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Reflexiones a propósito de la conexión entre tradiciones y leyendas de lugares diferentes

MARTINEZ ANGEL, Lorenzo

Publicado en el año 2009 en la Revista de Folklore número 341.

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En diversas publicaciones anteriores hemos constatado la repetición de elementos de la tradición popular en lugares diferentes, a veces bastante distantes entre sí, algo, por otro lado sobradamente conocido, y sobre lo que han escrito magníficamente autores de tanto rigor como, por citar un solo nombre, Julio Caro Baroja (1). En el presente trabajo, además de continuar en esa línea de trabajo, realizaremos algunas reflexiones sobre el tema.

En algunos casos resulta fácilmente comprensible la conexión. Así, en diversos lugares de España se documenta la tradición de enterrar las imágenes religiosas en el interior de los templos. Bastará citar algunos ejemplos, como ciertas imágenes de determinadas poblaciones leonesas (2) y otras de la localidad alavesa de Agiñiga (3). Esta costumbre presenta ciertos elementos comunes, aunque con no pocos matices diferenciadores, con algunas tradiciones y leyendas (4). Mas el respeto hacia ciertos elementos materiales del culto cristiano no es algo específico del occidente cristiano. Así, en Rusia, en el siglo XVI, se constataba que imágenes y otros objetos religiosos no debían ser quemados sino enterrados en jardines u otro lugar honroso (5). Cierta mentalidad emanada del cristianismo se manifiesta en lugares distantes miles de kilómetros, pero la conexión con la raíz común es clara.

Proseguiremos con el análisis de una leyenda referida al origen de diversos monasterios del norte de España, relativamente distantes entre sí, que incluso podría decirnos algo respecto al tema de la cristianización, también de carácter muy general (aunque no falta en la actualidad alguna opinión no demasiado proclive a considerar ciertos elementos del cristianismo popular como adaptaciones de lo precristiano (6), históricamente es algo bastante evidente (7), si bien no obsta esto para que quien participe en determinadas prácticas lo haga con fe sincera en Jesucristo).

La leyenda, como indicamos, se repite en diversos lugares, si bien con matices. Comenzaremos recordando lo que nos dice un documento latino fechado el 23 de abril de 1017, relativo a la fundación del monasterio gallego de San Pedro de Rocas: según el diploma, un cazador llamado Gemondus perseguía una pieza de caza, uenatum y encontró un lugar desierto entre las rocas y los densos bosques, y allí se quedó como ermitaño. Posteriormente, otros cazadores le vieron allí, haciéndose público el suceso (8).

La historia del cazador que, persiguiendo su presa, encuentra un lugar recóndito propicio para la oración se repite en el monasterio burgalés de San Pedro de Arlanza, tal como lo recoge el Poema de Fernán González, hallando el cazador, en este caso nada menos que el protagonista de la citada obra literaria, el lugar con tres monjes, que allí habitaban (9). Y además de Galicia y Burgos habría que añadir Navarra a la nómina de zonas en las que esta leyenda aparece: "Marden señala la existencia de una leyenda análoga en la Tercera Crónica General, referida al rey de Navarra Sancho el Mayor" (10).

Los elementos naturales que aparecen en las descripciones de los lugares, con rocas, árboles, agua y cuevas bien podrían ser indicio de cultos precristianos, y desde luego tales componentes del paisaje seguían teniendo en la mentalidad medieval popular una fuerza simbólica mucho mayor de la que los testimonios escritos cristianos reflejaban normalmente. Pero, además, la actividad cinegética podría estar recordándonos uno de los principales atributos de la diosa Diana, la cazadora. Su culto, en relación con la caza, está perfectamente documentado epigráficamente en el norte hispano durante la época romana; cabe mencionar, al respecto, una inscripción hallada en el siglo XIX en la muralla de León, consagrada a la citada diosa, donde el texto es suficientemente claro al respecto (11). Si recordamos, en referencia a los elementos naturales indicados, la relación que tenía con los árboles, los bosques recónditos y las aguas (12), parece clara cierta similitud. A esto cabría añadir que "Diana, personificación de la Luna, tuvo una gran aceptación en el occidente de la Península, área de gran arraigo [de] los cultos astrales indígenas" (13).

