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Propuestas de Museo Etnográfico en Zamora

HERRERO MORAN, Blanca Flor

Publicado en el año 2014 en la Revista de Folklore número 386.

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Con anterioridad a la existencia del Museo Etnográfico de Castilla y León ubicado en Zamora, han existido en dicha localidad distintas propuestas de hacer un museo etnográfico, surgidas a lo largo del siglo xx, que han sido formuladas por personas a título individual y por entidades tanto públicas como privadas; siendo dentro de estas últimas donde se ha desarrollado la única propuesta museística que se ha llevado a cabo hasta el momento.

Primeras propuestas

Las primeras noticias de propuestas museísticas etnográficas en Zamora son dos referencias —recogidas en la prensa local zamorana— sobre la necesidad de crear un museo etnográfico, que respectivamente se hacen eco de uno de los objetivos de la Sociedad de Estudios Leoneses planteados en 1925 y de la queja de un lector en 1964:

Se ha constituido en León la Sociedad de Estudios Leoneses y entre sus propósitos está: ayudar a la formación de un Museo Etnográfico, depositándose provisionalmente en el provincial cuantos objetos se puedan recoger[1].

¡Lástima que no haya en Zamora un Museo Etnográfico que trate de recoger estas manifestaciones de arte popular![2].

Propuestas individuales

Seguramente las propuestas que de forma individual se han presentado con el fin de crear un museo etnográfico en Zamora son muchas más de las que a continuación se presentan. No obstante, se han seleccionado aquellas de las que tenemos constancia documental y que tienen una mayor relevancia dentro de dicho proceso museístico.

Tras aprobarse la creación de un museo etnográfico en el pleno del Ayuntamiento de Zamora, fue Arturo Almazán Casaseca quien, con fecha de cinco de marzo de 1973, envió una carta abierta al entonces alcalde de la capital, Miguel Gamazo Peláez, recordándole que la Diputación Provincial había tenido siempre un sumo interés en llevar a cabo la creación de un museo donde se recogiera y conservara, de cara al futuro, la enorme riqueza etnográfica de la provincia de Zamora. Años después, el 27 de diciembre de 1987, Arturo Almazán volvió a sacar a la palestra la reivindicación museística proponiendo, incluso, utilizar el recinto del cuartel Viriato para «la creación de un museo etnográfico, dividido en tantas secciones como aconseje la variedad e interés de temas y materiales»[3]. Posteriormente, en 1992, cuando Caja España difunde su intención de crear un museo etnográfico en Zamora, Arturo Almazán aprovechó la propicia situación para transcribir la misma noticia, aludiendo al museo etnográfico como el «profetizado» desde hace décadas por él[4].

Dentro del contexto de la Feria de la Cerámica de Zamora nacida en el año 1972[5], Dionisio Alba, Darío Calvo, Ángel González Sevillano, Carlos Andrés Fernández, Fernando Becedas y Herminio Ramos, entre otros, propusieron la donación de una pieza por parte de los ceramistas y alfareros que exponen en dicha feria con la idea de crear un museo de cerámica; opción loable que finalmente no se materializó ni se ha retomado para ponerla en marcha.

Al margen de esto, otra propuesta interesante fue la de Concha González Díaz de Garayo, quien planteó la necesidad de crear un museo regional de cerámica popular (siendo así una de las primeras en concretar la idea de un museo regional en vez de local) en colaboración con la Caja de Ahorros Provincial de Zamora argumentando dos razones: la tradición alfarera plasmada en la Feria de San Pedro y la existencia de la mejor colección de piezas de alfarería provincial (de la Caja de Ahorros de Zamora). Es más, Carlos Piñel en la introducción del catálogo de la exposición Cerámica popular de Castilla y León celebrada en 1983 afirma: «…creemos que es el momento más oportuno para la creación del Museo de Alfarería Regional en Zamora (pues) es la mejor garantía para que no se pierda ninguna de las variadas manifestaciones de esta rica expresión popular, y que el futuro de nuestra alfarería, en el que estamos ya inmersos, tenga la base más firme para su desarrollo, valorando y recogiendo aquello que sea útil de nuestro pasado, y despreciando lo que hoy ya no es válido. Con esta exposición tratamos de que alguno de estos objetivos se cumplan, aunque sea modestamente»[6].

