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EL CEMENTERIO DE NOIA (LA CORUÑA)

GONZALEZ PEREZ, Clodio

Publicado en el año 1984 en la Revista de Folklore número 41.

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Noia (forma castellanizada Noya) es una población gallega que se encuentra en la ría de Muros -o también de Muros de Noia-, en la provincia de A Coruña, a casi 40 Kms. de Santiago. En otros tiempos, en particular durante la Edad Media, fue famosa por ser uno de los puertos más frecuentados por los peregrinos que venían por mar a visitar la tumba jacobea, por eso también se le conoce por "puerto de Compostela". Pero debido a la fuerte sedimentación sufrida durante siglos, su ría fue perdiendo progresivamente calado y hoy, en buena parte, ya no es más que una marisma o junquera.

La tradición cuenta que fue aquí -en un peñasco llamado Pena da barca-, donde descansó después del diluvio la barca bíblica de Noé, siendo por ello considerado su primer poblador Recordando esta mítica fundación, durante muchos siglos figuró en su escudo de armas el arca y por encima la paloma con una ramita de olivo en el pico. Los escritores clásicos la denominaron de dos formas: Noela y Novium.

En 1115 sufrió, como otras muchas poblaciones del litoral gallego, un duro ataque de los piratas normandos que la arrasaron por completo, por lo que se decidió trasladarla a un lugar más seguro, que es el que hoy ocupa. A 9 de abril de 1168 Fernando II la cedió al arzobispo compostelano, haciendo constar en sus fueros que el nuevo burgo sería para siempre propiedad de la iglesia de Santiago, igual que lo era la ciudad de Compostela. Y a esta mitra perteneció hasta el 6 de agosto de 1811, excepto varios años durante el reinado de Felipe II que la entregó a unos banqueros genoveses (Baltasar de Limeli, Hector Picamilio y Sanibaldo Fiesco).

Cuenta con interesantes monumentos, entre los que sobresalen por su gran valor artístico y arquitectónico las iglesias de Santa María a Nova, San Martiño y San Francisco. De la primera, construida en 1327, hablaremos más adelante al tratar del cementerio. La segunda, joya del gótico gallego, fue mandada edificar por el arzobispo don Lope de Mendoza, constando la fecha de construcción en el dintel de la puerta principal: ERA DA NAC(ensa) D(omini) M CCCCXXXIIII (Era del nacimiento del Señor 1434). Por último, la de San Francisco es mucho más reciente, siendo obra en su mayoría de los siglos XVI y XVII.

Pero su fama se la debe en buena parte al cementerio, único entre los de su clase, que fue declarado monumento histórico-artístico nacional el 5 de abril de 1973 (B. O. E., 2-V-1973).

EL CEMENTERIO

Se encuentra en el casco urbano, rodeado de edificios modernos en su mayoría. En el centro y frente a la puerta de entrada está la iglesia de Santa María a Nova, construida en tiempos del arzobispo fray Berenguer de Landore (para nosotros Beringuel de Landoira), francés que en 1317 fue designado por el Papa para ocupar la sede de Santiago, pero debido a la fuerte oposición de los nobles y burgueses compostelanos tuvo que permanecer varios años fuera de la ciudad, pasando gran parte de este tiempo en la villa de Noia, en el castillo-palacio que poseía la mitra frente a la iglesia de San Martiño. Fue consagrada el año 1327, según consta en una inscripción que hay en el tímpano de la puerta Sur: ESTA: IGL(es)IA: EDIFICOU: ET: SAGROU: DO: FR: BERI(n)G(u)EL: ARCIB(is)PO: D: S(an)TIAGO: EN: XXVIII: DIAS: D: IAN(ei)RO: ERA: M: CCC: LXV: ET: FOI: P(ro)C(ur)ADOR: P(ero) BOCHO(n): DESTA: OBRA (Esta iglesia edificó y consagró Don Fray Berenguer arzobispo de Santiago, el 28 de enero, era 1365 y fue procurador de esta obra Pedro Bochón) .

