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Quién fue y quién es Lorenzo, el protagonista de Diario de un jubilado

URDIALES YUSTE, Jorge

Publicado en el año 2013 en la Revista de Folklore número 376.

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Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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Tres diarios deliciosos escribe Miguel Delibes en tres etapas bien distintas de su vida. Tres diarios que se conectan entre sí a través de un mismo protagonista principal: Lorenzo, el personaje que más se pareció a su creador. En Diario de un jubilado, Lorenzo ya es un anciano que lleva una vida más o menos placentera. Lo que fue y lo que es Lorenzo en este último diario es lo que se relata a continuación.

Ficha biográfica

Lorenzo es el «yo» de Delibes en sus libros, pero un «yo» rebajado. Así lo reflexionó el escritor, que caracterizó a Lorenzo aproximadamente como era él, con una vida que transcurría de lunes a sábado por Valladolid y que se cambiaba por el campo y la caza los domingos.

La pasión de Lorenzo por la caza le viene de su padre, como a Delibes. Cuando el padre de Lorenzo se queda manco, porque le siega la mano derecha una guillotina, sigue cazando. Pero, tras fallar en el disparo zurdo a una liebre, no soporta el contratiempo y se muere a los tres meses, dice su hijo que por no poder cazar. La madre le contará a Lorenzo que el mismísimo gobernador de Valladolid le tenía por la primera escopeta del país.

En lo que haga referencia a la caza, Lorenzo es exigente y certero. No le basta cualquier arma. Su gran ilusión es la escopeta Jabalí del .16, que él tiene por ligerita y que brilla bien. Aunque, según le dice su amigo Tochano, esta escopeta es de un calibre a extinguir, la verdad es que Lorenzo acierta muy bien con ella, quizá porque es zurdo.

Su condición de zurdo le hace pensar que tiene el brazo y el pecho izquierdos más desarrollados que el derecho. Incluso que, cuando se dejó el bigote, el pelo era más recio del lado izquierdo.

Prepara con su amigo Melecio los cartuchos. No le importa el tiempo que gasten en recargar. Melecio trae los pistones de la cárcel. Queman mejor que los de fábrica y eso va en bien de la caza.

Lorenzo es un joven con novia en Diario de un cazador. La novia se llama Anita y es hija de un churrero. Trabaja en una buñolería. Desde el principio le dirá Lorenzo que no cuente con él los domingos, que como cazador es hombre de campo.

Vive en Valladolid con su madre y tiene una cuadrilla de amigos con los que sale de caza los domingos.

En Diario de un emigrante, Lorenzo ya está casado y vive con su mujer en Hispanoamérica. Sigue saliendo de caza pero no la disfruta como en España.

Diario de un jubilado es el último diario de esta trilogía en el que Lorenzo es el protagonista. Estamos ante un hombre jubilado, con otro modo de vida y otros ritmos. Estamos ante un hombre que es y se comporta así:

Lorenzo empieza su diario, Diario de un jubilado, con 60 años. Cumple los 61 a medio relato, el día 15 de abril (15 de abril en el calendario del libro). Cuenta el 6 de octubre que echó la barba en un centro de Segunda Enseñanza y que allí estuvo trabajando veinte años de su vida, de los cuales presume: «Para tanto como eso no me tiré yo veinte años en un centro docente, como yo digo» (21 de noviembre). Otros tantos años los pasará en Futesa (25 de noviembre). Lo que piensa de sí (15 de noviembre) es que es un hombre «con educación y buena percha». El 29 de noviembre confiesa que es zurdo. El 4 de diciembre, cuando le dan en casa de los Piera un gabán azul, de paño de Béjar, bien cortado, que le viene como un guante, la parienta dice que parece un figurín. Se le da bien el tango: cuando baila con la Faustina en Castrillo, les hacen corro y les ovacionan. Solo, cuando le deja su mujer, se pone malísimo de tomar huevos. Se va como una canilla o sigue con la escurribanda hasta el 1 de diciembre. Cuenta el 14 de diciembre que cogió la salmonella, que se quedó deshidratado. Pasado el peligro, permaneció seis días en la UVI y siete en observación, en casa, con su mujer Ana.

