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La ceremonia de la Expiración en la Semana Santa de Linares: realidad y leyenda

PADILLA CERON, Andrés

Publicado en el año 2014 en la Revista de Folklore número 385.

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Ya viene la Expiración
De la esperanza seguida
Y en la calle Pontón
La rosa del corazón.
Sangra rezos por la herida

Saeta de Juan Martínez de Úbeda, publicada en el anuario Cruz de Guía de 1957

En muchos puntos de la geografía cofrade española es bien conocida la existencia de imágenes articuladas, que fueron concebidas en su día con el propósito de intervenir en ciertas representaciones o simulacros de la Pasión de Cristo. En sus orígenes, estas ceremonias fueron ideadas con la intención de hacer más comprensibles al pueblo llano los misterios de la Pasión y Muerte de Nuestro Redentor. Entre la gran variedad de ceremoniales existentes, podemos citar la bendición que efectúa el Nazareno de El Paso en la ciudad de Málaga. Otro caso muy curioso es el que se da en la localidad toledana de Ocaña, en la que podemos contemplar muchos tipos de imágenes articuladas: la santa mujer Verónica que simula la apertura del lienzo con la santa Faz, Ntro. Padre Jesús Nazareno que representa sus tres caídas y también la imagen de Ntra. Sra. de la Soledad, que hace el simulacro de limpiarse el rostro con un pañuelo. Un caso parecido tiene lugar en la ciudad de Baeza con su tradicional ceremonia de El Paso, en la que la Verónica despliega su paño, el Nazareno da la bendición, san Juan abraza a la imagen de la Virgen María y, además, esta última talla derrama lágrimas (agua) gracias a un ingenioso dispositivo.

De igual modo, en la ciudad de Linares se cuenta con la imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno que imparte la bendición el Viernes Santo por la mañana, gracias a su brazo articulado. También se tiene noticia de una antigua imagen de Cristo Crucificado que tenía los brazos articulados. Gracias a esta cualidad se facilitaba su descenso de la cruz para ser depositada en una urna, ceremonia llamada Desenclavamiento, la cual se verificaba en una plaza pública. Esta tradición fue prohibida en el año 1784 por el obispo Rubín de Cevallos y posteriormente reinstaurada alrededor del año 1890, aunque circunscrita al interior de la iglesia parroquial de Santa María. Finalmente fue suprimida en el año 1929 a causa —precisamente— de la primera salida procesional de la Cofradía del Descendimiento del Señor[1].

Por último nos encontraríamos en Linares con una especie de leyenda que menciona la existencia de una antigua imagen del Santísimo Cristo de la Expiración que, gracias a que tenía el cuello articulado, inclinaba la cabeza durante una ceremonia llamada «de la Expiración» y, de esta manera, enfatizaba el momento de la muerte de Nuestro Señor. Este es, por lo tanto, el objeto del presente trabajo: describir esta ceremonia de la Expiración y tratar de dilucidar la posible existencia de esta legendaria imagen cuyo cuello estaba articulado.

Reseña histórica de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración de Linares

A finales del siglo xix, Linares es una ciudad que acaba de experimentar un gran crecimiento económico y demográfico[2]. Este auge se explica por la explotación de sus ricas minas de plomo y por la industria metalúrgica, que convierten a Linares en uno de los principales focos industriales de España. En esta ciudad minera prende pronto el asociacionismo obrero que, fiel al patrón nacional, se manifiesta mediante la fundación de sindicatos y asociaciones de toda índole. En este convulso momento y cuando el siglo xix tocaba ya a su fin, el papa León XIII publica en 1891 la encíclica Rerum Novarum[3], pieza clave de la doctrina social de la Iglesia. Inmediatamente después de su publicación, surgen en España todo tipo de asociaciones agrarias, cooperativas de trabajadores, sindicatos católicos… y cofradías.

Por lo tanto, y solo en este contexto histórico, se entiende la fundación en Linares de hasta tres cofradías de Semana Santa que, por orden de aparición, fueron las siguientes:

Todas estas hermandades fueron organizadas por el proletariado católico linarense y, en general, fueron bien acogidos por el clero local y diocesano, ya que se veía en ellas una forma de contrarrestar las ansias revolucionarias de las organizaciones marxistas y anarquistas.

