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Sones populares en el recuerdo

GUERRERO ELECALDE, Isabel

Publicado en el año 2013 en la Revista de Folklore número 375.

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Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 375 en formato PDF >

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Estas canciones han sido grabadas en Santoña durante las Navidades de 2010 por Isabel Guerrero Elecalde. Las mujeres que cantan son Elisa Saiz Crespo, Manuela Guerrero Gutiérrez, M.ª Josefa Lanza y la misma autora[1]. Todas las mencionadas, excepto esta última, han trabajado en fábricas de pescado durante largos períodos de su vida y todas recogen canciones que han oído y aprendido en su casa de manos de la abuela, Elvira Gutiérrez González, natural de Escalante (Cantabria).

A nuestras abuelas

Las canciones tradicionales son aquellas en las que el pueblo siembra su impronta creativa, se adueña de ellas y las hace suyas transmitiéndolas de generación en generación. Pertenecen, pues, a la memoria colectiva de todos nosotros. Dentro de este género existen varios tipos, como testimonian los libros de literatura: canciones de trabajo, de boda, romances, canciones de corro, de rueda… algunas de ellas recogidas desde el siglo xv y ampliamente estudiadas por los especialistas. Lo que parece imposible es su pervivencia en el ultratecnificado mundo actual. Doy fe de que es así. Este trabajo es una recopilación de canciones recogidas en Santoña estas navidades, cantadas por diferentes mujeres de la villa. Muchas de ellas se han cantado durante la costera del bocarte en las fábricas de pescado. Se han utilizado, pues, como canciones de trabajo, aunque, como se verá más adelante, tienen diferente origen. Otro punto en común entre ellas es el hecho de que pertenecen al mundo de las mujeres, pues son ellas las que trabajan en las conserveras y porque son también quienes —ya en sus casas— las han transmitido a sus hijos como canciones de juegos, canciones de cuna, etc., lo que hace que sobrevivan algunas de ellas como canciones infantiles y que no podamos separar en algunos casos cuál es cuál. Podríamos decir que nuestra literatura de tradición oral sobrevive hoy, en gran medida, gracias a la labor de mujeres y niños.

Es una pena que no se les pueda incluir la música para que podáis oírlas al completo. No obstante, incluyo en este trabajo alguna página web donde podéis hacerlo de una forma aproximada a como yo las tengo registradas. Quizá las conozcáis también y estoy segura de que podéis añadir muchas más, aunque por razones de espacio hemos circunscrito el trabajo a un tipo de canciones concretas recogidas en un pueblo de Cantabria y en torno a una actividad. Hoy ya no dejan cantar en las fábricas y es solo la memoria de todos la encargada de que estas joyas literarias sigan viviendo entre nosotros.

Empezaremos por la más antigua…[2]

Estaba don Fernandito, ay, ay, estaba don Fernandito

a las orillas del mar, a las orillas del mar,

dando agua a su caballo, ay, ay, dando agua a su caballo.

Fernandito echó un cantar. Fernandito echó un cantar.

La reina lo estaba oyendo, ay, ay, la reina lo estaba oyendo

desde su palacio real, desde su palacio real.

Mira, hija, ¡qué bien canta!, ay, ay, mira, hija, qué bien canta

la sirenita del mar, la sirenita del mar.

No es la sirenita, madre, ay, ay, no es la sirenita, madre.

Ni lo es, ni lo será; ni lo es, ni lo será.

Es el rey don Fernandito, ay, ay, es el rey don Fernandito

que me viene a mí a buscar, que me viene a mí a buscar.

Si te viene a buscar, hija, ay, ay, si te viene a buscar, hija,

lo mandaremos matar, lo mandaremos matar.

Si lo mandas matar madre, ay, ay, si lo mandas matar, madre,

mándame a mí degollar, mándame a mí degollar.

A la mañana siguiente, ay, ay, a la mañana siguiente

dos entierros vi pasar, dos entierros vi pasar.

Era el rey don Fernandito, ay, ay, era el rey don Fernandito

que lo llevan a enterrar, que lo llevan a enterrar.

A ella como hija de reyes, ay, ay, a ella como hija de reyes

la entierran en un altar, la entierran en un altar.

A él como hijo de condes, ay, ay, a él como hijo de condes,

dos pasitos más atrás, dos pasitos más atrás.

