica. En 1958 acuden a la Exposición Universal de Bruselas. En 1960 en agosto, hace una gira por Canadá, y en diciembre acude a la boda del Rey de los belgas, Balduino con la española Fabiola de Mora y Aragón, y continúan gira por Holanda y Alemania durante cuarenta y cinco días teniendo encuentros muy emotivos con emigrantes españoles. En 1961 realizan una gira por la Costa Azul francesa y diferentes localidades del país vecino; en 1963 vuelven a Alemania y Holanda y agregan Suiza, y también visitan México. Exiliados españoles colocan una bomba en los aledaños del teatro y salva un incidente diplomático y político entrelazando las banderas –republicana y española del franquismo – con un nudo y la expresión: “si somos hermanos qué sentido tiene la separación”.En 1964 hace un primer viaje a Marruecos; en 1965, de abril a agosto actúan en el Pabellón de España en la feria Mundial de Nueva York, viajan a Santander y obtienen el Primer Premio de grupo mixto con “Los Mulliores”. En 1967 viajan por Portugal y en 1968 realiza el segundo viaje a Marruecos, que va suponer su separación de los Coros y Danzas por discrepancias con Maruja Sampelayo, por entonces máxima autoridad en la Sección Femenina. En 1970 se niega a viajar a Japón y a partir de ahora sus actuaciones se limitan a una salida a Basauri en 1975 y a Belén en la Nochebuena de 1978 donde canta un villancico de Álora, ante el propio portal, lo que según él le ha supuesto la mayor alegría de su vida.

LA HUELLA DE PEPE ROSAS

Son muchas las influencias que deja Pepe. Anárquico. Peregrino del folklore. De Nueva a York a Bruselas; de Rabat a Estambul; de Chefchauen a Lisboa…, afirmaba que el folklore no se aprende en la Universidad y que hay que mamarlo del pueblo (algunos como él, pienso yo, ya nacieron con el gusanillo dentro).

En 1965 se cruza en su vida otra persona que va a ser importantísima, el dramaturgo, Peter Luke. que por influencia de Pepe fija su residencia en la Almona, en El Chorro (Álora). De manera muy viva Pepe está junto a él en el rodaje de su película sobre García Lorca que rueda para la BBC de Londres y que le va a dar renombre universal, aunque ya era conocido por su obra de teatro, Adriano VII.

“Nuestra Tierra”, grupo Folk, de Álora, hoy desaparecido, acude para su primera obra a la sabiduría de Pepe Rosas; a través de las XXVII Semanas de Cultura Andaluza en las que participó, los escolares supieron de su saber y de su gracia; algo parecido ocurre con las Semanas Culturales del colegio público Miguel de Cervantes. Por él se instauran los certámenes de Villancicos populares de Álora.

En él bebe Manuel Garrido Palacios, que en palabras suyas. “desde la primavera de 1970 es raro el año que no voy a Álora”, y Pepe está presente en su obra porque era excepcional, fabuloso, asombroso, sorprendente, propio, peculiar, personal, individual, exclusivo, sui generis, esencial, inabarcable, espléndido. Se nos ha ido el folklorista más grande que ha dado la Historia (con mayúscula) de Álora. Descansa en paz.

Y todos los sinónimos, con los que se quiera definirlo, como aquello de los Diez Mandamientos que se encerraban en dos, se compendian en dos palabras: Pepe Rosas.