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Contribución al estudio evolutivo de la posposición en una lengua africana: el agni

EKOU, Williams Jacob

Publicado en el año 2013 en la Revista de Folklore número 379.

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Resumen:

La lengua agni utiliza el procedimiento general de la aposición (adposition) para formar palabras compuestas. A diferencia de lenguas como el español, que prefiere la anteposición, el agni se decanta por la posposición.

En este trabajo se analizan una serie de términos, sustantivos en origen, que muestran diferentes grados de evolución, con los consiguientes cambios semánticos: algunos muestran transformaciones relacionadas con la metonimia y otros, muy gramaticalizados, presentan un elevado grado de decoloración (bleaching).

PALABRAS CLAVE: aposición, posposición, formación de palabras, elipsis.

Contribution to the study of the evolution of postposition in an African language: the Agni

Abstract:

The Agni language uses the general morphological procedures of adposition to form compound words. Unlike languages, such as Spanish, that prefer preposing, Agni differs for its postposition.

This paper examines a number of terms, substantive in origin, showing different degrees of evolution, with subsequent semantic changes, some show changes related to metonymy and others, very grammaticalized, have a high degree of bleaching.

KEYWORDS: adposition, postpositon, word formation, ellipsis.

Introducción

La formación de palabras ha suscitado mucho interés entre especialistas como Creissels (1979), Alvar Ezquerra y Miró Domínguez (1983), Lang (1992), Dubois y otros (1992), Alvar Ezquerra (1995), Guerrero Ramos (1995), Seco (1995), Felíu (2006) o Varela (2012), entre otros. Si todos coinciden en que la formación de palabras se hace, generalmente, por composición o derivación, algunos discuten la definición de palabra, sobre todo en la composición, como bien subraya la Real Academia Española (2010: 191) en su Nueva gramática de la lengua española: «Para evitar las numerosas dificultades que presenta el concepto palabra, algunos autores prefieren definir el compuesto como aquella forma que contiene más de una raíz en su interior». Según Varela (217), «we may define compounding as a word formation process by which two or more lexemes combine to constitute a complex Word, which is a lexical unit from a semantic, phonological, and functional point of view».

Nuestra intención en este trabajo no es incidir en esta polémica, sino partir de los conceptos de formación de palabras ya existentes para hacer un estudio descriptivo de algunos elementos de la lengua agni, hablada en Costa de Marfil, porque, al igual que las demás lenguas, esta también se enriquece gracias a los procesos de composición.

Los términos que van a ser objeto de este estudio son kùló («pueblo»), súá («tronco»), fúò («persona»), nún («interior del cuerpo») y sú («oreja»), muy productivos cuando se utilizan pospuestos a ciertos lexemas. Su anexión a otras palabras implica cambios morfológicos y semánticos. Este procedimiento se conoce como adposition, cuya definición más reciente la hallamos en Kurzon y Adler (2): «Adpositions are usually defined as invariable elements, preceding or following a complement of a nominal nature and relating it to another element of the sentence. But an elementary definition such as this one, which purposively leaves out the semantic component, may no present a full account of the picture».

Nos ocuparemos, asimismo, del dominio de la prosodia, ya que muchos de los vocablos que nos interesan se diferencian de otros solamente por la entonación. No olvidemos que por esa peculiaridad la lengua agni, como muchas otras africanas, se considera lengua tonal.

Finalmente, distinguiremos los casos con ausencia de gramaticalización y aquellos otros que presentan el proceso de gramaticalización totalmente cumplido, como se probará con los dos últimos casos analizados (nún y sú).

1. KÙLÓ

Kùló («pueblo») se transcribe fonológicamente con un tono bajo sobre la primera sílaba y un tono alto sobre la segunda. Como ocurre con numerosas palabras en agni, esta se puede confundir con otra que significa «amar» si se ponen tonos bajos en ambas sílabas (Burmeister, 1999: 21). En opinión de este autor (Burmeister, 1982: 165), «il y a deux tons phonologiques en agni: haut et bas. Ces deux tons peuvent se combiner dans une seule syllabe pour former un ton mélodique montant ou descendant».

