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La singular advocación mariana Virgen de la Guía

SANTIAGO ÁLVAREZ, Cándido

Publicado en el año 2015 en la Revista de Folklore número 397.

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1. Introducción

La devoción a María ostenta carácter universal, fruto innegable de la labor llevada a cabo por los apóstoles en la predicación del Evangelio. Ellos la presentaban a los creyentes como la mujer por la que nos llegó la salvación de Dios. Por donde quiera que se establecía la Iglesia, aquella prendía fundamentada, en todas partes, sobre el mismo conjunto de verdades: la maternidad divina de María, la virginidad perpetua, la Concepción Inmaculada y la Asunción gloriosa al cielo, sancionadas a lo largo de los tiempos históricos: siglo v (Concilio de Éfeso, año 431), siglo vii (Concilio de Letrán, año 659), siglo xix (Bula de Pío IX, 8 de diciembre de 1854) y siglo xx (Bula de Pío XII, 1 de noviembre de 1950), respectivamente. Pero esto no quedó aquí, porque en ella, en la llena de todas las gracias, los creyentes descubren a la reina de la creación, a la mediadora ante Dios para alcanzar la salvación, a la Madre que, solícita, protege y auxilia a todos sus hijos en este peregrinar por la vida.

El territorio hispano recibió la semilla mariana en los albores del cristianismo, donde fructificó de un modo extraordinario, como constatan la amplia presencia del topónimo Santa María, el desbordante número de iglesias, ermitas, monasterios, capillas… a ella dedicados o las miríadas de títulos que reciben las cuantiosas imágenes expuestas al culto público en España y Portugal (138, 146, 170); por todo eso, nada tiene de exagerada la consideración de «tierra de María».

La simple lista de títulos resulta interesante en sí misma para el folclorista. En ella halla reflejados aspectos de la Sagrada Escritura, la vida terrenal de la Virgen, la teología, la liturgia, la historia, la geografía, la naturaleza, etc.; sin embargo, desde la perspectiva mariológica es necesario el recurso a un estudio pormenorizado para averiguar el sentido, origen y alcance devocional de cada uno de ellos. Estos son los aspectos que queremos abordar en el presente trabajo sobre la advocación Virgen de la Guía[1].

2. Implantación

Este título está presente por las diversas regiones españolas y portuguesas actuales, así como por aquellas que otrora lo fueron, en América y Asia. Una relación exhaustiva de los lugares donde se encuentra resulta tarea difícil de alcanzar. No obstante, para la confirmación del aserto creemos suficiente la lista que aquí presentamos.

En lo que respecta a España, lo hemos constatado por todas las comunidades autónomas a excepción de Navarra y Baleares. Las localidades por nosotros allegadas quedan registradas por provincias del siguiente modo:

Andalucía

Cádiz: Chiclana (20), Jerez de la Frontera (75, 116, 125)

Córdoba: Córdoba (129, 136, 152), Alcaracejos, Dos Torres, Fuente la Lancha, Hinojosa del Duque, Villanueva del Duque (2, 50, 53), Puente Genil (89)

Granada: Granada (82, 102)

Huelva: Cartaya, Moguer, Palos de la Frontera (50), La Palma del Condado (91, 125)

Jaén: Arjona (110)

Sevilla: Sevilla (1, 113), Camas (50), Castilleja de la Cuesta (7), Corcoya (149), Osuna (99)

Aragón

Zaragoza: Bujaraloz (77, 163), Cubel (77, 163, 170)

Asturias

Asturias: Gijón (78), Llanes (56, 78, 170), Ribadesella (78, 170)

Canarias

Gran Canaria: Santa María de Guía (3, 45)

Cantabria

Santander: Oreña (90), Puente Aviós (150)

Castilla y León

Ávila: Ávila (100)

Burgos: Quintanar de la Sierra (100)

León: Sanfelismo (168), Santa María del Páramo (106, 151), Vidanes (16)

Palencia: Nestar de Aguilar (100)

Salamanca: Alba de Tormes (71), Carbajosa de Armuña (100)

Segovia: Segovia (95)

Soria: Matanza de Soria (100), Rejas de San Esteban (87)

Valladolid: Valladolid, Tordesillas (100, 122), Tudela de Duero (109)

Zamora: Zamora (100, 124, 140), Pedrazales de Sanabria (23), San Miguel de Sanabria (134), Toro (100), Valdespino de Sanabria (14), Villamor de la Ladre (167)

Castilla-La Mancha

Ciudad Real: Ciudad Real (60, 132), Villanueva de los Infantes (94, 165)

Guadalajara: Almonacid de Zorita (128), Brihuega (18)

Toledo: Toledo (137, 150, 166)

Cataluña

Barcelona: Barcelona (47, 54), Igualada (125), Manresa (47, 54, 83, 158), Vic (38, 147, 156), Sallent (83), Tarrasa (30, 43)

Gerona: Alp (107), Puigcerdá (44, 83, 107)

Lérida: Taús-Els Castells (64)

Tarragona: Tarragona (115)

Extremadura

Badajoz: Bodonal de la Sierra (150), Fregenal de la Sierra (149), Fuentes de León (104), Mérida (112)

Cáceres: Coria (148), Plasencia (103, 154), Trujillo (117, 160)

Galicia

La Coruña: Carreira (55)

Orense: Gomesende (55, 85)

Pontevedra: La Guardia, Randufe (55), Teis (150), Vigo (55, 127, 170)

La Rioja

Logroño: Nestares (150)

Madrid

Madrid: Madrid (53, 68)

Murcia

Murcia: Molina de Segura (19)

País Vasco

Álava: Arciniega (127)

Vizcaya: Bilbao: Alonsotegui (96)

Valencia

Valencia: Valencia (80, 170)

En cuanto al vecino Portugal, está presente por la mayor parte de los distritos peninsulares (61, 65, 138, 155):

Distrito de Aveiro: Agueda, Urgueira

Distrito de Braga: Oliveira do Castelo, Guimaraes

Distrito de Brgança: Castanheiro, Cabeça Boa

Distrito de Castelo Branco: Vila de Rei

Distrito de Coimbra: Covoes, Vilarinho, Fajao

Distrito de Evora: São Sebastião da Giesteira

Distrito de Faro: Albufeira, Vila do Bispo

Distrito de Guarda: Loriga

Distrito de Leiria: Peniche, Pombal

Distrito de Lisboa: Atalaia de Lourinhas, Cascais, Lisboa

Distrito de Porto: Porto, Vila do Conde

Distrito de Santarém: Alvega, Concavada

Distrito de Viana do Castelo: Geraz do Lima (Santa Leocadia), Ponte de Lima

Distrito de Vila Real: Ribeira de Pena

Distrito de Viseu: São Pedro do Sul, Resende

También por varias islas del archipiélago de Açores:

Ilha de Faial: Horta

Ilha Graciosa: Santa Cruz da Graciosa, Vila de Praia

Ilha San Miguel: Lagoa

Ilha Terceira: Angra do Heroismo

En América está presente, entre otros países, en:

Brasil:

Estado de Goias: Paraúna

Estado de Minas Gerais: Ribeirão Vermelho

Estado de Paraíba: Lucena, Patos y Queimadas

Estado de Rio Grande do Norte: Acari

Estado de São Paulo: Eldorado

México:

Estado de Guerrero: Acapulco (123)

Perú:

Departamento de Lima, Provincia de Lima: Lima (74)

En Asia se encuentra, en:

China:

Provincia de Cantón: Macao (138)

Islas Filipinas:

Isla de Luzón: Manila (15, 84)

3. Comienzo

La advocación surge, sin lugar a dudas, en la Edad Media. No obstante, la datación resulta difícil de precisar porque no se prodigan los registros documentales a consecuencia de la incuria, los expolios y el abundante legado de transmisión oral, leyendas y mitos, donde reina la imprecisión.

El primer lugar que consideramos es la ciudad de Barcelona, que cuenta con una capilla dedicada a la Virgen María con título de Nuestra Señora de la Guía desde mediado el siglo xii (76, 157).

Un ciudadano barcelonés, el acaudalado mercader Bernardo Marcús, de acendrada devoción mariana, «et erat devotisimus Sanctae Mariae» (36), erigió en 1166 una pequeña capilla fuera del recinto amurallado de la ciudad, hacia el oriente, dedicada a Santa María bajo el nombre de Nuestra Señora de la Guía (9, 76, 130, 133, 157). Así, añadía el complemento necesario al hospital que había fundado algunos años antes en terrenos de su propiedad (31) para ayuda y socorro de los viajeros que acudían a la ciudad atraídos por el notorio auge económico experimentado. El lugar elegido para la ubicación del complejo, capilla y hospital, resultaba a todas luces estratégico: «… la confluencia de dos de los principales caminos que afluían a Barcelona, a saber, la vía antigua o francisca, que al Vallés iba a juntarse con la vía general Augusta y la vía marina, que uniendo todos los poblados de la costa, por la parte del mar, también se dirigía al Pirineo» (51, 133), por tanto, de modo inexcusable, «todos los viandantes que tomaban cualquiera de los dos caminos, tenían de pasar forzosamente por el pie de la nueva capilla erigida en honor de la Virgen María de la Guía» (51, 133).

A esta capilla, a pesar del título mariano, se la conoce desde tiempo inmemorial por el nombre del fundador: capilla de Marcús (9, 133). Su fábrica de estilo románico ha soportado el paso de los tiempos; ahora se halla en el centro de la ciudad, en la confluencia de las calles Carders y Moncada (31), abierta al culto dedicado a la Mare de Déu de la Guia, aunque la imagen actual nada tiene que ver con la otrora venerada, pues fueron muchos los saqueos, expolios, incendios, etc. padecidos (51, 52, 153); el último episodio luctuoso ocurrió en 1936, durante la pasada guerra civil (76).

