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Arenillas, un pueblo olvidado de Valladolid

ESTEBAN CALONGE, Paloma

Publicado en el año 2015 en la Revista de Folklore número 397.

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¿Dónde están los pueblos desaparecidos?, ¿qué queda de ellos cuando pasan los años?, ¿quién recuerda a sus gentes, sus quehaceres, sus afanes? El tapial y el adobe de sus casas se funde con la tierra que lo formó, las piedras de sus iglesias se pierden en otras construcciones y solo los testimonios documentales dan fe de su lejana existencia. Arenillas fue uno de estos pueblos y así nos lo describe Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico (1845-1850): «Despoblado de la provincia de Valladolid, partido judicial de la Mota del Marqués, diócesis de Palencia. Situado en un llano sumamente agradable al pie de una cuesta que se eleva en la parte Sur, su cielo es hermoso y despejado, y el clima sano, se componía de cuarenta vecinos».

En la actualidad, Arenillas no existe; parte de su término está atravesado por la autovía que desde Madrid conduce a Galicia y el resto se incorporó al vecino Bercero. Para conocer sus límites precisos, acudimos al libro de comprobaciones del Catastro de Ensenada[1], de 1752, que situaba su límite al este con Bercero y Villavieja, al oeste con Villalar y al sur con Torrecilla de la Abadesa y Villavieja; su extensión era de levante a poniente legua y media, de norte a sur tres cuartos de legua y de circunferencia cinco leguas y media, y se definía su tierra como de realengo.

Los pocos vecinos que en esa fecha vivían en la villa, siete, y el beneficiado de preste, según el Catastro, habitaban las ocho casas con que contaba el lugar, y todos ellos se dedicaban a la agricultura, que complementaban con ganado lanar.

Pero sigamos con la descripción que hace Madoz: «El terreno es sumamente feraz y produce toda especie de granos, vinos, zumaque, plantas aromáticas y medicinales, proveyéndole de combustibles un monte pinar de bastante extensión que tenía al lado Norte».

El Catastro de Ensenada menciona las siguientes producciones: trigo, cebada, centeno, algarrobas, lentejas y garbanzos; se explotaban además los mimbrerales, los viñedos y el zumaque, las tierras de secano eran de calidad buena y mediana y se había hecho un nuevo plantío, en tierra concejil y baldío, de alamedas y pinar en el pago de los Abrojales. Se añade que ninguna heredad producía más de una cosecha al año, pues todas necesitaban otro año de intermedio y descanso, que veintitrés fanegas se dedicaban a pasto para los ganados de labranza de los vecinos durante la «invernia» hasta San Juan, y desde San Juan hasta febrero los pastaban los ganados de la mancomunidad de la tierra de Tordesillas.

A los datos anteriores facilitados por el Catastro de Ensenada y por Pascual Madoz podemos sumar la información que nos proporcionan dos pleitos que se desarrollaron en la Real Chancillería de Valladolid: uno de ellos fue entre un vecino de la villa (Joseph Calonge, como Procurador Síndico General del Común de las cinco villas de la jurisdicción de Tordesillas entre 1780-1784) y los ganaderos de Bercero[2] y otro cuando el mismo Calonge solicitó el reconocimiento de su hidalguía[3] en Arenillas, fechado en 1784. A través de ambos documentos obtenemos el testimonio de las personas que vivían en Arenillas en el último tercio del siglo xviii.

Las cinco villas de la jurisdicción de Tordesillas eran Arenillas, Bercero, Berceruelo, Villavieja y Velilla y, habiendo sido elegido como representante de las mismas, por los alcaldes respectivos, Joseph Calonge, se inició un pleito en la Real Chancillería de Valladolid con la finalidad de impedir que los ganaderos de Bercero continuaran infringiendo las ordenanzas vigentes al entrar con sus ganados a pastar las hojas de las viñas en todos aquellos términos, y en especial en Arenillas.

