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Editorial

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 2015 en la Revista de Folklore número 399.

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La vecindad con Francia ha provocado en nuestra historia filias y fobias frecuentísimas. Desde las canciones infantiles hasta las esquelas que imprimían los establecimientos tipográficos y que copiaban motivos y modelos parisinos: todo recordaba a lo francés en la vida cotidiana. Francisco Rodríguez Marín hacía responsables de la influencia gala a los colegios franceses, mientras que Carmen Bravo Villasante recordaba, años más tarde, que la mayor parte de la literatura para niños —léase relatos y cuentos— había entrado en España a través de la lengua francesa. Sin embargo, para los estudiosos de textos y melodías populares, pronto aparecían las excepciones que hacían difícil creer en una entrada simultánea del repertorio escolar infantil gracias a los sistemas francófonos de enseñanza del siglo xix. El caso de Mambrú, por poner un ejemplo, uno de los temas más populares del cancionero hispánico, ya se detecta en el siglo xviii en nuestro país, incluso sin quedar reducido al estrecho y particular ámbito del mundo de los niños. Todos conocemos su difusión social a través del teatro, particularmente de las tonadillas, e incluso nos podemos considerar testigos del enfrentamiento entre el personaje central como representante de lo francés, y la Tirana, personalización femenina del baile, canción y arte españoles, denostados durante todo el siglo por los ilustrados o los pseudoilustrados. El tiempo demostraría que el incombustible general inglés que sobrevivió en tierra francesa también se podía adaptar a la nuestra aunque fuese refugiándose en el universo infantil, tan proclive a mitificar y magnificar las hazañas de héroes de ese tipo. Finalmente, Marlborough, convertido en Malbrouk, Mambrú o Mambruno según se le cantase en Francia, España o Portugal, justificó sobradamente tener más de mil vidas, puesto que cuanto más se le enterraba más conocido era. En sus Tradiciones peruanas, Ricardo Palma comentaba que el tema era popular en Lima en 1790 y lo documentaba sobradamente. Esto en lo que respecta al siglo xviii. En el siguiente, eso sí, hay —además del Mambrú— al menos tres ejemplos sospechosos de haberse difundido a lo largo de la segunda mitad del siglo; nos referimos a las canciones tituladas «La torre en guardia» (La tour prends garde), «Ambó ató» (À mon beau chateau) y «Estaba una pastora» (Il était une bergère). Este último es el típico caso de un texto traducido cuya melodía original se pierde y es sustituida por una autóctona. En efecto, la melodía francesa, publicada a mediados del siglo xix en el volumen titulado Chansons et rondes enfantines, no debió de agradar a quien fuera a traducirla e introducirla en nuestro país, que la cambió finalmente por una melodía asimismo sencilla pero con una estructura melódica diferente. Braulio Vigón ya lo trae en sus Juegos y rimas infantiles publicados en Villaviciosa en 1895, lo que da idea de su popularidad en otras áreas españolas al menos durante la última década del siglo. Respecto al tema «La torre en guardia», se cantaba sobre una melodía de la época de Luis XV, de la misma manera que el Mambrú se interpretaba sobre un tema militar —dicen que el único que sabía tararear Napoleón—. Sin embargo, la canción aparece en Francia y en España en el siglo xix, lo mismo que «Ambó ató», por ejemplo, cuya primera versión francesa se publica en el texto Chansons et rondes enfantines editado por Du Mersan en 1846, mientras que en España aparece por vez primera en El corro de las niñas de Ricardo Montalbán, editado en Madrid en 1894 y dedicado a la Escuela Fröebel. El resto de las canciones que tienen origen galo, aunque seguramente se difundieron en el país vecino a lo largo de la segunda mitad del siglo xix, llegaron a nuestro país o fueron traducidas en él ya en el siglo xx. Con frecuencia aparecen en cancioneros infantiles o en recopilaciones más amplias que dedican una parte de la obra al mundo de los niños. Esos temas son canciones como «Dónde va mi cojita», «Cómo planta usted las coles», «El puente de Aviñón», «Lego Diego», «El barco chiquitito» y «Los tres alpinos», todas conocidas y reproducidas en numerosos cancioneros.