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Folklore lunar en tierras leonesas

RUA ALLER, Francisco Javier

Publicado en el año 2011 en la Revista de Folklore número 355.

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La Luna acompaña al hombre durante todo su ciclo vital y económico, estando presente en los juegos infantiles y en las canciones de ronda, de baile o de boda. También se la tiene en cuenta en los pronósticos meteorológicos y en las actividades agrícolas y ganaderas. Además, en este sentido de cercanía, cuando los hombres miran a la luna llena creen distinguir en sus manchas la silueta de hombres ladrones y mentirosos, que han sido devorados por el astro, o simplemente estas manchas representan a una anciana hilando. De todo ello han quedado muestras en el folklore leonés, de las cuales daremos cuenta ahora, y que son similares a las manifestaciones de otras zonas de España o incluso de otros puntos de la geografía mundial, porque la Luna se divisa desde cualquier parte del planeta y desde siempre ha ejercido su fascinación sobre las gentes.


Fases lunares y actividades agrícolas

A diferencia del Sol, presente durante el día y siempre idéntico a sí mismo, la Luna se muestra cambiante: crece, mengua y desaparece, reapareciendo días después, mostrándose dueña del tiempo a través de sus cuatro fases que se repiten mensualmente.

Como sabemos, la Luna nos muestra siempre la misma cara, porque su periodo de rotación coincide con el periodo de revolución alrededor de nuestro planeta. Las fases lunares son las zonas del satélite iluminadas por el Sol y visibles desde la Tierra, según las variaciones de las posiciones relativas de la Luna, la Tierra y el Sol. A fin de identificar cada fase lunar observada en el cielo nocturno, se establecieron una serie de reglas populares, como la siguiente: “Ten siempre presente que la luna miente” (de manera que la C del creciente y la D del decreciente o menguante se deben leer de derecha a izquierda y no de izquierda a derecha); o bien esta otra:

“Cuernos a oriente
cuarto creciente,
cuernos adelante,
cuarto menguante”.

En algunas canciones leonesas también se habla de estas fases lunares:

“Eres como el sol de hermosa,
como la luna brillante,
mas la luna crece y mengua
y en tu cara no hay menguante”.

“Con la luna te acomparo
mira si te quiero bien,
que la luna crez y mengua
y tu cara está en un ser”.

Si bien el ciclo de las fases lunares se consideraba como un símbolo de la fragilidad de la Luna, del devenir y la precariedad, lo que despertaba verdadero temor era la aparición de sus eclipses, que parecían una amenaza de muerte definitiva. Ya desde la época del Imperio Romano, continuando en la Edad Media, las gentes suponían que una manera de ayudar a sobrevivir al astro era produciendo el mayor ruido posible y así lo ejecutaban de manera estrepitosa. Además, dentro de las creencias populares, los eclipses son considerado fuente de desgracias y cuando sucedían se evitaban ciertas actividades, así por ejemplo los campesinos gallegos no recogían verdura para el caldo porque la consideraban dañina y tampoco tomaban la leche de las vacas que hubieran pastado durante un eclipse. Una superstición berciana asegura que si un niño nace durante un eclipse de Luna toda la familia sufrirá un sinnúmero de desgracias.

La Luna gobierna el tiempo, influye sobre las aguas y desde tiempos antiguos, se ha creído que también manifiesta su influencia sobre la vegetación. Así, según el Yasht, un texto iraní, las plantas se desarrollan por el calor de la Luna y en la antigua China también se pensaba que las hierbas crecían en dirección al satélite. Autores clásicos como Plinio y Crecentino mantenían pareceres semejantes acerca del asunto de sembrar en creciente de Luna y Virgilio pedía que se tuviera en consideración las fases lunares a la hora de abordar determinadas labores agrícolas. Siglos más tarde, en el difundido libro de Alonso de Herrera, “Agricultura general” (siglo XVI) se recomiendan las actividades que deben realizarse en los crecientes y menguantes de cada mes del año; y así se manifiesta ya en Libro I, Capítulo VII: “Del tiempo y avisos de sembrar”:

“... este aviso tenga continuamente el labrador que en todas, o en las más cosas de que multiplicación se espera, assi como en el sembrar, plantar, enjerir, y otras semejantes, todas en quanto pudiere las haga en creciente de Luna, y aun en principio de creciente, porque la Luna tiene dos quartos de aumento, o crecer, y otros dos de disminución, y en los primeros ayuda a criar, y en los otros dos a consumir”.