Entre la sucesión de escritos, poderes, peticiones y declaraciones de testigos, destaca un pedimento manuscrito por el propio Calonge por el que conocemos su opinión acerca de cuáles eran los problemas que suscitaban los ganaderos y que refleja el espíritu ilustrado de su autor, muy acorde con el de sus contemporáneos, que abogaban por soluciones parecidas. Por su interés, reflejamos literalmente parte de su texto:

… que Asesor docto provea en justicia pues de no hacerse asi acavaran de derrotar el plantío de nuestros términos como lo acredita la experiencia siendo cierto que la mayor parte de nuestros terminos son mas propios para planta que para semilla y sus propietarios haver aplicado la de vino, zumaque y mimbre y aunque los dueños de dichas plantas se an quexado infinitas vezes a los justicias de la tierra, por no averla hecho han dexado avandonado enteramente a esta y en el ultimo apuro a aquellas pues aunque todas tres sobredichas especies son utilisimas excede en su grado la mimbre, pues ademas de el producto a el Dueño, es materia en cuya manufactura se emplea casi toda la pobreza de esta tierra en los quatro meses muertos de el invierno quedando esta por dicha falta en la mendiguez y los propietarios para disfrutar sus heredades las volvieron a plantar de nuevo las que las que dexaran otra vez perder sino se castiga severamente.

Del texto resulta especialmente interesante la segunda parte, en la que explica que el suelo de la zona era más apto para «planta que para semilla». Por lo tanto, según su criterio, se daban peor los cereales que las viñas, zumaques o mimbrerales. Sin embargo, ninguno de los tres cultivos existe en la actualidad.

Desde el punto de vista socio-económico, el procurador también aporta su punto de vista al referirse al trabajo complementario que realizaban los que nada tenían, los obreros, durante los meses del invierno: la cestería del mimbre les permitía subsistir en la época en que para las labores del campo no eran necesarios. Es interesante recordar lo que escribe Madoz, cuando se refiere a Bercero: «Ind.: fabricación de toda clase de cestos y cuévanos de mimbres, a que se dedican muchos vecinos y aún las mugeres y niños de 10 a 12 años».

Estas notas extraídas de dicho pleito serían insuficientes para saber cómo vivían los vecinos de Arenillas, pero tenemos algo más, y es la descripción[4] de una de las casas del lugar, que se nos dice que constaba de sala principal y habitaciones en la planta baja y sobrados («doblados»), paneras, pajares y «puertas carreteras», un lagar de piedra con sus pertrechos, bodega y molino de zumaque, unido todo ello a la casa; por un lado la vivienda familiar y por otro los espacios complementarios propios de la actividad agrícola de sus habitantes, formando una unidad. El lagar y la bodega nos confirman la existencia de las viñas, y el molino de zumaque la explotación y transformación de dicha planta que se había introducido con éxito en la comarca, pues su molienda era tan importante en esta zona durante el siglo xviii que llegó a contar con un total de cincuenta y seis molinos[5] repartidos entre dieciséis pueblos próximos a Arenillas. En los molinos, se molía la hoja de esta planta procedente de un arbusto de unos tres metros de altura y de fruto rojizo que se empleaba como curtiente en las tenerías y que fue objeto de comercio durante todo el siglo (no debemos olvidar que en Mota del Marqués había varias fábricas de curtidos). La provincia[6] llegó a producir 50 000 arrobas de zumaque a lo largo del siglo.

Planta del zumaque. Foto: M. Limón

Los vecinos de Arenillas no se libraban de los impuestos, el diezmo lo pagaban repartido de la siguiente manera: un tercio a la «Dignidad Episcopal de la ciudad de Valladolid», otro tercio a la «Santa Iglesia de Palencia» y el otro tercio repartido entre la fábrica de la iglesia de Arenillas, el hospital de Mater Dei de Tordesillas, el convento de Santa Clara de dicha ciudad y el cura y beneficiado de preste de la villa.

A pesar del escaso vecindario de Arenillas, había una casa en la que se reunía el concejo para sus juntas y en ella, en un cajón de una mesa, se guardaba el libro apergaminado de Acuerdos y Nombramientos del Concejo, donde constaban todas las actividades que se realizaban en el lugar.

En Arenillas no había comercios y todo lo que necesitaban sus habitantes lo adquirían en los pueblos próximos.

Existieron dos edificios religiosos: la ermita del Humilladero, de la que hay constancia de que fue restaurada a mediados del siglo xvii, y la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, de dos naves con torre y soportal en el que con frecuencia se reunían los vecinos. En la torre de la iglesia se instaló en el mes de marzo de 1796 una campana a instancias de su beneficiado, Elías Calonge Carrasco; los maestros campaneros fueron José de Toreal y Gargallo y Alejandro de Acebo Argos, y la campana costó mil seiscientos sesenta y cinco reales. Elías Calonge fue el último cura que tuvo la parroquia antes de que el pueblo desapareciera. En el interior, el retablo mayor estaba dedicado a la Asunción y había otro dedicado a Nuestra Señora del Rosario. A través del estudio[7] realizado por C. J. Ara Gil y J. M. Parrado del Olmo, sabemos que a lo largo del siglo xvii se encargaron diversos trabajos de restauración de los retablos, imágenes y pinturas y que había un ajuar de plata y ornamentos de cierto valor.

