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Apuntes etnográficos sobre alimentación en Sierra de Gata

PEREZ SIMON, Silvia

Publicado en el año 2011 en la Revista de Folklore número 354.

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Procesos relacionados con la alimentación de las clases populares desde primeros a mediados del siglo xx en Gata


RESUMEN

La presente comunicación hace un repaso general por los procesos relacionados con la alimentación en Gata (Sierra de Gata, Extremadura). En concreto nos centraremos en la alimentación de las clases populares de primeros y mediados del siglo xx. En este sentido conviene tener en cuenta que el acto de alimentarse es un acto cultural, por lo que debemos tener en cuenta los diferentes aspectos de la alimentación en relación con el contexto físico pero también religioso, económico y social. Haremos un repaso por los productos básicos y sistema de organización económica fundamental más extendido en la localidad, procesos de conservación y elaboración y relación entre la alimentación y la vivienda sin olvidar el aspecto ritual que se da en torno a la alimentación en Gata.

Palabras clave: alimentación, Gata, clases populares, contexto, productos, vivienda, conservación, elaboración, ritual.


INTRODUCCIÓN

La Antropología de la Alimentación nos ofrece el marco teórico y metodológico idóneo para abordar el presente trabajo. Es por ello que nos sirven como referencia trabajos como los de Jesús Contreras, Isabel González Turmo, Javier Marcos Arévalo, Gutiérrez Estévez o Mabel Gracia entre otros autores clásicos como Marvin Harris o Lèvi-Strauss.

Es preciso anotar antes de nada que alimentarse es un acto cultural. En torno a los rasgos diferenciadores de cada sociedad o grupo social hay un marco que los contextualiza, un contexto que los explica y les da vigencia. Este marco que llamamos cultural reposa a su vez en aspectos concretos que lo legitiman a modo de sistema de significado. Queremos decir que para conocer la alimentación hay que atender a aspectos como el clima, medio físico, la edad y actividad profesional relacionada con la alimentación, las creencias asociadas, organización social del trabajo y distribución de la riqueza... que influyen en que unas sociedades y grupos culturales coman de una manera o de otra, en un momento determinado, unos productos específicos...

La selección de uno u otro tipo de alimento, por ejemplo, podría verse influido por dos cuestiones: el cuerpo deseable al cual aspira cada clase social, etnia o edad y las creencias y efectos asociados a los alimentos. Esto no sólo se relaciona con clase popular y clase elitista sino con género masculino y femenino. Bourdieu se detiene en estas cuestiones de la distinción social tratando la alimentación como un criterio desde el que lo cultural (alimento categorizado), transforma lo natural (el cuerpo) y lo natural (el alimento) llega a ser cultural (resultado de un proceso de simbolización).

Veremos referencias al trabajo de Jesús Contreras sobre la relación entre religión y alimentación en algunas de las escenas que expondremos sobre el ritual de la comida en Sierra de Gata.

Es preciso comprender que las categorías asignadas a todos los procesos y elementos relacionados con la alimentación adquieren un significado simbólico vinculado con aspectos culturales, como mencionábamos. Por estas reflexiones, resulta complejo ahondar en todos los aspectos que configuran lo que podríamos llamar la alimentación tradicional en una zona concreta. Desde estas anotaciones comprendemos que el presente trabajo es tan sólo una pequeña aportación en torno a la alimentación como parte de la vida en la cultura popular de los serragateños de clase trabajadora, de principios y mediados del siglo xx.

Este trabajo se basa en entrevistas relacionadas con un estudio que estamos realizando sobre Patrimonio Inmaterial en Sierra de Gata. La información se obtiene de varios informantes entre cincuenta y setenta y cinco años. Nos centramos en las clases populares y temporalmente abarcando desde comienzos de siglo hasta los años 60- 70.

Haremos un breve repaso por los alimentos que configuran la dieta básica de Gata, los modos de comer y alimentos habituales en distintas estaciones sin dejar de lado el contexto físico y los elementos nostálgicos que enmarcan el recuerdo. El presente trabajo debe tomarse como una aproximación a la alimentación en Gata más que como un estudio definitivo sobre la misma.


