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Una estructura peculiar en la canción de ánimas

CILLAN CILLAN, Francisco

Publicado en el año 2015 en la Revista de Folklore número 395.

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La creencia en el más allá está en casi todos los pueblos primitivos de cualquier región de la tierra, sin olvidar especialmente a los que nos precedieron. El catolicismo sacralizó costumbres ancestrales, entre las cuales se encontraban la devoción y el rezo por los fallecidos, que han llegado hasta nuestros días. Durante la Edad Media un miembro de la localidad se encargaba de recordar al resto de la comunidad dicha obligación. Una muestra del impacto que hasta en los más pequeños debía de producir dicho ritual, y lo impregnada que estaría la devoción, lo tenemos en el conquistador del Perú, Francisco Pizarro[1], quien dejó dicho en su testamento otorgado en la Ciudad de los Reyes (Lima) el 5 de junio de 1537, ante el escribano Cristóbal de Figueroa, «que todas las noches [en su ciudad natal de Trujillo] salga un muchacho de los quatro acólitos que an de servir en la dicha iglesia[2] con una campanilla por las calles comarcanas a la dicha iglesia trayendo la oración a las animas del purgatorio, diziendo en boz alta que lo oyan fieles cristianos de Jesucristo: Acordaos de las animas de purgatorio e resaldes sendas aves marías y pater nosters por que falléys quien por vosotros las rese»[3].

El concilio ecuménico de Trento (1545-1563) declaró dogma de fe la existencia del purgatorio y que «las almas que en él están puedan ser aliviadas por los sufragios de los fieles y, sobre todo, por el sacrificio del altar» (sesión XXV). De este modo, se intensificó la consideración de que se podía socorrer y abreviar la estancia en el purgatorio con oraciones, ayunos, limosnas, obras buenas de los creyentes… pero, sobre todo, con el sacrificio de la misa. Y las cofradías de ánimas, encargadas fundamentalmente del mundo de los muertos, aumentaron considerablemente, hasta tal punto que las plegarias por las ánimas del purgatorio se convirtieron en una de las devociones más difundidas y populares. Las «demandas de ánimas medievales» dieron paso a la nueva forma recaudatoria religiosa.

La canción fue parte esencial durante muchos años en la petición de ánimas. Puerto de Santa Cruz, localidad extremeña situada a 17 km de Trujillo, junto a la autovía N-V, en dirección a Badajoz, eligió la noche del 5 al 6 de enero como única fecha para pedir por las benditas ánimas del purgatorio. Tres eran los hombres principales del cortejo, como cuenta la tradición cristiana que fueron los Reyes Magos, los cuales año tras año salían a pedir. Siempre los mismos, voluntariamente, guiados por la fe, desafiando las inclemencias del tiempo e incluso los achaques de la edad[4]. Hombres curtidos en el campo que, tras la brega de todo el día, se olvidaban del cansancio y al anochecer, enfundados en sus capas y con faroles en las manos, cuando aún la luz eléctrica no había llegado al pueblo o era escasa, recorrían la localidad. Una pandereta, cuidadosamente adornada, o el acordeón, servían de acompañamiento. Las canciones y el sonido de la campanita acompasados con los otros instrumentos ponían el toque fúnebre, propios de difuntos, y eran los reclamos para mover las almas, para conseguir las dádivas, a la vez que recordaban a los vecinos las fechas en que estábamos y el motivo de aquella comitiva.

Los cantos que hemos recogido en el Puerto mantienen una estructura muy poco común, tanto desde el aspecto culto como desde el popular[5]. Todas las estrofas, tal y como las presentamos, forman coplas de pie quebrado en sextilla de semiestrofa simétrica, con un decasílabo seguido de dos hexasílabos, esquema que se repite para formar los seis versos. Se considera que esta forma de versificar es muy antigua, incluso anterior al uso de octosílabos y tetrasílabos, que aparece en las coplas de Jorge Manrique A la muerte de su padre (Navarro Tomás: 532)[6]. Riman el tercero con el sexto en asonante o consonante, fuertemente oxítona, los demás quedan sueltos. La estructura binaria permite anunciar o presentar el tema en la primera parte, mientras que en la segunda se establece la consecuencia, consecución o conclusión. Si la rima es escasa, como se ha indicado, el ritmo es intenso con esquemas rítmicos que se repiten con frecuencia dentro de la misma estrofa. Hexasílabos polirrítmicos (/ - - - / -), dactílicos (- / - - / -) e incluso trocaicos (/ - / - / -) son los más frecuentes[7]. El verso quebrado resalta esa ruptura que el poeta quiere expresar. En todas las composiciones se aprecian fines catequísticos.