El vocablo kùló sigue siendo un sustantivo con su significado primitivo: min ko kùló («me voy al pueblo»), pero también puede combinarse con ciertos elementos léxicos, por lo general antropónimos, en posición pospuesta[1], para generar una palabra compuesta de significado locativo. Kwasikùló es la combinación de dos lexemas nominales independientes: el antropónimo Kwasi y el sustantivo kùló («pueblo»). Ambos dan lugar al compuesto toponímico que significa «pueblo de Kwasi», que conserva la categoría gramatical nominal.

En realidad, las combinaciones con kùló no se analizan como un compuesto simple, sino como un sintagma posesivo o syntagme génitival, como se denomina en francés. Según Creissels (2009: 3), «la notion de syntagme génitival repose sur la constatation que toutes les langues disposent de constructions vérifiant les deux conditions suivantes:

- syntaxiquement, ces constructions confèrent à un constituant nominal N2 une fonction de détermination relativement à un autre constituant nominal N1 dans lequel N2 est enchâssé;

- sémantiquement, ces constructions ont la particularité de spécifier de manière minimale la relation entre les référents de N1 et de N2 qui autorise l’énonciateur à traiter N2 comme déterminant de N1, et leur emploi est notamment particulièrement usuel lorsque N2 a pour référent un individu humain et que la relation entre les référents de N1 et N2 relève de l’un des trois prototypes autour desquels s’organise la notion de sphère personnelle d’un individu […]». (Creissels, 2009: 3)

Continúa Creissels (2009: 3): «En français, cette définition s’applique à la construction ou un substantif se combine à un modificateur ayant la forme de “N” et pouvant être représenté par un déterminant possessif».

Por su parte, Ahua (86-87) divide los compuestos del agni en inseparables y separables. Los primeros, que denomina mots composés, son «une juxtaposition des radicaux nominaux. Bien que composés de deux mots ou plus, ces formations Nom (tête) Nom (modificateur) fonctionnent en bloc». Para este autor, «ces formations se sont autant lexicalisées comme un seul mot dans l’agni». No admiten ningún elemento entre sus componentes. En cuanto a los separables, que llama syntagme génitival, son «ces formations bien que prononcées d’un seul trait (pas de pause) comme les noms composés admettent un élément étranger entre leurs composants». Valga como ejemplo Kwasikùló, que viene del sintagma nominal posesivo Kwasi (ji) kùló que significa literalmente «Kwasi (su) pueblo», es decir «el pueblo de Kwasi», siendo ji el posesivo, cuya pérdida va a observarse también en los siguientes apartados.

2. SÚÁ

El sustantivo súá («tronco») se pronuncia con un tono alto tanto en la primera vocal como en la segunda. No hay que confundirlo con otros que tienen los mismos fonemas pero presentan una combinación de tonos diferente: con un tono bajo sobre la primera vocal y un tono alto sobre la segunda tenemos sùá («casa»), y con dos tonos bajos sobre ambas vocales, sùà («romper» o «trazar»).

El primer término, que es objeto de análisis en este estudio, se emplea como sustantivo independiente en agni (ble min súá, lit. «trae me tronco» = «tráeme el tronco»), pero también suele acompañar a un elemento nominal, al que se pospone, para formar una nueva palabra: banasúá (lit. «banano tronco»), «tronco del banano». Sin embargo, no puede posponerse a un lexema sin la previa existencia del elemento de apoyo ji, marca del genitivo posesivo, cuya pérdida genera el syntagme génitival, como vimos en el caso de kùló.

Por lo general, súá forma compuestos dentro de la categoría gramatical nominal y añade un valor apreciativo, como en biesúá, palabra formada por la combinación de dos elementos: bie («alguien», pronombre indefinido) y súá. El resultado biesúá (lit. «cuerpo de alguien») origina metonímicamente el significado «hombre», opuesto a «mujer», que se expresa con blasúá (bla: «mujer»).

Este compuesto también se suele emplear en agni cuando se quieren poner de manifiesto las cualidades físicas y morales de una persona frente a la debilidad u holgazanería de otra que no se menciona. Con la expresión è ti biesúá («eres un hombre») se hace referencia a un individuo que posee las cualidades consideradas varoniles por excelencia: el valor y la fuerza.

