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Los Arcos de San Juanito de Béjar (Salamanca): una tradición ligada a los ritos vegetales. Explicación y evolución histórica

CASCON MATAS, M. del Carmen

Publicado en el año 2011 en la Revista de Folklore número 350.

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Introducción (1)

La costumbre de armar arcos de follaje el día de San Juan se considera una de las fiestas de carácter infantil y juvenil más tradicionales de Béjar, un motivo de encuentro entre distintas generaciones de bejaranos. Padres y abuelos ayudan en su construcción, mientras los niños mantienen con su entusiasmo el espíritu de una tradición única. Los Arcos de San Juanito forman parte del acervo popular y del folclore de la ciudad salmantina, siendo legado su espíritu de generación en generación, de padres a hijos, de abuelos a nietos, circunstancia esta que dificulta extraordinariamente el estudio de sus orígenes. Escasos testimonios documentales se conservan más allá del siglo XX por lo que se hace preciso recurrir a la memoria oral o a la prensa más reciente. Lo que es claro es su imbricación con las tradiciones ligadas al paso de la primavera al estío, momento de explosión fecunda de la naturaleza en que tan prolíficas son las fiestas de todo tipo (San Juan, Cruces de Mayo, San Pedro, San Antonio, Corpus Christi, Peña de la Cruz). Coincide con la bonanza en los temporales, con un cambio de ciclo agrícola y ganadero, con el florecimiento del campo. El 24 de junio representa el fin de un periodo en el calendario y el inicio de uno nuevo con la irrupción del solsticio de verano. Por otro lado, no hemos de olvidar que una de las parroquias creadas al calor de la repoblación de Béjar a finales del siglo XII o principios del XIII ostenta la advocación de San Juan Bautista. Probablemente si la fiesta ha logrado sobrevivir deberíamos tener en cuenta dicha causa porque se relaciona íntimamente con la celebración del patrono de una de las feligresías más significativas de la villa. No en vano en 1568, por decisión obispal, se redujeron las diez parroquias creadas en el proceso repoblador a solamente tres, una de las cuales fue precisamente la mencionada. A lo largo de la Edad Moderna y Contemporánea a la iglesia de San Juan Bautista perteneció la jurisdicción del área de expansión poblacional de Béjar más allá del cerco defensivo, mientras que las de Santa María la Mayor y El Salvador ceñían su feligresía al casco antiguo constreñido por las murallas. Todo ello nos hace pensar en una perdurabilidad de las costumbres de esta parroquia siempre en progreso poblacional, situación que no se ha producido en ritos religiosos vinculados a otras iglesias.


Descripción de la tradición

Para comprender de manera más o menos exacta en qué consiste la tradición de los Arcos de San Juanito se hace necesaria una descripción, aunque sólo sea somera, de la misma. Coincidiendo con la fiesta de San Juan Bautista, 24 de junio, padres y niños de distintas familias o de una misma madrugan para confeccionar un armazón de materiales diversos (suelen ser de madera o metal) de preferente diseño en arco de medio punto. Puede estar construido con uno, dos o tres arcos, aunque siempre alojando una mesa a modo de altar revestida con mantel. El armazón se esconde tras un espeso follaje (tradicionalmente hiedra) adornado con variopintos elementos elaborados con papel y otros materiales diversos y de manera manual, siendo reconocibles por sus variados colores (farolillos, cadenetas, pajaritas, etc.).

A partir de ahí actúa la imaginación y posibilidades de cada grupo, pudiendo ser integrados en el conjunto animales de carne y hueso, panes, uvas, cestillos, mesas y sillas; en definitiva, un auténtico catálogo de curiosidades para despertar el interés de los transeúntes. Imprescindible una imagen de San Juanito, bien en papel, bien de talla.

