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Los traslados de la Virgen del Castañar, patrona del alfoz de Béjar, a la villa. Una forma de aproximación a las tradiciones y las formas de vida durante el siglo XVIII

CASCON MATAS, M. del Carmen

Publicado en el año 2012 en la Revista de Folklore número 360.

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Introducción

La Virgen del Castañar es la patrona de Béjar y su comarca (Salamanca). Los orígenes de su culto mariano se remontan al año 1446, fecha en la que, de manera milagrosa, es hallada su imagen enterrada a los pies de un frondoso castaño en el monte Castañar por unos pastores del vecino pueblo de La Garganta (Cáceres) (1), en un momento en que una feroz epidemia de peste asolaba el alfoz. Las narraciones legadas sobre el milagro cuentan que la enfermedad infecciosa cesó en el instante en que los bejaranos acudieron en masa para postrarse ante la Virgen, por lo que su advocación se vinculó a la sanación, en particular de pestes y epidemias. Existen indicios que nos hacen pensar en un culto más antiguo existente en el lugar, Santa María del Monte, siendo posible que en el siglo XV se realizase, no la creación de una devoción nueva, sino una renovación de la ya existente (2). Pronto se iniciarían la construcción de una modesta ermita en el mismo lugar del hallazgo, cuyas obras se prolongarán a lo largo de los siglos hasta convertirse en el santuario que actualmente conocemos (3) y, adyacente al templo, una casa para que residiera en ella un ermitaño o vigilante. Durante cuatrocientos años, esto es, hasta la llegada de la comunidad franciscana en 1899, la ermita permaneció aislada de la población y expuesta a posibles saqueos. El miedo a perder el dominio sobre el culto mariano (dado que por decreto los obispos placentinos se reservaron el patronato sobre la imagen) motivó la fundación de la Cofradía de la Virgen del Castañar encargada de mediar en su culto junto a los clérigos de la villa organizados en un Cabildo Eclesiástico desde la Edad Media (4).

En general, eran los bejaranos quienes ascendían a rezar ante la imagen, bien de motu propio, bien por la celebración de misas fijadas previamente en la Regla del Cabildo Eclesiástico5, estipulándose la organización de una procesión anual para honrar a la Virgen y de vísperas el día de la Anunciación para conmemorar su aparición. La peregrinación de las gentes, celebrada el 15 de septiembre, debía partir desde la iglesia de San Juan Bautista hasta su ermita, acudiendo a ella los capitulares del Cabildo y portando los párrocos las cruces distintivas de cada una de las feligresías (6). En esa jornada se emplazaba a los bejaranos y gentes procedentes de los pueblos vecinos a una solemne eucaristía y romería a través del monte, cuyo itinerario no se fijó de manera oficial hasta el año 1711. Tras el almuerzo campestre tenía lugar una corrida de toros en el coso recién construido en piedra como complemento al ritual festivo.

En algunos casos determinados se ha comprobado documentalmente que, de manera extraordinaria, podía darse el caso de ruptura de esa rutina religiosa por obra y gracia, no del poder eclesiástico, sino del civil municipal quien, al margen del Cabildo o del Obispado, organizaba los traslados de la patrona a la villa de Béjar y lo daba a conocer a las restantes instituciones. En este sentido, el consistorio esgrimía el privilegio de poder invocar, en nombre de la población y como representante de ella, la protección divina en cuanto a la defensa de los intereses públicos se refería. Se han contabilizado unos 20 traslados de la santa imagen durante todo el Siglo de las Luces, bien por orden consistorial o por voluntad de la Cofradía.

Curioso es el uso del monte como lugar religioso a la par que festivo. A la vera de la ermita se alzaría la plaza de toros del Castañar, primero con cierto carácter temporal al realizarse en madera hacia 1669 y, definitivamente en piedra, en 1711 (7). Este coso, a escasos metros del santuario, tiene a gala ser el más antiguo de los existentes, por lo que recibe el apelativo cariñoso de “La Ancianita” (8). En el mismo paraje, y dentro del aspecto festivo, existía también una Casa de Comedias cuyo emplazamiento ha sido borrado por el irremediable paso del tiempo.

Béjar tiene la suerte de contar con un documento gráfico incomparable desde el punto de vista histórico. El duque de Béjar Juan Manuel II (1680-1747) ordenó a su pintor de cámara de origen italiano, Ventura Lirios, la plasmación en lienzo de la villa entre 1726 y 1727. En esta Vista de Béjar (9) se muestran los edificios más significativos entre los que sobresalen la plaza de toros en plena corrida (agrandada con respecto al resto de los edificios a través de un particular zoom del Siglo de las Luces) y el santuario del Castañar escondido entre las frondosas ramas de los árboles. Y es a ese edificio al que nos vamos a acercar a través de este artículo, analizando los traslados de la Virgen a la villa como método de acercamiento al estudio de las actitudes, creencias y folclore de las sociedades del Antiguo Régimen, a lo largo de un siglo tan primordial para Béjar, momento en que comienza la andadura de una manufactura textil que acabará implantándose como motor económico durante los siglos posteriores. Los archivos consultados para la elaboración del presente artículo han sido el Municipal de Béjar (10) (atesorados sus legajos en dependencias del convento San Francisco) y el parroquial de San Juan Bautista (donde se encuentra depositado el Libro de la Cofradía de la Virgen del Castañar comprendido entre 1708 y 1863) (11).