Tras la creación de Caja España, Antonio Redoli, el hasta entonces director de la Obra Social e iniciador de la colección etnográfica, fue trasladado a la central en León, y, desde allí, invitó varias veces a Francisco Rodríguez Pascual para hablar de lo que fue el gran sueño de su vida: la construcción del futuro museo[7]. No podemos olvidar que la elección de Francisco Rodríguez Pascual como compañero de tertulia museística no es casual; pues, durante la década de los ochenta, el propio Francisco recorrió bastantes museos etnológicos de Europa e Hispanoamérica, con la intención de recabar información de cara al futuro o futurible museo que tal vez algún día se construiría en Zamora[8]. Con sus viajes, Rodríguez Pascual no solo fomentó la recogida y el estudio de testimonios personales de diferentes países sino que también facilitó el conocimiento de los planes y planos de diversos museos consagrados de la cultura popular recabados durante el largo periplo.

Uno de los eslabones perdidos en la aparición de la idea de museo etnográfico en Zamora es la petición de la delegada provincial de la Sección Femenina, Angelines Cisneros Abril, de un museo etnográfico[9]. En dos ocasiones Angelines Cisneros, de forma individual y casi a título personal, presentó este proyecto a la Diputación de Zamora; pero nunca recibió contestación. Por este motivo, estas propuestas museísticas se pueden entender más como fruto de una iniciativa personal que como un objetivo prioritario de la institución que representaba.

Sea como fuere, cuando el historiador y maestro zamorano Herminio Ramos tomó posesión como Delegado de Cultura de Zamora, en 1978, todas las estanterías de la Sección de Jefatura del Movimiento estaban vacías. Se habían llevado los archivos de la Sección a Madrid y esto impidió que las propuestas de museo etnográfico realizadas por Angelines Cisneros trascendieran. Finalmente, la última petición de Angelines Cisneros de crear un museo etnográfico en Zamora, fechada el 19 de enero de 1981, tampoco tuvo éxito, por lo que habrá que esperar dos años hasta que la Diputación Provincial de Zamora incluya en su programa la creación de un museo etnográfico.

Propuestas institucionales

Dentro de las propuestas museísticas etnográficas zamoranas, las diferentes iniciativas institucionales son las que más se han tenido en cuenta a la hora de trazar y facilitar el camino que conduce a la creación del Museo Etnográfico de Castilla y León. Sobresalen las propuestas de tres instituciones zamoranas muy distintas entre sí: un museo (el Museo Provincial de Bellas Artes), una diputación (la Diputación Provincial) y una entidad financiera (la Caja de Ahorros Provincial); pero que tienen, al menos, dos rasgos comunes: todas han poseído o poseen piezas etnográficas, y todas proponen inicialmente un museo etnográfico de carácter local (provincial).

En primer lugar, destaca la sección espacial proyectada por el Museo Provincial de Bellas Artes de Zamora, que —precisamente por su condición museística y dado que contaba con una pequeña colección de etnografía— decidió, en la década de los sesenta, realizar una sección dentro del museo para ubicar una cocina folklórica típica de la Tierra de Campos —defendiendo que la cocina es una de las estancias más importantes del hogar rural que se utilizaba genéricamente tanto para cocinar como para las reuniones aldeanas—. El fin de este proyecto, recogido en el Catálogo-inventario del Museo Provincial de Bellas Artes de Zamora publicado en 1968, era exponer adecuadamente los trajes regionales y varios de los objetos reunidos por el museo a lo largo de los años, imposibles de mostrar hasta ese momento, por falta de medios y de espacio[10]. A pesar de que esta propuesta nunca se materializó, nos sirve para comprender la valoración otorgada a la colección etnográfica por parte del museo.

