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Dolia Sonantia (`Toneles sonoros´)

PORRAS ROBLES, Faustino

Publicado en el año 2013 en la Revista de Folklore número 372.

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Resumen: Este trabajo debe ser considerado como la continuación del artículo Un nuevo aerófono del románico: el Dolio, publicado en 2007. En él se hace un breve repaso del proceso que culminó con la recuperación de este instrumento y se dan a conocer nuevas representaciones del mismo aportadas por particulares y entidades culturales planteándose, como consecuencia, toda una serie de modificaciones referidas a su contexto cronológico y ámbito geográfico de utilización. Finalmente se lleva a cabo un breve estudio estadístico que permite definir con precisión sus características tipológicas.

Abstract: This work should be regarded as the continuation of the article A new Romanesque aerophone: the Dolio, published in 2007. It gives a brief overview of the process that led to the recovery of this instrument, unveils new representations of the instrument made available for this work by indivividuals and cultural institutions, ans suggests some modifications concering its chronology and geographical distribution. Finally, there is a brief statistical study which allows the accurate description of the features of this instrument.

Palabras clave: dolio, organología, instrumento musical, aerófono, escultura románica, tonel.

Keywords: dolio, organology, musical instrument, aerophone, romanesque sculpture, barrel.

Proemium

Comenzar un artículo sobre iconografía musical indicando la importancia de esta ciencia para el desarrollo de la organología puede ser reiterativo e innecesario a la vista de las numerosas obras y estudios que, sobre esta disciplina, han venido realizándose y publicándose en los últimos años. Sin embargo, cuando analizamos determinados manuales de historiografía del arte y comprobamos que un alphorn es presentado como un bastón[1], un arpa-salterio aparece descrita como un libro[2] o una alboka es tomada por la barba de un personaje[3], llegamos a la conclusión de que, con relativa frecuencia, se confunden instrumentos musicales con los objetos más dispares obligándonos a llevar a cabo la necesaria reinterpretación, bajo el punto de vista organológico, de estas y otras representaciones; una confusión semejante es la que, como he expuesto en anteriores trabajos, ha venido dándose con el dolio[4], un aerófono con forma de barrilete que, tradicionalmente, ha sido tomado como alusión al vicio de la bebida debido a su semejanza física con dicho objeto. En este artículo, que debe ser tomado como la necesaria ampliación del que, en su momento, fue publicado por la Revista de Folklore[5], reexpondré brevemente tales argumentos y, partiendo de la localización y cronología de las fuentes obtenidas en nuevos trabajos de campo, plantearé modificaciones referidas al posible ámbito de difusión geográfico y temporal del dolio.

Non gula sed musica

Aunque el cristianismo nació en el seno de otras religiones que rendían culto a sus abundantes ídolos, esta práctica ya había sido rechazada desde los tiempos mosaicos[6] por lo que no es de extrañar que las primeras comunidades cristianas sintiesen una profunda aversión hacia el ídolo y un cierto recelo por las imágenes; en estos primeros siglos los prejuicios fueron tan grandes que, incluso, se redactaron documentos en los que los artistas plásticos (pintores y escultores) eran excluidos de la Iglesia y sus obras rehusadas[7]. Si bien esta postura fue compartida por los Padres de la Iglesia, pensadores de profunda ortodoxia doctrinal y vida ejemplar, muy pronto comenzó a apreciarse un cambio que permitió la valoración del símbolo como recurso didáctico y catequético: ya en el s. vi San Gregorio Magno afirmará que las obras de arte debían existir en las iglesias puesto que no servían para ser adoradas sino para ornar y enseñar a los ignorantes.