Una leyenda de nuevo cuño, no tradicional, retrasa la aparición de la advocación en Barcelona a finales del siglo xiii, por un voto del rey Jaime I el Conquistador (1213-1276) quien, «hallándose en trance peligroso durante una batalla que la Crónica no especifica, aislado de su ejército, perdido en el bosque durante tres días, ofreció que si Nuestra Señora le guiaba en tan difícil situación haría edificar una Capilla a la Virgen bajo la advocación de la Virgen de la Guía para que todos los cristianos que con fervor la invocaran alcanzasen la gracia de la divina salvaguarda» (72, 73). La capilla habría sido erigida en las inmediaciones del Portal Nuevo (construido en 1295), de la parte de fuera del muro, pero no se fraguó hasta el año 1390 (73), un siglo más tarde, por lo que al autor le resulta obligado imputar el voto real al rey Juan I el Cazador (1387-1396) «qui hagues estat perdut en un bosc en plena cacera, i no per atzar d’una batalla» (73). Un seguidor de esta hipótesis (67), para reforzar la presencia de esa capilla allende el Portal Nuevo exclama que «trobem una altra referència respecte de la capella dedicada a la Mare de Dèu de la Guia, situada a la muralla, al costat del Portal Nou. Aquesta referencia és del 1657 i no ens dóna més notícia que la seva ubicació en aquest lloc, peró ens permet establir el fet que l’advocació de la Mare de Déu de la Guia encara es trobava en aquest indret». En la nota a pie nos remite al Jardín de María, plantado en el principado de Cataluña (47): «Capítulo XXXII. De las otras iglesias y capillas que tiene este Obispado [el de Barcelona] dedicadas a María». En el epígrafe «Capillas particulares, y hermitas», leemos: «N. S. de la Canal sobre del Portal Nuevo: N. S. de la Guía en el lado del Portal Nuevo: N. S. del Socos cerca del Portal Nuevo a la parte de fuera, la qual fue derribada por la guerra [de los Segadores], y oy tiene su retablo en la Capilla de santa Martha», de donde colegimos que la capilla de «N. S. de la Guía en el lado del Portal Nuevo» no es otra que la capilla de Marcús, situada aquende el Portal Nuevo.

Por otro lado, en la carta arqueológica La Barcelona medieval (172), no aparece reseña alguna sobre esta capilla de voto real, aunque sí encontramos el hospital de Marcús en la ubicación que nos indica Carreras i Candi (51). En consecuencia, nos adherimos al criterio de Fabrega Grau (76), archivero del arzobispado de Barcelona, y demás autores con él coincidentes. La antigüedad de la capilla de Marcús resulta innegable, también su titularidad mariana (76), establecida con el fin de proporcionar satisfacción espiritual a los viandantes y a todos aquellos que tenían que emprender viaje: arrieros, postillones, recueros, troters, etc. (10).

La implantación geográfica progresó de manera paulatina durante un período de tiempo multisecular, desde el siglo xiii al siglo xvi, según se desprende del acervo de mitos y leyendas llegados a nosotros por transmisión oral. Las causas motivadoras son de índole diversa: en este lugar se debe a la aparición de una imagen, mariofanía de naturaleza pasiva; en el otro, a la promesa de una persona perdida o extraviada en un área boscosa, o atrapada en el campo por una tormenta, etc., en aquel, a un sueño premonitorio e incluso a una mariofanía activa, una aparición corporal de la Virgen.

Está fuera de nuestro propósito adentrarnos por la fronda de tantos mitos y leyendas. No obstante, espigaremos algunos a modo de ejemplo con el deseo de que puedan servir de acicate para que alguien aborde un estudio monográfico.

Siglo xiii

Jerez de la Frontera (Cádiz). Nuestra Señora de Guía

Mariofanía pasiva:

… con anterioridad a la invasión sarracena, a muy corta distancia de la Ciudad de Jerez, en la parte Meridional, sobre una colina poco elevada se alzaba una humilde Capilla dedicada a la Madre de Dios. La tradición señala que cierto día llegaron a hospedarse en la Ermita dos jóvenes de hermoso aspecto los cuales dijeron al ermitaño que podrían mejorar la Imagen de María si les proporcionaba lo necesario. Aquél salió en busca de ello y cuando regresó no halló a los jóvenes pero sí encontró una preciosa Imagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús, pintada en una gran tabla (pintada por ángeles). Cuando la invasión para evitar fuera profanada, fue escondida en un pozo cercano a la Ermita donde olvidada por unos 500 años fue encontrada por especial revelación, después de la reconquista de la Ciudad por el Rey Alfonso X el Sabio en 1264. Así pronto se erigió otra Ermita aunque no consta la fecha de erección parece ser que en el año 1285 ya estaba ejecutado el Santuario» [116], que, andando el tiempo, hacia 1552 aparece la exclusiva dona del Santuario y terrenos anejos a la Orden de San Agustín [116], donde tuvo lugar la fundación de un Convento que llamaron de Nuestra Señora de Guía [21] hoy desaparecido [75].

Siglo xiv

Corcoya (Sevilla). Nuestra Señora de la Guía

Mariofanía pasiva:

El pastor Francisco Gómez se encontraba en el campo con el ganado el 8 de septiembre de 1384 cuando observó extrañas luminosidades que salían de entre los matorrales del monte. Se acercó para comprobar el fenómeno y vio que un tronco de lentisco servía de trono a una imagen de la Santísima Virgen. Entusiasmado con el hallazgo corrió a comunicárselo a los pastores de las cercanías, cogieron la imagen y la llevaron a Corcoya pero volvió milagrosamente al lentisco. Enterados los vecinos del pueblo de Badolatosa, llevaron la imagen en procesión pero de nada sirvió pues regreso al día siguiente al lentisco motivo por el que erigieron una ermita en el sitio del hallazgo [149].

Siglo xv

Cubel (Zaragoza). Nuestra Señora de Guía al Guerrero

Sueño premonitorio, con cambio de titularidad:

En tiempo del Rey Fernando el Católico un Caballero Aragonés, el Señor de Villafeliche iba para la toma de Granada pero al llegar al lugar de Cubel, muy fatigado por el calor, para tomar algún alivio, entró en la ermita para descansar a la sombra de los muros, durmió algún rato, pero tuvo un sueño feliz en el que veía como con el patrocino de Nuestra Señora de los Ángeles [así se llamaba la advocación entonces de esta imagen] vencía a los sarracenos. Despertó y lleno de fe y alegría ofreció a la Señora reedificar y ampliar su humilde ermita si le daba la victoria, venció valeroso a los africanos, volvió agradecido, cumplió su promesa y para que perdurase la memoria del beneficio trocó el nombre de Nuestra Señora de los Ángeles por el de Nuestra Señora de la Guía al Guerrero [77, 163].

Siglo xvi

Toledo. Nuestra Señora de la Guía

Tormenta en la noche, un ave guiadora, con cambio de titularidad:

En 1598, salieron de cacería a una dehesa de los alrededores de Toledo D. Diego Rodríguez, racionero de la Catedral Primada, y el deán Machuca, en pleno bosque de encinas les cogió la noche ya cerrada, además, una tormenta cuyos relámpagos les deslumbraban hasta el extremo de no ver ni dónde se hallaban. En esta situación se encomendaron a la Virgen de antiguo venerada con título de la Natividad en la ermita próxima, el deán se apartó del racionero a quien una corneja, volando ante él con una luz en el pico, le guió hasta la derruida ermita de la Natividad. Agradecido por haberle librado del peligro, reedificó la ermita y cambió su título de la Natividad por el de la Guía [143].

Castilleja de la Cuesta (Sevilla). María Santísima de Guía

Mariofanía pasiva:

Era una tarde de mayo, corría el siglo xvi, y el Señor D. Rodrigo Ponce de León, Duque de Arcos de la Frontera, había salido de Sevilla para dar en coche un paseo por el campo, y atravesó a Castilleja de la Cuesta. Cuando el sol iba declinando a su ocaso, y las brisas perfumadas empezaban a refrescar, el Señor de Arcos de la Frontera dio al cochero orden de regresar a Sevilla, porque no quería que la noche le sorprendiera en el campo. Descendía el carruaje tirado por cuatro fogosas mulas, cuando al llegar antes de la Cuesta, como si un poder muy grande las detuviera, pararonse, todos los esfuerzos fueron inútiles porque las cuatro mulas permanecieron clavadas en tierra a pesar de las ordenes del duque para castigar a las bestias y sus voces al mayoral «guía, guía» se perdían en el espacio. Descendió del coche el duque y vio cómo brotaban rayos de luz en un punto de la tierra, al cavar en ese punto hallaron una cueva en la que estaba oculta la venerada imagen de la Virgen María, con el Niño Jesús en sus brazos a la que se dio el título de Guía por las palabras pronunciadas por el duque [7, 125].

Fecha imprecisa (siglos xiv-xvi)

Los Pedroches (Córdoba). Virgen de Guía

Subyacen cinco mitos diferentes conservados por tradición oral en los cinco pueblos que comparten la advocación: Alcaracejos, Dos Torres, Fuente la Lancha, Hinojosa del Duque y Villanueva del Duque (2).

1. Tres caballeros, naturales de Hinojosa del Duque, Alcaracejos y Dos Torres (Torremilano), al volver de la guerra y tener que separarse para ir cada cual a su respectivo pueblo, y en acción de gracias a la Santísima Virgen que llevaba uno de ellos en el arzón de su caballo y a la que se habían encomendado para que les protegiese en las batallas, determinaron, en el mismo punto donde se separaron, erigir una ermita para depositar la imagen, comprometiéndose a acudir anualmente para darle culto. [En la localidad de Villanueva del Duque, aceptado igualmente en Fuente la Lancha e Hinojosa del Duque].

2. La imagen fue encontrada en una encina, la halló un pastor que era vecino de Alcaracejos. [En Alcaracejos].

3. La imagen fue hallada por un pastor en uno de los agujeros del revestimiento de un pozo. Creyendo que era una muñeca la guarda en el zurrón para llevársela a casa. Al llegar a Alcaracejos vio que había desaparecido, para volver a encontrarla al día siguiente en el mismo lugar. Como este hecho se repitiera, conocieron el carácter milagroso de la imagen, por lo que acuerdan levantar una ermita donde darle culto. [En Alcaracejos].

4. La imagen fue hallada [o se le aparece a un pastor] en una encina, la cual tenía unas bellotas con la imagen de la Virgen milagrosamente grabada. [En Alcaracejos y Dos Torres].

5. La imagen se le aparece a un pastor en la Fuente Guía, en el camino de Alcaracejos. Tenemos dos variables en las que siempre se recalca que la imagen fue herida por el pastor:

a) El pastor veía a aquella mujer y al intentar acercarse para hablar con ella desaparecía. Una de las veces, como siguiera sin dejar que se le acercara, le tiró el garrote y le dio.

b) Se la encontraba en la fuente, la metía en el zurrón para llevársela, y como siempre se le escapaba y volvía a aparecer al otro día en el mismo sitio, una de las veces le tiró el garrote y le hizo sangre. [En Fuente la Lancha)].