Una vez finalizado el montaje se da paso a los niños, quienes protagonizan la petición de “una perrita para San Juanito” a los pasantes y vecinos en tiempos pretéritos, “una pesetita para San Juanito” en los cercanos, y “un centimito para San Juanito” en los actuales. La secuencia sería la siguiente:

El niño: “Una pesetita pa San Juanito” El transeúnte: “Pero si San Juanito no come...”. Todos a coro: “Pero gasta calzones”. Los chavales (entre 3 y 14 años, más o menos) recorren las calles de Béjar, comercios y casas, con su cara pícara y su sonrisa de oreja a oreja con el fin de pedir dinero. Nadie se libra del asalto: tiendas, viandantes, domicilios. La cantidad recaudada se reparte entre los niños del grupo de manera equitativa hacia las dos de la tarde, momento en que concluye la sesión matinal y se comienzan a recoger.

Durante la mañana un jurado compuesto por representantes de la parroquia de San Juan Bautista, ayuntamiento y Carbónicas Molina recorre cada uno de los arcos con el objetivo de confeccionar una lista en la que figuren los mejores, adjudicando una nota a cada uno en función de su originalidad, trabajo, decoración o tradición (son imprescindibles la confección del arco adornado con hiedra, la mesa y una imagen del santo) que serán premiados al final de la jornada. La tradición está salvaguardada gracias a la colaboración conjunta de la empresa Carbónicas Molina, parroquia de San Juan Bautista y ayuntamiento de Béjar. Desde años dicha empresa aporta altruistamente regalos variados para incentivar la participación, obsequios que se sortean por la tarde entre los participantes. Los mejores arcos se alzan con un premio en metálico, cuyas cantidades van disminuyendo según la posición en la lista elaborada por el jurado hasta un total de seis grupos. También se rifan bicicletas, mochilas, juegos, balones y otros objetos para procurar que buena parte de los niños no se vayan de vacío.


Los orígenes remotos de la fiesta de San Juan

La tradición, como hemos dicho, en plena estación de florecimiento y explosión fecunda de la naturaleza, se integra plenamente en los ritos relacionados con la vegetación. En días previos, el 21 de junio, se celebra la llegada del solsticio de verano, el día más largo del año que en otras épocas era recibido de múltiples formas. En general, las sociedades antiguas, dado que a partir de esa fecha se acortan las horas de luz, interpretaban que era necesario dar potencia al sol por medio de hogueras, fuego que a la vez ahuyentaba el mal y que se alzaba como símbolo de renovación. Los vecinos se echaban a la calle portando todo tipo de objetos que eran arrojados a las llamas como rito de purificación a la vez que medio para avivar ese fuego que proporcionaba fuerzas al astro rey (2). Se daba de esta manera culto al sol y a la diosa madre naturaleza, fecunda en pleno florecimiento, dadora de frutos.

En Béjar se echan de menos las prácticas relacionadas con el agua que son características de nuestra zona el día de San Juan (3). Probablemente, con la introducción del cristianismo, el conglomerado de ritos preexistentes de honda raigambre popular ligados al solsticio de verano se fusionaron en esta festividad coincidente en el calendario litúrgico.

Por lo que se refiere al uso de elementos vegetales para la confección de los arcos, San Juanito se adhiere a la presencia de costumbres relacionadas con la naturaleza que provienen de épocas remotas y que todavía perduran con significados religiosos cristianos, como por ejemplo los Hombres de Musgo (4). En todo caso, los arcos de follaje no eran extraños a la compleja simbología de arquitectura efímera que solía desplegarse al calor de los grandes acontecimientos civiles y religiosos de la villa durante la Edad Moderna. Se documenta la construcción de complejas estructuras adornadas con hiedra para la procesión del Corpus Christi (5), aunque sus dimensiones fueran en realidad mayores a la de los Arcos de San Juanito pues la comitiva religiosa pasaba con facilidad bajo ellos. En el libro de actas del consistorio de 1751 aparecen enumerados los altares que se alzaban en distintas partes del recorrido procesional (6), especificando a quien correspondía la responsabilidad de su construcción y el punto exacto en que debía colocarse cada uno. El sacerdote que portaba la custodia debía hacer una breve parada en aquellos que tradicionalmente constaban de un pequeño altar. Hay que tener en cuenta que su organización correspondía al Consistorio bejarano, institución que ostentaba este privilegio desde tiempo inmemorial. De los peculios del común se costeaban siete arcos de follaje, a los que se añadían otros construidos por los gremios profesionales de la villa: mercaderes, tejedores y procuradores. En el alfoz de Béjar aún perduran ritos vegetales vinculados a la fiesta de San Juan. Tal es el caso del árbol de San Juan de Valdelageve, del árbol mayo de Valdesangil o La Calzada de Béjar, la enramá de Colmenar de Montemayor o la picota de La Garganta (7).