La tradición nos cuenta que unos carboneros, procedentes de la vecina localidad de Baños de la Encina (Jaén), fundaron esta cofradía en la parroquia de San Francisco de Asís de Linares, el 20 de mayo del año 1894. Así se decía en el preámbulo de los primeros estatutos que datan de diciembre de 1908 y que fueron aprobados el 9 de enero de 1909[4]. Además, y por si nos quedaba alguna duda, en un bando de la alcaldía de 9 de abril de 1895 aparece anunciada la primera salida de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración, que tiene lugar el Viernes Santo de aquel año con el siguiente recorrido:

A las dos de la tarde del mismo día [el viernes], saldrá de la referida Iglesia de San Francisco, la procesión del Santísimo Cristo de la Expiración que recorrerá las calles Plaza de San Francisco, San Juan de Dios, Pontón, Plaza de Alfonso XII, Álamos, Ayala, Don Luís, Plaza de Linarejos, calle y plaza de Santiago, Castelar, Agua, Pasaje del Comercio, Pontón, San Francisco, Zabala, Castillo, Corredera, Peral.

Una amplísima carrera en la que, sin embargo, falta el paso por la calle del Marqués, de tanta tradición para esta hermandad y en donde actualmente se desarrolla la conocida ceremonia de la Expiración. Esta primera estación de penitencia casi pilló por sorpresa al Ayuntamiento, el cual no designó a ningún concejal para acompañar a la referida procesión[5], tal y como era costumbre hacerlo con todas.

En estos primeros años el traje de estatutos era muy distinto al actual, ya que estaba compuesto de «túnica de percalina[6] morada, peto y un farol con arreglo al modelo». Las imágenes titulares, según algunas fotos de 1904-1905, eran cuatro: Cristo de la Expiración, Virgen María, San Juan Evangelista y María Magdalena. Estas dos últimas tallas es probable que procediesen de la Cofradía del Santo Entierro que también residía en la misma iglesia. Mención especial merece el tercio de trompeteros que venía funcionando desde los primeros tiempos y que en 1908 (año de los primeros estatutos) estaba formado por nueve individuos. De igual modo se hace mención en los estatutos a «los cantadores», los cuales se colocarían por grupos «en los sitios donde tienen que ir».

Poco tiempo estarían operativos los primeros estatutos, puesto que la cofradía se reconstituyó el día 10 de mayo del año 1914. Parece que esta primera reorganización estuvo motivada por la relajación de las costumbres y la escasa devoción que poco a poco iban mostrando los cofrades. Estos nuevos estatutos se redactan en abril de 1916, aprobándose dos años más tarde. La novedad más significativa es la utilización del título de Real, que le fue concedido por S. M. el rey Alfonso XIII el 21 de febrero del año 1916. Otra importante modificación consistió en el cambio del traje de estatutos que pasó a ser similar al contemporáneo pero sin capa, es decir: caperuz alto morado y túnica color perla con botones, filos y bocamanga morados.

Esta Hermandad de la Expiración contribuyó de forma significativa al realce de la Semana Santa de Linares, que vivió un periodo de gran esplendor durante los años 1928 a 1930. Coincidiendo con la época de renovación estatutaria de algunas cofradías linarenses, se decidió redactar en mayo de 1929, por tercera vez, unos nuevos estatutos que fueron aprobados por el obispado ese mismo año.

Debido a la persecución religiosa que se padeció en la guerra civil, la imagen titular y casi todos los enseres de esta cofradía fueron destruidos. Tras esta dolorosa desaparición la cofradía se reorganiza en 1942, verificando al año siguiente su primera estación de penitencia de modo oficial. Para poder realizarla, se encargó al imaginero Gabino Amaya Guerrero la ejecución de un nuevo Cristo que saldría ese mismo año de 1943. Por otra parte, la imagen mariana fue salvada de la barbarie y tras una discreta restauración pudo acompañar a la imagen del Cristo en esa primera salida.

Como en todas las cofradías que se reorganizaron en la posguerra, los comienzos fueron muy difíciles. Un ejemplo de estas penurias lo tenemos en el material con el que fueron confeccionados los primeros capirotes: se tuvieron que hacer en tela morada en lugar del habitual terciopelo. Algo parecido pasó con las capas, que brillaron por su ausencia en esta primera etapa, hasta que a principios de los años sesenta se pudo conseguir que todos los penitentes hicieran estación con este complemento.