En la fachada principal destaca el rosetón gótico, debajo del cual está la puerta principal -hoy cubierta por un porche neoclásico-, y sobre ella el tímpano con la Epifanía del Señor, escena muy repetida en las iglesias compostelanas de esta época: la Virgen, sentada en el centro, sostiene con su mano izquierda al Niño Jesús. A su derecha se encuentran los tres reyes magos y a la izquierda el donante, fray Berenguer, arrodillado y revestido de pontifical, y a su lado San José. En la parte superior y a ambos lados de la cabeza de la Virgen, hay sendos ángeles turiferarios.

Ya en el interior, llama la atención del visitante el retablo del altar mayor, buen ejemplar del barroco compostelano del siglo XVIII; el sepulcro con estatua yacente de Juan de Estivada, rico tabernero noiés del siglo XIV, traído no hace muchos años de la vecina iglesia de San Martiño; la capilla de los Carneiro convertida en pequeño museo funerario, construida en 1575 por Pedro de Cereceda, con dos lucillos sepulcrales, uno de ellos perteneciente a Pedro Carneiro: ACI:GAZ:PO:CARNEIRO: FILLO: D Pº Aº: DA CORREDOIRA (Aquí yace Pedro Carneiro hijo de Pedro Alonso de la Corredoira). Abundantes lauras sepulcrales, algunas con blasones y, sobre todo, una pila bautismal del siglo XV, adornada con varias figuras humanas que representan una escena de difícil interpretación.

El cementerio -que dicen que parte de su tierra fue traída de Palestina por los muchos barcos noieses que surcaban los mares- queda dividido en casi dos porciones iguales por la iglesia: si en la del Norte se encuentra uno de los cruceiros más interesantes de Galicia, gótico del XV; en la del Sur está el baldaquino, obra también del mismo siglo o de los primeros años del siguiente, debajo del que se cobija otro interesante cruceiro, hoy mutilado en parte.

El baldaquino, interesante pieza dentro de la arquitectura religiosa gallega, está formado por cuatro pilares que sostienen los frisos, dos de ellos historiados: en uno se representa a un animal herido que huye del hombre y de los perros, y en el otro a la luna en sus cuatro fases, ambas escenas alegóricas a nuestra fugaz existencia.

No se sabe cuándo se empezó a utilizar este lugar como camposanto, pues mientras que unos autores ya dan las losas sepulcrales más antiguas como del XI, otros retrasan esta fecha en dos siglos, haciéndolas contemporáneas de la iglesia, primer cuarto del XIV. Pero a estos últimos se oponen los que afirman que en el solar que ocupa el actual templo ya hubo otro anterior, pues el llamarle popularmente Santa María a Nova implica que allí o muy cerca estuvo en otros tiempos Santa María a Vella, quizás la primera iglesia con que contó la necrópolis.

Lo que sí es cierto y nadie discute, es que este cementerio siempre tuvo un algo especial que lo. diferenció de los demás, por ejemplo el que se administrase justicia en él hasta 1517, fecha en que fue prohibido por la autoridad eclesiástica. O que en su solar se celebrasen hasta mediados del siglo pasado fiestas campestres, comiendo en algunos casos los asistentes sobre "sus losas", las mismas que pertenecían a su familia desde muchos siglos antes y bajo las que ya reposaban el sueño eterno sus lejanos y cercanos antepasados y, por supuesto, también lo harían ellos.

LAS LOSAS SEPULCRALES

Pero en este interesante conjunto lo que más llamó y sigue llamando la atención es la gran cantidad (más de cuatrocientas) de losas o lápidas sepulcrales con marcas o signos grabados sobre ellas. Los que tuvieron la suerte de contemplarlas in situ, en el mismo lugar que ocuparon durante siglos, quedaron maravillados de esta magna colección única, quizás, en el mundo. Pero el investigador de hoy se tiene que conformar con admirarlas y estudiarlas apoyadas en la cerca del cementerio, en los muros de la iglesia o amontonadas como si de escombro se tratase. Actualmente ya son muy pocas las que permanecen en su lugar de origen.

