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Materiales verbo-icónicos en la narración oral

MATILLA ALVAREZ, Juan José

Publicado en el año 2014 en la Revista de Folklore número 383.

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La narración

El cuento del que pretendo hacer un exhaustivo análisis fue recogido en Malva (Zamora) hace más de veinte años; estando dormido hasta estos momentos en mi carpeta de hechos singulares, carpeta dedicada a esa localidad que posee atrayentes manifestaciones de la tradición en los diferentes campos o áreas del folclore tanto para adultos como para personas de menor edad. Sus informantes fueron Avelina Álvarez Mateos y Fidela Pinilla, la primera sobrepasa los noventa años y la segunda se acerca a ellos; ambas nacieron en este pueblo de Malva donde ha transcurrido la mayor parte de sus vidas. La particularidad de la narración consiste en que está en verso y para su exposición se utiliza el mazo de naipes español, la llamada baraja de cartas españolas. Las estrofas son coplas asonantadas, teniendo que matizar que la última no cumple los requisitos de copla; creyendo que esta versión pudiera deberse a la personal memorización del texto y a la evolución de este en comparación con otra anterior de la misma localidad.

Esta versión de Malva y con estas características textuales pudo narrarse hasta concluir la primera mitad del siglo xx; estimando que los niños nacidos a partir de la década de los cincuenta del siglo pasado ya no tuvieron el placer de oírlo en su ambiente familiar y si lo escucharon se circunscribía a un grupo social muy concreto.

Por otra parte, he de señalar que este cuento con sus pertinentes variantes está contextualizado en otros puntos de la geografía peninsular: Coria (Cáceres), Albacete y Lleida. Por lo tanto, es fácil deducir que la existencia de materiales próximos a la cotidianidad del juego fueran utilizados en la narración y recreación de textos orales y que estos se extendían por toda la geografía nacional con ligeras variantes, como he comentado anteriormente. Por consiguiente, no es difícil reconocer y mencionar esos objetos de la vida cotidiana que servían para la recreación y posterior comprensión de los cuentos u otro tipo de historia o leyenda: el mazo de naipes, el metro de carpintero, un pañuelo de bolsillo, sin olvidar las llares, que tienen un repertorio completo en el mundo del folclore; sirviendo de entretenimiento para el mundo infantil y adquiriendo todo el protagonismo necesario para la consecución de la narración.

Este cuento, que hoy vemos, pertenece a la categoría de los cuentos de fórmula; como argumenta Ana Pelegrín: «Los cuentos de fórmula se distinguen no tanto por lo que cuentan, que es reducido, sino por la exacta estructura que hay que guardar al narrarlo». Siendo fácilmente reconocibles y repitiendo estructuras o fórmula expresadas desde su inicio.

En cuanto a la técnica narrativa de este cuento de fórmula, podría encuadrarse en la técnica de las abuelas, no necesitando de gestos ni movimientos por el espacio; la quietud y la sonoridad de la voz es suficiente para la narración, sin romper la atmósfera de placer que existe entre narrador y oyente. Las abuelas narraban sentadas compartiendo la narración con otras labores propias del hogar. En otras ocasiones, estas abuelas contaban a sus nietos sus historias con un propósito didáctico, formativo, y el texto no era un simple argumento para entretenerlos; se convertían, las abuelas, en las grandes portadoras de conocimiento para los nietos y sus enseñanzas formaban al niño tanto intelectualmente como en personas que han de convivir en un grupo social. En una y otra forma, la palabra dada siempre es desinteresada y el placer de narrar o contar y de oír o escuchar la voz tranquila, sosegada, produce efectos de ensoñación que el cálido clima que toda narración ha de poseer.

Los materiales narrativos

Ya he mencionado algunos materiales utilizados para engrandecer, adornar y dar vida al acto narrativo; por todos es conocida la presencia de los naipes en la cotidianidad lúdica de las personas, sean adultos o niños; hasta los niños tenían un diseño de naipes apropiados al tamaño de sus manos. Pues bien, esta familiaridad entre naipes y niños facilita la asunción de otros conceptos integrados en algunos cuentos y que los niños deben conocer ya que están, precisamente, propuestos para ellos. El mazo de naipes siempre ha sido elemento fundamental en la actividad lúdica de la infancia como bien es conocido; a ese contenido lúdico se incorpora otro didáctico, como nos muestran los múltiples juegos e historias surgidas del valor de naipes, de su representación o de su asociación con el mundo real.