La segunda opción fue planteada por la Diputación Provincial de Zamora en 1983 cuando incluye dentro de su programa cultural la creación de un museo etnográfico provincial. La prensa de la época recoge así dicha innovación incluida en el programa: «Por otra parte, otro proyecto para este año con vistas a la creación de un museo etnográfico en un plazo próximo, es el de ir adquiriendo todo tipo de materiales que sirvan en un futuro no muy lejano para reconstruir nuestra cultura. Tal es el caso de los utensilios y aperos de labranza en peligro de desaparición al producirse el cambio en el sistema de cultivo, o los medios artesanales para realizar pequeñas industrias… En definitiva, se trata de evitar que se pierda una parte importante de nuestra cultura, y para ello se establecerá un equipo de trabajo asesorado técnicamente por especialistas que se ocupe de rescatar ese material»[11].

Así, con el fin de crear el museo etnográfico zamorano, la Diputación Provincial de Zamora poco a poco fue engrosando sus fondos etnográficos. De hecho, desde 1973 —cuando se aprueba en el pleno del Ayuntamiento de Zamora del 5 de marzo la creación de un museo etnográfico— hasta 1983, la Diputación de Zamora adquirió una serie de materiales diversos de etnografía por un valor total de 316 000 pesetas que con sus debidos justificantes de compra se almacenaron a disposición de dicha corporación. Finalmente, el 2 de febrero de 1983[12], la Diputación, en sesión plenaria, propuso la adquisición de objetos considerados de interés para la creación, en su momento, de un museo etnográfico provincial; y veintiséis días después asignó dos millones de pesetas para la adquisición de material etnológico. Durante el año 1983 se compraron cuatro lotes de piezas etnográficas: el 15 de septiembre se compró un lote por un valor de 42 800 pesetas, el 1 de octubre otro lote por 66 500 pesetas, el 28 de octubre un lote por 69 800 pesetas, y el 30 de diciembre un último lote por 68 000 pesetas. De nuevo, a principios de 1984, la Comisión de Gobierno aprobó una nueva adquisición de material de etnografía por un valor de 68 000 pesetas que engrosó los fondos que ya poseía la Diputación en este campo y que preveía continuar adquiriendo con vistas a la posible creación de un futuro museo etnológico[13]. Pocos meses después, el entonces director del Museo Provincial de Zamora, Jorge Juan Fernández, envió una carta al Presidente de la Comisión de Educación y Cultura de la Diputación Provincial de Zamora donde expuso varias consideraciones previas a la aplicación práctica del proyecto museístico propuesto por la Diputación basándose en la necesidad de realizar algunos cambios administrativos, personales, espaciales e institucionales. Propuso: la dinamización de las trabas administrativas; el designio de personal experto en temas etnográficos que se dedicasen exclusivamente a la labor de compra y recogida, localización, almacenaje y catalogación de las piezas[14] (aspecto recogido en un escrito anterior fechado el 31 de enero de 1983); la habilitación de la infraestructura adecuada para el almacenamiento de las piezas, la posterior consolidación y, en su caso, restauración de las que lo necesiten; y la conveniencia de contar con la Caja de Ahorros Provincial de Zamora que en esos momentos ya tenía una excelente colección de etnografía.

No obstante, el paso de tiempo nos ha demostrado que el proyecto museístico de la Diputación Provincial de Zamora fue abandonado y relegado al olvido.