La comitiva solía salir de la iglesia o de la casa parroquial. Si comenzaban sus cantos en el portal del templo, la primera tonada que cantaban era:

Esta noche es la Noche de Reyes,

humildes devotos[8]

salen a pedir,

por las almas que en el purgatorio,

penas y tormentos,

desean salir.

Si el petitorio comenzaba a la salida de la casa parroquial, la tonada igualmente recordaba el motivo del mismo:

A la puerta del pastor de almas,

ánimas benditas,

salen a pedir,

suplicando que las deis limosnas

que del purgatorio

desean salir.

Pero tan pronto se dejaba el recinto sagrado se anunciaba, en la plaza pública, a los fieles las fechas en que estábamos y nuevamente el motivo del cortejo. Como si se tratara de una solemne procesión, iban precedidos por la cruz y dos farolas.

Esta noche es la Noche de Reyes,

todos los cristianos

deben rogar

por las almas que en el purgatorio,

penas y tormentos,

padeciendo están.

La mutabilidad, propia de la poesía oral, es una constante en estas canciones de origen oscuro, síntoma evidente de que el pueblo las transmitía de generación en generación y transformaba estrofas o versos completos, como podemos observar en estas versiones que se conservan, que cambian sustancialmente la letra. El vulgarismo «pa» y la forma de arranque iniciada con el deíctico «esta» son características evidentes de su oralidad.

Esta noche es la Noche de Reyes

las primeras pascuas

venimos a dar,

suplicando que nos deis limosnas

para ir al cielo

de Dios a gozar[9].

Esta noche es la Noche de Reyes,

ánimas benditas

salen a pedir,

«pa» las ánimas que en el purgatorio[10],

penas y tormentos,

desean salir.

La primera vez que se recoge por escrito esta tradición es en un balance económico del año 1853: «… limosnas reunidas en el petitorio de los Santos Reyes». Al año siguiente la frase es más completa, más significativa: «… limosnas recaudadas en la festividad de los Santos Reyes, según costumbre». Las recaudaciones mediante las demandas medievales ya no figuran en dichos balances. Otras tradiciones para conseguir ingresos se van perdiendo en detrimento de la Noche de Reyes, que cada año adquiere más auge, más fuerza, más simpatía popular, mayor número de limosnas. En el canto, después de cada estrofa se repite el estribillo que a continuación presentamos. Una súplica dirigida a un Dios todopoderoso, que hacía más patética la situación.

¡Tened piedad!, ¡tened piedad!

de las almas que en el purgatorio

penas y tormentos

padeciendo están[11].

Los dos hemistiquios del primer verso con terminación aguda hacen que se mantenga con diez sílabas. Un nuevo tipo de estrofa aparece en esta ocasión al mezclar dos decasílabos seguidos de dos hexasílabos, con rima asonante el primero con el último.

Posteriormente, se recuerda a los vecinos la obligación que tienen de dar la limosna y la recompensa que ello les proporcionará, con versos similares a los anteriores.

No te tardes en dar la limosna,

que para quien darla

lo mejor será[12];

pues el premio del ciento por uno

te está prometiendo

la Suma Bondad[13].

(estribillo)

Detrás solían ir el sacerdote y algunos chiquillos que, con esquilas en las manos, no cesaban de repicar. Los vecinos, con velas encendidas en las puertas de sus casas, esperaban a la comitiva y, a la vez que entregaban su donativo, se santiguaban al paso de las ánimas. La letra de la canción es muy descriptiva de este hecho.

Si pasamos por junto a tu puerta,

la vela encendida

nos hace parar[14],

no te tardes en dar la limosna

que para las ánimas

pidiéndote van.

Unos mozos, con alforjas en los hombros, al grito de «¡ánimas benditas!», se encargaban de recoger las limosnas en especies o en dinero. Otras tonadas para resaltar la función comunicativa utilizan fórmulas de arranque propia de la canción de ronda «A tu puerta...»[15]. En la primera se recuerda también la idea primitiva de que los fenómenos meteorológicos, atmosféricos, geológicos, etc. son el premio o castigo de la divinidad.

A tu puerta están las campanitas,

ni te llaman ellas,

ni te llamo yo;

que te llaman temblores de tierra

que son los avisos,

que nos manda Dios.

La continuidad entre el mundo de los vivos y de los muertos estaba servida. Pocos eran los que eludían la petición de las ánimas tras oír canciones como esta:

Si pasares [pasaras] junto a la iglesia,

y oyeres las voces

que las almas dan,

son tus padres, parientes o hermanos

que piden limosna

para descansar[16].