Volviendo a biesúá, nótese que súá ha sufrido un debilitamiento semántico, fenómeno conocido como attrition («desgaste») en Lehmann (307) o bleaching («blanqueamiento») en Heine y Rech (15). El hecho de su alta frecuencia de uso es fundamental ya que, según Huelva (1) y los autores que cita (Haiman, 1994, 1998; Bybee y Scheibman, 1999; Bybee, 2005a, 2005b), «la frecuencia de uso de un lexema o una estructura gramatical específico es un factor que condiciona el inicio y desarrollo de procesos de gramaticalización».

Otro ejemplo que corrobora lo que venimos explicando es blasúá, palabra formada por un lexema nominal independiente, bla («mujer»), al que se pospone súá, dando lugar a una expresión con el significado de «cuerpo de mujer». Blasúá, por un proceso metonímico, ha llegado a significar «mujer», en oposición a «hombre». Los rasgos del tronco, como son la dureza y la fortaleza, siguen estando presentes, pues con esta expresión se atribuyen a la mujer cualidades físicas y morales que la tradición considera propias del hombre. Blasúá, por consiguiente, hace referencia a una mujer que desempeña labores normalmente masculinas; es decir, este término se utiliza para indicar que la mujer se vale por sí misma, que es una mujer de valor y de honor. Ahora bien, cuando se le dice a un hombre e ti blasúá («eres una mujer»), el matiz positivo de este vocablo cambia a despectivo porque se le están atribuyendo cualidades femeninas como la debilidad, la poca fuerza física e incluso la cobardía.

Como se puede observar, al igual que en el compuesto biesúá, el contenido semántico de blasúá ha sufrido cambios: ha perdido su significado primitivo al evolucionar metonímicamente.

Otro caso muy significativo es el de la palabra kplakasúá (lit. «kplaka tronco»), poco corriente en agni, formada por el término kplaka, onomatopeya que refleja la flexibilidad o elasticidad de un cuerpo, seguido de súá. Hoy en día se utiliza para denominar el viento frío y seco conocido en francés como harmattan, que azota Costa de Marfil en una determinada época del año (en diciembre, aproximadamente); pone de manifiesto la dureza, la fuerza, el carácter terrible que representa el frío para esta zona de un continente caracterizado por su calor bochornoso y donde el frío representa algo devastador, malo para la salud de los que allí viven. Por lo general, el frío se expresa con el término èyrè, pero se emplea kplakasúá cuando se quiere enfatizar la dureza de su carácter.

3. FÚÒ

Fuo («persona») se transcribe fonológicamente de dos maneras: con dos tonos bajos (fùò) o con un tono alto y otro bajo (fúò). Cuando se combina con una palabra, sobre todo bisilábica, con un tono final bajo, tiende a cambiar el tono bajo de su primer fonema (/u/), de tal manera que fúò se pronuncia, en este caso, con un tono alto en la primera vocal. Creemos que estos cambios pueden deberse a un proceso de asimilación tonal, a una insistencia en el sufijo mismo para resaltarlo o a una armonización dentro de la nueva palabra. Sin embargo, Ahua (129) cree que fúò (tono alto/tono bajo) tiene un significado general, mientras que fùò (bajo/bajo) tiene un significado específico: «A propos des mots suffixés par le suffixe fúò, deux prononciations sont à noter; fúò (haut/bas) et fùò (bas/bas). Ces deux prononciations traduisent chacune un sens précis : la première véhicule un sens général, quant à la deuxième, elle marque une insistance, une certitude». Es decir, se diferencia una persona concreta de persona como concepto general.

Fúò por sí solo no existe en el léxico agni (*e ti fúò)[2], pero suponemos que pudo existir como sustantivo, ya que siempre aparece tras la expresión del posesivo, que ha desaparecido como en los casos anteriores. Normalmente se emplea en preguntas como è ti ni (ji) fúò? (lit. «¿tú dónde eres (su) persona?»), «¿de dónde eres tú?». Asimismo, se puede encontrar en frases como bèní (ji) fúò? (lit. «¿quién (su) persona?», «¿cuál (su) cosa?»), «¿cuál de ellos/ellas?», en referencia tanto a persona como a cosa.

