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Imágenes de la esvástica en el arte popular

MARTIN CRIADO, Arturo

Publicado en el año 2015 en la Revista de Folklore número 398.

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Resumen

De las imágenes de tipo tradicional, la esvástica es una de las más difundidas y antiguas. Un sintético repaso histórico nos muestra sus lejanos orígenes paleolíticos, su gran difusión por casi todos los continentes, y su uso fundamentalmente protector en el arte popular hasta los tiempos modernos. Asimismo, vemos cómo, frente a la permanencia formal de la cruz gamada sin apenas modificaciones, los tipos de esvástica curva han sido muy variados, han asimilado otras formas como la espiral o la burbuja, y han originado nuevas variantes.

Palabras clave

Esvástica, cruz gamada, esvástica falciforme, esvástica espiral, Castilla y León.

Abstract

Among the traditional images, the swastika is one of the oldest and most widespread. A synthetic historical review reveals its distant Paleolithic origins, its wide dissemination through almost every continent, and its mainly protective use in folk art until modern times. Likewise, in contrast to the almost unchanged angled cross original shape, curved swastikas have assimilated other forms, such as spirals or bubbles, creating a wide assortment of new variations.

Keywords

Swastika, hook cross or angled swastika, sickle-shaped swastika, spiral swastika, Castilla y León.

Hay unas cuantas imágenes, utilizadas desde hace milenios en muchas culturas, que producen, al contemplarlas, una impresión de dinamismo, de movimiento giratorio, y que se han considerado representaciones astrales. Suelen denominarse vórtices. Un vórtice es el giro de una sustancia fluida en torno a un punto, en espiral o en círculo; en las artes plásticas se nombran también con sinónimos como torbellino, remolino, molinete. Dentro de este tipo de imágenes, destacan por su antigüedad y relevancia las esvásticas y los círculos radiados, ambos motivos empleados en innumerables culturas con un sentido religioso que, en la actualidad, todavía se conserva en Asia de forma bastante clara, mientras que en otros muchos lugares se usa con valores talismánicos confusos o como motivo puramente decorativo. Aparte, está el uso que ideologías extremistas tienden a hacer de todo tipo de imágenes, sobre todo aquellas que tengan un olor de ancestralidad, con fines xenófobos y violentos, y que en el caso concreto de la esvástica es de sobra conocido.

En primer lugar, el concepto de esvástica no parece que esté muy claro, según el uso que se hace de esta palabra entre historiadores, antropólogos y otro tipo de escritores que se han ocupado del tema. Por resumir, diré que hay algunos que lo aplican a todo tipo de vórtice, de figura giratoria, tenga tres o quince brazos, mientras que otros solo lo consideran sinónimo de ‘cruz gamada’, que es lo que hace el diccionario de la RAE. Desde el punto de vista etimológico, este significado parece el más acertado, pues el nombre del que procede es sánscrito y en la India se aplica a la cruz gamada. Sin embargo, como existen variantes de la cruz gamada con brazos curvos, a las que resulta difícil denominar cruz gamada por carecer de la forma típica de esa letra griega, en su variante mayúscula, por ello se ha usado también para estas variedades curvas la denominación más genérica de esvástica, lo que me parece aceptable. Y este es el uso que haré aquí: la esvástica es una cruz, sea de brazos rectos en ángulo, en forma de una gamma mayúscula, sea de brazos curvos, siempre que se mantenga la idea de cruz y la insinuación del giro. El resto son formas de vórtices con distinto número de brazos, trisqueles o trescelas[1], discos radiados, etc.

