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El discurso rural de Miguel Delibes en Castilla, lo castellano y los castellanos

URDIALES YUSTE, Jorge

Publicado en el año 2012 en la Revista de Folklore número 359.

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Acaba la década de los 70 y Miguel Delibes recibe un encargo: escribir un libro sobre Castilla, su región. La colección "Espejo de España" se quiere completar con el texto de Delibes, con la visión que tiene el maestro de su querida Castilla. El escritor, que lleva mucha reflexión a cuestas sobre lo que ha sido y es su tierra, no acepta el reto. Él no es un ensayista. Pero Rafael Borrás, director literario de la editorial le hace ver que sus novelas son todo un ensayo sobre Castilla. Y así comienza Delibes a coger de aquí y de allá un texto tras otro para formar este libro.

Nadie podría escribir sobre el tema ni con mejor conocimiento ni con mayor autoridad.

El estudio que hace Delibes de esta región española se compendia en 20 capítulos en los que brota la esencia de Castilla, de los castellanos y de lo castellano: su religiosidad, la sumisión de las gentes a lo que tenga que venir del cielo, el apego a la tierra, la desconfianza ante lo nuevo, su filosofía socarrona&

Cada capítulo va precedido, en letra bastardilla, de una breve introducción al tema que aprovecha el autor para exponer didácticamente las ideas más importantes que va a tratar, sus tesis, que a continuación corrobora con un texto más extenso, elegido entre sus obras anteriormente publicadas.

En todas y cada una de las páginas del libro palpita el discurso popular-rural que maneja el maestro en su narrativa. Sin exageraciones, con naturalidad. Traslada a los folios el lenguaje que se está empleando en la Castilla de entonces y que esconde un modo de hacer y de ser que ha definido a los castellanos durante siglos.

Nos basta un capítulo de este libro (el capítulo II) para demostrar el vigor de este lenguaje en la narrativa de Miguel Delibes:


Capítulo II. Dependencia del cielo (pp. 41 a 51)

Resumen del capítulo

Ya Estrabón calificó la meseta norte como "un país frío, áspero y pobre". Castilla es tierra de monocultivo y de pocas lluvias. Apenas si el 10 % d su tierra es de regadío. El resto es tierra de cereal y de secano muy precario.

Además de ser muy escasa en agua, el agua de lluvia la hace más insegura todavía. La siembra puede retrasarse por la falta de lluvia en el otoño; puede perderse la segunda siembra por falta de lluvia en la primavera o puede luego perderse por el pedrisco cuando ya las mieses están a punto para la cosecha.

Castilla necesita agua otoñal para la siembra, hielo en diciembre para que la planta se afirme, aguarradillas en abril para que el sembrado esponje y sol fuerte en junio para que la caña espigue. Casi nunca se dan estas circunstancias al completo.

En definitiva, la buena cosecha depende, más que de la labor de los agricultores, del cielo y del clima. El autor dice que si el cielo de Castilla es tan alto, es porque lo habrán levantado los castellanos de tanto mirarle.

El refranero está lleno de refranes que atestiguan esta dependencia del clima: "Año de nieves, año de bienes"; "septiembre, o seca las fuentes o lleva los puentes"; "en llegando San Andrés, invierno es"; "si la Candelaria plora, el invierno está ya fora"; "en febrero un rato al sol y otro al brasero"; "marzo ventoso y abril lluvioso sacan a mayo florido y hermoso"; "si llueve en santa Bibiana, llueve cuarenta días y una semana". Todos abundan en esta idea: el clima es el primer factor del campo castellano.


El discurso popular-rural en el capítulo II

Como en todo el libro y en cualquier otro texto de Miguel Delibes, el discurso popular-rural del maestro se puede dividir en palabras y expresiones. He aquí esas palabras que conforman el lenguaje rural castellano y que nos hablan de las faenas del campo, de los accidentes meteorológicos o de las elevaciones del terreno:

Hablar hoy de una riqueza ganadera,(...) como en tiempos de la Mesta, resultaría desproporcionado. (p. 41)

Mesta: asociación de ganaderos del Reino de Castilla, nacida oficialmente en 1273.

Es un orden meteorológico que asegure un tempero adecuado para las siembras. (p. 41)

Tempero: sazón y buena disposición en que se halla la tierra para las sementeras y labores.

Hasta que el grano nació en las eras. (p. 42)

Eras: cuadro pequeño de tierra destinado al cultivo de hortalizas; también pequeño cuadrado de tierra, duro y hasta con piedras, preparado para la trilla del grano.

La siembra de cereales tremesinos. (p. 42)
Tremesinos: trigo de primavera que brota en tres meses.

La subsolación profunda, la concentración parcelaria. (p. 42)

Concentración parcelaria: Acción del gobierno por la que se reagrupa y se redistribuye la propiedad de la tierra, muy parcelada por efecto de las herencias. Se consiguen así fincas de mayores dimensiones, más fáciles de labrar y un ahorro grande de tierras improductivas aprovechando linderos, accesos inútiles y terrenos perdidos.

El abandono de tierras marginales y los tímidos ensayos de irrigación. (p. 42)

Irrigación: aplicar el riego al terreno.

La oveja que come centellas cría galápago en el hígado y se inutiliza. (p. 42)

Centellas: hierba venenosa que se cría en los hondonales.

Se afanó en abrir en el suelo pequeñas calicatas para comunicar las galerías. (p. 43)

Calicatas: perforaciones o excavaciones que se hacen en un terreno para determinar la existencia de minerales.

Correteaba en la cascajera persiguiendo a las lagartijas. (p. 43)

Cascajera: Paraje donde hay muchas cascajos o piedras.