Sin fecha

Carreira (La Coruña). Virgen de la Guía

Cuentan que esta ermita tiene su origen en el descubrimiento que unos marineros hicieron de una imagen de la Virgen en la playa de Aguiño. Construyeron una ermita para ella. Van a la romería pidiéndole auxilio en la necesidad de cada uno [55].

La Palma del Condado (Huelva). Virgen de Guía

Cuenta una leyenda que dos ángeles mancebos dejaron en la antigua posada de la Sal un cajón, desapareciendo misteriosamente poco después. Transcurridos unos años, el posadero comunicó el hecho a la autoridad civil, que mandó abrir la caja. En su interior descubrieron la imagen de la Virgen de Guía. De inmediato fue proclamada patrona de la villa. Hoy es venerada, como patrona de los labradores, en el retablo del ala izquierda del crucero [91].

São Sebastião da Giesteira (Évora, Portugal). Nossa Señora da Guía

Mariofanía activa, la aparición corporal de la Virgen:

Na herdade da Fonte Santa situada na freguesia de São Sebastião da Giesteira, havia numa família rural um vaqueiro muito devoto a Nossa Senhora e por isso, teve a mercê de lhe aparecer a Virgem Maria. Quando ele contou tal facto houve logo quem lhe quisesse mal e fosse dar parte dele ao Tribunal da Inquisição, por ser mentiroso e embusteiro. Mas as suas respostas simples e sinceras perante o Tribunal levaram a que fosse deixado em paz mas com a obrigação de voltar para a herdade e se a Virgem voltasse a aparecer pedir para ela lhe mostrar o pé.

Passados uns dias, o vaqueiro estava a dar de beber ao gado, no ribeiro junto a fonte, quando lhe apareceu novamente Nossa Senhora, que lhe perguntou onde tinha ido, tendo ele contado tudo o que havia acontecido.

Então a Virgem Maria mostrou o pé, e disse-lhe que havia de edificar uma ermida e que colocasse nela uma imagem com o nome de Nossa Senhora da Guia. O vaqueiro disse à Virgem que era muito pobre, que não tinha dinheiro para construir a ermida e também que o dono da herdade não lhe dava licença pois não acreditavam no que ele dizia, por mais milagres que a Senhora fizesse.

Acontece que na casa do lavrador que se chamava António Mira Calção, começaram a acontecer coisas extraordinárias. Assim, o azeite começava a crescer dentro da talha e a ferver escorrendo pelo chão. A lavradora contou ao marido aquele milagre, mas este não aceitou como milagre.

Outra vez apareceu à porta do monte uma mulher pobrezinha, a pedir um bocado de pão e o lavrador mandou-a embora dizendo que não havia pão. A pedinte ao ver uma das criadas disse-lhe para ir à dispensa ver se lá encontrava um bocado de pão. Ela foi, trouxe um pão inteiro e correu para a porta para dar à pobrezinha, mas ela já havia desaparecido.

Entretanto as pessoas crentes em Nossa Senhora começaram a juntar pedras para a ermida, mas o lavrador utilizou-as para fazer um curral e uma pocilga para os porcos. No entanto, todos os animais que lá metia apareciam mortos. Vieram depois outros castigos. O lavrador que era rico, foi perdendo os seus bens, teve que trabalhar à jorna e pedir esmola.

Então Nossa Senhora apareceu ao vaqueiro dizendo que fosse a Lisboa comprar uma imagem, o que ele fez logo, trazendo-a dentro de um cestinho. Porém, passando a Aldeia Galega, comprou um macho e dirigiu-se para o monte da Fonte Santa, onde o animal parou, não querendo dar mais um passo. Então o vaqueiro pediu à Virgem que dissesse o que devia fazer. Momentos depois, o macho começou a andar e só parou à porta da Igreja de São Sebastião da Giesteira. Aqui ficou então esta imagem de Nossa Senhora da Guia, que é de madeira estofada, estando cravada num altar ao lado do Evangelho, de talha dourada, num nicho fechado, com vidraças, para maior respeito dos devotos.

Esta lenda tem sido contada por octogenários, que já a tinham ouvido dos seus pais [93].

En los territorios ultramarinos, se estableció la advocación con la actividad evangelizadora desplegada por las órdenes religiosas de España y Portugal. Tan solo en Filipinas (descubiertas en 1565) hay un relato legendario que explica la presencia de la advocación en aquellas tierras que fueron españolas (15):

Llegó á la bahía de Manila el General Legaspi, acompañado de algunos Padres Misioneros el 19 de Mayo de 1571, y arregló los negocios entre los naturales con tan felices resultados, en términos que se señaló un día festivo para solemnizar estos faustos acontecimientos, á saber la conversión de los naturales de Manila á la verdadera religión, y de su reconocimiento y filial sujeción al Ínclito Trono de la Católica España. Señalóse el 24 de Junio siguiente y desde este día glorioso y de eterna memoria para todo buen filipino, el Santo Pontífice Pio V, á nombre de la Católica y Apostólica Iglesia pudo ya contar á las Islas filipinas en el número de los pueblos Cristianos, y el inmortal y glorioso Felipe I, entre las porciones de su paternal gobierno y católicas conquistas. Celebróse con la posible solemnidad en este día el Santo Sacrificio de la Misa y hubo públicos regocijos así de parte de los españoles como de los naturales, y como era consiguiente todos los soldados tuvieron su licencia para internarse en un país considerado ya como amigo y prohijado.

Uno de estos dirijióse por casualidad ó más bien por la divina providencia, hacia el sitio que hoy, es el pueblo de Hermita, y llamóle la atención un concurso numeroso de naturales que al parecer se ocupaban en el ejercicio de sus supersticiones. Movido de curiosidad se acercó al lugar de la reunión, y cual fue su sorpresa al advertir que el objeto de aquel concurso era una pequeña Imagen de la Inmaculada Virgen María colocada sobre un tronco, entre muchos pandanes, y abrigada con un techo formado de las hojas de estos árboles. Como verdadero español no podía menos que ser devoto de María, y así en fuerza de su devoción se prosternó ante aquella sagrada Imagen y mezcló su culto religioso con el tosco y salvaje con que tal vez, de un modo erróneo, la tributaban aquellos sencillos naturales.

Publicóse luego, este hallazgo prodigioso y procediéndose á jurídicas averiguaciones acerca del origen de tan sagrado simulacro, resultó de la sencilla é ingenua deposición de aquellos naturales, incapaces por entonces de predisposiciones favorables respecto de una devoción cuyo verdadero mérito aun ignoraban, que entre, ellos, esta Imagen, era su veneración, de, inmemorial tiempo, que en su antigüedad solo se conservaba la tradición, de que queriendo mudarla de sitio, no lo había podido conseguir ni la fuerza ni la industria, porque si solicitaban, su plantación á lugar mas decente luego se volvía al antiguo, que viendo superflua esta repetición de diligencias, habían, acomodado su cobertizo á librarla de las injurias de los tiempos, y que aquí recurrían en sus necesidades y en las que habían experimentado maravillas y prodigios continuos.

Sin necesidad de esponernos á innumerables inecsactitudes tratando de averiguar el misterioso origen de esta Sagrada Imagen que la Divina Providencia quiso ocultarnos hasta aquí, para nuestro bien espiritual, podemos decir con toda seguridad que ella ha sido para Filipinas la aurora de su felicidad, que anunciándolas con su presencia la próxima venida del Divino Sol Jesús, fue al propio tiempo una Guía celestial que condujo á ellas á los Españoles para que fuesen los ejecutores de los misericordiosos designios de la Divina providencia, los cuales eran que, por medio de la Santísima Virgen María, estas Islas viniesen en conocimiento de la verdadera Religión.

Depositóse provisionalmente esta sagrada Imagen en la primera Iglesia, que entonces era la única construida bajo el título de la Inmaculada Concepción, y entre tanto se fabricó en el mismo sitio del hallazgo otra de piedra en donde fue colocada, imponiéndola el tierno y misterioso título de G U I A (15).

4. Sentido

El objeto del título viene fijado por el determinativo, el vocablo guía. A este respecto, la deducción exige una incursión lingüística por el término de modo que conozcamos el significado, uso y antigüedad del mismo.

La palabra guiar, así como su derivada guía, son comunes a todas las lenguas romances de la península ibérica, de uso popular y general y de antigüedad pareja (63), no gozan de raíz latina aunque las equivalencias las hallamos consignadas en el Vocabulario español-latino de Nebrija (118):

Guiar, duco, is, xi, perduco, is, xi

Guía, por guiador o guiadora, dux, cis

(Guiador o guiadora, ductor, ductrix)

El significado, de claridad meridiana, mantiene fijeza a través de los tiempos, tal y como refleja el cotejo en tres diccionarios de la lengua de épocas sucesivas:

Tesoro de la Lengua Castellana o Española de Covarrubias (66), siglo xvii

guiar

Vale encaminar, y el que guía va delante y los demás le siguen.

guía

Se dize el que va delante de otro, encaminándole y guiándole.

Diccionario de Autoridades (69), siglo xviii

guiar

Enseñar el camino. Es formado del nombre guía.

guía

La persona que encamina, conduce y enseña el camino a otro.

Diccionario de la Real Academia Española (70), siglo xx

guiar

Ir delante mostrando el camino.

guía

Persona que encamina, conduce y enseña a otra el camino.

La literatura medieval testifica el empleo desde épocas muy tempranas: el primer registro documental corresponde al siglo xii (5), al Cantar de Mío Cid (48):

¡A ti lo gradesco, Dios, que cielo e tierra guías! (12: 217)

Tú, que a todos guías, val a mio Cid el Canpeador (14: 241)

Los siguientes, en número copioso, al inmediato siglo xiii y posteriores. De ellos, traemos aquí una muestra a consideración, por su valor ilustrativo para nuestro propósito, y provenientes, los más, del cancionero del rey Sabio (siglo xiii), escrito en idioma galaico-portugués:

Cantigas de Santa María (4)

Estribillos

Versos

C. 49. Ben com’aos que van per mar

a estrela guia,

outrossi aos seus guiar

vai Santa María.

C. 57. Mui grandes noit’ e dia

devemos dar porende

nos a Santa Maria

graças, porque defende

os seus de dano

e sen engano

en salvo os guia.

C. 79. ¡ Ay, Santa María!

quem se por vos guya

quit’ é de folia

e senpre faz ben.

C. 100. Santa Maria

Strela do dia,

mostra-nos via

pera Deus e nos guia.

C. 139. Maravillosos

e piadosos

e mui fermosos

miragres faz

Santa Maria,

a que nos guia

ben noit’ e dia

e nos da paz.