La cruz gamada

La cruz es una imagen muy antigua. En realidad, solo es un cruce perpendicular de dos líneas, y no es extraño que entre las imágenes más antiguas conocidas estén una serie de líneas que se cruzan, formando un tipo de elemental retícula, como, por ejemplo, las halladas en la cuevas sudafricanas de Blombos y Diepkloof. Cruces propiamente dichas, encerradas en un círculo, se hallan ya en las pinturas azilienses sobre guijarros del Mesolítico y en esta misma etapa de transición entre el Paleolítico y el Neolítico, o en pleno Paleolítico Magdaleniense según las últimas dataciones, se sitúa la más antigua cruz gamada conocida. Está grabada en la parte inferior de un pájaro de marfil aparecido en el yacimiento de Mezin, en Ucrania (fig. 1). En este lugar se encontraron, al excavar una cabaña, piezas de marfil con motivos rectilíneos como líneas paralelas en uve o galones, zigzags, grecas o meandros, en un estilo muy elaborado, de gran perfección técnica y barroquizante. Estos rasgos se dan en esta cruz gamada, que presenta una forma cuadrangular, pues cada uno de los brazos se prolonga en una especie de espiral cuadrada, como una greca[2]. Campbell recoge las opiniones de quienes la dieron a conocer en relación con el hecho de que apareciese en un ave y con la teoría de que, precisamente, su origen estuviera en que esta imagen representaba a un ave, quizá una cigüeña, en vuelo. Esto permitiría relacionarla con las imágenes de lo celeste, la luz, frente a la enemiga serpiente, llegando a hacer un juicio moral y considerar que representaría la victoria del bien sobre el mal, pero esto parece una simplificación apresurada[3]. En esta misma zona del sur de Ucrania, Moldavia y Rumanía, se desarrollaron unos milenios más tarde dos culturas neolíticas muy pujantes: las de Trypillia (también llamada Tripolje) y Cucuteni, caracterizadas sobre todo por una original cerámica muy ornamentada, además de figurillas de barro que representaban divinidades, en especial una diosa que algunos arqueólogos han denominado de cabeza de pájaro o de serpiente, relacionadas con las de la vecina cultura de Vinca, en Serbia[4]. La ornamentación de esta cerámica se caracteriza por la abundancia de meandros, líneas sinuosas, espirales, círculos concéntricos, que a veces parecen ojos, triángulos, rombos, y algunas figuras de animales estilizados, como peces, aves y serpientes. Dentro de las formas circulares o espiraliformes, en ocasiones aparecen cruces de varios tipos, entre ellas la cruz gamada (fig. 2). Una cerámica que presenta muchas semejanzas con esta, tanto en las formas como en la decoración, incluida la aparición de la esvástica, se ha encontrado en algunas culturas neolíticas asiáticas de bastante antigüedad (vi y v milenios a. C.), como la de yangshao china y la de banchiang tailandesa, e incluso de América, donde los indios anasazis, navajos, hopis, etc. han elaborado cerámicas similares desde la prehistoria hasta ahora. Algunos autores, utilizando los cada vez más completos mapas genéticos de las distintas poblaciones del planeta, han observado que el haplogrupo R1a del cromosoma Y es muy abundante en Europa oriental, sobre todo en Polonia y Ucrania, mientras que el grupo R1b predomina en Europa occidental, y se halla extendido por zonas de Asia, lo que podría relacionarse con la expansión de los portadores desde la zona de las estepas ucranianas y rusas, que los lingüistas han considerado la zona originaria desde donde partió la expansión indoeuropea[5]. El asunto es muy complejo; el concepto «indoeuropeo» es puramente lingüístico, no cultural ni étnico, si bien se pueden establecer relaciones entre grupos lingüísticos y culturas con mucha cautela[6].

La imagen de la cruz gamada aparece también en las culturas neolíticas cerámicas de Mesopotamia, culturas que llevaban ya un tipo de vida totalmente sedentario, dedicadas sus gentes a la agricultura y a la ganadería, que vivían en casas construidas con tapial o adobe, y elaboraban hermosas piezas de alfarería, que son el principal testimonio que, a través de los milenios, ha llegado a nosotros. Son platos o escudillas decoradas con motivos geométricos y animales, estos bastante estilizados, en cuyo interior, en el centro, suele aparecer un tipo de cruz. Son especialmente hermosas las piezas halladas en las excavaciones de Samarra (fig. 3), en Irak, y de Susa (fig. 4), en Irán, del v milenio a. C. Más moderna es la civilización del valle del Indo, también conocida con el nombre de uno de sus yacimientos más famosos, Harappa. Entre los objetos de cerámica encontrados, están unos sellos o pintaderas cuadrados cuya superficie ocupa una cruz gamada.

Por lo tanto, desde tiempos prehistóricos vemos que la cruz gamada forma parte del repertorio de imágenes de diversas culturas europeas y asiáticas fundamentalmente y que, por los testimonios que se han conservado, ha debido de tener un uso continuado desde entonces. En la Edad Antigua europea, fue una figura conocida y usada tanto en las culturas mediterráneas como en las del centro y norte del continente. Se ha documentado desde el iii milenio entre los hititas y otros pueblos anatolios, los cretenses y, en especial, los griegos. En Troya, decora gran número de piezas cerámicas, lo mismo que en la cerámica helénica geométrica y de estilos posteriores. Cirlot considera que entre los griegos (fig. 5) no tuvo sentido simbólico alguno, sino ornamental y talismánico, como signo de la buena suerte[7].

En el arte romano, es especialmente abundante como motivo ornamental repetitivo en los dibujos de muchos mosaicos, bien encerrada en círculos o cuadrados, bien en complejas tracerías formadas por grecas en las que las líneas, al cruzarse, dan lugar a esvásticas. Un buen ejemplo del primer tipo lo tenemos en un mosaico de la villa romana de la Olmeda (Palencia), en que las cruces gamadas alternan con lazos y cuadrados oblicuos. En la también palentina villa de Villanueva de la Cueza (fig. 6), las esvásticas, que están dentro de un cuadrado y este de una especie de medallón, se desarrollan en una greca que ocupa el cuadrado por entero. A menudo, estos entrelazos rectilíneos forman un orla alrededor del motivo central, figurado o geométrico, como en el mosaico de la villa de Cuevas de Soria que está en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. En la península ibérica destaca la frecuencia de uso de la cruz gamada en las cerámicas celtibéricas, sobre todo en las de Numancia (figs. 7 y 8), en las que se usaría seguramente, como en el caso de las griegas, como talismán de la buena suerte. Son muy escasas las muestras de cruces gamadas halladas en otras regiones: un caso particular es la que aparece entre los petroglifos de Portela de Laxe, en el pueblo gallego de Cotobade, que sería añadida en fechas posteriores a la de realización del conjunto[8]. En el centro de Europa, aparece esta imagen en una placa de cinturón calada, grabada en algunas armas, hojas de lanza y espadas[9], y tampoco falta entre los pueblos nórdicos y en las islas británicas[10].

