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Las moscas de San Narciso a la luz de la Etnomología

SANTIAGO ALVAREZ, Cándido

Publicado en el año 2012 en la Revista de Folklore número 369.

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Introducción

El recurso al Santoral en los refranes de tema entomológico, de modo general, tiene por finalidad la evocación del día de la fiesta como fecha que señala el comienzo o el declive de alguna actividad de naturaleza biológica. Así, San Miguel (29 de septiembre) previene a los apicultores:

Por San Miguel se cata[1] la miel: quien no la catare, le amargare.

San Matías (14 de mayo) a los sericicultores:

Por San Matías, la seda aviva.

San Juan (24 de junio) a los ganaderos:

Per San Xuan marcha el cuquietchu y vien el tabán.

Al igual que San Bernabé (11 de junio), Santiago (25 de julio), San Bartolomé (24 de agosto), San Agustín (28 de agosto) y San Antolín (3 septiembre):

El día de San Bernabé, se va la mosca al caballo y deja al buey.

El día de Santiago, tira la vaca la mosca y agárrala el caballo.

Por San Bartolomé, deja la mosca al buey y toma al asno por el pie.

Por San Agustín, deja la mosca al buey y vase al rocín.

Por San Antolín, entrega la vaca la mosca al rocín.

Por otro lado, San Simón (28 de octubre) y San Andrés (30 noviembre) auguran la proximidad de la tregua que ofrecen las importunas y molestas moscas, a personas y animales, porque finaliza su ciclo vital, se preparan para la invernación:

Por San Simón, una mosca vale un doblón.

Por San Andrés, toda mosca muerta es.

Sin embargo, San Narciso (29 de octubre), el santo obispo gerundense, mártir, patrono de la ciudad de Gerona (28), tiene ubicación junto a San Simón y San Andrés si nos atenemos a los refranes:

Per sant Narcís, cada mosca en val per sis.

Sant Narcís es menja mosques de sis en sis.

Pero los siguientes expresan un ligero alejamiento de la norma:

Per sant Narcís, de sis a sis.

Per sant Narcís, piquen de sis en sis.

Les mosques, per Sant Narcís, a cada picada en maten sis.

Que llega a ser completo en la paremia castellana:

Hacer más daño que las moscas de San Narciso.

Esta última recogida por D. José María Sbarbi (39), en la cual, al santo en cuestión se le hace dueño, amo o señor de moscas dañinas.

La paremia fue anotada en uno de nuestros trabajos encaminados a valorar y revisar, a la luz de los conocimientos científicos actuales, los refranes de tema entomológico (38), por el interés que suscita el motivo de inspiración para esta “Fr. proverb. que se suele aplicar al individuo ú objeto que causa grandes estragos (sic)”, expuesto por Sbarbi (op. cit. pag. 190) del modo siguiente:

“Refiérese en la vida de este Santo obispo y mártir, natural de Gerona, que cuando Felipe, rey de Francia, declaró la guerra al monarca de Aragón D. Pedro, y tomó aquella ciudad, en ocasión de estar robando los soldados enemigos el sepulcro del Santo, salió de este lugar un número tan considerable de moscas y tábanos[2] de color azul y verde con listas rojas, que, embistiendo con los jinetes y caballos del rey francés, los envenenó de tal suerte, que murieron a los pocos instantes cuantos habían sido picados (el subrayado es nuestro). Semejante estrago puso en precipitada fuga a los enemigos que quedaron ilesos, los cuales apenas compondrían un tercio del ejército derrotado, según consta en el libro intitulado Crónica de los Reyes de Aragón, que se conserva en el archivo de Barcelona. Este suceso se consigna allí que tuvo lugar en el mes de septiembre de 1286. (sic)”

Esta leyenda, con variantes de mayor o menor calado, aparece recogida en muy diversos textos desde el siglo xiii al xix (9; 11). A partir de ellos la historiografía ha indagado el origen y evolución de la misma (1; 7; 43), sin embargo, a nuestro entender, salvo el tímido intento de Valsalobre (43), nadie ha abordado el estudio desde el campo de la Entomología Médico-Veterinaria para descifrar el complejo de especies de dípteros subyacente, objetivo que nos planteamos en el presente trabajo.

El análisis se centra en dos textos de finales del siglo xiii (13 y 31) y otros dos, uno de principio (18) y otro de mediados (12), del siglo xiv, iniciadores de la leyenda, con una destacable carga de originalidad que en su conjunto se complementan y restan interés, para nuestro discurso, a los aparecidos en fechas posteriores. Todos están impregnados por la imperante doctrina de la generación espontánea, rebatida en la segunda mitad del siglo xvii (34) con experimentos ilustrativos que enlazan la emergencia de imagos o adultos con los estados inmaduros del desarrollo de insectos holometábolos, huevo, larva y pupa cuya evolución transcurre oculta a la observación directa en un sustrato alimenticio diferente al empleado por aquéllos.

Prolegómenos de la leyenda

La conquista de Sicilia por Pedro II el Grande de Aragón fue motivo de desavenencia con la Santa Sede, cuyo Solio pontificio ocupaba el papa francés Martín IV, quien excomulga al rey aragonés, lo despoja de sus reinos que ofrece a la corona francesa la cual otorga la investidura a Carlos de Valois, hijo del rey Felipe III el Atrevido (1; 36; 43). Así las cosas, en 1285, el rey de Francia decide tomar posesión de los nuevos dominios, para ello, pertrechado un gran ejército de a caballo, en compañía de los suyos y del legado pontificio, se encamina a tierras catalanas (1; 9; 36; 43); por donde pasan, incursiones y saqueos, arrastran la barbarie y siembran la desolación tal como relata Bernat Desclot en su Crónica (13) finalizada en 1288. Sin embargo el avance victorioso, con el paso de los días, comienza a declinar hasta terminar en una retirada vergonzosa, consecuencia de las enormes bajas infligidas a las tropas del rey de Francia en el cerco a la ciudad de Gerona que se prolonga de junio a septiembre de 1285 (9; 36).

Las causas desencadenantes de esta derrota las desgrana poco a poco Desclot en la Crónica (13), pero una de ellas, la que aparece en el Cap. CLX del volumen V (pags. 93-95) es la que reclama nuestra atención:

“e nostra Senyor d’altra part, qui tota vegada mantén los humils e poneix los orgullosos, tramès-los demunt en aquella ost pastilèncias, e malatias, e fam e totes malas venturas. Car primerament los tramès pastilèncias de moscas que.y hach, tantes que e.l romanent del món no foren hanch vistes tantes ensemps; e éran mosques ben tan grosses e tan grans com una glan, e entraven per les narils als cavalls e devall per lo ces, que no.y valien mantes, ne tanques de cuyr, ne nengum giny que fessen, que.ls ho poguéssan vedar; e mantinent que.ls éran entrades per .I. dels lochs demunt dits, no.y havia tant forts ne tan poderós cavall, que tantost no caygués a terra mort fret, axí que bé.n morien en aquella ost, per aquelles mosques, .IIII. mília cavalls de preu e ben .XX.m d’altres, sens tot ssi, que hanch la plaga que Déus donà en Egipto al rey Farahó no poch ésser major que aquesta.