La tercera institución que plantea interesantes proyectos museísticos fue la Caja de Ahorros Provincial de Zamora, entidad financiera que desarrolló a su alrededor una imagen de mecenas cultural y que a través de su Obra Social fue evolucionando para dar respuesta a las demandas de la sociedad. En la memoria anual de la Caja de Ahorros Provincial de Zamora de 1985, se citan dos propuestas museísticas. En primer lugar, la creación de un museo de artes populares de Zamora (llama la atención que en este momento no se emplea el concepto de museo etnográfico); y en segundo lugar, el comienzo de los preparativos de un museo pedagógico de arte infantil y de las secciones de asesoramiento destinadas al sector docente. En términos generales, la primera opción museística planteada por la Caja —el museo de artes populares—, puede considerarse verdaderamente la génesis del Museo Etnográfico de Castilla y León, pues el principal objetivo de dicha propuesta era poder «contemplar y estudiar los testimonios de nuestra riqueza y costumbres tradicionales»[15]; salvando las evidentes distancias existentes —en su concepción temática, geográfica y funcional— entre el pasado y el presente.

Una de las aportaciones más importantes que se realizó desde la entidad financiera, por la reflexión que genera dentro del ámbito museológico, es la de Antonio Redoli, quien en un primer momento solo fue consciente de la necesidad de recopilar piezas de cerámica pero poco después sintió la necesidad de consolidar, afianzar, asegurar y fortalecer la colección etnográfica; y por ello se preguntó: cómo, cuándo y con quién realizar los nuevos planteamientos. Prueba de ello es la declaración de intenciones que se incluye en Tipos y trajes de Zamora, Salamanca y León: «Hay que decir que esta colección nace como un apéndice importante de lo que en su momento habrá de constituirse en un ejemplar museo de etnología, tomando como base los amplios fondos que la Caja de Ahorros Provincial de Zamora posee»[16].

Por este motivo, el 22 de mayo de 1987, Antonio Redoli escribió a Antonio Cea, Director del Programa de Etnología y Etnografía del CSIC, para plantearle los siguientes interrogantes: ¿la colección debe constituirse como museo?, ¿la colección, exclusivamente dedicada a la provincia de Zamora, debería ampliarse a otras provincias?, ¿cuáles?, ¿el museo podría ser el embrión de un futuro museo regional?, ¿es conveniente invitar a participar en esta tarea a otras instituciones?, ¿cuáles?, ¿debemos establecer ya un calendario de trabajo?, ¿deben responsabilizarse ya personas sobre trabajos del fututo museo?, ¿quiénes?

En menos de un mes, el 12 de junio de 1987, Antonio Cea contestó a cada una de las cuestiones planteadas por Antonio Redoli argumentado sus opiniones de forma clara, concisa, ordenada y razonada, de tal modo que sus respuestas se pueden resumir de la siguiente manera: la colección no solamente debe constituirse en museo, sino que debe ser la base de un centro de investigación y de restauración piloto y pionero, no solo para Zamora sino para toda la región; los exclusivismos no son buenos, Zamora se recupera y conoce si se recupera y conoce su entorno, no vive aislada y todo ayuda a conocer lo propio; el centro de investigación tiene su sentido pleno como centro regional, sobre todo teniendo en cuenta la fluctuación de las fronteras; es conveniente que un centro de investigación se mueva con investigadores pues es más importante y práctico pensar en personas que en instituciones, contar con personal cualificado y especializado en las principales tareas (recuperación y adquisición, incremento bibliográfico, catalogación, restauración y consolidación, investigación, actividades culturales, etc.); el calendario de trabajo no debe tener descanso y debe organizarse en función de las diferentes tareas específicas; las personas deben responder a este perfil: inteligencia, práctica museística y creativa, no ambiciosas, ser los más expertos y los mejores especialistas en la disciplina a la que se dedican, tener un estatus seguro —así lo que hacen es por amor o vocación y no por el interés y la necesidad—, ser buenas personas y no estar relacionadas con la política.