A comienzos del año 1950, y debido a unos «contratiempos» con el párroco de San Francisco, se hacen cargo de la cofradía los jóvenes de Acción Católica. En esta enésima reconstitución se consolidarían las notas características de la cofradía: sencillez, espiritualidad y elegancia. Una de las más grandes aportaciones de esta hermandad a la Semana Santa de Linares fue la fundación de la primera banda de cabecera estable. En efecto, en el año 1969 efectuó su primer recorrido una agrupación musical que tocaba una gran variedad de instrumentos (no solo cornetas y tambores) y cuyos miembros iban revestidos con el traje de estatutos de la hermandad. Tanto gustó la iniciativa que, en sucesivos años, fueron varias las cofradías que incorporaron este complemento sonoro a sus estaciones de penitencia. De esta manera, las «bandas de cabecera» constituyen hoy en día una seña de identidad de la Semana Santa linarense.

Trascurría el año 1953 cuando la cofradía adquiere un nuevo trono para el Cristo de la Expiración, que fue adaptado en 1983 para ser portado por jóvenes horquilleros. De esta manera, la Cofradía de la Expiración se sumaba al resto de las cofradías linarenses que estaban sustituyendo los tronos llevados a ruedas (sistema instaurado a partir de los años cincuenta del siglo xx) por otros que se portaban por costaleros. Eran los años ochenta de la pasada centuria, una época de renovación en la anquilosada Semana Santa linarense.

En la actualidad, la Real Cofradía y Hermandad del Stmo. Cristo de la Expiración y Ntra. Sra. de la Esperanza, tras la aprobación de sus actuales estatutos en el año 1996, mantiene su sede canónica en la parroquia de San Francisco de Asís y sigue siendo ejemplo de fervor, espiritualidad y elegancia.

Origen de la ceremonia de la Expiración y vicisitudes sufridas a lo largo de su historia

Esta peculiar ceremonia de la Expiración tiene lugar en la linarense calle del Marqués y consiste en la recreación del momento en que Nuestro Señor Jesucristo muere en la cruz, es decir, cuando exhala el último suspiro. Antes de entrar al detalle en la forma en que se desarrolla, veremos algunos apuntes sobre su historia.

El origen de esta ceremonia seguramente se remonta a la primera salida procesional de la cofradía, acaecida en el año 1895. No obstante, hemos de advertir que en esa época la ceremonia no tendría lugar en la calle del Marqués de Linares, ya que la procesión no pasaba por allí. Por tanto, no sabemos con exactitud el momento en que se traslada o se ejecuta en la calle del Marqués, aunque tuvo que ser antes de 1910, ya que en ese año se la menciona en el itinerario que se publica en el diario El Noticiero de 22 de marzo de 1910.

Según artículo aparecido en la revista Linares de marzo de 1953 y suscrito por A. de la T. Cobalera, esta ceremonia se celebraría en dicha calle del Marqués porque la Cofradía de la Expiración fue fundada por unos vecinos de Úbeda que se trasladaron a vivir a dicha vía. Pensamos que esa familia ubetense no sería la verdadera fundadora sino más bien una benefactora y que la cofradía, en agradecimiento, acordaría que la procesión de la Expiración y la consiguiente ceremonia se celebrase en la referida calle del Marqués. Otra referencia documentada a esta ceremonia la tenemos en el número especial que el periódico local Diario Regional dedicó a la Semana Santa de 1930 y en el que se indica claramente que, al llegar la procesión a la calle del Marqués, «se verificará la ceremonia tradicional de la Expiración de Jesús», es decir, que la cosa venía de atrás. En ese mismo número se nos cuenta que los miembros de la Centuria Romana[7] procedían a cubrir su bandera con una funda enlutada en el momento solemne de la Expiración, a la vez que colocaban sus lanzas con las puntas hacia abajo.

Una vez finalizada la guerra civil, la primera procesión de esta hermandad de la que se tiene constancia es la del año 1942, en la cual los cofrades salen vistiendo traje oscuro y portando la imagen de un Cristo procedente de un taller de arte sacro. Por lo tanto, es muy posible que en esa salida no se verificase la ceremonia. Al año siguiente de 1943 procesiona por primera vez la actual talla del Cristo y lo más factible es que se ejecutase esta ceremonia, aunque sin la participación de los soldados romanos, que aún no se habían reorganizado. Pero posteriormente, y por falta precisamente de estos socorridos armaos, se dejaría de celebrar algunos años. De hecho, en el año 1947 tampoco se ejecutaría porque la cofradía rechazó una propuesta de la Hermandad del Nazareno consistente en ofrecer su escuadra de armaos por el precio de 300 pesetas (1,80 euros). Por fin en 1948 salen otra vez soldados romanos en la procesión y, por consiguiente, se vuelve a restituir esta secular ceremonia. Esto es lo que se desprende del acta de la Junta General de la cofradía, celebrada el 14 de febrero de 1948 y que dice:

… también da cuenta que este año saldrán soldados romanos… y que se hará la ceremonia de todos los años en la calle del Marqués de Linares, ya que por dificultades no se hacía desde hace unos años.

