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La advocación mariana de Nuestra Señora la Virgen de la Guía en la Villa de Santa María del Páramo (León)

SANTIAGO ALVAREZ, Cándido

Publicado en el año 2015 en la Revista de Folklore número 399.

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* Las denominaciones canónicas son varias: Virgen de Guía, Virgen María de la Guía, Nuestra Señora de la Guía o de Guía, Nuestra Señora la Virgen de la Guía o de Guía, Madre de Dios de la Guía, María Santísima de la Guía o de Guía.


1. Introducción

La devoción a la Virgen María resulta sorprendente a lo largo y ancho de la nación española, tanto por el considerable número de topónimos que llevan su nombre como por el de ermitas, iglesias, santuarios o monasterios que, dedicados a Ella, jalonan la geografía nacional, sin olvidar las innumerables imágenes objeto de veneración con sus correspondientes títulos identificativos(81).

La conjunción de varios títulos marianos en un mismo lugar del territorio hispano, por minúsculo que sea, no resulta infrecuente ni tampoco origina confusión o menoscabo en la devoción del pueblo fiel a la Virgen que tiene claro que cualquiera de ellos le acerca a María.

Esto ocurre en un término de la provincia de León designado con el topónimo «Santa María» y con el indicativo «del Páramo», por tanto, de ubicación precisa: la comarca del Páramo Leonés(65). Tiene iglesia parroquial bajo la titularidad de la Asunción de Nuestra Señora; en el retablo del altar mayor, una imagen con el título de Virgen de la Guía; en el brazo izquierdo del crucero, un altar dedicado a la Virgen de las Angustias; en el brazo derecho, otro, a la Virgen del Carmen; hay, además, una imagen de la Virgen del Rosario y no faltan en ostensión algunas más modernas como la Inmaculada, la Virgen de Fátima y, desde mediado el siglo pasado (año 1956), un cuadro de la mejicana Virgen de Guadalupe donado por D. Atanasio de Paz (alias Galochas) y familia, un indiano natural de esta villa que residía en Ciudad de México(22, 59, 60).

De este conjunto de títulos marianos con los que se venera a la Virgen en la villa de Santa María del Páramo, sobresale el de Virgen de la Guía que será objeto de estudio en el presente trabajo.

2. La imagen

La talla de la Virgen de la Guía fue descrita de un modo sencillo, pero muy ilustrativo, por Gómez-Moreno(33): «Imagen de la Virgen, en el altar mayor, gótica, sentada, como tantas otras, con expresivo rostro, manzana y Niño bendiciendo». Por el diagnóstico de Gómez Rascón(35), esta imagen gótica de 75 cm de altura, en madera dorada y policromada en el siglo xviii, es una obra realizada a finales del siglo xiii o comienzos del siglo xiv.

El perfil de la misma se acomoda al dogma del Concilio de Éfeso (siglo v), María es la Teótocos (del gr. Θεοτόκος), la Madre de Dios. Aparece sentada en posición frontal (fig. 1), soporta al Niño sobre su brazo izquierdo, quien tiene su mano derecha levantada en acción de bendecir y porta en la izquierda la bola del mundo (aunque aparece desfigurada por las sucesivas alteraciones que ha sufrido en el transcurso de los tiempos), símbolo de su grandeza y poder; por otro lado, Ella muestra en la mano derecha un fruto en pomo que simboliza la nueva Eva que viene a salvar lo que se había perdido a causa de una manzana(79). En nuestros recuerdos de la niñez, apoyados con fotografías antiguas(46), en el lugar del pedúnculo llevaba incrustado un ramillete de flores blancas, símbolo de la pureza virginal y también de que con Ella florece el mundo(79); ahora es de orfebrería, dos a modo de estrellas (o corolas expandidas) con una perla engarzada en el centro, alteración en cierto modo inadmisible pues, si pretende enriquecer la imagen, no se compadece con la exigente imposición mariológica al respecto.

Esta talla gótica reproduce con mayor o menor fidelidad a la imagen bizantina denominada Virgen Odegetria (del gr. Οδηγήτρια, Guiadora, Conductora)(75), en su variante de sentada o entronizada(43), icono pintado según la tradición por el evangelista san Lucas en vida de la Virgen(3). La representación no muestra relación expresa entre Madre e Hijo, exalta la naturaleza divina de Cristo, la actitud de María es de reverencia y respeto, la del Niño de serenidad y realeza.

La imagen estuvo cubierta por bellos mantos, probablemente desde finales del siglo xvii(79), que le daban un aspecto de cono, solo dejaban ver el rostro de la Virgen, su mano derecha con el símbolo, la manzana, el rostro del Niño y la mano derecha con la que bendice(46). Además, la ostensión no era continua: una cortina la cubría al finalizar los actos litúrgicos. Cortina y mantos coincidían en color, eran cambiados de acuerdo con una secuencia marcada por el tiempo litúrgico y las solemnidades. La cortina se retiró al inicio de la etapa posconciliar y los mantos en fechas no muy lejanas, por lo que ahora la talla está permanentemente expuesta a la contemplación de los fieles en su prístino estado, aunque todo el mensaje que ella nos trasmite queda arrumbado ante la exaltación que se hace del presumible valor artístico.

3. La antigüedad

El título de Virgen de la Guía tiene abolengo secular, irrumpe en la Edad Media, hacia la segunda mitad del siglo xii(75), cuando en 1166 el acaudalado barcelonés Bernardo Marcús erige una capilla dedicada a María bajo esta advocación en la ciudad de Barcelona(26). La consecuente implantación territorial reviste proporciones de universalidad en la órbita ibérica, con presencia en la casi totalidad de las provincias españolas, la mayor parte de los distritos del vecino Portugal e incluso allende el mar, en los lugares por donde llegó la acción evangelizadora de los religiosos de ambas naciones, tanto en Iberoamérica (Brasil, México, Perú, etc.) como en Macao (China) y Filipinas(16, 75).

El establecimiento geográfico de la advocación ocurre de modo asincrónico en un lapso que va del siglo xii al xvi, tal como atestiguan por un lado, de manera clara, el exiguo registro documental, y por el otro, de manera ambigua, el abundante legado de leyendas y mitos llegado hasta nosotros por transmisión oral(75). El inicio de su presencia en la villa de Santa María del Páramo, uno de tantos sitios donde se encuentra la advocación, es algo que aún no está dilucidado y es objetivo de nuestra consideración.

Este lugar, como la mayor parte de los asentamientos de la altiplanicie paramesa, comienza su andadura en período altomedieval cuando, por razones que no viene al caso comentar aquí, desde las pobladas riberas de los ríos Órbigo y Esla que la delimitan, se inicia la colonización y consecuente explotación agropecuaria de esta superficie boscosa dedicada desde antiguo a la actividad cinegética(42). La data, por otro lado, no resulta fácil precisarla porque se trata de un topónimo genérico que obliga a ser cautos a la hora de analizar la documentación(65).

No obstante, en el siglo xii el núcleo ya tiene cierta consistencia, pues en 1159 el rey Fernando II da su heredad de Santa María del Páramo, «que está entre Laguna, Moscas y Valdefuentes», al conde Ponce Minerva y su esposa Estefanía Ramírez para recompensar los servicios que aquel le había prestado(37). El obispo de Astorga, de modo casi inmediato, confirma este documento que afectaba a su territorio(63), de donde deducimos algo importante: la pertenencia histórica a la diócesis de Astorga, arciprestazgo de Vega y Páramo, de manera ininterrumpida hasta el año 1954, cuando se modifican los límites del obispado(62). En consecuencia, la ermita («Sancta María, es ermita; e non faz fuero») perteneciente al arciprestazgo del Páramo de la diócesis de León que aparece recogida en un parroquial leonés de los siglos xiii-xv, Becerro de Presentaciones(28), no tiene nada que ver con nuestra villa.