De forma general, los campesinos seguían los dictados de las fases lunares, sembrando en sintonía con el crecimiento del disco lunar y recogiendo las cosechas o talando los árboles durante el menguante, a fin de no contrariar el ritmo cósmico marcado por el astro. Los ejemplos son similares en todos los pueblos y culturas, y refiriéndonos, en concreto, a la provincia leonesa ofrecemos a continuación los siguientes testimonios:

“Se tenía en cuenta la luna para sembrar y eso, lo que llaman creciente y menguante, y para sembrar los frutos en menguante, porque en creciente dicen que echa mucho vicio (que están muy pomposas las plantas, pero no dan fruto), por ejemplo las judías... La matanza también en menguante, si no decían que se estropeaba... Cortar la leña también en menguante, porque si no se raja, se abre la madera y dura mucho más si se corta en menguante. Aún ahora lo miran...”

(Juliana San Martín, 84 años, Santa Marina de Somoza, 29 de agosto de 2010).

“La leña se corta en el menguante, antes daba muy buen resultado, pero ahora yo no sé por qué es que..., precisamente la leña para hacer los carros... esa había que cortarla en el menguante de enero, y luego, cuanto cortaban las vigas, también tenía que ser antes del primer menguante de marzo, desde marzo para adelante no, porque sube la savia en ese tiempo y tenía que ser de marzo para atrás, a partir por ejemplo del mes de octubre ya empieza a bajar la savia... La matanza se miraba que fuera en menguante”.

(Maximiliano Arce, 72 años, Rabanal del Camino, 29 de agosto de 2010).

“En cuarto menguante para tirar la madera. Tío Manuel cuando iba a hacer una obra, miraba el calendario y el día exacto... a tirar la madera, a cortarla... Ahora he cambiado muchos tejados y los que maderaba él se notan, la madera sana, seca, bien preparada y otros agujereada de los bichos, porque le queda la savia y cuando era cuarto menguante la savia estaba en el suelo... Madera bien serrada y conservada, como el hierro... Había tejados con madera más joven y de bichos picada”.

(Manuel Román, Castrotierra de la Valduerna, 24 de julio de 2009).

Algunos refranes leoneses se refieren también a estas costumbres agrícolas marcadas por la Luna:

“Si quieres que te cunda el tocino, mata en Luna nueva el cochino” (Montaña del Porma), “Cuando mengua la luna, no siembres cosas ninguna” (Maragatería, dicho aplicado sobre todo a los productos de huerta), “En el menguante de xaneiro, corta tu madeiro” (El Bierzo). Este último refrán, por lo demás generalizado en toda España, está relacionado con una antigua creencia según la cual, la madera que se cortaba en el menguante de este mes solía ser de buena calidad, a lo que se aludía en otra localidad leonesa (Villacidayo) como “cortar la madera en buen tercio”. Una frase también relacionada con este asunto era: “Estar cortado en buena luna”, que se decía en Oseja de Sajambre (Montaña Oriental), para referirse a una persona tenaz y de constitución fuerte, en referencia a las buenas cualidades de duración y conservación que se atribuía a la madera de los árboles cortados en cuarto menguante y con tiempo despejado. La frase la volvemos a oír en la Montaña Occidental leonesa (Robledo de Caldas, comarca de Luna), en la siguiente copla:

“Aunque no soy buena moza
fui cortada en buena Luna,
y pur eso me presento
delante de tu hermosura”.