La incursión del poder civil bejarano en las fiestas religiosas de la villa

Desde tiempo inmemorial el consistorio poseía la prerrogativa de decidir sobre asuntos religiosos concernientes al bien común, situándose, en este caso, el poder civil sobre el religioso detentado por el Cabildo Eclesiástico12. De esta forma, el concejo organizaba los traslados extraordinarios de la Virgen del Castañar desde su ermita a Béjar, las procesiones de la Virgen de la Misericordia y Virgen del Rosario (ligadas casi siempre al fenómeno de las sequías), San Roque (epidemias) y San Gregorio (plagas de oruga) (13), entre otras. Dejamos de lado la procesión del Corpus Christi (14), pues sólo su análisis nos llevaría a un artículo específico. La convocatoria y gestión del resto de festividades religiosas, acordadas anualmente en la Regla del Cabildo Eclesiástico, correspondía a otras instituciones religiosas (parroquias, cofradías y Cabildo).

Este privilegio ostentado por el concejo, que le confería un estadio superior al del Cabildo en casos religiosos particulares, inducía a una lucha de poder constante que se deja entrever periódicamente en los libros de actas de sesiones municipales. Las autoridades religiosas veían con malos ojos tal preeminencia en asuntos que competían, desde su propia óptica, a su sola exclusividad, por lo que era frecuente que un acto público de carácter o no religioso se convirtiese en campo de batalla para la discusión (15). La solución habitual ofrecida por los regidores del concejo consistía en recurrir ante el obispo de Plasencia para domeñar a los párrocos levantiscos de la villa y su alfoz.

No obstante, no hay que dejar de lado el hecho de que algunos de los traslados de la Virgen del Castañar a la población se realizaron por voluntad de la Cofradía quien se encargaba de la gestión de las propiedades vinculadas al culto. De esta forma rivalizan en su devoción el Cabildo (encargado de la administración de la ermita), el Obispo de Plasencia (patrón de la misma), la Cofradía (que se reserva la función de gestionar los bienes), el concejo (encargado de organizar los traslados a la población en situaciones extraordinarias) y los fieles.


Causas y procedimientos habituales en los traslados extraordinarios de la Virgen a la villa

La organización de los trasladados con carácter extraordinario seguía un procedimiento previamente estipulado. En primer lugar, se hacía necesario especificar el motivo que inducía a tal decisión, siendo expuesto en una reunión consistorial ordinaria o extraordinaria. Analizando los documentos escogidos para este trabajo, las causas más habituales pueden ser resumidas en cinco. Por un lado, la aparición de epidemias que diezmaban a la población, proceso cíclico y continuo durante el Antiguo Régimen causado por las deficientes condiciones higiénicas y sanitarias, el hacinamiento y la insalubridad de las viviendas. El recurso a acudir la intercesión a la Virgen del Castañar en tales casos se explica por lo la vinculación de la advocación mariana a la curación de pestes y epidemias (16). Por otro, las sequías, los temporales y las alteraciones meteorológicas, en una sociedad que dependía de las cosechas para poder sobrevivir y en la que la escasez de agua o su abundancia podían echar al traste los cultivos del año, provocando carestías y hambrunas, eran considerados motivos sobrados para una intercesión mariana de carácter extraordinario. En tercer lugar, se pueden añadir las epidemias de parásitos que afectaban al campo, por ejemplo las plagas de oruga. En cuarto lugar, la búsqueda de la protección divina en pro de los intereses generales del reino en acontecimientos que supusieran una ruptura o cambio de consecuencias impredecibles. Por último, los intereses de los duques de Béjar, señores de la tierra, se colocaban lógicamente en lugar preferente entre los desvelos del pueblo (17).

Una vez expuesto el motivo, se nombraba a dos comisarios entre los miembros del consistorio, a los que se les confería la misión de anunciarlo al Abad del Cabildo Eclesiástico y a las comunidades religiosas de Béjar (franciscanos, religiosas de los conventos de la Anunciación y de la Piedad).

El día anterior se procedía a repicar las campanas de la villa, así como a ejecutar una retreta general y a colocar luces en ventanas y balcones de motu propio por los vecinos. Al día siguiente, la imagen de la Virgen se trasladaba en solemne procesión desde su ermita a la población monte abajo acompañada por la comunidad de los frailes de San Francisco y por los fieles devotos.

Durante la estancia de la talla en la villa, se llevaban a cabo misas, novenas y otras ceremonias religiosas, además de ciertas actividades profanas, como bailes a la puerta de la iglesia. El primer día del novenario se reservaba para la asistencia de los bejaranos y de sus representantes civiles. La imagen se alojaba, o bien en el convento de dominicas de la Piedad, lugar de eterno descanso de los duques de Béjar, o bien en la iglesia de El Salvador. En algún caso se alude a la menos habitual costumbre de recogerla en el convento de la Anunciación, pero de ello no hemos encontrado evidencias durante el siglo XVIII. El que se le rindiese culto en la iglesia de El Salvador no obedecía a los caprichos de los fieles, ni al mandato del duque, Cabildo o consistorio. Las razones que se esgrimían se centraban en dos supuestos: por estar el templo en el centro de la Plaza Mayor, justo frente al edificio consistorial, y ser tradición que así fuese. A lo largo del siglo XVIII el templo sufrirá numerosas obras de remodelación tales como la construcción de su retablo mayor, las escalinatas de acceso desde la Plaza, el enlosado y muchas otras (18) sufragadas en su mayor parte por la burguesía floreciente al calor del desarrollo de las manufacturas textiles (19).

En cuanto a los gastos es el concejo, como organizador del evento, quien se hace cargo, con los peculios extraídos de las propiedades del común, de sufragar los costes ordinarios derivados de las misas, pago a los sacerdotes, velas, pan y vino.

Fuera de la voluntad organizadora del consistorio, en casos extraordinarios la propuesta proviene de la Casa Ducal, del Vicario o del Abad del Cabildo, aunque siempre deben recurrir al consistorio en cuanto a movilización de la población y puesta en marcha del engranaje habitual. Fuera de este privilegio consistorial se encontraría la propia autoridad de la Cofradía de la Virgen del Castañar, institución religiosa que puede decidir unilateralmente el traslado de la patrona de la villa, siendo habitual en el caso del acometimiento de obras en el santuario (20).

