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Un viejo camino medieval que acompaña al Duero: el Real de Aragón, a su paso por Valladolid

ANTA ROCA, Jesús

Publicado en el año 2013 en la Revista de Folklore número 374.

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Muy perdido en la memoria de la gente, pero no desaparecido, el Camino Real de Aragón, que también se conoce como camino o senda de los Aragoneses, fue un importante itinerario medieval de la España interior. Servía de vía de comunicación entre los reinos de Castilla y Aragón y para ello atravesaba de Este a Oeste la provincia de Valladolid siguiendo el curso del Duero por su orilla derecha. Una desafortunada señalización en los mapas topográficos actuales y algunos percances naturales que han desdibujado el camino en algún tramo, contribuyen aún más si cabe a borrar las huellas del camino que, sin embargo, aún perviven y son visibles.

Las vías romanas, un puñado de incertidumbres

No todas las vías romanas tradicionales de las que se tiene mayor o menor documentación están bien acreditadas. Algunos de los tratados que versan sobre estas son, en realidad, compilaciones que se hicieron en la Edad Media, por lo que se desconoce qué documentos se emplearon, si se desecharon algunos y con qué criterio, tal como advierte Gonzalo Arias en su Repertorio de caminos de la Hispania Romana[1]. Esto ocurre, especialmente, con el Itinerarium Antonini Augusti, las famosas 34 vías romanas de Antonino.

Es un tópico el que la mayoría de los caminos y carreteras españolas se han construido sobre las antiguas calzadas romanas, por lo que no es de extrañar que esto mismo ocurra cuando se trata del camino de los Aragoneses que sirvió para unir Valladolid con Zaragoza a lo largo de la margen derecha del río Duero, al que se le adjudica el carácter de antiguo camino romano.

Un detallado trabajo de Isaac Moreno Gallo, Vías romanas, apunta con grandes dosis de verosimilitud que, al menos en algún tramo, la vía romana que comunicaba Astorga con Zaragoza en su tramo del Duero podría coincidir con la vía que comunicaba Bracara (Portugal) con Caesaraugusta (Zaragoza), que se ha perpetuado en el camino de los Aragoneses y que, por tanto, la vía de Antonino discurrió entre algunas poblaciones de la orilla derecha del Duero.

Sin embargo, como apunta Tomás Mañanes Pérez en Arqueología romana, no hay referencias arqueológicas válidas como para sostener que el citado camino sea una antigua vía romana. Y en esto mismo abunda el estudio arqueológico del Plan General de Ordenación Urbana de Tudela de Duero, al indicar que no hay certeza ni documentación alguna que acredite que la senda de los Aragoneses se pueda vincular a la vía romana que unía Astorga con Zaragoza.

Cierto es que Federico Wattenberg en su libro La región Vaccea incluye la fotografía de un miliario anepigráfico (un mojón sin inscripción alguna) que aún en los ochenta del pasado siglo se podía ver en el término de Pesquera de Duero, debajo de la cuesta de las Pinzas, pero queda la incertidumbre de si no se tratará de un mojón medieval.

De todas formas, esta discutible vía romana ha dejado, al menos, algunos recuerdos en los términos de Villabáñez y Valbuena de Duero en los que, junto al camino de los Aragoneses, hay sendos pagos llamados «La Calzada».

No será romano, pero fue importante

Tal vez el camino de los Aragoneses en su totalidad no pase de ser un camino medieval, aunque pueda haber tramos de posible coincidencia con una vía romana. Sea romano o no, el camino fue importante para la comunicación del Reino de Aragón con el Noroeste español, que por la parte oriental facilitaba una salida al Mediterráneo a través de Barcelona, y por la parte occidental se proyectaba hacia Zamora, Portugal y León. Aunque sobre esto volveremos más adelante, el camino fue tan importante que a partir de cierto momento se comenzó a conocer como Camino Real de Aragón[2]. No en vano el corredor del Duero, especialmente su orilla derecha, era el camino natural de comunicación Este-Noroeste de la península Ibérica.

Ha sido un camino que ha dejado un rastro evidente en la provincia vallisoletana. A pesar de que los mapas no recogen en su totalidad el recorrido, sí que hay tramos y memoria suficientemente consolidados, así como referencias en el callejero de algunos municipios por los que pasaba. Por ejemplo, el Diario de Madrid de 9 de noviembre de 1810 recogía que el Gobierno subastaba una tierra en Villabáñez «junto al camino de los Aragoneses».

