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La leyenda del Cristo de los Gascones de Segovia y su trascendencia histórica

DIEZ GONZALEZ, Soledad

Publicado en el año 1984 en la Revista de Folklore número 45.

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A veces las leyendas con sus inevitables dosis de verdad y fantasía, influyen tanto en la vida y en la historia que configuran nuevas realidades.

La extraordinaria llegada del Cristo de los Gascones a Segovia, fue el origen de una serie de transformaciones que sin este hecho no hubieran sido posibles.

"En el período comprendido entre la repoblación (1) de la ciudad y fines del siglo XIII, Segovia adquiere, en rasgos generales, la configuración que actualmente tiene; las iglesias románicas ya se han alzado y los barrios se han ido formando a su alrededor" (2).

En torno a la ermita de los Santos Justo y Pastor y la iglesia de El Salvador, al S. E. de la ciudad, en las lomas de "El Cerrillo", extramuros, quedó establecido un arrabal, fundamentalmente definido por gentes que vivían del "tráfago y obraje de los paños" (3). Industria que sin otra alternativa que la de seguir las rutas del agua, en esta zona se alimentaba de la "cacera madre" del Acueducto (4). Y estas gentes, trabajadores de "uñas azules" (5), contestatarios frente a los "buenos burgueses, instalados y honrados" (6) de la zona alta y amurallada de la ciudad, van a ser testigos hacia comienzos del siglo XIII, de un acontecimiento que sin duda alguna, despertará el fervor popular, pues "dicen personas muy antiguas desta Ciudad que oyeron decir a sus pasados" (7) que "una compañia de Gascones y Alemanes uvieron fuera destos Reynos un Christo, con una esquila, o campana pequeña y fue tanta la devoción que todos le cobraron que cada uno le queria para si. Pues como les fuere forzoso el salir de aquella tierra donde se hallaban, deseando todos llevar consigo esta devota Imagen, quisieron saber la voluntad de Nuestro Señor donde era servido le llevasen. Para esto se juntaron todos y vinieron en un acuerdo y parecer, que se le hiziese una caxa en donde le meter y se buscase una yegua a la qual le sacasen los ojos y le pusiesen en ella, y que puesta en camino, donde esta yegua llegase y parase, quedase alli el Christo y ellos todos en compañia y guarda del. Y es tradicion muy antigua y recibida en esta Ciudad heredada de padres a hijos, que puesta la yegua sin ojos en camino, y sobre ella la caxa con el Christo, y la esquila al cuello de la yegua, anduvo la yegua muchos dias sin parar por diversas partes y los Gascones y Alemanes en su seguimiento, hasta que entro en España y vino a parar a esta ciudad de Segovia. A donde, paro por la iglesia de San Salvador, entro por una puerta y saliendo por la otra, camino de la calle abaxo, y vino a parar a la iglesia de Sancti Justi, que entonces era ermita y entrando en ella se arrodillo junto a un poyo, y acostandose hacia el con la caxa del Christo, rebento alli por medio. Viendo los Gascones el prodigioso caso, entendieron todos, era la voluntad de Nuestro Señor, se quedase en aquella Yglesia esta Santa Imagen de Christo Redentor".

"Procuraron tambien de quedarse todos en Segovia, en compañia y guarda del Santo Christo. Y porque los Gascones se apartaron a vivir todos juntos baxo desta yglesia, hazia la plaza del Azoguejo, vienen a esta Ciudad a llamar aquella calle, la calle de los Gascones, y hasta el dia de hoy repite este nombre aunque algún tanto corrompido el vocablo, le llaman al presente Cal de Gascos. Y porque los Alemanes se apartaron a vivir juntos, junto a esta Yglesia, hacia la baxada donde el día de oy esta el palacio y casa de las Plagas, vinieron a llamar los segovianos al arroyo que pasa por alli cerca, el arroyo Aleman, y hasta el dia de hoy retiene este nombre".

"La esquila o campana pequeña que traxo al cuello la yegua, se puso en la torre de la iglesia de Sancti Justi, y por diversas veces se ha quebrado: y añadiendo siempre metal campanil la han hecho mayor de lo que era. Dicen personas ancianas desta Parrochia, que todas las veces que alguna muger esta en peligro de parto, y tañe esta campana a parto, libra Dios milagrosamente a la madre de semejante pelígro y sale a la luz la criatura" (8).

La imagen que allí llegó y que aún se conserva en esta iglesia, es la figura en madera policromada de un Cristo de brazos articulados, movilidad que le serviría para poder representar la ceremonia del Descendimiento. Junto a estas características, observamos en su talla dos pretensiones bien diferentes, los rasgos ideales del rostro que muestra una serena belleza y actitud, invadidos del espíritu gótico, se contraponen a un cuerpo todavía románico que manifiesta su esquematismo y rigidez en los surcos de las costillas, los pectorales en esclavina y el paralelismo y simetría de los pliegues de la vestidura.