La entidad alcanzada por la población en el siglo xiii viene avalada por otro dato importante: figura entre los lugares donde se cobraba el portazgo de San Martín de Torres concedido en 1220 por el rey Alfonso IX a la orden de Alcántara(38, 53) para la reconstrucción de su fortaleza:

Notum sit omnibus praesentibus, quam futuris praesentem paginam inspecturis quod ego Adefonsus, Dei gratia rex Legionis et Galliciae, mando et concedo quod portaticus de Sancto Martino de Turribus, quem ego pro remedio anima mea et animarum parentum meorum in perpetuam eleemosinum dedi et concessi Magistro et fratibus Militiae de Pírario et de Alcantara, in subsidium ipsius Castri de Alcantara, recipiatur in istis loci videlicet [...] quomodo dividit cum termino de Valentia, Jupiarantia et Inchabuyo, in Palacios de Xamunzo, in Cabazos, in Sancta Maria Alva, et in Banieza, in Valcabado, in Ruperuelos, in Villastrigo, in Pozolo, in Laguna de Negriellos, in Sancta María de Paramo, in Ponte de Orvego, in Carrizo, et in Armellada, in Sancta Marina, in Villiela, et in Orgatorina, et in Villagarcia, et in Requeijo.

Sea sabido por todos, así presentes como venideros, los que lleguen a conocer esta escritura, que yo Alfonso, por la gracia de Dios rey de León y de Galicia, mando y establezco que el portazgo de San Martín de Torres, que he dado y concedido, por el remedio de mi alma y de las de mis antecesores, como limosna perpetua al Maestre y hermanos de la milicia del Pereiro y de Alcántara, como ayuda de la misma fortaleza de Alcántara, se cobre en estos lugares. A saber […] según divide con el término de Valencia, Jupriaranza [el actual Priaranza] y Tabuyo, en Torneros, en Palacios de Jamuz, en Cabazos, en Santa María Alba [Redelga], en la Bañeza, en Valcabado, en Roperuelos, en Villastrigo, en Pozuelo, en Laguna de Negrillos, en Santa María del Páramo, en Puente de Órbigo, en Carrizo, en Armellada, en Santa Marina, en Villela [Vecilla], en Orgatorina [Huerga de Frailes], y en Villagarcía, y en Requejo(de 64, pág. 104).

Sin solución de continuidad prosigue su evolución, aunque con fluctuaciones de mayor o menor amplitud(65). Un extracto, en modo alguno exhaustivo, nos indica que en el siglo xvi (1587) cuenta con 72 vecinos(39); en el siglo xvii (1631) tenía 53 vecinos, con una equivalencia de 212 habitantes(65); en el siglo xviii (1752) había 99 vecinos y 32 residentes no vecinos(11); dieciséis años más tarde (1768) se contabilizan 586 habitantes(6), y en las postrimerías del siglo (1798) había 160 vecinos(18). Son gentes sencillas, campesinos libres(11), que aprovechan las aptitudes agropecuarias del territorio(32, 42) y, además, se ejercitan en un curioso polifacetismo: la fabricación de aceite de linaza en molinos movidos a sangre, el tejido de estameñas en rústicos telares y tejido manual de calcetines de lana, el curtido artesanal de pieles que alcanzó la fase industrial mediado el siglo xix y el tráfico arriero hacia las zonas montañosas de León, Asturias y Cantabria hasta entrado el siglo xx(49, 65, 72).

El registro material procedente de tanta actividad productiva resulta muy poco llamativo; las casas al estilo paramés, fraguadas de tapial, compuestas de corral, trascorral, oficinas abajo y arriba(11), que englobaban los molinos, cortijos y telares, han sucumbido al paso de los tiempos. Tan solo sobresale la iglesia parroquial, el único edificio perdurable en el tiempo, aunque ha sido objeto de renovaciones; además, aún persiste la fisonomía urbana originaria, modelada por imperativo del curso natural del agua: calles sinuosas que abocan a plazoletas de contorno irregular.

La fábrica del templo es de finales del siglo xvii, de estilo barroco, tiene planta de cruz latina y una torre de aguja al poniente que era majestuosa, de planta cuadrangular y cuyo lado correspondía con la anchura de aquel derribado en 1970 de modo irreflexivo por mor de un mal entendido «progreso» para dar amplitud a la plaza Mayor. Esta insólita obra se llevó por delante el baptisterio, abrió nueva entrada a poniente con mantenimiento de la primitiva y una puerta en arco de medio punto bajo pórtico en la cara de mediodía. Con anterioridad, se había cegado la del septentrión que daba acceso al camposanto, cuya superficie quedó liberada una vez clausurado y trasladado unos cientos de metros hacia el oriente, al «ejido de la barrera», aledaños de la ermita del Santo Cristo.

En su interior encierra cinco retablos, el mayor de estilo churrigueresco (siglo xviii) y los laterales, tres de estilo Barroco y uno de estilo Renacentista; además, también contiene algunos vestigios discordantes en fechas y estilos: una imagen de la Virgen con el Niño del siglo xiii(35) dispuesta en una hornacina en el pórtico de entrada (ahora en el Museo Catedralicio Diocesano de León), de la que no hizo mención Gómez-Moreno(33); un Cristo crucificado de menor tamaño que el natural, del siglo xiii; la mencionada imagen de la Virgen de la Guía del siglo xiii-xiv; cuatro tablas góticas del siglo xv, y un San Blas del mismo siglo. Este conjunto de elementos de cronología tan dispar hace suponer que esta fábrica vino a sustituir a otra inmediata anterior, que pudiera haberlos albergado, en la que la ostensión de las imágenes era más austera y los fieles captaban mejor el mensaje que cada una de ellas anunciaba. Estos vestigios son el exponente de la religiosidad que, sin interrupciones dignas de mención, fue madurando desde los comienzos del asentamiento.

La magnificencia del templo que ha llegado hasta nosotros, aunque no esté catalogado como bien de interés cultural, junto con la decoración que encierra, hablan de una situación de auge económico alcanzado en la villa en el correr de los tiempos, con la explotación agropecuaria del terrazgo y la ayuda del polifacetismo arriba indicado. Las producciones agrícola (vid y cereal de secano en sistema de barbecho de año y vez) y pecuaria (ovino con algún bovino de renta, equino con bovino de tiro y carga), aunque fluctuaban a merced de la pluviosidad, aseguraban la subsistencia sin riesgos notables de carencia, como se desprende en un análisis objetivo, con sentido agronómico (y que en breve publicaremos), de las respuestas generales al Catastro de la Ensenada(11). Esta secular permanencia de la población avala la generación de costumbres, tradiciones religiosas y profanas en la villa(70, 71, 73), en armonía con todos los pueblos de la comarca.

En lo que respecta a la religiosidad, la presencia de las dos imágenes de la Virgen con el Niño son indicio del temprano arraigo de la devoción a María en la villa de Santa María del Páramo. La más antigua, la de la hornacina exterior, es una talla en madera de 43 cm de altura, obra del último tercio del siglo xiii(35), que también se corresponde con el dogma del Concilio de Éfeso. La Virgen sedente, en posición frontal, lleva al Niño sobre la rodilla izquierda, al que sujeta por el hombro con la mano del mismo lado (fig. 2); perfil que se aproxima más al tipo iconográfico de la Virgen Ciriotisa (Κυριώτισσας, Kyriotissa, Señora y Reina) o Nicopea (Νικόποια, Victoriosa) que al de la Virgen Odegetria(75) y es, por tanto, una representación muy próxima al estilo románico. El deterioro al que ha llegado no nos permite hacer más consideraciones sobre el significado y enseñanza aportados; tampoco hemos hallado fotografías antiguas en las que se pudieran observar los símbolos que portan Madre e Hijo.

