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Editorial

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 1984 en la Revista de Folklore número 43.

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En el proceso complejo al que se ve sometida la tradición oral sucede con frecuencia que aficiones y rituales en que participaba una comunidad hayan quedado reducidos al recuerdo o la anécdota, conservados por la persona de edad; no ha sucedido así, lógicamente, en aquellos aspectos de la cultura campesina en los que la memoria individual tenía a su cargo la entrega de material. Muchos géneros se han beneficiado de esta circunstancia, si bien sus intérpretes han visto reducidos los ámbitos en que normalmente podían desarrollar su actividad -público, familiar y personal- al último de ellos casi exclusivamente. Sin embargo, es evidente que en la tradición tal ámbito constituye un estadio insoslayable. Una procesión de rogativas, por ejemplo, considerada como rito colectivo habrá de seguir hasta su completo olvido o su erradicación un proceso similar al que vamos a describir:

1. Desaparición de la fe.- Es decir, desconfianza en parte de la población sobre el hecho de que Dios envíe la lluvia en el momento preciso.

2. Desaparición del simbolismo.- Puede haber falta de fe pero cierta confianza en que la costumbre aún funcione, o, simplemente, cierto aprecio por el rito.

3. Desaparición del rito.- Racionalizando en exceso la costumbre se puede llegar a la conclusión de que ni siquiera la procesión es necesaria, lo que lleva a suprimirla.

4. Desaparición de la liturgia.- Los cánticos y oraciones que acompañaban el acontecimiento van olvidándose a medida que su falta de uso se va generalizando y quedan relegados en la memoria de cada persona; llegados a este punto sólo las características estéticas o una corriente de interés ajena al tema pueden librarlo del total olvido.

Como vemos, el último paso de esta andadura se cierra con la intervención o inhibición directa del individuo; de ahí la importancia dada por antropólogos, etnólogos y folkloristas al "informante".