Desde ese momento la ceremonia se ejecutaría sin interrupción hasta los tiempos actuales, aunque con algunas modificaciones.

La ceremonia y su evolución a lo largo del tiempo

A pesar de la originalidad de este acto, se ha podido localizar una «ceremonia de la Expiración» en la ciudad de Cáceres, que se lleva a cabo con la imagen de un Cristo del siglo xiv (no articulada) y la talla de una Dolorosa de factura contemporánea. La forma en la que se verifica es muy similar a la de la cofradía linarense ya que incluso concluye con la conocida marcha Oración. Por lo tanto, y aparte de este cacereña costumbre, no parece que existan muchas ceremonias similares en otros puntos de la geografía española, al menos con la mecánica de esta de Linares, cuyo intríngulis trataremos de explicar.

Si se quiere saber de forma exacta la parafernalia de esta tradición en tiempos pasados, hay que acudir a la pormenorizada descripción que, en la revista Cruz de Guía[8] del año 1956, nos hace el recordado cronista Juan Sánchez Caballero. Del estudio de este artículo se deduce que el paso del Cristo de la Expiración se detenía en la misma puerta del antiguo palacio de los marqueses de Linares, sito en la calle del mismo nombre. Llegado a ese punto, «los costaleros» hacían girar el trono del Cristo que quedaba mirando hacia el comienzo de la calle, la Virgen avanzaba de modo lento hasta el paso de Cristo, pero los soldados romanos, dispuestos en doble fila, se lo impedían con sus lanzas cruzadas. Tras un segundo intento conseguía llegar junto a su Hijo y es en ese momento cuando se oía un toque de clarín y comenzaba a escucharse la Marcha Real, interpretada por la Banda Municipal de Música, que se había quedado rezagada en la cola de la procesión. La culminación de ese momento acontecía cuando los soldados romanos procedían a bajar las lanzas, disponiéndolas con la punta hacia abajo, es decir «a la funerala». Igual operación realizaban con sus fusiles los policías y guardias civiles que custodiaban el paso del Señor. Vemos por tanto que el detalle de la colocación de las armas al modo «funerala» coincide con lo que ocurría antes de la guerra, omitiéndose sin embargo, en esta nueva etapa, el ceremonial de cubrir con una funda negra la bandera de la centuria romana.

Si estudiamos con detalle la mecánica de esta ceremonia, vemos que hay bastantes puntos comunes con el antiguo ceremonial de la bendición del Nazareno[9]. Estos elementos serían el acercamiento de la Virgen al Cristo, la oposición de los armaos y la posible intervención de un niño vestido de ángel. En efecto, según la información publicada por el Diario de Linares de 22 de marzo de 1913, a esta procesión la acompañaban dos niños «admirablemente vestidos de ángel», por lo que suponemos que —en época anterior a la guerra civil— podrían haber tenido intervención en la ceremonia. Esta intervención habría consistido en obligar a los armaos a dejar paso franco a la imagen de la Virgen, tal y como todavía ocurre en algunas localidades de la provincia de Jaén, como Villanueva del Arzobispo. Por todos estos paralelismos se puede afirmar que los que idearon esta ceremonia de la Expiración se tuvieron que inspirar en la que efectuaba la Cofradía del Nazareno de Linares. Y si en esta cofradía intervenía la imagen de Jesús con su brazo articulado para echar la bendición, ¿por qué no se podría haber ideado un mecanismo similar en la cabeza del Cristo de la Expiración?

Con este funcionamiento, tan relativamente simple, se mantuvo vigente esta tradición durante mucho tiempo, justo hasta 1978, año en que los queridos y recordados armaos dejan de pertenecer al paisaje semanasantero de nuestra ciudad. A partir del año siguiente, la ceremonia se quedó bastante sosa, de tal manera que la cofradía se las tiene que ingeniar para innovar una tradición que había perdido buena parte de sus actores principales. De esta manera se introduce en el año 1984 la novedad de la megafonía, con lo que se consigue dar más realismo al acto y hacernos olvidar, en parte, a los peculiares soldados romanos. Por supuesto que se mantiene todo el ceremonial del acercamiento de la Virgen al Cristo y la música, pero ya no hay nadie para impedírselo. En cambio, se oyen por los altavoces los truenos precursores de la muerte del Redentor y un «¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!» que pone el bello de punta a la concurrencia. La primera grabación, efectuada en el año 1984, se hizo de forma artesanal, aunque con la colaboración desinteresada de un locutor de radio. A modo de anécdota hay que decir que los truenos se simularon a base de mover los muebles y armarios del piso superior de la casa en donde se desarrolló la grabación.