En lo referente al arte románico, desde el siglo xi, esta postura cristalizará en una decoración figurativa de enorme valor formativo; a través de la misma se pretendía influir en las tres potencialidades del alma (memoria, razón y afectividad) instruyendo, deleitando y emocionando, lo que ha llevado a los especialistas en la materia a hablar de una verdadera “Biblia de los indoctos”. En la escultura abundan las escenas basadas en pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento en las que, sobre todo, prima la intención simbólica y didáctica, aunque no faltan aquellas que contienen personajes itifálicos, equilibristas contorsionados, juglares con animales amaestrados y bailarinas; ambos tipos se mezclan formando un curioso ‘collage’ en el que los ejemplarizantes modelos de vida se sitúan próximos a la diversión y la fiesta. Si bien estas últimas son fiel reflejo de la cotidianeidad medieval, no podemos ignorar el contenido crítico y moralizante que en ellas subyace, permitiendo aunar en un mismo programa iconográfico la virtud, su antitético vicio y el castigo correspondiente. Aunque hay excepciones, los motivos que ilustran tanto el pecado como su penitencia están bastante estandarizados y muestran imágenes fácilmente reconocibles para el hombre altomedieval, como la de la gula, generalmente asociada al vicio de la bebida, representada por una figura que carga sobre su espalda con un pesado tonel. Esta estandarización es lo que ha hecho que, a la hora de interpretar iconográficamente determinadas escenas musicales, se tome como una alusión al vicio de la bebida lo que, tal y como justifiqué en su momento, no es sino un instrumento musical propio de este momento: el dolio.

Pertinax veritas

La recogida de material utilizado como base para mi tesis doctoral me llevó a recorrer durante cerca de quince años la mayor parte de las rutas jacobeas del norte de España. Tantos años y kilómetros me permitieron observar, fotografiar y catalogar cientos de representaciones de los instrumentos musicales más frecuentemente utilizados en este territorio durante los siglos xi, xii y parte del xiii, y aunque muchos presentaban variantes, fruto de la evolución o la fantasía del artista, la mayoría eran fácilmente identificables, siendo adscritos sin grandes problemas a su correspondiente clase, subclase, orden y suborden organológico.

Sin embargo, cuando en 1991 llegué a la pequeña iglesia de Miñón (Burgos), un personaje de su portada llamó mi atención ya que sostenía un objeto semejante a un gran silbato; aunque la disposición de sus dedos y de su embocadura era completamente realista, asemejándose a la que podía observarse en cualquier otro instrumento de viento, ante la duda clasifiqué aquel primer caso como una posible ‘invención’ o ‘recreación’ escultórica.

Lámina I. Dolio de la iglesia de Miñón (Burgos). Foto: F. Porras

Pero la realidad es obstinada y así empecé a comprenderlo cuando, con relativa frecuencia, fueron surgiendo nuevos ejemplos, semejantes a los de Miñón aunque no en tan buen estado de conservación, en todo el cuadrante noroccidental peninsular (Palencia, Burgos y, sobre todo, Galicia), lo que no hizo sino confirmar en mí la idea de que, efectivamente, aquel objeto era un verdadero aerófono que había caído en el olvido sin dejar apenas rastro. A lo largo de mi trabajo doctoral, centrado en estudios más generales, opté por denominarlo ‘tonel’ debido a su parecido con este objeto aunque posteriormente, y tras consultar con catedráticos especialistas en lenguas clásicas, el término ‘dolio’, castellanización de dolium, me pareció el más adecuado ya que seguía aludiendo al aspecto físico del instrumento en cuestión y establecía un cierto vínculo fonético con otros ejemplos organológicos (organistro, de organistrum; címbalo, de cimbalum, etc.). Un último reparo, surgido ante la duda de ‘crear’ una palabra nueva, desapareció de un plumazo cuando mis apreciados colegas lingüistas me hicieron ver que así se había hecho ya en otras ocasiones[8].

