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Palabras dichosas. Quince canciones de juegos de manos

DE SANTOS, Claudia y SANZ, Ignacio

Publicado en el año 2015 en la Revista de Folklore número 401.

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Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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Tarde plácida de primavera. El sol meloso cae horizontal sobre los tejados de Muñoveros (Segovia). En la calle, sin tránsito rodado apenas, un grupo de seis niñas juegan a la puerta de una casa. Las niñas tienen ocho años. El guirigay de sus voces suena a música dichosa, como si surgiera de un tiempo pretérito. Las niñas, que disfrutan las vacaciones de Semana Santa en el pueblo de sus padres, viven en Madrid. Bastarían los dedos de las dos manos para contar a todos los niños que, desde Muñoveros, acuden cada día a la escuela comarcal de Cantalejo, cabecera de la comarca.

La calle se tiñe de añoranza con el sonsonete jubiloso de sus voces. Se trata de la eterna canción infantil. Las niñas, enfrentadas de dos en dos, al tiempo que cantan, mueven los brazos, chocan las palmas con las manos abiertas, a veces los puños; ocasionalmente, chocan también los codos. Siguen un código que no es fácil de describir por tanto enmarañamiento. A veces, incluso, dramatizan con gesticulaciones para remarcar el contenido de sus canciones. Y todo lo hacen sin dejar de saltar y de cantar. Asombra contemplarlas por la perfección de sus movimientos. Como si se movieran frente a un espejo. Hace medio siglo la escena habría sido habitual. Los niños entonces ocupaban las calles con sus juegos felices siguiendo una larga estela infantil cuyo rastro se puede seguir en Días geniales o lúdicos, el libro de Rodrigo Caro que, en pleno siglo xvii, remite a los juegos infantiles durante el Imperio romano. Ahora apenas se oye cantar a los niños; cada vez es más difícil verles saltar a la comba o jugar al corro. Ni en la calle ni en los patios de los colegios. Pero estas seis niñas han venido a romper el discurso de los teóricos inclinado habitualmente hacia la fatalidad. Y lo han venido a romper en dos direcciones: primero porque juegan y porque cantan de manera espontánea. Pero también lo rompen porque viven en Madrid, en distintos barrios de Madrid, pese a que sus voces armonizan como si procedieran de un coro. Habitualmente, los informantes a los que acudimos los folkloristas suelen ser personas mayores de origen rural dotados de una buena memoria. No es el caso; aquí estamos ante un grupo de niñas que juegan y que se sorprenden de que dos personas adultas se fijen en ellas y las reclamen las letras absurdas que están cantando. En definitiva, no todo está perdido en el mundo de la tradición y, aunque en nuestros días el río discurra con menos agua, ahí sigue, vivo y cristalino, reflejando la eterna canción de los días geniales y lúdicos.

Queden estas quince letrillas absurdas como testimonio de una escena de juegos recogida el Sábado de Gloria de 2015.




1.

Doctor Jano,

cirujano,

hoy tenemos que operar

en la sala 24

a una chica de su edad.

Ella tiene 21 años

y se llama Soledad.

Doctor Jano,

cirujano,

no se vaya a enamorar.

Yo nunca me enamoro

porque tengo una mujer,

una niña medio tonta

que no sabe ni comer

y un niño medio tonto

que no sabe ni beber.

Doctor Jano,

cirujano,

no se vaya a enamorar.




2.

Mariposa,

mari, mari, po, po,

mari, mari, sa, sa,

maripo, marisa, mariposa.




3.

Chocolate,

choco, choco, la, la,

choco, choco, te, te,

chocola, chocote,

chocolate.




4.

En la calle veinticinco,

en la calle, lle,

veinticinco, co,

ha habido, do,

un delito, to,

una vieja

mató un grillo

con la punta del cepillo.

Pobre vieja,

pobre grillo,

pobre punta del cepillo.




5.

Mariqui, ta, ta,

mariqui, te, te,

mariqui, ti, ti,

mariqui, to, to,

mariqui, tu, tu.




6.

Las vocales

con la a, a,

daba, daba, da.

Yo tengo una muñeca hecha de cristal.

Con la e, e,

debe, debe, de.

Yo tengo una muñeca hecha de papel.

Con la i, i,

dibi, dibi, di.

Yo tengo una muñeca hecha de marfil.

Con la o, o,

dobo, dobo, do.

Yo tengo una muñeca hecha de cartón.