En Asia, la cruz gamada apareció, como ya hemos visto, en cerámicas de algunas culturas neolíticas. Posteriormente, en época histórica, la encontramos sobre todo en la India, donde se denomina en sánscrito suastika, y es un signo del sol y del fuego, que se emplea como talismán de la buena suerte. En la religión hinduista es emblema del dios elefante Ganesha, una de las divinidades más importantes y benéficas; también se relaciona con la diosa Lashmi. Así dice una publicación hinduista dedicada al dios Ganesha:

«Para los hindúes, la esvástica es una cruz de la suerte asociada con buena fortuna dada por el Señor Ganesha. También representa al sol y al ciclo de vida. Este antiguo símbolo benévolo es usado hoy día por las amas de casa para cuidar los umbrales y las puertas, por los sacerdotes para santificar ceremonias y ofrendas y por los hombres de negocios para bendecir las primeras páginas de los libros de cuentas cada Primero de Año. Ninguna ceremonia o sacrificio es considerado completo sin ella, ya que se cree que tiene el poder de proteger de infortunios y de poderes negativos»[11].

La esvástica hinduista puede ser dextrógira (más empleada) o levógira, y no están claras las diferencias entre una y otra, si bien hay teorías para todos los gustos[12].

Para los budistas, indica el número 10 000 o la eternidad de las enseñanzas de Buda y es «símbolo del corazón de Buda», por lo que a veces aparece sobre el pecho del llamado Buda Sakyamuni (fig. 9), representado con un cuenco en la mano izquierda y con la derecha tocando el suelo. Se cree que, con la difusión del budismo, la esvástica volvió a China (fig. 10), donde se conoce como wan o wanzi, y, desde allí, se difundió por Corea y Japón. En este último país, se denomina manji, «eternidad», y está ligada estrechamente a la religión budista, hasta el punto de que los templos budistas se señalan en mapas y planos con una cruz gamada, mientras que los sintoístas se identifican con un tori, esa especie de puerta esquemática formada por dos postes y un travesaño doble (fig. 11). En muchos templos budistas, también en alguno sintoísta, se encuentra la esvástica, siempre levógira, en faroles, en tejados (fig. 12), en tablillas votivas, e, incluso, hay fuentes con esa forma, como una en el templo de Hasedera de Kamakura.

En cuanto al Tíbet, la esvástica es emblema de la religión bon, religión sincrética del chamanismo original de los pueblos altaicos y sinotibetanos, y de las enseñanzas del budismo. A veces se denomina yungdrung bon, es decir, «bon de la esvástica», y este emblema suele aparecer en las imágenes talladas o pintadas de su mítico creador Tonpa Shenrab, en templos y viviendas como talismán protector, etc. Su aparición en algún conjunto de arte rupestre de época indeterminada ha llevado a pensar que, quizá, se empleaba en la religión animista primitiva, ya que esas pinturas y grabados suelen ser obra de chamanes; sin embargo, esto no es seguro, y tal vez fue introducida por el budismo, pues tiene los mismos sentidos y usos que en él[13].

En América, ha sido muy empleada por ciertas tribus indias de Norteamérica, que le han dado un sentido muy parecido al que tiene en Asia[14]. En el siglo xix se descubrieron esvásticas en excavaciones llevadas a cabo en Tennesee y en Ohio en lugares habitados por poblaciones precolombinas. Después, se han documentado en cerámicas de algunas antiguas culturas del sudoeste, como la anasazi y mogollón, cuyos continuadores modernos se piensa que son algunos de los pueblos indios, por ejemplo los zuñis y los hopis, que, junto a los navajos, son quienes más han utilizado esta imagen en piezas de cerámica, cestería, mantas y dibujos de arena[15].

Durante la Edad Media, la cruz gamada aparece ocasionalmente en grandes composiciones decorativas que tienen su origen en las composiciones ornamentales de los mosaicos romanos, en los que eran frecuentes los diseños geométricos intrincados a base de líneas rectas que se cruzan y que, al hacerlo, forman cruces gamadas. Composiciones similares se aprecian en el arte bizantino, como una placa del Museo Bode de Berlín, del siglo vi, que procede de Egipto (fig. 13), y en el arte islámico. En Córdoba, por ejemplo, en algunas de las puertas de la mezquita, en la decoración de varias ventanas y puertas ciegas de la parte alta, hay un diseño de este tipo en rojo sobre el fondo blanco (fig. 14) o en Medina Azahara[16].