En el convencimiento de haber sacado a la luz un instrumento olvidado, y siendo consciente de la importancia de este hecho, redacté un artículo en el que, a partir de razones simbólicas (disposición del objeto e inclusión del mismo en escenas beatíficas), funcionales (forma, tamaño y situación del pico) y musicales (embocadura, disposición de las manos y contextos instrumentales o dancísticos), justificaba la naturaleza organológica de este objeto, muchas de cuyas representaciones habían sido tomadas como simples toneles; un último bloque de razones, acústicas, confirmaba que se trataba de un aerófono. Tras remitir este breve trabajo a varias publicaciones especializadas, finalmente fue la Revista de Folklore de la Fundación Joaquín Díaz la que, en el número 315, de 2007, lo aceptó y editó, generando un interesante debate al respecto[9]; el resultado no se hizo esperar ya que, gracias al mismo, muchos aficionados al tema me proporcionaron información sobre lo que ellos creían que podían ser nuevas representaciones del dolio y que en mi trabajo, al circunscribirse geográficamente a las rutas jacobeas, no habían aparecido.

Alia dolia

Los ejemplos que cité en su momento, enumerándolos de este a oeste, se encontraban en las siguientes poblaciones: Escalada, Miñón y Monasterio de Rodilla, en Burgos; Moarves de Ojeda, en Palencia; Lousada y Lugo, en la provincia de Lugo; Esposende y Serantes, en Orense; Bembrive, Moaña y Rebón, en Pontevedra y, finalmente, La Coruña, en la provincia homónima. Sin embargo, y gracias a las numerosas aportaciones de particulares y asociaciones interesadas en el tema, el listado anterior ha de ser ampliado con estas otras: Pla de Santa María (Tarragona); Artze, Olóritz y Vadoluengo (Navarra); Canales de la Sierra (La Rioja); Barrios de la Bureba, Navas de la Bureba, Tablada de Villadiego, Vallejo de Mena y Villamayor de Treviño (Burgos); Ventosilla (Segovia); Pantón (Lugo) y Santiago de Compostela (La Coruña).

Lámina II. Dolio de la iglesia de San Ramón, Pla de Sta. María (Tarragona). Foto: Círculo Románico

La iglesia de San Ramón de Pla de Santa María (Tarragona) es un templo del siglo xiii con planta de cruz latina, crucero que sobresale al exterior y acceso meridional, además de otros elementos, como el campanario, de época posterior. La decoración se concentra en el dintel que soporta el tímpano, en tres de las ocho arquivoltas de la portada con sus respectivos capiteles, así como en los numerosos canecillos situados alrededor del alero, muchos de los cuales son figurados (animales, grifos, vegetales, personajes humanos) y muestran una evidente conexión estilística con los del cercano monasterio de Santes Creus. En uno de ellos un individuo sopla por el extremo, bastante desarrollado, de un dolio que es sostenido, por la parte inferior del cuerpo cilíndrico, con las dos manos ligeramente apoyadas sobre las rodillas. Sus dimensiones son algo menores que las de la mayoría de ejemplos observados en otras ocasiones y no se aprecian motivos ornamentales.

La pequeña iglesia de San Esteban de Artze (Navarra) se encuentra en lo que antiguamente fue el señorío de Otazu, en el valle de Echauri; aunque data del siglo xii, en su fábrica románica ya podemos encontrar algunos elementos de transición al gótico. En cuanto a su estructura, presenta una sola nave de tres tramos, ábside semicircular, portada orientada al sur, y una torre campanario. Como viene siendo habitual, la decoración se centra en las arquivoltas y los capiteles del ingreso, así como en la amplia colección de canecillos que recorren todo el templo a la altura de la cornisa; precisamente en uno de ellos encontramos un sonador de dolio. Su buen grado de conservación permite observar sus características estructurales: cuerpo cilíndrico, pico o boquilla y dos aros de refuerzo en los extremos; otros aspectos, como la forma de sujetarlo, el apoyo sobre las rodillas y el tamaño son los habituales.