Si a la introducción de la megafonía unimos que por esos mismos años se adoptó el sistema de horquilleros para portar los tronos de la Virgen y del Cristo, resulta que esta tradicional ceremonia se enriqueció de forma excepcional. De esta manera y más o menos desde 1985, se traslada la espera del Cristo hasta el final de la calle del Marqués, es decir en la confluencia con la calle del Tinte, con lo que se gana en amplitud y vistosidad. La marcha del paso de la Virgen hacia el encuentro con su Hijo se realiza de modo solemne y al compás de la música que interpreta la banda de la cofradía. Tras un preludio musical y algunos truenos, la narración que se puede escuchar, gracias a los altavoces instalados al efecto, es la siguiente:

Cristo ha realizado su camino hacia el calvario. Se ha encontrado con su Madre. Ha sido un encuentro de Dolor.

«¡Ay, Hijo! ¿Qué madre vio como yo tantas espadas sangrantes traspasar su corazón?».

«¡Tengo sed!».

Desde la hora sexta se extendieron las tinieblas sobre la Tierra, fue en ese momento cuando Jesús exclamó con voz fuerte:

«¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?

Jesús, dando un fuerte grito, dijo:

«¡¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!!».

Justo en el momento de escucharse esa postrera exclamación, el trono del Cristo es elevado a pulso, brazo en alto y de forma lenta y solemne, mientras la banda de la cofradía interpreta la conocida marcha Oración.

Es en ese instante cuando el subconsciente colectivo entra en juego y algunas personas creen ver cómo la imagen de Jesús mueve la cabeza o cierra los ojos. Y, la verdad es, algunos años no han faltado motivos para facilitar esa alucinación colectiva: el cielo encapotado, la amenaza de lluvia, algún trueno que se dejaba oír... contribuían a que el momento resultase especialmente impactante. Además, el redoble de tambor, que durante algunos años interpretaba la banda de la cofradía, favorecía el clima necesario para que el milagro visual se consumase.

La leyenda

Llegados por fin a este punto, resulta imprescindible dedicar algunas líneas a la bonita leyenda, según la cual la imagen del Cristo de la Expiración mueve la cabeza hacia abajo, e incluso cierra los ojos, en el momento de concluir la ceremonia de la Expiración.

En primer lugar, y aunque resulte una obviedad, hay que dejar muy claro que, al menos en la actualidad, esto no ocurre; es decir, que la cabeza de la imagen permanece totalmente estática y sus ojos inmóviles. No obstante, lo que es una realidad innegable es la existencia de dicha leyenda, la cual se trasmite de una generación a otra. A modo de ejemplo basten dos testimonios periodísticos entre los cuales median casi cincuenta años: uno del anuario Cruz de Guía del año 1956, firmado por Juan Sánchez Caballero, y el otro de la misma publicación, pero de 2002 y cuyo autor es Francisco Cuevas:

El Señor ha muerto y muchos afirman haber visto cómo cerraba sus ojos... pero todo es obra de la fe de estas gentes… La fe de los linarenses es así.

Algunos se decían «ha cerrado los ojos», otros «ha movido la cabeza»... Nada cierto, la mueven nuestros ojos, nuestros corazones que están sobrecogidos por la imagen de Cristo muerto.

Por lo tanto, si a algún linarense se le preguntara: «¿El Cristo de la Expiración mueve la cabeza?», seguro que la respuesta sería un rotundo no. Pero si la pregunta fuese: «¿Has visto alguna vez mover la cabeza al Cristo de la Expiración?», seguro que habría un nutrido grupo de niños, jóvenes y adultos que responderían con un rotundo sí. Por lo tanto, es la recurrente persistencia de esa ilusión lo que la ha convertido en legendaria tradición. Pero precisamente por tratarse de una leyenda es por lo que creemos que algo de base real ha tenido que tener...