En el medio de los dos, ay, ay, en el medio de los dos

nace un rico naranjal, nace un rico naranjal,

donde se curan los dedos, ay, ay, donde se curan los dedos,

los dedos y lo demás, los dedos y lo demás.

La reina, como era reina, ay, ay, la reina, como era reina,

su dedito fue a curar, su dedito fue a curar.

Oyó una voz que decía, ay, ay, oyó una voz que decía:

Aquí no te curarás, aquí no te curarás.

Cuando éramos pequeños, ay, ay, cuando éramos pequeños

nos mandaste degollar, nos mandaste degollar.

Ahora que somos mayores, ay, ay, ahora que somos mayores

nos vienes a visitar, nos vienes a visitar.


Esta es una versión del conocido Romance del conde Olinos, conde que aparece en otras versiones como conde Niño y que ha sido recogido entre otros por Menéndez Pidal, Manuel Alvar, Paloma Díaz Mas… Esta versión es una mezcla de dos: una de ellas la recogida por Sixto Córdova y Oña en Cancionero infantil español (Aldus, Santander, 1947, pág. 272 [COR]) y la que recoge Maza Cossío en Romancero popular de la montaña (Soc. Menéndez Pelayo, Santander, 1934-1935, vol. I, pág. 53 [COSS]).

Romance de Mariana Pineda

Hemos recogido uno de los diferentes romances y canciones que sobre esta heroína granadina que murió por haber bordado una bandera liberal surgieron en la imaginería popular. De ella se puede oír la versión musicada por Joaquín Díaz en la página web que adjunto en la bibliografía, así como otras canciones sobre este personaje. Lo popular de esta figura histórica se atestigua por el hecho de su pervivencia en romances, así como porque el gran García Lorca la hiciera protagonista de una de sus obras de teatro.

Marianita salió de su casa y al encuentro llegó un militar

que le dice: «¡Por Dios, Marianita, que hay peligro! ¡Vuélvase usted atrás!»

Marianita se metió en su cuarto y allá sola se puso a pensar:

¡Si Pedrosa me viera bordando la bandera de la libertad!

¡Ay, Pedrosa, cómo me has mentido! ¡Ay, Pedrosa, no fuiste leal!,

que el registro que en mi casa ha habido varias pruebas le dan al fiscal.

Marianita, al juzgado te llaman y te llaman para declarar;

si confiesas lo que te reclaman aún la vida te pueden salvar.

A sus hijas llevan a la sala por ver si algo pueden conseguir.

Y contesta Mariana muy firme: «No confieso, prefiero morir».

A Mariana llevan al cadalso, mucha gente llorando allí va

y sus hijas por detrás decían: «¡Vuelve a casa, querida mamá!»

Oh, qué día tan triste en Granada que a las piedras les hizo llorar

al ver que condenan a Mariana al cadalso por ser liberal.


Como vamos observando, son canciones que se caracterizan por su gran dramatismo e incluso por la truculencia de alguno de sus contenidos.

En el barranco del lobo[3]

Este romance tiene también un contenido histórico. Los episodios históricos están en el origen de los romances si seguimos la teoría de don Ramón Menéndez Pidal. Este pertenece a nuestra historia reciente, en concreto a unos hechos que ocurrieron a principio del siglo xx en el norte de África y que tras ser difundida como romance de ciegos pasó a los juegos infantiles. Se han recogido diferentes versiones del mismo, especialmente al sur de España. He aquí la nuestra:

En el barranco del lobo, hay una fuente que mana

sangre de los españoles que murieron por España.

Pobrecitas madres, cuánto llorarán

al ver que sus hijos a la guerra van.

Ni me lavo, ni me peino, ni me pongo la mantilla

hasta que venga mi novio de la guerra de Melilla.

Pobrecitas madres, cuánto llorarán

al ver que sus hijos a la guerra van.

Melilla ya no es Melilla; Melilla es un matadero

donde se matan los hombres como si fueran corderos.


Milagro de san Antonio[4]

No falta tampoco alguna canción de tipo religioso, como es esta versión del milagro de san Antonio, santo muy milagrero y popular como atestiguan las diferentes versiones de esta canción recogidas en toda España (León, Toledo, Extremadura…). Según las fuentes que he consultado, unos atribuyen el milagro a san Antonio Abad, patrón de los animales y otros a san Antonio de Padua, santo muy milagrero y popular al que tradicionalmente se ha acudido para encontrar novio. Creo poder corroborar que se trata de este último. Es muy bonita la relación de los diferentes pájaros que se mencionan en ella, lo que le da un marcado carácter infantil. Podéis oírla en una versión del Nuevo Mester de Juglaría. Incluyo la letra entera, aunque por su tamaño no he podido recogerla en su totalidad:

Divino Antonio precioso, suplicad al Dios inmenso 
que por tu gracia divina alumbre mi entendimiento

para que mi lengua refiera el milagro 
que en el huerto obraste de edad de ocho años.

