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Folklore y ferrocarril. La paremiología ferroviaria. Breve aproximación para su estudio

MALDONADO FELIPE, Miguel Antonio

Publicado en el año 2009 en la Revista de Folklore número 339.

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Las gentes del ferrocarril han venido manteniendo y conservando, de acuerdo con su singular y variopinta idiosincrasia, un acervo cultural que creo necesario divulgar y poner en valor. Acervo cultural ferroviario que se muestra a través de las formas, maneras, hábitos, usos y costumbres de unas gentes que realmente han protagonizado la verdadera historia del ferrocarril y cuya irrupción en la sociedad peninsular, sobre todo en la rural, produjo una verdadera revolución cultural.

En el presente artículo vamos a hacernos eco, de manera breve, de los contenidos que engloba una de las parcelas de esa singular cultura, y que podemos tildar de paremiología laboral ferroviaria, de la cual haremos un repaso por los refranes, sentencias, consejos, máximas, frases hechas y dichos propios de los diferentes oficios tradicionales del ferrocarril, muchos de los cuales son ya mero recuerdo y que sin embargo, deben de ser rescatados para que entren a formar parte de ese patrimonio inmaterial que es necesario conocer y conservar. Así pues y con relación a la fiscalización de los Interventores en ruta o “revisores”, como popularmente se les vino a llamar, encontramos esta máxima de: “el tren por la vía y las pesetas en pagaduría” (1) derivando posteriormente en este otro más moderno: “el tren por la vía y el dinero en tesorería”, que venían a recordar la necesidad de ingresar la recaudación dentro de las 24 horas siguientes al último servicio, sopena de ser acusados y expedientados por retención de fondos. Más desenfadado y costumbrista resulta éste, en el que se alude a dos interventores en ruta de la residencia de Madrid Atocha, famosos entre el colectivo ferroviario por su postura intolerante y totalmente en contra de “hacer favores”, dicho de otra manera: “no se casaban con nadie” a la hora de autorizar viajes sin el preceptivo billete. Con tal razón, sus compañeros ferroviarios les compusieron esta máxima: “si va Cerdán, no vas, y si va Cepeda, te quedas”.

El servicio de tracción no ha estado exento de esta paremiología laboral; si bien, enfocada casi siempre sobre el tema de reglamentación y seguridad. Así, con referencia a las órdenes de las señales podemos encontrar dichos como: “si te encuentras un pimiento, corre más que el viento” sobre la indicación de vía libre representada por el color verde, o en caso contrario la máxima: “si te encuentras un tomate, para aunque te mates”, donde el carácter restrictivo que muestra, pone en valor la orden más taxativa: la parada, identificada por el clásico color rojo que presenta. Además de estos, encontramos igualmente dichos en los cuales se muestra el significado y prescripción de otras combinaciones de colores que presentan las señales, como estos de: “un pimiento y un limón, anuncio de precaución” (con referencia a los colores verde y amarillo anaranjado); “una limonada, anuncio de parada” (color amarillo anaranjado) o este más reciente de “blanco y colorado, movimiento autorizado” (colores blanco y rojo).

A los tiempos del vapor se remontan ciertas frases alegóricas y expresiones coloquiales de tipo chulesco bastante populares entre los fogoneros y maquinistas de la primera mitad del siglo pasado, como la de que: “en Madrid hay que entrar fumando”,dando así la impresión, ante propios y extraños, de una fortaleza física y mental extraordinaria, como si no fuera con ellos, sin darle importancia al esfuerzo físico y mental que representaba entrar a la hora en la estación de Madrid Atocha con un tren de viajeros remolcado por una locomotora de vapor. Esfuerzo que sí quedaba patente en este otro dicho: “llegar a destino con el ténder (2) barrido”, en el cual se daba fe del trabajo realizado por el fogonero al haberse “paleado” tres mil o cuatro mil kilogramos de carbón durante el viaje.

A modo de consejo citaré esta frase que tantas y tantas veces me refirió mi padre y que era común entre los ferroviarios, en la que se incidía sobre la necesidad personal de estar siempre y en todos los ámbitos de la vida: “preparado para un descarrilo”. Dicho que llevado a un contexto menos filosófico derivaba en este otro de que siempre hay que llevar “la lata del descarrilo”, referido a la latilla de conservas que todo ferroviario llevaba siempre en su cartera para hacer frente, gastronómicamente, a cualquier anormalidad u alteración en su horario de trabajo.