Esta quintana dos mortos llegó en perfecto, estado de conservación hasta la década de los años treinta, con muy pequeñas alteraciones, en su mayor parte debidas a que sus propietarios fueron colocando sobre ellas trozos de mármol donde se hacía constar la familia a quien pertenecía. Esto se vino haciendo desde el siglo pasado, pero cuando se debió proceder a su clausura para conservarlo tal y como había sido durante cientos de años, no se hizo y hoy -pues todavía sigue siendo el único cementerio con que cuenta la población- ya perdió gran parte de su encanto y, lo que es aún peor, muchas piezas de incalculable valor arqueológico.

Los noieses sabían cuáles eran las lápidas de sus deudos por la situación que durante siglos había sido siempre la misma, y por las marcas o signos que sobre ellas estaban grabados, marcas que en su mayoría eran el distintivo familiar.¿Por qué hacían estos signos y no ponían el nombre del difunto o difuntos? La explicación es sencilla: estas gentes no sabían leer ni escribir, pero en cambio sí conocían la marca propia de su familia, que figuraba en todas sus pertenencias. Esto mismo aún sucedía no hace muchos años en el norte de Portugal, entre los marineros de Póvoa de Varzím: allí todavía se pueden ver anclas, remos, agujas, navajas, etc., o en las puertas o piedras de algunos edificios -sobre todo religiosos- estas siglas (como se denominan en el país vecino) familiares de pertenencia.

Sin embargo hay que aclarar que los nobles, sacerdotes y ricos burgueses sí solían poner sus nombres sobre las tumbas: Pero Afonso da Ponte (era 1300?), Alberte de Ben (1570), etc. Esta diferencia no sólo se manifiesta en escribir o no su nombre, sino que también en que éstos muchas veces eran enterrados en sarcófagos -de los que todavía hay abundantes muestras en el cementerio-, quedando sus cuerpos sobre la tierra y no debajo como los de los artesanos y marineros. Aunque, como en todo, hay excepciones.

Pero al ir dejando de ser analfabetos fueron también sustituyendo paulatinamente las antiguas marcas por el nombre del difunto, aunque en un principio ponían las dos cosas: Aqi : iaz : M Ferrs : fila de Fra : Marino, y en el centro un monigote que representa a la difunta; S. de Fernán Vieitez, pero en la cabecera figuran las plantillas u hormas indicando que él (o sus antepasados) había sido zapatero; S. de Bicdanos. Mercader, y al lado la vara de medir de los mercaderes, etc. Hay que tener en cuenta que en algunos casos pudiera ser que la marca fuese anterior, es decir, que perteneciese a un antepasado del difunto cuyo nombre figura, pues la mayoría fueron durante siglos de una misma familia.

Después de esta pequeña introducción, ya podemos pasar a hacer un somero catálogo de las marcas que hay sobre las más de cuatrocientas losas sepulcrales (en buen estado no pasan del centenar) que se encuentran actualmente en este cementerio.

Representaciones humanas

Son muy abundantes y, para algunos historiadores, las más antiguas. Se trata de los archiconocidos dibujos o monigotes que todos hemos hecho de pequeños, pero en algunos casos se llegó a tal grado de estilización y abstracción que es sumamente complicado el interpretarlos. Sabemos que son figuras humanas porque dos que hay en una de las jambas de la puerta principal de la iglesia tienen nimbo. Es decir, para que se entienda mejor, el artista, además de la cabeza, piernas y brazos que tienen todos, les hizo sendos nimbos para indicar que se trataba de "santos". Por supuesto que estos "santos" no pueden ser anteriores a 1327, año en que fue concluido y consagrado el templo.

En un caso tenemos un grupo que pudiera representar a una madre con su hijo, dispuestos a modo de Piedad.

Marcas familiares

Les damos este nombre a ciertas figuras que suponemos con fundamento, teniendo en cuenta otros casos semejantes, que se refieren al signo distintivo que tenía una familia y que era heredado por sus descendientes. Es curioso observar que algunas se repiten en los sillares de la iglesia de Santa María (sobre todo en la fachada principal al lado del rosetón, en el lugar más visible) (1327), en la de San Martiño (1435), y en e] hospital de Sancto Spíritus (s. XV).¿Se trata de simples signos lapidarios de canteros o del distintivo de la familia que pagó la labra de esa piedra? Tal vez sea lo segundo.