Los mapas topográficos han ido borrando parte del itinerario del camino, como en el caso de Bocos de Duero, donde ya no se cita oficialmente —aunque así se sigue llamando en la localidad— como Camino Real de Aragón un tramo que en 1907 aún tenía ese nombre en la planimetría de la época[3].

Además, Corrales de Duero, Bocos de Duero, Pesquera de Duero y Valbuena de Duero conservan el nombre de «Real» para referirse a calles que atraviesan el casco urbano. Y este nombre no puede venir sino de su condición de municipios pertenecientes al Camino Real de Aragón. También algunos municipios de Valladolid tienen alguna calle con ese mismo nombre cuando se trata de lugares por los que atravesaba alguna Cañada Real, pero no es este el caso de las localidades citadas.

Y se puede asegurar que el puente sobre el arroyo Jaramiel a su paso bajo las mamblas de Tudela, difícilmente se explica si no es porque facilitaba el paso del camino de los Aragoneses.

No parece posible establecer una antigüedad al camino (debate al margen de si antes fue o no una calzada romana), pero cabe pensar que este itinerario comenzaría a consolidarse a partir de la Reconquista y repoblación de las tierras al norte del Duero que sucesivamente llevaron a cabo Alfonso III el Magno y Ramiro II a lo largo de las primeras décadas del siglo x. Pero, sobre todo, desde de la toma de Zaragoza por Alfonso I el Batallador en el año 1118.

Aquella efeméride supuso la caída del reino moro y, por tanto, los primeros momentos de una mayor y más intensa comunicación entre los reinos cristianos de Castilla y Aragón.

En cualquier caso, el Duero, sin duda, ha sido un corredor natural de comunicación viaria, y que en lo que a la conexión Zaragoza con Valladolid concierne, al menos durante toda la Edad Media y buena parte del Renacimiento tuvo que discurrir por la margen derecha, pues no había puentes que permitieran entrar en la capital castellana viniendo desde el sur del río.

Por otro lado, la margen derecha permitía acceder con facilidad al puente Mayor de Valladolid para salvar la dificultad del Pisuerga y continuar camino hacia el Norte (en Dueñas se anota la existencia de un Camino Real de Aragón).

Mas, volviendo al concreto camino de los Aragoneses, hemos de indicar que el mismo discurre muy próximo al Duero, buscando el paso por las poblaciones y, también, resolviendo los pasos más complicados y angostos entre el Duero y los páramos que separan los valles del Esgueva y el Duero, especialmente el que existe en La Raya (que así, textualmente, se llama el pago) entre las provincias de Burgos y Valladolid, y el de Peñalba de Duero.

Un camino muy concurrido

¿Cómo era el Camino Real de Aragón? Para respondernos a esto será necesario tener claro que no es posible establecer una imagen fija, pues el camino fue variando a lo largo de los siglos: de ser inicialmente una senda somera, pasaría a tener un firme relativamente bueno que facilitara el paso de carruajes. Además, junto a lo que se puede considerar camino principal, habría variaciones o atajos aptos para caminar pero imposibles para los carruajes.

Indaguemos un poco en reconstruir cómo era el camino y qué clase de personas transitarían por el mismo.

Cuando Madoz (estamos por tanto avanzado el siglo xix) inventaría en su Diccionario geográfico… (1845-1850) los bienes de Roa de Duero, anota que en la citada población hay un «camino de herradura» (también describe como «de herradura» al de Bocos), que conduce desde Aragón a Valladolid, Segovia y la Corte, y que el citado camino «es bastante concurrido».

A la otra orilla del Duero está el pueblo de Fuentecén y de él dice también Madoz que hay un camino de herradura «muy transitado por los arrieros» que pasan desde Zaragoza a Valladolid, Zamora y Salamanca; y en el pueblo de Fuentelisendo, por el que también discurre un Camino Real de Aragón, se indica que por él pasa un camino de herradura.

Tenemos una primera idea precisa de este camino, que en algunos de sus tramos próximos a Valladolid era de herradura (aunque no todo él, como luego veremos). Y un camino de herradura nos viene a decir que solo era apto para caballerías y personas a pie, lo que, de todas formas, no excluye los robustos carros de arriería o similares tirados por potentes, aunque lentos, bueyes.

¿Podemos concluir que siempre fue camino de herradura? Evidentemente, no. Esto sería así, como se ha dicho, en algunos tramos de lo que fue el Camino Real de Aragón, que en general tenía una anchura y un firme razonablemente bueno. Además, no sería lógico catalogar de Camino Real un camino de herradura. Pero más adelante abordaremos esto con detalle.

