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La reliquia de Palazuelos (Guadalajara) como motivo de sociocentrismo religioso

LOPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón

Publicado en el año 2011 en la Revista de Folklore número 351.

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(Un ejemplo de etnografía en la literatura actual)

Acerca de la reliquia de Palazuelos, podemos leer lo siguiente:

“Entre las leyendas cabe destacar la del “Niño in Crucis”, materializada en uno de los altares de la parroquia, por un niño Jesús barroco, en cuyo sagrario hay una pequeña cruz que, según tradición, contiene una pequeña astilla del árbol en que fue atormentado Jesucristo. Sólo lo pueden tocar los niños y el cura. Cuando en verano se acerca al pueblo alguna nube que pueda traer pedrisco, toma un niño en sus manos la reliquia y se llega con ella hasta la puerta del templo, donde espera un rato mientras las mujeres rezan. El milagro se realiza cuando la nube se aleja del pueblo.” (1)

Curiosamente dicha reliquia sirve de tema literario, entre otros muchos aspectos a tener en cuenta desde un punto de vista etnográfico, en un libro de viajes recientemente publicado (2):

“Cuando aparece Palazuelos, pueblo que conserva todavía unas macizas murallas, un hombre que viaja de pie, como el caminante, dice, al parecer, sin venir a cuento:
- Este año, los de Palazuelos, no han tenido ocasión de sacar la reliquia, porque ha llovido el agua que esta tierra necesita.
Luego, queda en silencio sin dar más explicaciones. Una de las mujeres sentencia:
- A ver.
Y nada más. Pero al caminante le ha picado la curiosidad. Quiere saber. Al hombre le sorprende la ignorancia del caminante.
- Estos de Palazuelos tienen una reliquia de mucho mérito. Está hecha con la madera de la cruz que crucificaron a Nuestro Señor. Los años que graniza o hay sequía la sacan en procesión solemne, con sacerdote y todo. Hasta se comenta que una vez vino el señor Obispo de Sigüenza a oficiar la función porque el granizo no paraba de caer.
El hombre sigue informando al caminante.
- De todo punto es necesario que la lleve un niño inocente para que haga efecto. Jamás un adulto. Estas cosas son muy serias.
Aquí tercia una de las mujeres, quien se arroga en testigo presencial de los hechos.
- A veces es visto y no visto. En cuanto sacan a la calle la reliquia, el granizo se hace agua.
- Eso es muy verdad -apostilla otra mujer, como si alguien hubiera expresado alguna duda.
- Miren ustés -sigue-, hace dos años se apedreó toda la comarca menos el término de Palazuelos. En los lindes bien se veía. De mojones pacá, sin apedrear y de mojones para allá, todos los trigos machacados, como si hubiera pasado una apisonadora.
La mujer lo cuenta con su fe, con tal convicción, que el caminante ha estado en un tris de creérselo.
- Con razón no sueltan la reliquia ni pa Dios. Se la querían llevar los de Sigüenza para custodiarla en la Catedral, pero todo el pueblo salió a la calle y por poco no se arma la de Dios es Cristo. No todos los días aparece una reliquia de la cruz de Jesucristo, concluye el hombre.
El caminante, que en su fuero interno no acaba de tragar del todo, echa mentalmente sus cálculos y comprueba que saldrían demasiadas cruces con todas las reliquias que ha visto. Pero al fin y al cabo, qué más da.
- En Riosalido tienen unos santillos que también dicen que deshacen el granizo… Sin embargo, una vez que los sacaron, si no nos metemos en la iglesia, nos achichonan las piedras. Caían granizos como huevos.
- Hay quien les tiene fe -reconoce la mujer de la cesta-, pero para mí los santillos de Riosalido ni fu ni fa.” (3).

El relato precedente fue escrito hacia finales de los años cincuenta, cuando la población rural todavía se mantenía y las costumbres no habían desaparecido, por lo que decidí ponerme en contacto con su autor, al que pregunté:

“Considerando que un libro de viajes se puede escribir con datos fidedignos, es decir, reales, y también con datos inventados, me gustaría saber si los que usted tomó acerca de este tema, referentes a Palazuelos y a Riosalido, o sea, los que figuran en su libro ¿son verdaderos -contados por la gente del pueblo- o ficción –ideados por usted-?” (9 de Julio de 2010).