Desde niño fue criado con mucho temor de Dios, 
de sus padres estimado y del mundo admiración.

Fue caritativo y perseguidor 
de todo enemigo con mucho rigor.

Su padre era un caballero cristiano, honrado y prudente, 
que mantenía su casa con el sudor de su frente.

Y tenía un huerto donde recogía 
cosechas del fruto que el tiempo traía.

Por la mañana un domingo, como siempre acostumbraba, 
se marchó su padre a misa, cosa que nunca olvidaba.

Y le dijo: «Antonio, ven acá, hijo amado, 
escucha, que tengo que darte un recado.

Mientras que yo estoy en misa gran cuidado has de tener, 
mira que los pajarillos todo lo echan a perder.

Entran en el huerto, pican el sembrado, 
por eso te advierto que tengas cuidado».

Cuando se ausentó su padre y a la iglesia se marchó, 
Antonio quedó cuidando y a los pájaros llamó.

Venid, pajaritos, dejad el sembrado, 
que mi padre ha dicho que tenga cuidado.

Para que mejor yo pueda cumplir con mi obligación, 
voy a encerraros a todos dentro de esta habitación.

Y a los pajarillos entrar les mandaba, 
y ellos muy humildes en el cuarto entraban.

Por aquellas cercanías ningún pájaro quedó 
porque todos acudieron cuando Antonio los llamó.

Lleno de alegría san Antonio estaba,
y los pajarillos alegres cantaban.

Al ver venir a su padre luego les mandó callar,
y llegó su padre a la puerta y comenzó a preguntar:

«¿Qué tal, Antoñito? Ven acá, hijo amado,
¿de los pajaritos qué tal has cuidado?».

El hijo le contestó: «Padre, no tenga cuidado, 
que para que no hagan daño, todos los tengo encerrados».

El padre que vio milagro tan grande, 
al señor obispo trató de avisarle.

Acudió el señor obispo con grande acompañamiento, 
quedando todos confusos al ver tan grande portento.

Abrieron ventanas, puertas a la par,
por ver si las aves se quieren marchar.

Antonio les dijo entonces: «Señores, nadie se agravie,
los pajarillos no marchan hasta que yo se lo mande».

Se puso a la puerta y les dijo así:
«¡Ea, pajarillos, ya podéis salir!

Salgan cigüeñas con orden, águilas, grullas y garzas,
gavilanes y avutardas, lechuzas, mochuelos y grajas.

Salgan las urracas, tórtolas, perdices,
palomas, gorriones y las codornices.

Salgan el cuco y el milano, burla pastor y andarríos
canarios y ruiseñores, tordos, gafarrón y mirlos.

Salgan verderones, y las corderinas,
y las cogujadas, y las golondrinas».

Al instante que salieron todas juntitas se ponen, 
escuchando a san Antonio para ver lo que dispone.

Antonio les dijo: «No entréis en sembrados,
marchad por los montes, por riscos, los prados».

Al tiempo de alzar el vuelo, cantan con dulce alegría,
despidiéndose de Antonio y la insigne compañía.

El señor obispo, al ver tal milagro,
por diversas partes mandó publicarlo.

Árbol de grandiosidades, fuente de la caridad, 
depósito de bondades, padre de inmensa piedad.

Antonio divino, por tu intercesión, 
todos merezcamos la Eterna Mansión.


Estaba la Coronela

Uno de tantos romances sobre la fidelidad de la mujer a su esposo. Nos llega fragmentado, como prueba la versión recogida por Juan M. Haya. Esto es muy frecuente con la literatura tradicional; así como la aparición de diversas versiones o la inclusión de palabras sin sentido. Nótese este pañuelo bordés (bordado), que aparece en otras versiones como: se le nota que es marqués. Esta canción está recogida en la fonoteca de Joaquín Díaz.

Estaba la coronela sentadita el mes de abril,

con los pies a la frescura viendo el agua salir.

