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Los grupos de baile en Asturias

COLOMA GONZALEZ, Elena

Publicado en el año 2011 en la Revista de Folklore número 351.

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LOS GRUPOS DE BAILE EN ASTURIAS

ELENA COLOMA GONZÁLEZ

A lo largo del siglo XIX, y coincidiendo con los postulados del Romanticismo, se desarrolla una línea de pensamiento volcada en el resurgimiento de las formas populares campesinas, que comenzaban a perderse como consecuencia de los cambios introducidos por la Revolución Industrial.

La preocupación por la recuperación del modo de vida rural afectó a diversas entidades y colectivos, entre los que también se incluían los folcloristas. Personalidades tales como Antonio Machado y Álvarez (padre del poeta), Menéndez Pidal, Braulio Vigón y Eva Canel, entre otros, se marcaron un objetivo común en su trabajo: la valoración y conservación de las tradiciones autóctonas.

Siguiendo esa misma línea de pensamiento surgen en Asturias, a principios del siglo XX, los primeros grupos de baile. La causa de su aparición coincide con la introducción de los llamados “bailes modernos” en toda la geografía asturiana. Este hecho provocó que el baile a lo suelto,- cuyo protagonismo se había mantenido a lo largo de muchas generaciones -, fuera sustituido por un nueva modalidad, el llamado baile a lo agarrao, que lo fue desplazando paulatinamente. A raíz de esta circunstancia, y con el propósito de preservar y difundir ese tipo de bailes que comenzaban a desaparecer, nacen los grupos folclóricos.

Los primeros grupos de baile de comienzos del siglo pasado, tales como Los Mariñanes, participaban en romerías y en festivales de nuestra comunidad, aunque también actuaban en concursos y actos oficiales nacionales e incluso europeos.

A partir de los años 40, y durante todo el período de la dictadura franquista destacaron a nivel nacional dos organizaciones afines al régimen: La Sección Femenina del Movimiento Nacional y Los Grupos de Educación y Descanso del Sindicato Vertical.

La Sección Femenina fue una institución surgida a nivel nacional en 1934 que, entre otras funciones, se dedicó al estudio del folclore. Esta organización creó grupos de Coros y Danzas por toda la geografía española, que se mantuvieron hasta finales de los años setenta. Entre sus objetivos se plantearon la recogida de bailes tradicionales con una doble finalidad: de un lado, su aprendizaje, -con el fin de difundirlos a modo de exhibición- y de otro, su conservación, al entender que formaban parte de nuestro patrimonio cultural.

A pesar de la aparente bondad de sus intenciones, parece ser que su actuación, en la práctica, fue mucho más allá de lo que se pretendía en un principio. En este sentido, las personas estudiosas parecen coincidir en la importante transformación que sufrieron la mayoría de los bailes en este período y la repercusión negativa que este hecho tuvo en la historia del baile tradicional. Tal y como comentan los expertos, con la introducción de elementos novedosos en las coreografías, se garantizaba el poder ofrecer un gran espectáculo, anteponiendo los criterios estéticos frente a la aparente sencillez y poca vistosidad del baile tradicional. Así describe Julio Sánchez-Andrade 1 el distanciamiento existente entre ambos tipos de baile:


1 SÁNCHEZ-ANDRADE FERNÁNDEZ, J. (2006): La percusión en la música tradicional asturiana, Fundación Municipal de Cultura y Educación y Universidad Popular del Ayuntamiento de Gijón, Gijón, p.288.

La forma en que se comenzaron a coreografiar los bailes no tenía nada que ver con el modo popular de realizarlos (...) Parece sorprendente que, en ocasiones, los bailes enseñados por la Sección Femenina no fuesen reconocidos ni considerados por la gente de los pueblos (...) lo que da idea del poco rigor aplicado a la investigación - si es que realmente la hubo- de aquella época.

