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EL DIABLILLO DE SEPÚLVEDA: UN VIEJO RITO QUE SE RENUEVA

HERRERO GOMEZ, Guillermo

Publicado en el año 2009 en la Revista de Folklore número 339.

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Diez de la noche de cualquier 23 de agosto. La Plaza de España de Sepúlveda permanece totalmente a oscuras. Una multitud se arremolina en los alrededores de la iglesia de San Bartolomé. El vociferante público, mayoritariamente juvenil, reclama la presencia del protagonista del rito. Es la hora del diablillo.

En realidad, no se trata de un único diablillo. Son seis o siete, que se van turnando en su misión. Son personajes inconfundibles. Van vestidos de rojo, portan escoba y llevan adheridas a ambos lados de la cabeza sendas pequeñas linternas para alumbrar su paso entre la multitud. A cada diablillo le acompañan dos escoltas o “diablillos menores”, vestidos de calle o de negro.

Por fin llega el momento más esperado. Puntual a su anual cita, el diablillo surge tras una gran hoguera –encendida un rato antes– y aparece en lo alto de la escalinata de San Bartolomé. Desde la Plaza de España, la multitud le ve, así como a sus dos escoltas, situados a derecha e izquierda. Bajan veloces, zigzagueando 26 peldaños, hasta encararse con los presentes. Escobazo va, escobazo viene, el gentío intenta escabullir los golpes. Carreras anárquicas, sin rumbo fijo, y juerga, mucha juerga. Sepúlveda entera celebra San Bartolomé. Las fiestas “de los Toros” (último fin de semana de agosto) ya están aquí, y el diablillo significa el arranque del jolgorio.

Normalmente, los diablillos salen de dos en dos (con sus correspondientes escoltas). Dan una rápida vuelta por la Plaza de España, intentando sorprender a los presentes, y regresan exhaustos tras la carrera, a descansar un rato. En ese momento, otros diablillos toman su relevo… Y así durante media hora.

Una vez que concluye el rito, se vuelve a encender el alumbrado público, y es entonces cuando se comienza a repartir limonada gratis entre todos los asistentes.

Así se podría resumir un rito, el del diablillo, que se repite en Sepúlveda cada 23 de agosto, y que genera múltiples preguntas sobre su origen, significado y evolución.

LA JUSTIFICACIÓN

Los textos sobre San Bartolomé (1) cuentan que, estando predicando en la India, el apóstol fue mandado llamar por Polimio, un poderoso rey, que tenía una hija endemoniada. Una vez en la corte, el santo contempló que tenían a la enferma atada con cadenas porque atacaba a mordiscos a cuantos se acercaban a ella. San Bartolomé mandó entonces que libraran a la princesa de las ataduras. Los criados del rey no se atrevían a desatarla, pero el santo insistió: “Haced lo que os mando; no tengáis miedo; no os morderá, porque ya tengo yo bien atado al demonio que la domina”. Los criados desataron a la joven, y ésta, en aquel mismo instante, quedó totalmente curada.

Una creencia popular sepulvedana asegura que hay una noche al año, la del 23 de agosto, en la que el apóstol suelta al diablo de las cadenas que le atan, sucediéndose entonces el rito de los “diablillos” que dura largo rato, hasta que, sobre las diez y media de la noche, una última carrera de todos los diablillos juntos cierra el acto. Los diablillos vuelven a subir entonces hasta la iglesia de San Bartolomé, porque se supone “que el santo vuelve a atarles”.

EL SIGNIFICADO

Entre todas las interpretaciones que se han dado al diablillo, merece la pena destacar la del periodista y estudioso del folklore segoviano, Carlos Blanco (2) quien tras escribir que “hay quien, empujado por la antigüedad que se supone a la fiesta, la relaciona con algún sangriento recuerdo histórico de la época en que la villa pasaba de manos cristianas a musulmanas o viceversa. Alguna degollina o saqueo protagonizado por las huestes de Almanzor”, continúa diciendo que “lo que parece más probable es que la fiesta no sea más que una representación plástica de la imagen del apóstol que veneran en el templo parroquial, donde aparece San Bartolomé sobre un pedestal, vestido de rojo y sujetando con cadenas a un diablo de cola retorcida”.

Efectivamente, en el altar principal de la iglesia de San Bartolomé se sitúa una imagen barroca, representando al santo en pie, con un cuchillo en la mano –símbolo de su martirio– y, encadenado a él, un cuerpo de hombre, con cuernos en la frente y cola de serpiente, a quien en Sepúlveda todo el mundo conoce precisamente como “el diablillo”.