C. 221. Ben per está aos reis

d’amaren Santa Maria,

ca enas mui grandes coitas

ela os acorr’ e guia.

C. 227. Quen os pecadores guia

e aduz a salvaçon,

ben pode guiar os presos,

pois o[s] saca de prijon.

C. 325. Con dereit’ a Virgen santa

á nome Strela do Dia,

ca assi pelo mar grande

come pela terra guia.

C. 9. da que sempre guia os seus sen errança

C. 11. mas a Virgen que nos guia

C. 18. Via, via o gran miragre catar

que fez a que nos guia.

C. 32. manten da que nos guia, ca assi conven.

C. 70. aquelo que nos queremos de Deus, pois ela nos guia.

C. 87. un sant’ om’ apareçeu a Virgen que nos guya.

C. 94. quis a Reyna sen par, santa, que nos guia.

C. 112. aos seus noit’ e dia guarda de mal e os guia

C. 115. del, e sempre nos guia.

C. 132. que os seus amigos guia.

C. 132. Que o guyou ben sen falla

C. 158. ca o non guiou a Virgen per carreira pedragosa a Rocamador

C. 172. o mercader que a Virgen guiara ben sen contenda

C. 180. e guia-nos com’ Estrela do Mar, poren dizemos: «Ave maris stela».

C. 187. fazer mandou aquesta Sennor que nos guía

C. 195. que a que nos guia

C. 231. senon per vertud’ extranna da Beeita que nos guia

C. 264. eno mar s’afondaron per rogo dos crischaos e da beeita Madre, que os guiou e guia.

C. 283. loaron muit’a que nos guia

C. 285. a Virgen que nos guia.

C. 288. Amigas, mui ben cantemos ant’aquesta que nos guia, que a ssa gran fermosura mais ca o sol esprandece.

C. 299. hua omagen desta que nos guia

C. 367. guió-o ben aquela que non erra

C. 380. mais guiar e levar foi u Deu siia.

C. 421. e es aquela que nos guia

Algunos, de los poemas marianos del trovador de la Virgen (siglo xiii), Gonzalo de Berceo:

Milagros de Nuestra Señora (40)

Introducción

32. La benedicta Virgen es estrella clamada,

estrella de los mares, guïona deseada,

es de los marineros en las cuitas guardada,

ca cuando éssa veden, es la nave guïada.

21. La abadesa preñada

582. A la Virgo gloriosa todos gracias rendamos,

de qui tantos miraclos leemos e provamos,

Ella nos dé su gracia que servirla podamos,

e nos guíe fer cosas por ond salvos seamos.

(Amen)

13. El nuevo Obispo

315. Guïóli su fazienda Dios el nuestro Señor

fizo buena la vida, la fin mucho mejor,

cuando issió d’este sieglo, fue al otro mayor,

guiolo la Gloriosa, Madre del Crïador.

24 (25). La iglesia robada

747 (911). Tú nos guía, Señora, enna derecha vida,

Tú nos gana en cabo fin buena e complida,

guárdanos de mal colpe e de mala caída,

que las almas en cabo ayan buena essida.

(Amén)

Loores de Nuestra Señora (41)

218. Barones e mugieres, por Madre te catamos,

Tu nos guia, Sennora, com tus hijos seamos,

pecadores e justos tu merced esperamos,

fernos ha Dios la suya por ti, como fiamos.

233. Ruega por la paz, Madre, e por el temporal,

acábdanos salut e cúrianos de mal,

guíanos en tal guisa por la vida mortal,

com’en cabo ayamos el regno celestial.

El duelo de la Virgen (42)

1. En el nomne precioso de la Santa Reïna,

de qui nasció al mundo salud e melecina,

si Ella me guiasse por la gracia divina,

querría del su duelo componer una rima.

206. Tu eres benedicta, carrera de la mar,

en qe los peregrinos no pueden periglar,

Tu los guías, Sennora, que non puedan errar,

mientre por Ti se guíen, pueden salvos andar.

Y otros, de dos obras significativas del siglo xiv:

Libro del Buen Amor (144)

Gozos de Santa María

20. ¡O María!

luz del día,

tú me guía

toda vida.

Del Ave María de Santa María

1664. Benedi[c]ta tu, onrada

sin egüeza,

siendo virgen conçebiste,

de los ángeles loada

en alteza:

por el fijo que pariste,

por la graçia que oviste,

¡o bendicha flor e rosa!,

tú me guarda, pïadosa,

e me guía.

Cántica de loores de Santa María

1672. A ti me encomiendo,

Virgen Santa María:

la mi coita tú la parte,

tú me salva e me guía

e me guarda toda vía,

pïadosa Virgen santa,

por la tu merçed que es tanta

que decir non la podría.

Rimado de Palacio (101)

11. 1.ª Cantiga de Loores

854. Señora, estrella luciente

que a todo el mundo guía,

guía a éste, tu sirviente,

que su alma en ti confía.

Esta selección, a todas luces parcial, exponente del fervor mariano albergado en aquella sociedad medieval, trae un mensaje de confianza plena en la Virgen para los fieles que se saben peregrinos en este mundo. Ella está siempre a su lado para conducirlos hasta el final de la meta, la salvación; también para llevar a buen término los afanes emprendidos en esta vida. En consecuencia, el significado de la advocación queda aclarado y justificado: la Virgen María orienta, conduce y enseña la vía para llegar a Dios, también acompaña al hombre, lo guía, lo protege por los caminos de este mundo.

5. Procedencia

El título evoca una función maternal de María a la que, confiados, se acogen todos los fieles creyentes; por eso resulta difícil considerarlo fruto de la ingeniosa espontaneidad del vulgo. Los mitos y leyendas relativos al establecimiento en cada uno de los lugares donde lo hallamos dan satisfacción localista pero, aun así, no podemos aceptar que la distribución en mosaico dibujada se haya alcanzado por pura casualidad.

La devoción a la Virgen tiene un largo recorrido: dio comienzo al despertar de la Iglesia, muy pronto se suscitaron discusiones y controversias que fueron el acicate fundamental para la generación del cuerpo de doctrina que la soporta, de las prácticas litúrgicas y de las diversas formas de culto a ella inherentes (46).

Un acontecimiento de especial relevancia vivido en la primera mitad del siglo v, el Concilio de Éfeso (año 431), con la declaración de María, Θεοτόκος (Teótocos), como Madre de Dios, impulsó de tal modo la devoción mariana que facilitó el camino para reafirmar el desarrollo doctrinal, litúrgico, cultural, así como también el artístico propiciador del culto a las imágenes (46), el cual se afianzó por el refrendo de los teólogos (34). Con estos fundamentos, el culto a la Virgen alcanzó un notable esplendor en la capital de Bizancio, Constantinopla (105), cuyos destellos no solo alumbraron a las comunidades de creyentes próximas sino que incluso se dejaron sentir en las más alejadas a este otro extremo del mar Mediterráneo (35).

Los viajeros, peregrinos, mercaderes y cruzados que hasta Constantinopla se desplazaban (114) venían impregnados de aquel fervor religioso del que hacían participes a sus coetáneos de acá por transmisión oral, e incluso algunos lo dejaron plasmado en escritos de indudable valor. El análisis de los relatos legados por aquellos personajes anónimos permite establecer la innegable conexión de nuestra advocación con la devoción mariana desarrollada en Bizancio. El estudio lo vamos a centrar en dos manuscritos, uno de ellos del siglo xi, que es la traslación al latín de un texto griego hallado allí por un peregrino inglés (57), del que extraemos lo siguiente:

In parte palacii prope sancta Sophia in mari iuxta mágnum palacium est monasterium sanctae Mariae Dei genitricis. Et in ipso monasterio est sancta imago sanctae Dei genitricis que vocatur Odigitria, quod est interpretatum deducatrix, quia in illo tempore erant duo ceci, et apparuit illis sancta Maria et deduxit eos ad aeclessiam suam et illuminavit oculos eorum et viderunt lumen. Ipsam ergo imaginem sanctae Mariae Dei genitricis pinxit Lucas euangelista cum Salvatore in brachio eius. Et cum ista imagine Dei genitricis faciunt processionem omni die Martis per totan civitatem cum magno honore et cantatis et hymnis. Multi enim populi ambulant cum ea, masculi in antea et femine in retro.

(En la parte del palacio cerca de Santa Sofía, en el mar junto al gran palacio está el monasterio de Santa María Madre de Dios. Y en el monasterio está la santa imagen de la Madre de Dios que se llama Odigitria, que significa guiadora, porque en otro tiempo había dos ciegos, y se les apareció Santa María y los condujo a su iglesia y les iluminó los ojos y vieron la luz. Esta imagen de Santa María Madre de Dios con el Salvador en sus brazos la pintó el evangelista Lucas. Y con esta imagen de la Madre de Dios hacen procesiones todos los días martes por toda la ciudad con mucha veneración, cánticos e himnos. Mucha gente marchaba en ella, los hombres delante y las mujeres detrás [trad. del autor]).

El otro es del siglo xii y proviene del monasterio cisterciense de Santes Creus (Tarragona), cuya composición, realizada al parecer por un peregrino flamenco, corresponde al siglo xi (58), en el que encontramos:

Est quoque alia ecclesia que Odigitria dicitur, in qua est gloriosa Dei genitricis ycona quam beatus Luchas euangelista, ut aiunt Greci, depinxit. Hec in summa veneratione est in Constantinopolitana urbe adeo ut per totum anni circulum omni ebdomada feria .iii. defertitur a clericis per urbem cum maximo honore, preeunte ac subsequente permaxima virorum ac mulierum multitudine canentium laudes Dei genitrici ac cereos ardentes tenentium in manibus suis.

(También hay otra iglesia que se llama Odigitria, en la que está el icono de la gloriosa Madre de Dios que pintó san Lucas evangelista, según dicen los griegos. Este, con gran reverencia, es visitado en la ciudad de Constantinopla, así como todas las semanas del año, en la tercera feria (martes), la traen los clérigos por la ciudad con el mayor honor, vista y seguida por grandísima multitud de hombres y mujeres cantando alabanzas a la Madre de Dios, además llevando cirios encendidos en sus manos [trad. del autor]).