PRODUCTOS BÁSICOS

Antes de mencionar los productos básicos de la dieta en Gata debemos señalar el contexto geográfico y climático que determina los productos a los que podían tener acceso. La localidad de la que hablamos está ubicada en el centro de la Sierra de Gata. Esta comarca está situada al noroeste de la provincia de Cáceres, lindando con Las Hurdes al este, con Portugal al oeste y con Salamanca al norte.

La comarca ha tenido y sigue teniendo mercado laboral poco desarrollado, en el que adquiere gran importancia la ocupación que mantiene la agricultura, labor que en la comarca, al igual que en el resto de la región, es desempeñada casi en exclusividad por los hombres.

Toda la comarca se considera de montaña o desfavorecida económicamente según Orden 14 febrero 2001 Junta de Extremadura sobre ayudas a explotaciones agrarias. Los términos municipales de Cadalso, Cilleros, Hernán Pérez, Moraleja, Perales del Puerto, Santibáñez el Alto, Torre de Don Miguel, Villamiel, Villanueva de la Sierra y Villasbuenas, son catalogados como zonas desfavorecidas. Los términos de Acebo, Descargamaría, Eljas, Gata, Hoyos, Robledillo de Gata, San Martín de Trevejo, Torrecilla de los Ángeles y Valverde del Fresno, tienen la consideración de zona de montaña.

Estos datos dan cuenta de las dificultades de explotación del terreno y sin embargo la necesidad y el ingenio hacen que el hombre en este entorno se haya adaptado al medio mediante un sistema minifundista de huertos bastante productivo. Gracias a este sistema gran parte de la población podía beneficiarse de una dieta bastante equilibrada, aunque con un gran aporte calórico proveniente de los productos de la matanza.

Sin embargo se trataba de un sistema económico de subsistencia donde el posible excedente en alimentos revertía normalmente en la adquisición de otros productos de primer orden.

Podemos apuntar que la mayoría de las familias estaban constituidas por más de cuatro miembros y en esta coyuntura, el núcleo económico de una familia media de Gata a principios de siglo giraba en torno a las siguientes propiedades (1):
- Buena parte de la población podía contar con al menos una pequeña parcela para huerto y/ u olivos, además de poder disponer de alimentos del monte desarrollando una actividad recolectora complementaria con la de hortelanos. El tamaño de estas parcelas era variable.

- Así mismo, una familia media solía contar con varias gallinas (cuatro ó cinco), uno o dos burros, un cerdo y varias cabras.

Estos son los alimentos más habituales de acuerdo con la fuente de obtención:
- Productos obtenidos directamente del campo.

• Productos de la huerta. Judías blancas, “chíchares” (o judía blanqui- negra), tomates, calabaza, lechuga, garbanzos, “chochos” o altramuces, pimientos (rojos, verdes, amarillos, guindillas, pimientos largos rojos), frutas: naranjas, limones, peras, manzanas, membrillos, melocotones, higos, verdejos, sandías. Judías verdes, acelgas. Boniatos. Especias.

• Otros medios de producción. Aceite del olivar, miel de las colmenas, cereales.

• Productos de monte y bosque. Castañas, nueces, hongos. Ocasionalmente alimentos de caza (jabalís, a veces se cazaban con cepo pájaros pequeños) y pesca (el pescado fresco que se compraba venía del Tajo y solían ser sardinas, balbo y carpa). El pescado congelado que era habitual era el bacalao. Poco protagonismo tiene así mismo el espárrago.

- Productos obtenidos de animales propios. Leche de cabra, queso de cabra, huevos, pollo, carne de cerdo y ocasionalmente carne de cabra o de cordero. Los molineros solían tener patos. No era extraño que algunas familias tuvieran también conejos en sus cuadras. Las familias más pudientes eran las que tenían productos derivados del mantenimiento de reses vacunas u ovinas.