Valorable más por su función y contenido religioso que por sus méritos artísticos, esta imagen despertó tan devoción y veneración popular por su "extraño y prodigioso caso" (9) que a partir de ese momento, la ermita de los Santos Justo y Pastor va a sufrir una serie de transformaciones, como ya anunciábamos, en su estructura y ornamentación que la van a convertir artísticamente hablando, en una de las iglesias más importantes de la ciudad. Se construye entonces la torre, en cuya base se instala una capilla para albergar al Cristo.

Capilla, cubierta con bóveda de crucería y que viene a ser por la talla de su portada, junto a la iglesia de San Millán, uno de los escasos ejemplos en la ciudad de escultura aplicada al tímpano. En él, se representa una iconografía ligada al tema de la muerte, contenido íntimamente relacionado con la imagen del Cristo. Así, policromadas y en el interior del tímpano, aparecen la figura de Santa Elena, madre de Constantino emperador y fundador de Constantinopla, adornada con la corona y el manto imperial, portando en su mano un pomo, al igual que las otras dos damas que la acompañan. Junto a éstas, la figura del obispo Macario (10), sentado en silla de tijera, presencia la escena que en definitiva viene a ser la visita de la emperatriz al Santo Sepulcro, aquí representado sobre arquerías y cubierto por un arcosolio que a su vez cobija una cruz de tipología visigoda. Rematando la escena, un ángel esparce incienso sobre el túmulo. Estas imágenes, posteriores al Cristo, llevan consigo una serie de avances estilísticos, aunque su estructura en sí sea aún románica; el movimiento de los plegados de la Santa, el del propio incensario, la blandura de la talla y expresión de los rostros así como la incipiente comunicación entre algunas de estas figuras, nos hablan de ese espíritu natural e idealista a la vez, con el que empieza a caminar el estilo gótico.

Una archivolta plana, rematada con el taqueado jaqués, enmarca finalmente la escena. En ella y siguiendo la temática anunciada, aparece una máscara de cuya boca salen dos tallos que entrelazan en sí mismos para luego, tras el recorrido a lo largo de toda la archivolta, regresar a la citada máscara, introduciéndose de nuevo por sus orejas. Estos tallos y la máscara de donde parten y a la cual regresan, vienen a representar "la realidad de la tierra, que engendra todos los seres, los alimenta y, tras la muerte, los recibe de nuevo en su seno" (11).

A estas novedades arquitectónicas y escultóricas, han de añadirse las pinturas del ábside, bóveda del presbiterio e intradós del arco triunfal, realizadas en un estilo "rudo y expresivo, de carácter popular y de notoria influencia oriental, recibida a través de biblias y beatos mozárabes" (12). Y si anteriormente hablábamos de una temática influida por el carácter de la imagen del Cristo y por tanto relacionada con la muerte, de nuevo el contenido no varía: la Santa Cena, el beso de Judas, el Prendimiento, el Calvario y el Descendimiento, son los motivos que dominan en estos frescos, amén del Pantocrátor rodeado por los veinticuatro ancianos del Apocalipsis, la figura del Cordero y otras desnudas entre las que destacan Adán y Eva tentados en el Paraíso. Animales como peces, aves e incluso un elefante, completan el conjunto de figuras representadas.

La iglesia, así enriquecida, fue centro de atención y devoción en muchos siglos; allí en el mes de julio de 1530 recibió el bautismo San Alonso Rodríguez, mercader de paños, que, "habiendo pasado por el trance de ver morir a su esposa y a sus hijos, alcanzó, como coadjutor de la Compañía de Jesús, las cumbres de la santidad." (13).

Cercana a esta fecha y a juzgar por el estilo artístico, gótico final, aparece en el presbiterio la escultura en alabastro de un caballero que de rodillas lee un libro; ataviado según la moda de los Reyes Católicos, en el muro del fondo del arcosolio que le cobija podemos leer "Aquí está sepultado Pedro de Avela, oficial y criado de sus altezas al rrey don Fernando y la rreina doña Isabel". Emparentada en estilo con la sepultura de Beatriz Pacheco del Monasterio del Parral, junto a ésta, ha de considerarse como una de las obras de mayor calidad escultórica de la ciudad de Segovia.