El título correspondiente a esta imagen no ha trascendido. Fue tallada con anterioridad a la denominada Virgen de la Guía; por tanto, tuvo prelación de culto quizá nombrada, como era habitual por aquellas fechas, con el orónimo(77) Páramo, Nuestra Señora del Páramo, que expresa coincidencia con el topónimo por reciprocidad. Como apoyatura para nuestra hipótesis, hallamos una prueba en el testamento otorgado en 1664 por Marcos Garmón, vecino de Santa María del Páramo, quien manda: «… me digan en el altar de Nuestra Señora del Páramo diez misas»(10). Además, este título no resulta insólito para la mariología española(66); a modo de ejemplo, señalaremos que existe una ermita de Nuestra Señora del Páramo en San Miguel de Montañán (León), otra en Benafarces (Valladolid) y que la parroquia de Arandilla (Burgos) está bajo dicha advocación(45, 65, 66). En cuanto a la exposición en la hornacina exterior, es probable que tuviera lugar en el momento de la remodelación del templo llevada a cabo a finales del siglo xvii.La otra imagen, la denominada Virgen de la Guía (con perfil más moderno, tal como hemos descrito en el apartado anterior), fue ejecutada, sin ningún género de duda, bastantes años después por impulso devocional, porque en la época que nos ocupa no imperaban las consideraciones artísticas. Esta imagen, años más tarde, en aquellas mismas circunstancias de ampliación y renovación interior del templo, fue ubicada en el altar mayor, en claro contraste de estilo con el resto de las otras que lo comparten.En el nuevo emplazamiento, el nicho central de tan abigarrado retablo, no encajaba con el entorno; además, quedaba nublado el mensaje que de ella se desprendía. Por eso, de acuerdo con los usos del siglo xvii-xviii, para darle realce le fueron incorporados los mantos(79) y quizá, por ello, sufrió alguna alteración para acomodárselos correctamente.La antigüedad de esta imagen (siglos xiii-xiv) no nos certifica la del título que recibe(79), aunque nos aventura que esta devoción se estableció muy tempranamente en la villa de Santa María del Páramo. Por otro lado, la ostensión de la misma en lugar tan prominente expresa de modo inequívoco la firme y ancestral devoción que le profesaban los fieles desde los tiempos de su ejecución. El modo para aproximarnos a la datación es el recurso a indagar por un lado en la tradición oral y, por el otro, a la búsqueda de referencias documentales.

3.1. Testimonios de la tradición

Los depositarios y transmisores de la sabiduría popular paramesa, personas nacidas en la segunda mitad del siglo xix con quienes tuvimos la suerte de convivir, de quienes adquirimos abundante información sobre costumbres, tradiciones, religiosidad popular(70, 71, 73), etc., no guardaban en su acervo noticia alguna relativa al origen de la advocación Virgen de la Guía en Santa María del Páramo, pero sí conocían el de la Virgen del Camino, cuya data aceptada es el julio de 1505(36, 67). Ambas advocaciones son de naturaleza desigual: esta cumple con los considerandos de circunstancial o popular(81), el determinativo hace referencia al Camino de Santiago, a cuya vera se erigió la ermita para albergar la imagen conforme a lo indicado por la Virgen al pastor de Velilla de la Reina(36, 82); aquella no los cumple, evoca una acción maternal de la Virgen a la que, confiados, se acogen los fieles y no requiere de ningún hecho sorprendente para su establecimiento, la suscita el sentido de piedad y confianza en María, Mediadora Universal.

El silencio de nuestros informantes podemos interpretarlo como una prueba de que en este territorio la devoción a la Virgen con el título de la Guía, cantada en la poesía mariana medieval, fue introducida por el pueblo fiel en un puro acto de fe, con anterioridad al establecimiento de Virgen del Camino, también en ubicación paramesa(36, 67).

La áreas castigadas en algún modo por los avatares de la historia son ricas en mitos y leyendas basados en el «hallazgo» o «aparición milagrosa» de una imagen de la Virgen, esto es: son escenario de lo que se llama «mariofanía pasiva». La comarca de los Pedroches, en la provincia de Córdoba, reúne estas condiciones. Por eso hay varios mitos para explicar la existencia de la Virgen de Guía allí(2).

El lugar que nos ocupa no parece haber pasado por vicisitudes que supusieran un gran quebranto para la existencia de sus moradores(42), de ahí la parquedad o carencia de testimonios tradicionales. No obstante, analizaremos dos supuestos que desde hace algún tiempo circulan por distintos medios, aunque de naturaleza dispar: uno lleva ribetes históricos, el otro adherencias legendarias.

3.1.1. Con base histórica

Este supuesto salió a la luz hace apenas dos lustros y sugiere como posible origen de la imagen (y por ende, de la advocación) un establecimiento de culto perteneciente a la orden de caballería de Santiago y del que, una vez arruinado y abandonado, sus imágenes fueron trasladadas a la iglesia de la villa. Así, en un artículo publicado el 8 de junio de 2003 en el Diario de León, con el impresionante título de «La desaparecida abadía de Santa María del Páramo»(30) que fuera de la orden de caballería de Santiago, leemos:

… cuya iglesia parroquial guarda cuatro imágenes góticas, sin duda procedentes de la abadía arriba mencionada. Ello explicaría el origen de las mismas en el citado templo, varios siglos posterior y sin justificación alguna de su presencia en el mismo, como no sea el haberlas recogido de la abadía en época en que presumiblemente se hallara en ruinas». Algo más adelante, aclara que: «La primera de las citadas imágenes a que me refiero es la Virgen de la Guía, titular de la parroquia y famosa en la comarca. La tradición la ha hecho llegar como regalo de Juana la Loca, pero su estilo del siglo xiii, la desmiente.

Esta nota resulta impactante porque introduce un elemento de grandeza, nada más y nada menos que el entronque con la poderosa orden de caballería de Santiago por medio de una abadía, algo que enriquece la historia de la villa, y también de la comarca paramesa.

3.1.2. Con fundamento legendario

En el siglo pasado comenzó a propalarse una leyenda, ajena a los círculos de la tradición popular, en la que se sostiene que la imagen de la Virgen de la Guía de Santa María del Páramo procede de la ciudad de Tordesillas (Valladolid) por decisión de la reina D.ª Juana la Loca. Esta insólita fabulación que a mediados del siglo xx iba de boca en boca, aunque constaba en un documento apócrifo(58), en fecha reciente (año 2007) ha aparecido publicada de manera bastante fiel, en la carátula de un CD de música tradicional paramesa:

La Virgen de la Guía se venera en Santa María del Páramo. Al parecer, procede de Tordesillas, de la iglesia de San Antolín[1], que estaba unida al palacio de la Reina D.ª Juana, donde escuchaba misa y a la que tenía mucha devoción. Y sucediendo que en el mes de Septiembre de mil setecientos ochenta y tantos, siglo xviii, se produce en la villa de Tordesillas una singular tormenta de gran aparato eléctrico, dejando el ambiente totalmente convertido en tinieblas a pesar de ser en pleno día y estando la iglesia llena de gente, cayendo varios rayos en ella, sin producir ninguna muerte humana.

Ante este hecho, parece ser fue decisión de la Reina, que era la que mandaba, el que para dar gracias a Dios con un mayor espíritu de sacrificio, trasladar dicha Imagen a este lugar de Santa María del Páramo, propiedad de la misma, e impuso como obligación a todos sus siervos, el realizar anualmente una peregrinación el 7 de Septiembre[2].