Como indicábamos anteriormente, la realización de tareas agrícolas en tal y cual fase de la Luna se repite en todos los pueblos de España, y como muestra de ello vamos a mencionar dos ejemplos, uno del País Vasco y otro de Asturias; así en el primero de ellos, se creía que “los árboles de hojas festoneadas deben ser podados en cuarto menguante; los de hojas no festoneadas en novilunio..., lo mejor es matar los cerdos en cuarto menguante”, mientras que en Asturias, se dice: “Y si se quiere que los repollos cierren bien y no espiguen; y que la tripa de los embutidos sea fuerte y no estalle; y que el abono se conserve jugoso y no “canoxe”... es necesario plantar las coles, matar el cerdo y apilar el estiércol cuando “esté buena” la luna... De la luna se dice que está buena cuando está en cuarto menguante, y mala cuando en creciente”.

El siguiente refrán berciano habla de la luna de abril, una de las más temidas por los agricultores: “Pasen duascentas mil; pero que non pase a mayo a luna de abril”; ya que, de acuerdo con el conocimiento popular, se pensaba que la Luna que se divisaba en las noches claras de este mes llegaba a quemar los brotes de las plantas, lo cual no deja de ser una confusión entre causa y efecto, según la siguiente explicación: durante estas noches primaverales de cielo despejado se producen las temibles heladas de irradiación, que son las verdaderas causantes de la destrucción de las plantas, y cuando está el tiempo despejado también se ve la Luna, si es que luce en el cielo en ese momento.

En cualquier caso y para finalizar este apartado del efecto del astro sobre la agricultura y las creencias que ha generado, podemos recordar el siguiente refrán general: “El hombre lunero, no llena granero”, es decir que el labrador que sólo se basaba en los cambios de la Luna, no solía obtener buenas cosechas.


La luna y la meteorología

Si bien, como hemos visto, nuestro satélite tiene un gran protagonismo dentro de la cultura popular y sus fases marcan el calendario para la realización de determinadas faenas agrícolas, su influencia sobre la meteorología es nula; por cuanto cada fase lunar observada desde cualquier parte de la Tierra es idéntica a lo largo de cada noche y, sin embargo, los fenómenos atmosféricos no son los mismos en todos los puntos de la superficie terrestre. Aún así se han mantenido refranes como el siguiente, que se dice en varios lugares de León y, en general, de toda España: “La luna de octubre, siete lunas cubre”, con la variante “La nieve de octubre, siete lunas cubre”, indicando que el tiempo que haga un día de este mes, lo hará los siete posteriores. En otra localidad leonesa, Corniero (Montaña Oriental), consideraban que la Luna de octubre “marcaba el tiempo de las lunas hasta abril”, mientras que en Andiñuela (Maragatería) recogimos el siguiente testimonio que nos habla, de forma más extensa, de la influencia de la Luna en la meteorología:

“Como la luna de octubre venga buena, tenemos buen tiempo; pero como venga lloviendo, la luna de octubre siete lunas cubre... Aquí la luna, se fijaban mucho, ahora ya no tanto, como está el reloj… pero antes, como los cuernos de la luna estuvieran abiertos, que llovía... Los cuernos de la luna no están siempre igual, no...dicen: ¡mira, va a llover, que la luna tiene los cuernos muy abiertos!... Aquí nos guiábamos mucho, mucho por los astros”.

(Irene Calvo, 88 años, Andiñuela, 29 de agosto de 2010).

En este etno-texto se nos indica una predicción de lluvia por la observación de los cuernos de la Luna, una señal que ya figura en la “Agricultura general”, de Alonso de Herrera, ya mencionada anteriormente: “... y si la Luna nueva tiene el cuerno más alto y más escuro que el bajo, lloverá en menguante, y si el bajo más que el alto, lloverá en creciente, y si está negra en medio lloverá quando esté llena”. Asimismo, en un trabajo reciente, elaborado por López Megías y Ortíz López se trata sobre esta cuestión: “Así cuando ésta [La Luna] tiene la concavidad, entre sus dos cuernos hacia arriba, se decía “retiene el agua”, que es como decir que no iba a llover. Pero si uno de los cuernos ocupa la parte superior y el otro la inferior, se cree que “suelta el agua” (llueve)”. De forma particular, en varias localidades salmantinas también se recogen estas predicciones de lluvia por la Luna: “Cuando tiene los cuernos hacia arriba, significa que va a llover”, “Cuando tiene los cuernos hacia la Sierra, significa que va a llover” y “Cuando tiene el cuerno de abajo vuelto hacia arriba, puede caer agua, y si lo tiene aguzado traerá aire”.