E enaprés Déu donà sobra les gents d’aquella ost diversses malaltias e mortaldats, axí que.l terç d’aquelles gents tant grans, e spacialment dels comptes e dels barons, moriren de diverses malatias que Déus los donava, que no.y bestava hom a sabollir, tants na morían tots dies (sic)”.

El relato presenta muy a lo vivo la inestimable ayuda prestada por un ingente número de moscas que, agresivas en extremo, hostigó a la hueste del rey de Francia, obligándole al repliegue, sin lograr la conquista de la asediada ciudad de Gerona, acompañado por el exangüe y reducido número de efectivos restantes. El autor expone las escenas con el realismo de quien las ha contemplado en primera línea, aunque, si así no hubiera sido, dado el corto espacio de tiempo que separa los hechos de la redacción del texto bien pudo haber recibido tan fidedigna información de testigos presenciales.

Nada insólito nos cuenta Desclot, la implicación de los insectos ha sido una constante, en la marcha de las más diversas acciones emprendidas por el hombre que jalonan la historia de la humanidad (8); en lo que respecta a hechos bélicos hunde sus raíces en la más remota antigüedad (2; 32), en unos casos por empleo deliberado (26) en otros por aparición como fenómeno natural (Ex, 8:12-28; 10:1-20) que casi siempre se atribuye a la mediación divina (Ex, 23:28; Dt, 7:20; Jos, 24:12; Is, 7:18-20).

En la exposición de Desclot (13) asoma la intervención sobrenatural “e nostra Senyor d’altra part, qui tota vegada mantén los humils e poneix los orgullosos, tramès-los demunt en aquella ost pastilèncias, e malatias, e fam e totes malas venturas (sic)”, pero de cualquier manera, aquella inmensidad de moscas, cumple en toda regla los considerandos de plaga, cuales son (14; 15), la abundancia de una cosa nociva, “primerament los tramès pastilèncias de moscas que.y hach, tantes que e.l romanent del món no foren hanch vistes tantes ensemps (sic)”, que ocasiona un gran perjuicio, “no.y havia tant forts ne tan poderós cavall, que tantost no caygués a terra mort fret, axí que bé.n morien en aquella ost, per aquelles mosques, .IIII. mília cavalls de preu e ben .XX.m d’altres (sic)”. Ante esta elevada mortandad de caballos no resulta exagerado que nuestro autor, para quien eran de sobra conocidos los pasajes del Éxodo (8:12-28; 10:1-20), exclame con asombro que “sens tot ssi, que hanch la plaga que Déus donà en Egipto al rey Farahó no poch ésser major que aquesta (sic)”.

Una plaga de insectos invade un delimitado espacio biogeográfico, si los individuos de la especie o especies que la originan, junto a los factores de medio, temperatura, humedad e iluminación, que favorecen la pululación, encuentran abundancia de alimento en ausencia, o acción reducida, casi nula, de los elementos que se oponen a la expresión de todo su potencial biótico. Estas circunstancias concurren cuando en dicho espacio se promueve la uniformidad en detrimento de la diversidad biológica; ejemplo clarificador lo encontramos en las actividades agrícola y pecuaria: superficies de terreno con un solo cultivo, praderas con una sola especie ganadera, cultivos y ganados se ven afectados por plagas de insectos y otros artrópodos.

El asentamiento de la hueste francesa a las puertas de Gerona, durante toda la estación estival, en la superficie praderosa del llano, en el entorno de los ríos allí confluentes Oñar, Güell y Ter (36), crea un ambiente propicio para el aumento desmesurado de las poblaciones de insectos, en particular las especies asociadas con el ganado equino, los hombres a su cuidado y los desechos que sus respectivas actividades vitales generan. La notable aglomeración de caballos y hombres exalta, per se, la acción de hematófagos; el estiércol acumulado y las improvisadas letrinas, la de coprófagos; las mataduras y heridas abiertas en los animales sometidos al trajín del aprovisionamiento y las incursiones, ayudan a sarcófagos y, aun más, los cadáveres que inexorablemente origina una situación bélica, a necrófagos.

A partir de estos enunciados, el diagnóstico entomológico de la plaga de moscas narrada por Desclot vislumbra un complejo de especies que el autor presenta con cierto grado de ambigüedad, aunque para la clarificación hallamos una componente morfológica, otra del comportamiento, una tercera, de la respuesta del ganado.

La componente morfológica, “e éran mosques ben tan grosses e tan grans com una glan (sic)” conduce hacia dípteros robustos, de tamaño grande, como son los Tabánidos y Gasterofílidos, dos familias cuyas especies no establecen competencia entre ellas por lo que tanto la actividad de vuelo de unas y otras, como el aprovechamiento del hospedante, discurren con total independencia (19; 23; 24; 42).

Los Tabánidos, en nuestro clima tienen una generación al año (19), principia en el verano, la fase de larva trascurre en hábitat húmedo, agua, praderas encharcadas, zonas pantanosas; la de pupa en tierra seca de los aledaños; la de imago, azote del ganado, en ambiente libre al despuntar la primavera siguiente y hasta bien entrado el otoño. Un conjunto de especies pertenecientes a diversos géneros de nuestra fauna (10; 19), Tabanus autumnalis L. T. bovinus L., T. bromius L. T. glaucopis Meigen, Chrysops caecutiens L., Ch. flavipes Meigen, Dasyrhamphis ater (Rossi) (= T. ater Rossi), Haematopota pluvialis L., etc. entre otras (Diptera: Tabanidae), flageló a la hueste francesa durante todo el asedio, unas se unieron a los caballos en el tránsito, otras tuvieron nacimiento en el lugar del asentamiento y algunas ingresaban en el área con los animales que volvían de las continuas andanzas y correrías.

Los machos resultan inocuos; por el contrario, las hembras, de vuelo rápido, son capaces de dispersarse varios kilómetros desde el punto de emergencia, son muy activas los días calurosos y soleados, e impulsadas por el requerimiento de sangre para la maduración de los ovarios, pican repetidamente a los animales (19; 24) con predilección por los flancos, las patas y la cabeza en el área ocular. Las especies de mayor tamaño se lanzan a la víctima, en acometida repentina, sin embargo las menos gruesas revolotean sobre el animal antes de posarse, pero todas, en suma, con la intención de atravesar con su probóscide la piel para extraer la sangre (42).