Con la u, u,

dubu, dubu, du.

Yo tengo una muñeca hecha como tú.




7.

Piedra (puño),

tijera (mano abierta)

o papel (los dedos índice y corazón abiertos).

La tijera gana al papel; el papel gana a la piedra; la piedra gana a la tijera.




8.

Don Federico

mató a su mujer,

la hizo picadillo,

la puso a remover.

La gente que pasaba

olía a chas,

era su mujer

bailando el chachachá.




9.

Don Federico

perdió su cartera

para casarse

con una costurera.

La costurera

perdió su dedal

para casarse

con un general.

El general

perdió su espada

para casarse

con una bella dama.

La bella dama

perdió su abanico

para casarse

con don Federico.

Don Federico

perdió su ojo

para casarse

con un piojo.

El piojo

perdió su pata

para casarse

con una garrapata.

La garrapata

perdió su cola

para casarse

con una pepsicola.

La pepsicola

perdió su burbuja

para casarse

con una mala bruja.

La mala bruja

perdió su gatito

para casarse

con don Federico.

Don Federico

le dijo que no

y la mala bruja

se desmayó.

Al día siguiente

le dijo que sí,

y la mala bruja le dijo:

«Por aquí se va a Madrid».




10.

Yo conocí a un profesor

que en matemáticas me puso un dos,

en inglés me puso un tres,

y en historia me suspendió.

Al llegar a casa, me dijo mi papá:

«Qué malas notas de este mes».

Me castigó, me pegó,

me tiró por el balcón;

mi salvación fue el colchón

de la doctora Chimpón.




11.

El Calipo, po,

es el helado del verano.

Calipo, po,

ya verás qué sensación.




12.

La naranja se pasea

por el medio comedor.

No me mates con cuchillo,

mátame con tenedor.

Ooohhh, rosa, color de mariposa,

ooohhh, rosa, color de sarampión.




13.

Indio mapache,

indio, indio, indio,

pache, pache, pache,

escribe, escribe, escribe,

solo con la hache.

Indio,

mapache,

a ver si nos sale.




14.

Coco, leoco,

mama,

cole ocó,

coco olecó,

mama,

coco, oleocó,

aba, mama, aba,

aba, mama, coleocó.




15.

Había una señora

muy de paseo,

andando por la calle

con su sombrero.

Al ruido de la guardia civil,

apareció la policía para preguntar a la señora:

—¿Quién ha roto ese farol?

Y ella le dijo:

—Que yo no he sido,

que ha sido mi sombrero

por distraído.

—Si ha sido su sombrero,

una multa pagará,

para que aprenda su sombrero

a caminar por la ciudad.

Y dijo el sombrero:

—Que yo no he sido,

que ha sido mi plumita

por distraída.

—Si ha sido su plumita,

una multa pagará,

para que aprenda su plumita

a caminar por la ciudad.

Y dijo la plumita:

—Que yo no he sido,

que ha sido mi pelito

por distraído.

—Si ha sido su pelito,

una multa pagará,

para que aprenda su pelito

a caminar por la ciudad.

Y dijo el pelito:

—Que yo no he sido,

que ha sido mi piojito

por distraído.

—Si ha sido su piojito,

una multa pagará,

para que aprenda su piojito

a caminar por la ciudad.

Y dijo el piojito:

—Que yo no he sido,

que ha sido la señora

por distraída.

—Si ha sido la señora,

una multa pagará,

para que aprenda la señora,

para que aprenda el sombrero,

para que aprenda la plumita,

para que aprenda el pelito,

para que aprenda el piojito

a caminar por la ciudad.




¿Qué decir de las letras? Da miedo pensar que algunas puedan ser tachadas de políticamente incorrectas. A veces ocurre. Por supuesto, las niñas las cantan empujadas por el espíritu libérrimo que las habita. Por lo demás, nuestra tradición oral, tanto los repertorios infantiles como el romancero o los cuentos, están salpicados de escenas truculentas que temáticamente emparentan con alguna de estas letras.

Cantaron y jugaron:

Ángela Gutiérrez de Terán

Emma Borreguero Ruiz

Candela Cerrada Tabares

Raquel Pascual Sebastián

Julia Martín Bedoya

Sara Santa Elena Martín




BIBLIOGRAFÍA

Caro, Rodrigo. Días geniales o lúdicos. Espasa Calpe. Con estudio preliminar y notas de Jean Pierre Etienvre. Madrid, 1978, dos tomos.