Lámina III. Dolio de la iglesia de San Esteban, Artze (Navarra). Foto: C. Cañas

A unos tres kilómetros de Olóritz (Navarra) se halla la ermita de Echano, conocida en la zona como la basílica de San Pedro, de la que se dice, sin ninguna base documental, que podría haber pertenecido a un antiguo “señorío de Orba”. Cuenta con una nave, ábside semicircular, espadaña y una portada orientada hacia el norte con una abundante y variada ornamentación. De sus siete arcos, el central es un gran bocel del que sobresalen las piernas y las cabezas de distintos personajes, alguno con instrumentos musicales (flauta, siringa, cuernos, tejoletas...), aunque nuestra atención se centra, en este caso, en dos canecillos con sus respectivos dolios; ambos son cilíndricos, grandes y con aros de refuerzo laterales, sin que otros detalles llamen nuestra atención.

Lámina IV. Dolios de la ermita de Echano, Olóritz, (Navarra). Fotos: Círculo Románico y romanicoaragones.com

En tierras navarras, por último, hallamos otros dos dolios en la iglesia de San Bartolomé de Olóritz y en la de San Adrián de Vadoluengo. A diferencia del instrumento de Vadoluengo, en el que se aprecian perfectamente todos sus elementos constitutivos, la talla del canecillo de San Bartolomé es sumaria, por lo que el dolio está representado sintéticamente; a pesar de ello el escultor ha procurado reflejar la disposición de los labios al soplar, así como el pico canalizador del aire, en este caso, similar al existente en instrumentos de soplo directo.

Lámina V. Dolios de S. Bartolomé de Olóritz, (izqda) y de S. Adrián de Vadoluengo (dcha.). Fotos: romanicoaragones.com

A las afueras de Canales de la Sierra (La Rioja), y sobre un pequeño altozano, se encuentra la parroquial de San Cristóbal; su única nave con testero plano y su torre de dos cuerpos quedan relegadas a un segundo plano al descubrir la galería porticada orientada, inusualmente, al naciente.

Lámina VI. Dolio de la iglesia de San Cristóbal. Canales de la Sierra (La Rioja). Foto: C. Cañas

Una apreciable disimetría permite suponer que, en su origen, estuviese formada por un mayor número de arcos, de manera que el que hoy permite el acceso, seguramente, sería el central de un conjunto de siete. En cuanto a su ornamentación, la cuidada labra y la proporcionalidad de las tallas la convierten en uno de los escasos ejemplos de estilo castellano (deudor de Silos) en La Rioja. Los motivos figurados abundan en arquivoltas, capiteles y canecillos, uno de los cuales, situado sobre el lado izquierdo del arco de ingreso, muestra a un sonador de dolio muy erosionado.

En la provincia de Burgos encontramos ejemplos de interés por su forma, tamaño u otras particularidades. Debemos citar, en primer lugar los de Barrios de la Bureba (ermita de San Facundo) y Navas de la Bureba (iglesia de San Blas); en ambos casos se trata de instrumentos de tamaño reducido y cuerpo aplanado, aunque el mal estado de la piedra dificulta una descripción más precisa.

Lámina VII. Dolios de la ermita de San Facundo (izqda) y de la iglesia de San Blas (dcha.). Fotos: C. Cañas

En Vallejo de Mena (Burgos) se ubica la iglesia de San Lorenzo, uno de los templos más importantes de la zona; sin datos fidedignos que permitan hablar con precisión de su cronología, su estilo ornamental y determinados elementos goticistas permiten situarla en la primera mitad del siglo xiii. Erigida, probablemente, a partir de dos proyectos diferentes, lo que justificaría las apreciables diferencias entre la cabecera y el resto de la iglesia, el acceso se realiza a través de tres portadas todas ellas con arcos ligeramente apuntados y abundante decoración figurada (un músico con una fídula junto a un contorsionista, tres peregrinos con bordón, zurrón y venera...) que se completa con la de los canecillos. Precisamente, bajo el alero del lado septentrional encontramos dos, contiguos, que evidencian (si es que todavía existiese la más mínima duda) el carácter organológico del dolio: el de la izquierda, un tonel de cuerpo cilíndrico con los aros de fleje y el bojo (ligero abultamiento) central; el otro, un dolio, más estrecho, con refuerzos solo en los laterales y el pico o boquilla.