Reseñable es la tradición de celebrar las “bodas de la Virgen” (21), un rito que puede enlazarse con la tradición de regalar ofrendas a los novios el día de su enlace por vecinos, amigos y familiares en ámbitos rurales. La pareja se sentaba en lugar público delante de una mesa ataviada con un mantel y adornada con frutas y una rosca o un roscón, en donde tenían lugar los obsequios de los asistentes (22). “Hacer una boda a la Virgen” significaría adaptar ese ritual propio de bodas a este caso particular, siendo la receptora la Virgen en vez de los novios, con el fin de obtener rendimientos en dinero o especie, por medio de un tálamo o subasta, para continuar las obras del santuario.

Vistos los motivos, se hace necesario desglosarlos a través de la narración de casos concretos, episodios olvidados que nos trasladan al Béjar del siglo XVIII.


Los traslados procesionales de la Virgen del Castañar por voluntad del consistorio

El azote de las epidemias

En las sociedades de Antiguo Régimen, en las que la higiene y las medidas sanitarias brillaban por su ausencia, el hambre y la pobreza campaban a sus anchas, las familias vivían hacinadas en lugares insalubres junto a los animales domésticos, no es extraño que las epidemias azotasen periódicamente a la población provocando la muerte y la desolación. En octubre de 1748 una epidemia de tabardillo o tifus se expandió por la villa. El pánico cundió rápidamente y, cuando la medicina no podía hacer nada para paliar sus efectos devastadores, sólo quedaba solicitar la protección divina a través de la intercesión de la Virgen. En sesión de 25 de octubre (23) “se propuso por todos los que la componen (...) que vien notoria es la epidemia con que Dios Justamentte castiga a los vezinos, por lo que se haze prezisso ymplorar su favor por medio e ynterposizion de Maria Sancttissima del Castañar, teniendo presente que como a Patrona en semejanttes afliziones se a traido aesta Villa y se a esperimentado el remedio y por tanto todos de un Aquerdo y parezer decretaron y acordaron que En el dia de Mañana sea vajada a la Yglesia del Salvador por estar en el medio del Pueblo y por cuia razon en otras ocasiones a sido puestta en ella para que mas frecuentementte sea recibida, reverenziada y adorada y que a este fin se pida lizenzia ael sr. Vicario”.

En la sesión siguiente (24), los miembros del consistorio insisten en “aplacar la Yra de Dios que se a experimentado y se experimenta en esta Villa y sus vezinos, con justa razon por nuestros Pecados, de la enfermedad contajiosa de tabardillo” y deciden colocar a la Virgen “junto con su preziosisimo hijo de Jesus de Nazareno que se a sacado del Convento de la Piedad deesta Villa en Nobenas en la Yglesia del Salvador”. El dato es revelador pues ya en otra ocasión al menos se había procedido a unir ambas imágenes en un mismo espacio fuera de sus templos, como lo prueba el caso de la enfermedad y muerte don Ruy Gómez de Silva, hermano de la duquesa doña Teresa Sarmiento de la Cerda (16311708) y tío del duque Manuel I (1657- 1686) (25). La talla del Nazareno, del siglo XVII, que actualmente se venera en la iglesia de Santa María la Mayor, es conocido como “Nazareno de las Monjas” por ser en la capilla del Convento de dominicas de la Piedad donde se custodiaba previamente a la desamortización. A la vez que intentar obtener la misericordia divina, el Concejo no obvia la ayuda científica propia de los progresos ideológicos de la Ilustración. Así “se determino se pongan ademas los medios que regularmente se suelen practicar para que Dios nos favorezca se resolvio (...) se solicite el que se despache por un Cathedratico de la Universidad de Salamanca para que venga a costa de los propios deesta Villa a Visitar a los enfermos y junto con el medico titular desta Villa se resuelva lo conveniente a fin de que Dios se apiade de que zese la epidemia”.

En noviembre de ese año la epidemia aún se encontraba en pleno apogeo y, con el caldo de cultivo derivado del azote del tifus, se originó un litigio entre el Obispo de Plasencia y el Consistorio por causa de la elección del lugar adecuado para alojar la imagen, como se deduce del acta de sesión de 2 de noviembre (26). Parece ser que “el Cura Rector de la Yglesia de San Juan desta Villa y su feligresia espresaron quexa (al Obispo) con mottivo de Agravio de su derecho Parrochial y del derecho de dichos feligreses de deberse esponer quando se baje aesta Villa a Nuestra Protectora y Patrona Maria Santissima del Castañar en dicha Yglesia de San Juan y no en la deel Salvador”. El obispo decidió el traslado de la talla desde El Salvador a San Juan Bautista rompiendo una costumbre de siglos. El poder civil lo tomó como una incursión del poder religioso en sus prerrogativas. “Asi que en aver pedido y puesto en nobenas a soberana himajen (...) en la parrochial del Salvador para que (...) aplaque la epidemia de enfermedades que se esperimentan, no se a practicado otra cosa que lo que se a echo de ynmemorial tiempo a esta parte siempre por este ayuntamiento, que esta representando tanto a la feligresia de Sancta Maria la Mayor deesta Villa, quanto a la del Salvador y San Juan, se a pedido por la nezesidad publica y ser la misma yglesia donde se celebran todas las funziones que se costean por el Comun, como sermones de tabla, de quaresma, Misiones y las de Octava de Corpus (...) sin que jamas asta aora, ni por los Curas de las Parrochias, ni por los feligreses, aya avido la mas leve inquietud y que practicarse lo contrario seria hazerle un Notorio agravio a este ayuntamiento”. En sesión de 16 de noviembre se resolvió que la patrona volviese a su santuario (27), pues la epidemia de tifus parecía haber remitido.