Obviamente no hay prueba definitiva (14). Pero estimamos que los indicios son suficientes para, al menos, tener en cuenta y no desestimar de entrada la hipótesis que planteamos.

Antes de finalizar, nos gustaría reflexionar sobre el hecho de la repetición respecto a la actitud frente a la tradición. En este sentido, habría, al menos, dos posturas. La primera sería la de quienes admiten esto, pero potencian lo propio pese a la evidencia de su "universalidad". Como ejemplo, citaremos un texto de D. José Miguel de Barandiarán: "Hay mitos y creencias que apenas tienen hoy vigencia más allá de los límites de la comarca donde los hemos conocido. Los hay también que abarcan toda Vasconia o que se extienden por toda la región pirenaica. No es raro recoger aquí leyendas que son populares en Galicia, en Castilla y en toda la extensión de la antigua Aquitania. Y en recopilaciones de mitos de diversos pueblos ibéricos, gálicos, latinos, germánicos y nórdicos hallaremos noticias que nos recuerden no pocas de nuestras leyendas o relatos populares.

[&] Esto no ensombrece la originalidad de la mitología vasca. No olvidemos que la originalidad, como decía F. Brunetière, no consiste precisamente en que uno extraiga algo de su propia substancia, sino en imprimir a las cosas comunes su marca individual" (15).

No se trata de afirmar que estaba totalmente equivocado, sino de reconocer que su postura tiene en cuenta lo general pero centrándose prioritariamente en lo particular.

La segunda postura, aunque no procede de la etnografía, es de aplicación a la misma. La tomamos de Comte, a través de ÉmileAuguste Chartier, Alain: "la patria es ese momento de la civilización que saca al hombre de la familia, y le infunde sentimientos mucho más amplios y casi tan fuertes como los sentimientos biológicos, lo que le prepara para comprender y para amar a la humanidad entera" (16).

Esta actitud nos parece mucho más adecuada: no se parte de lo general para apreciar lo particular, sino que la repetición de lo particular en diversos lugares nos habla de raíces comunes y de elementos de contacto que ayudarían a enfocar lo local como parte de lo general y esto permitiría apreciar lo "patrio" como algo que podría considerarse un elemento de inicio del aprecio a otros pueblos. Lo local, por tanto, perdería ese carácter de antónimo de lo universal que parece arrastrar y que tanto daño ha causado a la preservación y estima de nuestra cultura tradicional. Sigue siendo necesario mantener la reivindicación de la cultura popular, con sus múltiples facetas, como algo digno, viendo en ella un elemento más para la creación de vínculos entre pueblos, para la tolerancia y el aprecio mutuo.

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NOTAS

(1) CID, Jesús Antonio: "La literatura oral y popular en la obra de Julio Caro Baroja", en VV. AA., Julio Caro Baroja. Premio Nacional de las Letras Españolas, Barcelona 1985, pp. 6888, concretamente p. 72: "Los estudios incluidos en un libro juvenil, Algunos mitos españoles (1941), son los primeros que nos interesa aquí recordar. En ellos se analizan leyendas o creencias populares que existen de forma localizada como algo propio de un ámbito geográfico específico (genios femeninos o lamias de una determinada fuente, el cazador maldito y errante al que se dice ver en determinado bosque, etc.), pero que en realidad reflejan arquetipos comunes a culturas muy distantes entre sí y cuyos rasgos definitorios fundamentales tuvieron ya una formalización precisa en los mitos clásicos".