Los Gasterofílidos, inseparables de los équidos, aquí tienen ciclo univoltino (19); la fase de larva endófila, les provoca una miasis gástrica, transcurre en 8-10 meses; la de pupa enterrada en el suelo a escasa profundidad, una vez aquélla sale fuera arrastrada por las heces; la de imago, en ambiente libre, aparece en los meses de verano, no precisa alimento, realiza la puesta y en pocos días desaparece (19). La deambulante hueste francesa, en las estadias allende y aquende el Pirineo (36), acopió de manera continuada en su tracto intestinal larvas (23), en distintas proporciones y edades, del monogenérico conjunto de especies de la fauna mediterránea: Gasterophilus haemorrhoidalis L., G. inermis Brauer, G. intestinalis de Geer, G. nasalis Brauer. (10; 19), que en el prolongado asentamiento del llano de Gerona dieron lugar a los nuevos adultos.

Las hembras revolotean alrededor de los équidos en días soleados, su presencia causa pánico a los animales que agitan la cabeza con violencia e incluso llegan a lanzarse al galope; en pleno vuelo, sin llegar a posarse, fijan los huevos uno tras otro al pelo y tras la eclosión, las larvas neonatas alcanzan el tubo digestivo por diversas estrategias (19). Cada especie realiza la puesta a su modo, así: G. haemorrhoidalis en la base del folículo piloso alrededor de los labios; G. inermis busca la región mesetérica y mandibular; G. intestinalis en la parte baja de las patas anteriores, en el vientre, en el tercio superior de las patas posteriores y a veces en los hombros; G. nasalis en los pelos del canal mandibular y zona inicial de cuello o garganta; debajo de la quijada, alas de los ollares y en las mejillas (19).

La componente del comportamiento “e entraven per les narils als cavalls e devall per lo ces, que no.y valien mantes, ne tanques de cuyr, ne nengum giny que fessen, que.ls ho poguéssan vedar (sic)”, refleja el acoso al que estaban sometidos los animales durante las horas del día, tanto por los tábanos y gasterófilos en plena actividad de alimentación y puesta respectivamente, como por otras moscas de menor talla pero muy perniciosas en su conjunto: la “mosca brava o de los establos”, Stomoxis calcitrans L. y la “mosca de prado”, Musca autumnalis De Geer (Diptera: Muscidae), notables cuando abunda ganado en pastizales; también las específicas de équidos, la “mosca borriquera”, Hippobosca equina L. (Diptera: Hippoboscidae), el “estro de los caballos”, Rhinoestrus purpureus Br. (Diptera: Oestridae) e incluso las diminutas “moscas negras”, Simulium equinum L (Diptera: Simulidae) y los “jejenes”, Culicoides nebulosus Meigen, C. pilicaris L (Diptera: Ceratopogonidae).

La “mosca brava o de los establos”, S. calcitrans, pulula en las zonas húmedas con elevada iluminación, las hembras necesitan sangre para desarrollar los ovarios, realizan varias tomas por picadura en la parte externa de las patas, cuando son numerosas se distribuyen por las zonas de piel fina, menos provista de pelo, el cuello y el pecho; ponen sus huevos de modo preferente en estiércol de caballo (19). La “mosca de prado”, M. autumnalis, no pica, sin embargo es la que más molestias causa al ganado cuando está pastando, se alimenta por succión de la sangre que fluye de las picaduras de otros insectos, de secreciones diversas de la boca, la nariz, las orejas, los ojos y las heridas (19), con relativa frecuencia está acompañada por otra “mosca de prado”, Hydrotaea irritans Fallen (10).

La “mosca borriquera”, H. equina, especie vivípara, ectoparásita, hematófaga, macho y hembra pican a los animales en los sitios donde la piel es menos peluda, incluso en las heridas o mataduras, se localiza de preferencia en la región perianal (lo ces), debajo de la cola o en la cara interna de los muslos y patas anteriores. La carga de adultos por hospedante sigue un curso ascendente de febrero a julio luego descendente hasta alcanzar un mínimo en diciembre que se mantiene a la espera del nuevo repunte; las hembras, de vuelo rápido y breve, lo abandonan por escasos momentos para depositar las larvas en el suelo que inmediatamente se transforman en pupa (10; 19; 24).

El “estro de los caballos”, R. purpureus, otra especie vivípara de vuelo rápido, cuyas hembras acuden a ellos para depositar larvas que caen en las narices o en los ojos, las cuales penetran en las fosas nasales y los senos del cráneo (19; 24; 42), es activa durante el verano hasta finales de septiembre (19) aunque aquí entra en la consideración de rara (10; 19).

Las “moscas negras” son insectos de ecosistemas fluviales, amantes de la luz, activos en las horas diurnas, más bien sedentarios aunque algunas especies pueden realizar emigraciones de hasta 6 o 7 km.; con frecuencia, enjambres de adultos revolotean alrededor del ganado; pican en la parte baja del abdomen, en las ubres y en el escroto, aunque también pueden hacerlo en las orejas, los orificios nasales, párpados etc. (19). S. equinum es una especie común del área en la que nos hallamos (10).

Los “jejenes”, C. nebulosus y C. pilicaris son particularmente abundantes en las proximidades de los ríos y cursos de agua, en zonas de marisma, o en lugares con abundante materia vegetal en descomposición, siendo su vuelo poco rápido; sus horas de actividad son las crepusculares; con frecuencia enjambres de adultos revolotean alrededor del ganado; las hembras hematófagas efectúan la picadura en el pabellón de la oreja, en las narices y en la frente, pero acuden también a otras zonas del cuerpo (19).

La respuesta del ganado, “e mantinent que.ls éran entrades per .I. dels lochs demunt dits, no.y havia tant forts ne tan poderós cavall, que tantost no caygués a terra mort fret (sic)”, resulta en cierto modo exagerada, pero estamos ante un conjunto animal con elevada variabilidad genética, no sometido a la mejora racial ni a cuidados sanitarios. Por tanto algunos caballos cayeron fulminados por choque anafiláctico a consecuencia de las picaduras de tábanos, estomoxos, etc. Otros, debilitados a causa de la cantidad de sangre perdida, las miasis gástricas y las enfermedades transmitidas por estos insectos (17; 30) sobre las que no resulta prudente aventurarnos.

El relato de Desclot (13) silencia el ataque de tábanos, estomoxos, etc. a los soldados, sin embargo, la situación creada en el campamento francés, “E enaprés Déu donà sobra les gents d’aquella ost diversses malaltias e mortaldats, axí que.l terç d’aquelles gents tant grans, e spacialment dels comptes e dels barons, moriren de diverses malatias que Déus los donava, que no.y bestava hom a sabollir, tants na morían tots dies (sic)”, hace pensar que también fueron hostigados con saña. Por otro lado, la presencia de innumerables cadáveres insepultos, tanto de équidos como de personas, debió enriquecer el complejo de especies de dípteros con la irrupción de elementos de la fauna cadavérica pero nada en el relato nos permite descifrarla.