- Otras vías de obtención. Según nos informan, anotaremos brevemente en relación con el contrabando que el producto que más se consumía de Portugal era el café y, debido a la proximidad con Castilla, se traía de estas tierras cereales, patatas o telas. En cuanto a las tiendas, en las carnicerías se obtenía carne no sólo de cerdo y en comercios como en el del sr. Federico se podían comprar el pimentón, la sal, el conservador de tomates o el arroz.

De esta manera podemos observar una dieta más o menos variada que incluye de forma habitual verduras, legumbres, frutas y carne de cerdo. Si bien se encuentra marcada por la estacionalidad, ciertos procesos de conservación rompían con esa tendencia.


PROCESOS DE CONSERVACIÓN Y ELABORACIÓN

A continuación haremos un breve repaso sobre algunos procesos habituales para la elaboración y conservación:
- Hacer pan desde la siembra. Se sembraba el trigo o el maíz, se cosechaba y se recolectaba. Posteriormente se llevaba a las eras a trillarlo con el burro. Iban los hombres y las mujeres les llevaban comida. Esta ocasión era aprovechada por los niños para subirse al trillo mientras el burro daba vueltas. Cuando hacía aire se aprovechaba para separar el grano de la paja. El proceso continuaba en casa, donde las mujeres limpiaban a manos todos los granos. A continuación el grano se llevaba al molinero y en el mismo día obtenían la harina molida. Con ésta las mujeres hacían el pan añadiendo agua y levadura. Una vez fermentada la masa o “lehúa”, generalmente después de unas horas, se llevaba al horno. En Gata había unos cinco hornos, que funcionaban con leña y retama recogida por el hornero.

- Uso de especias. Las especias más habituales eran el laurel, tomillo, poleo, orégano y perejil todas ellas obtenidas del huerto (salvo el pimentón). Según la información recopilada hasta el momento, las especias más frecuentes entre las mencionadas son el laurel y el pimentón usados tanto para platos fríos (ensalada de naranja, “jeringos”) como para platos calientes (guisos de carne, caldos diversos).

- Secar y mantener frescas las castañas. o Para mantener frescas las castañas se ponían en una tinaja en la bodega cubiertas de arena seca. Éstas se utilizaban para “la calvochá”, la fiesta que se celebra el día de Todos los Santos. o Para secar las castañas se colocaban en zarzos, sobre una red metálica encima de la lumbre, se movían de vez en cuando y pasado un tiempo quedaban secas. A éstas se les suele llamar castañas “pilongas” o “pilás”. Se utilizaban después para postres los días de fiesta (cocidas con azúcar o miel).

- “Capar higos”. Los higos son un fruto muy popular. Se cogían en verano y se ponían a secar. A finales de verano, que estaban pasados, se hacía lo que se llamaba “capado”. Las noches de finales de verano, las mujeres los cogían, les quitaban el rabo, los aplastaban, los abrían y los doblaban, todo con el objetivo de que se conservara blanda la carne de dentro. Luego los metían en unos sacos de tela (de “lienzo moreno”) con harina. Estos higos se comían así pero también se podían utilizar elaborados como en jarabes para los constipados o en dulces como los casorios.

- Conservar tomates. Este alimento es comúnmente denominado “el jamón del huerto”, lo cual es un indicativo de la buena consideración popular de la que goza. Había varias opciones para conservarlo, dos de ellas son secarlo o mantenerlo “en su jugo”. El proceso de secado se hacía normalmente tras la recogida, abriendo el tomate, echándole sal y colocándolo normalmente sobre una tela para que se secara en la alacena. Antes de ser cocinados debían ser escogidos y a continuación lavados para quitarles la sal y probados para comprobar el nivel de salazón de los mismos. La segunda opción consistía en guardarlos pelados y crudos en botellas de cristal con un “conservador” para los tomates cuya composición desconocemos y que parece ser que se adquiría en comercios.