(2) GÓMEZ RASCÓN, Máximo: Theotókos. Vírgenes Medievales de la Diócesis de León, León 1996, p. 18: "A veces las enterraban al ser retiradas del culto o sustituidas por otras, pues recibían el mismo tratamiento que cualquier otra persona fallecida del pueblo, dado el carácter de humanización con que eran consideradas, como las de Valderilla de Torío o de la Seca, que aparecieron soterradas debajo del pavimento de lugares de culto. También allí iban a parar aquellas que, inutilizadas, podían ser objeto de profanación o de rebajamiento por no cumplir con sus fines".

(3) PECIÑA, Marta: La Andra Mari de Agiñiga volverá a brillar en diciembre.

(www.elcorreodigital.com/vizcaya/20081010/alva/andra-mari-aginiga-volvera-&).

(4) Cabe recordar las leyendas de la Virgen de la Soterraña en Segovia o la del Cristo de la Luz en Toledo.

(5) SIGISMUNDI LIBERI BARONIS IN HERBERSTAIN: Rervm Moscoviticarum Commentarii,Basileae 1566 (citamos por www.hsaugsburg. de/~Harsch/Chronologia/Lspost16/Sigismundus/sig-co02.html). Bajo el título "Sequuntur canones cuiusdam Ioannis Metropoliae, qui dicitur Propheta, quos raptim ut potui adsequi, adiungere volui" se lee: "Imagines antiquae, & tabulae, super quibus consecrationes fiunt, non comburantur: sed in hortis, aut alio honorifico loco, ne iniuria afficiantur, aut dedecore, sepeliantur".

(6) TROBAJO, Antonio: "Más allá de ritos mágicos", La Crónica, 17 de Mayo de 2009, p. 3.

(7) Sobre esto cabe citar unas líneas de Alain (ALAIN: Charlas sobre educación. Pedagogía infantil, Barcelona 2002, p. 130), interesantes aunque no se esté totalmente de acuerdo: "De igual modo, todos nuestros pensamientos, tanto en la teoría como en la práctica, constituyen un desarrollo del catolicismo, que a su vez constituye un desarrollo del paganismo, como puede apreciarse por las anticipaciones de los estoicos e incluso de Platón, y como podemos ver todavía hoy en las supersticiones bretonas, incorporadas con tanta naturalidad al culto de los santos, de la Virgen y de la Trinidad".

(8) FERNÁNDEZ DEL POZO, José María: "Alfonso V, rey de León. Estudio histórico-documental", en VV. AA., León y su historia. Miscelánea histórica V, León 1984, pp. 9262, concretamente p. 173: "& surrexit uir unus nomine Gemondus ut moris est hominum rusticorum et nobiliorum perquirere uenatum. Et quia iam ut diximus locus ipse eremum erat er per rupribus et densarum siluarum absconsus iacebat, et nec eundi, nec redeundi ad ipsum locum uel semitam patefaciebat. Et uir supradictus ipse Gemondus uestigia sequens uenationis, ostendit ei Deus domum salutis animarum et abtissimum ipsum locum fidei et orationis. Et quia erat supradictus uir pro salute anime sue summa cum sollicitudine talem desiderans locum, nemo sciente nisi cui omnia nota sint et manifesta, Deus uidilicet, solus oculte introuit et pro salute anime sue diebus multis oculte ibi permansit, et post peracto tempore quod Deus uoluit illum manifestum fieri, solicitauit Deus et misit alios uenatores qui ipsum iam dictum uirum in ipsum oraculum inuenerunt ieiunis orationibus deditum et abstinentie&".

(9) Poema de Fernán González. Edición, introducción y notas de Alonso Zamora Vicente, Madrid 1978, estrofas 225225: "El cond Ferran Gonçalez, cuerpo de buenas mannas, cavalgo su caballo, partios´ de sus compannas, por yr buscar vn puerco, metios´ por las montannas, fallo lo en un arroyo çerca de Vasqueban[a]s. Acojio se el puerco a vn fiero lugar, do tenia su cueva e solia aluergar, non se oso el puerco en cueva asegurar, fuxo a vn ermita, metyos´ tras el altar. Era es[s]a ermita duna yedra çercada por que de toda ella non paresçia nada, tres monjes y veuian vida fuerte lazrada, San Pedro avia nombre es[s]a casa sagrada." (10) Ibíd., p. X de la Introducción.