Lámina VIII. Tonel y dolio de la iglesia de San Lorenzo. Vallejo de Mena (Burgos). Foto: romanicoaragones.com

Lámina IX. Detalle de los canecillos anteriores. Foto: canecillo.com

También en la provincia de Burgos, encontramos otros dos ejemplos de dolios en las iglesias de San Román de Tablada y Nuestra Señora de Villamayor de Treviño, ambos con características convencionales en cuanto a tamaño, boquilla y sujeción, aunque el de Tablada es de cuerpo completamente cilíndrico mientras que el de Villamayor recuerda más la forma de un barrilete.

Lámina X. Dolios de la iglesia de San Román de Tablada (izqda), Foto: Gil Vallejo, y

de Nuestra Señora de Villamayor de Treviño (dcha), Foto: Illana Gutiérrez / Fdez. Ferrero

La construcción más importante de Ventosilla (Segovia) es su iglesia, puesta bajo la advocación de Nuestra Señora de Tejadilla y dependiente, hasta el siglo xix, de la parroquia próxima de Castroserna de Arriba. Es un templo románico tardío, época de la que solo conserva la cabecera formada por anteábside recto y ábside; en el interior, sus tres naves tienen cubierta de madera a dos aguas, bóveda de medio cañón, el tramo del presbiterio, y de horno el espacio absidial.

Lámina XI. Dolio de la iglesia de Nuestra Señora. Ventosilla (Segovia). Foto: canecillo.com

Del exterior, llaman la atención las sirenas de los capiteles de la única saetera y la serie de canecillos de la cornisa, entre los que podemos ver animales, máscaras grotescas y personajes realizando diferentes actividades; entre ellos, uno que sujeta un dolio. A pesar de su factura tosca, acorde con la estética de toda la escultura del templo, se pueden apreciar perfectamente las dos partes constitutivas de este instrumento: el cuerpo cilíndrico y un pico, este caso, inusualmente largo; aunque la sujeción tampoco es la que estamos acostumbrados a ver en otros ejemplos, sí lo es el apoyo sobre las piernas y la disposición de los labios en actitud de soplar. Si bien esta representación es de poca calidad, tiene un gran valor para la delimitación geográfica del instrumento ya que, de todos los nuevos ejemplos, es el más meridional.

La iglesia de San Esteban de Atán, perteneciente a Pantón (Lugo), es lo que resta de un antiguo monasterio ya citado en fuentes documentales del siglo ix. Con una sola nave y testero plano, de su original fábrica románica conserva parte de su portada principal y algunos canecillos entre los que sobresale el que, tradicionalmente, ha venido siendo conocido como ‘el bebedor de Atán’, en realidad un sonador de dolio.

Lámina XII. Dolio de la iglesia de San Esteban de Atán. Pantón (Lugo)

Foto: V. Basanta

De tamaño algo más reducido que los anteriormente comentados, está formado por siete secciones cilíndricas aunque, tal vez, pudieran ser, simplemente, aros de refuerzo para dar estabilidad al cuerpo del instrumento; también destaca el pico que, a diferencia de otros, es curvo.