Se crea un santuario y unos monjes tenían por misión todo lo relativo al culto de la misma, los cuales en unión con los labriegos y gente pobre que se unía, comenzaron a cultivar aquí determinadas fincas. De este hecho, deducen muchos, que parte de las familias importantes del páramo echaran sus raíces alrededor de este Monasterio[3].

Esta pintoresca leyenda resulta sorprendente por cuanto la soberana elección concede importancia a la villa. Quien la oye por primera vez no puede por menos que sentir cierto grado de emoción ante el depósito de imagen tan milagrosa en lugar tan insignificante. El relato lleva los ingredientes necesarios para que floreciera la devoción a la Virgen de la Guía: la creación de un santuario, unos monjes se ocupan del mismo, los labriegos frecuentan el templo y una caterva de gente pobre complementa el elenco de devotos.

3.2. Refutación de los supuestos

Los dos supuestos resultan antagónicos. El primero, de carácter histórico, sitúa en plena Edad Media la presencia de la Virgen de la Guía en Santa María del Páramo, en concordancia con la datación de factura (siglo xiii-xiv). El segundo, de naturaleza legendaria, la retrotrae a la Edad Moderna (siglo xvi?). Además, en aquel se descarta a este de manera taxativa: «La tradición la ha hecho llegar como regalo de Juana la Loca, pero su estilo del siglo xiii, la desmiente». Sin embargo, ninguno de los dos contiene el menor atisbo de verosimilitud.

3.2.1. La nota histórica

La proveniencia de «la desaparecida abadía de Santa María del Páramo»(30) que fuera de la orden de caballería de Santiago se descarta de plano porque ni existen registros documentales, ni restos arqueológicos, ni tampoco topónimos, que pudieran sustentar la hipótesis. Por ello, argüimos categóricamente que en este lugar de la provincia de León nunca existió establecimiento de esa categoría.Está perfectamente documentado que la orden de caballería de Santiago tuvo una abadía con esta denominación, Santa María del Páramo, pero ubicada en un lugar de la provincia de Valladolid, Pinnel de Suso(1), ahora Piñel de Arriba, el cual era de la madre del fundador de dicha orden(44); así como, también, que hacia 1241 fue creada allí mismo la encomienda de Santa María de Páramo(15).

El prior del convento de Uclés, fundado en 1174, que en el siglo siguiente pasó a ser de forma indiscutible la cabeza de la Orden, tenía entre sus atribuciones la provisión del «subprior de Montalbán, la capellanía de Santiago de Valencia, las vicarías de Montiel, Segura y Caravaca, la abadía de Sta. Mª del Páramo»(57). En el transcurso de los siglos, a comienzos del siglo xvi, se dispuso la enajenación de la abadía de Páramo al convento de Santiago de Valladolid por vía de permuta con el beneficio curado de la parroquia de Colmenar de Oreja(41). El convento de Uclés se mostró remiso en un principio, pero la insistencia real logró superar el escollo; así, en 1523 fue confirmada la permuta por el emperador Carlos V y el Capítulo General de la orden de Santiago(8).

A mayor abundamiento, en la Silva Palentina, compuesta por el Arcediano del Alcor en 1345, aparece una relación de los monasterios y órdenes a las que pertenecen ubicados en la diócesis de Palencia. En ella encontramos «… de la Orden de la Caballería de Santiago, Santa María del Páramo, cerca de Piñel»(68), del cual en la actualidad solo quedan algunos restos en las inmediaciones del pueblo. De aquella obra se desprende que Penniel de Suso (Piñel de Arriba) pertenece al arciprestazgo de Peñafiel del Arcedianato de Cerrato, en el obispado de Palencia(17). Fuera de la órbita de la orden de Santiago figura otro monasterio, Santa María del Páramo, en Carrión de los Condes (Palencia)(34). De todo lo expuesto se deduce que la apelación, Santa María del Páramo, es un título mariano y no un topónimo, pero, además, no guarda relación alguna con nuestra villa.

El equívoco parte del trabajo «Matrices de sellos españoles (siglos xii al xvi)»(50) donde, al estudiar la matriz n.º 307 (pág. 149) formada por un «Esc. red.: cruz floronada de cinco veneras» que lleva como inscripción S’.COMENDATORIS: EN: SCA: MARIA: DEL PARAAO: [S. Comendatoris en Sancta María del Páramo], los autores inopinadamente concluyen: «Abadía de Santa María del Páramo (León), importante encomienda de la Orden de Santiago a comienzos del siglo xiii. Emblema de la Orden». Este error ha sido recogido en algunas obras recientes, entre otras, el Itinerario de Enrique III(80) y El arte leonés (siglos iv-xvi) fuera de León(31).

En consecuencia, queda aclarado que la imagen de Nuestra Señora la Virgen de la Guía que se venera en la iglesia parroquial de Santa María del Páramo (León) no proviene de una supuesta abadía homónima, perteneciente a la orden de caballería de Santiago, sita en esta villa de la provincia de León.

3.2.2. La leyenda

La literatura mariana recoge un gran número de tradiciones sobre la traslación de imágenes de la Virgen desde un lugar a otro relativamente distante, motivadas por causas muy justificadas:

1. La asechanza de infieles con peligro de profanación, destrucción o ambos, como fueron el prodigioso traslado aéreo, acompañado de impresionante aparato visual y acústico, de Nuestra Señora del Buen Consejo desde una ciudad de Albania (Shkodra, Scutari) hasta Genazano (Lazio) en Italia(74); el de Nuestra Señora de Salas, aunque con menor aparato, desde Salas Altas (próximo a Barbastro) hasta la iglesia de Nuestra Señora de Huerta en Huesca(27); el pedestre de Nuestra Señora de Novillas desde Novillas (Zaragoza) a Mallen(27); el de Nuestra Señora de la Merced desde Algeciras (Cádiz) a Jerez de la Frontera(76), o el de Nuestra Señora de Constantinopla desde esta ciudad, primero a Nápoles y luego a Madrid(82).

2. La comisión de algún acto sacrílego, como la venganza criminal ocurrida en la iglesia de Magallón (Zaragoza), desde donde la imagen de Nuestra Señora de Magallón, bañada con la sangre de la víctima, salió de modo milagroso hasta los montes de Leciñena, donde emitió destellos que alertaron a un pastor(27, 69).

3. La desertación y abandono del culto, como ocurrió en la aldea de Concilio (Huesca), cuya imagen de Nuestra Señora de Concilio fueron a buscar los habitantes de la vecina villa de Ayerbe (Huesca) pero el intento resultó fallido: la imagen regresó a su lugar de origen donde, desde ese momento, se fomentó con voto el culto(27). En algunos casos, las traslaciones dieron lugar a litigios de reposición en los que tuvo que intervenir la autoridad eclesiástica.

Ninguno de los motivos antedichos concurre en la presunta traslación de la imagen de la Virgen de la Guía desde Tordesillas a Santa María del Páramo. En este caso interviene la caprichosa elección por parte de la reina Juana la Loca. De un insignificante e inhóspito lugar, quizá por lo despejado y abierto del territorio, para la nueva y definitiva ubicación de aquella una vez restablecida la calma en la ciudad, tras haberla librado milagrosamente de la inminente destrucción que presagiaba una infernal tormenta.

La fabulación forma parte de un texto apócrifo[4], que lucubra sobre los orígenes de la villa de Santa María del Páramo, con notable carencia de rigor y del más mínimo fundamento documental(58), por lo que no podemos sustraerla del calificativo de absurda como iremos desvelando paso a paso.