Sin lugar a ninguna duda, el elemento imprescindible del hecho narrativo en general es la voz del narrador y su modulación; a esta se le pueden acompañar con gestos y otros movimientos corporales que, dependiendo del narrador, pueden ser más exagerados o no; pero siempre que su forma de narrar sea sentado y se aleje de la concepción escénica. En un párrafo anterior me he referido a las técnicas que usaban de las abuelas cuando narraban y bien podían realizar una labor casera y al mismo tiempo contar una historia al nieto; en contraposición de las otras formas narrativas más cercanas a la expresión corporal y con ellos a las artes escénicas.

Llegado a este punto y persiguiendo matices didácticos, pueden incluirse otros elementos a esa narración tales como la luz, la ambientación del espacio y el atuendo del narrador; también es posible en estos momentos el uso de las nuevas tecnologías, como el PowerPoint, pizarra digital, vídeo, todo en beneficio de la exposición narrativa, aprovechando la motivación que estos recursos tienen para el proceso de aprendizaje del niño; pero nada posee más valor que la voz y su modulación en la narración.

Huizinga nos habla del juego y dice que está lindando con lo puramente estético y allí es donde encuentra sus raíces. Estos juegos de lenguaje, de creación poética, de estética literaria y en estos cuentos se mezclan ambas partes, el juego y el arte.

Percepción auditiva y percepción visual

Durante la narración el oyente va simultaneando la percepción auditiva y la percepción visual, ya que al recitado de un verso del cuento se le acompaña con la aparición de un naipe y su ubicación concreta en el plano. La percepción auditiva se ve complementada con la visual porque el cuento como acto narrativo no tendría ningún valor si estas dos percepciones estuvieran separadas o tomaran forma en tiempo no coincidentes. Son dos líneas paralelas, las caras de una moneda en donde su integridad consiste en la presencia de las dos, perdiendo su identidad si no están unidas e interactúan como un bloque unitario.

Es, por tanto, un texto con gran valor visual, aunque la vertiente oral, en un primer momento, prima por su sonoridad, ritmo y musicalidad como elementos intrínsecos de la narratividad; viéndose acompañados por otros elementos extrínsecos dependientes de la visualización del texto narrado; adquiriendo mayor protagonismo, el sentido visual, cuando ha finalizado la oralidad del cuento. Podemos concluir diciendo que el cuento, texto narrado, no finaliza cuando termina el texto oral, continúa hasta que el oyente interpreta todos los mensajes auditivos y visuales que contiene el texto y los recrea según el modo de sentir y las sensaciones que le producen y en una segunda opción como objetivo sugerido por el narrador.

El espacio narrativo

El tipo de narración al que me refiero tenía una marca bien delimitada y estudiada para la narración; la cocina de la casa y en ella la camilla. A su alrededor se sentaba la familia las largas noches de invierno; esa camilla se convertía en un mundo de transmisión de conocimiento de una generación para la siguiente. Este espacio próximo al niño ha cambiado por razones lógicas de evolución social hacia otros nuevos espacios emanados en el ámbito educativo; ahora el aula debe ser el mejor espacio para transmisión de la lírica popular para la infancia, del folclore infantil que va deteriorándose y perdiendo en la comunidad social y en la unidad familiar. El aula es donde, en estos tiempos, se puede dar sentido a la narración de este cuento y a su explotación como material didáctico al que me he referido en varias ocasiones; habiéndose olvidado casi por completo los momentos familiares en los que se jugaba con el rico folclore infantil.

En este apartado dedicado al espacio narrativo, me atrevo a sugerir que el coche familiar en los viajes puede convertirse en un espacio idóneo para la narración, ya que los puentes, los cementerios, las torres de las iglesias, el pantano, un árbol aislado o un bosque pueden provocar mensajes orales con un contenido narrativo interesante poniendo a disposición de los niños elementos que potencien su imaginación y fantasía.