En suma, los aspectos principales que se tratan en dicha correspondencia son: la transformación de colección etnográfica a museo, la creación de un centro de investigación y de una escuela de restauración que se ajuste a las necesidades específicas de la colección (adecuación entre continente y contenido), la importancia de contar con un equipo de personas cualificado, la fijación de un calendario y la importancia de los fondos tanto en su valor material como inmaterial y documental. Ambas cartas constatan el cambio y la modificación de la idea inicial, al pensar en la creación de un museo etnográfico en detrimento del museo de cerámica, y de un museo regional en vez de local. Este nuevo planteamiento museológico trata de huir de lo meramente localista (ámbito de la cerámica y ámbito zamorano), de ir más allá (ámbito de la etnografía y ámbito regional) y de entender el museo como un centro multidisciplinar y multifuncional (conservación, restauración, exhibición e investigación), lo cual indica una amplitud de mente y horizontes que facilitará a su vez la apertura temática y geográfica de la institución museística que se preveía crear —un cambio trascendental que, sin duda, modificará el devenir histórico del futuro museo—.

Fue tal la apuesta de Antonio Redoli por la musealización de la colección que en 1988 se planteó un anteproyecto de un museo de etnología que recogiera la colección etnográfica adquirida por Caja de Zamora que finalmente no se llegó a realizar. El valor de esta iniciativa museística será confirmado por una de las personas que inicialmente colaboraron con diversos proyectos de la Obra Social de Caja de Zamora, Alfonso Bartolomé, quien —en un artículo publicado en 1994— atestigua que a finales de los ochenta nace la idea de museo etnográfico, afirmando: «Ahí, en esas fechas, se gestó el museo etnográfico; lo recuerdo comprando cerámica, recopilando, investigando, pensando poco a poco en el futuro museo»[17].

Museo etnográfico versus museo contemporáneo

Paralelamente a las propuestas de museo etnográfico, en la década de los ochenta del pasado siglo surgió la idea de crear en la capital zamorana un museo de arte contemporáneo regional ante la popularidad y la calidad de las bienales de arte contemporáneo celebradas en Zamora a partir de los setenta. Es más, fue tal el éxito de la propuesta museística de arte contemporáneo que dicho proyecto entró en competencia y eclipsó durante bastante tiempo la creación del museo etnográfico regional en Zamora.

Literalmente se afirmó: «Otro de los aspectos apuntados que contribuirían a la recuperación del casco histórico es la creación de un museo de arte contemporáneo en el que se reúnan inicialmente todos los fondos actualmente dispersos, producto de las bienales y que sea el embrión de una colección atractiva que dignifique la ciudad y que constituya una llamada de atención para los visitantes. También se tiene en cuenta el proyecto de la Caja de Zamora para la creación del museo de artes populares, y el replanteamiento de los actuales museos existentes en la ciudad y sobre todo de su promoción y modos de exhibir los contenidos en orden al aumento de su atractivo»[18].

Por lo tanto, debemos valorar las gestiones realizadas y el esfuerzo de numerosas personas e instituciones para que el Museo Etnográfico de Castilla y León ubicado en Zamora se hiciera realidad y no fuera relegado al olvido como ha ocurrido con el prometido museo de arte contemporáneo[19].

Tal y como se recogió en la prensa: «Todo esto costó infinitas gestiones, incomprensiones de todo tipo, dolores de cabeza. Mucha gente que ahora aplaude esta obra, en otro tiempo la criticaron, pues estimaban que lo que había que montar en Zamora era el “Museo de arte moderno” y que lo demás eran engaños y zarandajas. Aunque alguien no se lo crea, el Museo Etnográfico tuvo en principio mucha opinión en contra, principalmente de artistas e intelectuales»[20].

No obstante, al final, tanto las autoridades, los artistas y los intelectuales como el resto de la población entendieron que ambos proyectos museísticos tenían cabida en Zamora y que serían beneficiosos para la ciudad debido a la importancia que actualmente tienen los museos para potenciar la imagen y el turismo de los lugares en los que se ubican. Por ello, además de poner en marcha el actual museo etnográfico, a través del museo de Baltasar Lobo[21] se está luchando por crear un referente contemporáneo para que así Zamora se convierta en un importante espacio museístico y cultural.