Si pasases [o pasarais] por junto a la iglesia,

y oyeres [oyereis] las voces

que las almas dan,

suplicando las saquéis de penas

y el descanso eterno

lleguen a alcanzar[17].

No se olvidaba la fecha en que nos encontrábamos, de ahí que el Misterio del Nacimiento estuviese presente con un símil muy a la mentalidad campesina de la localidad, lleno de metáforas evangélicas y eucarísticas: el pan transformado en Dios en la eucaristía.

Es María la caña del trigo,

San José la espiga

y el Niño la flor.

El Espíritu Santo es el grano,

que allí está fundado

por obra de Dios[18].

Se aprovechaba la ocasión para recordar también la hermandad que debe existir entre los cristianos, ayudando a los más necesitados, y comparando en cierto modo a los pobres de la comunidad con las ánimas, a la vez que nos traslada a unos tiempos poco estables económicamente, en los que la mendicidad diaria era un medio de subsistencia para algunos, con canciones como esta:

No niegues las limosnas al pobre

que de puerta en puerta

pidiéndola va.

Porque puede que el día de mañana

tú la necesites

y no la tendrás.

A veces se recurría a la memoria de aquellos seres queridos que nos precedieron, recordando su amor y sus virtudes, como una forma de prolongar el estado natural de la familia más allá de la muerte.

Dime esposa de mí tan querida,

cómo te olvidaste

de mi caridad;

para librarme de fieros tormentos,

con una limosna

que dé tu piedad.

Con toda la solemnidad que requería el acto, y para dar tiempo a recoger los donativos, de trecho en trecho se hacía una parada. Los animeros avivaban los cantos, siempre los mismos. La música, la letra, la noche invernal creaban el ambiente tétrico que la circunstancia exigía.

De qué te sirven todas tus riquezas,

si al pasar las ánimas

no las quieres dar.

Vive, vive gozoso con ellas,

que una estrecha cuenta

guardándote está.

Solo ante muy determinadas casas la detención del cortejo era obligada. Allí se entonaban canciones alusivas a la persona que vivía dentro.

A la puerta del pastor de almas,

las ánimas benditas

llegan a pedir

la limosna para aquellas almas,

que del purgatorio

desean salir.

A la puerta del Pastor Divino

las primeras pascuas

venimos a dar[19],

suplicando que nos des limosnas

para ir al cielo

de Dios a gozar.

Una vez concluido el recorrido, en la puerta trasera de la iglesia, como despedida, se entonaba la última canción.

Y nosotros, humildes devotos,

los que hemos pedido

con mucha piedad [o humildad],

rogamos a la Virgen del Carmen

que su escapulario

nos deje alcanzar[20].

Y tras el último canto, de rodilla en las gradas de la puerta de la iglesia, acompañados de gran número de convecinos, los animeros rezaban una oración por todos los difuntos del pueblo. Después se dirigían a la casa parroquial donde se hacía el recuento de las ofrendas. El sacerdote invitaba a un vino y algunos dulces a la comitiva y, tras una breve conversación, los participantes se despedían con frases como: «¡Que Dios nos dé salud para el año que viene!», «¡Salud nos dé Dios!», etc. mientras en silencio iban saliendo, embrujados por el acto vivido. Las especies obtenidas se subastaban con posterioridad en el portal de la iglesia después de la misa solemne de algún día festivo próximo. Todo lo recaudado se aplicaba en misas por los finados de la localidad. Había que abreviarles la estancia en el purgatorio, según las normas tridentinas.

La guerra de Independencia trajo consecuencias graves para las Cofradías de Ánimas, que quedaron muy dañadas, con escasos bienes, hasta que terminan por desaparecer. En Puerto de Santa Cruz, al menos, durante el siglo xix y gran parte del xx, la devoción toma gran auge. En el 1856 se reconstruyó su altar, dos columnas neoclásicas traídas del monasterio de Guadalupe enmarcan un lienzo, pintado por el cacereño Rafael Lucengui, dividido en tres partes: en la inferior aparece una ingente muchedumbre que clama por alcanzar el cielo, mientras en la superior está la Santísima Trinidad rodeada de la corte celestial. En medio, los bienaventurados con figura de ángeles intentan servir de intercesores[21]. Una mujer o una familia de la comunidad se encargaba del cuidado y aseo de dicho altar, lo mismo que en su momento haría el mayordomo de la cofradía[22].

La Noche de Reyes cumplía la misma función que la «demanda» medieval, hasta bien entrada la década de 1980. Por entonces, nuevas normas conciliares del Vaticano II comenzaban a regir en la Iglesia y la sociedad había cambiado profundamente —era difícil entender el sufragio universal en una sociedad que caminaba hacia el individualismo, guiada por intereses capitalistas y sometida a continuos cambios—. El pueblo en ese mar de confusiones renunció a su tradición.