- Zumo de naranja. Al parecer, también se solía hacer zumo de naranja y para conservarlo se le echaba azúcar y se guardaba bien cerrado en un bote de cristal. Se recurría a éste cada vez que se quería tomar un refresco de naranja, diluyendo una o varias cucharadas de este zumo, en agua con el fin de aprovecharlo al máximo.

- Conservación de las naranjas. Para favorecer la conservación de las naranjas, se colocaban en la bodega entre paja dentro de cangilones u otros recipientes.

- Conservación del tocino. Se colocaba en un recipiente, un cangilón de madera por ejemplo y se le echaba sal. A continuación se colocaban dos capas de tocino sobre carquesas (flores amarillas del campo) seguidas de algunas capas más de tocino en alternancia con las carquesas.

- Conservación de los chorizos. Una vez curados, los chorizos eran guardados en tinajas con aceite en la bodega y unos días antes de su consumo se echaban en unos platos para que escurrieran el aceite.


ESPACIOS DE CONSERVACIÓN. CASA Y ALIMENTOS

La vida se desarrollaba principalmente en la cocina. Era donde solía pasar más tiempo la familia unida. En Gata las cocinas, como en el resto de la Sierra, se situaban en la parte superior de la casa. El suelo generalmente podía ser de cal, barro o pizarra. Las paredes estaban recubiertas de barro rojo o amarillo y el humero se “blanqueaba” todos los sábados con barro amarillo que se vendía por la calle. La lumbre se hacía sobre una piedra de granito encima de la que se colocaban placas de metal. El techo permitía liberar el humo desde la cubierta hecha a una o dos aguas, con tablas y tejas sobre una cama de matorrales.

Los espacios de conservación eran:
- Bodega. Situada en la parte baja de la casa, antes de la cuadra
generalmente, servía, por su condición de frescura y humedad, para conservar las grandes tinajas de barro con aceite de oliva, vino y la chacina colgada en ganchos. También se mantenían en la bodega las castañas, las naranjas, los frascos con zumo de naranja y los cántaros de barro o lata con la miel entre otros.

- Despensa de la cocina. Se colocaban los productos diarios para cocinar.

- Alacena o cuarto al margen de la cocina. Se solía situar en la misma planta que la cocina. Allí se colocaban los productos del campo (harina, patatas, frejones...). Se mantenían frescos (“Es como una nevera”) y estaban a mano.

- Balcón. Se podían colocar los pimientos ensartados, o las guindas o los tomates, aunque éstos últimos también podían ponerse sobre un cartón en el cuarto o trastero.

- Pozos de nieve. En Gata no había pozos de nieve, sí encontramos en San Martín de Trevejo (localidad serragateña) pero en la villa de la que hablamos el hielo se traía de otros puntos de alta montaña, en ocasiones puntuales como las que exigía la conservación de medicinas. En esos casos y hasta los años cincuenta- sesenta que comienza lentamente el proceso de modernización de infraestructuras, vehículos, industrias... hasta entonces había que ir a buscar pedazos de hielo en bloque, salir en caballerías, intentando hacer la mayor parte del trayecto de noche para, al regresar, colocar dicho bloque en un hoyo en la bodega.


RITUAL DE COMER. HORARIOS, QUIÉNES, DÓNDE Y CÓMO

- Desayuno. Solía hacerse a base de migas o sopas. Las sopas más comunes eran de patatas fritas, de tomate, de poleo, de ajo. No era de extrañar que se acompañara con una ensalada de naranja.

- Almuerzo. Se podía hacer con carne de la matanza con pan.

- Comida. Se solía comer a base de platos calientes “de cuchara” elaborados muchas veces con patatas pero también con chíchares, garbanzos, judías blancas y en el tiempo del verano, con acelgas o judías verdes. Se podía hacer una ensalada de lechuga o naranja (ambas muy comunes) o de tomate (sólo en verano) para acompañar o un segundo con patatas cocidas o chacina de la matanza (consumida durante todo el año, salvo ciertos productos como el farinato, restringidos a invierno).