Única propuesta realizada: el Museo Etnográfico de Castilla y León

En 1993, la Junta de Castilla y León aprobó un Proyecto de Ley que sirvió para crear la Sociedad de Infraestructuras de Castilla y León en la que se incluía el Museo Etnográfico de Zamora[22]. Un año después, el 8 de julio de 1994, sale a la luz la Ley 10/1994 sobre los Museos de Castilla y León donde se incluye tanto la creación del Museo de Arte Contemporáneo como la del Museo Etnográfico de Castilla y León. Gracias a esta ley, llegamos a la actual configuración del museo como una institución multidisciplinar (cultural, patrimonialista, etnográfica y antropológica), multifuncional (conservar, investigar, documentar y divulgar) y regional (comunidad castellano- leonesa); los tres pilares sobre los que se sustenta el Museo Etnográfico de Castilla y León.

A pesar de que, en ese momento, se desconocía aún la fecha exacta para la puesta en marcha del Museo Etnográfico, Caja España mantuvo la firme voluntad de destinar su importante colección etnográfica a la creación de este museo en Zamora y se posicionó claramente asegurando que sus fondos no se destinarían a ningún otro lugar. Algo bastante lógico, teniendo en cuenta que los inicios de dicha colección etnográfica hay que situarlos en la provincia de Zamora y en la labor realizada por la Caja de Ahorros Provincial de Zamora.

Finalmente, tras varios años de acuerdos y desacuerdos, el Museo Etnográfico de Castilla y León se ubica en Zamora, se inaugura el 19 de diciembre de 2002, y pertenece a la red de museos regionales incluidos en la red de museos dependientes de la Comunidad Autónoma de Castilla y León.

Ahora bien, el Museo Etnográfico de Castilla y León tiene un lugar privilegiado en la Historia no solo porque es el primer museo regional de esta comunidad sino también porque alberga numerosas obras que documentan y son testimonios de una forma de vida que está en vías de desaparición.

BIBLIOGRAFÍA

ALONSO FERNÁNDEZ, Luis: Museos y museología. Dinamizadores de la cultura de nuestro tiempo. Editorial Complutense. Madrid, 1988.

ARNÁIZ ALONSO, Benito: «El patrimonio etnológico y su exposición museológica», en Salamanca. Revista de Estudios, n.º 51. Salamanca, 2004. Pp. 361-376.

DÍAZ BALERDI, Iñaki: La memoria fragmentada. El museo y sus paradojas. Trea. Gijón, 2008.

FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Jorge Juan: «Museo de Zamora: pasado, presente y futuro», en Merlú, Revista de Radio Zamora. Zamora, 1981. P. 37.

GONZÁLEZ POSADA, Juan: «La vida cultural», en VV. AA.: Historia de una cultura. Castilla y León en la Historia de España. Tomo IV. Junta de Castilla y León. Consejería de Cultura y Turismo. Valladolid, 1995. Pp. 425-474.

HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ, Francisca: El patrimonio cultural: la memoria recuperada. Trea. Gijón, 2002.

HERRERO MORÁN, Blanca Flor: El Museo Etnográfico de Castilla y León: patrimonialización y musealización. Universidad de Salamanca, Departamento de Historia del Arte-Bellas Artes. Salamanca, 2013. Tesis inédita.

PIÑEL SÁNCHEZ, Carlos: Catálogo de la exposición Cerámica popular de Castilla y León. Casa de la Cultura. Caja de Ahorros Provincial de Zamora. Zamora, 1983.

REDOLI MORCHÓN, David: «El etnográfico de Castilla y León: los orígenes de algo más que un museo», en Zamoranos en Madrid. Boletín informativo de la Casa de Zamora en Madrid, n.º 6. Madrid, 2011. Pp. 35-38.