(11) DIEGO SANTOS, Francisco: Inscripciones romanas de la provincia de León, León 1986, núm. 17.

(12) Recordemos al respecto el poema 34 que comienza "Dianae sumus in fide" de Catulo (vv. 912): "montium domina ut fores siluarum uirentium saltuumque reconditorum amniumque sonantum" (Citamos por la edición de José Carlos Fernández Corte y Juan Antonio González Iglesias, publicada en Madrid en 2006).

(13) MANGAS, Julio: "Religiones romanas y orientales", en VV. AA., Historia de España antigua. II. Hispania Romana,Madrid 1988, pp. 625661, concretamente p. 639.

(14) Máxime si tenemos en cuenta que "El desconocimiento casi total que tenemos de los mitos primitivos de la Península y la complejidad de formas que presentan las religiones primitivas indígenas hacen imposible traducir a esquemas lógicos occidentales todo el entramado de tales religiones". (MANGAS, Julio: "Religiones indígenas en Hispania", en VV. AA., Historia de España antigua. II. Hispania Romana, pp. 591623, concretamente p. 595.)

(15) BARANDIARÁN, José Miguel de: Mitología del Pueblo Vasco, Bilbao 1997, p. 11.

No obstante, quizá haya que considerar que incluso algunos de los elementos mitológicos considerados más propiamente vascos también pueden aparecer en otros lugares. Así, hace años expusimos nuestra hipótesis respecto a que una cueva de una población leonesa de la Cordillera Cantábrica, Vozmediano, llamada La Mariquita (con etimología popular) tuviese cierta conexión con la diosa de la mitología vasca Mari, cuya relación con las cuevas es conocida (MARTÍNEZ ÁNGEL, Lorenzo: "Aproximación al estudio de la religión como factor de las migraciones altomedievales en el norte peninsular. El caso de León", en VV. AA., Religiosidad popular en España: actas del Simposium (I), San Lorenzo del Escorial 1997, pp. 839851, concretamente pp. 844845, nota 13). Hemos leído hace poco el siguiente caso de Asturias: "En la cueva de la sierra de los Negros, en el monte Muñero, Langreo, cueva que es muy larga, hay un tesoro, pero para llegar hasta él hay que cruzar un pozo sobre el que hay tendido un varal a modo de puente y después del pozo existe una cascada. Un día unos hombres se adentraron dentro de ella para buscar el tesoro y después de cruzar el pozo y la cascada, oyeron decir a un gigante: Mariquita pica el ajo, que carne fresca tenemos.

Al mismo tiempo oían el ruido producido por el afilar de cuchillos. Entonces dieron la vuelta y no se atrevieron a volver más." ( Asturias, de Leyenda. Leyendas recopiladas por Jesús Suárez López, Asturias 2004, p. 265). Pensamos que nuestra hipótesis inicial se refuerza con esta leyenda asturiana.

Es más: consideramos que la muy extendida leyenda por diversos lugares de León y Asturias de lugares en los que hay dos arcas, una de algo positivo (como el oro) y otra de alguna enfermedad o algo negativo, bien podría ser el reflejo de los dos hijos de Mari, que en la tradición vasca son "Atarrabi y Mikelats, el primero bueno, malvado el segundo". (KORTAZAR, Izaskun: Mitología vascawww.forlang.wsu.edu/for1541/2005/ikortazar/Mitología Vasca-Mari.htm).

No se trata, obviamente, de que la mitología vasca haya llegado a otros lugares del norte peninsular: la explicación va más en la línea de entender que en los diversos puntos geográficos citados aparecen, con caracteres locales, elementos de un substrato común.

(16) ALAIN: O. c., p. 198.