Los párrafos seleccionados de ambos manuscritos coinciden en la exaltación del culto a una imagen de la Virgen, cuya autoría se atribuía al evangelista Lucas, a la que denominan con el título de Odigitria. Este término es la transliteración de la voz griega οδηγήτρια (odegétria[2]) relacionada con el verbo οδηγέω (odegéo: mostrar el camino, llevar, guiar), sustantivo femenino cuya desinencia -τρια (-tria) indica profesión (la que muestra el camino, la que conduce, la que lleva, la que guía). Así lo traslada al latín el peregrino inglés (57), «vocatur Odigitria, quod est interpretatum deducatrix» (se llama Odigitria, que significa guiadora), apostilla que sirvió, sin lugar a duda, para que en el terreno hispano, donde el conocimiento de la lengua griega era muy débil, se impusiera el equivalente en romance, Guía, sobre el helenismo Odegetria.

Ambos textos acogen la declaración del Concilio de Éfeso, Dei Genitricis (Madre de Dios), para referirse a la mentada imagen. Y en el trasladado del griego (57) hallamos un esbozo de la misma, «sanctae Mariae Dei genitricis [...] cum Salvatore in brachio eius» (de Santa María Madre de Dios […] con el Salvador en su brazo), que nos acerca al perfil del icono pintado por san Lucas (figura 1). La Virgen aparece en posición frontal, sostiene al Niño sobre el brazo izquierdo; este bendice con su mano derecha y en la izquierda lleva el rollo de la Ley; a su vez María, con la mano derecha, señala al Hijo, esto es, dirige al creyente hacia el verdadero camino que es Cristo, según su propia confesión: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» (Juan, 14, 6).

La representación pone el acento en la naturaleza divina de Cristo. Entre Madre e Hijo no existe relación expresa; ella manifiesta reverencia y respeto ante la actitud de serenidad y realeza del Hijo. Además, esta imagen se percibía como un fiel retrato realizado en vida de la Virgen María. Por esta semejanza ―ὁμοίωσις (omeosis)― con el arquetipo, era digna de veneración, ateniéndose a la sanción de los teólogos (34).

Según la tradición bizantina, el susodicho icono llegó a Constantinopla en el siglo v, enviado desde Antioquía por la emperatriz Eudoxia, esposa de Teodosio II (408-456), a su cuñada, la emperatriz Pulqueria, quien lo depositaría en la iglesia de los Odegé (οδηγοί, guías, nom. pl. de οδηγός, guía), que había erigido en el emplazamiento de una fuente milagrosa donde dos ciegos, conducidos de la mano por la Virgen, recobraron la vista (11, 57, 62). Ella, según parece, denominó a esta imagen «la Guía de todos los buenos (Οδηγόν των καλών απάντων επονομάσασα [trad. del autor])» (11).

Los dos manuscritos muestran aparente discrepancia en lo que respecta a la ubicación del icono: en uno (57) se dice que «in ipso monasterio est sancta imago sanctae Dei genitricis que vocatur Odigitria» (en el monasterio está la santa imagen de la Madre de Dios que se llama Odigitria) y en el otro (58) que en «alia ecclesia que Odigitria dicitur, in qua est gloriosa Dei genitricis ycona» (otra iglesia que se llama Odigitria, en la que está el icono de la gloriosa Madre de Dios). Sin embargo, son coincidentes: aquel considera el todo y este solo la parte. Hacia la mitad del siglo ix, superada la controversia iconoclasta, el emperador Miguel III (842-867) emprende la labor de reconstrucción de aquel santuario, de la que emerge el monasterio Ton Odegón, (των Οδηγών, de los guías, οδηγών, gen. pl. de οδηγός, guía), complejo en el que quedaron integradas la iglesia principal, las capillas laterales, la fuente milagrosa y las dependencias donde se alojaban los oficiales, los sacerdotes y los monjes que guiaban a ciegos, peregrinos y demás necesitados de ayuda (12, 39).

La veneración a la imagen de la Virgen Odegetria, custodiada en la capilla de la fuente milagrosa del monasterio Ton Odegón, revestía enorme solemnidad (39), era sacada todos los martes en procesión (57, 58) y en los momentos que algún peligro se cernía sobre la ciudad acudían a ella de manera especial (12). Los prodigios realizados por la Virgen por medio del icono, entre los que cabe destacar la protección de Constantinopla durante los asedios de los años 626, 714, etc., le merecieron la declaración de paladión de la ciudad y hasta del imperio (11, 12) y comenzaron a circular por Europa de un modo desbordante durante los siglos xii y xiii (35), como atestiguan diversas obras de la época.

Así, en el Speculum historiale, obra del siglo xiii del compilador de saberes Vicent de Beauvais (37), hallamos este ilustrativo relato:

Apud Constantinopolim in monasterio sanctae Dei genitricis, iuxta palatium, in mari prope sanctam Sophiam erat imago beatae Mariae, quae tenebat infantem in brachio, quam depinxit in tabella sanctus Lucas, cum adhuc viveret sancta Maria. Haec imago vocatur Odigitria, id est, deductrix, quia duobus caecis apparuit sancta Maria, et deduxit eos ad suam ecclesiam, et illuminavis eos. Cum ista imagine faciunt processionem omni die Martis per totam ciuitatem. Cum ergo ut supra dictum est, obsesia esset ciuitas, et ciues ieiunarent, et orarent simul et pugnarent, quidam ciuis admonuit afferri illam imaginem, et ab omnibus orationem ad illam fieri hoc modo: Sancta Dei genitrix, quae toties nos liberasti, liberanos modo de inimicis filii tui, et si vis ut imaginem tuam non mergamus in mari, mege illos. Et cum haec dixisset, ille secreto imaginem tenuit sub undas, et statim procella surrexit, et omnes naves Saracenorum, aut mersit aut fregit.

(En Constantinopla en el Monasterio de la Santa Madre de Dios, junto al Palacio en el mar cerca de Santa Sofía, estaba la imagen de Santa María, que sostenía al Niño en un brazo, que pintó san Lucas en una tabla, cuando aún la Virgen vivía. Esta imagen llamada Odigitria, esto es, la que conduce, porque a dos ciegos apareció S. María, y los llevó a su Iglesia, y los iluminó. Con esta imagen hacían procesión cada martes por toda la ciudad. Como queda dicho arriba, fue cercada la ciudad, y los ciudadanos ayunaron, y oraron juntos y lucharon, un cierto ciudadano recordó traer aquella imagen, y por todos oraciones hacia aquélla se hicieron de este modo: «Santa Madre de Dios, la que tantas veces nos liberaste, líbranos por lo menos de los enemigos de tu hijo, y si quieres que tu imagen no sumerjamos en el mar, sumerge a ellos». Y cuando esto dijeron, aquel en secreto mantenía la imagen bajo las olas, y al instante se levantó la tormenta, y todas las naves de los sarracenos, o sumergidas o rotas [trad. del autor]).

En él se recalcan el título, Odigitria, la traducción latina correspondiente, deductrix (la que conduce), con todos los pormenores arriba indicados, a los que se añade la milagrosa liberación de Constantinopla en el asedio de los sarracenos el año 714.


En el magno cancionero mariano, Cantigas de Santa María, obra del siglo xiii, el rey Sabio también se hace eco de tan prodigiosa imagen, aunque de modo implícito (4). En la cantiga 264: «Como Santa María fez pereçer as naves dos mouros que tiinnam çercada Costantinopla, tanto que os crischaos poseron a ssa ymagen na rriba do mar», deducimos que los asediados constantinopolitanos acudieron a la imagen de la Virgen Odegetria,

Assi que os crischaos con mui gran cuita fera foron aa omagen que San Luchas fezera da Virgen groriosa, que ja muitos ouvera feitos grandes miragres e sempre os fazía.

Esta imagen era en tavoa pintada mui ben e muit’ aposto, e assi fegurada como moller que fosse mui ben faiçoada, como a Virgen santa pareceu, parecía.

E ante que morrese a Virgen, fora feita a semmellante dela por destroyr a seita dos judeus e do demo, que sempre nos espreita por fazer que caíamos en err’e en folya.

a quien llevaron al lugar donde acechaba el peligro. Allí, llenos de fervor y confianza elevaron sus plegarias,

Esta poer mandara na riba, mantente, do mar un cavaleiro que era mui creente na Virgen groriosa, porque viu que a gente cuitada e sen preito todo pera mal ya.

E quand’ ali posta, chorando lle rogaron dizend’: Aquestes mouros que nos assi cercaron, dá-lles tu maa cima desto que començaron, que contra o teu Fillo fillan tan gen perfia.

Quand’ esto’ ouveron dito, eno mar a poseron u a ferris’ as ondas, a assi lle disseron: A ti e nos deffende destes que non creveron nen creen no teu Fillo, ca mester nos seria.

Entton toda a gente aos ceos as maos alçaron, e tan toste as naves dos pagaos eno mar s’afondaron per rogo dos crischaos e da beita Madre, que os guiou e guía.

y el socorro no se hizo esperar, por intermedio «da beita Madre, que os guiou e guía».

En la cantiga 9: «Esta é como Santa María fez en Sardonay, preto de Domas, que a ssa imagen, que era pintada en ha tavoa, sse fezesse carne e manass oyo», se habla de una imagen de la Virgen pintada en una tabla, icono que adquiere un monje peregrino en Jerusalén por medio del cual se verá libre de tres peligros: en el encuentro con un león, en el asalto por parte de unos malhechores y en una tormenta que sufre la nave en que embarca de regreso a su patria. La ilustración que acompaña resulta muy explícita: una miniatura presenta la tienda a la que acudió el monje romero para cumplir el encargo de comprar una imagen de la Virgen, el icono que adquiere lleva el perfil correspondiente a la Virgen Odegetria (figura 2), en otra miniatura aparece la escena que representa la protección milagrosa de la embarcación a punto de zozobrar obrada por la mencionada imagen (figura 3). Este es el apoyo documental más fiable del temprano conocimiento, entre nosotros, de la Virgen Odegetria y sus virtudes, a pesar de que no se la nombre en todo el texto del cancionero. En las miniaturas de las láminas que acompañan a las cantigas 34 y 46, también la encontramos representada.

El culto a tan prodigiosa imagen de la Virgen traspasó los límites de Constantinopla. En su expansión hacia el oeste, el sur de Italia, donde la influencia bizantina era notable, jugó un papel primordial como puerta principal para la introducción de tal devoción en Occidente (35); allí quedó establecida con dos títulos que resultan equivalentes: Madonna d’Itria[3] y Madonna di Constantinopoli (35, 86).