RODRÍGUEZ PASCUAL, Francisco; CASADO LOBATO, Concha y CEA GUTIÉRREZ, Antonio: Tipos y trajes de Zamora, Salamanca y León. Acuarelas de la Escuela Madrileña de Cerámica. Caja de Zamora. Zamora, 1986.

VELASCO RODRÍGUEZ, Victoriano: Catálogo-inventario del Museo Provincial de Bellas Artes de Zamora. Diputación Provincial de Zamora. Zamora, 1968. P. 112.

VV. AA.: Memoria 85. Anuario del ejercicio del año 1985. Caja de Ahorros Provincial de Zamora. Apartado: Obra Social, actividades culturales.

Notas

[1] El Correo de Zamora. 09-06-1925, dentro del apartado de León.

[2] El Correo de Zamora. 18-02-1964. Titular: «Lino: una riqueza zamorana desaparecida».

[3]El Correo de Zamora. 27-12-1987. Arturo Almazán. Titular: «Cuartel Viriato: Zamora, historia y vida».

Esta noticia aparece recogida nuevamente el 07-03-1998 en La Opinión de Zamora recordando la carta de Arturo Almazán como hecho relevante.

[4] La Opinión de Zamora. 09-11-1992. Titular: «Historia y vida en el museo etnográfico».

[5] Se trata de la primera feria de estas características de España que fue creada por Herminio Ramos, a la que, año tras año, se fueron incorporando alfareros y ceramistas de diferentes puntos de la geografía nacional e internacional. Es más, en esta feria se compraron diferentes piezas antiguas y modernas de la primitiva colección de cerámica de la Caja de Zamora. Incluso, en un documento interno de la Caja de Ahorros de Zamora de 1989 titulado Historia de una labor en el campo de la etnografía, Antonio Redoli —refiriéndose a la Feria de Cerámica— afirma que «en cierta manera, el inicio de esta colección es deudor, por su influencia, de esta iniciativa, como también lo es de la labor callada de numerosas personas».

[6] PIÑEL SÁNCHEZ, Carlos: Catálogo de la exposición Cerámica popular de Castilla y León. Casa de la Cultura. Caja de Ahorros Provincial de Zamora. Zamora, 1983.

[7] Poco después de comenzarse a recopilar la colección, Antonio se plantea su musealización y pide asesoramiento a distintos profesionales sobre las posibilidades de llevar a cabo dicho proyecto. No obstante la propuesta de Antonio Redoli se incluye dentro del apartado institucional porque sin el respaldo de la entidad financiera en la que trabajó, especialmente el de Miguel de Unamuno Pérez —director de Caja de Zamora— habría sido imposible tanto la formación de la colección como la musealización de la misma.

[8] En La Opinión de Zamora del 23-02-2002, Francisco Rodríguez Pascual afirma: «Traje entonces bastantes planos y planes de museos consagrados de la cultura popular. ¿Dónde están? ¿Se han tenido en cuenta a la hora de construir el edificio que está a punto de estrenarse?».

[9] «La delegada provincial de la Sección Femenina Angelines Cisneros, presentó por dos veces, en la Excelentísima Diputación de nuestra desventurada provincia, un proyecto de Museo Etnográfico, aportando la delegación la colección de trajes que había reunido y que se completaría con otros encargos y otras realizaciones en el taller de bordados de Carbajales» (La Opinión de Zamora. 16-12-2002). Herminio titula su artículo Eslabones perdidos con razón, ya que este hecho es muy poco conocido y valorado dentro de la historia anterior a la creación del Museo Etnográfico de Castilla y León.

[10] VELASCO RODRÍGUEZ, Victoriano: Catálogo-inventario del Museo Provincial de Bellas Artes de Zamora. Diputación Provincial de Zamora. Zamora, 1968. P. 112.