Se nos advierte, en segundo lugar, que se trata de un camino «muy concurrido». Y, por último, de él reseña Madoz que era usado para la actividad de arriería. De los arrieros sabemos bastantes cosas, por lo que no nos detendremos, salvo dejar subrayado que eso significa que había comercio notable en el camino de Aragón.

Bien, ya sabemos que tenía actividad comercial. Veamos ahora quiénes eran las personas que iban y venían por el camino. Para ello nos puede ayudar un poco el trabajo de José Ignacio Uriol sobre Las calzadas romanas y los caminos del siglo xvi. También habrá que tener en cuenta que Valladolid era sede de la Chancillería, que durante algunos años estuvo la Corte o tuvo estrecha relación con ella, que había diversos y ricos monasterios en la orilla del Duero, que el valle del río es una feraz tierra apta para toda clase de cultivos…

Hay que advertir que aún en el siglo xix los viajes a pie eran la forma más habitual de desplazarse por parte del común de la gente, aunque lo cierto es que la mayoría del pueblo llano no salía en toda su vida del mismo pueblo, aldea, villa o ciudad en la que nacía. No obstante, había notable movimiento en los caminos.

Los desplazamientos venían dados por un buen montón de razones: la migraciones para trabajos temporeros, para faenas agrícolas tales como la siega estival (piénsese en los segadores gallegos que se desplazaban desde su tierra natal hasta el interior de la península en casi todas sus direcciones). Igualmente andaban por el camino los estudiantes que, terminado el curso, regresaban al hogar, los soldados de permiso o de vuelta a casa tras su licencia, y familias que tenían que atender el duelo de deudos cercanos. Por aquí trajinarían profesionales que iban a ofrecer su pericia pueblo por pueblo (alarifes, lañadores, cómicos, curanderos…), vendedores ambulantes y hortelanos de ligera carga. Seguramente, además, había cacharreros ofreciendo cántaros y otros recipientes, pescadores que vendían peces más o menos frescos de río (Pesquera de Duero era población que ofrecía ese producto por los pueblos de alrededor)…

No faltarían peregrinos y romeros, tanto los que tenían a Santiago de Compostela como destino, como los de devociones más locales, quienes acudían a los importantes monasterios ribereños del Duero. Añadamos a las personas en espera de mejor vida en otras tierras, amén de huérfanos, pobres y enfermos profesionales —pícaros— tan abundantes en aquellas épocas.

Tampoco faltarían letrados y litigantes camino de los juzgados y la Chancillería vallisoletana —era un foco de actividad muy importante—, hidalgos y nobles que iban y venían a atender sus intereses a la Corte, a las ciudades principales (Valladolid, Zaragoza…) o a sus posesiones de los municipios del camino.

Y monjes y frailes de los conventos ribereños del Duero, que con alguna frecuencia viajaban para atender asuntos y pleitos relacionados con sus extensas y repartidas propiedades: pastos, molinos, tierras de labranza…

Señores a caballo, criados a pie y, teniendo en cuenta la importancia del camino, habría desplazamiento de tropas y guardias que tenían que resolver conflictos y delitos. De hecho se anota el movimiento de cuadrillas de guerrilleros carlistas y de bandoleros. A este respecto José Luis Velasco, en su trabajo sobre La cueva del hermano Diego, reseña la existencia de un tal Antonio Baraso, alias Chafandín, bandolero muerto de dos tiros en noviembre de 1800, tal como certificaron los cirujanos del monasterio de San Bernardo y de Valbuena de Duero. Es probable que los matadores fueran miembros de su propia banda. Chafandín y su pandilla sembraron el terror por tierras vallisoletanas, salmantinas y zamoranas, y de él se ha escrito, pero sin certeza alguna, que nació en la zona de Pesquera de Duero.

Un camino que va cambiando con los tiempos

Se puede hablar de tres épocas bien distintas. Una, la de lenta consolidación del camino en la Alta Edad Media. Años en los que no sería sino una senda a lo largo del Duero, muy pegada al cauce y siguiendo los poblamientos que hubiere: monasterios, pueblos y aldeas. De esta época a buen seguro que pervive el angosto camino que hoy aún se puede recorrer desde San Martín de Rubiales (Burgos) a Bocos de Duero, y que en 1907 venía claramente marcado como Camino Real de Aragón. Y otro tramo, de gran interés, es la trocha que discurre bajo la verticalidad conocida como Las Peñas[4], a la altura de Peñalba de Duero, una senda que sin duda venía de Sardoncillo. Esta última tenía otra alternativa, y era una a media ladera para resolver las épocas de crecidas del Duero que llegaba a cubrir la más cercana a la orilla. Por aquí el paso de carruajes era totalmente imposible.