ORIGEN Y EVOLUCIÓN

El origen de la fiesta del diablillo se pierde en la noche de los tiempos. En Sepúlveda nadie sabe, a ciencia cierta, su arranque. Aunque el diablillo parte, el día de San Bartolomé (23 de agosto) de la iglesia dedicada a dicho santo, un templo de origen románico levantado en el siglo XII, parece aventurado vincular el inicio del rito con la época de la construcción del templo, máxime cuando no se han hallado documentos escritos que hagan referencia al mismo.

A fecha de hoy, para conocer la historia del diablillo resulta necesario recurrir a las personas de mayor edad de la villa de Sepúlveda, que aseguran que sus abuelos ya participaban en el rito. La tradición oral dice que ni durante la Guerra Civil española (1936–1939) dejó de celebrarse.

Según diversos testimonios recogidos a personas de más de 60 años, para los niños del barrio de San Bartolomé el verano giraba antaño en torno a la fiesta del diablillo. Eran los más pequeños quienes se encargaban de ir recogiendo, casa por casa, la voluntad de los vecinos para conseguir fondos con los que financiar las actividades de la fiesta. Entre ellas, quizá la más destacada era la de adquirir pliegos de seda con los que elaborar cadenetas que luego servirían para decorar las principales calles de San Bartolomé.

Con el paso de los años, la fiesta fue evolucionando. Varios detalles lo confirman. Las ruidosas cadenas que antaño aprisionaban los tobillos del diablillo desaparecieron de su “diabólica” indumentaria, al igual que las zambombas, que serían sustituidas por escobas. Por otra parte, el número de protagonistas del rito fue incrementándose progresivamente, pasando de uno a seis o siete. El agotamiento con que terminaba el diablillo la actividad puede haber motivado este aumento.

A pesar de estos cambios, y a tenor de lo expresado por la tradición oral, el rito se mantuvo fiel a su esencia. Así, el diablillo ha salido de noche, intentando asustar a la chiquillería, para volver al rato a la iglesia.

En la última década del siglo XX comenzó a plantearse la posibilidad de solicitar la declaración de la fiesta del diablillo como “de interés” turístico o cultural. Sin embargo, y a pesar de que tal anuncio se hizo a la prensa local tanto en 1993 (3) como en 1999 (4), nunca llegó a conseguirse tal objetivo. En tal hecho pudo influir la dificultad de acreditar la antigüedad del rito, ya que al ser popular y no depender su realización de autoridad alguna no se han hallado –hasta la fecha– documentos que atestigüen la fecha de su origen.

Ajena a esta pretensión, la fiesta del diablillo continuó perviviendo como hasta entonces, gracias a la iniciativa de un grupo de jóvenes sepulvedanos, sin apenas contar con apoyo oficial. El bajísimo presupuesto económico de la fiesta impidió la renovación del vestuario utilizado por los diablillos, de forma que en los últimos años presentaban un deteriorado atuendo, compuesto por chándal totalmente rojo, con cuernos y, frecuentemente, rabo.

NOVEDADES EN EL RITO

La actual corporación de Sepúlveda, presidida por Concepción Monte, ha decidido impulsar la fiesta del diablillo, apostando en primer lugar por una renovación del vestuario que posibilitará en una segunda fase una promoción del rito a nivel nacional. “Queremos, manteniendo el espíritu primigenio de la fiesta, dignificar el rito, pero respetando el papel que han tenido sus protagonistas, los jóvenes de Sepúlveda, verdaderos culpables de que perviva el diablillo”, ha señalado la alcaldesa.

La nueva indumentaria de los diablillos ha sido diseñada por el polifacético artista Manuel Gómez Zía. Muralista, escultor e ilustrador, Gómez Zía es director de arte de la empresa sepulvedana “Tuco Naturaleza y Patrimonio S.L.”. Entre su sólida formación destaca una licenciatura en Bellas Artes. Además es diplomado técnico en Cerámica. Ha realizado diversos cursos de Restauración y Decoración, así como de Patrimonio y Jardines Históricos. Buena parte de su obra está vinculada a Segovia y su provincia. Junto a Ignacio Sanz es autor del callejero del casco histórico de Segovia.