La rotunda aserción expuesta en el primer párrafo de la mentada invención

Parece ser, que otro origen histórico de carácter Político-Religioso, es el relacionado con la Virgen de la Guía que se venera en Santa María del Páramo, la cual procede de Tordesillas, de la iglesia de San Antolín, donde existe hoy día (en) un altar vacío que se dice estaba allí entronizada la Virgen de la Guía(58).

está en clara contradicción con lo apuntado en el capítulo XVI («Doña Juana la Loca») de la Historia de Tordesillas(29) publicada a principios del siglo pasado (1.ª edic., 1905), cuyo autor, creemos que con sobrado conocimiento de causa, señala que:

Todavía se conservan en esta villa algunos objetos que se consideran regalos de Doña Juana. El primero y de mayor valor la imagen de Nuestra Señora de la Guía, de quien fue muy devota(29).

Esta vinculación de la reina doña Juana con dicha imagen también viene advertida en nuestro texto apócrifo, por medio de dos frases, a renglón seguido de la aserción:

Y unido a dicha iglesia parece ser tenía Doña Juana su palacio con un pasadizo o balcón interior desde el que se oía la Santa Misa con vista a la iglesia, sin salir de su palacio.

Parece ser también cierto, que dicha Reina tenía gran devoción a la citada Imagen(58).

El Palacio Real estaba al costado de la iglesia de San Antolín(83), cuya imagen compartía el retablo mayor con la de la Virgen de la Guía(48) regalo, según se decía, de la reina doña Juana(24) quien, a su vez, la había recibido como obsequio de un destacado vasallo:

… se conserva la tradición de que es la misma que como enseña y capitana llevaba el caudillo Francisco Pizarro y se la regaló a la reina doña Juana, quien la colocó en la iglesia a que ella asistía habitualmente(29).

Aserto que, en términos parecidos, lo encontramos recogido por otros autores:

Esta Iglesia de San Antolín es de un exquisito estilo gótico, en su altar mayor se custodia la histórica imagen que Francisco Pizarro llevó a la conquista del Imperio de las Indias, que es la imagen de Nuestra Señora de la Guía, Patrona de Tordesillas(54).

Lo expuesto hasta aquí pone en tela de juicio la traslación de dicha imagen de Ntra. Sra. de la Guía desde Tordesillas a Santa María del Páramo. En otro orden de cosas, la existencia del culto a la Virgen de la Guía en Tordesillas, cuando en 1509 se instaló la reina Juana I de Castilla, carece de aval documental, aunque un indicio en cuanto a la posible presencia de la advocación por aquellas fechas lo proporciona una mujer cuyo nombre, María de la Guía, aparece consignado en el acta de la tasación de los bienes dejados por su esposo Hernando de Burgos realizada en 1565(13)[5]. Este onomástico, no obstante, debía tener cierto grado de implantación por otros lugares, pues lo encontramos señalado en La vida del buscón llamado don Pablos quien, convaleciente en una posada en Madrid, dice que «… a la mañana amanece a mi cabecera la güéspeda de casa», la cual «llamábase María de la Guía: alquilaba su casa y era corredora para alquilar otras»(61).

Aunque no nos compete a nosotros aclarar estos extremos de la advocación en Tordesillas, si seguimos el criterio expresado por algunos autores(29, 40, 54), la devoción habría principiado cuatro lustros después de haber llegado la reina Juana I a la ciudad, hacia 1528, cuando el conquistador del Perú, Francisco Pizarro, en la visita que le cursara, le hiciera entrega de una imagen de la Virgen de la Guía que él había llevado consigo en todas sus empresas(56), copia de la que era venerada en la ciudad donde vio la luz: Trujillo(51, 78).

La visita aparece referida en diversos escritos(56, 78), pero tampoco existe constancia documental[6]. Además, asalta la duda respecto a la imagen que acompañó a Pizarro, porque en Trujillo se veneraba a la Virgen bajo un buen número de advocaciones: Nuestra Señora de la Coronada, de la Cañada, de Belén, de la Antigua, del Otero, de la Piedad, de la Guía, del Estudio y, por encima de todas, sobresalía Nuestra Señora de la Victoria, patrona de la ciudad, la cual está en su escudo de armas desde tiempo inmemorial(51, 78). Tampoco tenemos noticia de cómo era la imagen que portaba, es de suponer que fuera de bulto redondo pero nadie la describe; si se trataba de una imagen de arzón, Socia belli, tendría dimensiones reducidas, como la Virgen de Guía venerada en los Pedroches (Córdoba) desde la época medieval, desaparecida en la guerra civil, que no sobrepasaba los 24 cm(2, 75).

Pizarro tenía una gran devoción a la Virgen(16), reconocida por todos cuantos anduvieron a su lado así como por la denodada contribución para trasplantarla al continente americano: a Ella dedicó la catedral de Lima bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción(16, 51, 56), la de la ciudad de Cuzco con título de Nuestra Señora de la Anunciación(16, 56); también fundó conventos designados con tales titularidades, entre otros, los de Nuestra Señora del Rosario y Nuestra Señora de la Merced en Lima, regentados por dominicos y mercedarios, respectivamente(56). No obstante, la advocación Virgen de la Guía fue establecida en Perú por frailes de la orden de San Agustín, quienes fundaron con este nombre, hacia 1619, un convento de la recolección agustiniana en Rimac, a las puertas de Lima(25).

Este alegato, aunque obviado en la fabulación paramesa, nos lleva a realizar un pequeño estudio iconográfico comparativo de las imágenes veneradas en los tres lugares concernidos (Santa María del Páramo, Tordesillas y Trujillo) para dilucidar, por medio del análisis de sus perfiles, si existe alguna relación entre ellas y, muy en particular, entre la de Santa María del Páramo y cada una de las otras dos.

La imagen de esta población ya quedó descrita más arriba (vid ut supra): es una talla en madera de 75 cm de altura, de los siglos xiii-xiv, en la que se nos muestra a la Virgen sentada con el Niño sobre el brazo izquierdo (fig. 1).

La imagen de la Virgen de la Guía venerada en Trujillo (fig. 3) es una talla en piedra del siglo xv(23), la Virgen aparece erguida con la rodilla izquierda ligeramente doblada por apoyar el pie en una arqueta, soporta al Niño con el brazo izquierdo y en la mano derecha muestra una manzana o la bola del mundo. El Niño tiene su pie derecho sobre la rodilla de la Madre, cruza por delante la pierna izquierda hasta pegar en el pecho de la Madre, a la que acaricia la barbilla con su mano derecha. Este tipo iconográfico se aproxima al de la Virgen Eleusa (Ελεουσα, Eleousa, Virgen Misericordiosa, de la Ternura) y pone de relieve el afecto que une a la Madre y al Hijo y exalta la humanidad de Cristo, en contraste con el tipo de la Virgen Odegetria, el que está representado en la imagen de Santa María del Páramo (fig. 1), donde el acento recae en la divinidad de Jesús(79).

La imagen de la Virgen de la Guía venerada en Tordesillas (fig. 4) representa a la Virgen de pie, sin el Niño en sus brazos(5) y es de vestir(55): «Solo tiene de talla la cabeza y las manos, y por tanto va vestida sobre bastidor, sin que por ello reste devoción a los fieles»(40). Este tipo de imágenes de la Virgen sin el Niño eran una excepción en la época medieval, comienzan a aparecer en la época moderna y a finales del siglo xvi y principios del siglo xvii surge la moda de cubrirlas con vestidos postizos(79). La fecha en la que fue entronizada en la iglesia de San Antolín resulta desconocida; sin embargo, mediado el siglo xvii, el día 8 de octubre de 1657, se escritura la confección de un retablo nuevo para la capilla central de aquella iglesia, el centro del mismo presidido por la imagen de la Guía(14)[7]. Por otro lado, en la Santa Visita cursada a dicha iglesia en 1658 se dice que: «Para el nicho principal se ha de hacer una imagen de Nuestra Señora de talla entera, dorada y estofada, con el rostro y manos de la imagen de Nuestra Señora que hoy está en el altar mayor, pero no se llega a realizar porque los feligreses prefieren la antigua de vestir(5)».