Parece lógico pensar que para que una imagen mueva la cabeza ha de tener una articulación a nivel del cuello. Pues bien, para intentar desentrañar este misterio hay que detenerse a tratar un grupo especial de imágenes articuladas que se denominan «Cristos del Descendimiento» y posteriormente iniciar un recorrido por las tres imágenes del Cristo de la Expiración con las que ha contado la cofradía a lo largo de su historia:

Ceremonias de Semana Santa con la imagen articulada de un Cristo crucificado

A partir del Concilio de Trento (1545-1563) los imagineros comenzaron a confeccionar un tipo de imagen ampliamente desarrollada: el Cristo del Descendimiento. Esta iconografía confiere una doble función a la talla: Cristo crucificado durante todo el año hasta que en la tarde del Viernes Santo es desclavado de la cruz para verificar la ceremonia del Desenclavamiento o Descendimiento. Esta doble utilidad hace necesario que sus brazos se articulen de forma que se puedan mover arriba y abajo. De esta manera, se facilita una ceremonia cuya mecánica básica consiste en hacer descender al Cristo de la cruz, plegarle los brazos y depositarlo en una urna. Por lo tanto, en nuestro país son relativamente numerosos los Cristos crucificados articulados, aunque la mayoría de ellos solamente tienen articulaciones a nivel de los hombros. Sin embargo, existen unas pocas imágenes que, al igual que nuestro hipotético Cristo linarense, poseen articulaciones en otras partes del cuerpo, como el cuello, dedos, caderas o rodilla. Algunos de esos raros ejemplos son los siguientes:

Se trata de imágenes de estética muy tremendista y talladas en el siglo xiv. Es decir, que no tendrían nada que ver con nuestro hipotético Cristo linarense, cuya posible factura se remontaría al siglo xix. No obstante, sirven para demostrar que la articulación del cuello no sería tan rara como se podría pensar. De hecho, también existen algunos ejemplos más cercanos en el tiempo, como son:

Imágenes del Cristo de la Expiración de Linares

Una vez que ha quedado probada la existencia de ciertas imágenes de crucificados, con el cuello articulado, podemos afirmar que estaría dentro de lo posible la existencia de una efigie de esta tipología en Linares. Por otra parte, las personas más ancianas de Linares siempre han sostenido que había un Cristo con la cabeza articulada. Para intentar indagar en la posibilidad de su existencia es necesario efectuar un recorrido, en orden inverso, por las tres imágenes que ha tenido la Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración de Linares a lo largo de su historia:

La talla del Cristo que se procesiona en la actualidad vino a sustituir a la que fue destruida en la contienda civil. Esta imagen, que es obra del escultor Gabino Amaya Guerrero[10], llegó a Linares en 1943 y es obvio que no tiene ningún mecanismo que haga que la cabeza se incline o se mueva.

La imagen titular de la cofradía entre los años 1904 y 1936 procedía de algún taller de arte sacro, aunque no se ha podio determinar de cuál. Por otra parte, es un hecho comprobado que, alrededor del año 1925, se fracturó el brazo izquierdo a la altura del hombro, lo que motivó un serio problema para la cofradía. Ante la escasez de medios con que se contaba para su restauración, un voluntarioso maestro albañil (Andrés Padilla Rodríguez) se ofreció desinteresadamente para su reparación, la cual llevó a cabo a base de morteros especiales. El resultado fue tan extraordinario que mereció el reconocimiento de la cofradía, aunque de puertas para afuera se dijo que el trabajo había sido efectuado por un taller madrileño. Gracias a esa improvisada (aunque eficaz) restauración, se comprobó que la imagen estaba realizada con pasta de madera, siendo su acabado de una enorme calidad y fineza. Un dato a tener en cuanta es que, en el estandarte que actualmente se saca en procesión, aparece representada (aunque ya muy deteriorada) la efigie de este mismo Cristo. Pues bien, esta imagen tampoco movía la cabeza. La certeza nos viene por las fotos en las que se observa un primer plano de su rostro y en las que se ve claramente que la cabeza estaba fija. Además de las fotos, tenemos el testimonio directo de la persona que acompañaba a quien restauró el brazo del Cristo[11].

Parece que nos vamos quedando sin base material para sustentar esta encantadora leyenda. Sin embargo, aún nos queda un átomo de esperanza al cual asirnos: el primitivo Cristo que procesionó desde la primera estación de penitencia (1895), hasta que fue sustituido por una imagen de serie en el año 1904. Según el ya mencionado artículo aparecido en la revista local Linares (marzo de 1953) y escrito por A. de la T. Cobalera[12], parece que esta primera imagen fue realizada por un pastor imaginero de Baños de la Encina. Esta versión sobre su autoría no es de extrañar si consideramos que la explicación más extendida sobre el origen de la hermandad es que fue fundada por unos carboneros de esa población. No obstante, pudiera ser que lo que en realidad hiciera nuestro circunstancial imaginero fuese restaurar una imagen existente pero de una antigüedad mucho mayor. El comentario de nuestro cronista que afirmaba que la imagen era de tan poca calidad artística que «quitaba la devoción», parece abonar esta teoría. Sea como fuere, el caso es por el año 1904 fue sustituida por la mencionada imagen de serie.