A los pocos días, la amable respuesta del autor me llegó:

“En cuanto a la conversación que el caminante mantiene con la gente del autobús sobre las reliquias y santillos, yo no hice otra cosa que recoger sus palabras. Nunca me planteé investigación alguna sobre si sus manifestaciones eran ciertas, inventadas o exageradas, como tampoco lo hice en otros sucesos y narraciones que aparecen en el libro. Mi intención al proyectar el viaje y escribir el libro no era otra que narrar y describir todo aquello que me saliera al paso con la mayor precisión y rigor de que fuera capaz, a modo de un espejo plano, según el precepto de Balzac, paseado a lo largo del camino. A ras de suelo. Paisaje y paisanaje. Lo más aséptico posible.”
(21 de Julio de 2010).

Por lo tanto, ya sabemos a ciencia cierta que las mujeres y el hombre de Palazuelos no mentían, que sólo mantenían firme su fe en la reliquia y, por supuesto, su acendrado sociocentrismo (lo nuestro es lo mejor, lo de los pueblos vecinos no vale para nada).

De la lectura del texto anterior pueden extraerse una serie de “motivos” o “expresiones” que dan fe de ese sociocentrismo al que he aludido antes. Veamos unas cuantas que considero interesantes:

- Su reliquia (la de Palazuelos), es mayor que la de los pueblos circundantes, en caso de que tengan alguna reliquia.

Es evidente que el tamaño de la reliquia influye en la mentalidad popular rural; parece ser que cuanto más grande fuera la reliquia, mayor era su grado efectividad, su poder sobre el mundo terrenal.

- Está hecha con madera de la cruz en que crucificaron a Cristo.

Este es un apartado muy importante y digno de ser tenido en cuenta por encima de los demás. No se trata, en este caso, de una reliquia “mínima”, por así decir, perteneciente a los restos de un “simple” mártir; no, ya que se trata de una reliquia verdaderamente importante, puesto que procede de la mismísima cruz en la que Nuestro Señor padeció su Santo Sacrificio.

- Hace más milagros y es más importante.

Completa este punto el anterior, puesto que se trata de la cruz que estuvo en contacto “directo” con Jesús, el Hijo de Dios, su poder es mayor, más milagroso y, por lo tanto, comparada con otras reliquias, es de menor importancia (no tiene ni punto de comparación).

- Se sienten orgullosos de poseer tal reliquia en su pueblo.

Este es el tema fundamental. Aquí se pone de manifiesto la verdadera superioridad de Palazuelos (y su reliquia) respecto a los pueblos circunvecinos. Es “su” reliquia desde siempre y nadie puede, ni podrá nunca, nada contra ella. Está por encima del resto.

- Tienen gran fe en las rogativas.

Podríamos pensar en formas antiguas de ver las cosas, la religiosidad popular rural tan anclada, en aquellos años a sentimientos y manifestaciones anteriores, heredadas- generalmente por vía familiar- que, en gran parte, seguían impregnadas de conceptos que nada tenían que ver con la religión católico apostólico romana y que llegaron desde una especie de superstición que, con el paso del tiempo, la propia Iglesia ha ido desechando, pero que hasta hace relativamente pocos años formó parte de la vida cotidiana de los pueblos.

- La sacan con sacerdote y todo.

No hay que olvidar que el cura era el factotum de los conceptos religiosos del lugar. Era la máxima autoridad religiosa del lugar y todos se plegaban a cuanto, en ese terreno, él ponía en el tapete. Siempre, eso sí, siguiendo ciertas normas que les marcaban las sinodales correspondientes.

- Incluso un año la sacó el propio obispo de Sigüenza.