A las transformaciones espirituales y materiales hasta aquí vistas, hemos de añadir el asentamiento de la compañía de Gascones y Alemanes que custodiaron al Cristo; su presencia además de dar nombre a una calle (de los Gascones) (14) ya un arroyo (Alemán (15), fue foco de atracción para los emigrantes que del norte de la Península llegaron a Segovia atraídos por el comercio e industria de la lana que impulsaron con tal ahínco junto al resto de los pobladores de la zona, convirtiéndola en los siglos XVI y XVII en lugar de residencia de los más ricos fabricantes de paños de la ciudad.

Pero todos estos hechos pertenecen al pasado y hoy el barrio del Salvador es uno de tantos, sin especial significación en el conjunto de la ciudad; sólo la iglesia de San Justo, donde sigue permaneciendo la imagen del Cristo al que nos hemos referido, tras un largo período de abandono, ha vuelto a adquirir notoriedad gracias al descubrimiento (16) y restauración de sus pinturas y a los conciertos que aprovechando la belleza de las mismas se celebran allí anualmente, con motivo de la Semana de Música de Cámara.

El Cristo, sustituida su caja por una urna barroca de paredes de cristal, permanece inmóvil hasta el período de Semana Santa, en que es sacado en la procesión del Viernes por los miembros del Colegio de Abogados de la ciudad, Cofradía de la que el Cristo es su Santo Patrón.

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(1) Fecha de repoblación, 1116 y 1117.
RUIZ HERNANDO, A.: La arquitectura civil de estilo románico de la ciudad de Segovia. Segovia, 1973, pág. 6.

(2) RUIZ HERNANDO, A., op. cit., pág. 8.

(3) GRAU, M.: Polvo de Archivos (Industria de paños). Segovia, 1973, pág. 7.

(4) RUIZ HERNANDO, A.: Historia del urbanismo en la ciudad de Segovia del siglo XII al XIX, tomo I, Madrid, 1982, nota 13, pág. 53.

(5) GONZALEZ HERRERO, M.: Segovia. Pueblo, Ciudad y Tierra. Horizonte histórico de una patria. Segovia, 1980, pág. 187.

(6) Ibidem.

(7) VERA, J.: "Piedras de Segovia", en Estudios Segovianos, 1950, pág. 625, nota 382.

(8) VERA, J., op. cit., págs. 625 y 626, nota 382. Transcripción de la Historia de San Frutos, escrita en el siglo XVI por el Licenciado Calvete, cuyo original se encuentra en el Archivo de la Catedral de Segovia, libro 4º, fols. 255 v. a 257 v.

(9) VERA, J., op. cit., pág. 625.

(10) REAU, L.: Iconographie de l'art chrétien, tome III. Iconographie des saints, tome II, G-O., París, 1958, págs. 633-635.

(11) GUERRA, M.: Simbología románica Fundación Universitaria Española, Madrid, 1978, pág. 150.

(12) MARQUES DE LOZOYA: Las pinturas románicas en la iglesia de San Justo de Segovia, Segovia, 1970, pág. 13.

(13) MARQUFA5 DE LOZOYA, op. cit., pág. 7.

(14) GONZALEZ HERRERO, M., op. cit., pág. 176. "Directamente relacionada con los asentamientos de inmigrantes vascos en Segovia está la calle de Gascos... y la clásica casa de los Gascones, románica, muy cercana al Acueducto, en la calle actual de Ochoa Ondátegui, en el antiguo lugar ocupado por la iglesia de San Antolín".

(15) GONZALEZ HERRERO, M., op. cit., pág. 179.
"Además de la colectividad francesa de San Martín, hay entonces otro grupo transpirenaico: el núcleo de alemanes establecidos en el Cerrillo del Salvador y cuya presencia dio nombre al arroyo Alemán, formado por los sobrantes de aguas de las huertas y casas de aquella colación. Este arroyo, que hoy discurre subterráneo, bajaba del Cerrillo, cruzaba por la vaguada del Azoguejo y buscaba el Clamores en San Millán" .

(16) MARQUES DE LOZOY A, op. cit, pág. 9. "Comenzaron a aparecer pinturas al caer los revocos del muro en que se abre el arco triunfal... El descubrimiento nos hizo pensar que posiblemente habría también pinturas en el ábside y en la capilla mayor. Se nos ofrecía un problema grave, pues era preciso desmontar la máquina barroca del retablo, sin seguridad ninguna de algún hallazgo que compensase el riesgo, pero al cabo nos decidimos a correr la aventura. El resultado nos dejó deslumbrados... Vino a aumentar nuestro alborozo la opinión de don José Gudial, que acudió a Segovia al tener noticia del descubrimiento y que estimó lo descubierto como uno de los conjuntos más importantes de pintura románica en España, capaz de compararse con Tahull, Maderuelo, San Baudilio de Berlanga y San Isidoro de León".