La instalación en el territorio hispano tiene connotación propia; desde un primer momento el título se traslada al romance Guía, por el simple hecho de una mejor comprensión del significado por los naturales. Esto fue lo que hizo el hacendado Marcús, de ascendencia griega y con relaciones comerciales con Constantinopla (131, 153), cuando en el siglo xii erigió la capilla en Barcelona (9, 76) y fue asumido por todas las partes donde se asienta la advocación (77). Por otro lado, los títulos de Nuestra Señora de Constantinopla y Nuestra Señora de Itria aquí tienen carácter testimonial (146); además, hacen su entrada con bastante demora respecto a la implantación del de Virgen de la Guía.

La advocación de Nuestra Señora de Constantinopla aparece en Madrid a finales del siglo xv o principios del xvi. Un icono procedente de Constantinopla, aunque con una estadía de algunas decenas de años en Nápoles (135, 171), llega al convento de la Salutación de Nuestra Señora, de religiosas clarisas, fundado en 1479 en Rejas (Madrid). Años más tarde, en 1551, fue trasladado a Madrid capital, a la calle Real de la Almudena (hoy calle Mayor), y extinguido en 1836 con motivo de la desamortización. Y ahora, después de muchas vicisitudes, se halla en calle General Ricardos. El cuadro original desapareció al finalizar la guerra civil; la copia que podemos contemplar está lejos de representar una imagen bizantina (68), se asemeja al tipo iconográfico de la Virgen Eleusa (Ελεούσα, Misericordiosa): la Madre inclina la cabeza hacia el lado izquierdo hasta pegar su mejilla a la del niño, pero este mantiene sus manos libres sin abrazarla ni acariciarla.

La advocación a Nuestra Señora de Itria fue introducida en Palma de Mallorca a finales del siglo xv o principios del xvi por los agustinos de la provincia agustiniana de Aragón, quienes, hacia 1480, construyen extramuros de la ciudad el convento de Nuestra Señora del Socorro (75, 97). El fundador, el valenciano fray Juan Exarch, había estado comisionado para erigir la provincia agustiniana de Cerdeña donde los agustinos tenían altares dedicados a la Madonna d’Itria por las diversas casas de la isla (119). Este primer convento mallorquín fue abandonado en 1544 por traslado forzoso de la comunidad intramuros, por motivos de seguridad a instancia real, aunque años más tarde, en 1607, sobre el solar establecieron otro de nueva planta ahora dedicado a Nuestra Señora de Itria (75, 97) desaparecido en 1771. La imagen titular era de talla en madera policromada, la Virgen en posición recta, de pie, con los brazos abiertos; el Niño, hoy desaparecido, se apoyaba en el seno de la Virgen (49) en clara semejanza con el tipo iconográfico de la Virgen Platitera (Πλατυτέρα, Platytéra: más amplia que los cielos), que ahora solo podemos apreciar en una fotografía publicada en 1933 (108).

En la iglesia de Santa María del Mar de Barcelona, se veneró una imagen de Nuestra Señora de Itria o de Constantinopla (32), no se sabe desde qué fecha (probablemente desde finales del siglo xvii), traída desde Sicilia o el reino de Nápoles (8). Tenía el perfil de la Platitera, al igual que la del convento agustiniano de Mallorca, tal y como podemos observar en una estampa que aparece en los «Goigs de Ntra. Sra. de Constantinopla y de Itria que’s venera en la Parroquial Iglesia de Santa María del Mar» (88), cuya impresión tuvo lugar de 1800 a 1827 (32).

En resumen, el título de Virgen de la Guía supone una creación ex novo en el ámbito hispano, con el que se incorpora a la religiosidad popular en la Edad Media una nueva devoción que había surgido en el siglo v en la capital de Bizancio, Constantinopla: la Virgen Odegetria.

6. Iconografía

La caracterización del modelo iconográfico de la Virgen de la Guía entraña cierto grado de complejidad pues, aunque la devoción deriva de la Virgen Odegetria, no tenemos constancia documental que avale la ostensión para el culto de reproducciones más o menos fidedignas de aquel icono, las cuales irrumpieron con fuerza en Italia desde los primeros tiempos, tanto en Roma (126), como por el sur (35, 86). La supuesta copia traída por santo Toribio (402-476) de Astorga (6, 141) carece de verosimilitud, porque hemos de advertir que su presencia por aquellos lares está solapada con la etapa incipiente. En la misma consideración ponemos la que hipotéticamente envió el papa san Gregorio Magno como regalo a san Leandro (534-602) de Sevilla (97).

Las únicas figuraciones pictóricas observadas por nosotros con título de Virgen de la Guía se encuentran: una en el exterior de la basílica de San Vicente en Ávila, en la parte meridional, aunque ahora, por el deterioro sufrido en el correr de los tiempos, en la hornacina solo aparece un vestigio: la cara de la Virgen «dorada y pintada al estilo antiguo por D. Manuel Sánchez Ramos» (139) a finales del siglo xix. La otra la hallamos en una capilla lateral de la catedral de Córdoba (figura 4), la de Nuestra Señora del Mayor Dolor, pero está lejos de ser copia fidedigna del icono de la Virgen Odegetria; además, su perfil denota factura más moderna, del siglo xv (129, 136, 152).

En cuanto al cuadro de Nuestra Señora de Guía que, según la leyenda, era venerado en Jerez de la Frontera en épocas anteriores a la invasión sarracena, la imagen

… pintada en Madera 2 × 1,5, la Virgen aparece sentada sobre un escaño de mármol blanco, está vuelta un poco hacia el lado derecho, sobre cuya rodilla tiene el Niño Jesús. Los rostros del Hijo y la Madre son muy hermosos, ambos tienen en la frente una estrella dorada, y la Señora otra en el pecho. La Virgen sostiene con la mano derecha al Niño y con la izquierda un libro, el Niño sostiene con la siniestra el mismo libro y con la diestra parece señalar su contenido a los que le miran (116).

no conforma con el perfil del icono lucano; por otra parte, el delineado no apareció con anterioridad al siglo viii.

El tipo iconográfico de la imagen venerada en la capilla de Marcús desde sus comienzos, allá por el siglo xii, está relatado con parquedad (9). Además, las calamidades por las que ha pasado en sus ocho siglos y medio de existencia nos hacen difícil hallar el modelo original. Por otro lado, la reseña sobre la imagen que presidía la supuesta capilla de voto real erigida al lado del Portal Nuevo aporta muy poco al respecto:

El altar de la Virgen tenía una imagen de barro cocido vestida con manto de seda, así como también vestía su correspondiente manto el Niño Jesús (72, 73).

Una descripción, aunque escueta, que puede ayudarnos en nuestro intento, la encontramos consignada en la relación de la Santa Visita cursada en el año 1747 a la iglesia de Santa María del Mar (22), en el apartado «Visitatio Capella Beate María bocata Bernardi Marcutii», donde leemos:

Est retabulum ligneum deauratum in cujus medio est imago Bta. Maria nuncupata de la Guia haberny stellam in manu dunque colaterales imagos S. Josephi et Gerardi, es de super S. Georgiis.

(Es retablo de madera dorado en cuyo centro está la imagen de la Virgen María nombrada de la Guía que tiene una estrella en la mano en tanto que las colaterales imágenes San José y Gerardo, encima San Jorge [trad. del autor]).

Este detalle de la Virgen con la estrella en la mano resulta muy ilustrativo. Aluden a ella la mayor parte de los autores que se han ocupado de la capilla de Marcús (33, 161, 169), la que en algunos documentos del siglo xvii recibe el título de N. S. de la Estrella (9). El símbolo, por otra parte, tiene enorme significación porque la estrella guió a los reyes hasta el portal y María es la guía para la salvación sin obviar que también lo hace por los caminos de la vida.

A partir de esta indicación, un medio para aproximarnos al perfil de la imagen de la Virgen de la Guía venerada en la capilla de Marcús nos lo ofrecen las estampas y grabados aparecidos en diversos momentos y conservados en archivos e incluso en colecciones particulares (153). La estampa que corona los «Goigs de Nostra Senyora de la Guía, que se cantan en la Capella de Marcús de la Ciutat de Barcelona» (13), impresos el año 1762, muestra a la Virgen envuelta en una nube, sobre una zona del litoral, sentada con el niño en el brazo izquierdo; en la mano derecha lleva una estrella (figura 5); debajo, en tierra firme, aparece una ermita, casas y una pareja que camina; en el mar, un barco de vela navega y unos marineros que reman, conjunto de elementos que anuncian el significado de la advocación. Este tipo de imágenes de la Virgen con la estrella en la mano derecha no resultan extrañas en Portugal (figura 6), donde aparecen con relativa frecuencia (138, 155).

Una litografía de 1878 (162), en la que debajo reza el lema «Nuestra Señora de la Guía, que se venera en la antiquísima Capilla de Marcús de la ciudad de Barcelona», muestra a la Virgen de pie envuelta en una nube, lleva en la mano derecha una estrella, sostiene al niño en el brazo izquierdo, el cual bendice con la mano derecha y en su izquierda lleva la bola del mundo (figura 7). Esta litografía guarda semejanza con la imagen de nueva factura, obra escultórica de D. José Cerdá y Gascón (31), entronizada en la capilla hacia 1860 en reposición de la que fuera destruida en el saqueo que sufrió en el año 1835 (51, 52, 153): la Virgen está de pie, lleva en la mano derecha una estrella, sostiene al niño en su brazo izquierdo, quien bendice con la mano derecha, y con la izquierda soporta la bola del mundo (figura 8). Esta imagen tuvo muy corta vida, fue destruida por el fuego durante la revolución de julio de 1909 (51, 153) y solo disponemos de la fotografía insertada que pertenece al Institut Amatller d’Art Hispànic Arxiu Mas, de Barcelona.

Aunque hemos dado un salto de varios siglos, todo hace suponer que esta talla de estilo moderno, que entronca con el modelo de la Virgen Odegetria, refleja el perfil de la primitiva imagen venerada en la capilla de Marcús, transmitido en cada una de las sucesivas reposiciones ocasionadas por tantos avatares luctuosos como la ensombrecieron.