En África, aparte de los países musulmanes del norte, donde se pueden ver esvásticas en composiciones similares a las vistas en Córdoba, aparecen en objetos de algunas culturas del África occidental, sobre todo culturas del grupo akan, como la de los ashantis de Ghana. Estos pueblos, que conocían la metalurgia del hierro y el cobre, pero ignoraban el oro que abundaba en sus tierras, comenzaron a extraerlo y venderlo a los pueblos musulmanes del norte hacia el siglo xiv. El comercio del oro pronto les trajo gran riqueza y la influencia cultural islámica, si bien nunca dejaron su religión autóctona. Los musulmanes introdujeron pesas para el oro, que fueron imitadas por los ashantis fundiéndolas a la cera perdida en latón y en bronce. Las más antiguas, hasta el siglo xviii, tenían grabados motivos geométricos muy variados; entre ellos aparece la cruz gamada, con ambos sentidos de giro (fig. 15). Se cree que estas figuras tuvieron función protectora, a imitación del uso de los musulmanes, pues los amuletos de estos gozaban de gran prestigio y se les atribuía poderes milagrosos en la guerra y contra las enfermedades. Estas pesas cumplirían, pues, dos funciones: una más inmediata para pesar el polvo de oro en los platillos de la balanza, y otra mística de protección contra todo tipo de males. Después entraron en contacto y comerciaron con europeos, portugueses y holandeses, y comenzaron a fabricar pesas con motivos figurativos, animales, seres humanos, etc.[17]. También es propia de este pueblo una esvástica curva, que más adelante veremos, usada en la decoración estampada de las telas para vestidos, conocidas como adinkra. Se han empleado, asimismo, cruces gamadas en Etiopía, en algunas de las famosas iglesias cristianas, talladas en la roca, de Lalibela. Por ejemplo, en la de Bet Maryam, las ventanas más bajas tienen celosías talladas en la misma roca con esa forma.

En la España medieval, la cruz gamada aparece también en composiciones decorativas repetitivas de tipo mudéjar, como el armario de la catedral de León, obra de los siglos xiii-xiv con decoración ataujerada[18], o la techumbre pintada de la catedral de Teruel, de finales del siglo xiii, donde está representada en el interior de cuadrados que hay dentro de unos octógonos que forma un entrelazo que decora un alicer y algunas tabicas[19]. También se utilizó de la misma manera en obras textiles, como la estola de san Narcís, de la catedral de Gerona, y en unas cuantas miniaturas de las Cantigas de Santa María del rey Alfonso X, en concreto, en los frontales de altar que hay en casi todas las páginas miniadas (fig. 16) y que se considera que representan piezas de ricas telas de la época[20]. Similar es la ornamentación pintada a base de octógonos que hay a la entrada de la capilla de San Martín de la catedral vieja de Salamanca. Es un diseño frecuente en mosaicos romanos, en que cada octógono está formado por cuatro hexágonos irregulares con un cuadrado en el centro, donde aparece una cruz gamada (fig. 17).

Medievales se han considerado las pinturas descubiertas hace poco en la iglesia de Matanza de Soria; representan figuras desordenadas de aves, rectángulos rayados y cruces, entre ellas una cruz gamada dentro de un cuadrado, trazadas con almagre en un estilo espontáneo[21]. Entre la multitud de signos lapidarios que aparecen en construcciones medievales, ocupa un lugar poco importante, por su escasa frecuencia, la cruz gamada. Este y algunos otros signos, como el sello de Salomón, se llegaron a clasificar en el siglo xix como símbolos de carácter mágico, pero, ya a comienzos del siglo xx, Lampérez rechazaba esta teoría y aceptaba la más extendida de que se trataba de una más de las marcas de cantero con las que estos señalaban las piezas labradas por cada uno[22]. Se puede ver en lugares como el monasterio de Santa María de Carracedo (León), el de Buenafuente de Sistal (Guadalajara) o en la primitiva capilla abovedada del santuario de Nuestra Señora del Rebollar (fig. 18), en Rionegro del Puente (Zamora). Sin embargo, no se conocen muchos casos en que se emplee como cruz propiamente dicha de forma aislada. Un caso excepcional se puede considerar una estela funeraria de Artaiz (fig. 19), en Navarra, en la que el círculo de la estela está ocupado por un gran entrelazo cuadrado doble, en cuyo centro hay un octógono y, en él, una pequeña cruz gamada[23].

Este uso como motivo decorativo dentro de conjuntos abigarrados parece haber sido el que pervivió en el arte popular de tipo tradicional de Castilla y León, y de forma más bien escasa a juzgar por lo que conocemos, afirmación que se puede hacer extensible al arte popular del resto de España y de Europa. Uno de los pocos campos en que perduró como motivo ornamental de tipo geométrico es en el arte textil, lo que podría hablarnos de un motivo tradicional en este campo, de acuerdo con lo que hemos visto de los frontales textiles que se reproducirían en las Cantigas de Alfonso X. En concreto, se usó este motivo en los bordados de las camisas femeninas, pero solo se ve en algunos ejemplares antiguos y, seguramente, ya no se usaba en el siglo xix. Entre las camisas castellanas, son conocidas las segovianas y las salmantinas. En la camisa segoviana, se bordaban con lana negra sobre tela blanca motivos geométricos en la pechera y las bocamangas. Eran figuras rectilíneas, de un estilo compacto a base de cuadrados, rombos, zigzags, grecas y alguna cruz. Entre los tipos de cruces, las hermanas Alfaya citan la griega, la latina y la cruz gamada, pero sin dar ningún ejemplo, y en el excelente repertorio gráfico de la obra no he localizado ninguna que lo sea de forma clara[24].