Las tres imágenes y sus correspondientes perfiles son de épocas y estilos diferentes, indicativo de la gran diversidad iconográfica que caracteriza al título mariano, Virgen de la Guía, presente en decenas de lugares salpicados por toda la geografía nacional, como pusimos de manifiesto en un trabajo anterior(75). Esto, por tanto, nos lleva a la conclusión de que el establecimiento de la advocación en Santa María del Páramo, Tordesillas y Trujillo ocurrió de modo independiente y desfasado en el tiempo si nos atenemos a la antigüedad de las imágenes. Sin embargo, el motivo inspirador responde a idéntico principio: la confianza del pueblo fiel en el amparo, protección y guía de la Virgen María a los caminantes, de a pie o en cabalgadura, arrieros, correos, recueros, soldados, trajineros, viajeros a lejanas tierras, etc. Actividades que no eran ajenas a los núcleos de población donde se centra nuestro estudio.

El segundo párrafo de la fabulación nos depara un nuevo despropósito: la fecha en la que ocurre el fenómeno meteorológico que motiva el supuesto traslado de la imagen desde Tordesillas a Santa María del Páramo,

Y sucediendo que en el mes de Septiembre del año mil setecientos ochenta y tantos, siglo xviii, se produjo en dicha Villa de Tordesillas y su comarca, una singular tormenta rodeada de gran aparato eléctrico, dejando el ambiente totalmente convertido en tinieblas a pesar de ser en pleno día, y estando la Iglesia llena de gente, cayendo varios rayos en ella, sin producir ninguna muerte humana.

la cual resulta incongruente con la de presencia de la reina Juana la Loca en aquella ciudad en la primera mitad del siglo xvi, a donde llega para retirarse de la vida en 1509 y muere en 1555. Un análisis benevolente podría dirigirnos hacia un lapsus calami que pasó inadvertido hasta el presente en el referido documento. Sin embargo, hay constancia escrita de una gran tormenta, con las pavorosas circunstancias anejas, ocurrida en Tordesillas en el siglo xviii, concretamente el 8 de septiembre del año 1704, a raíz de la cual se declaró a la Virgen de la Guía patrona de la ciudad, abogada de rayos y tormentas(29) y se estableció un voto a perpetuidad por el cual todos los años, el día 8 de septiembre, día de la Natividad de la Virgen, debían rendirle culto en la iglesia de San Antolín con gran solemnidad.

Cuando comenzamos a interesarnos por la verosimilitud de los hechos, hace más de veinte años, al leer en el libro Historia de Tordesillas(29) el capítulo XXII («Proclamación de Nuestra Señora de la Guía por Patrona Particular»), donde aparecen reflejados todos los pormenores de la tormenta, extraídos de manera fiel de la introducción a la Novena en honor de la Santísima Virgen de la Guía. Patrona de Tordesillas, que se venera en la iglesia de San Antolín(4) publicada en Tordesillas el año 1732[8], nos percatamos de que esa era la posible fuente de inspiración para la fabulación pero no lográbamos explicar ni cómo, ni cuándo, ni quién había tenido acceso a tan pormenorizada información. Se nos hablaba de la existencia de «un libro muy antiguo» en el que estaba documentada la traslación, pero nunca llegó a nuestras manos. Hace algunas fechas, por una vía inesperada, tuvimos conocimiento de la existencia en Santa María del Páramo de un ejemplar de la mencionada novena en su primera edición, el cual obra ahí desde el año 1770 a petición del cura del lugar, D. Francisco Ferrero, quien en la guarda del libro dejó escrito de su puño y letra:


Novena a la Virgen de la Guía (Tordesillas, 1732)

Inscripción manuscrita

Adaptación paleográfica

Esta Novena larremitio

D. Franzco Carbajosa

Cura pp.o dela Parroch.ƨ

de S Anttonil delaV.ª Torde

ssillas p.r carta suplicatoria

queio D. Franzco Ferrero cura

pp.o de estta V.ª le escribe y p.ra

q.e coste lafirmo oi dia 17 de

SIGLOe de 1770

D. Franzco Ferrero

Esta Novena la remitió

D. Francisco Carbajosa

Cura propio de la Parroquia

de SIGLO Antolín de la Villa de Torde

sillas por carta suplicatoria

que yo D. Francisco Ferrero cura

propio de esta Villa le escribe y para

que coste la firmo hoy día 17 de

septiembre de 1770

D. Francisco Ferrero

Este descubrimiento desvanece nuestra sospecha: el argumento se generó a partir de una lectura por alguien, «a beneficio de inventario», de la introducción a la mencionada Novena en la que, además, se hallan relatados los pormenores de la devoción de la Reina a dicha imagen, etc. En conclusión, el pretendido enlace histórico con la Virgen de la Guía de Tordesillas por intervención de la reina Juana la Loca queda anulado, no tiene fundamento alguno, ni documental, ni artístico y, en conformidad con estas averiguaciones, aseveramos que se han tergiversado de manera intencionada los hechos acaecidos en aquella ciudad el 8 de septiembre del año 1704.

Y algo más, en el párrafo siguiente donde se aduce la razón para el traslado a un lugar distante y mal comunicado con el de origen, descubrimos otra ingenuidad:

Ante este hecho, parece ser fue decisión de la Reina que entonces mandaba, el que para dar gracias a Dios con un mayor espíritu de sacrificio, trasladar dicha Imagen a este lugar de Santa María, que era propiedad también de la misma, e impuso como obligación a todos sus siervos, el realizar anualmente una peregrinación el 7 de Septiembre que tenía por misión dar gracias por la especial providencia que tuvo con dicha ciudad de Tordesillas que pudo ser arrasada totalmente por la citada tormenta(58).

En primer término, se contraviene por completo un principio devocional básico: una imagen con poder taumatúrgico, venerada por toda una comunidad de fieles que se siente protegida y a salvo de cualquier peligro por su intermediación, no es objeto de extrañación(19). Ahora bien, lo normal para dar gracias con el correspondiente fomento de la devoción era imponer los sacrificios in situ(19), como de hecho dispuso el cabildo tordesillano(29) y, en todo caso, podía realizarse el traslado a un lugar inmediato por motivos de espacio o seguridad.

Además, en el relato trasciende la idea de un traslado clandestino, como si se tratara de una simple obra de arte de reciente adquisición o factura y no de una imagen santa, en la que todo un pueblo tenía depositada la confianza por el prodigio obrado en un trance tan calamitoso. Una obra de arte se traslada sin más ni más, pero una imagen santa requiere un respeto, una veneración por lo que, una vez tomada la decisión (en el caso que nos ocupa habría partido de la reina) se habrían marcado las ceremonias rituales procedentes desde que la imagen sale de la iglesia donante (la de San Antolín en Tordesillas), hace estación por los lugares de tránsito y llega a la receptora (la de Santa María del Páramo). Llama la atención que un envío tan señalado, nada menos que por mandato de la reina, no tuviera repercusión eclesiástica en la diócesis de Astorga a la que pertenecía Santa María del Páramo; nadie se desplazó desde la sede episcopal para la recepción, ni tampoco hay acta alguna ni documento que den fe del acto.