Como ya queda dicho, marcas semejantes a estas de Noia eran usadas no hace muchos años por los marineros de algunos puertos portugueses, en particular por los de Póvoa de Varzím, y, aunque menos, por los gallegos fronterizos. Por ejemplo, en la puerta de la capilla de Santa Tegra de A Guarda (Pontevedra), en la desembocadura del río Miño y sobre el conocido poblado prehistórico del mismo nombre, había hasta aún no hace muchos años varios de estos signos, iguales a los portugueses. Con ellos marcaban todas sus pertenencias, desde las herramientas y otros útiles que empleaban en la pesca, hasta las de uso doméstico.

Marcas profesionales o gremiales

Son las más abundantes dado que Noia, sobre todo desde el primer cuarto del siglo XIV y hasta el XVII, disfrutó de una floreciente situación económica y mercantil aún no igualada. Aquí abundaban los marineros, los artesanos, los nobles... Veamos tan sólo algunas, sin intentar agotar el tema ya que debido a que muchas se encuentran amontonadas y dadas vuelta, es imposible por ahora pretender hacer una completa y sistemática catalogación, aunque sea muy necesaria.

También hay que decir que, a pesar de su abundancia, estas losas no son las más originales, pues sólo en Galicia tenemos muestras en otras muchas poblaciones, aunque sí es cierto que en ninguna hay la cantidad y variedad que se encuentra en este cementerio.

Marineros

En 1550 escribía el licenciado Bartolomé Sagrario de Molina, natural de Málaga, en su DESCRIPCION DEL REYNO DE GALICIA Y DE LAS COSAS NOTABLES DE EL: cárgase aquí cantidad de sardina la mejor de todo el reyno: y ansi do quiera que llega alguna sardina preguntan luego por la de Noya aviendo esta no se despacha otra. ..(2). Pero su fama de importante puerto pesquero ya le venía de muy antiguo, de cuando en 1238 el rey Fernando III el Santo le concedió -juntamente con Pontevedra- el privilegio exclusivo de poder elaborar saín (grasa de sardina).

Esta importancia quedó patente en la necrópolis: las losas con motivos marineros son las más abundantes. La herramienta representativa de esta ocupación era el ancla (áncora). Se agrupaban en el gremio del Corpo Santo, denominación con que se conocían en los medios marineros gallegos las reliquias de San Pedro González Telmo, aún hoy patrón de la diócesis de Tui-Vigo, en cuya catedral reposan sus cenizas. Años después se pusieron bajo la protección de San Nicolás.

Canteros

Sobre sus lápidas esculpían una escoda o pica (pico), acompañada en algunos casos por la escuadra (escoadra). Hay dos que son dignas de recordar por su originalidad: en sus cabeceras, imitando un escudo de armas, grabaron la pica en una y en la otra, además de esta herramienta, otros signos relacionados con la familia y con varios oficios. Ninguna de las múltiples y variopintas figuras que hay en heráldica se pueden comparar a estas picas, todo un símbolo del hombre trabajador. Junto con los carpinteros formaban el gremio del Espíritu Santo.

Carpinteros

Sus marcas también son muy abundantes. Suelen estar representados por el hacha (a machada) o la azuela (a aixola), casi siempre acompañadas por otra herramienta, tal como la escuadra, el martillo (o martelo), el compás, el escoplo (a trencha), etc. En algún caso aparece el taladro (a trade), que pudiera indicar que el difunto era tonelero.

Durante siglos Noia fue famosa por sus astilleros y, como es normal, por los muchos carpinteros de ribera que en ella vivían. Estos, además del hacha, grababan unas ondas marinas para diferenciarse de sus compañeros de oficio. En 1550 decía el ya citado licenciado Molina:

La villa bien noble / y antigua de Noya
sentada en un llano / que es casi una hoya
do buenos navios / se suelen labrar...