Estos estrechos caminos no desaparecieron con la confirmación del Camino Real de Aragón, sino que sirvieron de variantes, acercamiento a lugares más apartados del camino, y de atajos para desplazamientos a pie.

En el siglo xvi parece que el Camino Real de Aragón propiamente dicho ya estaba perfilado, si nos atenemos al Repertorio de caminos ordenado por Alonso Meneses publicado en 1576. El citado repertorio indica que el camino para Zaragoza se desarrolla a lo largo del Duero pasando por Olivares de Duero, San Martín de Rubiales, Hoyales de Roa y Aranda de Duero.

Esto apunta a un recorrido que pasaba por las poblaciones que están en la actual carretera VP-3001 —que desde Pesquera llega hasta Villabáñez—. Un recorrido que viene corroborado, pero también matizado, por el Mapa de la Provincia de Valladolid de Tomás López (1779). En este mapa no aparece nombre alguno de las carreteras y caminos, pero grafía una que claramente viene a coincidir con el Camino Real de Aragón a raíz de las citas que posteriormente hará Madoz en su diccionario. Este camino hace el siguiente recorrido, viniendo de Roa de Duero: Corrales de Duero, Valdearcos de la Vega, Bocos de Duero —en definitiva, el valle del Cuco—; Curiel (aunque tal como lo dibuja da la impresión de que no atraviesa la población), Pesquera de Duero, Monasterio de San Bernardo, Valbuena de Duero, Olivares de Duero, Sardoncillo, Peñalba de Duero (que luego va hacia Villabáñez sorteando claramente los verticales cortados que caen sobre el río), Villabáñez, Tudela de Duero, Fuentes de Duero, El Abrojo, Puente Duero, Simancas, Tordesillas… En Villabáñez el autor apunta un camino evidente hacia La Cistérniga y Valladolid.

El camino en dirección Simancas aún está anotado en la moderna topografía, y aparece como un camino (de los Aragoneses) que discurre entre el polígono industrial de La Mora (en La Cistérniga), y el pico y urbanización La Corala. Sin duda era la dirección que el Camino Real de Aragón buscaba para ir hacia tierras zamoranas.

Este trazado es muy coincidente con el hecho que más arriba hemos apuntado de que Corrales, Bocos, Pesquera y Valbuena tengan entre su caserío una calle con el nombre de «Real», y no precisamente porque por ellos pasara una cañada real.

Hay que destacar la importancia que tuvo Peñalba de Duero, ahora incomunicada por carretera y en la que ya solo habita una familia. Actualmente la senda aquí casi se borra debido a que un derrumbe de las laderas de Las Peñas ocurrido en los años 70 del siglo xx ha cegado el camino. Fue Peñalba lugar importante, pero no grande, con puente incluido que atravesaba el Duero (y que fue destruido durante la guerra de Independencia).

Y además hay que subrayar el foco de atracción que para los viajeros ejercían los monasterios, lugares con numerosa población y pujante actividad económica.

Un tercera época, ya con un Camino Real que nada tiene que ver con el de siglos anteriores, es la que en 1852 se dibuja en el mapa del capitán de Ingenieros, Francisco Coello. Este mapa, como es lógico, es el que más se aproxima a algunas descripciones que del camino hace Madoz en su Diccionario. El mapa indica una carretera en dirección a Valladolid que arranca en Peñafiel y, por tanto, ya no viene marcado un camino generoso desde Bocos.

Pero, mejor sigamos a Madoz: de Roa de Duero (Burgos) dice que por ella pasa «el (camino) Real que conduce de Soria a Valladolid»; de San Martín de Rubiales (Burgos) indica que «pasa por dicho puente el (camino) que dirige á Valladolid, Soria y Aragón». La senda San Martín de Rubiales aún se grafiaba como Camino Real de Aragón en 1907. Ahora se cita como GR 14[5]. De Bocos, Madoz advierte la existencia de un camino «que dirige a Aragón»; de Curiel escribe que «inmediato al pueblo» (es decir, no por el pueblo, sino próximo), pasa un camino que «dirige de Valladolid a Aragón». Y llegados a Pesquera y Olivares dice de ambos que tienen un camino «que de Valladolid dirige a Aragón».

Aunque llegó al siglo xx muy en desuso para comunicar los reinos de Aragón y Castilla, sí ha continuado su uso al menos en los tránsitos interiores: en el puente medieval sobre el arroyo Jaramiel, al pie de la mambla de Tudela, se atestiguan obras de consolidación o ensanche en 1892, tal como testimonia la piedra clave que mira hacia el Sur.

