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COPLAS EN LOS PUEBLOS DE CASTILLA

VAL SANCHEZ, José Delfín

Publicado en el año 1984 en la Revista de Folklore número 38.

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cierto día, un vecino de un pueblo de ribera del Duero, nos dio a conocer una copla que decía:
Traspinedo, pelujones,
los que nunca gastan peine;
en Sardón, son pintureros;
Quintanilla, comediantes.

Aseguraba que esta coplilla pertenecía a una serie en la que se aludían no sólo una mayoría de los pueblos vallisoletanos, sino, con seguridad, todos los de la ribera del Duero y de la Tierra de Pinares.

Esta forma de encadenar versificadamente nombres de pueblos, añadiéndoles a cada uno cierta condición prototípica, enlazaba con unas "coplas de los pueblos" publicadas en su "Cancionero Salmantino" (1907) por don Dámaso Ledesma. Observen un fragmento de esa larga retahila de pueblos y sus correspondientes remoquetes característicos, según la versión salmantina del presbítero folklorista:

"Salamanca, de altas torres;
Cabrerizos, de altas cuestas;
la torre mocha de Narros,
la Alameda de Aldealengua.
En Andrés-Bueno, el buen prado;
en Amatos, buenas charcas,
donde se crían las tencas.
Castellanos de Moriscos,
San Cristóbal de la Cuesta;
Monterrubio, cae en bajo;
San Antonio en Mozodiel;
San Blas, en Aldeaseca;
en Villamayor, las viñas
y el pueblo de las canteras."

Esta doble cualidad del pueblo de Villamayor es muy exacta: tuvo una gran riqueza viticultora y no digamos nada de su tremenda riqueza canterera. De Villamayor salió -y sigue saliendo- la mayoría de la "dorada piedra" con que se construyeron sus platerescos edificios y monumentos histórico-artísticos.

Volviendo a nuestras coplas populares facilitadas por uno de nuestros muchos informantes, nos prometimos dar con el mayor número posible de las alusivas a los pueblos vallisoletanos. Y nos pusieron en la pista de ellas, yendo a dar con un vecino de Quintanilla de Onésimo sabedor de las siguientes:

Estando paseando
de Simancas a Medina,
hizo la Gracia Divina
de una enorme procesión
de moscas y de mosquitos,
una pava dando gritos,
un hombre vendiendo pan,
más rico de aquel lugar.

En La Pedraja, la raja;
en Pedrajas, las más finas;
en Cogeces y en Megeces
los que ronchan las encinas.

Montemayor, el piñón;
en La Parrilla, el carbón;
en Santibáñez, las putas
las que van en procesión.

Torregutiérrez, los aires;
Torrescárcela, fuleros
para cantar y bailar;
los de Cuéllar cabezudos
por la función del Henar.

En Viloria, los huertigos,
y en Bahabón son los que muerden;
en Portillo son los "piojos" ;
en Arrabal, "la miseria".

En Vallelado y La Mata
las que tienen hijos sin padre;
Aldeilla, los macarras;
Alcazarén, los mocosos,
y Mojados, buenos mozos.

Adiós, Aldeamayor,
floreces en campo raso;
de Fuentes son los conejos,
de Tudela son los galgos.

De Villabáñez ernios (? )
cazadores afamados:
de un tiro matan dos liebres,
pierniquiebran dos venados,
y si no les falta lumbre
pierniquiebran tres o cuatro.

Traspinedo, pelujones,
los que nunca gastan peine;
en Sardón son pintureros;
Quintanilla, comediantes.

En Olivares, los tontos,
y en Valbuena, los tunantes;
en Pesquera, el vino tinto;
en Peñafiel, los gitanos,
y en Padilla de Duero
están los descabezados.

Me falta que decir
partido de Villalón,
en cada casa un ladrón
y si hay padre e hijo, los dos.

En Bahabón, el pendón.
La Torre en Minguela,
La Cruz de Langayo
y La Pila de Valbuena.

Pueblo de Valdestillas
que estaba el ajo frío
y resoplaban las tías.

Ya en el año 1934 se publicaba en Madrid un librito en el que se reseñaban "Algunos romances populares de carácter geográfico recogidos en diferentes comarcas de España" por Gabriel María Vergara Martín. Este autor, que había recopilado algunos romances geográficos en Oviedo, Huesca, Soria y Segovia, aseguraba que "entre las materias folklóricas de las que se pueden obtener datos de interés para el estudio de geografía popular española, figuran los romances populares de carácter geográfico, de los que hasta ahora apenas si se ha hecho caso, y en los que sin embargo se encuentran noticias dignas de tenerse en cuenta, referentes a las producciones de las localidades a que se refieren, al carácter de sus habitantes y a algunas particularidades de los mismos, tales como los apodos que les aplican los de los pueblos inmediatos a ellos, por todo lo cual conviene conocer los citados romances desde el punto de vista a que nos referimos".

Confiamos en que las alusiones inelegantes a los moradores de algunos de nuestros pueblos no se consideren insultantes y sí como expresión de una forma folklórica popularizada, seguramente, a finales del siglo pasado en Valladolid.

Pero he aquí, que revisando estudios etnológicos realizados fuera de España, nos encontramos con unas coplas geográficas construidas sobre la misma fórmula, en algunos países de Hispanoamérica. Concretamente en Colombia y en Cuba. Para que sirva de interesante ejemplo de similitud, citamos algunas recopiladas en la isla de Cuba:

Para mulatas, El Cayo;
para dulces, Trinidad;
para muchachas bonitas,
Sancti Spiritus, no más.

En San Juan de los Remedios
las mulatas tienen don,
la culpa tienen los blancos
que las dan conversación.

Con estos ejemplos queda demostrada la tradición popular de este sistema coplero pleno de mordacidad y zumba y su enorme difusión en amplias zonas geográficas españolas e hispanoamericanas.