La situación no tiene nada de particular porque las imágenes de pincel quedaron muy pronto postergadas para el culto en el territorio hispano por la irrupción de efigies escultóricas (159) que imitaban, con mayor o menor acierto, las figuradas en los iconos venerados en Constantinopla (149), que eran de sobra conocidos aquí, tal y como advierten las ilustraciones plasmadas en el cancionero del rey Sabio, Cantigas de Santa María (4, 92). Así, en la miniatura tercera de la cantiga IX, aparecen colgados en la parte superior de la pared los iconos de la Virgen Eleusa (Ελεούσα, Misericordiosa), en la parte inferior los de la Virgen Ciriotisa (Κυριώτισσας, Kyriotissa, Señora y Reina) o Nicopea (Νικόποια, Victoriosa), junto al del Crucificado, y en las manos del monje peregrino el de la Virgen Odegetria (figura 2), el cual, además, repite en las miniaturas quinta y sexta (figura 3), así como en las miniaturas primera, segunda, cuarta, quinta y sexta de la cantiga XXXIV, y en la tercera, cuarta y quinta de la cantiga XLVI. En estos iconos, las imágenes de la Teótocos son de busto. Sin embargo, también eran comunes los iconos con las imágenes de cuerpo entero (98) de los que tenemos un bello ejemplo de la Virgen Odegetria en España, concretamente en el relicario procedente de Meteora (Grecia) que se custodia en la catedral de Cuenca (59, 111).

En un detenido análisis de todas las miniaturas que ilustran el mentado cancionero, deducimos que el proceso creativo de efigies escultóricas responde a estos tres modelos de Teótocos, Madre de Dios, aunque la repercusión plástica resulta desigual e incluso con algún grado de libertad en la ejecución (4, 92). El mayor número representa a la Virgen sentada: unas corresponden al modelo de la Virgen Ciriotisa/Nicopea, que llevan el niño sobre su regazo; otras corresponden al modelo de la Virgen Odegetria, que llevan el niño sobre el brazo izquierdo, y algunas corresponden al modelo de la Virgen Eleusa, con el niño que la abraza o acaricia.

En menor número aparecen las efigies de la Virgen de pie; así, a modo de bajo relieve encontramos en la columna de la derecha de las miniaturas segunda, tercera y cuarta de la cantiga XXIX a la Virgen Eleusa y en la columna de la izquierda a la Virgen Odegetria, quien repite en las miniaturas sexta de la cantiga XLVII, primera de la cantiga LV y sexta de la cantiga CLI, entre otras. Por último, en número exiguo, casi testimonial, encontramos efigies escultóricas de la Virgen sin el niño: sedente en las miniaturas tercera y cuarta de la cantiga X, en la quinta de la cantiga XXVI, de pie en las miniaturas quinta de la cantiga X y cuarta de la cantiga XVI.

Algunas de las efigies representadas en el cancionero tienen su modelo, todavía visible y en ostensión, en el magno registro de esculturas medievales que han llegado hasta nosotros (4, 92), donde se refleja la abundancia relativa señalada en aquel (149), aunque es de lamentar lo aminorado que se encuentra por los destrozos vandálicos de que ha sido objeto el arte religioso en España.

Las esculturas españolas de la Edad Media representan a la Virgen sentada o de cuerpo entero siguiendo el dogma de Éfeso, Teótocos, Madre de Dios. Casi nunca, desde el siglo ix al xv, esculpieron imágenes sin tener el niño en sus brazos, aunque no faltan excepciones (81, 149), como pudimos observar en las miniaturas de las cantigas. Al final de esta etapa, aparecen imágenes de la Virgen de tipo humano, de pie y con el niño en sus brazos (164).

La creación de imágenes respondía a una labor catequética, en nada intervenían los títulos, que eran adjudicados por la piedad popular sin ningún tipo de rigor (164).

En este contexto, las imágenes veneradas con título de Virgen de la Guía a lo largo y ancho de la geografía hispana son esculturas talladas en madera u otros materiales que recogen la diversidad comentada. El análisis de todas ellas supondría una tarea ardua, aunque no dudamos que podría constituir un interesante trabajo monográfico al que por nuestra parte no resulta prudente aventurarnos. No obstante, aquí lo dejaremos esbozado en apunte cronológico con algunos ejemplares que consideramos significativos.

El predominio corresponde a aquellas imágenes en las que la Virgen está sentada, en posición frontal, con el niño en idéntica postura, quien aparece con la mano derecha, en general, levantada en acción de bendecir, en la izquierda lleva un libro o la bola del mundo, y está apoyado en el regazo de la Madre. En aquellas tallas que corresponden al estilo románico, que apuntan al modelo iconográfico de la Virgen Ciriotisa/Nicopea, primero aparecen en posición casi centrada, por ejemplo: la de Villamor de la Ladre (Zamora), del primer tercio del siglo xiii (figura 9). Poco a poco se va transfiriendo hacia el lado izquierdo, por ejemplo: la de Sanfelismo (León), de finales del siglo xiii (figura 10); la de Villanueva del Duque (Córdoba), de la segunda mitad del siglo xiii[4] (figura 11), o la de la catedral de Tarragona, de la última década del siglo xiii (figura 12). El niño aparece sostenido por el brazo izquierdo de la Madre en aquellas tallas que corresponden al estilo gótico, y se asemejan a la Virgen Odegetria sedente, por ejemplo la de Santa María del Páramo (León), del siglo xiii-xiv (figura 13), y la de Tudela de Duero (Valladolid), del siglo xiv (figura 14). Por el contrario, muestran cierto grado de discrepancia con estos modelos la de Mérida (Badaloz), del siglo xvi (112); la de Fregenal de la Sierra (Badajoz), del siglo xvi; la de Zamora, del siglo xvii (140), etc.

Imágenes de la Virgen de la Guía de pie, con el niño en sus brazos, se encuentran por diversos lugares de España, aunque en menor número. Por ejemplo, en Alba de Tormes (Salamanca), una escultura gótica en piedra arenisca policromada (figura 15), del siglo xiv, ahora ubicada en la iglesia de San Juan: la Virgen sostiene al niño en su brazo izquierdo, quien lleva la bola del mundo en la mano izquierda, mientras con la otra está en actitud de bendecir. Esta escultura, por su antigüedad, podemos asimilarla a una imagen de la Virgen Odegetria de cuerpo entero (98). Por el contrario, muestran cierto grado de discrepancia la de Trujillo (Cáceres), de finales del siglo xv; la de la catedral de Granada, talla alemana anónima del siglo xv, de estilo gótico tardío (82); la de Vich (Barcelona) de finales del siglo xvi (156); la de Coria (Cáceres), del siglo xvi; la de Plasencia (Cáceres), siglo xvi-xvii (103); la de Bodonal de la Sierra (Badajoz), del siglo xvi; la de Valencia, del siglo xvii; la de Nossa Senhora da Guia, en Portugal, del siglo xvii y de terracota (figura 16), y las imágenes de vestir de Santa María de Guía (Gran Canaria), de finales del siglo xvi (45), Llanes (Asturias) (56), Castilleja de la Cuesta (Sevilla) o Molina de Segura (Murcia).

Todas las tallas consideradas llevan al niño situado en el lado izquierdo de la Madre, son del tipo aristerocratusa (del gr. αριστεροκρατούσας, de αριστερός, izquierdo y κρατέω, sostener), reflejan la forma natural cómo coge una Madre a su hijo para tener libre la mano derecha, lo que le permite hacer otras labores, pero, sobre todo, expresa el contenido del Salmo 45, 10 (44): «Y a tu diestra está la Reina con oro de Ofir». No obstante, también aparecen algunas con el niño situado al lado derecho de la Madre, variante denominada dexiocratusa (del gr. δεξιοκρατούσας, de δεξιός, derecho y κρατέω, sostener), aunque en menor número, tal y como ocurre en la iconografía bizantina. A este último tipo responde la que se nos describe pintada de Jerez de la Frontera (Cádiz) (116), del cual encontramos versiones en el gran cancionero mariano, Cantigas de Santa María (4, 92) en las miniaturas séptima, octava y duodécima de la cantiga LV: Virgen sentada con el niño en el brazo derecho. Otro ejemplo aparece en la miniatura cuarta de la cantiga CXLIX: la Virgen está de pie con el niño en el brazo derecho quien, con la mano izquierda, acaricia la barbilla de la Madre.

La imagen de la Virgen de Guía de toda veneración en los Pedroches (Córdoba) era «una pequeña estatuilla, encerrada en una caja metálica con argollas, propia para ser cogida al arzón de una silla de montar» (145), Socia belli, desaparecida en la guerra civil, que ahora solo podemos apreciar en copia fotográfica (53): su altura era de 24 cm, la Virgen sedente lleva al niño al lado derecho (figura 17) y ha sido considerada como una obra del siglo xiv vinculada a la iconografía leonesa (2, 121). El niño tiene la mano derecha levantada para bendecir, en la izquierda lleva la bola del mundo, los pies apoyados en la rodilla derecha de la Madre, quien lo sostiene con las dos manos.

El modelo de la dexiocratusa más próximo a la Virgen Odegetria lo encontramos en la estampa que corona los «Goigs de la Verge María de la Guia, venerada en sa capella, extramuros de la ciutat de Manresa», impresos el año 1874. La Virgen aparece envuelta en una nube, sentada con el niño en el brazo derecho, y en la mano izquierda lleva una estrella (figura 18). Debajo, en tierra firme, aparecen una ermita, casas, un tren que ahúma, un puente y una pareja que camina, manifestación del significado de la advocación. Guarda cierto parecido gráfico y simbólico con la representada en la figura 5. La estampa refleja, en cierto grado, el perfil de la imagen que era venerada en su capilla de Manresa: la Virgen, de pie, llevaba al niño en el brazo derecho; en la mano izquierda una estrella, y estaba cubierta con vestidos postizos. Fue destruida en 1936 y ahora ha sido remplazada por una imagen aristerocratusa (83).

Las imágenes de la Virgen sin el niño suponen una excepción en la imaginería medieval española, como ha quedado patente con el exiguo número de representaciones de este tipo halladas en las Cantigas (v. supra). No obstante, debemos consignar algunas imágenes veneradas en España con el título de Virgen de la Guía sin el niño en sus brazos, todas de época moderna, por ejemplo: la de La Guardia (Pontevedra); la de Ribadesella (Asturias); la de Tordesillas (Valladolid), que es de vestir (122), como la de Pedrazales de Sanabria (Zamora) (23); la de Arjona (Jaén), que es una imagen de la Inmaculada (110), como la de Portugalete (Bilbao) (figura 19). También hay ejemplares en Portugal (155), y a este tipo pertenece la que se venera en las islas Filipinas (84).

7. Patrocinio

A las imágenes con el título de Virgen de la Guía era frecuente encontrarlas dispuestas a la veneración de los fieles, desde los tiempos medievales, en encrucijadas o lugares de paso obligado, bien en hornacinas exteriores, como en Almonacid de Zorita (Guadalajara), Ávila, Brihuega (Guadalajara), Coria (Cáceres), Fregenal de la Sierra (Badajoz), Mérida (Badajoz), Plasencia (Cáceres), Tarrasa (Barcelona), Trujillo (Cáceres), etc., bien recogidas en capillas o ermitas como en Alba de Tormes (Salamanca), Barcelona, Manresa (Barcelona), Vic (Barcelona), Zamora, etc. Esta tradición tiene un enorme significado mariológico, es un signo de la devoción popular por el que se facilitaba a todos los fieles transeúntes el encomendarse a la Virgen con plegarias y oraciones en busca del amparo y la protección maternal para andar el camino.