Para colmo de los colmos, es un decir, siguiendo el esquema literario arriba contenido, no fue el cura, como máxima autoridad religiosa del lugar, quien sacó la cruz (reliquia o lignum crucis, que tal es y de tal se trata), sino el propio obispo en persona. Si se me permite la expresión, el jefe del cura. La persona que estaba por encima de él.
Si en el pueblo, en un lugar rural, en los años cincuenta o sesenta el cura era el que mandaba espiritualmente sobre la prole lugareña, el obispo era el desideratum.
Que fuese el propio obispo en persona a sacar la reliquia -saltándose las reglas del juego establecido, ya que debía ser un niño el que la expusiese a la tempestad- debía ser considerado como signo de gravedad.
Algo muy importante debía estar pasando en el pueblo cuando el propio obispo, en persona, se desplazaba a Palazuelos para exponer la reliquia.
Quizá él, pensara la gente del momento, por ser el más importante representante de la Iglesia, al estar más cerca de Dios, podría tener mayor poder para salvar al pueblo de la nube.
No lo he podido constatar todavía.

Pero debe sacarla un niño.

No debemos olvidar que el niño y la infancia, en general, representan la claridad, lo blanco o albo, la pureza de instintos y sentimientos.
También podría pensarse en una representación del Niño Jesús o por ser, precisamente un niño, el “Niño de las Flores”, el que está colocado en el altar, junto a la reliquia de la cruz.

- En cuanto sacan la cruz el efecto contra los nublados es benéfico, es decir, surte efecto positivo, alejando la tormenta.

Ya pueden decir lo que quieran los que no crean mucho en el poder benéfico de la reliquia de la cruz contra los nublados y las tormentas de pedrisco: en cuanto el niño la asoma por la puerta de la iglesia, la tormenta desaparece (o se va a descargar a los pueblos de los alrededores -hecho que magnifica el sociocentrismo de la reliquia de Palazuelos-).

- La protección de la cruz solo sirvió para el término y tierras de Palazuelos. La nube “sacudió” en los pueblos aledaños.

Este párrafo abunda en el concepto contenido en el anterior.

- Se montó un gran revuelo por culpa de los de Sigüenza al quererse llevar la reliquia.

Clara alusión al centralismo religioso de Sigüenza como sede del obispado o lugar donde residía el poder eclesiástico.

- Curiosamente, el viajero no da crédito a que sea la cruz de Cristo, pero le da igual.

El viajero piensa que, son tantos los trozos existentes de cruces atribuidos a formar parte del árbol donde Cristo padeció su muerte, que no está por la labor y prefiere pasar del tema.
Estamos, justamente, ante lo contrario de lo que estamos comentando. Nada más alejado del sociocentrismo que negar el valor y las propiedades de la cruz de la que se le está hablando. El viajero escucha, pero no participa de la conversación, no dice nada al respecto (y es mejor que no lo diga); es mero receptor, y así consta en su cuaderno de notas.

- La comparación con otras reliquias y “santitos” de Riosalido, en este caso, lleva a la conclusión de que estos últimos no tienen poder alguno contra las tormentas y no merecen la pena.

Aquí es cuando se demuestra el mayor grado de sociocentrismo que comentamos. Las gentes -las mujeres y el hombre que acaban de descender del autobús- no se conforman con decir lo que ya hemos leído, sino que, además, se atreven (parece correcto en un diálogo) a comparar su reliquia -la mayor y mejor y además la más protectora- con la de otros pueblos cercanos, en este caso con los “santitos” de Riosalido (algún problema debía de haber entre alguno de los intervinientes, con alguien de Riosalido).

Palazuelos y su reliquia están siempre a la cabeza, siempre atienden las súplicas de sus habitantes, mientras que el resto de lugares son considerados como “menores”, en cuanto a la protección y “poder” de sus reliquias o imágenes.
Es curioso destacar, como queda dicho, la forma de denominar a otros santos protectores, de menor importancia que los de Palazuelos, llamándoles “santitos”, un tanto despectivamente, o sea, indicando la prioridad de la reliquia de la cruz.

Según me comenta D. Anselmo del Olmo, natural de Palazuelos y dueño del Museo de los Herrajes, cuando se aproximaba alguna tormenta con evidentes signos de hacer daño a las cosechas de cereal, frutas y hortalizas, los habitantes de la localidad, en compañía del sacerdote o sin él, y un niño de corta edad, acudían a la iglesia.

Allí, en el altar donde está el “Niño de las Flores”, se encuentra la cruz, protegida por una funda de paño, que sacaban y el niño llevaba en sus manos hasta la puerta, al llamado “portalillo”, y acompañado de todos asistentes, que solían ser muchos, la mostraba al exterior, entre rezos y súplicas.