Las camisas salmantinas de mujer suelen llevar bordada toda la manga, también en negro sobre blanco, pero predomina el estilo orgánico de motivos vegetales y animales trazados con líneas curvas, si bien conservan las bocamangas fruncidas y bordadas con diseños geométricos de forma apretada, como las de Segovia. Entre los extraordinarios fondos que conserva el Museo Pedagógico Textil de la Universidad Complutense de Madrid, hay una camisa del siglo xvii[25] con bordados de estilo orgánico, muy curvilíneo, en negro sobre blanco en ambas mangas, cuyo motivo principal es un gran ramo de flores que asciende por la manga hasta el hombro. Sin embargo, en los puños el bordado es geométrico y el motivo principal es la cruz gamada. En la parte superior del puño, aparecen cruces gamadas en negro encerradas en cuadrados. En la inferior, se aprecian cuatro crucecitas en el centro de un gran cuadrado en blanco sobre negro, y varias hileras del mismo tipo de cruces frente a los lados del cuadrado (fig. 20).

En el mismo museo, hay una camisola de niña, fechada por María Ángeles González Mena en el siglo xviii[26], con el mismo tipo de decoración en las mangas, vegetal con peces y aves en la parte superior, y geométrica en la bocamanga. En la parte superior del puño hay una franja con red de cuadrados oblicuos entre los que se introducen algunas cruces gamadas (fig. 21). Muy original y antiguo es el bordado de una camisa que reproduce Antonio Cea Gutiérrez, con motivos vegetales y animales sobre los que se superponen figuras geométricas, entre ellas unas cuantas cruces gamadas (fig. 22)[27].

La esvástica curva

La esvástica curva tiene también una larga historia, pues aparece ya en piezas cerámicas neolíticas de Europa oriental, de las culturas balcánicas antes citadas, y en el cicládico antiguo del iii milenio. Por ejemplo, en la ucraniana civilización trypillia, encontramos diseños que tienen un círculo central del que parten cuatro brazos curvos falciformes (fig. 23) en unos casos, y, en otros, alrededor del círculo hay un cuadrado de lados curvos cuyos ángulos acaban en espirales que giran en el mismo sentido. Asimismo, aparece en la civilización del valle del Indo, conocida a veces como de harappa, en el suroeste de Asia, entre los milenios iv y ii a. C. Si bien en algunos sellos la imagen es la de la cruz gamada, como hemos visto, en muchos cuencos y platos, como los hallados en las excavaciones de Shahi-Tump, en la zona de Kech-Makran, al oeste de Pakistán, lo que aparece es un tipo de esvástica curva en la que la cruz está formada por brazos curvos falciformes (fig. 24)[28].

Este tipo de esvástica falciforme puede tener pequeñas variaciones, pero siempre presenta una suave curvatura que acentúa su apariencia giratoria. Es muy característica de algunas culturas protohistóricas del occidente de Europa, en las que es más conocido como tetrasquel, si bien, como ya hemos comentado, alterna con variantes de distinto número de brazos. En la península ibérica, abunda en la zona occidental, sobre todo en Galicia y Portugal (fig. 25), en castros y sepulturas de época romana[29]. Como en otros casos, al ser una de las imágenes que se esculpieron en las estelas funerarias, al menos en ese caso, se le ha dado un sentido religioso. Gran parecido con estos tetrasqueles tiene una de las imágenes que los ashantis de Ghana emplean para estampar las telas adinkra, una de las artesanías textiles más conocidas de África. Eran telas especiales para las grandes celebraciones, sobre todo funerales, que las personas encargaban eligiendo los diseños que deseaban llevar entre un gran repertorio de motivos, que se han ido renovando a lo largo del tiempo. El estampado se hacía con grandes tampones hechos de corteza de calabaza y tintes vegetales sobre paños de algodón. En el gran repertorio de motivos, encontramos el conocido como nkontim, que significa «peluquero de la reina», y que expresa servicio y lealtad[30] (fig. 26).