En el último párrafo se da cuenta de la gran consecuencia que tuvo la instalación de la Virgen de la Guía para Santa María del Páramo,

Parece ser que alrededor de la Virgen ya en Santa María, se creó un Santuario y unos Monjes tenían por misión todo lo relativo al culto de la misma, los cuales en unión de los labriegos y gente pobre que a ellos se unió, comenzaron a cultivar aquí determinadas fincas en las partes más altas del campo; ya que en las demás, por las frecuentes inundaciones invernales no podía cultivarse. De este hecho, deducen muchos, que parte de las familias importantes del Páramo fuesen teniendo vitalidad alrededor de este Monasterio(58).

pero debió de ser todo tan deleble que no quedaron restos arqueológicos, ni topónimos, ni tampoco documentación que avalen el aserto. La sentencia, además de ambigua e imprecisa, resulta incoherente, porque un santuario no se crea: lo genera la afluencia de fieles atraídos por la imagen(19) ubicada en su ermita o templo erigido con la pertinente ayuda económica y las limosnas. No hay actas de construcción, ni relación de quiénes ejercieron la capellanía, ni de los albergues de peregrinos (si los hubo), ni libro de milagros, etc.

A este respecto, conviene señalar que el hipotético traslado habría tenido lugar en plena efervescencia de un hecho mariológico de enorme trascendencia para estas tierras paramesas y para León, ocurrido durante el reinado de doña Juana la Loca: la invención de la imagen de Nuestra Señora del Camino el 2 de julio de 1505, cuando se aparece al pastor Alvar Simón Gómez Fernández(36, 82). En este caso, se desencadena un proceso con realizaciones perdurables; de inmediato, se erige la ermita donde se ubica la imagen(36) que atrajo la devoción popular motor para el desarrollo del santuario(19), con aportaciones y limosnas que originan intereses, disputas y recelos. Asunto que era del conocimiento de la reina, por cuanto tuvo que hacer valer su autoridad con reales cédulas y otras disposiciones ante tantos litigios como se originaron(36, 67).

En algunos ambientes de la villa se sigue cultivando esta leyenda tan burda, ajena a la tradición popular, con la complaciente consideración de la iglesia de San Antolín de Tordesillas como matriz de la imagen y advocación: Virgen de la Guía. Entre las actuaciones reprobables tenemos que delatar la incorporación para el culto en la villa del himno que en su honor fue compuesto en Tordesillas por fervientes devotos[9](40), del que el coro parroquial solo canta las dos primeras estrofas y omite las restantes, quizá por un poco de pudor ante los versos donde se ensalza a Tordesillas y a Pizarro. Por otro lado, resulta indecorosa la apropiación de la letra, impresa en el anverso de una estampa con la imagen paramesa, donde vienen copiadas literalmente las estrofas primera, segunda y quinta, e ignoran por motivos obvios la tercera («Tordesillas por reina te aclama / y te adora en tu trono de luz…») y la cuarta («¡Virgen Madre, Patrona querida / que guiaste a Pizarro hacia el mar!…»). Sin embargo, para darle un cierto aire de autenticidad incluyen la sexta, modificada con poco acierto, sin reparar en la implícita carga mariana que la inspira.

Deploramos, a título personal, esta actitud porque supone un desprecio al legado de generaciones pasadas, hombres y mujeres de este pueblo y comarca, que acudían a la Virgen de la Guía con fervorosos cantos de gran belleza poética y musical, surgidos de la vena popular, de los que hemos dado cuenta en un trabajo publicado en esta misma Revista hace algo más de seis lustros, en 1983(70). Por este motivo desistimos de reproducirlos aquí. No obstante, finalizaremos el apartado con dos de las estrofas que, a nuestro parecer, expresan con mayor sentimiento el fervor de estas gentes:

Virgen Santa de la Guía

por todas partes nombrada,

que hasta los campesinos

en Vos tienen la confianza.

Virgen Purísima, Madre de Dios,

a ti acudimos con devoción,

en este Valle de las Miserias (bis)

que nos concedas tu protección (bis).

3.3. La argumentación documental

La carestía documental dificulta precisar el comienzo del culto a la Virgen con esta advocación en la villa de Santa María del Páramo. Sin embargo, aunque no hemos podido acceder a los fondos del archivo parroquial, los datos allegados nos permiten afirmar que tiene arraigo secular y que, además, traspasó los límites locales.

En el preámbulo al testamento que otorgan en 1663 Tomé Cabero y María Pascuala, ambos naturales de Santa María del Páramo, aducen que quieren proceder con equidad: «… estando en nuestro sano juicio y entendimiento como marido y mujer personas en matrimonio juntos y juntamente de una conformidad timiendo la muerte que es natural a toda criatura y poniendo a la Virgen de la Guía por nuestra intercesora…»(10). La inclusión de la Virgen de la Guía como intercesora constata de manera palpable que la advocación estaba incrustada desde muy antiguo en el fervor popular. Es más, desde tiempo inmemorial, casi de modo general, todos la tenían presente para el momento de la inhumación. Así, el ya aludido Marcos Garmón, en el testamento que otorga en 1664, quiere que su cuerpo: «… sea sepultado en la parrochial de Nuestra Señora de la Guía»(10). De igual modo, el vecino Santiago García otorga testamento en 1692 y «… manda que su cuerpo sea enterrado en la Iglesia parrochial de Nuestra Señora de la Guía»(9).

Por otro lado, entre las cofradías que en el siglo xviii tenían asiento en la parroquia, sabemos por el Expediente de Cofradías del Conde de Aranda(7) que había «… otra de Nª Sra. de la Guía en rentas de tierras y viñas importan 179 rr sus gastos ascienden a 180 rr que se distribuien en misas obitos sermón, zera y azeite», la cual había sido fundada con bastante antelación pues en la centuria anterior, en 1692, D. Miguel Berxon (cura propio de la iglesia parroquial de Santa María del Páramo) otorga testamento y manda que lo entierren en dicha Iglesia; además, «… que las Cofradías de que soi cofrade como son La de Santa Catalina, Nuestra Señora de la Guía y de las Animas cumplan su obligación y les paguen los gastos de mis bienes»(9). En el mencionado expediente se dice que tanto la Cofradía de Nuestra Señora de la Guía como las otras asentadas en la parroquia fueron aprobadas por el «hordinario» dato que no nos ha sido posible precisar por lo apuntado más arriba y por la pérdida documental sufrida por el Archivo Capitular de Astorga (expolio napoleónico) y el Archivo Histórico Diocesano de Astorga (incendio a principios del siglo pasado)(47).

En las postrimerías del siglo xviii llegó a Santa María del Páramo el interrogatorio formulado por el geógrafo don Tomás López, el cual fue cumplimentado con diligencia por el párroco D. Santiago Valencia Portocarrero(18) quien, en su carta de respuesta, fechada a 22 de mayo de 1798, ilustra con profusión sobre los más diversos pormenores de la villa: geográficos, económicos, sociales, religiosos, etc. El segundo de los quince puntos de que consta el interrogatorio(52) es el único que indaga de manera directa sobre el tema de nuestra incumbencia:

Si es cabeza de vicaría o partido, parroquia, anexo y de qué parroquia, y si tiene convento, decir de qué origen y sexo, como también si dentro de la población o extramuros hay algún santuario e imagen célebre, declarar su nombre y distancia; así mismo el nombre antiguo y moderno del pueblo, la advocación de la parroquia y el patrón del pueblo.