Y ya en prosa: la buena villa de Noya: que es gentil pueblo y de los de más antigüedad que ay en este reyno: es de gente noble: házense aquí muchos y buenos navios grandes y pequeños porque tienen comarca de mucha madera...(3).

Pero no todos los miembros de un gremio disfrutaban de igual categoría: hay una lápida que tiene esculpido a un hombre con vara en la mano derecha, sombrero de dos picos y, además de esta rica indumentaria, a sus pies como uno de sus compañeros carpinteros, están los símbolos de su oficio. Suponemos que se tratase de algún mayordomo del gremio que, junto con los canteros y escultores, se agrupaban bajo la protección del Espíritu Santo.

Curtidores

El distintivo que solían grabar sobre sus tumbas era el mandil o delantal que se ponen para trabajar el cuero en los pelamios o pios. Pero en algunos casos se acompaña con las tenazas llamadas de curtidor, que se emplean para manipular las pieles durante el trabajo de ribera. Una cuchilla especial, de hoja semicircular, que todavía se usa para cortar el cuero, también figura en algún caso. Por su número e importancia en la vida de Noia tuvieron calle propia (Rúa dos Pelamios), y con los zapateros formaban el gremio de San Martín.

Zapateros

En tiempos tuvieron cofradía propia bajo la advocación de San Amaro o Mauro, aunque después como ya queda dicho se juntaron con los curtidores en la de San Martín. Las marcas que más se repiten son las plantillas u hormas (formas), acompañadas, sólo en algunos casos, por la lezna (subela), cuchilla (coitela, chaira), tijeras (tixouras)... Tuvieron también calle propia: Rúa da Zapatería.

Mercaderes

Debió de ser negocio muy rentable pues, junto con los marineros, son sus losas las que más se repiten en el cementerio. Su instrumento o herramienta representativa era la vara de medir, algunas veces acompañada de las tijeras. Tuvieron gremio propio que acogía a todos los tratantes, bajo la advocación de San Mauro (junto con los zapateros). A modo de anécdota -aunque demuestra las importantes relaciones comerciales de esta población coruñesa-, bajo una de estas losas reposaron los restos mortales de un mercader bilbaíno: Aqi : iaz : Lope : Urcre : Mateo : mercador : de: Biluao.

Sastres

Es difícil saber cuáles son las lápidas de estos artesanos, pues su herramienta preferida, las tijeras, se repite en otras profesiones, como los mercaderes, zapateros, etc. En el caso de los sastres suelen estar acompañadas por unas rayitas que representan las agujas. Formaban el gremio de San Juan Evangelista.

Herreros/cuchilleros

Su herramienta era la tenaza de fragua (tenaza do lume), que se usa para meter y sacar el hierro del fuego. Pero en algunos casos se plantea el dilema de si se trata de herreros o curtidores, pues ambos tenían dichas tenazas aunque para diferentes trabajos.

No hay duda en los casos en que la tenaza está acompañada de un arma (espada, cuchillo...). Pertenecían al gremio de San Juan Bautista, aunque solían acompañar a los plateros, cuyo protector era San Julián.

Carniceros

Aunque considerado como uno de los oficios más viles, estos honrados trabajadores también tuvieron a orgullo, como todos los demás, el dejar constancia de su profesión. Dos son las herramientas que más se repiten en sus losas: el hacha (a machada) de carnicero y el machete. De igual forma a las que figuran en estas lápidas aún no hace muchos años que se podían ver en las carnicerías noiesas. Su patrono era San Pedro.

Estos son los oficios más representados, aunque quedan otros muchos sin nombrar que también figuran en algunas de estas losas, que van desde comienzos del siglo XIV (para otros ya desde el XI), hasta bien entrado el XIX. Pero una completa y sistemática catalogación no será posible mientras que muchas se encuentren todavía ocultas por la maleza, dadas vuelta, amontonadas...Es necesaria una urgente clausura del cementerio, así como la ordenación y limpieza de todas las piezas que allí se encuentran, tanto lápidas como sarcófagos, indispensable para que algún día se pueda saber su número exacto, así como para crear el primer cementerio-museo gallego y, quizás, mundial.