Como detalle anecdótico, conocemos, a través del testimonio de un visitante que llegó al pueblo en 1785, que no había reloj.

Arenillas existió hasta que un desgraciado acontecimiento de nuestra historia rompió el pacífico discurrir de sus días y que Pascual Madoz narra de esta forma:

… por las continuas vejaciones que cometían las tropas francesas durante la guerra de la Independencia, exigiendo grandes cantidades de víveres y pecuniarias, expuestos además a sufrir constantes saqueos con amenaza de ser incendiadas sus casas, se resolvieron a abandonarlas del todo, refugiándose en los pueblos inmediatos: por el abandono en que quedaron los edificios, la mayor parte de ellos incendiados después fueron desmoronándose poco a poco […] solo resta en el día un montón de ruinas y una de las paredes de su iglesia parroquial como si hubiese un empeño en que se borrase hasta de la memoria la existencia de un pueblo que el gobierno debiera haber protegido, su termino jurisdiccional se unió a Bercero a donde se acogió la mayor parte de sus habitantes cuando formaron la resolución desesperada de abandonar sus hogares.

En Bercero, en la salida hacia Toro, está situado el Humilladero del Cristo[8]. En esta parte de la villa parece que se asentaron los habitantes de Arenillas cuando tuvieron que abandonar sus hogares y empezar de nuevo, y así acabó la historia del pueblo que nunca tuvo reloj y que hemos querido rescatar del olvido.



FUENTES DOCUMENTALES

Archivo General de Simancas. Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Archivo Histórico Nacional. Archivo Histórico Provincial de Valladolid. Archivo Municipal de Bercero. Archivo Diocesano de Valladolid.


BIBLIOGRAFÍA

Ara Gil, G. J., y Parrado del Olmo, J. M.: Catálogo monumental de la provincia de Valladolid, antiguo partido judicial de Tordesillas, XI. Valladolid, 1980.

Cano Herrero, Mercedes: Artesanía de la provincia de Valladolid. Valladolid, 1991.

Corral Castanedo, Antonio: Villa por villa, viaje a los pueblos de Valladolid, I, II, III.

Valladolid, 1984.

Cuerpo de Estado Mayor del Ejército: Itinerario descriptivo militar de España, vol. VI: Castilla la Vieja. Madrid, 1866.

García Tapia, N. y Carricajo Carbajo, C.: Molinos de la provincia de Valladolid. Valladolid, 1990.

Madoz, P.: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España. Madrid, 1846 y ss.

Ortega Rubio, J.: Los pueblos de la provincia de Valladolid. Valladolid, 1875.

Parrado del Olmo, J. M.: Catálogo monumental de la provincia de Valladolid, antiguo partido judicial de Mota del Marqués, IX. Valladolid, 1976.

Roldán Morales, F. P.: Arquitectura popular de la provincia de Valladolid. Valladolid, 1996

Sánchez Rivera, J. I., y González Fraile, E.: Humilladeros de la provincia de Valladolid. Valladolid, 2003.

Sanz Rubiales, F.: Cañadas reales de Valladolid. Valladolid, 1996.

Ward, Bernardo: Proyecto económico. Madrid, 1789.


HEMEROTECA

Diario Pinciano, El Correo Mercantil de España y sus Indias, Seminario de Agricultura y Artes dirigido a los Párrocos.


NOTAS

[1] AGS. Catastro de Ensenada. Arenillas. Valladolid.

[2] ARCh. Pleitos Civiles, caja 2487.0001, legajo 0627; ARCh. Pleitos Civiles, caja 0989.0006, legajo 0069.

[3] ARCh. Sala de Hijosdalgo, caja 1302.0005.

[4] AHPVa. Prot. Caja 5663, fols. 134-139.

[5] García Tapia, N. y Carricajo Carbajo, C.: Molinos de la provincia de Valladolid. Valladolid, 1990.

[6]El Liberal, año 8, 7 de noviembre de 1888.

[7] Ara Gil, G. J. y Parrado del Olmo, J. M.: Catálogo monumental de la provincia de Valladolid, antiguo partido judicial de Tordesillas, XI. Valladolid, 1980.

[8] García Tapia, N. y Carricajo Carbajo, C.: Molinos de la provincia de Valladolid. Valladolid, 1990.