La plaga de moscas y el santo gerundense

La primera mención a san Narciso en relación con la plaga de moscas, dentro de nuestras fronteras, la encontramos en la crónica Gesta comitum Barcinonensium (18) de autor anónimo, redactada entre 1303 y 1314 (1; 11; 43), transcurridos casi cuatro lustros desde el asedio francés a la ciudad de Gerona.

Cuenta el autor que los franceses tuvieron la osadía de profanar el cuerpo del santo, tan venerado por los habitantes de la ciudad:

“Sed non est memoriae alicuius quod in castro uel ciuitate aliqua tales fuerint defensores; et quia in gyrum per loca omnia ciuitatis continua pugna erat, sine aliquo medio defendere se habebant. In domo autem Fratrum Minorum morabatur rex Franciae cum legato. Dextruxerunt pugnantes exterius ecclesiam Sancti Felicis, corpus beati Narcissi, quod ab incolis terrae huius in mirabili reuerentia habebatur, et multas alias reliquias sanctorum per partes minutissimas discerpendo et irreuerentissime distrahendo, propter quod et alia multa mala sua in sequentes ignominias deuenerunt (sic)” (18, pág. 84)

Mas, a tan irreverente proceder no se hizo esperar el castigo divino con una abrumadora cantidad de moscas que se abatió sobre la hueste del Rey de Francia:

Qualiter autem Dominus pro hoc mendacio, pro uiolatione ecclesiarum et monialium, et sanctorum corporum distracione, et pro aliis multis per eos illatis iniuriis nobis et etiam toti mundo duxerit puniendos, qui uidit testimonium perhibuit ueritati. Nam insana rabies Gallicorum, infesta mortalibus, immortalibus odiosa, odibilis immortalibus, percussa fuit plaga pésima uehementer. Immisit igitur Dominus tantam muscarum multitudinem in acies Gallicorum, quod satis iudicari poterat una de plagis maioribus Pharaonis, sicut et hi deteriores sunt et crudeliores in ómnibus Pharaone. Muscae ístae partim erant liuidae, partim uirides, in quadam sui parte colorem rubeum denotantes; erant aedo uenenosae, quod non poterant equum uel iumentum aliquod aliud tangere quin occiderent eum statim; sic quod ex ista plaga pro maiori parte equi exercitus perierunt et iumenta alia infinita. Tot fuerunt cadauera iumentorum et hominum occisorum, quod aer illorum foetore et putredine est infectus. Ex cuius infectione multi nobiles Gallici, comites et barones, et alii milites et pedites infiniti, morte praeuenti, de exercitu perierunt, sic quod per plagam istam ualde fuit diminutus numerus pugnatorum. Istam eadem plagam sensit postea rex Francorum. Tantus in exercitu erat foetor, quod multi de nostris afficiebantur in muris et turribus ciuitatis. Illi etiam qui extra circa Gallicas acies nostri erant, propter foetorem nimium propinquare exercitui non audebant (sic)”. (18, págs. 86-87)

Aquí se presentan con claridad los supuestos de plaga (14; 15), la abundancia: “Immisit igitur Dominus tantam muscarum multitudinem in acies Gallicorum, quod satis iudicari poterat una de plagis maioribus Pharaonis (sic)”, el consecuente perjuicio: “sic quod ex ista plaga pro maiori parte equi exercitus perierunt et iumenta alia infinita (sic)” sin embargo el diagnóstico entomológico muestra marcadas diferencias respecto a lo que hasta ahora venimos considerando. El anónimo autor no presenció los hechos, a partir de la información recibida, en aras a la singularidad, narra lo sucedido en el campamento francés cuando la plaga de moscas había alcanzado el estado de clímax.

La precisa descripción del aspecto morfocromático, “Muscae ístae partim erant liuidae, partim uirides, in quadam sui parte colorem rubeum denotantes (sic)”, señala un complejo de especies englobadas bajo el genérico nombre de “moscas de la carne” (19), por el color azul a Calliphora vicina R. D. (=C. erythrocephala Meig.) y C. vomitaria (L), por el verde a Lucilia sericata (Meig.), L. caesar (L) y L. cuprina (Wied.) (Diptera: Calliphoridae); por las manchas rojas a Sarcophaga haemorrhoidalis Fal. y junto a esta, de modo implicito, a S. carnaria L. y Wohlfahrtia magnifica Sch. (Diptera: Sarcophagidae). El otro carácter expuesto a renglón seguido, “erant aedo uenenosae, quod non poterant equum uel iumentum aliquod aliud tangere quin occiderent eum statim (sic)” resulta difícil de asumir porque ninguna de ellas tiene comportamiento hematófago, aunque en el estado de larva mantienen asociación con los animales, bien sobre heridas abiertas en las que originan miasis, gusaneras más o menos graves (17; 19; 24; 40); bien en cadáveres, lo más frecuente, a cuya fauna pertenecen, donde colaboran en el proceso natural de la descomposición (6; 27).

Estas especies son de ciclo polivoltino, comienzan a pulular en ambiente libre entrada la primavera, las generaciones se suceden de manera ininterrumpida hasta la llegada del otoño, con ritmo sujeto a las condiciones de temperatura estacional, así como de la disponibilidad de fuentes de alimentación y sustratos para la puesta (19; 23; 37). Aquéllas de naturaleza diversa, néctar de flores, melazas, excrementos frescos de animales o humanos, materias fecales, materia orgánica en descomposición, exudados de heridas, cadáveres, etc. (19, 37; 42); éstos, guardan cierta relación con aquéllas, excrementos, heridas abiertas, carne, carroña, etc. (19; 37).

La estadía de la hueste francesa en el llano de Gerona creó un biotopo apropiado para la presencia, permanencia y explosión poblacional de estas moscas. Los excrementos acumulados, de animales y humanos, brindan a los adultos alimentación, también lugares de puesta aunque su colaboración a la tasa de crecimiento poblacional es baja a causa de la competencia con larvas de otras especies de dípteros habituales del nicho (19; 24; 42). A las heridas y mataduras del ganado, abandonadas al más elemental de los cuidados, llegan las hembras atraídas por el hedor, ahí se alimentan y realizan la puesta, generadora de la correspondiente miasis o gusanera (19; 23; 24). Aunque las larvas miasígenas manifiestan poder cicatrizante, lo que en tiempos pasados se utilizó como medida terapéutica para heridas graves (25), no obstante, en el ambiente que analizamos, el estado sanitario pudo complicarse por infecciones secundarias con consecuencia de muerte para el animal (17).