Los halos de Sol o de Luna son fotometeoros de los cuales nuestras gentes también se han valido para obtener pronósticos sobre la meteorología venidera. Estos halos, según la meteorología oficial, son anillos luminosos que se forman alrededor del Sol o de la Luna, cuando la luz de éstos atraviesa una masa nubosa tenue de gran altura, como son los cirroestratos; mientras que la corona es el cerco luminoso de un color rojizo en cuyo centro se encuentra el Sol o la Luna, y tiene un radio relativamente pequeño; formándose cuando la luz de estos astros atraviesa cierto tipo de nubes de altura media (altoestratos y altocúmulos).

En los dichos populares sobre halos, se suele hablar con mayor frecuencia de los producidos por la luz de la Luna, que son siempre blancos. En la mayor parte de la provincia leonesa, se denominan cercos a estos halos, como se ha recogido en San Feliz de Torío y en el Valle de Fenar. En el primero se dice que cerco es el círculo que se forma a veces alrededor de la Luna; y en la segunda zona se describe como el halo luminoso que se ve en torno al Sol o la Luna en ciertas ocasiones. En Villacidayo son denominados corrales.

Los fenómenos de halo indican humedad en la atmósfera, pero no sirven como indicadores infalibles de un empeoramiento del tiempo, si bien en muchos dichos y refranes populares se relaciona el halo con la lluvia: “Corral de luna, a los tres días laguna” y “El corral del sol moja la capa al pastor y el de la luna la enjuga” (ambos de Villacidayo); este berciano es similar: “Cerco na Luna, auga segura”. También lo manifiestan otros poemillas o canciones populares oídas en León:

“Mañana va a llover,
que tiene cerco la Luna,
las estrellas me lo dicen
y el cielo me lo asegura”.

“Esta noche ha llovido
que tiene cerco la luna,
Dios quiera que llueva bien
en la cama de dalguna”.

De acuerdo con algunos libros de meteorología general, estos dichos sobre los halos lunares pueden ser ciertos dependiendo de la situación en que nos encontremos: si estamos en el centro de un sistema nuboso, ocurrirá que a las nubes altas (cirroestratos, que son las que producen los halos) les sucederán otras de altura media y baja, que producirán lluvia en un plazo de un día o quizás menos, contado después de aparecer las nubes altas; pero si nos encontramos en los bordes del sistema nuboso, sólo aparecerán nubes de altura media después de los cirroestratos, y por tanto no se producirá la lluvia.

La luna en el cancionero

La Luna está también presente en muchas canciones que acompañan al hombre durante su vida, desde la cuna, los juegos infantiles, los bailes, las bodas y sobre todo en las rondas estivales, donde como nos recuerda el etnógrafo José Luis Alonso Ponga, en su libro de lectura obligada: “Tradiciones y costumbres de Castilla y León”, “los mozos, todos juntos o en cuadrillas, recorrían las calles del pueblo cantando viejas canciones de entrañable sabor, consagradas por la costumbre, y transmitidas celosamente de generación en generación. Otras veces son canciones de sátira y burla, compuestas al efecto por algún mozo poeta, pero llenas de expresividad y sentimiento” y todo ello, añadimos, bajo la luz de la Luna. A continuación mostraremos algún ejemplo de estas canciones en tierras leonesas, coplas donde el astro muestra su otra cara, la poética y romántica.

Esta es una canción de cuna, de los Valles de Alba y Fenar:

“Duerme niño, duerme niño,
duerme niño de un señor,
que a los pies tienes la luna
y a la cabecera el sol”.