[11] El Correo de Zamora, 02-02-1983. Titular: «La Diputación estudió el programa en materia de cultura para el 83».

[12] El Correo de Zamora, 23-02-1983. Titular: «Hoy, sesión plenaria en la Diputación».

[13] El Correo de Zamora, 11-01-1984. Titular: «Acuerdos de la comisión de Gobierno. Adquisición de material etnográfico».

[14]«La dedicación que exige la labor de búsqueda y recogida del material etnográfico para realizarse de un modo serio y sistemático impide que el Director del Museo, con otras obligaciones que atender y principalmente las referentes al patrimonio arqueológico de la provincia, pueda seguir ocupándose de los aspectos prácticos de las adquisiciones, debiendo concretarse su papel idóneo a asesorar y emitir dictámenes de tipo técnico». Carta del 16 de mayo de 1984 dirigida al Presidente de la Comisión de Educación y Cultura de la Diputación Provincial de Zamora escrita por el entonces director del Museo Provincial de Bellas Artes de Zamora, Jorge Juan Fernández.

[15] VV. AA.: Memoria 85. Anuario del ejercicio del año 1985. Caja de Ahorros Provincial de Zamora. Apartado: obra social, actividades culturales. P. 58.

[16] RODRÍGUEZ PASCUAL, Francisco; CASADO LOBATO, Concha y CEA GUTIÉRREZ, Antonio: Tipos y trajes de Zamora, Salamanca y León. Acuarelas de la Escuela Madrileña de Cerámica. Caja de Zamora. Zamora, 1986. P. 9.

[17] La Opinión de Zamora. 13-10-1994. Titular: «Cerca de dos mil personas despidieron ayer a Antonio Redoli».

[18] 19-07-1988. El Correo de Zamora.

[19] El centro de arte contemporáneo se disputó entre tres provincias: León, Zamora y Salamanca. A pesar de la promesa de realizarse en Zamora finalmente fue León la provincia escogida para acoger este centro (el actual MUSAC). Ahora, como bien indica Juan González Posada: «Aunque dos son las capitales que, por su relación con el arte de nuestros días deberían haber tenido más oportunidades de convertirse en sede de la institución, Valladolid o Zamora —que lleva organizando desde hace años la única Bienal de Arte Contemporáneo de la Comunidad—, las preferencias políticas se han inclinado recientemente por León». GONZÁLEZ POSADA, Juan: «La vida cultural» en VV. AA.: Historia de una cultura. Castilla y León en la Historia de España. Tomo IV. Junta de Castilla y León. Consejería de Cultura y Turismo. Valladolid, 1995. Pp. 425-474, p. 436.

[20]La Opinión de Zamora. 22-02-2003. Titular: «De la génesis del Museo Etnográfico. Juan Seisdedos Robles».

[21] En 1993 muere Baltasar Lobo a los 83 años cuando se estaba preparando, en colaboración con diversas entidades públicas y financieras, un anteproyecto museográfico para la exhibición y estudio de su obra en la capital zamorana que proponía dos opciones: la creación de un museo sobre el escultor y su obra y/o la dedicación de un espacio en el futuro Museo Etnográfico para sus obras escultóricas. Finalmente, el primer museo dedicado a su obra se ubicó de forma provisional en la iglesia de San Esteban situada en la plaza homónima de Zamora hasta que se llevó a cabo la rehabilitación del castillo de Zamora donde se alberga desde el 2009, junto con la Casa de los Gigantes, el Centro de Arte Baltasar Lobo. Actualmente se ha elegido un nuevo emplazamiento para el centro museístico de Baltasar Lobo en el ayuntamiento viejo de Zamora, situado en la plaza Mayor, que aún no se ha musealizado.

[22] La Opinión de Zamora. 21-5-1993. Titular: «La Junta aprobó un proyecto de Ley para crear el Museo Etnográfico de Zamora».