El desolador panorama alcanzado en el área “Tot fuerunt cadauera iumentorum et hominum occisorum, quod aer illorum foetore et putredine est infectus (sic)” favoreció la acción de la fauna cadavérica cuyo espectacular incremento poblacional llevó la plaga de moscas al estado de clímax. Los insectos resultan pieza clave para la descomposición de los cadáveres, hacen su trabajo organizados en legiones o brigadas (27) de tal modo que la labor de una facilita la de la otra y así sucesivamente. Las formadas por moscas inician el proceso, en la primera toman parte los califóridos, Calliphora vicina, C. vomitaria, Lucilia sericata, L. caesar (L), L. cuprina; en la segunda los sarcofágidos Sarcophaga haemorrhoidalis, S. carnaria (21; 27).

Con todas estas acciones la situación en el campamento llegó a un estado tan calamitoso “Ex cuius infectione multi nobiles Gallici, comites et barones, et alii milites et pedites infiniti, morte praeuenti, de exercitu perierunt, sic quod per plagam istam ualde fuit diminutus numerus pugnatorum. Istam eadem plagam sensit postea rex Francorum (sic)” que el ejército francés diezmado y exangüe tuvo que batirse en retirada.

Están silenciados los demás insectos, coleópteros, etc. (6, 27), que contribuyen a la descomposición cadavérica, pero la acción de éstos y de las bacterias colaboradoras se dejó sentir con toda su crudeza en el área “Tantus in exercitu erat foetor, quod multi de nostris afficiebantur in muris et turribus ciuitatis. Illi etiam qui extra circa Gallicas acies nostri erant, propter foetorem nimium propinquare exercitui non audebant (sic)”.

Años más tarde, mediado el siglo xiv, apareció la anónima Crónica de los Reyes de Aragón y Condes de Barcelona o Crónica general de Pere III el Cerimoniós[3] o Crónica de san Juan de la Peña (12) como se la conoce tradicionalmente, en la cual también se menciona al santo gerundense en relación con el suceso de las moscas.

En el relato se expone la irreverente profanación del cuerpo del santo por parte de la tropa francesa:

“Veritat és que estant la dita ciudad assetjada, los francesos, no portant reverència a Déu ne a los sants seus, lo cos de Sant Narcís, qui per relíquies ab gran honor estava en l’esgleia de Sant Feliu, mutilaren e destruïren, e totes les altres relíquies d’aquí e de les altres esgleies, llançaren e vilment consumaren (sic)”.

y cómo, a resultas de ella, llegó el castigo divino:

“Aprés alcuns dies, Nostre Senyor Déus volent punir lo rei de França e ses gents de les crueltats e viltats que fetes havien contra Ell e sos sants, e venjar lo rei d’Aragó dels torts e injúries que prenia, tramès-los maledicció de mosques. E podia’s bé jutjar una de les majors malediccions de Faraó, e eren d’aital figura e color que de l’una part eren blaves e de l’altra eren verdes, e en cascuna part vermellura s’hi denotava. E eren així verinoses que tantots que cavall o altra bèstia tocaven, encontinent morien. E metien-se per lo nas e per les orelles de la gent e de les bèsties, e null temps no se n’eixien fins que eren morts, de la qual plaga tanta mortaldat se mès en la dita host, que tornà fort a poc nombre de gent. E no tan solament comtes et altres barons hi moriren, hoc encara lo rei francès ne pres gran febre, e fo greument malat (sic)” (c. 36; Soberanas 1961: 145)

El argumento de esta Crónica parece un trasunto de la anterior, en ello concuerdan los autores (1), en cuanto alude a idéntico complejo de moscas “e eren d’aital figura e color que de l’una part eren blaves e de l’altra eren verdes, e en cascuna part vermellura s’hi denotava (sic)” que actúan de igual modo “E eren així verinoses que tantots que cavall o altra bèstia tocaven, encontinent morien (sic)” lo cual no requiere mayores comentarios.

Sin embargo, añade un detalle de sumo interés, en el que describe cómo actúan las brigadas de dípteros descomponedores sobre los cadáveres insepultos para dejar su puesta al resguardo de la luz y los rayos solares, dentro del animal, también en la parte corporal que se apoya en el suelo (19). Las hembras se aproximan a los animales moribundos o muertos, realizan primero una labor de exploración (21) luego buscan las aperturas naturales para introducir allí los huevos (califóridos) o las larvas (sarcofágidos), “E metien-se per lo nas e per les orelles de la gent e de les bèsties (sic)”, después desaparecen y al cabo de algún tiempo completado el desarrollo larvario pupan en la tierra y emergen los adultos de la nueva generación “e null temps no se n’eixien fins que eren morts (sic)”.

Allende nuestras fronteras, hacia 1293, el cronista al servicio de Jaime I de Sicilia, Bartolomeo di Neocastro (43), en su Historia sicula (31), da cuenta del suceso acaecido en Gerona con una importante novedad, el origen de las moscas está en el sarcófago donde reposaba el cuerpo incorrupto de san Narciso.

El texto expone la profanación del sepulcro del santo por la soldadesca francesa:

“Audi Filii, si voles, quod grande mirabile miraculum Christus Deus omnipotens ostendit pro quodam Sancto Patre, qui cum fuisset oriundus de nobili civitate Gerundae, gratia Dei praevia, et meritis eius in episcopum civitatis ipsius fuit assumtus. Nomine proprio vocantur Sanctus Narcisus. Nobilis fuit et de nobili genere ortus. Scias Fili, quod in illa nobili civitate nullus potest clericus esse, nisi fuerit de legitimo thoro natus, nec aliquis in canonicum aliquo modo recipitur nisi pater miles fuerit et mater filia militis. Sic ergo ex ingenuis parentibus ortus fuit beatus Narcisus. Transacti erant anni CC et amplius usque ad tempus quo exercitus francorum venit, et erat ut praedicitur in Gerunda nobili et partibus convicinis. Beatus Narcisus, sicut Domino placuit, transiit de hac vita, et post transitum eius canonice fuit consecratum et sanctificatum nomen eius per dominum Pontificem. Et sepultus exstitit positus in quadam pulchra ara albissimi marmoris, suspensa et posita sursum in pariete muri ecclesiae Sancti Philei, qui latino vel siculo sermone dicitur Sanctus Philippus, quae erat a collateralis, et est nobilis ecclesiae episcopatus civitatis ipsius, et desuper arcam erat intitulatum: “Hic iacet Sanctus Narcisus de Gerunda episcopus gerundensis”. Cum illi quidem hostes post conflictus habitus supradictum legentes epitaphium seu Scripturam in dedecus catalanorum dicentes quod catalani sancti fieri non poterant, revoluto lapide ab ostio monumenti. Cum vidissent sacrum corpus in nulla sui parte contaminatum, audentes tangere sacrum corpus, expoliaverunt illud, auferentes ab eo mitram, annulum pontificalem, crozam, dalmaticam, sandala et omnes vestes eius, deponentes illud nudum in terram. Sacrum quidem corpus iacebat in luto. Quidan senex gerundensis prae timore gallicorum stabat absconditus in quadam domuncula valde pauperrimus, et noctis crepusculo superveniente exiit, et sacrum corpus beati Narcisi assumsit, et abscondidit in quadam segete (sic)”.