Dentro de las canciones infantiles y en las peticiones que se hacen en los juegos para determinar quien pone o quien se queda, también figura la siguiente invocación lunar:

“Luna, lunera, cascabelera,
los siete perrucos a la cabecera”.

siendo, al parecer, estos siete perritos o “perrucos”, las siete estrellas que componen la Osa Mayor.

Como hemos indicado antes, la presencia de la Luna es muy abundante en las canciones de ronda, por lo que dividiré en distintos apartados el material encontrado en tierras leonesas, a fin de comprender mejor esta participación tan directa del astro en los distintos momentos de la ronda. En primer lugar aparece en la propia invitación al recorrido festivo y callejero:

“Cuando la luna se pone
y los tejados hacen sombra,
retírense los casados
que los mozos van de ronda”.

El astro está presente en algunas actividades que se describen en los cantares, como en esta “Noche de luna”, de Alija del Infantado:

“Una noche de luna
fuiste a moras;
ten “cuidao” con las zarzas
que son traidoras,
síguela Manuel;
síguela, Manueluco,
síguela Manuel,
de noche con la luna,
con el lucero del amanecer”.

Hay referencias a la luna de enero, que parece ser la más clara de todo el año:

“A la luna de enero,
niña te aguardo,
que es la luna más clara
que trae el año”.

“A la luna, a la luna de enero,
a la luna le falta un lucero,
al lucero le faltan dos rayos,
a la luna, a la luna de mayo”.

Las canciones de ronda, o incluso de baile, también recogen, en su trasfondo, una rivalidad, o “antigua pelea mítica” como refirió el etnógrafo José Luis Puerto, entre las dos grandes luminarias del cielo, el Sol y la Luna:

“Al sol le llaman Lorenzo
y a la luna Catalina,
la luna alumbra de noche
y el sol alumbra de día”.

“La luna y el sol partieron
el día en dos mitades:
las mañanas son del sol
y de la luna las tardes”.

“El sol le dice a la Luna:
‘Desculurida y cubarde’
- Vale más mi cubardía
que l’hacienda de tus padres”.

“El Sol le dice a la Luna:
‘Anda y vete a recuger,
que a deshora de la noche
nu anda ninguna mujer’”.

La Luna cuntesta alegre:
‘Soy mujer y puedu andar,
más vale andar a deshora,
que nu de día y quemar’”.

Por supuesto, no falta la comparación de la Luna con las cualidades de las mozas a las que se va a rondar, siendo también una muestra de la exaltación local:

“Debajo de tu ventana
está la luna parada,
que se quedó contemplando
la belleza de tu cara”.

“Tienes unos ojos, niña,
tan a la flor de la cara,
que al sol le dicen, ‘detente’,
y a la luna, ‘para, para’”.

“Estrellita reluciente
que andas a par de la Luna,
dime dónde está el lucero
que alumbra la noche oscura”.

“La luna se va pa Francia,
los nublados p’Aragón,
las mocitas de mi pueblo
que bonitas son”.

En ocasiones la Luna tiene una participación más directa:

“Anoche me enamoré.
Fue la Luna y me engañó.
Otra vez que m’enamore,
será de día y con Sol”.

“A tu puerta estuve ayer
hasta que salió la luna
y no me has querido abrir,
corazón de piedra dura.

Ay luna, luna
vete a la Audiencia
a defender una causa
que tuve con mi morena,
ay luna, luna,
vete a la Audiencia”.

Y por supuesto, la despedida:

“Allá va la despedida
la que dan los buenos mozos:
adiós luna, adiós sol,
adiós lumbre de mis ojos”.

En las canciones de baile también aparece la Luna y como ejemplo referimos, a continuación, tres estrofas de tres jotas del Páramo leonés. La primera se titula “Anoche soñé”, denominada también “Jota de la mano pesada” o “Jota del moscardón”, que trata de un mozo fantasioso, que por tener grandes posesiones, pretendía conquistar a las mozas; pero estas, cansadas de sus fantasías le decían que sus posesiones no eran tales, porque estaban llenas de moscardones:

“Anda diciendo tu madre
que tú la luna mereces
y yo como no soy luna
a mi no me perteneces”.