Años después, algunos vecinos de la localidad, amantes de sus tradiciones y de la importancia que estas tienen de identificación local, han retomado esta vieja costumbre para que no se pierda totalmente, aunque la recaudación que se obtiene ya no conlleva esa función de salvación común de las almas de la vecindad, y se destina a obras de caridad o se entrega a alguna ONG.

Coplas similares en otras localidades próximas

Santa Cruz de la Sierra, localidad a muy corta distancia del Puerto, también recordaba a sus difuntos por las fechas de Navidad, aunque la tradición se perdió por la década de 1950 y hoy prácticamente nadie la recuerda. Tío Miguel Román fue el último que durante algunos años salió con la campanita por el pueblo, a la vez que entonaba una canción de idéntica estructura que las anteriores:

A tu puerta está la campanita

ni te llama ella,

ni te llamo yo,

que te llama la Reina Justicia

que le des limosna

por amor de Dios[23].

Canciones similares a las de Puerto de Santa Cruz cantaban, hasta bien entrado el siglo xx, los «animeros» de Madroñera, localidad próxima perteneciente a la jurisdicción de Trujillo. Cuatro o cinco hombres eran los encargados de pedir las limosnas para sufragios universales de las ánimas, acompañados por el lamento de las campanas de la iglesia. Las fechas elegidas para la postulación fueron Nochebuena y la noche de víspera de Reyes. Llevaban como estandarte un cuadro de ánimas que introducían en la casa de los vecinos que habían sufrido la muerte reciente de un familiar, ante el cual se arrodillaban, besaban la imagen y rezaban una oración. Posteriormente seguía la comitiva, alumbrados por dos farolas y acompasados por el tambor y un pandero, a la vez que entonaban sus cánticos.

Esta noche es la Nochebuena,

que todo cristiano

se debe alegrar,

y rogar por las benditas almas

que están padeciendo

con tanto penar.

Esta noche es la Nochebuena,

que el Rey de los Cielos

nació en el portal,

y las almas en el Purgatorio

están desconsoladas

con tanto penar.

(Ramón y Fernández: 79-80)

La similitud no es solamente estructural, pues algunos versos mantienen escasas variaciones respecto a los que hemos estudiando del Puerto, como sucede en las dos canciones anteriores. La igualdad se hace más patente cuando encontramos estrofas que presentan cambios léxicos mínimos, como acontece en las que a continuación presentamos, lo que nos hace pensar en un conjunto de coplas de este tipo que circulaban al menos por la diócesis de Plasencia:

A tu puerta está la campanita,

ni te llama ella,

ni te llamo yo,

que te llaman las almas benditas,

que les des limosnas

por amor a Dios.

A la puerta del Pastor de almas,

rogando y clamando

las almas están,

para que nos des una limosna

para irnos al cielo

de Dios a gozar.

Si pasaras por junto a la iglesia

y vieras las almas

los gritos que dan.

Son tus padres, parientes y hermanos

que en el purgatorio

padeciendo están.

Dime esposa de mí tan querida,

¿cómo te olvidaste

de mi tierno amar?

Sácame de tan fieros tormentos

con una limosna

si la puedes dar.

(Ramón y Fernández: 79-81)

Pero en Madroñera hubo otras canciones que difieren de las del Puerto en sus letras, aunque la estructura y los temas son similares. En una de ellas invocan a Dios todopoderoso en su Trinidad, para exhortar a los vecinos a que entregasen su donativo.

En el nombre de Dios Trino y Uno,

pidamos limosnas

con gran voluntad,

por aquellas afligidas almas

que en el purgatorio

padeciendo están.

(Ramón y Fernández: 79)[24]

La identificación de los «animeros» con las almas del purgatorio es constante en varias coplas, con formas de arranque propio de la poesía oral, estudiadas anteriormente.

A tu puerta están las tristes almas,

atiende, cristiana,

¡qué suspiros dan!

con lamentos y ayes lastimeros

piden el socorro

para descansar [25]

A la puerta de este fiel devoto

las benditas almas

las gracias le dan,

que esta noche con muy grande anhelo

pidiendo limosna

por las calles van.

Otra característica de la poesía popular es la pérdida o alteración de algunas palabras, verso o parte de la estrofa, como sucede en estas dos canciones que presentamos a continuación y donde se aprecia claramente la falta de vocablos que sufre el último verso de la primera estrofa.

Por las calles venimos cantando,

que dicen las almas

con gritos que dan.

¡No hay por Dios quién nos dé una limosna

para irnos al cielo

a gozar![26]

Almas santas que estáis padeciendo,

atiende, cristiano,

¡qué suspiros dan!

