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Un detalle legendario de las Cantaderas de la Catedral de León en el Siglo de Oro, originado por una metáfora medieval

MARTINEZ ANGEL, Lorenzo

Publicado en el año 2010 en la Revista de Folklore número 344.

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Diversos autores del Siglo de Oro hacen referencia a unos tambores antiguos utilizados en la fiesta de las Cantaderas, celebrada, como es sabido, en la Catedral de León, una de las más típicas de la ciudad junto a las Cabezadas, que tienen lugar en San Isidoro.

En un interesante artículo sobre las Cantaderas Dª. Concepción Alarcón Román hace referencia a algunos de los mencionados autores (1), si bien hay dos a los que no alude, siendo uno de ellos el primero de los que, en una obra impresa, proporciona información tanto de la fiesta como del detalle de los tambores que nos ocupa. Pedro de la Vezilla Castellanos, en su Segvnda parte del León de España (2), obra famosa en su época, como lo manifiesta el hecho de ser citada en el Quijote (3), escribe:

“A cuyo memorado y sancto dia
Congregados los grandes y menores,
En la Iglesia mayor con alegria
Y musica daran a Dios loores,
Rompiendo por la illustre compañia
Con ronco son de antiguos atambores
Ganados a Almançor y sus vanderas” (4).

Este detalle, que consideramos legendario (como creemos que quedará claro en el presente artículo), es repetido por otros autores del citado Siglo de Oro. Así, otro de los escritores no citados por Dª. Concepción Alarcón, el licenciado Salinas, escribe en una obra publicada en 1601 (5):

“Otra es lo que en memoria del triunfo hazen las doncellas de Leon (a quien llaman cantaderas) por perroquias el dia de la Assumpcion de nuestra Señora, todos los años, que por ser muy largo de contar (aunque de gran deuocion, y marauilla) no lo refiero aqui, y porque otros autores lo escriuen copiosamente. Tienen assi mismo en Leon los atambores originales que ganaron a los Moros en esta batalla” (6) .

El P. Lobera, en su Historia de las grandezas de la muy antigua e insigne ciudad y Iglesia de León,de 1596, recoge un detalle que permite comprobar que los citados tambores eran de un estilo diferente a los del siglo XVI (7), lo que no dejaría de ser para los leoneses de época renacentista una prueba que corroborase la antigüedad que la tradición les asignaba. También indica el mencionado autor que procedían de la batalla de Clavijo (8).

Aceptemos, por la forma que indica el P. Lobera, que esos tambores eran antiguos, pero ¿tanto como para hacerlos derivar de la alta Edad Media?

En verdad no. Aquí parecen haber influido dos factores, uno de mayor importancia que otro.

Partamos por el de menor trascendencia. Que aparezca en esta historia el nombre de un líder musulmán andalusí como Almanzor no debe extrañar, por la fama que alcanzó. En la ciudad de León adquiere un matiz especial, porque no es el único caso en el que esto sucedió. Así, a comienzos del siglo pasado se derribó el Hospital de San Antonio Abad, fundado en la Edad Media con el nombre de San Marcelo, situado junto a la parroquia de este nombre. En ese contexto arquitectónico se encontraban una torre, destruida como el resto del conjunto, que formaba parte de las murallas bajomedievales de la ciudad, llamadas tradicionalmente cercas. Pues bien: la citada estructura se llamaba Torre de Almanzor. Aunque hubiese sido edificada siglos después de su muerte, se le dio su nombre, algo a lo que sin duda contribuyó su renombre histórico, pero quizá también el proceso, tan repetido en nuestras tierras, de asociar algo antiguo con “los moros”.

El factor de mayor trascendencia, y al que hace referencia el título del actual trabajo, es una cuestión literaria. La clave nos la proporciona un autor leonés, Lucas de Tuy, canónigo regular de San Isidoro antes de ser nombrado obispo de la gallega sede tudense (9), en su obra Chronicon mundi, de la primera mitad del siglo XIII. Don Francisco Rico, de quien citamos el texto, enmarca el mismo indicando antes del mismo: “ A la muerte de Almanzor, se cantó”, y he aquí la clave:

“«En Calatañazor perdió Almanzor el tambor»; id est, in Calatanazor perdidit Almanzor tympanum sive sistrum, hoc est, laetitiam suam” (10).

De una expresión metafórica medieval se derivó la interpretación literal de que “Almanzor perdió el tambor”. Olvidado con el paso de los años el sentido literario de la expresión, pasó a poseer otro, tomado al pie de la letra, que derivó en leyenda, aplicada para explicar la antigüedad, sin duda manifiesta como informa algún testimonio anteriormente citado, de unos tambores empleados en una fiesta como las Cantaderas, tan vinculada a la idea de las luchas contra el Islam en los siglos de la Reconquista. Los tambores eran viejos, aunque no de siglos altomedievales, si bien la tradición que se les aplicó probablemente lo era todavía más que los mencionados instrumentos.