Concluimos este pequeño artículo recordando unas palabras románticas de Manuel Murguía, esposo de la inmortal poetisa Rosalía de Castro, que en 1888 escribió sobre el cementerio de Noia: La extensión del campo mortuorio, la clara luz que lo baña, el grato consorcio que en tiempos menos fáciles para el hombre estableció éste entre la vida y la muerte, hicieron en lo pasado. de la mansión de los finados, aquella otra en que los vivos parecían poner bajo la protección de los muertos sus luchas, sus penas, sus alegrías todas. No se cerraban entonces tan de golpe como ahora, las puertas abiertas al recuerdo y al amor de los que fueron. Algo suyo flotaba siempre para los vivos en el aire que respiraban; algo hablaba desde las profundidades de la tierra a los que vagaban todavía por los eriales del mundo. La muerte no daba miedo. Resto del antiguo culto de los muertos, se vivía en perpetua comunión con ellos: al abrigo de las tumbas que unía a todos en una paz perpetua, se ventilaban las querellas de los vivos; en torno de ellas, y como poniéndolas bajo su amparo, se celebraban las fiestas populares,. bajo los árboles sagrados que le poblaban, se cambiaban a veces los primeros juramentos amorosos; en una palabra, sobre aquella tierra de continuo removida, y en los lugares en que todo recordaba lo incierto y fugaz de los destinos humanos, se hacía la doble libación de las oraciones y de las alegrías del hombre y se ponía bajo su amparo lo que creían eterno. Diríase que así se llamaba a tomar parte en sus felicidades a los que les habían precedido. Bajo su protección se ponía la sentencia del juez. A la comida de fiesta que se hacía sobre la tierra llena de cadáveres, parecía rogarse a los que ya no eran, que asistiesen a ella y tomasen parte en el banquete. Se les tenía, aunque invisibles, como presentes, y de este modo la muerte y la vida se daban su eterno beso de paz (4).

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BIBLIOGRAFIA

ABELLA, Santiago: La villa de Noya, su historia, su topografía, sus monumentos y sus hombres ilustres, Buenos Aires, 1911.

AGRELO HERMO, J. HERMIDA IGLESIAS, M. : Efemérides noyescas, Santiago de Compostela, 1971.

ATIENZA, J. G.: "Los desembarcos de Noé", Historia 16, XVI (1977).

CAAMAÑO BOURNACEL, J.: Noya. Guía histórico-turística, Madrid, 1971.

CASAS, A. de las : El cementerio de Noya, Santiago de Compostela, 1936.

CHAMOSO LAMAS, M. : "La iglesia y el cementerio de Santa María de Noya (La Coruña)", Cuadernos de Estudios Gallegos, IV, fasc. 13, Santiago de Compostela, 1949.

FABEIRO GOMEZ, M.: "El baldaquino del cementerio noyés", Tapal, agosto, 1952.

-"Breves apostillas a dos trabajos sobre el cementerio de Noya", Lar, núms. 299-301, Buenos Aires, 1959.

-"La Villa de Noya: defensas, posesiones y regalías", Compostellanum, XII, Santiago de Compostela, 1969.

GUTIERREZ DE VELASCO, A. : "Aportación a la historia comercial de Noya", Cuadernos de Estudios Gallegos, XXIII, Compostela, 1968.

MURGUIA, M. : Galicia, Barcelona, 1888.

TORRES REINO, X. : "Las lápidas del cementerio de Santa María a Nova .de Noia (La aplicación de una metodología de trabajo)", Actes du colloque international de Glyptographie de Saragosse, 7-11 julio 1982, Zaragoza, 1983.

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(*) De la Sec. de Etnografía y Folklore del Instituto "P.Sarmienro" de Estudios Gallegos, del C. S. I. C.

(1) TORRE REINO, Xepe: "Las lápidas del cementerio de Santa María a Nova de Noia (La aplicación de una metodología de trabajo)", in Actes du Colloque International de Glyptographie de Saragosse, Zaragoza, 1983, p. 241.

(2) Mondoñedo, 1550, fol. XXVI vuelto.

(3) Idem.

(4) Galicia, Barcelona, 1888, pp. 645-646.