El tiempo de la narración

El tiempo narratológico es el tiempo que dura la transmisión del texto del narrador al oyente o auditorio. Pero como este texto narrativo va más allá de lo que específicamente entendemos por un cuento de transmisión oral, he de decir que este tiempo se dilata al necesitar de un análisis visual además del auditivo. Siguiendo a G. Genette, hemos de tener en cuenta el tiempo real, el tiempo psicológico y el tiempo de la narración. El tiempo de la narración, tiempo narrativo, es el que tiene en cuenta los dos anteriores, real y psicológico; tiempo real, nos dice cuánto tiempo tarda el narrador en decir el texto; el tiempo psicológico se dilata, se amplía o se encoge según las necesidades. En este caso el tiempo narrativo es más largo porque una vez finalizada su narración queda en suspenso invitando a buscar más posibilidades surgidas del acto narrativo. En otros cuentos el tiempo narrativo no es tan largo como puede verse en este por la necesidad de proseguir a las sensaciones auditivas otras visuales y entre las dos dar un contenido exclusivo e independiente del cuento.

Análisis del texto y su explotación como recurso didáctico

Cuando los naipes se han expandido por la superficie de la mesa, colgadas en la pizarra o van apareciendo en la pizarra digital, llega el momento del protagonismo de los oyentes, niños principalmente, para observar la distribución de los naipes y las diferentes sugerencias que pueden aportar los niños de cómo están distribuidos los naipes. Los ejercicios que se pueden realizar son de diversas categorías y dependiendo del interés del narrador con lo que quiera mostrar, del interés de los niños para conocer cuál es su capacidad memorística, su capacidad matemática, su capacidad de abstracción, sus conocimientos del mundo, su agilidad mental, etc. En el ámbito escolar pueden realizarse ejercicios de comprensión dentro de todas las áreas de conocimiento con lo que este cuento se comporta como un buen recurso en la adquisición de las competencias básicas.

El concepto de narratología

La narración oral puede presentar diferentes manifestaciones para cumplir el objetivo de transmisión que debe tener y este cuento no tiene un comienzo convencional y ninguna fórmula tiene cabida para iniciar el texto. No hay un «Érase una vez…». El texto comienza con un pronombre demostrativo seguido de un pretérito imperfecto suponiendo el desarrollo de un cuento normalizado; pero no es así, discurriendo las sensaciones auditivas y visuales por otras sendas y apartándose de la convencionalidad de la narración. Tampoco existen los conectores lingüísticos para dar forma al carácter narrativo del cuento como unidad narratológica. El contenido nos lo va marcando el uso de ciertas formas verbales en pasado y las dependientes de verbos de acción que existen en todo el proceso; la elipsis está muy marcada en muchos versos que agilizan su oralidad. El texto concluye con un pretérito perfecto simple reclamando el proceso narrativo que no ha tenido efecto aunque sí se percibe cierta cronología.

El texto

El cuento me lo narraron sin título una tarde de verano; la narración se hace formando columnas, de arriba abajo y de izquierda a derecha. Es obvia y necesaria la preparación previa del mazo de naipes para narrarlo; lo cual le proporciona la agilidad necesaria, pudiendo asociar simultáneamente el tiempo de la oralidad con el naipe o carta concreta que hay que mostrar y ubicar en el plano; en este caso cada verso lleva asociada una carta o naipe.

La característica más sobresaliente, como se ha especificado, se refiere a la repetición de estructuras, se cierra y se abre la siguiente similar a la anterior o termina en una pregunta para repetir las ideas de la primera. En el cuento tratado se repiten sus estructuras haciendo su narración reiterativa y con una atención expresa para contarlo más de una vez en la misma sesión de narración; la primera, cuando se van mostrando los naipes; y la segunda, cuando ya están todos los naipes dispuestos en el plano.


Este era un Rey poderoso

Con una serpiente al pie;

Un caballero de copas

Y de palos una mujer.

Junto al palo hay una fuente

El Rey sediento fue a beber;

Fuerte dama se lo impide

Porque este le debe parné.

Un caballero valiente

Que a esta le debe dinero.

El Rey por disimularlo

Le da una copa de veneno.

Toma mujer esta copa

Que con mi maza y caballo

Te regalaré el doblón

Que el Rey valiente mandó.


Distribución de los naipes

Rey de oros - As de bastos - Caballo de espadas - Sota de copas

As de espadas - Rey de copas - Sota de oros - Caballos bastos

Caballo de copas - Sota de espadas - Rey de bastos - As de oros

Sota de bastos - Caballo de oros - As de copas - Rey de espadas


BIBLIOGRAFÍA

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