Por su parte, Yolanda Cerra 2, también expone algunas características sobre el modo de actuar de la Sección Femenina:

La realidad es que no había medios técnicos ni personal especializado en la recogida de datos, se evitaba o se modificaba cualquier motivo en la canción o en la indumentaria que chocara con la moral católica tradicional, se acortaban los bailes para participar en los concursos (…)

Sea como fuere, señalar que, a pesar de las modificaciones que introdujeron y la falta de profesionalidad con la que esta institución actuó, suele haber unanimidad en reconocer que, si no hubiera sido por su intervención, gran parte de los bailes de nuestro folclore ya habrían desaparecido hace tiempo. De esta opinión es Sánchez-Andrade 3, cuando comenta:
Esta organización de ámbito nacional trató de proteger y potenciar el folclore de los pueblos de una forma que alaban algunos y otros critican. De todos modos, parece bastante unánime la conclusión de que, si bien la manera en que lo hicieron no fue la más adecuada, ya que modificaron y transformaron la tradición de manera significativa, su labor, al menos, sirvió para conservar ciertos usos que se habrían perdido sin su intervención.


2 CERRA BADA, Y. (2005): Baile y danza. La tradición y el presente en Los asturianos: raíces culturales y sociales de una identidad, Editorial Prensa Asturiana, Oviedo, p.659

3 SÁNCHEZ-ANDRADE FERNÁNDEZ, J., opus cit., p.286.

Respecto a los Grupos de Educación y Descanso, extendidos por todas las provincias españolas, comenta Cerra 4 que buscaban la perfección artística dentro del baile, en concordancia con la filosofía de la época en la que se primaban los criterios estéticos. En esta línea se situaban formaciones como el Grupo de Oviedo, dirigido por Antón Sastre o Aires de Asturias, fundado por su director, Luis Alonso y su esposa Ana María Piñera, en Gijón en 1956.

A partir de los años cincuenta se formaron en Asturias otras agrupaciones que, aun participando de la ideología dominante, mantuvieron cierta independencia en sus actuaciones. Se trataba del grupo Los Xustos, creado en Gijón en la década de los cincuenta (cuyo director, Mariano Castro, estaba enraizado con el antiguo grupo de Los Mariñanes) y la formación avilesina Sabugo, tente firme, surgida a mediados de los años sesenta.

4 CERRA BADA, Y., opus cit, p.660.

A finales de los setenta y principios de los ochenta, coincidiendo con el período de la Transición política y la configuración del Estado de las Autonomías comienza una nueva etapa en la historia de los grupos de baile asturianos. Con la aparición de nuevas formaciones, agrupadas bajo el nombre de Grupos de investigación, se introdujeron una serie de cambios en las prácticas que se habían llevado a cabo hasta el momento, que afectaron principalmente a la indumentaria. Así lo explica Yolanda Cerra 5:

Los autodenominados “grupos de investigación” (…) encaminan su acción a modificar su indumentaria,- dándole un carácter más sobrio, más variado y alargando las faldas de los trajes femeninos- y a recoger bailes inéditos por los pueblos. (…) se recopilan decenas de bailes, decenas de canciones, se recupera el uso de otros instrumentos fuera de panderetas, gaita o tambor y se exhibe una indumentaria variada, más cercana a los usos tradicionales

El primer Grupo de investigación que se creó fue el colectivo L’Abadía, nacido en Gijón en 1978 de la mano de Emilio Peña. Según Pérez de Castro 6, esta agrupación se consideraba a sí misma como la primera asociación creada en Asturias para la divulgación, investigación y promoción del folklore tradicional de Asturias.

A partir de ésta fueron apareciendo en los años siguientes nuevas formaciones como Urogallos y Riscar en Oviedo, La Quintana en Gijón, Escontra´l Raigañu en Aviles, Xurgar nas costumes en Luarca, Los concetsones en Tineo y L’Aniciu en Mieres.


5 CERRA BADA, Yolanda (2005): Baile y danza. La tradición y el presente en Los asturianos: raíces culturales y sociales de una identidad, Editorial Prensa Asturiana, Oviedo, p.661.