¿No hay por Dios quién nos dé una limosna

para irnos al cielo

de Dios a gozar?

José Ramón advierte que esta devoción tuvo en otro tiempo gran arraigo y fervor religioso, pero fue decayendo por «el advenimiento de la República, poco favorable a tales manifestaciones externas del culto» y, sobre todo, porque los animeros en su recorrido nocturno visitaban todas las tabernas de la localidad hasta terminar ebrios. El párroco, ante tales circunstancias, en el año 1932 suprimió la tradición (Ramón Fernández, nota 1: 79). Sin embargo, el pueblo seguía recitando las tan escuchadas canciones y cuando algún hecho impresionaba a la comunidad no dudaba en utilizar su estructura para referirlo, como sucede con esta que me ha recitado recientemente una vecina de la localidad, que asegura haberla escuchado a su madre:

A la puerta de la Macarena

la rueda de un carro (o de un coche)

a un niño mató,

y su madre triste y afligida

el escapulario

del Carmen le echó[27].

Bonifacio Gil recoge en el Cancionero popular de Extremadura cuatro estrofas que se entonaban la víspera del día de Reyes por la noche en Montehermoso (Cáceres), localidad próxima a Plasencia, que pertenece a la misma diócesis que las tres poblaciones anteriores, aunque dista bastante de ellas. «Se hace una procesión en la que se lleva el estandarte de la Cofradía de Ánimas, cantando el pueblo, acompañado por una singular agrupación artística compuesta por dos guitarras, flauta y bombardino» (Gil García, 1961: 125 y ss.). No indica cuál era la finalidad, aunque los textos de las tonadas señalan claramente que estaban hechas para pedir limosna para las ánimas. Las presenta en estrofas irregulares de cuatro versos de arte mayor, dividido cada cabo en dos hemistiquios, con rima asonante en los impares. Nosotros preferimos mostrarlas con el mismo esquema que venimos haciéndolo para ver la similitud en la letra y en la estructura estrófica. La irregularidad de algunos versos es debida a la acumulación de sílabas innecesarias, propio de la oralidad, (verso segundo y cuarto de la primera estrofa, con un «que» añadido).

A tu puerta están las campanitas,

que ni te llaman ellas,

ni te llamo yo,

que te llaman las ánimas benditas,

que les dé limosna,

por amor de Dios[28].

Un hermano le dijo a otro hermano:

—Levántate, hermano,

que vamos a rezar.

Y la Virgen María le dijo:

—Detente, devoto,

por la puerta sal.

Son escalas para ir a la gloria

la fé [sic] y la esperanza

y la caridad.

Caridad te suplican las ánimas

que en el purgatorio

padeciendo están[29].

Ciudadanos, nobles y plebeyos,

está esclarecida

la pura verdad:

No permitan que las pobres ánimas

lleguen a tu puerta

y no puedan entrar.

(Gil García, 1961: 125)

La popularidad de estas tonadas y su continua repetición hacían que chicos y mayores las parodiasen con letras irreverentes e irónicas, añade el folclorista extremeño. La parodia es una forma de conseguir la extrañeza en el receptor, como medio para alcanzar la función poética. Se utiliza la misma estrofa pero se alteran los contenidos y se produce así la burla. Un ejemplo lo tenemos en la tonada última recogida en Madroñera.

La misma estructura métrica encontramos en una copla de ánimas de la zona de las Hurdes en la provincia de Cáceres, perteneciente al obispado de Coria, aunque no me han indicado en qué fecha se cantaba.

Cuando paso por el cementerio

me acuerdo de amigos

que yo conocí,

y les digo: Requiescat in pace,

para que otros digan

lo mismo por mí.

La estructura se mantiene en Andalucía

Este tipo de estrofa también lo hallamos en las canciones que recoge Fernán Caballero en Andalucía, y compila bajo el epígrafe de «Rosario de la aurora, que al amanecer se reza por las ánimas, y para asistir al cual se llama con una campanilla por las calles a los cofrades». Las anotó en estrofas de cuatro versos de arte mayor con rima en los pares en asonante, pero a nosotros, al separar los hemistiquios de los cabos pares, nos dan el mismo tipo de estrofas que venimos estudiando. Agrega, además, un estrambote introducido por el verso de enlace «Y vamos allá».

A tu puerta está una campanilla;

Ni te llama ella

Ni te llamo yo,

Que te llama tu padre y tu madre

Para que por ellos

Le ruegues a Dios.

Y vamos allá.

A rezarle el rosario a María,

Que es nuestra abogada

Llena de piedad.