Sin embargo, una nueva enfermedad contagiosa haría su aparición en 1763, con el subsiguiente traslado de la Virgen del Castañar a la villa el 15 de agosto de ese año (28), con procesión general a partir de las 6 de la mañana, toque de campanas y asistencia de los frailes franciscanos. Una vez el azote pestilente hizo amago de retroceder, se devolvió la imagen a su santuario, reapareciendo una “grave” epidemia (según la fuente) en octubre. Como en otras ocasiones, se recurre a remedios divinos y humanos, procediendo a contratar de urgencia al médico titular de La Alberca (Salamanca), don Miguel Rubio Lobo (29). Incluso se llega a declarar por parte del consistorio (30) que “en attenzion a la grande y general epidemia que se experimenta y grabes enfermedades que padezen los vezinos desta Villa, aunque se han echo Varias experienzias a fin de ymplorar la misericordia de Dios para que se apiade, tanto habiendo puesto en novenas a Nuestra Señora del Castañar y otros como en lo temporal haver buscado medicos de expererienzia que reconozcan la calidad de enfermedades, y que con todo de cada dia se van agrabando y aumentando mas, en esta atenzion acordaron dichos señores que para el domingo siguiente se haga rogativa general al Señor San Roque que se venera en el Convento de Señoras Religiosas de la Anunziazion de esta Villa”. Ninguna referencia posterior nos aclara cuándo remitió realmente la enfermedad.

En 1771 (31) y 1789 (32) se presentan de nuevo en el alfoz bejarano las epidemias, decidiéndose la bajada en solemne procesión de la Virgen del Castañar, “para que se apiade deste Pueblo y sus moradores”, y sumando, como en el caso anterior, la acción de San Roque, colocándoselos a ambos en la iglesia de El Salvador


Recurrente sequía

Los distintos acontecimientos meteorológicos provocaban un fenómeno equiparable al producido por las epidemias: el hambre. Ya bien fuera la excesiva lluvia o la falta de ella, el granizo, las heladas o la nieve podían producir la miseria y la muerte en una sociedad marcada por la dependencia de la economía agrícola. En tales casos se solía implorar a la Virgen del Rosario (de gran devoción como se colige de los rosarios populares organizados por la Esclavitud del Santo Rosario en Béjar) (33) o a la Virgen de la Misericordia. No obstante, cuando el fenómeno tomaba la categoría de desastre, el consistorio no tenía más remedio que recurrir a la intercesión de la Patrona. Así ocurrió el 22 de septiembre de 1779 (34) y el 7 de marzo de 178135 (35). A la sequía se unió una razón política que será analizada en el apartado correspondiente.


Intercesiones en favor de los intereses generales del reino

Iniciado el siglo XVIII, las duquesas gobernadoras de Béjar, Ma Alberta de Castro y Portugal (- 1706), viuda del duque Manuel I (1657- 1686), y Manuela de Toledo y Aragón (1686- 1709), mujer de Juan Manuel II (1686- 1747), comunican por carta al Cabildo Eclesiástico “que se vajasse en prozesion a la Serenissima Reyna Nuestra Señora del Castañar y se pusiesse en novena en uno de los dos combentos de las Religiosas desta villa por el feliz subzeso en las Armas de Nuestro Catholico Rey”. En el acta de sesiones de 12 de mayo de 1704 (36) se aprueba el traslado de la patrona desde su ermita al convento de monjas dominicas de la Piedad. En este caso son las duquesas, dueñas y señoras de la Villa y Tierra ante la ausencia del duque por motivos militares, quienes deciden sobre el particular y es por ello que eligen como lugar de culto de la imagen el convento fundado por la Casa Ducal a finales del siglo XVI. La carta es remitida al Cabildo Eclesiástico, pero es el consistorio quien decide el modo de realizar la fiesta.

La monarquía hispánica se hallaba inmersa en la Guerra de Sucesión y la Casa Ducal de Béjar había tomado partido reconociendo como rey a Felipe V. Un año antes del inicio de la contienda, en 1704, cuando el archiduque de Carlos de Austria declara la ofensiva generalizada firmando un tratado con Inglaterra e Irlanda por el cual se atacaría a España a través de Portugal, las duquesas ordenaron bajar a la Virgen en procesión. La guerra se aproximaba y evidencia de ello era que, durante todo el año, las quintas habían sido frecuentes en la Villa y Tierra de Béjar.

En sesión consistorial de 18 de marzo (37) de 1704, es decir dos meses antes de la bajada de la talla, llegó una carta que informaba de la estancia del rey Felipe V y del duque de Béjar en la cercana ciudad de Plasencia. Durante la primavera y el verano de ese año las tropas reales comandadas por Felipe V y el duque de Berwick se enfrentaron con éxito a las austriacas, inglesas y portuguesas en el frente del país luso. Coincidiendo con estos enfrentamientos, los miembros del consistorio deciden “que se pregone el que estta noche todos los vezinos pongan luminarias en las venttanas, se toque el relox y las campanas de la parroquias y la caja y se haga saber publicamente como mañana martes a las quatro de la tarde se ha de vajar de su hermitta con prozesion a Nuestra Señora del Casttañar y a de esttar en novena en el combento de Señoras Religiosas Dominicas de Nuestra Señora de la Piedad. Para la asistenzia de ella el primero dia han de hazer la fiesta la Villa, el segundo el Cabildo Ecclesiasttico y los demas dias las cofradias”.