6 PEREZ DE CASTRO, J. L. (1984): Los estudios de folklore de Asturias, Ediciones Ayalga, Salinas, p.72.
Para I. Llope 7, el panorama con el que se encontraron estos grupos en aquellos años no era nada favorable:

Era más que evidente el deficiente y sesgado conocimiento que del patrimonio oral asturiano se tenía por aquellos años. Porque aparte de los cancioneros ya enumerados 8 poca documentación había a dónde acudir. Prácticamente sin trabajos de campo, la tradición músico- bailable parecía condenada a escurrirse entre las grietas de la historia, además ante la culpable indiferencia de la Universidad de Oviedo y de las - pocas - instituciones culturales asturianas, como el IDEA, siempre recelosas de la cultura popular. Por eso la necesidad de constatar, de conocer, de archivar, restaurar el patrimonio tradicional asturiano era imperiosa. Y además en una carrera contra el tiempo, pues cada campesino, cada aldeana que se moría era una valiosa fuente de información silenciada para siempre.

Sin embargo, y a pesar de las dificultades, no cabe duda de que realizaron un gran trabajo de recogida de material, que clasificaron, estudiaron y archivaron. Otra de sus funciones fue la divulgativa, a través de seminarios, actuaciones, conferencias y publicaciones:

En algunos casos, la aparición de estos grupos se asocia a una ideología contraria al régimen franquista, que se inicia en la búsqueda de señas de identidad netamente asturianas.
Sin embargo, no todas las personas estudiosas están de acuerdo con este planteamiento. En este sentido, José Ángel Llaneza 9 cree que ese espíritu nacionalista no fue impulsado desde las agrupaciones folclóricas, - que se mantuvieron en la misma línea que en la época anterior, ya que muchos de los directores y directoras de los grupos creados en esta época provenían de los Coros y Danzas de la Sección Femenina -, sino que fueron más bien determinadas formaciones políticas las que utilizaron a los grupos de baile como elemento reivindicativo.


7 LLOPE, I. Y LÓPEZ C. (2006): Folk: música con raíces, Oviedo, Tribuna Ciudadana, pp.95-96.

8 Cancioneros de José Hurtado, Fidel Maya y Francisco Rodríguez Lavandera y Manuel del Fresno a finales del siglo XIX ; Cancionero Musical de la Lírica Popular Asturiana de Eduardo Martínez Torner en 1921.

9 Entrevista realizada a JOSÉ ANGEL LLANEZA, profesor de folclore y de zanfona de la Escuela Municipal de Música Tradicional Manolo Quirós de Oviedo, el 22 de mayo de 2008.

En cualquier caso, y, a partir de ese momento, estas formaciones coexisten en Asturias en constante oposición a otras denominadas Grupos espectáculo, herederas de los Coros y danzas de la Sección Femenina y de los Grupos de Educación y Descanso, a los que acusan de seguir manipulando la tradición.

A lo largo de las últimas décadas estas dos corrientes se han manteniendo y sus enfrentamientos continúan. Respecto a los grupos de baile, unos han desaparecido, algunos permanecen, otros se han formado a partir de escisiones de antiguas agrupaciones y también existen formaciones de reciente creación.

Algunos de los grupos originales se asociaron en 1989 para formar la F.A.F.E. (Federación Astur de Folclor y Etnografía) y más tarde, en 1994, con la incorporación de nuevos grupos y la desaparición de otros, se creó la F.A.F.A. (Federación de Agrupaciones de Folklore Asturiano). Esta federación continúa existiendo en la actualidad e integra más de una veintena de formaciones con distintos intereses.

En la actualidad, algunos grupos como l’Andecha folclor, Vezos o Xuno, por citar algunos ejemplos, combinan sus actuaciones con labores de difusión, mostrando sus trabajos en publicaciones de distintos formatos.

No se podría finalizar artículo sin valorar (independientemente de si los procedimientos utilizados fueron o no los correctos) la gran tarea llevada a cabo, no sólo por los grupos de baile sino también por las personas estudiosas, en la recuperación y conservación de los bailes y danzas tradicionales. Es necesario resaltar que, en muchos casos, la escasez de medios fue suplida con el interés y el empeño de muchas personas que, de forma autodidacta, quisieron conocer y rescatar esa parte de nuestro folclore que se estaba perdiendo. Por eso, hoy en día y gracias a ellos, tenemos una historia que contar y podemos saber un poco más sobre nuestro pasado. Tan solo falta que esta consideración se extienda a todos los ámbitos de la sociedad para que logremos, a pesar de las dificultades, sentir como propia esa parte de la cultura que nos pertenece y forma parte de nosotros.