(Fernán Caballero: 375)

A tu puerta está una campanilla;

Ni te llama ella

Ni te llamo yo,

Que te llama la peste y la guerra,

Que esos son avisos

Que nos manda Dios.

Y vamos allá

A pedirle a la Virgen clemente

Para que nos libre

De culpa y de mal.

(Fernán Caballero: 376)[30]

En Dos Torres (Córdoba) también se utilizaban las canciones de ánimas para realizar las postulaciones que tenían lugar el 24 de diciembre. El sufragio se hacía en grupos que iban de casa en casa, y lo recolectado se pujaba y se entregaba al cura para que lo administrara en misas por las ánimas. Al llegar a cada puerta, se decía: «Ánimas benditas. ¿Se canta o se reza?». Y los inquilinos elegían. Si piden que recen, porque tienen luto por una muerte reciente, se decía un padrenuestro y un réquiem. En caso contrario se entonaba una canción muy de acuerdo con la festividad que se conmemora.

Esta noche celebra la Iglesia

del Verbo Divino

la natividad,

y también lo celebran las almas

que salen de pena

para descansar.

Venid y escuchad.

Apliquemos todos el oído

y oigamos los gritos

que las almas dan.

Supliquemos con humildes rezos

y escuche los ruegos

la Divinidad,

que las almas de nuestros hermanos

alcancen el gozo

de la eternidad.

Pedid e implorad,

por si alguno se encuentra penando

salga del tormento

en la Navidad.

Celebremos gozosos las fiestas,

tengamos presente

esta gran verdad.

Que el Mesías nacido en Belén

logró redimirnos

de nuestra maldad.

Y en su Navidad

Por la gracia del Verbo Divino

las almas que penan

gozan libertad.

(Moreno Valero: 11)[31]

Fueron varios los procedimientos que se utilizaron, como hemos visto, para conseguir las dádivas, que abreviarían la estancia de las almas en el purgatorio, pero la canción como medio catequizador y de exhortación tuvo gran importancia. La modernidad de los tiempos y el Concilio Vaticano II acabaron con estos ritos piadosos. Hubo dos tipos de estrofas: la sextilla de pies quebrado (poco frecuente incluso en la poesía culta, por cuyo origen nos inclinamos, aunque el pueblo supo hacerla suya y someterla a las características de la oralidad, como hemos visto ampliamente en este trabajo) y la cuarteta romanceada (muy usual en la poesía oral por su fácil creación y retención, pero que aquí no hemos visto y podría ser objeto de otro estudio).

Francisco Cillán Cillán

Cronista Oficial de Puerto de Santa Cruz y de Santa Cruz de la Sierra (Cáceres)

Dr. en Filosofía y Letras


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BIBLIOGRAFÍA

Barroso, F. (1970): «La cultura oral», en Revista de Folklore. Valladolid.

Cillán Cillán, Francisco (1997): La religiosidad de una villa extremeña durante el Antiguo Régimen, Ayuntamiento de Puerto de Santa Cruz, Cáceres. Cap. III: «Cofradía de las Benditas Ánimas».

— (2007): «La Noche de Reyes en Puerto de Santa Cruz», en Revista Alcántara, n.º 68. Diputación Provincial, Cáceres, págs. 95 a 109.

— (2009-abril): «La creencia en el más allá», parte I, en Revista Ars et Sapientia. Amigos de la Academia de Extremadura de la Letras y las Artes, Cáceres, págs. 77 a 106.

— (2009-agosto): «La creencia en el más allá», parte II, en Revista Ars et Sapientia. Amigos de la Academia de Extremadura de la Letras y las Artes, Cáceres, págs. 133 a 157.

Domínguez Moreno, José María (1985): «La hermandad de Ánimas en Ahigal», en Revista de Folklore. Caja España, Valladolid, págs. 111-120.

Fernán Caballero: Genio e ingenio del pueblo andaluz. Edición, introducción y notas de Antonio A. Gómez Yebra. Editorial Castalia, Móstoles (Madrid), 1995.

Gil García, Bonifacio (1961): Cancionero popular de Extremadura. Contribución al folklore musical de la región, tomo I. Diputación Provincial de Badajoz, Badajoz, 2.ª edición, 1988.

Moreno Valero, Manuel (1995): «Costumbres acerca de los difuntos, en Los Pedroches (Córdoba)», en Gaceta de Antropología, n.º 11.

Ramón y Fernández, José (1950): «Costumbres cacereñas» en R. D. T. P., tomo VI, cuad. 1, págs. 78-103.

VV. AA.: Cofradía de Ánimas (varios documentos). Archivo Parroquial de Puerto de Santa Cruz (Cáceres). (Siglos xvii- xix).