En su diseño del traje del diablillo, Gómez Zía ha pretendido que sea “continuación de las llamas del infierno”. En ese sentido, el artista quiere que el espectador vea a los diablillos “ como llamas que se mueven”. “Manteniendo el color rojo del traje, he buscado un diseño que representase a las llamas”,ha manifestado Gómez Zía, que ha querido recalcar “el esfuerzo de los chavales que se visten de diablillo, que lo hacen por un instinto heredado”. A la hora de diseñar el traje, Gómez Zía se puso como objetivos que fuera “holgado y cómodo”, para permitir las carreras de los diablillos. Finalmente, el artista ha calificado a la del diablillo como “una de las fiestas más hermosas de Sepúlveda”, asegurando que, aunque existen otras fiestas en las que aparecen diablos, ninguna de ellas se celebra por la noche.

Paralelamente a esta renovación de la indumentaria, el Ayuntamiento financió en 2008 la restauración de los cabezudos de su propiedad, que hacía décadas formaban parte de las actividades del 23 de agosto en Sepúlveda hasta que su mal estado aconsejó que dejaran de pasear por las calles de la villa.

Por otra parte, nuevos colectivos se implicaron en la fiesta de 2008. Entre ellos cabe destacar la asociación cultural “Arco de la Villa” de Sepúlveda, asociación juvenil “Alcazara”, asociación cultural “Amigos de la Villa y Tierra de Sepúlveda” y las peñas “Las Incas”, “Los Leones” y “Las Hoces”, que organizaron un ambicioso programa de actividades que incluía una exposición fotográfica, un concurso y una conferencia sobre el diablillo.

EL DIABLILLO EN LA CULTURA SEPULVEDANA

Los sepulvedanos consideran al diablillo como uno de sus símbolos.

Aparece en canciones populares, como en una recogida por José Antonio Linage Conde (5): “A fuer de sepulvedanos , / auténticos castellanos / que nos gusta el buen beber,/ el porrón de boca en boca / y el corazón en la mano, / los farolillos al viento, / las penas fantasmas vanos, / al Apóstol festejamos / pero al Diablillo también. De tu tierra estamos hechos, / por tí alientan nuestros pechos, / villa que nos diste el ser, / soberanas tus doncellas, / tu paisaje nuestro techo, / con tus torres y campanas/ de nuestra vida en el trecho / al Apóstol festejamos / pero al Diablillo también”.

Su figura está representada en múltiples pinturas de Lope Tablada Martín, uno de los artistas segovianos más notables de finales del siglo XX, con proyección internacional.

E, incluso, cuando el Ayuntamiento de Sepúlveda acometió la reforma de su callejero, denominó una calle con su nombre, “El Diablillo”, en cuya placa se puede leer: “En la víspera de San Bartolomé, el diablo corre de noche por las calles de la parroquia”.

RITOS SIMILARES AL DEL DIABLILLO DE SEPÚLVEDA

En la provincia de Segovia no existe ningún rito similar al del diablillo de Sepúlveda, ni quisiera en pueblos que también celebran la fiesta de San Bartolomé. En la cercana localidad a Sepúlveda de Rebollo se solía decir que el día de San Bartolomé “se desataban los diablos” ya que, al parecer, era frecuente que en tal fecha hubiera tormentas. Pero no se tiene constancia representaciones comparables a la de Sepúlveda.

Posiblemente, el rito más parecido al del diablillo que se celebre en España es el que tiene lugar en Jerez de los Caballeros (Bajadoz) el día de San Bartolomé. En esa localidad, el diablo sale a media mañana de la iglesia parroquial, dedicada a San Bartolomé, después de una lluvia de caramelos que cae desde la torre del templo. Los niños que lo reciben llevan pequeñas cruces de madera, previamente elaboradas por sus padres y abuelos. Y las actividades concluyen, ya por la noche, con la “quema del rabo del diablo”.

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NOTAS

(1) DE VORÁGINE, Jacobo: La leyenda dorada, Alianza Editorial.

(2) BLANCO ÁLVARO, Carlos: Sepúlveda y el Duratón, Ámbito, 1997.

(3) El Adelantado de Segovia, 25 de agosto de 1993, p. 8.

(4) El Adelantado de Segovia, 25 de agosto de 1999, p. 16.

(5) LINAGE CONDE, José Antonio: “La presencia de los santos en Sepúlveda (Segovia)”, publicado en El culto a los santos: cofradías, devoción, fiestas y arte, Actas del Simposium 2/5 – IX – 2008. Estudios Superiores de El Escorial.