Finalmente debemos hacer referencia a un curioso ejemplo situado en la llamada ‘Casa Gótica’ de Santiago de Compostela (La Coruña), una construcción del siglo xiv con numerosas modificaciones y añadidos de época moderna; según los especialistas, formaría parte de un conjunto mayor con dos torres en los extremos, uno de los cuales sería dicha Casa Gótica. El cuerpo superior remata en una cubierta sustentada por canecillos figurados, varios de los cuales representan una escena musical en la que interviene, entre otros, un personaje itifálico soplando en lo que debe ser considerado como una variante del dolio. Su tamaño es considerablemente más reducido; la forma del cuerpo ya no es regular (cilíndrica, elíptica o prismática) sino ‘globular’ (término técnico utilizado para clasificar determinadas flautas, entre ellas las ocarinas); en la zona central presenta un aditamento circular de bordes rehundidos que nos remite lejanamente al dolio de Miñón; el pico es recto y muestra lo que podría ser un bisel (aunque también podría ser un simple efecto de la erosión) y, en ambos laterales, los dedos del personaje no parecen estar sujetándolo sino obturando orificios modificadores del sonido.

Lámina XIII. Dolio de la ‘Casa Gótica’. Santiago de Compostela (La Coruña). Foto: F. Porras

Postludium

- A la vista de las nuevas aportaciones presentadas en este trabajo, debemos plantear ciertas variaciones referidas al ámbito geográfico en el que, probablemente, fue utilizado este instrumento. Si en el artículo Un nuevo aerófono del románico: el Dolio indicábamos que tuvo un ámbito de difusión restringido al territorio comprendido entre la actual provincia de Burgos y La Coruña, hoy podemos afirmar que éste fue más amplio, llegando por el este hasta Tarragona y por el sur hasta Segovia; aun así, la zona con más ejemplos sigue siendo el cuadrante noroccidental de la Península Ibérica, especialmente Galicia.

- Las nuevas representaciones halladas también nos obligan a realizar modificaciones referidas a su ámbito cronológico. La aparición del dolio de la ‘Casa Gótica’ de Santiago de Compostela (s. xiv) permite afirmar que, con modificaciones, pervivió hasta los siglos bajomedievales a pesar de lo cual, seguimos hablando de un instrumento usado básicamente en la segunda mitad del s. xii.

- El mayor número de ejemplos permite establecer una clasificación tipológica atendiendo a diferentes criterios: forma del cuerpo, tamaño del mismo, forma del pico, tipo de embocadura (soplo) y sujeción.

Forma del cuerpo. La mayoría son cilíndricos (63 %), algunos son elípticos (14,8 %) y otros siguen una variada tipología (prismáticos triangulares: 3,7 %; globulares: 3,7 %; con forma de barril: 3,7 %; o casi paralelepípedos: 11,1 %). Son cilíndricos los de: Pla de Santa María (Tarragona); Artze, Echano, Olóritz y Vadiluengo (Navarra); Canales de la Sierra, Monasterio de Rodilla y Tablada de Villadiego (Burgos); Ventosilla (Segovia); Lousada, Lugo y Pantón (Lugo); Serantes (Orense); Bembrive y Moaña (Pontevedra) y Coruña (La Coruña). Tienen forma elíptica los de Miñón, Escalada y Vallejo de Mena, todos ellos en Burgos, y Moarves de Ojeda (Palencia). Son paralelepípedos, más o menos aplanados, los de Navas de la Bureba y Barrios de la Bureba (Burgos) y el de Esposende (Orense). El de Villamayor de Treviño (Burgos) tiene forma de barrilete, el de Rebón (Pontevedra) es prismático triangular de aristas redondeadas y, finalmente, el de Santiago (La Coruña) es globular.

Tamaño. Extrapolando las dimensiones de la talla del canecillo a un tamaño real, abundan los grandes, con un tamaño del cuerpo entre 45 y 50 cm, siendo menos frecuentes los pequeños (alrededor de 30 cm). Solo un 26 % son de dimensiones reducidas: los de Olóritz (Navarra), Navas de la Bureba y Barrios de la Bureba (Burgos), Esposende (Orense), Pantón (Lugo), Coruña, y Santiago (La Coruña), mientras que todos los demás (74 %) son grandes.