Familia

Lorenzo está casado con Ana, Anita, su mujer, a la que llama «la parienta». La conoció lustros atrás en Diario de un cazador en la buñolería que tenía el padre de la chica. El matrimonio ha tenido dos hijos: Lorencín y Sonia. Los hijos les han dado nietos. Dos de Lorencín, que son unos meones, y una niña de la hija, Anita. El viejo Lorenzo tiene una hermana, la Modes, aquella que tantas veces vino a pedirle favores en Diario de un cazador. La Modes y su marido, Serafín, tienen un hijo, José Antonio. En América está enterrado un tío suyo, Egidio. A los difuntos que tiene cerca los visita con frecuencia en el camposanto.

Cazador y hombre de campo

Lorenzo echa de menos los tiempos, hace 30 años, en que era cazador.

Con Melecio en lo de Muro rememora jornadas gloriosas de caza. Melecio le recuerda detalles: el de la perdiz que tropezó con un cable y el del zarapito.

En el Hogar charla con Melecio de la caza. Gozó con la caza. Nada se le compara: «Ni el R-11... un pleno al 14, pueden compararse con el pelotazo de una perdiz en la ladera de la Sinova».

Cree que lo que busca con la propiedad de la parcela es el viejo olor a tomillo y espliego perdido desde que colgó la escopeta. En la parcela se pone a pensar que el campo está bien para las ovejas. El olor a espliego y a tomillo ya no le encandila. Pese a todo, le saca utilidad a su parcela y allí siembra pimientos y tomates. Recibirá Lorenzo una carta que le escribe el presidente de El Sardón: no quiere ver ni mechinales ni hortalizas en la parcela. O edifica o vende.

Venderá finalmente la parcela a un mermado de Rodales de Hornilla por setecientos papeles el metro, que son cien menos de lo que le costó.

La redacción del diario

Escribe su diario. Jubilado, si su amigo Melecio toca la flauta, él escribe «estas cosas», su diario, que le acompañan. Cuando cazaba, el cuaderno olía a tomillo y, ahora, cuenta el 13 de noviembre, «más parece un gorigori».

Le anima Melecio, tras el encuentro con los extranjeros, a sacarle otro provecho al diario. Piensa Melecio que le pueden dar dinero por él.

Se pregunta por el interés del diario que escribe. Melecio, que fue quien «le metió en estos cantares», piensa en este momento de abril que solo sirve para pasar el rato.

Televidente de culebrones

Lorenzo, en Diario de un jubilado, se ha vuelto un fiel televidente. Con la parienta se traga los culebrones que echan por televisión, «que menudo invento» la tele.

El que el 26 de octubre mande diecisiete cartas al concurso El precio justo y el 28 de noviembre envíe otras quince al Un, dos, tres…, para concursar como «sufridores», son dos pruebas más de que el viejo Lorenzo está enganchado a la televisión. Pero, por encima de estos concursos, están para él los culebrones, que ve con Anita y que le hacen llorar.

Apuestas y concursos

El jubilado Lorenzo es un hombre aficionado a las apuestas y a los concursos:

El 26 de octubre envía diecisiete cartas a la tele, a El precio justo. El 3 de mayo manda veinte cartas a El precio justo y dieciséis al Un, dos, tres. El 6 de octubre, nueva remesa de cartas, veinte, a El precio justo y 15 para «sufridores».

El 14 de noviembre recibe una carta del Un, dos, tres…, para participar como «sufridores», él y Ana.

Es un habitual jugador de bonoloto y tiene una combinación preferida.

Termina el diario un 14 de diciembre cuando Anita le dice que volverán a llamar del Un, dos, tres… y si está de Dios, a lo mejor, les toca el apartamento y un coche.


BIBLIOGRAFÍA

Delibes, Miguel, Diario de un jubilado. Ed. Destino, Colección Áncora y Delfín, vol. 738, tercera edición, abril, 1995.