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Editorial

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 2011 en la Revista de Folklore número 351.

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Los más recientes estudios bíblicos son partidarios de considerar el libro del Génesis como el resultado de una serie de relatos orales del segundo milenio antes de Cristo. Si esto es así, tendríamos la primera referencia literaria del uso del pandero en uno de sus capítulos, precisamente el que describe el episodio en que Labán da alcance a Jacob y le reprocha que haya huído diciéndole: “Yo te habría despedido con alegría y con cantares con panderos y arpas”. En el libro del Exodo, María, la hermana de Moisés y Aarón toma un pandero y, seguida por otras mujeres que también los llevan, se lanza a alabar a Yavé que arrojó a los egipcios al mar. La palabra Toph, en hebreo, significaba tambor, pero también cualquier objeto ruidoso en una de cuyas caras se pudiese golpear para hacer ruido. Esta significación iba unida a una historia por lo menos curiosa: una parte del valle de Hinnom, cerca de Jerusalén, se llamaba Tophet, en recuerdo de los sacrificios de niños que en ese lugar se atribuían a los seguidores del Dios Moloch. El lugar fue llamado en griego Gehenna y por sus características y por los hechos que allí tenían lugar bien podía considerarse como la antesala del infierno. Los sacerdotes de la terrible religión se dedicaban a tocar tambores para no escuchar los gritos de los niños sacrificados al dios. Plutarco lo confirma en su libro sobre las supersticiones de los pueblos de la antigüedad cuando dice: “Antes de que la estatua fuese llenada se inundaba la zona con un fuerte ruido de flautas y panderos, de modo que los gritos y lamentos no alcanzaban los oídos de la multitud” (De Superstitiones, 171). Cuando el profeta Ezequiel consigna las palabras que Yavé dirige al rey de Tiro para explicarle la vida del hombre antes de la expulsión del paraíso, dice: “En el Edén estabas, en el jardín de Dios, y en oro estaban labrados los panderos que tenías desde el día de la creación”. Todos estos relatos hacen suponer que el pandero era un instrumento bien conocido para los hebreos y muy relacionado con los usos litúrgicos, como antes lo fue para otras civilizaciones de las que se conservan restos en los que aparece alguna iconografía. En efecto, en las excavaciones de Catal Hoyouk, en Turquía, se han encontrado, en las paredes de un mausoleo de la que se considera una de las primeras ciudades de la historia, unos sacerdotes tocando panderos para acompañar un rito seguramente funerario. Esa relación entre religión e instrumento golpeado se confirma en muchos otros textos bíblicos en los que se usa para “vencer a los enemigos”, para alabar a Dios o para recibir su palabra.