Un par de años más tarde, en 1706 (38), la Virgen es depositada de nuevo en la villa para pedir por el éxito de Felipe V en la Guerra de Cataluña. “Se acordo tambien que respecto de haver salido Su Magestad a campaña a castigar a los rebeldes cathalanes que aiudados por perfidos erejes procuran manchar lo catholico de la christiandad olvidando sus templos; para los buenos subzesos de esta monarquia se aga una rogattiva y novena a la Reyna de los Angeles del Castañar su protectora y abogada traiendola con prozesion general como se acostumbra a uno de los dos Conventos de Relijiosas donde asisttira esta Villa”.

En esos momentos la guerra de Sucesión se encontraba en su momento más álgido con dos frentes abiertos de manera simultánea: el catalán y el castellano. Las tropas francesas demandaban continuamente víveres, pertrechos y hombres a la Villa y Tierra de Béjar, e incluso se asentaban periódicamente en ella soldados (como cuando en noviembre de 1705 el Mariscal de Tesse, al mando de las tropas francesas, se alojó con 1.400 hombres camino de Plasencia) (39). En mayo de 1706 la ciudad placentina cayó en manos de los austriacos y el frente se trasladó a la cercana localidad de Baños de Montemayor por orden del duque de Berwick (40). La guerra amenazaba con extenderse a las calles de Béjar, por lo que entre marzo de 1706 y abril de 1707 la Virgen del Castañar permaneció escondida en la villa por temor a un posible ataque austriaco. Una vez el frente se desplazó a otro lugar, “acordaron sus merçeces se lleve a su santa casa a Nuestra Señora del Castañar el dia ultimo de Pasqua de Resurrezion que es quando se zelebra en su santa casa su festividad y por quanto es funzion de la Villa para que Su Majestad vaya con la venerazion y deçencia devida se de recado para los señores don Phelipe Guedeja y Juan Dominguez de parte desta Villa al Señor Vicario y Abad del Cavildo para que asistan a las siete de la mañana (41)”.

Muchos años habrían de pasar hasta que los bejaranos decidieran acudir a su Patrona en pro de los intereses de la corona. El futuro rey Carlos III de España, nacido el 20 de enero de 1716, era hijo de Felipe V y de su segunda esposa Isabel de Farnesio. Poco imaginó que llegaría a ceñir la corona española, pues dos varones le precedían en los derechos sucesorios: Luis (el futuro Luis I) y Fernando (Fernando VI), hijos ambos del primer matrimonio del rey y de Ma Luisa Gabriela de Saboya. En 1759, tras el corto reinado de Luis I y la vuelta de Felipe V durante unos años, termina el mandato de Fernando VI con su muerte sin vástagos (42). Era la hora de que Carlos, por entonces rey de Nápoles, abandonase su trono ocupado desde hacía 25 años y viniese a ceñir la corona española. Los bejaranos, el 22 de octubre (43), deciden bajar a la Virgen del Castañar y “se coloco con la venerazion devida en la Yglesia del Salvador deesta Villa (...) donde se ha de mantener S.M. por ocho dias haziendose las fiestas correspondientes empezando este Consistorio haziendo la suya y subsiguientemente en la forma ordinaria para que Su Majestad se sirva conzeder salud y Arrivo a la Corte a Nuestro Rey y Señor Don Carlos 3 y azierto en su Reynado, Salud de Nuestro Excelentisimo y buenos temporales”.

Veinte años más tarde, en la sesión de 3 de septiembre de 1779 (44), se traslada a la Patrona a Béjar por la sequía y por motivos políticos, ya que se pretendía “implorar el feliz exitto de las Armas Catholicas en la presentte Guerra con el Rey Vrittanico”. Carlos III había promovido en el exterior una política de intereses familiares comunes, lo cual le llevaba a acercarse a Francia a través de la firma de los Pactos de Familia. España no deseaba la supremacía inglesa en los océanos y en América, idea que compartía con Francia. En 1776 ambas potencias apoyaron el proceso de Independencia de los Estados Unidos frente al dominio británico. El día 28 de abril de 1779 Carlos III renovó el Tercer Pacto de Familia con Francia en el cual declaraban la guerra a Inglaterra. El objetivo español era recuperar Gibraltar y Menorca (en manos inglesas) y de manera efectiva en julio de ese año se puso en marcha el bloqueo de la plaza (suponemos que en el apogeo de las operaciones se llevó a cabo la bajada de la Virgen a la villa). Sin embargo, el avance en los frentes exteriores no se produjo hasta la intervención efectiva de Francia. En 1781 se recuperó definitivamente la isla de Menorca, pero no ocurrió lo mismo con Gibraltar. En 1783 se firmó la paz de Versalles, por la cual España fue reconocida como poseedora de Menorca y las dos Floridas, renunciando al dominio de Gibraltar.

En pro de los intereses de la Casa Ducal En 1759 se hizo un nuevo traslado extraordinario para solicitar la divina intercesión de la Virgen en favor del duque de Béjar Joaquín I (1715- 1777) y por los buenos temporales. En esos momentos el duque ostentaba el cargo de Gentilhombre de Cámara de Fernando VI, permaneciendo en él durante el reinado de Carlos III (45). Estaba casado con Leopoldina Isabel de Lorena y en una situación ciertamente difícil por no haber logrado un heredero que le sucediese en el ducado. Cualquier enfermedad podía provocar su fallecimiento y la consiguiente complicación sucesoria, por lo que los bejaranos acudían a la protección divina en nombre de su señor. Al año siguiente Joaquín casaría con Ma Escolástica de los Ríos y Rohan (46), una vez separado de su primera esposa por falta de sucesión.