Pico. El pico o canal por el que se realiza el soplo también presenta dos posibilidades: plano (de sección rectangular) o cilíndrico (recto o ligeramente curvo). Un 48,1 % lo tienen plano y de sección rectangular: Pla de Santa María (Tarragona); Artze, y Vadiluengo (Navarra); Vallejo de Mena, Tablada de Villadiego, Villamayor de Treviño, Miñón y Monasterio de Rodilla (Burgos); Moarves de Ojeda (Palencia); Esposende y Serantes (Orense); Lousada y catedral de Lugo (Lugo). El 33,3 % disponen de pico (recto o curvo) con sección circular: los dolios de Echano (Navarra); Canales de la Sierra, Barrios de la Bureba y Navas de la Bureba (Burgos); Ventosilla (Segovia); Pantón (Lugo); Coruña y Santiago de Compostela (La Coruña). El de Olóritz (Navarra) es de sección triangular; el pico ha desaparecido en el de Escalada (Burgos), y en los de Bembrive, Moaña y Rebón (Pontevedra), la erosión impide su determinación.

Embocadura o soplo. La técnica del soplo también puede ser tomada como elemento de clasificación. En casi todos los casos (70,4 %) se puede hablar de soplo indirecto, es decir, con el pico introducido en la boca, a modo de flauta dulce, lo que implicaría la existencia de un bisel posterior. Por el contrario, sólo en seis ocasiones (22,2 %) se observa el uso del soplo directo, utilizando el borde del pico como bisel, tal y como se hace en las siringas. Así sucede en Olóritz (Navarra); Miñón y Monasterio de Rodilla (Burgos), Moarves de Ojeda (Palencia), Ventosilla (Segovia) y Esposende (Orense). No se puede concretar este dato en Vallejo de Mena ni en Escalada (Burgos).

Sujeción. Según la sujeción, comprobamos que el instrumento se sujeta por el pico en Miñón (Burgos), Ventosilla (Segovia), Bembrive y Rebón (Pontevedra). Solo en tres ocasiones aparece sujeto por las dos caras laterales: en Echano (Navarra), Monasterio de Rodilla (Burgos) y Serantes (Orense). Este aspecto no puede ser concretado por diversas causas en Olóritz (Navarra); Barrios de la Bureba, Vallejo de Mena y Escalada (Burgos), y Pantón (Lugo). Finalmente, en todas las demás ocasiones (55,5 %) el dolio es sostenido por la parte inferior del cuerpo.

A la vista de todos estos datos estadísticos, sobre una muestra bastante significativa (27 casos representados), podemos afirmar que lo más habitual es que el dolio tuviera forma cilíndrica, o ligeramente elíptica, y tamaño grande (entre 45 y 50 cm), poseyese un pico plano de sección rectangular, se hiciera sonar con una técnica de soplo indirecto (introduciendo el pico en la boca) y se sujetase por la parte inferior del cuerpo. Muchos poseen cerca de los laterales unos aros, probablemente de refuerzo, que servirían para consolidar la estructura física del instrumento y alguno presenta, en la zona central, hendiduras o círculos, presumiblemente, como motivos decorativos.

Finalizamos con alguna de las conclusiones presentadas anteriormente que, en nuestra opinión, siguen teniendo plena validez:

- Sin duda el dolio fue un aerófono de tono grave y poca variedad sonora cuya función sería la de enriquecer las melodías realizadas por otros instrumentos, con los que habitualmente es representado, mediante notas pedales, lográndose en conjunto una primitiva polifonía.

- La mayor parte de las veces lo hallamos integrado en escenas juglarescas: con otros músicos que hacen sonar instrumentos de cuerda (fídulas y rotas) o viento (cuernos, flautas o gaitas), con danzarinas, animales amaestrados y contorsionistas. A partir del contenido iconográfico de estas escenas, podemos suponer que se tratase de un instrumento utilizado en contextos populares.