Un tipo parecido de esvástica aparece en los canceles de algunas basílicas paleocristianas de Roma, por ejemplo en Santa Sabina o en Santa Maria in Trastevere, que lucen una ornamentación muy plana con árboles cuyas ramas terminan en vórtices de cuatro radios ligeramente curvados, entre otros motivos. Esta cruz ornamenta con frecuencia el escudo circular de personajes, soldados, ángeles, David y Goliat, que aparecen en miniaturas prerrománicas y románicas. En la Biblia de Florencio y Sancho, copiada y miniada a finales del siglo x en el monasterio burgalés de Valeranica, junto al Arlanza, hoy conocida como Biblia de San Isidoro, se ve un Goliat herido con broquel con la cruz curvada. En los edificios románicos de ciertas comarcas, es uno de los recursos ornamentales, junto a los discos giratorios, más empleados. Es posible que su popularidad tenga que ver con la existencia de estelas funerarias, que muchas veces se emplearon en estas mismas construcciones, procedentes de ruinas romanas. En el románico segoviano se ve con frecuencia en las tabiquillas de los aleros. Sirva como ejemplo la imagen de la iglesia del Salvador, de Segovia, de la figura 27. Esvásticas similares se ven en la fachada de la iglesia riojana de Ezcaray, y en un respaldo de la sillería de la catedral de Segovia. En La Alberca, hay una puerta de casa con un dintel monolítico, en el que están grabados los anagramas de Cristo y María a los lados, y entre ambos un círculo en relieve, en cuyo centro tiene otro más pequeño con una esvástica falciforme, rodeado de composiciones florales (fig. 28).

Hay otro tipo de esvástica curva, como hemos apuntado antes, en que cada uno de sus cuatro brazos, además de estar curvados, se prolonga en una espiral más o menos desarrollada, por lo que, a veces, se ha denominado esvástica espiral. Conocemos algunas esvásticas de este tipo en las culturas neolíticas del sudeste de Europa, sobre todo en la de cucuteni-trypillia (fig. 29), y algún ejemplo sobresaliente en el cicládico antiguo, como la representada en una sartén de Naxos que está en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. En las excavaciones de Troya, Schlieman recogió gran cantidad de pequeñas piezas circulares de terracota relacionadas con el hilado y el tejido decoradas con distintas imágenes, entre ellas las esvásticas curvas[31], que siguieron usándose en cerámicas griegas de tiempos históricos. En unas, la espiral es solo incipiente, apenas insinuada, mientras que en otras tiene varias volutas. Sobresalientes son las esvásticas espiraliformes que aparecen en piezas del ajuar de algunos pueblos célticos de la meseta del Duero, en concreto en placas de cinturón, como una hallada en Paredes de Nava, Palencia (fig. 30), que se expone en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, y otra procedente de la necrópolis de Miraveche, en el Museo de Burgos (fig. 31).

Este tipo de esvástica se adapta perfectamente a los trabajos de hierro, por lo que abunda en piezas de rejería, tanto de hace varios siglos, como las rejas de la cárcel de la Real Chancillería de Valladolid (fig. 32), actual Biblioteca Reina Sofía, como en casas populares de los siglos xix y xx, donde se emplea, de manera acertada, para huecos circulares (figs. 33 y 34). En algunos casos, la plasticidad de la cinta de hierro, tan difundida en la rejería popular desde finales del siglo xix, ha permitido la elaboración de espirales pronunciadas. Sin embargo, su uso en el campo de la cerámica no ha debido de ser frecuente, si bien se puede ver en algunos platos de Talavera, como uno conservado en el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid (fig. 35).

Hay un tercer tipo de esvástica curva que merece ser tenida en cuenta, la cruz de burbujas o de gotas, antaño llamada, sobre todo en el País Vasco, cruz ovifila o lauburu. Pero, para entender su origen y su uso, es necesario estudiar un poco el muy antiguo motivo de la burbuja, también llamada gota, vírgula o coma. A ello dedicaré un próximo artículo.



NOTAS

[1] Estos términos formados sobre el griego skelion, ‘pierna’, los han popularizado los historiadores y arqueólogos, con numerosas variantes, tanto gráficas como conceptuales. Un ejemplo: a los más conocidos trisquel o triskel se unen formas como trescela, que un autor define como «una cruz de seis brazos curvos (trescela), tres en relieve y tres rebajados...». Véase M. Unzueta Portilla: «La estela prerromana en Bizkaia. Nuevas aportaciones y ensayo de interpretación histórica». Cuadernos de Sección. Antropología-Etnografía, 10. 1994, p. 28.

[2] Z. A. Abramova. L’art paléolithique d’Europe orientale et de Sibérie. Grenoble: Éditions Jerome Million, 1995, pp. 136-138. La autora no habla de esvástica, sino de «quatre volutes de méandres», p. 138. Sobre las discusiones acerca de la cronología, véase Z. A. Abramova, G. V. Grigorieva y G. I. Zaitseva: «The Age of Upper Paleolithic Sites in the Middle Dnieper River Basin of Eastern Europe», Radiocarbon, 43. 2B, 2001, pp. 1077-1084. https://journals.uair.arizona.edu/index.php/radiocarbon/article/view/3939/3364 [consulta: 25/11/2014].

[3] Joseph Campbell: Flight of the Wild Gander. Explorations in the Mythological Dimension. Selected Essays 1944-1968. New World Library, 2002, p. 117. Hay una traducción española: El vuelo del ganso salvaje, Barcelona: Kairós, 1998.