Esta estrofa es de la jota “La Paramesa”, también llamada “Jota de la Sinda”:

“La luna cuando va llena
no lleva tanto donaire,
la luna cuando va llena
no lleva tanto donaire.

Como lleva mi morena
cuando va de noche al baile.
Como lleva mi morena
cuando va de noche al baile.”

Finalmente, las siguientes estrofas pertenecen a la jota “Ahí le duele”, que trata de una moza que está enamorada y le cuenta a un mozo sus penas para ver si se compadece de ella:

“La luna cuando va llena
siempre da claridad,
aunque tengas amor propio
no le cuentes la verdad”.

“Todos los enamorados
tienen pleito con la luna,
la luna por alumbrarlos
y ellos por quedar a oscuras”.

Finalmente, y para no hacer más extenso este repertorio de canciones leonesas donde se menciona a la Luna, mostraremos algunos ejemplos de estrofas extraídas de la “Colección de Cantares de Boda de Laciana, Babia y Alto Bierzo”, recopiladas por Juan Alvarado y Albó en 1919. Así, de las partes correspondientes a alabanzas al novio, a la novia y a novios y padrinos, nos encontramos con estrofas como éstas:

“Que bien parece la novia
Sentadita en una silla
Parece el sol cuando sale
Y la luna esclarecida
Al lado de la madrina”.

“La luna se va poniendo
Y el sol se queda en su trono
De ver gente tan lucida
De parte del señor novio”.

“La luna va por el alto
Acompañada del sol
Los resplandores que salen
Novios y padrinos son”.


Las manchas de la luna

Si nos fijamos detenidamente en la superficie lunar, se aprecian a simple vista un conglomerado irregular de zonas oscuras y brillantes, las primeras son denominadas mares o maria, mientras que las segundas son las tierras o continentes, las cuales vistas al telescopio aparecen como regiones muy accidentadas, cubiertas de cráteres y manchas. Popularmente, a las zonas oscuras se las conoce como las manchas lunares. En la mayoría de las tradiciones, no sólo leonesas, sino de otras partes de España, e incluso de la geografía mundial, estas manchas tienen una forma o significado relacionado con personas o animales y representan, en muchas de ellas, a la vista de todos, a un hombre transportado allí para expiar una culpa.

En ciertas leyendas leonesas se dice que las manchas lunares representan a un hombre que carga un haz de leña sobre su espalda, la cual fue robada por la noche, y en domingo, en muchas de ellas. Esta es la versión que recogimos hace años en Adrados de Ordás (Montaña Occidental):

“Un hombre vivía con su mujer en lo más enmarañado del bosque y un día salió a acostar [cortar] leña y la cortó e hizo un grande haz y metió en él su cayada y echó a andar para casa. En el camino se encontró con un hombre que viajaba para la iglesia y le dijo: “Hombre, ¿no sabes que hoy es domingo y que descansó el amado Dios después de haber hecho el mundo, los animales y el hombre?, ¿y no sabes que está escrito en el Tercer Mandamiento que hay que santificar las fiestas?”. El que hacía estas preguntas era el amado Dios en persona; pero aquél era un hombre tan empedernido en el pecado, incorregible y contestó: “Y que me importa a mí que sea domingo en la tierra, como si es lunes en el cielo”. “Puesto que eres un hombre tan poco cristiano – dijo el otro – llevarás eternamente tu haz de leña sobre tus hombros y vivirás siempre en la luna para escarmiento de aquellos que no santifiquen el domingo”. El que decía estas cosas era el amado Dios en persona”.

(Restituto García, 97 años, Adrados de Ordás, recogido en 1988).