Los Arcos de San Juanito en el siglo XX

Aclarados estos puntos, se hace necesario retrotraernos algunas décadas en el tiempo y rastrear en periódicos de la época para poder hallar alguna referencia a los Arcos de San Juanito. Los documentos encontrados al caso se refieren estrictamente a la centuria pasada y se concentran en testimonios de carácter oral o pequeños artículos publicados en prensa. En general se aprecia la existencia de varias fases determinadas que vienen marcadas por auges y retrocesos en la fiesta.

La primera llegaría hasta la guerra civil española, más o menos y en ella se observa una estrecha unión entre la verbena de San Juan y los arcos elaborados por los niños del barrio. La fiesta posee un carácter tanto diurno como nocturno, advirtiéndose la presencia de adultos y chavales en amor y compaña. En 1915 (8) en el periódico La Victoria de Béjar se cita textualmente: “Animadas y concurridas han estado las verbenas de San Juan en los distintos barrios de la población. (...) En otras calles de la población también se levantaron sus arquitos y en todas se veía la animación propia de la festividad y en los puntos estratégicos estaban los niños con pequeños platillos que pedían «una perra para San Juanito»”.

Especialmente descriptivo es el artículo publicado en 1949 en el semanario Béjar en Madrid por Manuel Rodríguez Peña (9) en el que describe la fiesta tal y como la celebraba de niño unos 50 años antes. “Los de aquella época recordarán que los arcos se levantaban en la noche de San Juan en los barrios de Puerta de Ávila, San Juan, Solano y Comendador”. Es interesante su puntualización de que el arco de la Puerta de Ávila “lo levantaban los vecinos del barrio”, no únicamente los niños, que sí participaban en los restantes. En éste se centraba toda la celebración nocturna, pues se quemaban fallas, había fuegos artificiales, tracas y tocaba la banda municipal.

En cuanto a los niños, lo primero que organizaban era una “junta inicial para hacer un arqueo y ver el dinero que reuníamos entre todos los chicos del barrio, con ayuda de nuestros padres, naturalmente (...) En cuanto reuníamos 10 céntimos, a comprar una hucha o bocheta para guardar los cuartos que nos daban los amigos y conocidos de los padres”.

“El domingo anterior a San Juan teníamos que ir a buscar al señor León, el tamborilero del Castañar (...) lo imprescindible de la fiesta” que tocaba desde las ocho hasta las doce de la noche de ese día. “Otro trabajo y penoso era buscar la hiedra para vestir el arco, que no siempre nos salía bien a la primera. Trabajos secundarios eran hacer banderitas, gallardetes y farolitos de papel, en colores, que adquiramos en la librería de Raulet, percalinas y gasas que amablemente nos regalaban el comercio de Usallán, velas en La Favorita y faroles de cristal y papel en la fonda de Ignacio, lo demás necesario clavos, cuerdas, etc, etc, se lo comprábamos al señor Zacarías que a la vez era nuestro tesorero”.

“El homenajeado, o sea San Juanito, nos lo dejaba muy bien ataviado la señora de V. Cancho, que en el centro del arco le colocaba primorosamente, a la que ayudaban las niñas del barrio. Dos días antes hacíamos la postulación sin salir del barrio, por miedo a las agresiones del vecino”.