Pasaba un soldadito, un soldadito del rey;

Le pregunta a la señora y la señora a él:

—¿Ha visto usted a mi marido en la guerra alguna vez?

—Si lo he visto no me acuerdo; dígame usted cómo es.

—Mi marido es alto y rubio, alto, rubio, aragonés.

Y en la punta de la espada hay un pañuelo bordés.

Y a esas tres hijas que tengo muy pronto las colocaré.

Una en casa de doña Juana, otra en casa de doña Inés,

y la más chiquitina conmigo la llevaré

para calzarla y peinarla y para darle de comer.


Lázaro tenía un hijo[5]

Podría continuar con alguna canción más, pero para finalizar este trabajo me gustaría terminar con esta particular versión del Romance de la infanticida que ejemplifica el gusto por el dramatismo y la truculencia de estas canciones y que tiene un comienzo que nos recuerda al Romance de Delgadina que se canta en tierras de Zamora. Ambos tienen parecido comienzo, aunque la víctima sea de distinto sexo. En nuestro romance las causas del asesinato están ocultas y la figura materna posee una maldad extrema e injustificable. Como contrapunto los animales presentan mayor humanidad que ella y es el propio hijo el que evita que su padre cometa un sacrilegio que le remordería toda la vida. Es un milagro que recuerda al de Santo Domingo de la Calzada donde «cantó la gallina después de asada» para salvar la vida del joven. El castigo de la madre es también proporcional a su atrocidad:

Lázaro tenía un hijo (bis), más hermoso que la plata (bis).

Cuando su padre marchaba (bis) la madre lo degollaba (bis).

Con un cuchillo de acero (bis) la asadura le sacaba (bis).

La asadura de aquel niño (bis) a los perros se la echaba (bis).

Los perros, como animales (bis), lo olían y lo dejaban (bis).

A las doce vino el padre (bis) preguntando por su hijo (bis).

Siéntate, marido, y come (bis), que tu hijo en la calle anda (bis).

A la primera cucharada (bis) la carne en el plato habla (bis).

No me comas, padre mío (bis), que soy tu hijo del alma (bis).

La cogió por las orejas (bis), la tiró por la ventana (bis).

Aquí termina la historia (bis) de una mujer criminala (bis).

El zamorano empieza así:

Tres hijas tenía el rey

todas tres como la plata…

Todas son joyas de nuestra cultura que tenemos todos el deber de conservar.


BIBLIOGRAFÍA

Para el ROMANCE DE DON FERNANDITO

http://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista6/OLINOS/VARIAN.HTM

RICO BELTRÁN, Amparo: ”Breve historia comparativa del Romance del Conde Olinos. L.E.M.I.R. Rev. n.º 6, 200, (ISSN 1579-735 X).

Para el ROMANCE DE MARIANA PINEDA

http://www.marianapineda.com/musicaylibertad6.htm

Para el ROMANCE DEL BARRANCO DEL LOBO

http://www.weblitoral.com/archivo de textos/palabras-mayores/romances-e-historias-de-cordel/El barranco del lobo

Para EL MILAGRO DE SAN ANTONIO

http://ceciliomadrigal.blogspot.com/2008/07/el-milagro-de-san-antonio-cancion-y.html

LITERATURA ORAL DE TRASMIERA (CANTABRIA), vol. I , Romances y poesía tradicional, Juan M. Haya Martínez.


[1] Los siguientes enlaces dirigen a los archivos sonoros originales del artículo disponibles en la Web en formato MP3:

Romance de don Fernandito: http://www.ivoox.com/romance-estaba-don-fernandito_md_2063975_1.mp3

En el barranco del lobo: http://www.ivoox.com/romance-en-barranco-del-lobo_md_2080428_1.mp3

Romance de san Antonio: http://www.ivoox.com/romance-milagro-san-antonio_md_2080442_1.mp3

Lazaro tenía un hijo: http://www.ivoox.com/romance-lazaro-tenia-hijo_md_2080449_1.mp3


[2]http://www.ivoox.com/romance-estaba-don-fernandito_md_2063975_1.mp3


[3]http://www.ivoox.com/romance-en-barranco-del-lobo_md_2080428_1.mp3


[4]http://www.ivoox.com/romance-milagro-san-antonio_md_2080442_1.mp3


[5]http://www.ivoox.com/romance-lazaro-tenia-hijo_md_2080449_1.mp3