Fúò, siempre pospuesto, es uno de los elementos más productivos en la composición del agni. Por lo general, se pospone a nombres con los que forma otros nombres, como sikafúò (lit. «dinero persona», «rico») o kwasiafúò (lit. «tonto persona», «tonto»), además de expresiones parasintéticas como asahièfùò [pref. a, verb. hi, nominalizador è, suf. fùò] (lit. «que se esconde para sacar cosas persona»), «chivato».

Mlofù presenta casi las mismas características que los compuestos que acabamos de analizar. Está formado por un lexema nominal independiente, Mlo, que designa un río que da nombre a una región de Costa de Marfil, al que se pospone fúò. Combinados forman el mismo compuesto derivativo que significa «habitantes de la región del Mlo», o «gente del Mlo». Nótese que fúò sufre una transformación fonológica, consistente en la caída de la última vocal: fúò > fù. Creemos que esta pérdida puede deberse, por una parte, a la debilidad de la propia vocal por su posición final en la sílaba y, por otra, a la influencia de la vocal abierta final del primer lexema Mlo, aunque también podría deberse a una armonización dentro de la misma palabra derivada.

4. NÚN

El sustantivo nún («interior del cuerpo» > «interior de algo») lleva un tono alto: o wo sua ji nún (lit. «él está casa su interior»), «él está en el interior de la casa». Es preciso señalar que no hay que confundirlo con otro lexema escrito con los mismos fonemas y con el mismo tono alto pero precedido de un sonido homorgánico nasal: n´nú («cinco»).

Nún se emplea también como adverbio: o la nún (lit. «él/ella está dentro»), función que adquiere a partir de su uso en posposición: min wlu sùá (ji) nún (lit. «yo entrar habitación (su) dentro», «entro en la habitación»), o la kpata (ji) nún (lit. «está la cocina (su) dentro», «está dentro de la cocina»). La caída del posesivo, debida a la economía lingüística o a una necesidad articulatoria hasta el momento insuficientemente estudiada, da lugar al reanálisis de nún. La presencia del posesivo demuestra que este adverbio es fruto de la gramaticalización del sustantivo nún («interior»).

La posposición nún es muy productiva en la formación de topónimos. Por ejemplo, Mlonún contiene el elemento Mlo, sustantivo que designa un río que da nombre a una región de Costa de Marfil, y el elemento nún. El topónimo Mlonún, (lit. «Mlo dentro»), significa «dentro del Mlo». Lo mismo ocurre con Konmuonún (lit. «Konmuon dentro», «la región de Konmuo»), donde Konmuo es el río que da nombre a una región. Estos casos también han sufrido la caída del posesivo ji: Mlo (ji) nún (lit. «Mlo (su) dentro») o Konmuo (ji) nún (lit. «Konmuo (su) dentro»), lo que afianza la idea de que este elemento pospuesto tuvo que ser antiguamente un sustantivo.

El topónimo Findiman(ji)nún (lit. «lanza mundo (su) dentro», «dentro del mundo de los lanzadores») está formado por findi, imperativo del verbo «lanzar», y man «mundo», que dan lugar al compuesto findiman («mundo de los lanzadores»), al que luego se anexa la posposición nún para formar findimannún, que significa «dentro del mundo de los lanzadores» y que hoy en día es el nombre de un pueblo agni en la región de Bongouanou.

En síntesis, el sustantivo que designa el interior del cuerpo evoluciona hasta adquirir un significado más abstracto: «dentro».

5. SÚ

Sú («encima») es otra posposición que también participa en la formación de palabras en agni. Como se puede sospechar después de leer las páginas anteriores, este adverbio tiene su origen en el sustantivo sú («oreja»). No se confunde con el verbo sù («llevar sobre la cabeza»), pronunciado con un tono bajo: min nidjé sù min (lit. «mi cosa llevo sobre cabeza mi»), «llevo mi cosa sobre mi cabeza». Por un proceso metonímico, min sù ñanmian (lit. «yo llevo sobre la cabeza Dios»): «creo en Dios».