Hay un aspecto que no hemos tratado todavía. ¿A cuento de qué aparece Almanzor si los tambores se ganaron en la batalla de Clavijo? ¿Hay dos versiones legendarias al respecto? En realidad, puede que Pedro de la Vezilla estuviese equivocado, o, por el contrario, que la versión del origen de los tambores que proporciona, sea, por ser la más antigua que nos ha llegado, la original. Pero, incluso aunque estuviese equivocado, dado que la batalla de Clavijo no tuvo nada que ver con Almanzor, hay que recordar la dudosa historicidad del citado choque bélico. Aunque Pedro de la Vezilla hubiese errado al transmitir la creencia de su época en cuanto a Almanzor, probablemente ha dado la clave interpretativa sobre el tema, que anteriormente hemos expuesto. Además, es normal que, habiendo surgido la leyenda, se le agreguen nuevos detalles. En esta línea se encontraría otro elemento más, respecto al origen de uno de los tambores:

“ …los «atabales» o «atambores», que son casi del tamaño de una rueda de carro, de forma ochavada y semejantes a los que ganó en la guerra el rey Ramiro. Según reza la tradición, uno de estos llevó Osórez a la misma batalla de Clavijo, desde Astorga” (11).

En el ámbito de las leyendas no siempre resulta tan fácil como en el caso que analizamos en este artículo encontrar su origen y determinar la no historicidad del contenido de una de ellas, pero, personalmente, consideramos de gran interés comprobar cómo la cultura popular evoluciona y se adapta a lo largo de los siglos, acercándonos a un proceso ocurrido durante la Edad Media que acaba testimoniándose en época renacentista.

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NOTAS

(1) ALARCÓN ROMÁN, Concepción: “ La antigua ceremonia de las doncellas Cantaderas en León”, en Revista de Dialectología y Tradiciones Populares L-1 (1995), pp. 179–195, concretamente p. 179: “ En primer lugar daré cuenta de las descripciones que de ella hacen Atanasio Lobera y Francisco López de Úbeda, complementadas éstas con datos del Archivo Catedralicio a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII”.

(2) Salamanca 1586 (facsímil León 1982).

(3) I, VII.

(4) F. 367r.

(5) El título de la misma es Sumario de la memorable, y santa batalla de Clavijo, cierto y verdadero origen, y antigüedad del señorío, y señores de la villa, solar y divisas de Val de Osera,Madrid 1601. Este dato lo cito por RICO, Francisco: El texto del “Quijote”. Preliminares a una ecdótica del Siglo de Oro, Madrid, 2005, p. 511.

(6) Transcribo una parte del f. 7v reproducido fotográficamente en la p. 159 de la obra de don Francisco Rico citada en la nota anterior.

(7) ÚBEDA, Francisco de: Libro de entretenimiento de la pícara Justina. Notas y transcripción Antonio Rey Hazas. Estudio preliminar Juan I. Ferreras Tascón, León, 2005, p. 291, nota 66: “ Van asimismo dos atambores antiguos de guerra tan grande cada uno como una rueda de carro (…). Tiene cada atambor dos aldabones a los lados por donde lo llevan asido dos hombres. Sacúdenles con varas gruesas tan recio, que hacen mucho mayor estruendo que los atambores de guerra que en este tiempo se usan”. La razón de que en una edición de La pícara Justina se utilice la obra del P. Lobera se explica en la p. 289, nota 59: “ López de 46 Úbeda, que visitó León en febrero de 1602, no pudo presenciar sus fiestas de agosto”.No se trata, pues, de una experiencia personal de las mismas, sino de la recreación a partir de una obra que describía pormenorizadamente estas celebraciones: la Historia de las grandezas de la muy antigua e insigne ciudad y Iglesia de León, del P. ANASTASIO LOBERA, que acababa de publicarse en 1596. Veremos cómo, en todo lo que resta del número, el autor sigue siempre directamente la obra del P. Lobera.

(8) “Tiénese por tradición, que son estos atambores los mismos, que ganó en Clavijo el Rey don Ramiro”. Cita contenida en ALARCÓN ROMÁN, Concepción: a. c., 188. Añade a continuación la mencionada autora: “ Lobera advierte de la importancia de estos atambores y de lo que significaban, porque aunque eran como de guerra pero ochavados y extraordinariamente grandes y ruidosos, y su estruendo no importaba tanto, pues hacían referencia a aquellos ganados por Ramiro y eran motivo de alegría”. Téngase presente la asociación entre los tambores y la alegría en relación con la hipótesis principal del presente artículo.

(9) Sobre la vida y obra escrita de este autor remitimos a FERNÁNDEZ CONDE, F. J.: “ El biógrafo contemporáneo de Santo Martino: Lucas de Tuy”, en VV. AA., Isidoriana1. Santo Martino de León. Ponencias del I Congreso Internacional sobre Santo Martino en el VIII Centenario de su obra literaria. 1185–1985, León 1987, pp. 303–334.

(10) RICO, Francisco: Estudios de literatura y otras cosas, Madrid, 2002, p. 15, nota 4. La versión romanceada de esta obra de Lucas de Tuy dice así: “ Pero fue vn marauilloso dicho en esse dia [que] en Calatanasor fue vençido el rey: vno como pescador en la ribera del rio de Guadalquevir, como plañendo, bozes en palabra caldea, e a uezes en española, clamaua diciendo: «En Calatanaçor perdio Almançor el atambor»; que quiere decir que en Calatanaçor perdio Almançor el pandero, que es su alegria; […] Mas Almançor, desde esse dia que fue vençido, nunca quiso comer nin beuer, y veniendo en la çibdad que se dize Medinaceli morio…”( Crónica de España por Lucas, obispo de Túy. Primera edición del texto romanceado conforme a un códice de la Academia, preparada y prologada por Julio Puyol, Madrid, 1926, pp. 330–331).

(11) PASTRANA GARCÍA, Juan: Alrededor de León. ¿Foro y Oferta?. Las Cabezadas y Las Cantaderas, León, 1959, p. 15.