También las consecuencias que de ello derivaron, el castigo divino que hizo salir de allí mismo las moscas:

Fili, scias, quòd non est odor adeò suavis, aut similis odori corporis Beati huius. Credas, quòd Dominus ex alto prospexit quòd isti carnifices in sacrum corpus Beati Narcisi fecerant. Et ecce sequenti die tria foramina apparuerunt in arca monumenti sui in fundo, duo ab extremitatibus et unum in medio, et ab unoquoque quorum inumerabili sinyphes volantes exibant adeo, quod ex ipsis aerem totum cooperuerunt. Erant quidem formatae ad modum muscarum silvestrium, seu vesparum grossarum volantium, habentes duos aculeos pungitivos, unum ex parte anteriori et alterum ex parte posteriori, pedes vero quatuor, duos a quolibet latere, indecentes pestem in pedibus et aculeis earum. Et volantes supersedebant super homines aut equitaturas vel alia animalia, et in quacumque parte hominis vel equitaturae aut animalis sedentes, locum ipsum mordebant, venenum ipsum interficiebant, et inflantes moriebantur, nec poternat evadere postquam morsi erant nisi triduo. Foetor cadaverum adeo aërem infecit, quod licet alii morsi non fuissent, prae foetore tamen cadaverum cum aër exinde fuisset infectus, moriebantur. In hac pestilentia Gallici nullum remedium invenerunt, nulla valuit medicina; alter alterum iuvare non poterat et videntur catervatim subito, et quasi inexorabili morte rapi. Prae illa pestilentia mortui fuerunt ibi de populo Gallicorum inter nobiles et populares plusquam LX.M personarum. Simili pestilentian passus est a Domino populus Pharaonis propter peccatum ejus. Occasione illius pestilentiae ibi mortuus fuit tunc Dominus Philippus Rex Franciae, et magnus numerus Magnatum interiit. Audi mirum, quod pestis illa non transiit ultra flumen Thaëri, aut ad partes aliquas convicinas; plus etiam dico, quod equi, qué forte evaserant de illa peste, ex suspicione pestis vendi non poserant. Post morten autem Regis Franciae populus ipsius exercitus orphanus remanens, dispergi jam incipit (sic)”; (31:1110-1111)”

Esta crónica, casi coetánea con la de Desclot (13) aunque escrita en la distancia, sigue la misma línea argumental, resalta una abundancia “tria foramina apparuerunt in arca monumenti sui in fundo, duo ab extremitatibus et unum in medio, et ab unoquoque quorum inumerabili sinyphes volantes exibant adeo, quod ex ipsis aerem totum cooperuerunt (sic)”, señala unos perjuicios “Et volantes supersedebant super homines aut equitaturas vel alia animalia, et in quacumque parte hominis vel equitaturae aut animalis sedentes, locum ipsum mordebant, venenum ipsum interficiebant, et inflantes moriebantur, nec poternat evadere postquam morsi erant nisi triduo (sic)”, por tanto, alude a una plaga aunque en realidad veremos que se trata de un fenómeno sobrepuesto a aquélla descifrada más arriba. El autor no presenció los acontecimientos, recibe detallada información, puede que incluso la propia descripción de Desclot, pero en su ánimo de originalidad describe un aspecto que le debía ser familiar por haberlo observado con anterioridad en similares circunstancias en Sicilia.

Los insectos emergentes eran, “quidem formatae ad modum muscarum silvestrium, seu vesparum grossarum volantium (sic)”, robustos como avispas, además, junto con la librea variegada, mostraban “duos aculeos pungitivos, unum ex parte anteriori et alterum ex parte posteriori (sic)”, caracteres que conforman con Himenópteros Aculeados no sociales, de la familia Esfécidos género Bembix: B. rostrata L.; B. oculata Latreille; B. sinuata Latreille; B. olivacea Fabricius, etc. (4; 29) especies compartidas en alto grado con la fauna siciliana (4). Los adultos, florícolas, cazan Dípteros (3; 4; 16; 29) para aprovisionar a su descendencia en nidos individuales cavados en arena o suelos arenosos, ligeros (3; 29); tienen el labro prolongado en pico móvil (acúleo anterior) (3; 4; 29), aguijón al extremo del abdomen (acúleo posterior), con él pican a las víctimas que paralizadas transportan asidas por el par de patas mesotorácico (3; 5), de ahí que un observador no familiarizado con insectos encuentre, “pedes vero quatuor, duos a quolibet latere (sic)”.

Estas especies pululan en el estío (29), algunas comienzan a aparecer entrada la primavera, y duran hasta el otoño (20), son de vuelo rápido (4; 29), con acciones, al momento de la persecución y captura de las presas, que a veces parecen amenazantes, pero no pican a los animales, tampoco al hombre, si no es por manejo inadecuado (5). Las larvas reciben, de manera progresiva las provisiones que resultan variadas, aunque algunas especies muestran predilección por una u otra de dípteros v. gr. B. rostrata es un excelente consumidor de tábanos; B. oculata de S. calcitrans (16). En consecuencia, su presencia en el área resulta ajena al ganado y a las personas, se afanan en la depredación de moscas, por eso carece de fundamento atribuirles “indecentes pestem in pedibus et aculeis earum (sic)” e incluso adjudicarles, “Et volantes supersedebant super homines aut equitaturas vel alia animalia, et in quacumque parte hominis vel equitaturae aut animalis sedentes, locum ipsum mordebant, venenum ipsum interficiebant, et inflantes moriebantur, nec poternat evadere postquam morsi erant nisi triduo (sic)”, acciones que sólo corresponden a aquéllas arriba señaladas.