VV. AA. (1984): El Libro de los Muertos. Edición preparada por José M.ª Blázquez y Federico Lara Peinado. Biblioteca Nacional, Madrid.

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NOTAS

[1] Recordemos que Francisco Pizarro salió de Trujillo, su ciudad natal, a edad muy temprana (a los 14 o 15 años), según la mayoría de los biógrafos, pero la devoción a las ánimas quedó impregnada en su mente y, después de más treinta años de cabalgar por las selvas y de continuas luchas contra los indios, aún permanecía vigente.

[2] Se refiere a una iglesia que pretendía fundar en Trujillo (Cáceres) con el nombre de Nuestra Sra. de la Concepción.

[3] En Tornavacas, localidad extremeña situada al norte del valle del Jerte, una mujer recorre las calles del pueblo recordando a los vecinos el paso de las ánimas del purgatorio con el toque de la campanita, a la vez que recita la plegaria: «Ánimas benditas / que en el purgatorio estáis / por la misericordia Divina / paz y descanso tengáis». Los vecinos a su paso se santiguan. Tiene algunas variantes, sobre todo el último verso: «que de allá pronto salgáis», «que el descanso pronto tengáis», etc., según me han contado algunos vecinos. Costumbre que perduró en Torreorgaz (Cáceres) durante algún tiempo, donde al desaparecer la hermandad se mantuvieron sus cargos más representativos que fueron los encargados de recorrer el lugar todos los días a las diez de la noche. La mayordoma de las ánimas salía por el pueblo tocando una esquila de cuatro kilos, pidiendo limosna para los difuntos del purgatorio. En la puerta de la iglesia rezaba un padrenuestro. Lo recaudado se destinaba a misas por los finados de la localidad. El día principal era la noche del 5 de enero, víspera de los Reyes Magos.

[4] Los tres últimos animeros que hasta bien entrada la década de 1970 cantaron las ánimas por las calles de Puerto de Santa Cruz fueron: Antonio Muñoz, Cándido Muñoz y Marcelino Cillán, mi padre. Bien merecido tienen el cielo, aunque solo sea por la fe que mostraban cuando pedían por las ánimas.

[5] La poesía oral no mantiene una estructura definida. Por lo general, es el compilador quien asigna uno u otro de los esquemas rítmicos establecidos, pero en este caso considero que todas las canciones pueden fijarse en el esquema que les hemos dado, que no por ser de uso muy antiguo deja de ser interesante.

[6] Este tipo de composición nos lleva a pensar en el Planto por la caída de Jerusalén, poema del que se conservan 22 estrofas, perteneciente al mester de clerecía (siglo xii). Cada una de las mismas está formada por versos dodecasílabos seguidos de tres hexasílabos, aconsonantados los dos primeros y el tercero a modo de estribillo con el nombre de la ciudad santa. Veamos una estrofa: De Iherusalem vos querría cantar / del Sepulcro Santo que es allende el mar: / moros lo çercaron / e lo derribaron, / a Iherusalem.

[7] Sirvan de ejemplo las dos primeras estrofas que presentamos. La primera mantiene el mismo esquema rítmico en los versos 2.º y 5.º (- - / - / -), y en los versos 3.º y 6.º (- / - - / [-]). Los hexasílabos dactílicos se repiten en los versos 2.º, 3.º y 6.º de la segunda estrofa.

[8] Este verso se solía cambiar por «todos los cristianos» o por «ánimas benditas».

[9] Una variante localizada también en el Puerto dice: A tu puerta están las campanitas, / las primeras pascuas / te vienen a dar; / suplicando que las des limosnas, / para ir al cielo / de Dios a gozar. Como podemos comprobar, versos de una y otras estrofas se mezclaban con facilidad.

[10] Verso que mantiene las diez sílabas al terminar el primer hemistiquio en una palabra esdrújula «ánimas».

[11] Una variante localizada en la misma localidad es: ¡Tened piedad!, ¡tened piedad! / por aquellas afligidas almas, / que en el purgatorio / padeciendo están.

[12] Algunos cambian esta estrofa por la siguiente: No te tardes en dar la limosna / que para el descanso / pidiéndote están.

[13] Otra versión de la segunda parte de esta estrofa recogida en el Puerto dice: «Pues el premio es el ciento por uno / que lo ha prometido / la Suma Bondad». Como podemos comprobar, los cambios son constantes, prueba evidente de su oralidad.

[14] Otros cambian «parar» por «pasar», pero los miembros de la comitiva en el Puerto no pasaban al interior de las viviendas ajenas, solo lo hacían quienes recogían los donativos cuando eran frutos o semillas. Sí tenían una atención especial con los que mostraban signos externos de aceptación a las ánimas.