- La causa probable de la desaparición del dolio sería el desarrollo de otros instrumentos de técnica más evolucionada y con posibilidades protopolifónicas, como la gaita, la alboka o el organistrum, que harían inútil e innecesaria la recurrencia al dolio para realizar notas pedales o bordonas, provocando su declive y rápido abandono.

BIBLIOGRAFÍA

CANELLAS LÓPEZ, A. & SAN VICENTE, A: Aragón, La España Románica, vol. IV. Ed. Encuentro. Madrid, 1991.

PORRAS ROBLES, F.: Los Instrumentos Musicales en el Románico Jacobeo: estudio organológico, evolutivo y artístico-simbólico. Tesis doctoral. Ed. digital Cervantes Virtual. Alicante, 2007.

---------------------------: Un nuevo aerófono del románico: el Dolio en “Revista de Folklore”, nº 315. pp. 75-85. Ed. Obra Social y Cultural de Caja España. Valladolid, 2007.

SUREDA, J.: La Edad Media, Románico y Gótico, Historia Universal del Arte, vol. IV. Ed. Planeta. Barcelona, 1988.

VÁZQUEZ SACO, F.: La catedral de Lugo, Obradoiro, vol. VI. Ed. Bibliófilos Gallegos. Santiago, 1953.

[1] SUREDA (1988), p. 153: ‘...la presencia sobrenatural del ángel parece haber paralizado al pastor del caramillo y el cayado’ (en alusión al músico con alphorn del anuncio a los pastores; Panteón de S. Isidoro, León).

[2]VÁZQUEZ (1953), pp. 32-33: ‘Sobre el arco se extiende el tornalluvias (...) soportado por canecillos finamente trabajados. (...) Están todos decorados con figuras humanas: de cuerpo entero y en diversas posturas. (...) La cuarta sostiene un libro en el regazo’ (en referencia a un músico con rota o arpa-salterio. Canecillo del tejaroz de la puerta de acceso a la capilla del Pilar; catedral de Lugo).

[3] CANELLAS y SAN VICENTE (1991), p. 342: ‘... A continuación hay un hombre sentado mesándose la barba con las dos manos’ (aludiendo al sonador de alboka; arquivolta superior de la iglesia de Sta. Mª de Uncastillo, Zaragoza).

[4] Dolio (del lat. dolium-ii: tonel), es el nombre que el autor propuso en su día para este aerófono recién ‘descubierto’ que, a lo largo de su tesis Los Instrumentos Musicales en el Románico Jacobeo: estudio organológico, evolutivo y artístico-simbólico’, denominó convencionalmente ‘tonel’ por sus evidentes semejanzas.

[5] PORRAS, F.: Un nuevo aerófono del románico: el Dolio. Rev. de Folklore, nº 315. Páginas 75-85. Ed. Obra Social y Cultural de Caja España. Valladolid, 2007.

[6] Éxodo, 20, 3-6; Deuteronomio, 5, 7-10; 1 Reyes, 8, 60; 2 Reyes, 19, 15;...

[7] Así se hace en la Didascalia Apostolorum Syriaca (s. iii) o las Constituciones Apostólicas (s. iv), obra emanada de la anterior.

[8] El caso más próximo era el de ‘avión’ (ave grande).

[9] En el foro ‘Música maestro’ de la página web del Círculo Románico se dio noticia del hallazgo del dolio y se suscitó todo tipo de discusiones iconográficas y organológicas al respecto. La prensa local se hizo eco de este ‘nuevo’ aerófono del románico (La Voz de Galicia, viernes 6 de marzo de 2009, ed. de Lugo). Últimamente ha sido incluido como instrumento tradicional gallego en el más reciente estudio realizado sobre organología tradicional (Véase CARPINTERO ARIAS, Pablo: Os instrumentos musicais na tradición galega. Ed. DIFUSORA de Letras, Artes e Ideas. Ourense, 2009. pp. 265-269. Véase también http://www.consellodacultura.org/asg/instrumentos/os-aerofonos/dolio-cabazas/).