Neocastro recrea el calamitoso estado del campamento francés, “Foetor cadaverum adeo aërem infecit, quod licet alii morsi non fuissent, prae foetore tamen cadaverum cum aër exinde fuisset infectus, moriebantur. In hac pestilentia Gallici nullum remedium invenerunt, nulla valuit medicina; alter alterum iuvare non poterat et videntur catervatim subito, et quasi inexorabili morte rapi. Prae illa pestilentia mortui fuerunt ibi de populo Gallicorum inter nobiles et populares plusquam LX.M personarum (sic)”, sin aludir de modo directo a la inexorable presencia de la fauna cadavérica que también era objeto de depredación por los bembícidos (16, 24). Aunque al precisar los límites de la calamidad, “Audi mirum, quod pestis illa non transiit ultra flumen Thaëri, aut ad partes aliquas convecinas (sic)”, viene a significar que la acción de aquellos dípteros se circunscribe a la presencia de la carroña, además la inmensa mayoría de las especies adscritas a la fauna cadavérica son activas de modo principal en ambiente libre.

Epílogo

La verosimilitud del extraordinario suceso de la plaga de moscas advenido en el verano de 1285 a las puertas de Gerona resulta innegable a la luz de los textos analizados en este trabajo.

El año anterior al de autos comenzó en tierras galas la recluta de un ingente número de caballos y hombres con el objetivo de conquistar para Carlos de Valois, hijo del rey de Francia, Felipe III el Atrevido, los dominios del reino aragonés. Organizados en escuadrones emprenden la marcha, después de muchas jornadas recalan en el Rosellón donde permanecen por algún tiempo hasta que al despuntar la primavera de 1285 comienzan, aquende el Pirineo, sus correrías bélicas (36). El movimiento estuvo supeditado a la procura de agua y pastos para el ganado, siempre al raso, en pleno contacto con la naturaleza, de modo que ab initio entorno a la tropa se instala una gran biodiversidad con predominio de dípteros.

La rica estela que dejan a su paso, suelo sin compactación hollado por las pezuñas, la nada despreciable dispersión y acumulación de excrementos, el abandono de animales heridos, moribundos e incluso muertos, facilita el establecimiento de la mayor parte de las especies señaladas; pero además, a medida que se adentran y avanza la primavera comienza el encuentro con las especies de tábanos que emergen de los bordes ribereños a las corrientes de agua.

Con este acompañamiento, la aglomeración de equinos y humanos llega en el mes de junio de 1285 al llano de Gerona, donde permanece por espacio de cuatro meses asentada en una extensa superficie. Ahora se aúnan los requerimientos alimenticios y de puesta con condiciones óptimas de iluminación, temperatura y humedad para el crecimiento inusitado de las poblaciones de dípteros y su acción adversa sobre ganado y soldados.

El desequilibrio de fuerzas no presagiaba un revés de tal magnitud para la tropa francesa, por eso, la beneficiosa labor de las moscas, elevada al rango de prodigio, caló tan en lo hondo de los súbditos del rey de Aragón, Pedro II el Grande, que el recuerdo del venturoso suceso permaneció indeleble por generaciones. A nuestro conocimiento ha llegado, magníficamente relatada en las crónicas reales, la concatenación de los hechos acaecidos durante los meses que duró el asedio.

Así, en la coetánea, Crònica de Desclot (13), se resalta el complejo de especies dañinas que desasosiegan y debilitan al ganado por la pérdida de sangre y la viable transmisión de enfermedades; en la siguiente inmediata, Historia Sicula, Neocastro (31) trae el fenómeno sobrevenido de los himenópteros depredadores de adultos de dípteros que no fueron suficientemente eficaces para detener la plaga; en aquéllas algo mas distanciadas en el tiempo, Gesta Comitum Barcinonesium (18) y Crónica general de Pere III el Cerimoniós (12), se completa el cuadro con la fauna cadavérica, la que culmina la acción, por comisión de gusaneras y entrega a la labor de descomposición de tanto cuerpo exánime. Las poblaciones de estas moscas, “verdes, azules y con manchas rojas”, no decrecieron con el abandono del emplazamiento por parte de la tropa francesa, muy por el contrario experimentaron un progresivo incremento, con sucesivas generaciones, a expensas de la abundante carroña diseminada.

Los asombrados naturales retuvieron esta deslumbrante escena a la que aluden, casi en exclusiva, cronistas e historiadores que en el transcurso de los siglos se ocupan del fenómeno (1; 43) aunque alguno la tergiversa (41) con inapropiado monocromatismo blanco, “: pero apres que Gerona fou presa sesdevenc un miracle en la ciutat que de un cors sant que ha dins la Esglesia de Sant Pheliu aquí diven Sant Narcis hisqueren tantes mosques blanques del seu nas les quals los francesos picaven e aquels prestamét moriã (sic)” (cap. rrrr.; fol. rrrir)

Tres centurias mas tarde, en 1653, Gerona sufrió otro asedio por tropas francesas, entre el 12 de julio y el 24 de septiembre (36; 44), durante el que “volvieron nuevamente a hacer sentir su prodigiosa nocividad, semejante a la primera, las terribles moscas de San Narciso, salidas en enjambre del sepulcro del Santo, colocado sobre la muralla por los heroicos defensores de la Ciudad, las cuales diezmaron con su ponzoñoso aguijón las huestes invasoras, que tuvieron que partir maltrechas y en desorden (sic)” según expone Mercader i Bohigas (28). Sin embargo, en esta ocasión, un único documento en lengua catalana, la deposición realizada por soldados franceses ante el Notario de Sant Feliu de Guíxols (44), narra los hechos:

“Los magnífichs Lluís Laporta, governador de la infantería francesa en la present vila de Sant Feliu de Guíxols alotjada, Joan de Fages, Abel de la Bellavila, capitans de dita Infanteria francesa, y Gispert Oudrach, tinent y ajudant major, constituïts personalment dins la casa del magnífich Anthoni Axada, ciutadà honrat de Barcelona y Gerona, en la present vila de St. Feliu populat, en la plassa pública de dita vila situada, y en presèntia de mi, Hyacinto Solivera, notari a baix scrit, y a instància de l’il·lustre senyor doctor Joseph Duran, ciutadà honrat de Gerona, lo present y corrent any jurat de dita ciutat de Gerona, allí present y personalment existint, mitjensant jurament per ells y qualsevol de ells en mà y poder de mi, dit Solivera, notari, en ànima llur y de qualsevol d’ells a nostre senyor Déu y als seus sancts quatre evangelis, extrajudicialment prestat, han dit, refferit y, concordes, denunciat que estant ells junts en Santa Eugènia, sobre la orta de Gerona, hont lo rey de França o sos ministres tenían posat lo siti contra la dita ciutat de Gerona, se ap[l]egàran contra dit siti gran multitud de moscas verdes y blaves extraordinàrias que may ells, dits governador, capitans y tinent, en França ni en altre part han vistas de tal manera de moscas, las quals moscas mataran més de dos mil cavalls francesos de dit siti, los quals cavalls, en picar-los ditas moscas, tornaven rabiosos y se morían rabiant. Y a ell, dit capità Joan de Fages, li mataren axí quatre cavall[s], y a ell, dit tinent major, dos cavalls, en tant que han destruït ditas moscas los cavalls de dit siti y armada francesa.