[4] Marija Gimbutas, Diosas y dioses de la Vieja Europa (6500-3500 a. C.), Madrid: Istmo, 1991. Una de las pocas obras que ha dado a conocer en Europa occidental la prehistoria de la oriental, pero algunas de sus teorías hoy se rechazan por su sesgo ideológico excesivo, a pesar de lo cual tiene una buena y abundante información gráfica. Sobre el significado de los meandros que decoran las piezas de Mezin, entre los que se halla la esvástica, Gimbutas recoge la opinión de Chicalenko, quien, además de afirmar la radical originalidad de estos diseños desconocidos hasta entonces, defiende que es un arte puro centrado en el ritmo y la simetría, un arte que «no imita a nada en sus dibujos ni expresa ninguna idea»; por el contrario, la autora cree que tiene sentido religioso relacionado con el agua, las aves acuáticas y la serpiente, reina de las aguas (p. 155).

[5] E. A. Klyosov y E. A. Mironova han lanzado la hipótesis de que estas culturas corresponderían a los llamados pueblos indoeuropeos, que desde aquí emigrarían hacia el este: «This migratory connection of R1a bearers to East Europe and China might explain the penetration of ceramics and figurine design from the Trypillian culture to the South East Asian cultures. The Ban-Chiang culture could have borrowed the art of ceramics and figurines from China. This art and craftsmanship could also have been brought to China and Thailand with the Aryans some 4000-3500 years ago, via the Andronovo culture. Except for R1a, no other haplogroup could have connected Eastern Europe and China/Thailand». Véase, de estos autores, «A DNA Genealogy Solution to the Puzzle of Ancient Look-Alike Ceramics across the World», Advances in Anthropology, vol. 3, n.º 3, 2013, pp. 164-172 (cita en las pp. 167-168). http://www.scirp.org/journal/PaperInformation.aspx?PaperID=35722#.VLj1gS5RJx4 [consulta: 11/12/2014]. Los autores establecen también una posible relación con la cultura anasazi-mogollón de los indios norteamericanos, cuya cerámica tiene rasgos similares y donde también se ha usado la esvástica, pero reconocen que sería difícil rastrear una conexión migratoria en este caso.

[6] Es decir, solo son indoeuropeas las lenguas, e indoeuropeos los que las hablan, pero no ha existido una cultura que se pueda calificar de esa manera. Intentar asignar un perfil genético a los llamados indoeuropeos es algo muy complicado, si bien se están publicando estudios interesantes, por ejemplo: F. Villar, B. M. Prósper, C. Jordán y M. P. Fernández Álvarez: Lengua, genes y culturas en la prehistoria de Europa y Asia suroccidental. Salamanca: Universidad de Salamanca, 2011.

[7] J. E. Cirlot, «La esvástica en armas antiguas. Relaciones iconográficas del símbolo y estimaciones sobre su posible significado». Gladius, 7, 1968, pp. 27-43; véanse pp. 37-38.

[8] M. Santos Estévez y M. V. García Quintela: «Arte rupestre y santuarios». Semata 14, 2002, pp. 37-149. Véanse pp. 86-87.

[9] J. E. Cirlot, op. cit., pp. 29-32.

[10]Ib., pp. 39-41.

[11] S. S. Subramuniyaswami, Amoroso Ganesha. Spanish Edition of Hinduism´s Endearing Elephant-Faced God. Hawaii: Himalayan Academy, 2000. Se puede consultar en internet: www.academia.edu [consulta: 25/11/2014].

[12] En la India, se dice que la esvástica dextrógira hace referencia al sol y lo masculino, mientras que la levógira simboliza la luna y lo femenino. Véase R. Dutta, «Swastika Symbol on Bharhut Stone Railing: A Case Study». Ancient Asia 2, 2010, pp. 147-154. DOI: http://dx.doi.org/10.5334/aa.10211 [consulta: 25/11/2014].

Una de las teorías más curiosas defiende que la esvástica en general significa el «sol corredor», que corre de un lado al otro. Según la dirección del giro, una es el sol de levante, o el dios Indra, y la otra el sol de poniente, o Varuna; véase F. López Pampló, «Mitos sin mito. La swastica (probable simbolismo)», Ethnica. Revista de Antropología, 18.1, 1982, pp. 75-107.

[13] Sobre el bon de la esvástica, puede consultarse en castellano el libro de I. Preciado Idoeta, Svástika. Religión y magia en el Tíbet. Madrid: Oberon, 2003, en especial las páginas 95, 157 y 195-199.

[14] Para los indios del sudoeste de los Estados Unidos, es un signo de buena fortuna, como dicen R. W. Kapoun y C. J. Lohrmann: «The swastika was commonly known as a sign of good luck and was adopted by such different organizations...» en Language of the Robe. American Indian Trade Blankets. Utah, 1992, p. 68. Sobre el uso de la esvástica en la ornamentación de las mantas, véanse pp. 68-69.