Otro de los oficios destacados en el mundo del ferrocarril ha sido el relacionado con la circulación de los trenes y maniobras, encontrando al respecto un refrán muy popular entre los factores y jefes de circulación, en el cual se da a entender el ámbito territorial que tenían bajo su directa jurisdicción, y que no era otro que el de la propia estación: “entre disco y disco, manda el bizco”,que dicho de otra manera más soez pero bastante común venía a decir igualmente: “entre cambio y cambio, mandan mis cojones”. Independientemente del umbral de mando que tuviese encomendado cada categoría profesional o servicio, la circulación ha estado caracterizada, en todo tiempo, por una obsesión común a todos los empleados de los ferrocarriles sin distinción: la “seguridad”. Así pues, una máxima socarrona y muy popular entre el personal de circulación era esta de: “tren parado, ni choca ni descarrila”al igual que esta otra de: “tren calzado, tren asegurado”.Este servicio de circulación ha sido bastante clasista, no sin razón, pues dentro de la tradicional clasificación de categorías se le consideraba personal superior (al contrario de otros servicios considerados subalternos); así pues, ante cualquier situación adversa o poco grata, tanto en el servicio como en la vida cotidiana, se ha tenido una frase categórica que hacía referencia a los dos elementos característicos de este personal: el pito o silbato, y la campana de andén, de modo que a las banalidades e inconvenientes que de forma cotidiana se presentaban, era necesario darles largas o como coloquialmente se decía: “darles pito y campana”.

La de Jefe de Estación ha sido, desde los orígenes del ferrocarril, la figura más representativa de éste; si bien, conforme ha evolucionado en el tiempo, esa figura ha sido sustituida en popularidad por la del maquinista. Así pues tenemos algunos dichos referentes a esta figura como éste de: “el Jefe hace a la estación y no la estación al jefe”, o este otro que contradice al anterior: “a razón de la estación, así es el Jefe”.

Ya que hacemos alusión a las estaciones, señalar que, al igual que en otros destinos, el trabajo se realizaba en condiciones muy precarias con jornadas interminables de más de doce horas y cortos descansos quincenales, de ahí la sentencia de que: “vas a Castillejo, a dejarte el pellejo” (3).

Sin dejar el ámbito de las estaciones, destacar que era costumbre darles el nombre del núcleo de población más cercano; si bien, en muchos casos, por motivos político–sociales, su ubicación comprendía, por distancias análogas, a dos o más poblaciones como era este caso del dicho recogido de la tradición popular que se expone a continuación: “Villaseca y Mocejón, dos pueblos y una estación”, referido a una de las estaciones de la antigua línea directa que unía Madrid con Badajoz. Del mismo modo, la tradición popular ha contribuido, igualmente, a popularizar ciertos trenes a través de dichos que, de manera simpática y socarrona, llevaban aparejados cierta denuncia social, como éste de: “el tren de Arganda, que pita más que anda”, o este otro referido al ferrocarril de Olot–Gerona (activo entre 1898 y 1969) en el cual se constata la tónica de retrasos que mantuvo en el tiempo, desde el mismo día de su inauguración: “el tren d’Olot surt quan vol i arriba quan pot”, y que traducido viene a decir: El tren de Olot, sale cuando quiere y llega cuando puede (4). Y es que en este oficio del ferrocarril, al igual que en el resto: “las costumbres se hacen leyes” y como tales han sido consideradas por el colectivo ferroviario, tanto es así que, hoy en día, se mantiene la máxima de que: “en la RENFE, no echan a nadie si no es por robar”.Si bien es cierto que hubo un tiempo en el cual el hurto llego a justificarse entre los propios empleados, sobre todo entre aquellos pertenecientes a las categorías laborales más bajas, pues con la escasa remuneración que percibían, no se podía mantener a la familia.

El salario de los ferroviarios, en todas las categorías profesionales, ha sido siempre notablemente inferior a los de otras profesiones, así pues como máxima común a todos los servicios se muestra esta de que: “en casa del ferroviario, el hambre pasa por la puerta pero no entra”,aludiendo a la seguridad laboral que de manera tradicional ha tenido el oficio; en contraposición a su insuficiente remuneración.

No he de terminar la exposición sin subrayar dos ejemplos bastante gráficos de cómo el mundo del ferrocarril a aportado ciertas frases categóricas que hoy en día, resultan de uso común. Una es la de ir o estar “lleno hasta los topes”, con claras referencias al mundo del tren, y otra: “ser de tercera clase”, donde se reseña la tradicional distinción que, desde las primitivas compañías ferroviarias, se propició para los viajeros manteniéndose hasta el final de la década de los años sesenta del pasado siglo, cuando fueron suprimidos y retirados de la circulación los vagones de tercera clase, si bien, socialmente, quedó como condición personal, mantenida hasta nuestros días. Y como he comenzado con dichos, acabo diciendo uno muy popular entre los empleados de los ferrocarriles, aquí quedo: ”machacando cuatrienios” (5) .

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NOTAS

(1) Reseñado en el artículo “Mejorando lo presente”, VÏA LIBRE, Nº 1, año I, enero de 1964 (2) Carruaje que va unido a la locomotora y lleva el combustible y agua para dotación de la misma.

(3) Se refiere a la antigua estación de Castillejo Añover (entre las provincias de Toledo y Madrid pues cada uno de sus dos andenes principales, poniente y mediodía, pertenecían a una de estas provincias) en la línea general de Madrid a Sevilla, que fue considerada en tiempos como estación de castigo.

(4) Reseñado en el articulo “El Ferrocarril de Olot–Gerona, eje de la comarca de la Garroxa”, VÏA LIBRE, Nº 217, año XIX,.

febrero de 1982.

(5) Fórmula establecida en RENFE para considerar la antigüedad de sus empleados.