En 1762 vuelve a depositarse a la patrona en Béjar con motivo del nombramiento como Comandante General de Ejército Real al marqués de Sarria, textualmente “hermano del duque de Bejar, muy querido en Bejar”. En realidad, se trataba de don Nicolás de Carvajal y Lancaster, cuñado del duque Joaquín I por estar casado desde 1749 con una hermana de éste, Ma Josefa de Zúñiga, siendo hermano a su vez del primer ministro de Fernando VI, José de Carvajal, perteneciente a la rancia nobleza cacereña y marques de Sarria (Lugo) por matrimonio (47). Por este motivo, se inicia el engranaje de sobra conocido para que el marqués de Sarria “tenga exito en el empleo”. Con “el empleo” se denominaba a la expedición que Carlos III había ordenado efectuar con motivo de la guerra con Inglaterra. Como medida de presión a los ataques de los buques británicos a las colonias españolas se había decidido invadir el reino portugués de manera pacífica, con el objetivo quizás de frenar el avance la guerra. La misión fue encomendada al marqués de Sarria, aunque la ocupación quedase paralizada ante los rumores de paz (48). A don Nicolás se le achacó la tardanza en comenzar las hostilidades y en reunir las tropas, lo cual provocó un gran disgusto en Carlos III, quien decidió apartarle de su misión y cargo militar y sustituirle por el conde de Aranda. No obstante, recibió el collar del Toisón de Oro como compensación a sus servicios anteriores.


Los traslados procesionales de la Virgen del Castañar por voluntad de la Cofradía

La pequeña ermita construida al calor de la aparición de la imagen pronto quedó pequeña y en el siglo XVII comenzó la edificación del santuario, más espacioso y acorde con la expansión de la devoción a la Virgen. Las aportaciones económicas destinadas a las obras procedían de varias fuentes: las rentas de las propiedades arrendadas de la ermita del Castañar y de otras ermitas bejaranas; las limosnas obtenidas el día de la procesión y días extraordinarios, venta de medallas y estampas, rifas y donaciones; y, por último, de los peculios obtenidos de la venta de asientos de la plaza de toros y de las reses muertas lidiadas el día de la Virgen (49).

A lo largo del siglo XVIII la Cofradía organiza algunos traslados de la Patrona a la Villa. El motivo era esencialmente lucrativo: recaudar dinero para la construcción del santuario. En 1719 se registra que “se le cargan 150 reales y 6 maravedies de la novena de quando estubo en el Combento de la Piedad deesta Villa(50)” y otros 732 que importaron “la limosna de dinero y alajas que se vendieron quando se hizo la voda de Nuestra Señora a la puerta de la Yglesia de El Salvador deesta Villa (51)”, todo ello destinado a la obra de la nave concluida en 1720 (52). Tres años más tarde se colectaron 1.628 reales y 20 maravedíes de limosna “en la funzion de Misas, bayle y demas profanidad que se hizo el dia 21 de noviembre de 1723 estando en la yglesia del Salvador desta Villa la Ymagen de Nuestra Señora por estarse haziendo obra en su Santa Casa (53)”. En efecto, en julio de ese año se había concertado con el maestro salmantino José Díez la obra de la bóveda, su decoración y el blanqueado interior del templo.

Hacia 1730 vuelve a bajarse a la Virgen por similares razones, recaudando “1.702 reales los mismos que se juntaron de limosna en el tiempo que estubo en rogatiba en la Yglesia del Salvador (54)”, permaneciendo en esta parroquia bejarana hasta agosto de 1731 (55), momento en que se concluyeron las obras del camarín por la mano del maestro Juan Delgado (56).

No sería hasta 10 años más tarde, y a causa de la construcción del retablo mayor, obra de Lucas de Badarán y Ortega (57), cuando se produzca un nuevo traslado extraordinario. En la boda celebrada en la iglesia de El Salvador, la Cofradía recaudó 1.831 reales y 20 maravedíes (58). Un año más tarde, en 1741 (59) se volvió a repetir la operación, así como al año siguiente (60). Las obras, no obstante, aún no se consideraban concluidas pues se hacía preciso dorar el retablo, operación que encarecía todavía más el proceso de decoración total del templo. La recaudación era tan costosa que el Vicario de la villa, a cuyo cargo se encontraban las obras del santuario, acudió en persona al consistorio para pedir limosna en 1744 (61).

Hasta 1775 (62) la imagen de la Virgen no volvería a la Villa a instancias de la cofradía. Se la expuso a la veneración popular en la iglesia de El Salvador, llevándose a cabo las ceremonias religiosas habituales y una rifa a la puerta del templo de “una rosca de piñonatte que dieron las Religiosas del Combentto de la Piedad y se rifo en 125 reales (63)”. La anécdota del día ocurrió a la hora de la compra del dulce. El postor fue un hijo de José Hernández Ajero, quien, a instancias de su padre, volvió a donar la rosca de piñonate para que fuera nuevamente rifada, obteniendo otros 30 reales a los 125 ya conseguidos. Además, se sumaron 348 reales y 26 maravedíes de limosna.

Entre 1774 y 1778 las remodelaciones se centraban en el embellecimiento del camarín de la Virgen, interviniendo en las obras el tallista salmantino Agustín Pérez Monroy y el dorador Andrés de San Juan (64). También se suman los gastos de la instalación de los balcones, el cancel de las puertas y otros que ascendían a una cifra cercana a los 4.600 reales (65). Por estos motivos, en 1786 la cofradía vuelve a trasladar a la Patrona a la villa al igual que dos años más tarde66. En ambas ocasiones se procedió a realizar la boda a las puertas de la de El Salvador con el fin de obtener dinero.

En todo caso, y fuera de cualquier interés meramente basado en inventariar tales traslados, extraemos una panorámica más concreta de la vida, creencias y costumbres de la villa de Béjar y sus pormenores dentro del devenir de la España de la época. Un hecho concreto, como es el traslado extraordinario de una imagen mariana a la zona urbana y su organización, permite, a la vez que acercarnos a la historia de una ciudad, dotar de sentido a las prácticas surgidas por la implicación de la situación política general a un pequeño enclave regional. Además, tras este artículo, hemos sacado en conclusión que la línea que separaba los acontecimientos divinos de los intereses públicos era más estrecha de lo que a priori podríamos pensar.