No se ha podido encontrar constancia fotográfica de esta primera talla y la única estampa que sugiere su primitiva fisonomía es una antigua fotografía en la que se puede apreciar el primitivo estandarte de la hermandad[13]. En este gallardete aparece una pintura que nos muestra a una imagen de Cristo que no es la que fue adquirida en 1904 y se destruyó en la guerra civil, sino que debe de representar a la primera talla con la que contaba la cofradía, esa que «quitaba la devoción». Como ya se ha indicado, la calidad de esta primitiva talla debía de ser bastante mejorable, lo que originó su rápida sustitución, ya que solo estuvo activa entre el año 1895 y 1903. Por lo tanto, es posible que esta imagen —de la que desconocemos casi todo— tuviese un mecanismo por el cual el Cristo simulara agachar la cabeza en el momento en que se celebraba la ceremonia de la Expiración, tal y como referían las personas más ancianas de Linares.

Otro posible origen para la primera imagen con que contó esta cofradía es que fuese un antiguo crucificado propiedad, a su vez, de una antiquísima cofradía no pasionista de Linares, denominada La Escuela de Cristo[14]. Según nos cuenta el historiador Federico Ramírez[15], resulta que el párroco de Santa María le regaló a la mencionada hermandad, en el año 1859, la imagen (muy deteriorada) de un crucificado. Dicha talla estaba en el coro alto de la iglesia de San Francisco. A continuación se procedió a su restauración y, una vez concluida esta, se depositó en la ermita de la Aurora de Linares, que era el lugar en donde estaba establecida esta Cofradía de La Escuela de Cristo. Lo curioso del caso es que, en la relación de trabajos efectuados para su restauración, aparecen estas referencias:

Juan Martínez López, labró una cruz nueva y dio distinta forma al Sto. Cristo que era de expiración y lo puso ya difunto; construyó el risco, huesos y calavera, 50 reales.

A D. Antonio Villa por formar la cabellera para dicho St. Cristo, 4 reales.

A Francisco Tejerina por hacer los tres clavos para las manos y pies, 6 reales (sic).

Por el anterior texto, se podría especular con que la reconversión de esta talla «de expiración» a talla «de difunto» pudo no haber sido permanente… es decir, que lo que en realidad se hizo fue darle una articulación a la cabeza, a la que también se dotó de una cabellera, quizás para ocultar el mecanismo. ¿Nos encontramos con el primitivo Cristo de la Expiración, ese que movía la cabeza al expirar? Probablemente no lo sabremos nunca, pero la existencia del crucificado de la Escuela de Cristo es un hecho documentado que da mucho que pensar. Por otra parte, si la imagen se restauró en el año 1859 y la Cofradía de la Escuela de Cristo desapareció en 1865, es muy posible que la talla regresase a la iglesia de San Francisco y estuviese allí cuando, en el año 1894, esos legendarios carboneros de Baños de la Encina organizaron la Cofradía del Cristo de la Expiración. Por tanto, hay algunas esperanzas de que la cabeza de ese Cristo se moviese (hacia un lado o hacia abajo) en el momento de la expiración.

¿Cómo se podría confirmar la hipótesis de la existencia de un Cristo de la Expiración con la cabeza articulada? Lógicamente, consultando las actas de las primeras Juntas de Cabildo de la hermandad y en donde se debió de tratar la adquisición de la primitiva imagen, así como los pormenores de una ceremonia tan curiosa. No obstante, tales documentos se encuentran en paradero desconocido o quizás durmiendo el sueño de los justos en algún abandonado baúl. Otra posible fuente sería la consulta de los periódicos locales que se editaban en los primeros tiempos de la cofradía, es decir, en la transición de los siglos xix al xx y en los que una ceremonia tan peculiar no habría pasado desapercibida. Pero, aun cuando se cuenta con una hemeroteca local bastante aceptable, existe un vacío documental en esos años tan cruciales. Por lo tanto, hay que reconocer que no tenemos —todavía— ninguna prueba documental que nos lo demuestre… aunque tampoco ninguna que lo refute.