- Merienda. Como merienda solía ser común un trozo de pan con miel o con aceitunas o tomate sajado con sal y aceite en ocasiones.

- Cena. Por la noche se solían cenar sopas de tomates porque eran más suaves y menos sabrosas.

Era habitual incorporar la fruta del tiempo al finalizar los diferentes momentos de las comidas, siendo muy frecuente el consumo de la naranja. En verano, aunque se seguían comiendo platos calientes al medio día, el gazpacho se incorporaba también a la dieta, así como otros alimentos mencionados (verduras y frutas del tiempo).

La comida en casa solía cocinarla la mujer, aunque había ocasiones en que el hombre participaba (haciendo las sopas y migas de los desayunos, elaborando ensaladas y en los almuerzos ensartando chacina en la lumbre). En el campo, según nuestras informantes, el hombre también cocinaba.

Los dulces, como elementos que exigían una elaboración artesanal (que requería más tiempo y era un ritual compartido) y se transmitían de generación en generación de madres a hijas, eran elaborados por mujeres.

Sobre el ritual de comer hay que señalar que la familia comía generalmente unida. Cuando estaban todos en el olivar, solía parar primero el cabeza de familia parar cocinar (cogía agua del regato, encendía la lumbre y elaboraba el plato) mientras los demás apuraban la tarea del campo. En casa era la mujer, como decimos la que cocinaba e igualmente todos se sentaban en torno a la comida, muchas veces en una mesita con sillas pequeñas o de pie comiendo de un mismo plato o cazuela.

Tanto en el campo como en casa, el rezo era un ritual vinculado a la comida en todas las horas del día. Para ello se rezaba un Padrenuestro seguido de la bendición (“Bendice Señor estos alimentos que vamos a tomar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”) y nadie podía comer hasta que se terminara. Todos comían de la misma olla y se sentaban alrededor con una cuchara esperando a que el rezo terminara. Era común, debido al respeto a la autoridad patriarcal que si alguien se colocaba detrás, esta persona era la madre. De esta manera dejaba más facilidad para comer a los hijos y éstos permanecían más calientes en invierno. El primer sorbo lo inauguraba un mayor, generalmente el padre.

Tanto en el desayuno, como en la comida y en la cena la mesa se adecentaba con todos sus elementos, incluyendo el mantel o “paño” y las servilletas incluidas en el ajuar.

Cuando el padre se encontraba trabajando en las tareas del campo sin poder comer en casa, se reservaba para su regreso platos más contundentes y de mayor valor alimenticio, como el potaje.

Cuando las hijas se iban a lavar, este acto solía ser como sabemos una ocasión alegre para el encuentro, sobre todo cuando eran “mozas” o jóvenes. Solían llevar comida de casa pues el acto de lavar requería varias horas además del tiempo hasta llegar al lugar apropiado del río (y teniendo en cuenta que se procuraba alargar esta ocasión lo máximo posible). Todas llevaban su plato de comida pero todas podían comer de los platos de las demás. Ese momento de parar y descansar en el camino se hacía más agradable por la compañía y el momento ocioso pero también podríamos sugerir que por el placer y la oportunidad de compartir la comida e incluso de probar distintos platos. Se podía comer desde revuelto de patatas, tortilla, hasta el habitual plato de legumbres cocidas o si iban muy cargadas, chacina con pan y fruta.

A veces también se utilizaba la comida para premiar a los niños por ciertas acciones. Como cuando daban “galletitas” (en lugar de un real) al salir a vender productos de la huerta, o al llevar el ataúd de otro niño hasta el cementerio durante el entierro.

Pero el uso ritual de la alimentación está presente en todas las esferas donde investiguemos, de forma que también en las fiestas, el uso de unos alimentos frente a otros ya nos habla de los significados que entraña el aparentemente sencillo acto de comer. Veremos algunos ejemplos en el apartado de los dulces tradicionales, donde la oposición entre dulces de diario y dulces de fiesta también muestra la riqueza cultural con que se interpreta el alimento.