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NOTAS

*Las fotografías antiguas que ilustran este artículo proceden del blog Archivo Fotográfico y Documental de Béjar, excepto la número 8 (Procesión de la Virgen en una foto de principios del siglo XX).

1 MUÑOZ GARCÍA, J.: “Historia de la Santísima Virgen del Castañar, Excelsa patrona de Béjar y su comarca”, en Ofrenda a la Santísima Virgen del Castañar, Excelsa patrona de Béjar y su comarca. Prensa española. Madrid, 1963, Vol. I, p. 131.

2 Consultar MAJADA NEILA, J. L.: Historia de Béjar (1209- 1868). Salamanca, 2001, pp. 107 y 108.

3 Para conocer con más detalle las obras del templo consultar los artículos publicados en el semanario “Béjar en Madrid” (a partir de ahora BenM) por DOMÍNGUEZ BLANCA, R: “Historia arquitectónica y artística del Santuario de Nuestra Señora del Castañar”, divididos en 12 partes de las cuales han salido a la luz 9. También CASCÓN MATAS, Ma. C. y DOMÍNGUEZ BLANCA, R.: “Las principales devociones marianas en el Arte y la Historia de Béjar (Salamanca)”. Actas del Congreso nternacional Mariano “María, signo de identidad de los pueblos cristianos”. Gibraltar, 2010 (en prensa).

4 MUÑOZ GARCÍA, J.: “Historia de la Santísima Virgen del Castañar, Excelsa patrona de Béjar y su comarca” en Ofrenda...Vol. I, Ob. cit., p. 135.

5 MARTÍN LÁZARO, A.: “Para la Historia Eclesiástica de Béjar y su comarca. Libro de regla del Cabildo Eclesiástico
de Béjar” en Ofrenda... Ob. Cit., Vol. II, p. 792.

6 A partir de 1568 las diez parroquias con que contaba la villa se redujeron a tres (San Juan Bautista, El Salvador y Santa María la Mayor) por mandato del obispo Pedro Ponce de León, en el proceso llamado “Reducción Parroquial”. Archivo Parroquial de Santa María la Mayor de Béjar (a partir de ahora A.P. Santa María Béjar) Libro de Reducción parroquial 1568).

7 Sobre la historia de la plaza de Toros del Castañar existe numerosa bibliografía entre la que destacan MUÑOZ GARCÍA, J: La plaza de toros de Béjar es la más antigua de cuantas existen en España, Salamanca 1981 y MARTÍN FLORES, L: Tauromaquia bejarana. Béjar, 2003.

8 MAJADA NEILA, J. L.: Historia de Béjar... Ob. cit., p. 108.

9 MUÑOZ DOMÍNGUEZ, J., SÁNCHEZ SANCHO, J. F. y DOMÍNGUEZ GARRIDO, U.: Catálogo de la exposición De Lirios, Venturas y Desventuras, La Villa de Béjar desde el siglo xviii, Caja Duero, Béjar, 2008 y GARCÍA MARTÍNEZ, C.: Un paseo por el Béjar del siglo XVIII. Béjar, 1987.

10 Para elaborar este artículo me ha sido preciso consultar los libros de actas de sesiones del consistorio del siglo xviii.
Agradezco la diligencia de Pilar, Esther y Elena, trabajadoras del Archivo Municipal de Béjar.

11 Libro de la Cofradía de la Virgen del Castañar (1708-1863) depositado en el Archivo Parroquial de San Juan Bautista de Béjar (a partir de ahora A.P. San Juan Bautista Béjar).

12 MARTÍN LÁZARO, A.: “Para la Historia Eclesiástica de Béjar y su comarca. Libro de regla del Cabildo Eclesiástico de Béjar” en Ofrenda... Ob. cit., Vol. II, p. 792.

13 Por ejemplo la de junio de 1782. Archivo Municipal de Béjar (a partir de ahora A.M.B.): Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 17 de junio de 1782.

14 LÓPEZ ÁLVAREZ, A: Ideología, control social y conflicto en el Antiguo Régimen: El derecho de patronato de la Casa ducal sobre la procesión del Corpus Christi de Béjar. Premio Ciudad de Béjar 1994. Ed. CEB y Excmo. Ayuntamiento de Béjar, 1996.

15 Por ejemplo, los acaecidos en el Corpus Christi analizados por Alejandro López Álvarez en la obra citada.

16 MUÑOZ GARCÍA, J.: “Historia de la Santísima Virgen del Castañar, Excelsa patrona de Béjar y su comarca” en Ofrenda...Ob. cit., Vol. I, p. 131.

17 Sobre las bajadas de la Virgen a Palacio durante el siglo xvii ver MUÑOZ GARCÍA, J.: “Datos para nuestra Historia. Nuestra Excelsa Patrona la Virgen del Castañar es traída al Palacio del Duque”. BenM, no 1.180, 14/10/1944.

18 MUÑOZ DOMÍNGUEZ, J: La Plaza Mayor de Béjar. Aproximación morfológica e histórica a un espacio público generador de la ciudad. Discurso de ingreso al C.E.B. no 20. Béjar, 2003 y DOMÍNGUEZ BLANCA, R.; CASCÓN MATAS, Ma. C. y GONZÁLEZ HOYA, O.: “Nuevas aportaciones sobre el arte y la arquitectura en Béjar: la iglesia de El Salvador”. BenM, no s 4.418, 4.419 y 4.420, 2006.

19 ROS MASSANA, R: La industria textil lanera de Béjar (1680- 1850) La formación de un enclave industrial. Junta de Castilla y León, 1999.