Al parecer, los truenos y relámpagos comenzaban a reducir su intensidad, cesaba la lluvia o el granizo, y la tormenta se alejaba.

Por los años 1950-1960, la población comenzó a disminuir debido al éxodo hacia las grandes ciudades, los seguros amparan las cosechas y la costumbre comienza a desaparecer.

Por el contrario, en Riosalido dicen los mayores que no recuerdan que se sacara santo alguno por el pueblo para pedir agua o para alejar la tormenta y que los dos santos que había y aún están en la iglesia: en realidad una Inmaculada y un San Martín de Tours, nunca se han sacado en rogativa.
Sólo recuerdan que, el 22 de mayo de 1948 (Santa Quiteria), fueron en procesión hasta Sigüenza, donde se juntaron con los demás pueblos de la comarca, para asistir todos juntos en romería hasta el santuario de la Virgen de la Salud, en Barbatona.

Siguiendo a Ayala-Carcedo y a Olcina Cantos, sabemos que “los episodios de pedrisco más intensos eran un riesgo climático con evidentes efectos catastróficos. Asociados casi siempre a una violenta actividad convectiva, pueden seguirse en la documentación a través de los daños producidos en la agricultura y la ganadería. Las autoridades locales hacían un seguimiento especial de estos episodios, encargándose el personal eclesiástico, sacristanes y campaneros de realizar exorcismos o maldiciones contra nebulam o realizándose rogativas ad repellendam tempestades.” (4).

Es decir, contra las nubes y para repeler las tormentas.

De todos modos hay que tener en cuenta que una cosa son las rogativas contra el pedrisco y otra cosa diferente, aunque parecida, son las rogativas pidiendo agua contra la sequía que asola la población, yerma los campos y deja exhaustos pozos, fuentes y manantiales.

Los autores mencionados señalan que:

De forma general aunque con peculiaridades ligadas a las costumbres y el folklore local, las rogativas pro pluvia llegaban a disponer de cinco niveles de gravedad:


Nivel - Efectos en la Agricultura - Acto litúrgico - Ámbito de la rogativa

I - Ninguno (preventivo) - Oraciones especiales en las misas - Intra ecclesiam / Intra civitatem

II - Daños poco importantes - Exposición de reliquias ó imágenes dentro de la iglesia - Intra ecclesiam / Intra civitatem


III - Pérdida parcial de las cosechas - Procesión general por la población con reliquias ó imágenes - Extra eccesiam / Intra civitatem


IV - Pérdida total de las cosechas - Inmersión en agua de las reliquias ó imágenes - Extra eccesiam / Intra civitatem


V - Crisis de subsistencia - Peregrinación a santuarios de especial veneración - Extra eccesiam / Intra civitatem

(5)
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Si aplicásemos estos cinco niveles al caso de Palazuelos, teniendo en cuenta que se trata de rogativas en solicitud de lluvia y no contra las tormentas, y que no se ha producido daño alguno, el que más se acercaría sería, creo, el II: la exposición de reliquias ó imágenes dentro de la iglesia y, por supuesto, dentro del pueblo.

Sirvan estas breves notas como contribución mínima al conocimiento de una parcela tan poco estudiada como es la de las distintas manifestaciones folklóricas o etnográficas reflejadas en la literatura contemporánea.


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NOTAS

(1) HERRERA CASADO, Antonio, Crónica y guía de la provincia de Guadalajara, 2.ª ed. Guadalajara, Excma. Diputación Provincial de Guadalajara y Asociación Central de Trillo-I, 1988, p. 558.

(2) VELA, Fidel, Por tierras de Guadalajara y Soria. De Sigüenza a Gormaz, Madrid, Cultivalibros (Col. Cultiva, n.º 127), 2010, pp. 19-21.

(3) Las negritas son mías.

(4) AYALA-CARCEDO, Francisco Javier y OLCINA CANTOS, Jorge (coords.), Riesgos naturales, 1.ª ed. Barcelona, Ed. Ariel, S.A., (col. Ariel Ciencia), 2002, p. 554.

(5) AYALA-CARCEDO y OLCINA CANTOS, op. cit., p. 555.