No podemos terminar este punto sin recordar el acto rutinario y conocido de la recogida de agua por parte de las mujeres hasta la instalación del agua en las viviendas. La familia no podía asearse y limpiar, como tampoco se podía cocinar si no había agua y para ello había que recoger unos cinco ó seis cántaros al día en tres o cinco viajes a la fuente más cercana. Y afortunada aquella que tuviera cántaros de hojalata en lugar de barro.


ALGUNOS PRODUCTOS TRADICIONALES DE LA MATANZA

- Los “farinatos”. Morcillas elaboradas con manteca y carne “buena” (2) de cerdo mezclados con pan, calabaza, arroz. Había que esperar unos ocho días después de la matanza pero no había que tardar mucho en comérselos porque enseguida se ponían malos.

- El chorizo de “liviano”. Se elaboraba con una parte del cerdo, el “liviano” próximo al páncreas. Se lavaba y luego se calentaba en la lumbre con sal y vinagre para que se endureciera y no estuviera “resbaladizo” para su manejo. Se lavaba de nuevo y se guisaba acompañado con carne “buena”. Se utilizaba para el cocido.

- Chorizo de costillas. Se picaban mucho los huesos y se les echaba la carne de las costillas y carne “buena” de otras partes del cerdo. Según nos dicen, se puede tomar crudo pero cocido está mejor.

- Morcillas. Se hacen con carne “buena” del cerdo y se le añade pan y calabaza tras haber sido mojados y escurridos. A continuación se guisa todo con pimentón, ajos y sal.


ALGUNOS PLATOS SALADOS HABITUALES

- Potaje. Se cocinaba poniendo a cocer laurel, bacalao y pimiento seco. Después se echaba arroz, pan o bollos de huevo y pan en un refrito con ajo, cebolla y pimentón a los garbanzos, se “esperriaba” (3) y se echaba al cocido. También podía tener verdura y perejil.

- Caldo de patatas. Se cocían las patatas con el laurel, la sal, pimentón, aceite de oliva. Cuando estaban cocidas se dejaban y el caldo se comía de primer plato con pan a modo de sopas. De segundo, se podían aplastar las patatas cocidas y comerse con aceite, sal y vinagre. A veces lo que se usaba de segundo era la morcilla que se echaba en el guiso.

- Patatas “asisás”. Cocidas con poco agua, sal y laurel, a fuego lento, se les echaba cebolla, pimiento frito en aceite de oliva y se mezclaba todo de manera que quedara espeso y dorado como una tortilla de patatas pero sin huevo.

- Gazpacho. Antes no se le echaba tomate, se le echaba primero pan picado, aceite, machado con ajo sal y poleo y después el vinagre. El huevo cocido (clara picadita y la yema deshecha con agua) se echaba al gazpacho. Cuando se hacía con huevo frito, se echaba primero éste a la “gazpachera”. Se añadía aceite y vinagre para que se deshiciera la yema. Se añadía poleo, sal y ajo y pan antes de echar agua para que quedaran los ingredientes bien mezclados.

- “Ensalás” de lechuga. Eran y son muy habituales. Se elaboraban con cebolla y se aliñaban con aceite de oliva, vinagre y sal.

- “Ensalá” de naranjas. Se trata de otro plato tradicional de Sierra de Gata. Picada en rodajas pequeñas o pequeños trozos, se le añade la sal y en un lateral el pimentón y aceite para que se deshaga mejor el pimentón. A continuación se añade un poco de agua. A veces también se le puede añadir chorizo o huevos cocidos y fritos.

- “Moje” de pimientos asados. Ensalada de pimientos asados. También se pueden utilizar en otras ensaladas. Tienen cebolla y se aliñan con sal y aceite.

- El bacalao se desala, se aliña y se puede comer solo o con los pimientos. También se puede rebozar con masa de harina y agua y freírlos.

- Tortilla de garbanzos. Se hacía con menos frecuencia. Cuando sobraban los garbanzos se trituraban y con huevos y harina se hacía la tortilla.