20 Resumimos la bibliografía consultada sobre la construcción del santuario. YAGÜE, Fray F.: Historia de la Imagen de Nuestra Señora del Castañar. Reeditada por el semanario bejarano La Victoria en Contribución al estudio de la Historia de Béjar, colección de estudios y documentos, Béjar, 1919, p. 150; MUÑOZ GARCÍA, J.: “Historia de la Santísima Virgen del Castañar, Excelsa patrona de Béjar y su comarca”, en Ofrenda... Ob. cit., Vol. I; MUÑOZ DOMÍNGUEZ, J., SÁNCHEZ SANCHO, J. F. y DOMÍNGUEZ GARRIDO, U.: Catálogo de la exposición De Lirios... Ob. cit., p. 7.; CASCÓN MATAS, Ma. C. y DOMÍNGUEZ BLANCA, R.: “Las principales devociones marianas en el Arte...” Ob. cit. y DOMÍNGUEZ BLANCA, R.: “Historia arquitectónica y artística del Santuario... Ob. cit.

21 A. P. San Juan Bautista Béjar. Libro de la Cofradía de la Virgen del Castañar (1708-1863), f. 35.

22 PUERTO, J. L.: Celebración del mundo, celebración del tiempo. (Ritos y creencias sobre la vegetación en las Tierras
de Béjar). Discurso de entrada al C.E.B. no 22, 2006, pp. 50 y 51.

23 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 25 de octubre de 1748.

24 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 31 de octubre de 1748.

25 MUÑOZ GARCÍA, E.: Historia del Buen Duque don Manuel de Zúñiga. Béjar, 1976, p. 19.

26 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 2 de noviembre de 1748.

27 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 16 de noviembre de 1748.

28 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 12 de agosto de 1763.

29 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 19 de octubre de 1763.

30 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 26 de noviembre de 1763.

31 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 11 de agosto de 1771.

32 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 30 de enero de 1789.

33 GARCÍA NIETO, R.: “La Virgen de la Salud”. Semanario “La Victoria” en Contribución al estudio de la Historia de Béjar, colección de estudios y documentos, Béjar, 1919. A. P. de El Salvador: Libro de la Cofradía de la Esclavitud del Santo Rosario de la iglesia de El Salvador.

34 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 3 de septiembre de 1779.

35 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 7 de marzo de 1781.

36 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 12 de mayo de 1704.

37 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 18 de marzo de 1704.

38 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 26 de marzo de 1706.

39 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 11 de noviembre de 1705.

40 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 10 de mayo de 1706.

41 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 15 de abril de 1707.

42 FERNÁNDEZ DÍAZ, R. y GARCÍA CÁRCEL, R.: “Historia de España. Los Borbón. Fin de los Austria y llegada de los Borbón (siglo XVIII)”.Espasa Calpe, 2004, pp. 282-297.

43 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 22 de octubre de 1759.

44 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 3 de septiembre de 1779.

45 MUÑOZ GARCÍA, J.: “Cronología de los Stúñigas, señores de Béjar, y de los duques sus sucesores” En Ofrenda...
Ob. cit., Vol. II, pp. 50 y 51.

46 CASCÓN MATAS, Ma. C.: “Discrepancias entre el Cabildo Eclesiástico y el Consistorio en los funerales por Felipe V”. BenM no 4.586, 05/02/2010.

47 CASCÓN MATAS, Ma C: “El Marquesado de Sarria y su relación con el Ducado de Béjar”, BenM, no 4.624. 29/10/2010.

48 FERNÁNDEZ DÍAZ, R. Y GARCÍA CÁRCEL, R.: Ob. cit., p. 329.

49 La venta de asientos y reses lidiadas se realizaba anualmente, siendo anotadas en el libro de la Cofradía.

50 A. P. San Juan Bautista Béjar. Libro de la Cofradía de la Virgen del Castañar (1708-1863), ff. 34 v. y 35.

51 A. P. San Juan Bautista Béjar. Ibidem, ff. 34 v. y 35.

52 DOMÍNGUEZ BLANCA, R.: “Historia arquitectónica y artística del Santuario ...”, Ob. cit., no 4.621 (08/10/2010)

53 A. P. San Juan Bautista Béjar., Libro de la Cofradía de la Virgen... Ob. cit., f. 55.

54 A. P. San Juan Bautista Béjar. Ibidem, f. 64.

55 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de agosto de 1731.

56 CASCÓN MATAS, Ma. C. y DOMÍNGUEZ BLANCA, R.: “Las principales devociones marianas...” Ob. Cit. (en prensa).

57 MÉNDEZ HERNÁN, V.: El retablo en la diócesis de Plasencia, siglos XVII y XVIII, Univ. Extremadura, Cáceres, 2004.

58 A. P. San Juan Bautista Béjar. Libro de la Cofradía de la Virgen del Castañar (1708-1863), f. 87.

59 A. P. San Juan Bautista Béjar Íbidem, f. 87.

60 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 5 de marzo de 1742.

61 A. M. B: Libro de actas de sesiones del consistorio. Sesión de 2 de marzo de 1744.

62 A. P. San Juan Bautista Béjar. Libro de la Cofradía de la Virgen del Castañar (1708-1863), f. 194.

63 A. P. San Juan Bautista Béjar. Íbidem, f. 194.

64 CASCÓN MATAS, Ma. C. y DOMÍNGUEZ BLANCA, R.: “Las principales devociones marianas...” Ob. cit. (en prensa).

65 DOMÍNGUEZ BLANCA, R.: “Historia arquitectónica y artística del Santuario...” Ob. cit, no 4.621 (08/10/2010).

66 A. P. San Juan Bautista Béjar. Libro de la Cofradía de la Virgen del Castañar (1708-1863), f. 219.