El 5 de julio de 1969 Vicente González Tejeda, en el artículo titulado “Recuerdos de mi niñez. Los arcos de San Juanito” (10), hacía un ejercicio de memoria colectiva sobre la práctica de esta costumbre bejarana en sus años infantiles. “Los chavales honrábamos al santo levantando en plena calle o en las plazuelas aquellos modestos arcos formados con palos revestidos de hiedra, que semejaban trapecios invertidos coronados por un ángulo, y que engalanábamos con la inevitable estampita de San Juan y con múltiples banderitas, cadenetas y farolillos hechos de papeles multicolores pegados con engrudo, que fabricábamos a base de agua y harina (...). Y henos aquí a toda la pandilla encaramándonos a las tapias de las huertas o jardines (...) tratando de arrancar de ellas esa bonita y decorativa planta, que después adornábamos aún más al ceñirle la cadeneta hecha de tiras de papel multicolor”.

“Esta ofrenda al santo tenía como contrapartida otra faceta menos afectiva y más materialista- que de alguna forma teníamos que resarcirnos de los gastos realizados, no cuantiosos, pero sí de cierta importancia en aquellos tiempos-. De ahí que nos viésemos obligados a la compra de un magnífico gallo o ave de corral (...) y rifarlo mediante previa emisión de papeletas numeradas, cuya colocación o venta entre familiares, vecinos y conocidos nos reportaba el mayor y más costoso trabajo de nuestra larga cadena de esfuerzos. Claro está que también contribuían a sufragar gastos las pedigüeñas solicitudes que hacíamos a nuestros convecinos (...) Y aquellas monedas (...) suponían una cantidad de pesetas que bastaban y sobraban para una posterior merienda campera (...)”. La segunda fase podría ser denominada como “etapa de los altibajos”, pues tras la guerra civil se produce un parón festivo a causa de la depresión general. Dado que los arcos se vinculaban a las verbenas y espectáculos nocturnos, prohibidos en los primeros años de esta etapa, la tradición infantil estuvo a punto de desaparecer. Sin embargo, y quizás por las estrecheces económicas, los chiquillos los siguieron construyendo de manera independiente a la verbena y con carácter diurno. Es decir, se suprime el festejo nocturno, pero San Juanito se sigue celebrando limitándose la jornada infantil y petitoria al propio día de San Juan.

En el Béjar en Madrid de 26 de junio de 1943 (11), un escritor que firma como A., en un artículo titulado “El detalle de la semana”, resalta la pervivencia de esta tradición en Béjar. Siguiendo sus propias palabras “lo que no está escrito y es indudablemente un detalle característico y pedigüeño de la historia bejarana es lo concerniente a los arcos que en honor de San Juan y provecho de sus bolsillos hacen los chicos por calles y plazas. Arcos que sirven de pretexto para coger una bandeja, plato o cenicero y pedir a todo el que se atreva a pasar a su alcance. Lo malo es que esta institución le han salido también estraperlistas, ya que así pueden llamarse los que sin hacer arco se echan a la calle estafando a los paseantes y a los que se toman el trabajo de hacer el arco.” El hambre de los años 40 hacía que muchos críos hambrientos sacaran unas perrillas con la excusa de los arcos. De hecho, según el cronista, los muchachos, tras pedir para San Juanito de la manera habitual, a lo cual respondía el interpelado con su “San Juanito no come”, respondían “pero comemos nosotros”.

En 1948 la parroquia, en un intento por cristianizar esta práctica, introduce un programa matutino infantil que constaba de misa a 10 de la mañana y procesión posterior en torno a la iglesia portando una imagen del santo. Por otro lado, los mayores ven con nostalgia la pérdida de ciertas tradiciones aparejadas a los Arcos de San Juanito, tales como las verbenas, bailes y jolgorio nocturno. Al llegar a los años 60 la festividad de San Juan estuvo en trance de desaparecer.