ALGUNOS DULCES TRADICIONALES

Los dulces solían y suelen elaborarlos aún hoy las mujeres para los días de fiesta (acontecimientos de ciclo de vida: bodas, comuniones; pero también domingos o fiestas religiosas anuales: día de todos los santos, romería, carnavales, ferias...). En esas ocasiones especiales se hacían cuernitos, bolluelas, huesos de santo, floretas, “arrepelaos”, perrunillas, magdalenas, rosquillas, “mantecaos”... que solían sobrar para los días de diario.

El componente esencial en éstos era sencillo: harina, aceite de oliva, azúcar y en algunos casos la miel, como en las floretas. Habría que señalar, para la ocasión de las bodas, el aspecto ritual y simbólico de la “ofrenda”, donde los novios entregaban buñuelos “lehúos” (4) y “jeringos” (5) a los conocidos allegados que, por falta de presupuesto de la pareja, no podrían ir a la boda. La ofrenda era repartida de casa en casa por mujeres de la familia de los contrayentes. Este acto pretendía agradecer a los conocidos su afecto y servir de disculpa ante la imposibilidad de atenderles en la boda. Aunque se entendía que éstos sí debían “convidar” a los novios en la medida de sus posibilidades. Sin embargo, cuando se daban buñuelos rotos a propósito, esto le indicaba a la persona o familia que los recibía que no tenían que pagar nada a los novios como regalo de boda. Es decir, que estos dulces así presentados representaban no sólo que la pareja comprendía la situación familiar sino el especial afecto y confianza que unía a las dos familias. Curiosa es también la relación entre la presentación del alimento y la responsabilidad que obliga a quien lo recibe. Por lo tanto, la ofrenda se convierte en un acto ritual donde el alimento (en este caso dulces) es portador de símbolos de afecto y vínculos socio- económicos de parentela y amistad.

Pero también hay dulces no vinculados directamente con acontecimientos festivos. Los hombres podían participar en su elaboración. Entre los dulces privados no festivos podemos señalar:
- Nuégaros. Elaborados con dos obleas (hechas a base de harina y agua) que cierran una masa compacta de miel con frutos secos, generalmente nueces.

- Casorios. Elaborados con higos pasos rellenos de nueces.

- Jarabe de castañas.

- Papones. Se hacían con pan rallado, huevo, leche, canela y azúcar.

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BIBLIOGRAFÍA

Bourdieu, P. La distinción: criterios y bases sociales del gusto. Madrid: Taurus. 1980.

Contreras Hernández, J. Antropología de la Alimentación. Madrid: Eudema. 1993.

Contreras Hernández, J. “Alimentación y religión”, en HUMANITAS, humanidades médicas. Tema del mes on- line. no 16, 2007.

González Turmo, I. Comida de rico, comida de pobre. La transformación de los hábitos alimenticios en el occidente andaluz, s.xx. Sevilla: Universidad de Sevilla. 1995.

Gracia Arnaíz, M. I. “Antropología de la alimentación” en J. Prat Martínez (eds.). Ensayos de Antropología Cultural. Homenaje a Claudio Esteva- Fabregat. pp. 382- 393. Barcelona: Ariel.

Harris, M. Bueno para comer. Madrid: Alianza Editorial. 1989.

Lèvy- Strauss, C. Lo crudo y lo cocido. México: siglo xxi. 1987.

Lèvy- Strauss, C. El origen de las maneras en la mesa. México: siglo xxi. 1986.

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NOTAS

(1) Estos datos son aproximaciones no definitivas basadas en las entrevistas realizadas. En posteriores estudios ahondaremos con más precisión en estas cuestiones.

(2)Por carne buena se entiende carne magra y de partes más sabrosas y jugosas.

(3)Consiste en echar agua del guiso en el sofrito para que coja el sabor y posteriormente verter el agua y el sofrito en la olla.

(4)Se refiere a fermentado.

(5)Hechos con masa semejante a la de los churros.