Una de caminos reales… y los Reyes Magos

Antes de concluir es necesario dejar anotado un asunto. En España no hubo solo un Camino Real de Aragón, pues así se solían llamar a las rutas que se comunicaban con Zaragoza. Hubo caminos hacia Madrid, Valencia, dentro del mismo Reino de Aragón, desde Valladolid hacia el Norte (por Dueñas pasaba un Camino Real de Aragón siguiendo la margen derecha del Pisuerga)…

El libro Dirección general de cartas en forma de diccionario, publicado en 1835, refiere la existencia de un camino de postas del siglo xviii que también se llamaba Camino Real de Aragón y que unía Barcelona y Zaragoza con Alcalá de Henares, pasando por Guadalajara. Se trataba de un camino de ruedas utilizado para el correo.

Finalmente, se ha de advertir que hasta que el camino entra en Valladolid, este viene por dos vías distintas: una por Calatayud que seguía el curso del Jalón y que tenía como principal dirección Madrid. No obstante, en un punto determinado un ramal venía a buscar la margen izquierda del Duero hacia Valladolid. Para hacernos una idea, Madoz (1845-1850) describe que en Morón de Almazán hay caminos carreteros que se dirigen a Aragón y Valladolid. Es decir, que ya hay un ramal que se aleja de la dirección Calatayud-Madrid para venir a buscar la dirección de Valladolid. De hecho, en Fuentecén, Fuentelisendo y Valdezate, ya a punto de entrar en Valladolid, Madoz anota que por estos términos hay un camino que conduce de Aragón a Valladolid.

Otro camino real de Aragón partía de Tarazona. Venía por la parte derecha del cauce del Duero y del que diremos, para más fácilmente situarnos, que va buscando Roa de Duero como referencia importante antes de entrar en tierras vallisoletanas. Y que es al que con detalle nos hemos venido refiriendo.

En fin, el Camino Real de Aragón a su paso por Valladolid también ha servido para alimentar la fantasía, pues en Tudela de Duero algunas familias cuentan a sus hijos que cada 6 de enero los Reyes Magos vienen por el camino de los Aragoneses. Y no mienten, pues, al menos el camino, viene de Oriente.

BIBLIOGRAFÍA

Arias, Gonzalo: Repertorio de caminos de la Hispania romana. Autoedición, 2004.

Coello, Francisco: Valladolid (provincia). Mapas generales. 1852. Localizado en Biblioteca Digital de Castilla y León.

Espinalt y García, Bernardo: Dirección general de cartas en forma de diccionario. Imprenta de Pedro Sanz, 1835.

López, Tomás: Mapa de la provincia de Valladolid. 1779. Localizado en Biblioteca Digital de Castilla y León.

Madoz, Pascual: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar. Madrid, 1845-1850.

Meneses, Alonso de: Repertorio de caminos. Ordenado por Alonso de Meneses, correo. Añadido el Camino de Madrid a Roma. Con un Memorial de muchas cosas sucedidas en España. Y con el Reportorio de cuentas, conforme a la nueva premática. Alcalá de Henares, 1576.

Moreno Gallo, Isaac: Vías romanas. Vía romana de Clunia a Simancas. www.traianvs.net.Pérez Mañanes, Tomás: Arqueología romana. Diputación de Valladolid, 2009.

Uriol Salcedo, José Ignacio.: Las calzadas romanas y los caminos del siglo xvi . Revista de Obras Públicas. 1985.

Velasco, José Luis: La cueva del hermano Diego. Fundación Joaquín Díaz, Revista de Folklore n.º 105, 1989.

Wattenberg, Federico: La región Vaccea. Celtiberismo y romanización en la cuenca media del Duero. Consejo Superior de Investigaciones Científicas / Diputación Provincial de Valladolid, 1959.


[1] Para esta cita y todas las demás, ver bibliografía al final del texto.


[2] La topografía actual registra en Valladolid el nombre de camino o senda de los Aragoneses, pero no el exacto término de «Camino Real de Aragón».


[3] Una acertada iniciativa de colectivos culturales del Valle del Cuco ha servido para poner indicadores y señales que indican sendas por las que discurría el camino.


[4] Las Peñas, como tradicionalmente se han conocido los cortados sobre el Duero en Villabáñez, ahora se cartografían con el nombre de La Corona.


[5] Por GR 14 se conoce la Gran Ruta 14 del Duero. Una de esas señalizaciones senderistas que organizan las Federaciones de Montaña de las Comunidades Autónomas.