En Tereñes (Asturias), la leyenda es similar, tal y como la transcribe el etnógrafo Constantino Cabal: “En la luna hay una cara. Es la de un leñador desventurado que no guardaba el domingo. Era tan excesiva su codicia como mínima su fe, y estábase un domingo trabajando, cuando el Señor lo traspasó a la luna para que todos lo viesen”. En otra localidad asturiana la leyenda se cuenta de otro modo, y es que el leñador que caminaba de noche se burló de la Luna, y ésta se enfadó y se lo tragó. En Cataluña también se dice que en la Luna está dibujada la sombra de un hombre cargado con un haz de leña, la cual robó a su vecino una noche.

En otras versiones recogidas en León, Burgos y el País Vasco se habla de hombres que llevan una horcada de espinos, de ilagas (aulagas) o árgomas, siendo estos dos últimos, los nombres que recibe una planta espinosa que se empleaba para cerrar las fincas. Todos ellos habrían sido robados por la noche, en presencia de la Luna, quien se llevó a los ladrones con ella. Así, dentro de la provincia de León este tipo de leyendas están recogidas en Oseja de Sajambre y en la comarca de Rueda. En la primera localidad se dice que la mancha grande que muestra la Luna es “Longinos con una jorquetada de espinos”, aludiendo al soldado que atravesó el costado de Cristo con su lanza y después fue santificado, y siendo jorquetada la cantidad de hierba o espinos, en este caso, que se coge con una horca. Estos espinos eran los que se cortaban en las fincas para limpiarlas y se empleaban luego para formar o reparar las propias cercas, obteniéndose también en el monte. En varios pueblos de la comarca de Rueda también está recogido un pareado que se decía a los niños, cuando se les mostraba una mancha de la Luna: “Ese es Longinos/ con una horcada de espinos”, y en Villacidayo, pueblo de esa comarca, se dice que se trata de un hombre al que pilló la Luna robando los espinos de un corral ajeno. En otra localidad de esa zona, Saelices del Payuelo, se dice, sin embargo, que en la Luna lo que se ve es una mujer hilando, algo que también se repite en otros lugares de la provincia de Burgos, en uno de los cuales se llega a afirmar que “era la Virgen, que estaba hilando con una rueca”.

Como dijimos anteriormente, la creencia de que las manchas lunares representan a un hombre cargado de leña es prácticamente universal. Baste como muestra estas otras tres leyendas, pertenecientes a otros tres lugares del oeste de Francia: “En Gascuña, es el viento el que, un domingo de Pascua, lleva hasta la Luna al campesino reincidente. Con el haz de leña que había preparado para arreglar su seto, esperará pacientemente hasta el día del juicio final..., los campesinos vendeanos mostraban a sus hijos, confinado en la Luna con su haz de leña, al hombre que había rehusado a Jesús el calor de su hogar. En la alta Bretaña se cuenta que Dios, un día, llegó en el momento en que un hombre cargaba la madera que acababa de robar. “Esta madera no es tuya y, para castigarte, debería hacerte morir pero morirás a tu hora; te permito escoger el lugar de tu exilio: el Sol o la Luna. – Prefiero la Luna, respondió el hombre, porque ella no se mueve más que por la noche y así no seré visto tan a menudo”.

En general, como vemos, se trata de exponer a vergüenza pública a un ladrón, transportado al astro de la noche para expiar su culpa, que consistía en el robo de leña o espinos de un bosque o finca que no eran el suyo, un robo que, además, se cometía de noche en presencia de la Luna; de esta manera la layenda se convertía en un aviso para otros posibles ladrones que sufrirían el mismo castigo. Además, en los países de tradición cristiana, como Francia y España (también en Portugal), se añade el detalle de la violación del descanso dominical, un dato que ha llevado a algunos folcloristas a situar incluso el origen de la creencia en la Biblia, por cuanto en el libro de los Números, Yavé exige a Moisés que condene a muerte a un hombre que recogía leña en sábado. Finalmente, en algunas leyendas, la Luna no es la simple carcelera del ladrón, sino que tiene una participación activa, siendo ella la encargada de devorar al propio hombre, algo que podría estar relacionado también con una antiquísima tradición, según la cual la Luna está habitada, si bien, mayoritariamente por animales como liebres o conejos.