La tercera fase supone la recuperación. El 18 de julio de 1966, en el Béjar en Madrid, don Carlos Muñoz, párroco de San Juan Bautista, publica un artículo (12) titulado “Nuestras fiestas patronales”, en el que hace un llamamiento para la recuperación de las fiestas del patrón del barrio. “Yo os he oído a los mayores que antiguamente se celebraba la fiesta de San Juan Bautista con verdadera esplendidez folklórica. Por lo visto la plazuela que rodeaba entonces a la parroquia se llenaba de las alegrías de la verbena popular con las voces y las carreras de los chiquillos, la animación de la juventud y la tibia nostalgia de quienes ya vivían del recuerdo. Había una charanga que alborotaba los aires haciéndoles rimas en paso de danza, y churros y puestos de turrón de pueblo (...) También os acordaréis de una famosa procesión, la de San Juanito, y de unos “arcos” que los muchachos hacían profusamente por todas las calles en honor al Santo pidiendo “una perrita para San Juanito”. Era el dinerillo que los chicos se gastaban alegremente al día siguiente en la verbena. Todo aquello pasó (...) la circulación prohíbe la verbena, y nuestros gustos de hombres distintos a nuestros abuelos han hecho desvanecerse esta tradición religiosa que había nacido seguramente cuando la parroquia era una iglesia pequeña y todo esto era el barrio extremo de la ciudad donde apenas vivían cuatro familias (...)”.

Al año siguiente, en 1967, el párroco había retomado la misa infantil de las 10 de la mañana y la procesión del día 24 de junio. Sin embargo, los arcos seguían relegados al olvido.

Dos años después, el 5 de julio de 1969, el Béjar en Madrid se hacía eco de la restauración de los Arcos, gracias al empeño de la parroquia de San Juan Bautista y de la empresa Carbónicas Molina. “Las tradiciones hay que renovarlas y así lo han entendido la parroquia de San Juan y la empresa bejarana Carbónicas Molina que lo ha patrocinado, y se preparó un certamen local entre los chiquillos de Béjar por la construcción de los típicos arcos de San Juan. Hubo bastantes en todos los barrios. Una comisión jurado recorrió todos y falló los premios (...) Más que los premios nos interesa resaltar el hecho para que sirva de estímulo y acicate a los muchachos bejaranos”.

Los obsequios que entregaba la empresa durante el concurso consistían en 500 pesetas para el primer premio, 300 para el segundo y 100 para el tercero, además de un lote de libros para cada grupo participante. La parroquia concedía, además, 25 pesetas a cada uno, mientras que Molina sorteaba diversos artículos. Los galardones eran repartidos en la plazuela de la iglesia de San Juan Bautista. En general, durante estas fechas el número de arcos osciló entre 30 y 40.

La tónica festiva general se ha mantenido desde entonces, introduciéndose variantes tanto desde el punto de vista organizativo como en el número de premios y sorteos. Por ejemplo, actualmente se ha incluido un límite de participantes por grupo, obligando los organizadores a portar una prenda identificativa por niño (camiseta o gorra) repartida a primera hora de la mañana por Molina para que no existan “estraperlistas”, como se indicaba en los años 40. A los mecenas de entonces, Carbónicas Molina y la parroquia de San Juan, se ha sumado hace unos años el ayuntamiento de Béjar, aunando esfuerzos para que la tradición legada por nuestros mayores no se pierda para siempre.


Otros lugares en los que se celebra

En algunos lugares de la geografía española se han mantenido los Arcos de San Juanito o ritos más o menos análogos relacionados con la vegetación. Por ejemplo, en Albarracín (Teruel) se colocan “enramadas” en los balcones, ramas tranzadas de hiedra y adornadas con flores en los balcones de las muchachas jóvenes cortejadas al llegar la primavera, las conocidas como “mayas”. En Burgos parece ser que esta tradición, mezclada con la de los arcos, se perdió con el paso inexorable del tiempo (13). En Sigüenza (Guadalajara) existe una costumbre llamada “Arcos de San Juan” que es prácticamente idéntica a la bejarana hasta en la cantinela de los críos:

Dicen los niños: "una perrilla p'al arco de San Juan" Los mayores responden: "San Juan no come" Contestan los niños: "pero comemos las sanjuaneras" Sus orígenes son igualmente desconocidos, quizás medievales, con escaso presupuesto y de carácter familiar, punto en el que diverge un poco con respecto a la festividad de Béjar, puesto que los críos que se unen para elaborar el arco son vecinos y amigos. En todo caso, los arcos se adornan con ramas de chopo, frente a la yedra de los bejaranos, en la noche del 23 de junio con la colaboración general de los vecinos en distintos puntos de la ciudad y al día siguiente se produce el acoso infantil a los adultos. En esta ciudad los niños van vestidos de pastorcillos o sanjuaniegos. En los años 80, ante el decaimiento de la fiesta, se decidió iniciar un concurso por parte del ayuntamiento. Los arcos se desmontan al día siguiente, aunque esa misma noche, tras el veredicto del jurado, se ofrece a todos los participantes un chocolate caliente. “Algunos cumplen con una antigua creencia, propia del ritual mágico de la noche de San Juan, consistente en recoger los pétalos de rosas del arco, sumergirlos en agua, dejarlos reposar 24 horas en la ventana de su casa y después lavarse la cara con ella. Dicen que el agua de rosas macerado la noche de San Juan, protege del aire frío del invierno...” (14).


1 Un trabajo dedicado al mismo tema ha sido publicado a nivel local en el Especial del Semanario Béjar en Madrid de diciembre de 2010 con el título de “Un ejercicio de recuperación de la memoria: la fiesta de San Juan y los Arcos de san Juanito”.

2 DONDERIS GUASTAVINO, A.: “Los arcos de San Juan en Sigüenza”. Excmo. Ayuntamiento de Sigüenza (Guadalajara).

3 PUERTO, J. L.: Celebración del mundo, celebración del tiempo. (Ritos y creencias sobre la vegetación en las Tierras de Béjar). Discurso de ingreso al C.E.B. num. 22, 2006. Sobre los rituales ligados a San Juan también del mismo autor “Celebraciones de solsticio en la Sierra de Francia (Salamanca)”. Revista de Floklore num. 157, 1994.

4 CUSAC, G.: “Los hombres de musgo. Análisis de una leyenda”. Varios artículos publicados en el semanario local Béjar en Madrid en Agosto y Septiembre de 1990. Para un estudio más profundo sobre el tema de los Hombres de Musgo ver CUSAC SÁNCHEZ, G. y MUÑOZ DOMÍNGUEZ, J.: Los Hombres de Musgo y su parentela salvaje. El mito silenciado, Diputación de Salamanca y CEB, Salamanca, (en prensa).

5 MARTÍN LÁZARO, A.: “Una crónica bejarana”. Semanario Béjar en Madrid, 1924. En varios artículos desgrana la “Relación de la entrada de la Excma. Sra. Doña María Alberta de Castro, duquesa de Béjar y Plasencia en su estado de Béjar y las fiestas que se le hicieron”.

6 Archivo Municipal de Béjar: Libro de actas de sesiones del consistorio, 22 de mayo de 1751. También consultar para este tema LÓPEZ ÁLVAREZ, A: Ideología, control social y conflicto en el Antiguo Régimen: El derecho de patronato de la Casa ducal sobre la procesión del Corpus Christi de Béjar. Premio Ciudad de Béjar 1994. Ed. C. E. B. y Excmo. Ayuntamiento de Béjar, 1996.

7 PUERTO, J. L.: Ob. cit., pp. 34-36.

8 Semanario La Victoria, 26 de Junio de 1915, no 1.091.

9 Semanario Béjar en Madrid, num. 1.424, 2 de Julio de 1949.

10 Íbidem, num. 2.468, 5 de Julio de 1969.

11 Íbidem, num. 1.112, 26 de junio de 1943.

12 Íbidem, num. 2.309, 18 de Julio de 1966.

13 DONDERIS GUASTAVINO, A.: Ob. cit. Acerca de otros ritos de Burgos ligados a la vegetación TEMIÑO LÓPEZ-MUÑIZ, María Jesús: “Enramadas, mayos y plantas protectoras en el ciclo festivo burgalés”. Revista de folklore num. 197, 1997.

14 DONDERIS GUASTAVINO, A.: Ob. cit.