[15] Recordemos, por citar alguna, esa copla irónica de ronda muy popular que dice: «A tu puerta hemos llegado / cuatrocientos en cuadrilla, / si quieres que nos quedemos / saca cuatrocientas sillas».

[16] Los dos últimos versos a veces se cambiaban por: «que en el purgatorio / padeciendo están».

[17] Algunos informantes me han dado esta otra versión de la segunda parte de la estrofa: «El Señor que las saque de pena / y les dé el descanso / en la eternidad».

[18] Otra versión que he recogido del verso 5.º dice: «que allí está encerrado». En algunas localidades como Torrecilla de los Ángeles (Cáceres), canciones como esta y otras del repertorio que presentamos se utilizaban como villancicos. Luego debieron de ser muy populares y el pueblo las aplicaba en momentos diferentes de la liturgia. Vid. Cillán Cillán: (2009): La creencia en el más allá. Parte II.

[19] A veces se cambia por «te vienen a dar».

[20] El primer verso también se decía: «y nosotros, ¡Ánimas Benditas!». En el cuarto verso, «rogamos» se cambiaba por «suplicamos», pero el verso se alarga en una sílaba innecesaria.

[21] Este pintor cacereño es el autor de un cuadro de la Virgen con el Niño, que durante muchos años estuvo en los portales de la plaza de la capital extremeña, y hoy se encuentra en el Museo Municipal, para evitar actos vandálicos.

[22] Durante muchos años estuvo mi madre desempeñando dichas funciones, hasta que la enfermedad la imposibilitó para realizarlas. El autor de los cánticos de ánimas de Madroñera señala igualmente que, una vez desaparecida la Cofradía de Ánimas, unas mujeres se encargan de realizar idéntica labor que los antiguos cofrades, junto con un vecino que las acompaña, para que a las ánimas no les faltasen las limosnas y oraciones.

[23] Juan Grande Rodríguez me ha proporcionado la canción y contado el hecho, pero no ha sabido concretar la fecha en que se realizaba el acto.

[24] José Ramón y Fernández presenta las estrofas en cuatro versos de arte mayor, alternando decasílabos con dodecasílabos y la rima en los pares en asonante. Estrofa que no reconoce Tomás Navarro Tomás.

[25] La segunda parte de esta canción se repite en otras que el copilador nos ofrece: «Considera cristiano piadoso, / si acaso es tu padre / quien clamando está, / con lamentos y ayes lastimosos / piden el socorro / para descansar». «Hay hermano que no se lastima / en ver estas almas / los gritos que dan, / con lamentos y ayes lastimosos / piden el socorro / para descansar».

[26] También faltan términos en el penúltimo verso de la siguiente estrofa: «Si es tu padre, pariente o hermano / a quien de tu mano / la limosna das, / cuántas veces te dirán: ¡Bendito!, / [eres] ¡Hijo mío!, / por tu gran piedad».

[27] Me la recitó Matilde García García, natural de Madroñera (Cáceres).

[28] Copla muy similar en la letra a otra del Puerto, que responde al mismo esquema, a pesar de que el recopilador presenta esta y las siguientes en cuatro versos, como ya está indicado.

[29] Escuché esta copla a mi padre, pero cuando intenté recuperarla no me fue posible. Al verla escrita ahora la he recordado, aunque hoy no aparece en el repertorio de los cantos de ánimas del Puerto. Esto puede ser una señal evidente de que estas canciones fueron implantadas y llevadas por los misioneros de unos lugares a otros. El pueblo las hizo suyas y la transmisión oral las fue modificando y acoplando a cada localidad.

[30] Recuérdese que Fernán Caballero es el seudónimo de Cecilia Böhl de Faber y que estos cánticos los recogió probablemente entre 1822 y 1835, cuando tuvo mayor ocasión de contactar con la gente del pueblo en su finca de Dos Hermanas (Sevilla).

[31] Las letras se cantan con ritmo de campanilleros, por lo que se acompañan con instrumentos musicales: guitarras, panderetas y, sobre todo, campanillas. En la página web de la localidad cacereña de Valdelacasa del Tajo he localizado una canción con esta misma letra. Sorprende que su transmisión oral las haya mantenido idénticas a pesar de la distancia en que se encuentran ambas poblaciones. Hemos preferido presentar estas coplas de ánimas con la misma estructura que hemos adoptado para el Puerto, porque pensamos que el esquema estrófico es el mismo, en lugar de mantener el que el copilador presenta: estrofas de cuatro versos de arte mayor, con cabos de diez y doce sílabas y rima en consonante o asonante alterna, estrofa que no está recogida en nuestra métrica.