En la época antigua, el tránsito por los caminos, a pie o en cabalgadura, no estaba libre de peligros y dificultades; por eso los fieles que emprendían viaje acudían a la protección de María. La devoción a la Virgen bajo la advocación de la Guía se relaciona, por tanto, de modo particular, con los caminantes, arrieros, correos, mensajeros, peregrinos, postillones, recueros, soldados, trajineros, viajeros a lejanas tierras, etc., quienes la invocaban al emprender el viaje, a fin de que los guiara y librara de los salteadores y demás desgracias que les podía ocurrir por aquellos escabrosos y solitarios caminos.

Sabemos que en el siglo xii, cuando se erigió la capilla de Marcús en Barcelona, donde comenzó a venerarse a la Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de la Guía, en el año 1166, era visitada por todos los mercaderes y trajinantes que entraban y salían de la ciudad (10); también acudían a ella, de un modo particular, los troters o mensajeros fundados por Marennes en aquellas fechas (10), que desde los últimos años del siglo xiii (1283) se encontraban formando gremio en Cataluña (17), de los correos o troters como entonces se llamaban (51). Cuando la Iglesia, al proteger en la Edad Media a los desvalidos, organizó las cofradías, aquellos hacen lo propio: se organizan en la Cofradía de los Correos en la ciudad de Barcelona, con sede en la capilla de Marcús, y declaran por patrona a Nuestra Señora de la Guía (9, 51, 133). Este patronazgo de los Correos del Reino de Aragón desde la Edad Media también se extendió por el de Castilla, Córdoba, Madrid (53), etc. La primera cofradía tuvo su comienzo quizá desde 1397, o con anterioridad (52, 153), pero entrado el siglo xv había decaído y en 1417 fue refundada por el rey Alfonso V el Magnánimo (51).

Entre los actos religiosos de la Cofradía de los Correos, debe considerarse como uno de los principales la bendición que todos los cofrades correos recibían antes de emprender viaje. Los de a pie en el interior de la capilla de Marcús; los montados, en la puerta. Un viejo cuadro, que se encontraba colgado en el presbiterio, reproducía el acto (153), tal y como podemos apreciar en la parte inferior de la figura 7.

La capilla de Marcús también albergó en la Edad Media las Cofradías de Trajineros, Postillones y otros oficios similares (10).

Sin llegar a ser prolijos, indicaremos cómo en Ávila, en tiempos medievales, los caballeros avileses acudían ante la imagen de la Virgen de la Guía, que estaba pintada en un cuadro con su vidriera en la parte meridional de la basílica de San Vicente, antes de entrar en el pórtico, pidiendo el éxito en sus empresas; y al regreso, postrados a sus pies, confesaban que todos sus vencimientos y prosperidad de los sucesos eran efectos gloriosos de su intervención soberana (79, 139). En Trujillo, de igual modo, se postraban ante la imagen de Nuestra Señora de la Guía, los caballeros «que partían a la guerra, o a ocupar en otros remotos países, un puesto de más o menos duración» (117, 160). En Alba de Tormes, la desaparecida ermita de la Virgen de la Guía, situada hasta finales del siglo xix en la otra orilla del río, junto al puente, contaba con gran devoción por parte de los caminantes y peregrinos, quienes no dudaban orar ante su imagen. En Zamora, cuenta la tradición que los transeúntes que se dirigían a la capital, o aquellos que desde ella partían a otros lugares, cuando llegaban al oratorio dispuesto en el último ojo del puente que atraviesa el río Duero «todos sin excepción de ninguna clase, elevaban una plegaria a la Virgen de la Guía, y los caminantes después de la oración hecha con verdadero fervor cristiano, exclamaban estas u otras palabras: “Guiadme por buen camino ya que os tituláis la Virgen de la Guía”» (124, 140).

En Granada hubo una cofradía grupal «de ciegos» bajo la advocación de Virgen de Guía y Conversión de San Pablo (102).

La Virgen de la Guía también estuvo presente entre los hombres del mar o que tenían que recurrir a la vía marítima para llevar a cabo sus empresas comerciales, guerreras, exploradoras, evangelizadoras, etc. En Sevilla, la Virgen de Guía era titular de la Hermandad del Gremio de los Mareantes, o sea Marinos (1, 113). En el vecino Portugal, la Virgen Nosa Senhora da Guía está declarada «Pradoeira dos navegantes e pradoeira dos emigrantes» (61). En la bahía de Vigo, a la Virgen de la Guía se la considera patrona de los emigrantes; en la villa de Ribadesella (Asturias), los marinos han adoptado como patrona a la Virgen de la Guía, y en Valencia, la Virgen de Bona Guía del barrio del Cabañal es, asimismo, patrona de Navegantes (170). En Llanes (Asturias), las ceremonias en torno a la Virgen de la Guía tienen por finalidad conseguir benevolencias temporales que presten protección y seguridad a las gentes de la mar y el necesario amparo o guía a los llaniscos de ultramar (56).

Algo que toma cuerpo con la gran gesta del imperio español. La flota ocupada en el tráfago con las Indias, que surcaba la mar Océano con periodicidad anual desde la península y Canarias hacia América, y desde allí hacia Filipinas, tuvo embarcaciones que ostentaban el nombre de Nuestra Señora de Guía. Hacer una relación de todas ellas está fuera de nuestro propósito, requiere un estudio pormenorizado de las características de cada una: fragata, galeón, nao, navío, patache, etc.

A modo informativo, enumeraremos algunas embarcaciones participantes. Así, en la flota de Nueva España, la que realizaba los intercambios con el correspondiente virreinato, aparecen: el barco Nuestra Señora de la Guía en 1595 sale hacia Nueva España (142); el navío Nuestra Señora de Guía en 1596 vino de Puerto Rico (28); el navío Nuestra Señora de la Guía en 1625 sale hacia Nueva España (142); la fragata Nuestra Señora de la Guía en 1671 sale hacia Nueva España (25), la nao Nuestra Señora de Guía, alias El Flavels, en 1697 sale de Canarias hacia La Habana (26).

En el galeón de Tierra Firme, el que realizaba los intercambios con el virreinato de Perú, encontramos: el navío Nuestra Señora de Guía en 1586 salió del río Guadalquivir hacia Tierra Firme (27); el Navío Nuestra Señora de la Guía y San Telmo en 1673 salió hacia Tierra Firme (142).

En el galeón de Manila, el que comunicaba América con Filipinas, consignamos: el galeón Capitana Nuestra Señora de Guía el año 1649 sale de Filipinas para Acapulco, y en 1731, el galeón Nuestra Señora de Guía, construido en Filipinas, salió de Acapulco para Filipinas (24).

Cabe señalar también que, en 1668, operaba una escuadra bajo patrocinio de Nuestra Señora de Guía (29).

En la relación de los buques mercantes afectos de intervención decretada el 10 de marzo de 1939 (BOE n.º 76 de 17 de marzo de 1939, pág. 1537), aparece uno titulado Virgen de la Guía.

Para finalizar, indicaremos que en algunos lugares, además de la veneración descrita por parte de los caminantes, también acudían a ella otros gremios. Así, en La Palma del Condado (Huelva), la Virgen de Guía está declarada patrona de labradores (91), en Santa María del Páramo (León) recurrían a ella para pedir agua en años de sequía (151), como en Llanes (Asturias) para conseguir buenas condiciones climáticas para las cosechas (56).

8. Conclusión

El título Virgen de la Guía es propio del territorio hispano; se trata de una creación ex novo que traslada al romance la devoción de la Virgen Odegetria (la que muestra el camino, la que conduce, la que lleva, la que guía) surgida en Constantinopla en el siglo v. La incorporación a la religiosidad popular tuvo inicio en la Edad Media, a mediados del siglo xii (año 1166) en Barcelona. De manera paulatina, alcanzó la implantación geográfica universal que abarca España, Portugal y las tierras allende la mar Océano, por donde anduvieron los valerosos conquistadores y evangelizadores españoles y portugueses.

La advocación recuerda una acción maternal de la Virgen, cantada en la literatura mariana medieval (Cantigas de Santa María, Milagros de Nuestra Señora, etc.), a la que, confiados, se acogen los fieles, y no requiere de ningún hecho sorprendente para su establecimiento: la suscita el sentido de piedad y confianza en María, mediadora universal. En consecuencia, no tiene carácter popular, como podríamos deducir del conjunto de leyendas y mitos que explican su aparición en cada uno de los diversos lugares del territorio hispano por donde se halla presente.

El título de Virgen de la Guía no se adapta a un único modelo iconográfico. Las imágenes veneradas con él, en su mayor parte, responden al dogma de Éfeso: María es la Madre de Dios. Por tanto, son tallas de estilo románico, gótico o moderno en las que aparece representada la Virgen, sedente o de pie, con el niño apoyado en el regazo o sostenido en brazos. No obstante, en un exiguo número aparece la Virgen sin el niño, incluso se encuentran imágenes, de talla o en bastidor, cubiertas con vestidos postizos.

La Virgen de la Guía fue declarada patrona de los Correos del Reino de Aragón, en la Edad Media; los caminantes, de a pie o en cabalgadura, arrieros, correos, mensajeros, peregrinos, postillones, recueros, soldados, trajineros, viajeros a lejanas tierras, etc.; los que andaban por el mar, navegantes y emigrantes, se acogían de un modo muy particular bajo su protección, e incluso, aunque en menor medida, era invocada por los hombres del campo.


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NOTAS

[1] Otras denominaciones canónicas son: Virgen de Guía, Virgen María de la Guía, Nuestra Señora de la Guía o de Guía, Nuestra Señora la Virgen de la Guía o de Guía, Madre de Dios de la Guía, María Santísima de la Guía o de Guía.

[2] Nos atenemos en lo que sigue a esta transliteración más acorde con los usos actuales. No obstante, en los textos antiguos se pueden encontrar otras: Hodegetria, Odigitria, Hodigitria, Odiguitria.

[3] Deformación italiana de Odigitria.

[4] Es una imagen de 64 cm, descubierta, emparedada en la ermita de su título en 1952 (120).