Como conclusión, y con independencia del resto de conjeturas apuntadas, la machacona pervivencia en el subconsciente colectivo de que «la cabeza de Jesús se mueve al expirar» es hasta ahora la única prueba... persistente, rotunda, tozuda, de que, quizás en sus primeros tiempos, la imagen del Cristo de la Expiración tuviese la cabeza articulada.

Andrés Padilla Cerón

Consejero del Centro de Estudios Linarenses


BIBLIOGRAFÍA

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FERNÁNDEZ RUIZ, Alfonso y MUÑOZ ROJO, Manuel. Ser cofrade II. Aquella Semana Santa. Linares. Editan: Diario Jaén y Radio Linares, 2004.

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VV. AA. La minería en Linares (1860-1923). Jaén. Diputación Provincial de Jaén, 1987.

Archivos

Archivo Histórico Municipal de Linares (AHML).

Archivo Histórico Diocesano de Jaén (AHDJ).

Hemeroteca de la Biblioteca Provincial de Jaén.

Publicaciones periódicas

Boletín del Instituto de Estudios Jiennense. BIEG (1953- ).

Cruzada. Revista de mensual de Acción Católica (1951-1959).

El Eco Callejero. Semanal informativo de Linares. Primera época (1984-1991).

Linares. Revista mensual de información cultural (1951-1959).

Cruz de Guía. Publicación anual de la Agrupación Local de Cofradías (1956- ).

Periódicos locales y provinciales: Diario de Linares, Diario Regional, El Noticiero, El Eco Minero, El Día, Linares, La Unión, La Provincia, Jaén, Ideal.

Notas

[1] «Con ocasión de la nueva procesión del Descendimiento… no se celebrará en dicha parroquia [Sta. María] el Sermón y la ceremonia del Desenclavamiento que venía de costumbre». El Noticiero, 23-03-1929.

[2] Pasó de tener 6547 habitantes en 1846 a contar con 36 630 en 1877, es decir: quintuplicó su población en solo treinta años. VV. AA. La minería en Linares (1860-1923). Diputación Provincial de Jaén, Jaén, 1987, p. 139.

[3] En Español: «de las cosas nuevas» o «de los cambios políticos».

[4] AHML. Leg. 2572-19.

[5] Acta del pleno del Ayuntamiento de 8 de abril de 1895, curiosamente un día antes del bando de la alcaldía, en la que ya sí aparece reflejado el itinerario de esta procesión de la Expiración.

[6] Percal de un color solo que sirve para forros de vestidos y otros usos.

[7] Conocida popularmente por armaos. Se trataba de una asociación de seglares que, revestida de Guardia Romana, tenía como misión la vela del Monumento del Jueves Santo y salir en las procesiones de Semana Santa. Los primeros datos de su existencia en Linares son de mediados del siglo xix, aunque en otros lugares de España se remontan al siglo xvii. La Cofradía del Nazareno de Linares los restituyó en 2009.

[8] Revista-anuario de la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Linares.

[9] Ceremonia que lleva a cabo la Cofradía del Nazareno de Linares y en la cual la imagen titular bendice a la multitud gracias a un brazo articulado.

[10] Nació en 1896 en la localidad de Puebla de Sancho Pérez (Badajoz). De orígenes humildes, en 1915 se traslada a Madrid, donde ingresa en la Escuela de Artes y Oficios y alterna trabajos en el taller del famoso Coullat Valera. Amaya entronca con los grandes maestros de la época, realizando una escultura figurativa de carácter conmemorativo y religioso que muestra en numerosas exposiciones. Falleció en Madrid en 1979.

[11] Esa persona era mi padre, Juan Padilla León, y el restaurador, mi abuelo Andrés.

[12] Desconocemos su nombre completo, pero por las referencias que se dan en el artículo creemos que, cuando se escribió, rondaría los sesenta años, lo cual hace muy fiable la serie de datos aportados.

[13] Dicho estandarte es anterior al que se procesiona actualmente, el cual fue confeccionado en el año 1916, coincidiendo con la obtención del título de real.

[14] Hermandad constituida en Italia en el año 1662 y que estuvo activa en Linares entre 1781 y 1865. Se solían reunir en la Capilla de la Aurora de Linares, todos los jueves por la noche, para la práctica de sus penitencias y devociones.

[15] RAMÍREZ, Federico. Linares. Documentos y apuntes de tiempos antiguos (recopilación de D. Juan Sánchez Caballero y D. Félix López Gallego). Linares. Edita: Diputación Provincial. 1999, p. 377.