[15] Th. Wilson, The swastica. The Earliest Know Symbol and its Migrations; with Observations on the Migration of Certain Industries in Prehistoric Times. 1896, pp. 880-901. Disponible en internet en www.gutenberg.org/files/40812/...h/40812-h.htm. [consulta: 12/12/2014]. En las páginas siguientes, 901-905, también recoge algunos ejemplos del resto de América.

[16] B. Pavón Maldonado, «El lazo 6 de la Alcudia (Elche), el primer ejemplo conocido de Occidente. Las tramas hexagonales en el arte árabe», Al-qantara, 22, 2001, pp. 171-204. Véase p. 188 y la figura 9.10 de p. 202. El mismo autor elabora un completo repertorio de esvásticas del arte musulmán hispánico en «Evaluación final de la decoración arquitectónica de al-Ándalus (siglos viii, ix, x). El acanto y el decorado geométrico clásicos de Córdoba: renacimiento o epílogo del arte helenístico y bizantino con el añadido de elementos omeyas y abbasies de Oriente», www.basiliopavonmaldonado.es/Documentos/HISPAMUS.pdf [consulta: 21/11/2014].

[17] M. McCarthy, «From Amulet to Ornament: Asante Gold Objects and the Influence of Islam», 2011. www.pages.drexel.edu/~mm3754/final/.../Asante.do... [consulta: 26/11/2014].

[18] P. J. Lavado Paradinas, «Artes aplicadas» en Historia del arte de Castilla y León. IV. Arte Mudéjar. Valladolid: Ámbito Ediciones, 1996, pp. 223-292. La cruz gamada se ve en la segunda calle del lado izquierdo, en un panel pequeño inferior y en la puerta intermedia, que está dividida en cuatro partes, cada una con cruz gamada de sentido giratorio opuesto; véanse pp. 282-283.

[19]http://www.aragonmudejar.com/teruel/pag_catedral/catedral00.htm [consulta: 16/09/2014].

[20] Amparo García Cuadrado, Las cantigas: el códice de Florencia. Murcia: Universidad de Murcia, 1993. Hace un estudio pormenorizado de estos frontales textiles, en los que abundan motivos decorativos como redes de rombos, rosetones, ajedrezados de castillos y leones, cruces de varios tipos, entre ellos la cruz gamada, que se repite en varias miniaturas. Véanse pp. 364-371.

[21] Ángel Almazán de Gracia, «Simbolismo cristiano de las pinturas murales medievales de Matanza de Soria», http://www.soriaymas.com/ver.asp?tipo=articulo&id=2302 [consulta: 21/09/2014].

[22] Vicente Lampérez Romea, Historia de la arquitectura cristiana española en la Edad Media, I, Madrid: Espasa Calpe, 1930, 2.ª ed., pp. 57-60.

[23] Vidal Pérez de Villarreal, «Y más sobre estelas discoideas navarras», Cuadernos de etnología y etnografía de Navarra, 63, 1994, pp. 221-247. Véanse pp. 229-230 y 243.

[24] María Concepción Alfaya y López y María Paz Alfaya y López, Los bordados populares en Segovia. Madrid, 1930, p. 23.

[25] María Ángeles González Mena, Colección pedagógica textil de la Universidad Complutense de Madrid. II. Inventario. Madrid: Universidad Complutense, 1994. En él aparece con el n.º 1492.

[26]Ib., n.º 1385. Quiero expresar mi agradecimiento a Maite León, que me atendió con suma eficacia y amabilidad en mis visitas al Museo Textil de la UCM.

[27] Antonio Cea Gutiérrez, «Apuntes para el estudio de la artesanía en Salamanca» en Guía de la artesanía de Salamanca. Madrid: Ministerio de Industria y Energía y Diputación de Salamanca, 1985, pp. 170-171.

[28] B. Mutin, «Ceramic Traditions and Interactions on the South-Eastern Iranian Plateau during the Fourth Millenium B C» en C. A. Petrie (ed.), Ancient Iran and Its Neighbours: Local Developments and Long-range Interactions in the 4th Millennium BC. http://www.academia.edu/5317830/Ceramic_traditions_and_interactions_on_the_south-eastern_Iranian_Plateau_during_the_fourth_millennium_BC [consulta: 14/12/2014]. Véase figs. 14 y 15, p. 265. Algunos autores relacionan esta cultura con la de harappa, que se desarrolló más al este, en el valle del Indo.

[29] Ese es el caso de la mayoría, que aparece en estelas sepulcrales. Hay un tetrasquel y un trisquel entre los petroglifos de Laxe das Cruces, en Tourón (Pontevedra), pero se piensa que son añadidos posteriores, seguramente contemporáneos de las estelas, y no de la Edad del Bronce como los petroglifos. Véase M. Santos Estévez y M. V. García Quintela, op. cit., p. 87.

[30] V. A. Tetteh, «Adinkra. Cultural Symbols of the Asante people». http://www.stlawu.edu/gallery/education/f/09textiles/adinkra_symbols.pdf [consulta: 20/11/2014].

[31] Th. Wilson, op. cit., p. 816.