Junto al ribazo voló ruidosamente una codorniz. (p. 43)

Ribazo: porción de tierra con elevación y declive.

La calina difuminaba las formas de los tesos que parecían más distantes. (p. 43)
Calina: bruma.

Un rumor sordo semejante al de los conejos embardados le anunció la salida del topo. (p. 43)

Embardados: cubiertos de paja, brizna, espinos...

Al alcanzar los carrizos se arrancó inopinadamente el águila perdicera. (p. 43)

Carrizos: planta herbácea perenne perteneciente a la familia de las gramíneas.

El cielo levantó y sobre el pueblo se cernía una atmósfera queda y transparente. (p. 46)

Queda: quieta.

Entraban diseminados, uno a uno, la negra boina capona calada hasta las orejas. (p. 46)

Capona: dícese de la boina que ha perdido el rabito superior.

Calada: metida.

Malvino se llegó a él con la frasca en la mano y se lo llenó sin que el otro se lo pidiera. (p. 47)
Frasca: cierta vasija de vidrio que se emplea para el vino.

El cereal estaba encañado y seco y en menos de cuatro horas se o llevó la trampa. (p. 47)
Encañado: que ya había echado caña y que estaba a punto de desarrollar la espiga.

No llegarían a diez fanegas las que cogimos en el término. (p. 47)

Fanegas: medida de capacidad para áridos, que, en Castilla equivale a 12 celemines o 55 litros y medio.

Las argayas estaban chamuscadas, ¿sabes? (p. 47)

Argayas: filamentos de la espiga.

Buena está cayendo. Los relejes están tiesos como en enero. (p. 48)

Relejes: rodadas o carriladas.

En la huerta no queda un mato en pie. (p. 48)

Mato: matorral, apócope.

No vio más que una nube de escepticismo, una torba resignación allá en lo hondo de las pupilas. (p. 48)
Torba: Dícese de la persona que tiene un aspecto terrible, que da miedo. Dícese también de su gesto o de su forma de mirar.

El Justino, que desde hacía dos horas bebía sin parar del porrón (...) (p. 50)
Porrón: redoma de vidrio para beber vino a chorro.

¿Puede saberse qué sucede para que arméis este jorco a unas cinco de la mañana? (p. 50)

Jorco: fiesta o baile popular.

Una vaca mugió plañideramente abajo, en los establos. (p. 50)

Plañideramente: llorosa o lastimosamente.

Los reflejos parecían de piedra y la tierra crepitaba al ser hollada como cáscara de nueces. (p. 50)

Hollada: comprimir algo con los pies, pisar.

Miraba ahora la verja y la cruz del pequeño camposanto en lo alto del alcor. (p. 51)

Alcor: colina o collado.

Las espigas se combaban cabeceando. (p. 51)

Combarse: torcerse una cosa, abarquillarse, arquearse.

Las expresiones, que enriquecen el léxico español, aparecen también permanentemente en la narrativa de Delibes. Tengo recogidas 1.130 en mi segundo diccionario sobre el lenguaje rural del escritor: Diccionario de expresiones populares en la narrativa de Miguel Delibes. Bástenos nombrar los refranes de este capítulo II de Castilla, lo castellano y los castellanos:

Setiembre o seca las fuentes o se lleva los puentes.

Mes imprevisible tras los calores del verano en el que tanto puede no llover y secarse las fuentes, como llover a cántaros y arrasar las torrenteras con todo.

En llegando San Andrés, invierno es.

Por San Andrés, 30 de noviembre, se considera ya que ha llegado el invierno.

Año de nieves, año de bienes.

Cuando nieva mucho se empapa la tierra de agua, se alimentan los acuíferos subterráneos y el año es bueno por la fuerte humedad acumulada en el subsuelo. Cuando llueve mucho, parte del agua se pierde por los arroyos y laderas; cuando nieva, el agua penetra la tierra y la aprovecha toda.

Si la Candelaria plora, el invierno está ya fora.

La Candelaria se celebra el 2 de febrero, época en la que se espera la nieve. Si en lugar de ello, llueve, es señal de que el invierno duro ya pasó.

En febrero, un rato al sol y otro al brasero.

Febrero es un mes irregular en el que tanto puedes ponerte al sol y sentir calor, como en el mismo día o solo unas horas más tarde, sentir frío y necesidad de calentarte al brasero.

Marzo ventoso y abril lluvioso, sacan a mayo florido y hermoso.

El viento y el frío de marzo y la lluvia de abril, hace que mayo sea un mes primaveral, hermoso y luminoso con el que comienzan los albores del buen tiempo.

Si llueve en Santa Bibiana, llueve cuarenta días y una semana.

Santa Bibiana se celebra el 2 de diciembre y como por esa fecha el invierno ya está muy entrado, la lluvia y el mal tiempo se prolongan mucho: cuarenta días y una semana.

Agua agostera, tronza la era pero apaña la rastrojera.
Las mieses, ya cortadas, se acumulan en las eras. La lluvia interrumpe las tareas de la trilla para recoger el grano, pero en cambio contribuye a que los rastrojos se pudran y se entierren, preparándolos así para las siembras de otoño.

Vista en su conjunto, la narrativa de Miguel Delibes es un reflejo del alma de Castilla en el siglo XX, con su lenguaje, sus costumbres, su manera de ser y de enfrentarse a la vida. Este capítulo II de Castilla, lo castellano y los castellanos es una de las mejores muestras de ello.

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BIBLIOGRAFÍA

DELIBES SETIÉN, Miguel (1994): Castilla, lo castellano y los castellanos, BARCELONA, Ed. Planeta.