Aunque el presbítero Valencia Portocarrero contesta de manera sucinta a tan exhaustivo cuestionario,

... es Parroquia, su Patrona, es Ntra Sra. de la Guía con titulo de la Asunpcion; todo este Paramo le tiene singular devocion, y en la falta deAgua spře concurren ăella con publicos y devotos Novenarios todos los lugares de la comarca, y no han sido despreciadas sus suplicas. Algunas vezes ha sido llebada en rogativas p ạel mismo efecto ala villa de la Bañeza dos leguas de aqui distante(18).

el mensaje aporta información muy valiosa y clarificadora.

En primer lugar, deslinda la titularidad de la parroquia, ergo iglesia de la Asunción, del patronazgo de la villa que nos dice lo ostenta Ntra. Sra. de la Guía, detalle que incide en el ancestral origen del culto a la Virgen bajo esta advocación. Por otro lado, la notoria ausencia de comentarios sobre la imagen es prueba más que suficiente para descartar tanto la proveniencia de la supuesta abadía de la orden de caballería de Santiago como de la iglesia de San Antolín de Tordesillas.

En segundo lugar, expresa que la devoción a Nuestra Señora de la Guía no se circunscribía en exclusiva a la villa de Santa María del Páramo, sino que también participaban en ella los demás lugares de la comarca: «… todo este Paramo le tiene singular devoción». Este reconocimiento por todos los lugareños, aparte de señalar a Santa María como único foco de devoción mariana en el territorio, resulta indicativo del temprano establecimiento de la imagen y advocación. Pero, además, nos da un pequeño apunte sobre los prodigios que obraba la imagen, a la que acudían los campesinos parameses «con públicos y devotos Novenarios», de un modo particular, cuando la falta de agua era acuciante e, incluso, que en alguna ocasión fue llevada en rogativas a la vecina ciudad de La Bañeza.

El recurso a la Virgen de la Guía para impetrar la lluvia partía del vecindario; así, el 28 de abril de 1853, en una reunión de concejo de carácter extraordinario, se acuerda lo siguiente:

… que estando los campos faltosos de agua, acordaron dichos señores de ayuntamiento y vecindario, votar la Virgen de la Guía haciéndola una rogación popular(12).

Esta manifestación de religiosidad popular mantuvo vigencia hasta bien entrado el siglo xx; en torno a ella hay todo un repertorio de cánticos y otros actos de culto de los que ya hemos dado cuenta en un trabajo anterior(70). En abril de 1929, con motivo de una pertinaz sequía, se rezó una novena a la Virgen de la Guía, al final de la cual fue sacada la imagen en procesión a la que concurrieron los vecinos y muchas personas de los pueblos inmediatos, según nos relata en una de sus crónica el benemérito y recordado maestro nacional D. Benito León Miranda(21).

El culto más particular y privado no suele quedar reflejado del modo en el que se practica por toda la comunidad. En este páramo, y en Santa María en particular, se ejercitaba el tráfico arriero(49; 65; 72); estas gentes se pasaban largas temporadas alejadas de la familia caminando con recuas, carros, etc. expuestos a multitud de peligros: por eso no faltaba en las oraciones particulares la petición de protección a la Virgen. Luzdivina Grande Simón, abuela del autor fallecida en 1960, hija, esposa y madre de arrieros parameses, dirigía sus plegarias, bellas y largas oraciones, a la Santísima Virgen de la Guía por medio de las cuales imploraba su protección y ayuda para los «viandantes y caminantes, que andan largas jornadas, que los carros no entornen, que el ganao no se espante, que lleguen sanos a casa».

Debo confesar que no conozco ni cuándo ni en qué circunstancias se declaró patrona de la villa a Nuestra Señora la Virgen de la Guía, tal como nos lo señala el Pbro. Valencia Portocarrero. La fiesta en su honor tenía lugar el 15 de agosto, día de la Asunción de Nuestra Señora a los cielos, con toda la solemnidad de la fecha, misa cantada, sermón y procesión con la imagen de la Virgen de la Guía y, en tiempos antiguos, salía la danza. Por la tarde, después del rosario, en la plaza Mayor, vecinos y forasteros bailaban al ritmo que marcaban los tañedores de pandereta o el tamboritero: jotas, redondillas, corridos, paraos. En el momento actual se celebra la solemnidad religiosa, pero la parte lúdica ha quedado relegada al olvido.

En la primera década del siglo pasado, por acuerdo del Ayuntamiento, se estableció primero una Feria a celebrar en el mes de junio, el domingo anterior al día de San Pedro. Poco tiempo después se instauró otra en el mes de septiembre, los días 6 y 7, pero, en el año 1914, un nuevo acuerdo municipal las fijó definitivamente así: la de junio en el día de San Pedro (29 de junio), la de septiembre en el «día de Nuestra Señora y siguiente»(20), esto es, el 8 de septiembre, fecha importante en el calendario litúrgico pues en ella la Iglesia celebra el Nacimiento de la Virgen. A esta Feria se la fue llenando poco a poco de contenido lúdico para hacerla más atractiva, a medida que avanzaba el siglo se le añadió el término Fiestas y también el complemento: en Honor de Nuestra Señora la Virgen de la Guía.

4. Epílogo

El título Virgen de la Guía es una advocación medieval con amplia distribución por toda la geografía española y portuguesa. Tiene tradición secular en la villa de Santa María del Páramo, aunque la data en la que dio comienzo esta devoción no nos resulta fácil precisarla. La antigüedad de la imagen que se venera en Santa María del Páramo, siglos xiii-xiv, apunta a un inicio temprano pero, tanto la escasez de documentación antigua como la prácticamente inexistente tradición oral, no permiten, por ahora, alcanzar el objetivo.

Los dos supuestos que tratan de explicar la presencia de la imagen en la iglesia de Santa María del Páramo: la proveniencia de una abadía de la orden de caballería de Santiago sita en este lugar, o la traslación desde la iglesia de San Antolín de Tordesillas por un capricho de la reina Juana la Loca, quedan descartados porque tienen tal grado de incongruencia e inconsistencia que no resisten el análisis crítico.

La geografía de la advocación muestra que en los lugares donde está presente la Virgen de la Guía era frecuente el trajín de caminantes, a pie o en cabalgadura, lo que se constata en este pueblo con el tráfico arriero ejercido desde antiguo por sus moradores y los del resto de la comarca.

El pueblo fiel, no obstante, manifiesta devoción a una imagen de la Virgen sin preocuparse por la leyenda o historia que dio origen a la misma, principio que se cumple con la advocación Virgen de la Guía en la villa de Santa María del Páramo.




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Notas

[1] El texto apócrifo añade: «… donde existe hoy día en un altar vacío que se dice estaba allí entronizada la Virgen de la Guía».

[2] El texto apócrifo continúa: «… que tenía por misión dar gracias por la especial providencia que tuvo con dicha ciudad de Tordesillas que pudo ser arrasada totalmente por la citada tormenta».

[3] En: Canciones del Páramo leonés. Grupo de Coros y Danzas Virgen de la Guía. VM346. Editado por Vaso Music. Madrid, 2007. Producido por Pop Music Records. División de G & G Music. Una producción Pop Music Records dirigida y realizada por Víctor Gabriel para Virgen de la Guía. León, 2007.

[4] Del cual nos serviremos para los oportunos análisis y comentarios.

[5] Toda esta información la debo a la amabilidad de D. Mariano García, historiador y cronista oficial de Tordesillas, a quien expreso mi agradecimiento.

[6] Nota también proporcionada por D. Mariano García.

[7] Dato proporcionado asimismo por D. Mariano García.

[8] En el año 2010 recibimos un ejemplar de dicha Novena (2.ª edición, de 1928) enviado desde Tordesillas por D. Mariano García.

[9] Himno a la Virgen de la Guía: letra, seis estrofas de Eusebio González Herrera; música, del maestro Rdo. Pablo Carrascal Román(40).