Junto al uso de sú como sustantivo (ji sú ti keklè, lit. «su oreja es dura», «es un cabezota»), lo observamos como posposición con un posesivo que se va a elidir: sika la tabla (ji) sú (lit. «dinero está la mesa (su) encima», «el dinero está encima de la mesa/sobre la mesa»).

Con la desaparición del posesivo ji, al igual que en las composiciones con nún, vemos cómo se produce el reanálisis de esta forma: bakasú (lit. «madera (su) encima», «sobre la madera», «retrete»), donde baka es un sustantivo que significa «madera».

Como en el caso anterior, la evolución semántica es clara: el sustantivo que designa una parte del cuerpo que ocupa una posición superior adquiere el significado más abstracto de «encima».

Conclusiones

Tanto en latín como en las lenguas romances, la aposición ha sido frecuente fuente de cambios; entre otros, el de muchos adverbios antepuestos a verbos que han dado lugar a prefijos (Espinosa, 179). Como afirma Luraghi (58), a propósito de la formación de los prefijos, las primeras adposiciones en las lenguas indoeuropeas eran antiguos adverbios, pertenecientes una clase especial llamada preverbos, que sufrieron un proceso de gramaticalización y, en latín temprano, entraron en coalescencia con los verbos o llegaron a convertirse en preposiciones. Asimismo, Hewson y Bubenik (361-385) aseguran que se debe partir de situaciones de aposición de unos elementos con función adverbial que, en principio, se movían libremente por la oración y podían modificar tanto verbos como sustantivos, para hablar del proceso de univerbación.

Aunque en latín se prefiere la anteposición (por ejemplo, el adverbio de aproximación ad, en aposición a iacere, da lugar a adiacere, «yacer cerca», de donde deriva adiacentia, «los alrededores»), no es desconocido el mecanismo de posposición: causa y gratia suelen denominarse en las gramáticas latinas «preposiciones de genitivo» (honoris causa: «por motivo de honor», exempli gratia: «por ejemplo»). Rubio Fernández y González Rolán (94) son conscientes de la contradicción terminológica: «Estas “preposiciones”, contra lo que reza en su etiqueta, van siempre pospuestas al nombre en genitivo que rigen». No nos vamos a detener en esta posibilidad y en otras lenguas que la utilizan, pero recordemos que el inglés también presenta algunos casos de posposición, como ago en three years ago, «hace tres años» (Kurzon y Adler, 209-227).

En agni la posposición es un fenómeno sumamente productivo, como hemos visto a lo largo de estas páginas. Los casos analizados en los dos últimos apartados de este artículo muestran una línea evolutiva clara hasta llegar a completar el proceso de gramaticalización. Veámoslo con sú, que pasa por las siguientes etapas: (a) aposición de dos sustantivos, uno de ellos con posesivo, (b) eliminación del posesivo, (c) el sustantivo que llevaba el posesivo se reanaliza como adverbio, y (d) el adverbio se reanaliza como posposición, lo que algunas gramáticas entienden como «preposición pospuesta». Esquemáticamente:

  1. sustantivo posesivo sustantivo (baka ji sú, lit. «madera su oreja»)
  2. sustantivo (posesivo) sustantivo (baka (ji) sú)
  3. sustantivo adverbio (baka sú, lit. «madera encima»)
  4. sustantivo posposición (min ko bakasú, lit. «yo voy madera sobre», «voy sobre la madera», «voy al retrete»)

Las fases del cambio señalan como crucial la elipsis del posesivo[3], factor que acelera los dos reanálisis posteriores hasta llegar a la univerbación.

Williams Jacob Ekou

Université Felix Houphouet Boigny de Cocody-Abidjan, Côte d’Ivoire


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[1] En Costa de Marfil abundan pueblos con nombres del tipo Kwasikro, Akakro, Yamusukro, Tanokro, Alukro, etc. Aparece escrito kro en vez de kùló por la mala transcripción que se hizo antiguamente.


[2]E ti sunan («eres una persona») se opone a n’nan («animal»).


[3] La elipsis está presente en muchos otros adverbios, como en anonmansin («anteayer»), que se origina en anonman ji sin (lit. «ayer su espalda») o ehunmansin («pasado mañana»), procedente de ehunman ji sin (lit. «mañana su espalda»).