E més, lo dit governador Luis Laporta, dit jurament mitjensant, en presèntia del senyor don Hierònymo Campero, capità de cavalls que és lo que ha rendida la plassa de dits francesos en dita present vila, y dels testimonis a baix scrits, ha dit y refferit que, estant ell y lo senyor Baró de Alez en dit siti. sentí a dir a dit senyor Baró de Alez que en altre occasió los francesos posaran siti contra dita ciutat de Gerona per invadir-la, y que las ditas moschas, per medi de un sanct és en dita ciutat de Gerona, mataren axí mateix gran número de cavalls francesos de dit citi, de totas las quals cosas fas fe jo, dit Solivera, notari, presents los testimonis mossèn Joan Custurer, Andreu Ramon, mercader(s), y Joan Pellisser, negociant, tots de dita present vila de Sanct Feliu de Guíxols, a la confectió del present acte cridats (sic)” (Acta notarial de 27 de septiembre de 1653, en 44 pág. 66)

En este relato, abonado a los supuestos de plaga: abundancia de algo nocivo, “se ap[l]egàran contra dit siti gran multitud de moscas verdes y blaves extraordinàrias (sic)”, conmensurables daños, “las quals moscas matàran més de dos mil cavalls francesos de dit siti (sic)”, los soldados dan cuenta de un fenómeno vivido en primera persona, protagonizado por moscas de la fauna cadavérica (19, 24, 27), especies no hematófagas de cuyo comportamiento, como ya se explicó mas arriba, no se puede afirmar, sin caer en el exceso expositivo, que “los quals cavalls, en picar-los ditas moscas, tornaven rabiosos y se morían rabiant(sic)”. No obstante podemos argüir que los soldados no hablan en vano si tenemos en cuenta, la estación del año, la situación bélica, la acumulación de excrementos y otros desechos orgánicos, la debilidad del ganado y tropa por mal nutrición, heridas, enfermedades, etc.

El documento en seguida fue trasladado al castellano (36; 44) por lo que este nuevo episodio de la plaga de moscas tuvo una gran difusión (44). Entre los varios opúsculos a que dio lugar, hay uno (35), aunque perdido con la actuación de los enjambres de moscas “los quales se exercitavan en picar los cavallos de los enemigos, cuyas picadas eran tan venenosas, que luego se hinchavan, y morian los cavallos (sic)”, que ofrece el correcto modo de proceder para limitar su abundancia “y si tan presto no los enterravan, salía de la herida otro enxambre de moscones, con que augmentava el daño (sic)”.

Los autores de nuestro estudio parecen sorprendidos ante la explosión de moscas que atribuyen a milagro, pero sabemos que nada sale de nada, por eso en su argumentación trasciende la tan consabida teoría de la generación de los insectos por corrupción o transmutación de otros seres como advertían los autores clásicos. Así lo vemos expresado en 1349 por el médico y maestro del estudio de Lérida, Jaume d’Agramunt (22), en su referencia a la plaga de moscas gerundense: “Encara més en altra manera se pot fer, car a vegades per bataylla ho en gran setge moren gran multitud de gents e de cavalls, los quals no.s sotarren, per què.s seguéix de la putrefacció dels cosses morts gran infecció e corrompiment en l’àer.

Encara dels cosses podrits s’engenren mosques e tavans molt verinoses, la qual cosa fo de feyt en Cathaluynna can lo rey de Ffrança e ses gents tenien assetjada la ciutat de Girona, ja sie ço que sie fama comuna que per miracle aquelles mosques s’engenraren, en la qual cosa no contrast. Car ço que natura obre ho fat, tot ho fa en vertut de Déu, donchs Déus en vertut pròpria ho poch fer e ho dech fer esguardan la injusticia e la ini quitat d’aquells, e.ls greus pecats e eretgies que fallen, la qual cosa serie longa de contar (sic)” (22: 60-61).

Un claro exponente de todo esto lo hallamos en la influyente obra de San Isidoro: “Pero es que, incluso por la propia naturaleza, muchos cuerpos experimentan una mutación y, al corromperse, se transforman en especies distintas: así, de la putrefacción de las carnes de los becerros surgen las abejas; lo mismo que de la de los caballos nacen los escarabajos; de la de los mulos, las langostas; de las de los cangrejos los escorpiones (sic)” (Eimologías XI, 4; Edic. bilingüe por J. Oroz Reta y M. A. Marcos Casquero, BAC, 1983), en la que se recoge lo apuntado por Ovidio: “pressus humo bellator equus crabronis origo est; enterrado en el suelo el caballo guerrero engendra avispas (sic.)” (Metamorfosis, XV, 368; Trad. del autor), Virgilio: “la sangre corrompida de los toros jóvenes inmolados produce a menudo abejas (sic.)” (Georgicas, IV: 284; Trad. de E. Gómez de Miguel, Edic. Iber., 1968), Plinio: “Pero siendo perdidas de todo punto (se refiere a las abejas) se reparan soterrando los vientres frescos de los bueyes con todo su estiércol. Virgilio dize que nacen de los cuerpos de novillos muertos, como las abispas y moscardas, del cuerpo de caballos, y los escarabajos de cuerpos de asnos, mudando naturaleza unos animales en otros. Pero de todos estos se ve ayuntamiento venereo y con todo eso en la cría tienen la misma naturaleza que las abejas (sic)” (Historia Natural, Libro XI Cap. XX, Trad. de Gerónimo de Huerta, 1624).

Esta teoría fue rebatida en el siglo xvii por Redi (34) con experimentos que dejan probado cómo las larvas de los insectos que participan en la putrefacción de los cuerpos muertos proceden de huevos puestos allí por las hembras; en suma, que, son la causa y no el efecto.

Cándido Santiago Álvarez

Cátedra de Entomología Agrícola

Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos y de Montes

Universidad de Córdoba

Agradecimientos

El autor agradece los comentarios y sugerencias al manuscrito de los Profesores, Titular de Filología Catalana, Dr. P. Valsalobre, de la Universidad de Gerona; Catedráticos de Entomología Agrícola, Dr. R. Albajes, de la Universidad de Lérida; Dr. J. A. Jacas, de la Universidad Jaime I de Castellón y Dr. E. Quesada, de la Universidad de Córdoba.

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[1] Catar: castrar las colmenas.

[2] La inclusión de tábanos nos parece una licencia por parte de Sbarbi dado que ni en el documento que se custodia en el Archivo de Barcelona (33) ni en ninguna de las versiones de la Crónica de los Reyes de Aragón por nosotros consultada aparece tal señalamiento (12).

[3] Los párrafos comentados los hemos tomado de esta versión.